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La de los review gigantes: Sentí regacho que te quedaras sin uñas y sin pelo, y para compensarte, aquí está el siguiente capítulo. Y sí, Leo va a morir, pero hay una muy buena excusa para ello, y no quiero echar a perder la sorpresa. Por favor, continúa leyendo, así también averiguarás qué le pasará a la vocecita manipuladora, y créeme, no será nada bonito, y no te gustará averiguarlo.

De aquí en adelante, los capítulos son más relax, ojalá y consiga aún mantenerte expectante.

n.n

Disclamer:

LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón lepertenece a mi querido Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar loque siento hacia mis adoradas tortugas.

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ESPEJISMO

18. La otra cara de la moneda

Una fresca brisa sopla gentilmente, alborotando su cabello y sacudiendo su camisa abierta.

Con la mirada fija hacia arriba, como esperando a que aparezca alguien, sonríe muy contento.

Tras media eternidad nadie aparece.

No importa, puede esperar indefinidamente.

Y así lo haría, de no ser porque percibe la presencia de alguien y se obliga a voltear a un lado.

Lo primero que llama su atención son unos melancólicos ojos color verde claro.

Se preocupa; ¿por qué Yuder está tan triste?

Camina hacia él y al estar más cerca, nota que unas lágrimas resbalan por las mejillas de Yuder.

Se detiene.

-Esta infinidad blanca es confortable… - habla Yuder con una voz igual de melancólica -Me recuerda a alguien que conocí hace mucho tiempo.

-¿A quién?

Yuder voltea la cara para otro lado, avergonzado.

Leonardo continúa caminando hacia él, cauteloso.

-Disculpa, no quise incomodarte, pero, si en algo te puedo ayudar…

La sinceridad de las palabras de Leonardo lo desconcierta. Le da la espalda y se va.

-Yuder.- le llama, pero lo ignora.

Lo ve alejarse hasta que desaparece, junto con la blancura circundante, que revela un lugar al aire libre.

Deja de soplar la brisa.

Aún mirando el lugar donde desapareció Yuder, Leonardo no se percata que está rodeado ahora de árboles, de pasto, ni tampoco se da cuenta del despejado y azulísimo cielo.

-¡Leo!

Ni que alguien lo llama con apremio, hasta que siente asfixiarse por un estrujante abrazo.

-Miguel.-

Por fin se da cuenta de la presencia de su hermano menor. Le mira con sus ojos plenos de ternura sin importarle que todavía tiene una apariencia humana, al igual que él. Lo abraza con la misma intensidad, aunque no por el tiempo que quisiera; las piernas y brazos le flaquean casi de inmediato y debe recargar su peso sobre Miguel Ángel.

Él se percata, lo sostiene y con cuidado, le ayuda sentarse en el suelo.

-¿Estás bien?- aun cansado, Leonardo no puede dejar de preocuparse por su hermano.

-Sí, ¿y tú? Tu hombro está…

-Estaba, mira.

Hace un movimiento circular, pero Miguel Ángel no se convence porque la camisa está sucia, así que la abre un poco para descubrirle el hombro. No hay ninguna herida.

-¡Wow! Está como nuevo.- lo cubre.

-Sí, pero yo no lo hice, ni lo pedí ni lo pensé ni…

-¡Leo! ¡Tu hombro! Perdóname… yo…- Donatelo llega precipitadamente, se arrodilla junto a él y lo abraza por el cuello; Leonardo lo abraza con un brazo, el otro lo usa para apoyarse sobre el pasto, sino caerá -… perdóname… no quise… yo no quería…- Donatelo dice casi desbordándosele su dolor por los ojos.

-Cálmate Doni, estoy bien.- acaricia suavemente la espalda de él -La camisa sólo está manchada, pero estoy bien.

El suave y confortante tacto le ayuda a Donatelo a tranquilizarse. A él le hubiera agradado seguir así un poco más, pero alguien aparece.

-Yo puedo ayudar con el desperfecto de la camisa.- se ofrece Aleyda y se acerca a los tres hermanos.

Leonardo aparta con cuidado a Donatelo y éste se incorpora para dejarle lugar a la recién llegada.

Aleyda se arrodilla junto a Leo y pasa una mano por el hombro de él, recorre el brazo del chico con delicadeza. Desaparece la mancha, inclusive es reparado el tirón por donde la sai rasgó la tela.

-¿Por qué lo ayudas?- Donatelo la cuestiona -Yuder dijo que tú…

-Yuder les mintió.

Donatelo mira a Leonardo como para que le confirme.

Leonardo le confirma, asintiendo.

Para Donatelo es suficiente.

-Quiero pedirle disculpas…

-No tiene por qué disculparse, Donatelo. Ninguno de ustedes estaba conciente de sus acciones.

-¿Rafa y Sensei?- pregunta Leonardo -Deben estar todos presentes, hay algo que deben saber.

-Ellos…- está por responder Donatelo, pero alguien lo interrumpe.

-¡Orale! Aparte de linda, sabe quitar manchas de la ropa y zurcir bastante bien, y si sabe cocinar, mucho mejor.

Es Rafael; camina hacia sus hermanos.

-Rafael…- Leonardo lo reprende, pero enseguida siente un ligero mareo -… tus modales.

Aleyda se levanta y se aparta al notar la preocupación de Donatelo; éste se acerca a Leonardo.

-Perdiste sangre, necesitas descansar.-

-Después, primero… deben saber que Yuder...

Se cubre la cara con una mano, el mareo se intensifica.

-Hazle caso a Don.- le pide Miguel Ángel.

-Vamos, recuéstate y duerme un poco aquí, es un día hermoso y hay nula probabilidad de que llueva.

-No… Debo ver a Yuder; algo le pasa.

-¿Pero de qué hablas? Si es el culpable de todos nuestros problemas.- Donatelo le recuerda.

Rafael voltear hacia Aleyda.

-Hola.- saluda muy coqueto el morenazo.

Ella le sonríe más por cortesía que por simpatía.

-¿A qué hora sales por el pan, lindura?

-¿Disculpe?

Donatelo se levanta enseguida, agarra a Rafael de una oreja y lo aleja de Aleyda.

-¡Ay!

-Quieto.- le advierte.

-¡Ay! ¡Eso duele! ¡Ay! ¡Ay!

-Pues compórtate.

-Vas a ver cuando te encuentre a solas… ya me debes dos.- lo amenaza -¡Ay!

Donatelo no se inmuta. Ya a una distancia prudente, lo suelta y regresa con Leonardo, que ya se puso de pie.

Rafael se soba su adolorida orejita.

Miguel Ángel se cubre la boca para no estallar en carcajadas; no le parece prudente provocar ahorita a Rafael.

-¡Eso va por ti también!- Miguel Ángel no fue muy discreto -Me la debes todavía; no creas que se me ha olvidado.

-¡Mira como tiemblo, mira como tiemblo!

Bueno, Miguel Ángel no que tiene fuerza de voluntad para ciertas cosas.

-Te aprovechas que hay una señorita presente, si no…- le amenaza con un puño cerrado.

-Por favor… hermanos…- Leonardo los reprende, y al dar un paso, tropieza; de no ser por Donatelo y Miguel Ángel que lo cachan, se estamparía en el suelo.

Lo sientan de nuevo.

-Tienes que descansar.- le insiste Dnatelo.

-No Don.- sigue resistiéndose.

-Sí Leo, estás débil.

-Escucha…- sus fuerzas se agotan, pero se niega a ceder-… Algo sucede con Yuder, lo sé… Es una buena oportunidad… para…

-Leo...

-Don…

-Déjamelo a mi hermanito.- Rafael se ofrece gustoso.

Leonardo lo mira alarmado.

Donatelo y Miguel Ángel se hacen a un lado.

-Tranquilo, hombre.- Rafael se arrodilla junto a Leonardo -No te va a pasar nada.

Leonardo trata de apartarse, pero ni sus brazos ni sus piernas le responden.

Jamás había visto el rostro de Rafael con una expresión tan… paternal.

Rafael lo envuelve en sus brazos con delicadeza.

Lo único que se le ocurre a Leonardo hacer es voltear para otro lado, apenado, y llevar sus manos a la altura de su corazón, colocando una mano sobre la otra, como si estuviera a punto de rezar e implorar misericordia.

Rafael sonríe tristemente.

-Te hice pasar un mal rato. Entiendo que ahora no… me tengas confianza, perdóname.- murmura.

Rafael cierra más el abrazo, acercando más hacia sí el cuerpo de su hermano.

Leonardo sacude ligeramente la cabeza.

Rafael comprende este gesto.

-No entiendo. ¿Para qué haces eso?- pregunta Miguel Ángel.

-¿Qué no te acuerdas? Cuando éramos niños, y Don o tú no podían dormir, bastaba con que los abrazara un rato, y se quedaban jetones en un tris.

-De veras. No me acordaba.

-Y, ¿alguna vez aplicaste la misma técnica con él?- pregunta Donatelo.

-Nop. Nunca supe de que tuviera problemas para dormir.- le remuerde la conciencia al pensar que tal vez Leonardo sí los haya tenido, pero nunca lo supo, ya sea por el orgullo de su hermano o el suyo propio.

-¿Y crees que funcione?- Donatelo lo saca de sus pensamientos.

-¡Claro! Si… no he perdido mi toque.

Rafael posa una mano en la cabeza de Leonardo para obligarlo, es decir, ayudarle voltear la cabeza para que la apoye cerca de un hombro suyo; un poco renuente el niño, pero cede finalmente, y eso porque las fuerzas lo abandonan.

-Todo está bien, hermano.- le susurra con delicadeza.

Leonardo intenta separarse, pero es inútil zafarse del poderoso abrazo de Rafael. Se agita un poco, desesperado porque el cansancio lo está venciendo.

No puede dormir ahora. Deben ir tras Yuder ahora que está…

-Tranquilo, estoy aquí para cuidarte.- le habla igual de dulce.

No entienden… No entienden… Si dejan pasar esta oportunidad…

Pero el abrazo de Rafael es muy confortante.

Su corazón se calma lentamente.

Sus ojos se cierran poco a poco.

Mueve débilmente la cabeza antes de perderse en un pensamiento: es sorprendente que Rafael, con esos fornidos brazos, pueda tener un tacto tan sutil… agradable…abrigador…

-Vaya.- murmura Donatelo.

-Ya se durmió.- corrobora Miguel Ángel.

Contemplan a su hermano mayor dormir placidamente.

-Qué les dije.

Rafa sonríe satisfecho.

Aleyda los mira con desaprobación. Leonardo tiene razón, pero una vez más se ve atada de manos, sin embargo…

Rafael rodea a Leonardo ahora con ambos brazos, para sostener mejor su ingrávido cuerpo.

-Hasta parece un angelito. Lástima que no tenemos una video o de perdis un cel con cámara.- susurra Miguel Ángel.

Donatelo saca su celular de la bolsa de su pantalón.

-Espero que todavía funcione, después de los trancazos que recibió.

-Lo siento.- se disculpa Rafael.

-Ya está olvidado.- le sonríe.

-¿Desde cuándo les integraste cámara?- pregunta Miguel Ángel con curiosidad.

-Apenas, pero con tanto ajetreo, no he podido darles el nuevo modelo.

Abre el celular, lo enciende y presiona las teclas.

Enfoca a Rafael.

Miguel Ángel se ubica atrás de Donatelo.

-Tiene buena resolución.

-Espera, Don. ¿Me vas a sacar la foto con él en brazos? Sólo lo hice para dormirlo, ahorita lo suelto.

-No, quédate así. Se ven tan lindos los dos juntos.- sugiere Miguel Ángel.

-Pero…

Se oye un click.

-Oigan.- susurra con enfado.

-No serás tan insensible como para aventar a tu hermano mayor a un lado sólo para perseguirnos, ¿O sí?- le dice Donatelo con premeditación, alevosía y ventaja.

-Una de cercas, Don.- se emociona Miguel -Un par los dos juntos, luego una de Rafa y después una de Leo.

-Va.

Se acercan más.

-Se están pasando de la raya.

Un click.

-¡Les advierto!

-No levantes la voz que lo vas a despertar.- dice Donatelo.

Otro click.

Ahora Donatelo enfoca a Leonardo, tan vulnerable en los brazos de Rafael; baja el celular.

-¿Qué pasa? – Miguel Ángel se exaspera porque Donatelo ya no está tomando fotos -¿Ya te intimido ese? Déjame a mí entonces.

-Pensaba en que… no importa.

-Oye, - Rafael le inquieta la expresión de Donatelo, y lo cuestiona, a su modo -Yo me deje sacar fotos, así que desembucha.

Donatelo lo piensa un segundo. Es justo.

-Estaba pensando… ¿si está es la vida que Yuder le ofrecía a Leo para nosotros?

-¿Qué?

-¿Una vida así… para nosotros?

-Una vida siempre feliz. ¿Recuerdan? Ahora estamos en el parque, con está apariencia de humanos, disfrutando al aire libre sin temer que alguien aparezca y le de un infarto por vernos.

Guardan silencio.

No muy lejos, se escuchan a varias personas platicar; otras más, seguramente niños, reír. Están en el parque de la Gran Manzana y siendo sábado, es natural que haya gente disfrutando de su fin de semana al aire libre.

Y como si el sólo mencionar a Yuder fuese a aparecerse, Rafael aferra más a Leo, para protegerlo.

-¿A cambio de qué?

Los tres voltean al oír a Splinter.

"De su alma.", piensa Miguel Ángel, afligido.

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