Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
No esperaba que Sora abriese la puerta.
─ ¿Yamato? ¡¿Qué te pasó?!
No respondo, no quiero hacerlo hasta que ella aparezca porque, hasta cierto punto, es su culpa y quiero que lo escuche.
Ella llega hasta mí y puedo ver la sorpresa plasmada en su rostro. Ahora si puedo hablar…
─Su noviecito vino a mi casa y, sin ningún tipo de saludo, arremetió contra mí. ─digo furioso. ─ Y ahora…quiero saber por qué. ─ Ante mi afirmación, Sora intuye que es un mal tercio en la situación, por lo que, se despide rápidamente de nosotros y abandona el apartamento.
─ ¿Michael te hizo esto? ─pregunta Mimi; yo solo me limito a asentir ─ Déjame buscar el botiquín de primeros auxilios para curarte esas heridas.
─No es necesario…
─Insisto.
Esa simple afirmación hizo que mi enojo disminuyera radicalmente. Ella no tenía culpa de que el americanito ese se hubiese vuelto un peleonero. Bueno, sí la tiene, pero sé que no lo envió a golpearme…
Yamato tocaba tranquilamente su preciado bajo. Hace tiempo que no tocaba aquel instrumento; la ingeniería aeroespacial no era una carrera fácil y no le permitía tener una gran cantidad de tiempo libre, por lo que, cuando podía, disfrutaba de ese placer que tenía desde sus años de adolescencia.
Amaba su carrera, pero a veces, lo abrumaba. Agradecía a Dios esas semanas libres que tenía, y más aún, porque coincidió con la visita de Mimi.
Un par de golpes violentos en su puerta, detuvieron su momento de tranquilidad. Con el ceño fruncido, se levantó para atender. ¿Quién estaría tocando con tanta autoridad y desespero? Abrió la puerta y se extrañó al ver de quién se trataba, pero no por eso dejó de sentir el mal humor que le ocasionó la impertinencia con la que tocó la puerta.
─ ¿Se puede saber cuál es tu problema? ─preguntó con el ceño fruncido. Michael lo miraba furioso como si hubiese cometido el pecado más grande de todos. ─ ¿Qué? ¿No me vas a contestar?
Y antes de que pudiese reaccionar, sintió como el puño del chico se le estampó en su mejilla. El impulso del impacto lo lanzó al suelo y Yamato, con entrenamiento de sobra por sus innumerables pleitos con Taichi, reaccionó de igual manera. Los dos se enfrascaron en una pelea donde el Ishida claramente saldría vencedor.
─ ¡Maldito! ─gritó Michael cuando por fin se separaron del mar de puñetazos y patadas en que se habían enfrascado. Tirado en el piso y apoyado en la puerta, observaba al chico Ishida de pie frente a él.
─ ¡¿Yo soy el maldito?! ─exclamó furioso. ─Yo no fui el que llegó repartiendo golpes. ─ el joven americano lo fulminó con la mirada.
─ ¡Mimi terminó conmigo y es tu culpa! ─ la expresión de furia que profesaba Yamato cambió a sorpresa.
─ ¿De qué hablas?
─ ¡No te hagas el estúpido! ─bramó, incorporándose. ─ ¡De seguro tú y Mimi me han estado viendo la cara de idiota! ─ Aunque no lo demostrase, internamente, Yamato tenía unas ganas terribles de sonreír: después de tanto tiempo, Mimi había terminado con Michael. ─Eres un imbécil y ella una…─ Yamato lo tomó del cuello con increíble violencia y lo estampó contra la puerta. Con el rostro del ex novio de su mejor amiga a centímetros del de él, lo miró furioso.
─ Escúchame bien, Michael Washington…puedes golpearme, insultarme o lo que se te venga en gana, pero a Mimi no la metas en esto. ─comenzó─ Mi paciencia está al límite y, si no fuese porque sé que ella no quisiese verte más lastimado de lo que estas, ya te habría molido a golpes, pero si alguna palabra despectiva hacia Mimi sale de tu boca, no respondo de mis actos. ─ Yamato lo observaba como si fuese el ser más despreciable de todos; una palabra malsonante refiriéndose a la castaña, y su autocontrol se iría totalmente a pique ─ ¿Me he dado a entender?
Michael le sostuvo la mirada por unos instantes para luego empujar al joven Ishida, sin mediar palabra alguna. Se arregló la ropa lo mejor que pudo y se dispuso a salir del lugar.
─Puedes decirle a Mimi que me iré en un par de horas; no vale la pena que me quede más tiempo en Japón.
La veo llegar con el botiquín y sin dejarme protestar, me sienta en una silla y comienza a curarme las heridas que arden al contacto y ella lo nota, pero no dice nada. Sé que espera a que comience mi relato.
─Él tocó a mi puerta. Me extrañé de verlo ahí y más por la expresión de pocos amigos que me profesaba; ni siquiera me dio tiempo a reaccionar y ya me había estampado el puño en la cara.
─ ¿Él lanzo el primer golpe? ─ Hasta cierto punto, su pregunta me ofende.
─Sí, y se lo devolví. ─se aleja de mí notoriamente enojada. ─ ¿Qué?
─ No debiste hacerlo.
─ ¿Estás en broma? ─pregunto sintiendo mi humor cambiar. No quiero ni pensar que se pondrá de su parte. ─ ¿Qué querías? ¿Qué le ofreciera la otra mejilla?
─Él no sabe pelear; de seguro lo dejaste peor de lo que tú estás.
─Discúlpame por defenderme, especialmente, cuando todo esto fue tu culpa.─ Se mantiene en silencio; no sé si porque me da la razón en mi argumento o porque está furiosa con lo que he dicho, pero no dejaré el tema ahí. Michael me había gritado unas barbaridades que necesito confirmar.
─Ya estás listo. ─dice mientras recoge los utensilios que había utilizado para curarme. ─Hablaré con él; no debió ir a importunarte.
─En estos momentos, dudo que lo localices.
─ ¿Por qué?
─Dijo que tomaría un avión en un par de horas.
─ ¡¿Qué?! ─ su sorpresa es notoria. ─ Se supone que partíamos el mismo día.
─Dijo que no tenía sentido que se fuesen juntos porque, según él, ustedes rompieron…por mi culpa. ─vuelve a guardar silencio, aumentando mi ansiedad. ─ ¿Por qué no me respondes? ¿Acaso es cierto?
─ ¿Aun te molestan las heridas?
─No me cambies el tema, Tachikawa. ─ ¿Por qué no me habla? Me estoy impacientando y eso no es bueno. ─ Lo que dijo Michael, ¿es verdad? ¿Ustedes terminaron por mi culpa? ─ ella asintió. No quiero sonreír, pero estoy saltando por dentro. No estoy seguro si terminaron porque Michael no aceptaba nuestra amistad o porque, tal vez, solo tal vez…Mimi había afirmado algo más poderoso que una simple relación de amigos. ─ ¿Qué le dijiste? ─ Perdiendo la razón la tomó de la cintura, para luego, aprisionarla en mis brazos; no pienso dejarla escapar.
─Yamato…suéltame…─ siento su nerviosismo y me aprovecho de la situación; necesito saber.
─No, tienes que aclararme todo este asunto. ─ respondo─ ¿Por qué fue a mi casa a golpearme? ¿Qué le dijiste? ─ muerde su labio inferior, gesto que siempre hace cuando sabe algo que no quiere contar.
─En realidad…fue lo que no le dije…
─ ¿De qué hablas?
─Él me preguntó directamente si tu tenías algo que ver en mi decisión de terminar con él y yo…guardé silencio.
─Confirmándole sus sospechas.
─No. ─respondió, zafándose de su agarre.
─ ¿No? Entonces, ¿por qué no se lo negaste?
─Porque no lo creí necesario. ─ no me conformo con esa respuesta; a mí nunca podría engañarme. Fueron casi dos años de relación, ¿y ella no consideraba necesario decirle a Michael lo que él necesitaba saber sobre su, hasta cierto punto, inesperada ruptura?
─Mimi, no trates de engañarme, por favor. ─respondo. ─ Tu y yo sabemos que si el tan proclamado pacifista de tu novio, se apareció en mi casa ofreciendo golpes es porque algo debió intuir.
─Él siempre tuvo celos de ti.
─Me alegro de escuchar eso.
─Yamato…─trata de reprenderme, pero yo solo alcanzo a sonreír. ¿Por qué? Porque veo mi oportunidad de acorralarla. Me acerco hacia mi adorada castaña, haciendo que ella, por alguna razón, retroceda y choque con un pequeño buró. Justo como la quería. La tomo de la cintura y antes de que pueda reaccionar, ya la he alzado y depositado sobre el buró quedando frente a frente a ella. Su expresión de sorpresa solo hace que mi entusiasmo crezca aún más. ─ ¡¿Qué estás haciendo?!
─Estas son las consecuencias de mentirme…─ella forcejea, pero es en vano; la tengo bajo mi poder.
─ ¡Yamato!
─ ¡Dime la verdad!
─ ¡Aléjate!
─ ¡No! exclamo al borde de la desesperación. ¿Por qué no entiende que necesito que me diga la verdad? ¡Dime!
─ ¡Es tu culpa! ─afirma. ─ ¡En cada bendito momento de mi vida estás presente y es algo que ni siquiera Michael pudo cambiar! ─ su confesión me descoloca un poco, pero no lo demuestro.
Ya no lo soporto más.
No me importa si después de esto recibo una merecida cachetada por atrevido, pero necesito hacerlo. La tomo del rostro y, sin esperar ningún tipo de permiso de su parte, la beso como si mi vida dependiera de este contacto.
Espero algún tipo de rechazo o empujón, pero Mimi vuelve a sorprenderme y casi de inmediato, rodea mi cuello con sus brazos y profundiza el beso como yo pensaba hacerlo. No quiero tener ninguna distancia entre nosotros. La necesito como si fuese el aire mismo, no quiero que termine; pasé tanto tiempo anhelando probar sus labios de nuevo... Este beso superaba todos aquellos que habíamos tenido con anterioridad.
La falta de aire se hace presente. Me mira como si acabase de cometer una locura y no la culpo. Realmente estoy loco…pero por ella.
─Yama…─ la interrumpo.
─Ya no somos niños, Mimi; yo no puedo seguir jugando…Yo te amo y sé que tú también a mí ─respondo.
─ Eso no es verdad; yo…solo te quiero como amigo.
─Sabes que a mí no me puedes mentir. ─ quiero que lo admita, quiero que me diga de frente que ese beso que acabamos de compartir significó algo para ella, porque yo sé que sí.
Y es por eso que la vuelvo a besar, esta vez acariciando su cuerpo, sintiendo sus curvas y el latir desenfrenado de su corazón. Sé que le gusta y por eso no me detengo cuando el aire se hace escaso. Beso la comisura de sus labios, su nariz, su mejilla, su frente, paso a su sensible cuello…no quiero dejar de besarla.
─Yama…─susurra mientras se aferra a mí.
─Sé…que te vas en unos días, pero yo…necesito tenerte solo para mí. ─me alejo para contemplar esos ojos que me traen loco desde hace tanto. ─Quiero que seas única y exclusivamente mía…así que…─le obsequio un fugaz beso en los labios. ─ quiero que te escapes conmigo…─ puedo ver la sorpresa en su expresión. Lo que pido es una locura, pero estoy desesperado; quiero ser egoísta y tenerla solo para mi…aunque no fuese para siempre.
─No sé si sea buena idea…
─Solo regálame algunos días…por favor…Unos días donde dejemos las etiquetas detrás y nos convirtamos simplemente en un hombre y una mujer que se quieren y después de ahí…si aún sigues pensando igual…lo aceptaré ─ Me costará, pero trataré de entenderlo; ni siquiera estoy seguro de mis palabras, pero tengo que intentar algo. Ya no puedo seguir así. Ella no me responde y, honestamente, no la culpo. Mi proposición es muy repentina. ─No tienes que responderme ahora…─comento mientras me alejo de ella. ─Piénsalo y luego me das una respuesta…
La observo por última vez y salgo de su apartamento, esperando en Dios un muy anhelado "Sí".
Me alegro un montón de que les esté agradando la historia hasta los momentos y les agradezco infinitamente el apoyo; gracias por sus favs y follows y gracias también a mimato bombon kou, clau, Valeria y Alej por sus reviews. También a todos ustedes que, aunque no han ducho presente aun, leen la historia; espero que pronto se animen a contarme que les ha parecido.
Y como siempre, siéntanse libres de comentar; es gratificante leer sus reviews.
Sin nada más que decir, hasta la próxima.
Cuídense,
Bye!
