-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-
ESPEJISMO
15. Afrenta
Leonardo mira, anonadado, a los tres individuos.
-Dioses.- consigue susurrar casi yéndosele la voz
Se levanta y sale del chapoteadero, escurriendo. Un zapato se le zafa por lo mojado, sin importarle.
Camina unos cuantos pasos hacia delante.
Miguel Ángel también se incorpora.
-¡Por fin! Ya despertó el bello durmiente.- Rafael resalta.
-¿Y bien?- pregunta Miguel Ángel, seguro de que Leonardo ya los reconoció.
-Yo… sólo lo pensé… Creí que sería mejor que fuesen humanos para que no corrieran ningún riesgo. Contigo sí lo pedí pero… por ellos… solo lo imaginé.- susurra, aún estupefacto.
-Entonces sería bueno que hicieras aparecer un gancho.- sugiere.
-Un… ¿qué?- ahora voltea a ver a Miguel Ángel confundido por la pregunta.
-O una bazuca. No nos escucharán. Están tan convencidos de lo que dice Yuder, como nosotros de lo que dice Aleyda.
A pesar de sentir frío, Leonardo mantiene sus brazos en sus costados; de todas formas no le sirve de mucho para mantener el calor.
-Y dicen- continúa Miguel Ángel -que nada más te quedan como veinte minutos de vida. Yuder recorto el plazo, ¿cómo ves?
-¡Maldito!- dice apretando los dientes y con una expresión de enojo que ensombrece su joven faz.
Voltea de nuevo hacia los otros.
-¡Uy! Alguien se levantó con el pie izquierdo.- dice Rafael.
Y es el zapato izquierdo que Leonardo le arroja a la cara a Rafael al lanzarlo con fuerza al girar una vuelta sobre su pie derecho y levantar su pie izquierdo.
-¿Ya nos llevamos así?- Rafael se pasa el brazo por una mejilla para secarse las gotas salpicadas.
Leonardo se serena en seguida. Debe mantenerse tranquilo.
-No lo tomes personal; sólo quería probar tus reflejos. Estás muy cambiado. Todos, de hecho.
Leonardo voltea hacia Miguel Ángel para indicarle que lo siga. Miguel Ángel se preocupa, pero enseguida se calma, porque en ese instante, en ese brevísimo instante en el que cruzan la mirada, destella en sus ojos una mutua complicidad.
Leonardo se gira y camina hacia los otros.
Miguel Ángel le sigue, mostrándose muy tranquilo también.
-Y yo quiero probar- la voz de Rafael denota ansiedad -qué tan bien responden estos músculos que Diosito me concedió. ¿Quieres ser mi muñeco de práctica?- maniobra sus sais sonriendo con malicia.
Leonardo detecta un brillo de impaciencia en los ojos de Rafael por medir fuerzas. Es definitivo que le encanta su nueva apariencia. Donatelo está nervioso y Splinter templado, manejando perfectamente sus emociones. Con el chapuzón de agua fría, siente despejada su cabeza. Ojalá tenga el suficiente tiempo para aclarar las cosas, antes de que Yuder se inmiscuya de nuevo. Sigue sin entender cómo ha logrado colarse en su mente, pero si ha invadido la mente de Splinter con aparente facilidad, no quiere imaginar cuán poderoso puede ser ese enemigo.
Se detiene frente a Splinter.
-Disculpe nuestro comportamiento, Sensei.- se inclina levemente con actitud seria.
-Perdone Sensei.- Miguel Ángel hace lo mismo.
-¿Oíste?- alguien de los presentes habla con inquietud -Le llamó Sensei. Seguro practican artes marciales.
-Sí ¿Viste el movimiento de la patada de ese?
-Han sido momentos llenos de incertidumbre hijos, no hay nada que perdonar.
-Por favor, regresemos a casa.- Leonardo pide.
-Estoy de acuerdo. Volvamos.
Leonardo ve en los ojos de su Sensei una sincera respuesta. Él le sonríe con la misma sinceridad.
Los chicos también están contentos porque regresan a casa sin mayor conflicto.
Emprenden el viaje de regreso.
Todos se ven con una actitud normal ahora, como si se tratara de cualquier familia que ha decidido pasar la mañana en el centro comercial y que ya están de regreso hacia su hogar, y parecería una familia normal de no ser porque uno trae una larga vara, y otro unas raras armas puntiagudas, que guarda en su cintura, y uno más que está completamente empapado y descalzo.
El público presente protesta por la horrible trama de la película.
-¿Eso fue todo?
-¡Qué fiasco!
-¡Pintaba bien!
-Circulen, circulen.- Los oficiales despejan el área.
La gente se dispersa. Se acabó la función.
Todos emprenden el camino a casa.
Leonardo queda en medio de Miguel Ángel y Splinter. Donatelo a la derecha de su maestro y Rafael a la izquierda de Miguel Ángel.
-Ehm… Sensei- pregunta Leonardo.
-Dime, Leonardo.
-¿Sobró chocolate? Me gustaría tomar una taza de chocolate caliente; estoy muriendo de frío.- se abraza.
-Lo que preparé ayer se terminó, así que hice más en la mañana y quedó bastante. Rafael fue el último en servirse en el desayuno.
-Yo fui a la cocina porque quería más y ya no había ni una sola gota.- dice Donatelo.
Todos voltean a ver a Rafa.
-¿Y yo que tengo la culpa de que Miguel te arrojara al agua?
-No cambies de tema ¡Te acabaste todo el chocolate!- reclama Miguel Ángel -Yo también quería.-pone una carita como si estuviera a punto de llorar.
-Chocolate caliente ¿con este calor?- observa Donatelo.
-Habla por ti, porque yo me estoy congelando.
-Mojado, y con el aire acondicionado a su máxima potencia, es de esperarse. Falta que te enfermes.- vaticina Donatelo.
-Y todo por culpa de Miguelón.
-Confiesa Rafita,- el aludido le dice en un tono vacilador -te acabaste tú solito el chocolate. No puedes negarlo, esa llantita que cuelga de tu barriga te delata.
-¿Llantita?- se para en seco y se mira alarmado -¿Cuál?
Todos ríen y detienen sus pasos.
Miguel Ángel se carcajea con ganas.
-¡Qué graciosito!- Rafael se pone rojo como jitomate; busca apretar el cuello de Miguel Ángel pero se le escapa antes.
En un parpadeo, Miguel Ángel se pone detrás de Donatelo, usándolo de escudo.
Splinter y Leonardo retroceden al ver a Rafael precitarse hacia Donatelo.
-¡Oigan!- Donatelo trata de reprender a sus malcriados hermanos.
-¡No te escondas!- Rafael va por Miguel.
Va por la izquierda de Donatelo, Miguel Ángel se mueve a la derecha de Donatelo, Rafael lo busca por la derecha, Miguel Ángel se mueve a la izquierda. Otra vez a la derecha y otra vez a la izquierda. Una y otra más.
Fallida esa táctica, Rafael rodea a Donatelo, pero Miguel Ángel toma a Donatelo de los hombros y lo obliga girar.
-¡Ooohhh!
Splinter y Leonardo no pueden dejar de reír.
-¡Esténse quietos, niños!- Donatelo suplica.
Leonardo piensa que ya no es necesario el chocolate; con tanta risa ya ni siente el frío. Ha estado rezando con todo su corazón para que continúen el regreso a casa sin más contratiempos. Parece que los Dioses se han apiadado. ¡Cómo le encantaría tener una cámara ahora mismo para grabar al ridículo trío!
-Así sería siempre, Leonardo.
Calla al escuchar a alguien junto a él. Sabe que no es Splinter y nadie más está a su lado, pero se mantiene en calma, sin dejar de disfrutar del ridículo que están haciendo sus hermanos.
-Sin perturbaciones, sin problemas, siempre felices.
Los ridículos continúan con tu minipachanga.
-¡Míralos cómo se divierten! No tiene por qué esconderse. Son chiquillos como cualquiera que está pasándola bien.
Leonardo se abraza con toda sus fuerzas, para no dejar escapar la calidez que le produce el ver los rostros radiantes de felicidad de sus hermanos y que entibia su cansado cuerpo.
-No hay personas huyendo de ustedes. No hay pánico. No hay gritos. No hay desmayos.
-¡Ya párenle! ¡Me estoy mareando!
-¡Pues dile a tu hermano que se deje retorcer el pescuezo!
Splinter se acerca, sólo así Rafael y Miguel Ángel dejan de zarandear al pobre de Donatelo, que suspira aliviado porque por fin Splinter pone orden.
-Las cosquillas son un remedio excelente para el mareo.-sugiere Splinter.
-Yo no lo sabía.- asegura Miguel Ángel.
-Buena idea.- dice Rafael.
-No… por favor.- Donatelo suplica aterrado.
Donatelo no tiene ni como escapar, estando entre Miguel Ángel y Rafael, de inmediato lo apresan y le hacen cosquillas en el estómago, se tira al suelo al no soportar la tortura.
-¡Ya… dejen…ME!- ríe hasta no más poder.
Sus captores no tienen piedad.
Splinter ríe.
Qué malo han sido con Donatelo, son dos contra uno.
-¿Qué no deseas que dejen de ocultarse?
"Sí"
-¿Qué no deseas para ellos una vida tranquila?
"Sí"
¿Qué no deseas que cada uno encuentre su propio camino?
"¡SÍ!"
-¡Ayu…dame…LEOO!- Donatelo apenas logra articular entre carcajadas.
-¿Qué no deseas compartir con ellos todo esto?
"¡Por supuesto!"
Siente una ligera fría brisa, que le hace titiritar, a la vez que siente un leve empujón, obligándolo a avanzar un par de pasos; sus ropas se han secado.
-Vamos Leonardo, tu hermano te llama, intégrate.
Los ojos de Leonardo brillan reflejando su ansiedad por estar con ellos.
-¡Leooo!
-Con que te unas a su juego, les aseguras una vida perfecta, toda una vida de perfecta armonía, para todos ellos… por siempre.
Hace cuánto que no juega juntos.
Hace cuánto que no están juntos como familia.
Hace cuánto que no son hermanos.
Hace cuánto que son sólo aliados de guerra.
Guerra.
Cuánto tiempo pasara para que aparezca otro enemigo que deban combatir.
Otra vez.
Otra ocasión para ayudar, para pelear por el bien de otros pero… otra ocasión más para que peligre su familia.
Otra vez.
El terrible sentimiento que tuvo, no hace mucho, el sentimiento que lo torturó, surge casi imperceptible, obligándole a recordar todo el sufrimiento que padeció… todo el sufrimiento que hizo pasar a los suyos.
No de nuevo.
"¡Si sucediera de nuevo, ya no podría… no podría…!", piensa atormentándose con los dolorosos recuerdos.
No soportándolo más, cierra los ojos.
-¡Eso no tiene por qué pasar otra vez! Puedes evitarlo. Está en tus manos. ¡Únete a ellos! ¡Acepta gustoso el presente de tu amada, y jamás deberás preocuparte por eso! ¡Nunca más!
-¡Por… favor… Leo! ¡Jajajaja!
La risa de su padre y de sus hermanos, lo distraen de sus angustiante pensamientos. Tras escucharlos un momento, la desolación desaparece y sonríe, sintiéndose parte de su familia como nunca antes.
-Se parte de ellos. Se parte de sus vidas.
-Soy parte de sus vidas.- susurra con alegría.
Abre los ojos y se acerca a los revoltosos de sus hermanos. Se detiene a unos pasos. Les mira con cariño…
Y estornuda.
Sus hermanos dejan su juego y voltean preocupados.
-¿Ya ves lo que provocas, soquete?- Rafael se inquieta -Ya se enfermó por tu culpa.
-¿Están bien Leo?- pregunta Miguel, preocupado.
-Vamos, levántense.- Leonardo les apremia -No sé ustedes, pero yo quiero beber chocolate, y del bueno, hecho por papá.- voltea para mirar a su maestro, le sonríe y echa andar, sin esperar ni respuestas ni quejas.
-Espéranos.- pide Donatelo ya recuperado de la tortura.
Pero sus hermanos se rezagan: en lo que se insultan, en lo que se levantan, en lo que se sacuden...
Splinter ve a Leonardo alejarse, pero su hijo mayor no llega lejos.
Se detiene, sus piernas le tiemblan, ya no soportan su cuerpo.
Se arrodilla.
Ahora el agotamiento es bienvenido. ¡Qué importa si desfallece ahí mismo! Tiene a su familia que vela por él, así como él vela por ella.
"Gracias… por… recordármelo…"
Agacha la cabeza, esforzándose por no cae dormido, aunque no promete nada.
Su sonrisa se va borrando lentamente de su rostro.
Su cuerpo está dejando de responder a su petición de resistir un poco más, ya llegan.
Aguarda.
Y nada.
Nadie.
-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-
Quería describir con más detalle el aspecto humano de Don, de Rafa y de Splinter, pero por el curso de acción (se supone que es rápido), ni el poli, ni Miguel ni Leo iban a estar fijándose en los detalles, como el tipo y el color del calzado, o la forma de la nariz o del rostro, así que esos detalles los dejo a tu imaginación.
: )
