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Cloeh: Qué bueno que te haya gustado la acción del capítulo anterior. Yo también sentí bien feo cuando Don tenía contra el frío piso al pobre de Miguel, y también sentí requetefeo cuando la vocecita esa le pedía a Leo que también jugará con sus hermanitos… y no lo hizo… Bueno, si Leo se enferma de neumonía ya sé cual es el procedimiento a seguir. El plan de Splinter era aprovechar algún momento de debilidad de Leo e inducirle a que dijera que sí, pero como leíste, Miguel se interpuso. Leo se iba a ir a casa así nada más porque creyó en la sinceridad de Splinter, que ya no iban a detenerlo a la fuerza, creyó que el regreso a la guarida sería tranquilo, así que el plan que tenía lo desecho de inmediato, y eso era parte del plan de Rafa: hacerle creer que respetaban su decisión de rechazar el presente de la Diosa… y como no funcionó la idea de Splinter, Rafa decidió aplicar su plan… es lo que sigue en este capítulo, por eso nadie va en ayuda de Leo. Y la vocecita esa que manipuló a Leo, no te preocupes, ya recibirá su merecido.

Manfariel: Tú tranquila, Leo no se murió, en otro capítulo más adelante, sí.

En este capítulo hay una tremenda pelea y se me complicó al escribir. Ruego a los Dioses porque haya quedado más o menos creíble y entendible. 'Ai' me dicen.

Y en el próximo capítulo, por fin se sabrá la verdad, pero surgirá otro misterio por resolver: Leo acepta las condiciones del enemigo.

¿Por qué?

n.n

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ESPEJISMO

16. Padre vs hijo

Leonardo se siente desfallecer, pero logra apoyarse con una mano para no desplomarse en el suelo, y con gran esfuerzo, gira un poco para ver a sus espaldas. Presiente que algo sucede.

No le agrada lo que ve.

Miguel Ángel forcejea con Donatelo en el suelo.

Ya no es un juego, es una pelea.

Splinter y Rafael se aproximan a él.

Al ver que sus hermanos pelean, Leonardo trata de reunir fuerzas y levantarse, y casi lo consigue, pero sus piernas no le responden, y cae de rodillas. No le queda otra alternativa que mirar la lucha entre sus hermanos, y tras unos segundos de forcejeos, sorpresivamente, Donatelo se queda quieto y rígido en el piso, y Miguel Ángel se pone de pie y echa a correr hacia él.

-¡Leo! ¡Huye!

No se mueve. No se irá sin él.

Rafael se vuelve, salta y cae frente a Miguel Ángel, pero enseguida Rafael se queda inmovilizado como Donatelo.

Miguel Ángel mira a su hermano que se ha quedado quieto, como una estatua, pero debe correr en ayuda de su hermano Leonardo.

Leonardo intenta levantarse otra vez, y no lo consigue. Entonces, percibe que Yuder está cerca. El coraje que siente por ese humano, por atreverse a manipular de esa manera a su familia, obligarlos a luchar entre ellos, ese coraje le da fuerza para una confrontación más. En cuanto se endereza un poco, percibe a Yuder justamente a sus espaldas, se gira rápidamente y esquiva un brazo, que de no haberse movido, lo hubiera golpeado en el rostro, y con su otra mano, agarra la camisa del agresor, se tira de espaldas y usando el propio impulso con el que le ataca, decide arrojarlo lejos, no sin antes mirarle directo a los ojos para demostrarle que esta vez no, esta vez…

…todo ese coraje se desintegra y el miedo, un paralizante miedo toma su lugar instantáneamente.

El agresor es Splinter.

El miedo le impide a Leonardo arrojar a su maestro con mayor fuerza.

Arroja a Splinter, quien yendo en el aire, consigue girar y cae de pie sin problema alguno.

En el piso, Leonardo se vuelve para asegurarse que Splinter está bien.

Splinter va hacia él a toda prisa.

-¡Sensei!- Miguel Ángel lo llama, estando a unos pasos de su hermano mayor.

Lo único que obtiene de él es una mirada llena de furia.

Miguel Ángel percibe la imponencia de Splinter, así que se detiene; sin necesitad de una orden explícita, ha entendido que no desea que interfiera.

Como si el tiempo repentinamente transcurriera más lento, Leonardo puede observar cada zancada, cada braceo, cada inhalación y cada exhalación que realiza Splinter en su desesperada carrera hacia él.

Cuando Leonardo imaginó que deberían ser humanos Rafael, Donatelo y Splinter para que no se vieran en apuros, también pensó que no estaría mal que Splinter tuviese unos años menos para que fuese más fuerte y más rápido.

Ahora Splinter luce como un hombre de cuarenta, encanecido por completo sus cabellos, pero indudablemente de la escuálida rata que era, no tiene nada: es semi-fornido y medianamente alto.

Leonardo ahora entiende el por qué de su propia fisonomía. Si él deseo que sus hermanos y padre fuesen capaces de defenderse sin problemas, Yuder le deseo a él todas las desventajas que fueran posibles, para que se sintiera y viera indefenso y débil, y cediera fácilmente, quizás hasta mentalmente, es por eso…

Es por eso supo de Earane.

Por eso supo de ella.

Por eso le fue tan fácil cavar en sus más recónditos sentimientos.

Aprieta los puños, y baja la cabeza, horriblemente apenado, insultado.

Ahora quiere que se enfrente a su padre.

Una cosa es pelear con Rafael, pero… ¿pelear contra su padre?

No lo hará.

No le dará el gusto de verle levantar el puño contra su padre.

Levanta la cara, y ya tiene prácticamente encima a Splinter; se topa con esos ojos cafés fervientes, y tristes.

Desde hace un rato que la gente se centró de nuevo en el rodaje de la película. Ahora están emocionados porque sí habrá una pelea.

Leonardo todavía tiene tiempo para preguntarse: ¿qué puede hacer él, un débil chico de quince, contra un temerario adulto de cuarenta?

El tiempo recobra su ritmo.

Leonardo se pone de pie.

Splinter llega a su objetivo, lanza un puño con la derecha, directo a la cara de su hijo.

Leonardo lo esquiva.

Splinter ahora arroja su puño izquierdo. Leonardo lo esquiva de nuevo, retrocede unos pasos, da un salto, pasa por encima de Splinter y cae retirado de él.

Se escucha un Wow de la audiencia. Fue un gran salto.

Splinter ya sabía que Leonardo se rehusaría a pelear.

Leonardo se siente con fuerzas; tal vez Yuder le ha liberado un momento para ver qué hace ante esta situación.

Splinter arremete de nuevo ante la indecisión de Leonardo.

Esta vez, Leonardo lo sujeta por el antebrazo, pero Splinter, siendo más fuerte, no logra contenerlo y lo golpea en la cara.

Leonardo retrocede, pero no cae.

-¡Leo! ¡Cuidado!- le advierte Miguel.

Leonardo reacciona tardíamente, recibe un derechazo en pleno rostro, yéndose de lado, inmediatamente Splinter lo golpea con la izquierda y después con la derecha, lo golpea varias veces en el estómago, y por último, lo golpea con la izquierda con más fuerza.

Leonardo retrocede sin caer. Se yergue. Lo único que se le ha ocurrido es hacer tiempo: cuando pasen los veinte minutos, sino es que menos, y al no suceder nada, se darán cuenta de quién dice la verdad.

Splinter se aproxima al ver que Leonardo sigue en decidirse no atacarle. Lanza una patada derecha a la cara de él y él se agacha, pero Splinter usa el impulso mismo para dar una vuelta completa y cae apoyándose con el pie derecho, y con la pierna izquierda que mantiene doblada, lo golpea en el pecho y manda a volar a Leonardo.

Leonardo se gira en el aire y cae de pie, pero sus rodillas se doblan, sintiendo que sus fuerzas lo abandonan de nuevo, pero consigue incorporarse lentamente.

Splinter embiste de nuevo, corre y a unos metros de Leonardo salta, cayendo muy cerca de él y hace un barrido a las piernas de él para hacerle caer, pero Leonardo consigue saltar; Splinter se gira enseguida; Leonardo también gira, Splinter ya está frente a él y de un puñetazo izquierdo, lanza a Leonardo lejos; Leonardo cae al suelo. Splinter corre hacia él; Leonardo se levanta cansadamente, y Splinter, al llegar frente a él, le da un rodillazo en la mandíbula, y por el impulso Leonardo gira trescientos sesenta grados, pero logra caer sobre sus pies y brazos; Leonardo demora en reaccionar, y recibe una patada derecha en el rostro, esa misma pierna regresa para golpearlo con el talón en la cabeza, la otra extremidad lo golpea en el estómago obligándolo a arquearse.

Sólo Splinter ha quedado en pie, y no muestra ninguna pizca de cansancio.

La multitud aplaude por las impresionantes coreografías de la pelea.

Leonardo respira afanosamente. Aunque no ha gastado sus fuerzas para atacar, se siente cansado. Permanece agachado, recuperando el aliento.

Después de unos momentos, Leonardo levanta la cara y mira a su maestro.

Se miran sin parpadear. No desafiantes; ni con odio; ni amargura… Ningún sentimiento de esos que corroen el alma. Es más bien resignación. Uno por dejarse morir a golpes antes que herir al otro, y el otro, golpear al uno si es necesario para hacerle entrar en razón.

Splinter lanza un golpe al pecho de Leonardo, pero Leonardo cruza sus brazos para protegerse, y por el impulso es arrastrado, consiguiendo que sus piernas no se despeguen del suelo, se desliza varios metros, así, arrodillado. Levanta la vista, y Splinter ya está frente a él, quien lanza un golpe, lo esquiva, queda descubierto el pecho de Splinter y Leonardo lo toma de la camisa para lanzarlo, Splinter reacciona al segundo, agarra a Leonardo por la muñeca al tiempo que consigue apoyar sus pies en el suelo, levanta a Leonardo facilemente y, cual lanzador de martillo, Splinter da vueltas sobre su propio eje, girando junto con Leo, y después de varias vueltas, suelta a Leonardo, arrojándolo de cabeza hacia una columna.

La muchedumbre mira con la boca abierta cómo sale volando el pobre chico que se va a estampar en la columna, pero…

Celulares y cámaras graban la acción.

En pleno aire, Leonardo se gira para que sus pies se apoyen contra la columna, previniendo un terrible golpe, y toma impulso para regresar donde Splinter como si volara hacia él.

Leonardo cierra un puño.

Splinter cruza sus brazos para recibir y bloquear el fuerte impacto con que se acerca su hijo.

En el último segundo antes del impacto, Leonardo estira sus brazos, apoya sus manos contra los hombros de Splinter, tirándolo al suelo y mientras cae, Leonardo coloca sus pies desnudos sobre el pecho de él para azotarlo contra el suelo; Splinter golpea el piso, Leonardo estira sus piernas y queda de cabeza verticalmente, estira ambos brazos, uno para apoyar su mano en el hombro de Splinter y con la otra, usa su dedo índice para tocar el cuello de su maestro paralizándolo de inmediato. Se da un último impulso con el brazo que apoya en el hombro de Splinter, y salta lejos del vencido.

En cuanto cae en tierra firme, se arrodilla; de nuevo se siente desfallecer.

No repara en la ovación ni en los aplausos.

-¡Estupenda pelea!

-¡Grandioso encuentro!

-¡Fenomenal combate!

Rafael y Donatelo empiezan a recuperar el movimiento de sus rígidos cuerpos.

Leonardo levanta la cabeza y ve a su padre, ahí tirado en el suelo, inmóvil, como si…estuviese muerto.

No escucha los gritos de la eufórica muchedumbre, sólo escucha el golpe de sus latidos en su pecho y su dificultosa respiración.

-Leo…- susurra Miguel Ángel.

Es la segunda vez que Leonardo hiere a su padre… debe sentirse horriblemente culpable.

Se encamina hacia él.

Miguel Ángel no se da cuenta que Donatelo está detrás de él, hasta que siente alguien tira de su hombro y lo obliga girarse.

-¡Don, espera!

La suplica de Miguel llega a los oídos de Leonardo. Voltea alarmado. Ve a un Donatelo de aspecto amenazante ante Miguel Ángel.

Donatelo golpea con su puño directo a la quijada de Miguel Ángel, tan tremendamente, que cae noqueado al suelo.

El público se centra ahora en la otra pelea y calla de inmediato.

Imposible.

Es imposible que Donatelo haya golpeado a Miguel Ángel.

Leonardo no puede levantarse para ayudar a su hermano menor, no puede ni gritar su desconcierto, sólo se queda boquiabierto mirando fijamente el inerte cuerpo de Miguel Ángel.

Es tal su shock, que Leonardo no se da cuenta que Rafael se le acerca, ni cuando lo toma de un brazo, lo levanta, lo lleva a rastras donde está Donatelo y lo arroja al suelo, junto a Miguel Ángel, ni cuando Rafael se arrodilla junto a él y lo amenaza con una de sus sais.

-¡Qué valiente eres grandioso líder! Sabes perfectamente que Sensei jamás lastimaría a su consentido, aprovechaste perfectamente esa ventaja, pero sabes… yo no tendré esa misma conmiseración contigo.

No responde.

-Rafa, creo que he visto Aleyda entre la multitud; es el momento perfecto para que aparezca.- dice Donatelo muy afligido y sin apartar la vista de Miguel Ángel que yace a sus pies.

Rafael toma a Leonardo del cabello para obligarle a verlo.

-Te propongo un trato.

Rafael lo mira con disimulado desenfado, y Leonardo le mira con pesar y sin poder hablar aún.

-Tan sólo debes decir "Acepto", y te dejo ir tranquilamente. Imagina que… le estás dando el SÍ a la bruja esa que nos ha metido en este embrollo.

Leonardo intenta levantarse.

¡Cómo osa llamarla así!

Pero la punta de la sai está muy cerca, y un tirón de cabellos que está de demás, lo obligan a guardar compostura.

-Leo, no te estoy pidiendo mucho. A ver, dilo conmigo "Yo Leonardo, acepto el presente que tan gentilmente…"- espera a que lo imite.

Los labios de Leo no se mueven.

-Leo, la paciencia no es mi virtud más destacable, y bien que lo sabes. Una vez más: "Yo, Leonardo…"

El silencio sigue siendo la respuesta.

-Ok. Plan B, Donatelo.- suelta a Leonardo.

Donatelo no se mueve de su postura.

-Don.

Parece que a Donatelo no le interesa ejecutar el plan B; pero a la audiencia sí que está interesada.

-¿Qué plan crees que sea?

-Por lo que entiendo, el chico de cabello negro debe jurar algo, pero evidentemente no lo hará, y su compañero está inconsciente a su lado, y yo creo que…

-Que…

-Lo obligarán amenazándolo con…

-¡Ay no! ¡Qué previsible es!

-¡Con un demonio, Don! ¡Te necesito aquí!

Sólo gritándole es que Donatelo reacciona, y voltea verle.

-Bien. Toma.- Rafael le entrega una sai.

-¿Qué clase de cuchillo es ese?

-Shhhhh

-¿Qué va a hacer con eso?

-Shhhhhhhh

Donatelo se estira para agarrar la sai, y se arrodilla junto a Miguel Ángel, lo gira para que quede boca arriba, después, toma una de sus manos y la coloca de tal manera que esté a la vista de Leonardo; acerca la sai a la desfallecida mano.

Leonardo palidece.

¿Serán capaces de…?

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