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ESPEJISMO
19. Pacto irrevocable
Splinter por fin se reúne con sus hijos. Desde hace un rato que permanecía oculto, observando. Se ha dado cuenta de que Aleyda, en verdad, no representa ningún peligro. Justo en el momento en que la luz blanca los cubrió, pudo percibir claramente como una presencia se alejaba de él, de Donatelo y de Rafael… era Yuder. Yuder había invadido sus mentes, era Yuder quien les convenció de actuar precipitadamente. Ahora siente que puede respirar sin ningún peso aplastante en su pecho, se siente liviano, su mente despejada; ya es libre.
-Le pido sinceras disculpas, señorita.
-Descuide. No eran dueños de sus actos.
-No existe excusa posible que justifique la barbaridad de nuestras acciones.- Splinter reconoce con mucho pesar.
Donatelo y Rafael agachan la mirada.
Miguel Ángel se pregunta el por qué de las caras largas. Ninguno de ellos resultó gravemente herido, salvo Leonardo, y Splinter quizá un poco magullado. Leonardo fue el único herido, ¿y cómo pasó eso? Seguramente fue Yuder quien lo lastimó, y seguro que también fue el culpable de que le duela la quijada y la mano. Aún le duele, pero no se soba, no quiere parecer un niño llorón, y como no le gusta ver a todos tan afligidos, se acerca a Splinter, y lo abraza, sacándolo de su introversión.
-Sensei, entiendo que estuviesen dispuestos a llevarnos a Leo y a mi a rastras a casa, pero a fin de cuentas estamos bien, estamos juntos.- le dedica una sonrisa encantadora.
-Miguel Ángel… hijo… tú no sabes…- se le quiebra la voz.
-No Splinter,- interfiere Aleyda -no deben culparse. Mejor permítame explicarles que es exactamente lo que se propone Yuder.
-¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!- Miguel pega de brincos- ¡Yo les cuento! ¡Yo les cuento!
-No es ningún…- ella está por decirle que sí, pero Miguel en su impaciencia, la interrumpe.
-¡Y te quiero más que ayer! ¡Ándale!
-¿Qué me…quiere…?
-Disculpa Aleyda, es un decir.- Donatelo le aclara al verla confundida.
Ella suspira. Debió suponerlo. ¿Cómo es posible que ese humano… ese risueño chico pudiera quererla?
Mira un momento a Miguel Ángel, y al ver esos enormes y encantadores ojos azul cielo de niño travieso, comprende a la perfección la invulnerabilidad de él ante Yuder.
-De acuerdo- accede finalmente.
-Gracias Mi Lady- hace una pequeña reverencia.
Los demás se sientan formando un semicírculo y Miguel Ángel queda frente a ellos; comienza el relato.
-En un país muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy…
-Miguel Ángel, le sugiero que sea breve.- Aleyda le sugiere.
-Lo siento… ejem… En un país muy lejano…
-Siempre se sale con la suya.- protesta Rafa, murmurándole a Donatelo -Dime Don, ¿ya has averiguado cómo lo hace?
-Después de mis exhaustivas investigaciones…
-¿Sí?
-…he llegado a la conclusión…
-De que…
-…no tengo la más remota idea.
-Disculpen.- Miguel Ángel les pide que presten atención.
-Tu síguele Miguelón, te escuchamos.- le indica Rafa.
-Y luego porque tiene que recursar lecciones.
-Ah, bueno, lo de las auras… ¿quién te fue con el chisme?
Miguel Ángel no le responde y continúa con el relato.
Aleyda le recuerda ser breve, sabe perfectamente que Yuder se recupera más rápido de lo que se recupera Leonardo.
En cuanto Miguel termina de contar la historia, en medio de exagerados ademanes y efectos de sonido, ella hace algunas aclaraciones.
-No es verdad que la Diosa Earane vaya a castigar a Leonardo por no aceptar el susodicho presente, porque ella no le ha atribuido ninguno, y obviamente, ella no le desprenderá la cabeza. Es Yuder quien les ha hecho creer esta mentira, él es quien ha manipulado los sentimientos de cada uno de ustedes, obligándolos a preocuparse exorbitantemente, ofuscándose su razón. A tal magnitud logró su cometido, que ustedes creyeron ciegamente que cualquier… método era el idóneo para convencer a Leonardo a que aceptara un regalo inexistente.
Splinter, Donatelo y Rafael, agachan la cabeza, avergonzados.
Splinter se reprocha a sí mismo el haber cedido tan fácilmente. ¿Cómo no se dio cuenta? A Miguel Ángel… a su hijo, el más joven… sus propios hermanos estuvieron a punto de herirlo.
-Splinter, Donatelo, Rafael, no se culpen, no existe forma alguna de no caer en el engaño de Yuder, porque él usa, sin ningún remordimiento, los buenos sentimientos de sus corazones; sólo se librarían de esa vil manipulación, si dejasen de amar a Leonardo con la intensidad con que lo hacen.
Guardan silencio, asimilado las palabras de Aleyda.
Splinter medita que en cierta forma es un consuelo, saber que su forma de actuar tan… desesperada, no fue su culpa, sin embargo, le será difícil sacar esa espinita incrustada en su corazón; estuvieron a punto de cometer un gravísimo error. Si Leonardo no los hubiera envuelto en esa cálida y protectora luz blanca… pero aún queda una pregunta: Miguel Ángel no sucumbió como lo hicieron ellos tres, ¿Sería otro plan de Yuder? Un humano con tantos siglos de vida, debe poseer una envidiable sabiduría, sabiduría que bien puede equipararse con su ambición de poder.
-Lo bueno que Leo pudo traernos aquí, sanos y salvos, lejos del control de Yuder.- dice Miguel Ángel.
-Ya decía yo que no eras un ser diabólico.- Rafael le dice Akeyda.
-Si Leo,- interviene Donatelo -ha estado usando el poder de Yuder… eso… lo involucra más, acción que podría motivarlo a interesarse en la propuesta de Yuder.- mira a Aleyda esperando por la respuesta.
Aleyda no hace otro comentario.
-¿Por qué no contesta?- se irrita Rafael.
-Yo no puedo sacar conclusiones por ustedes.
-Sí, nada más advertirnos.- dice fastidiado.
-¿No es obvio?- dice Miguel Ángel -Hasta ahora, Leo no lo ha usado en su propio beneficio.
Donatelo y Splinter recapacitan en lo que acaba de decir Miguel Ángel.
-Calma Miguelón, no se te vaya a quemar la única neurona que tienes, por el esfuerzo, si la desconchinflas, ¿qué vas a hacer?- le advierte Rafael.
-En serio…
-En serio.- le recalca.
-Leo curó a Aleyda y nos convirtió en humanos para que estuviésemos a salvo, y nos trajo aquí para alejarnos de Yuder… Ni siquiera uso el poder para curar su hombro.
-¿No se curó él mismo?- pregunta Donatelo.
-No. Sólo necesita imaginar las cosas para que pasen. Me dijo que no pidió ni imagino que su hombro se curara. Con el dolor que debió sentir, cualquiera hubiese deseado que dejara de doler, y aunque todavía faltan seis horas para que a Yuder se le acabe el tiempo, Leo lleva las de ganar ¿no? porque a él no le ha interesado el poder.
-Entonces ¿cómo se curó?- pregunta Donatelo.
-¡Oh sí!- Rafael le da la vuelta al tema- Nuestro querido hermano mayor siempre al tanto de lo que nos pueda pasar, que no se acuerda de cuidar de sí mismo. Haber SI ya se hacen responsables de sus vidas.
-¿Y tú qué, Señor "Pachanga"?- se queja Miguel Ángel -Leo tiene que estar detrás de ti…
-¡Yo cuido de mí mismo! ¿A poco me viste llegar hasta las chanclas cuando me fui de fiesta con Casey?
-Eh… no.
-¡Ah verdad! Eso va para ustedes dos. Uno que se la pasa plantado en su computadora que hasta se le olvida de dormir y de comer y no digamos entrenar, y otro que deben recordarle que levante su tiradero, que haga el quehacer que le toca, que no se haga pato en la meditación…
-Leo sí que está cansado, a tal grado, que no se despierta con sus gritos.- le hace ver Donatelo, escondiendo de esa manera la incomodidad que Rafael le hizo sentir por su hiriente comentario.
-Eh…- Rafael baja el tono de su voz- les digo que…
-Rafael, no es el momento de resaltar las pequeñas distracciones de tus hermanos.
-Pero es verdad, Sensei.
-Aunque debo admitir que has obtenido cierto grado de madurez.
-Eh… Gracias, Sensei.- dice orgulloso.
-Sensei tiene razón.- dice Donatelo.
-Claro.- Rafael ignora el comentario de Donatelo.
-De verdad. Has sido capaz de comprender que, si bien Leo, se olvida de sí mismo por cuidar de nosotros, nosotros estamos para cuidarlo. Él estaba tan angustiado de que Yuder recuperara fuerzas y atacara más implacable, que no reparó en que él necesitaba descanso, así que tú le ayudaste a calmarse para que pudiese conciliar el sueño y disfrutar de una merecida siesta en tus formidables bíceps, y tú no te sientes avergonzado en lo más mínimo por lo tierno que te ves acunando a nuestro hermano mayor.
No se lo hubiera recordado. Rafael enrojece a tal grado, que va a soltar a Leonardo, pero se contiene al percatarse que en los rostros de los demás, no hay ninguna señal de burla; lo que ve en esos casi desconocidos rostros humanos, es gratitud.
Se le pasa el bochorno, baja la mirada para contemplar la placidez con que duerme su hermano mayor; en su rostro se dibuja una sonrisa de oreja a oreja.
Momento que aprovecha Miguel Ángel para hacerle señas a Donatelo e insinuarle que saque otra foto. Donatelo no lo piensa dos veces, y rápido le quita el sonido al celular.
-Bueno… - Rafael levanta la mirada y no nota que Donatelo esconde su celular.
Consiguió la foto.
-… ya que concordamos en que soy un chico maduro y que ya NO necesito pedir permisos para salir a dar la vuelta…
Splinter se preocupa; para él, Rafael todavía no puede darse el lujo de salir a su antojo, pero ya lo discutirán en casa, en otro momento.
-… prosigamos con la discusión.
-¡Orale! ¿Dónde aprendiste a hablar tan refinado?- se burla Miguel Ángel.
-Ejem…- ignora el comentario -Al parecer, Leo descubrió que Yuder se debilitó por alguna inusual circunstancia, eso motivó su premura por buscarle y enfrentarlo, aprovechando esa ventaja.
-Exacto.- apoya Aleyda.
-O sea que…- Miguel Ángel trata de sacar la obvia conclusión.
-Ya la regamos.- continúa Donatelo -Ha sido tiempo suficiente para que Yuder esté en camino.
-Hijos, nos preocupamos por el bienestar de Leonardo, no hay nada de malo en ello. Quizás aún existe una oportunidad. Debemos preguntarle a su hermano qué fue lo que descubrió.
-Pero podría ser otra trampa.- agrega Rafael -Seguramente ese soquete de Yuder se hace pasar por una damisela en desgracia, y conociendo al bonachón de mi hermano, no dudará en ir en su rescate.
Todos asientan en acuerdo con Rafael, al recordar a cierta personita que Leonardo se empeñaba en conducir por el camino correcto.
-Sabía que era demasiado hermoso para ser verdad; ya es el tosco de siempre.- resalta Miguel Ángel el cambio de actitud de Rafael.
Rafael lo ignora de nuevo, demostrándole que ya no lo saca de sus casillas.
"Esta por verse, señor 'Madurez'.", Miguel Ángel planea un contraataque.
-Primero,- prosigue Splinter -debemos determinar si acaso es posible que Leonardo tenga razón, y quizás sea posible que Yuder no esté en condiciones de pelear, ni de controlarnos, al menos por un breve lapso de tiempo, entonces podemos sacar provecho. Esta vez no estará solo.
-Esta vez no lo dejaremos solo.- sentencia Donatelo.
-Si no estaba solo, me tuvo a mí.
-¡Qué consuelo!- Rafael deposita en el pasto con delicadeza al bello durmiente.
-¡Aunque te pese, Rafita! Yo estuve con mi hermano todo el tiempo.
-¿Y quién nos puede decir que no fue Yuder quien te dio el lujo de que estuvieras con él para ver si metías la pata, y por tu culpa, Leo caía en sus garras?
"Pudo haber sido así.", piensa Miguel Ángel con tristeza -¿Es necesario despertarlo?- cambia de tema, dolido porque no fue de ayuda después de todo -Podemos recurrir a la meditación para contactarlo.
-Brillante idea, descerebrado.
-Yo los guío.-
-Si no sabes cómo.-
-¡Claro que sé cómo hacerlo!
-Pero no te enojes.
Los cuatro se sientan alrededor de Leonardo. Toman posición. Se relajan. Se concentran.
Las tres tortugas y la rata se hallan en el plano astral, de ahí irán donde está Leonardo. Esperan a que Miguel Ángel les diga por dónde, pero parece desorientado.
-¿Y bien?- se impacienta Rafael.
Miguel Ángel mira sus verdes manos con tres dedos.
-¿Qué pasa?- lo apura.
-Nada… Es que… no está.
-¿Cómo que no está?
-Estamos junto a su cuerpo.- le mira consternado -Deberíamos llegar a él con estirar la mano pero… no lo percibo.
-No es hora de tus bromas, Miguel.
-No Rafael, Miguel Ángel no bromea.- Splinter concuerda con la tortuga de piel verde mar -Leonardo no se encuentra en su cuerpo. Sencillamente, Leonardo no está por aquí.
-Si eso es verdad, significa…- dice Don.
-Que fue al encuentro con Yuder desde hace un considerable tiempo.- termina de declarar Splinter.
-Pero maestro, Leo está extenuado, ¿cómo…?
-Recuerda Donatelo. El cuerpo puede estar en el límite de sus fuerzas, pero no el espíritu. Si Yuder efectivamente está debilitado, entonces ha dejado de hostigarlo, y sintiéndose libre, Leonardo pudo ir en su búsqueda.
-O sea que se nos adelantó. ¡Ese ca…nijo de Leo!- se enoja Rafael.
-Pero podemos ir tras él, ¿no?- pregunta Miguel Ángel.
-Si unimos nuestras voluntades, a pesar de la distancia a la que se encuentre, es posible.
-¿Qué esperamos entonces?- apremia Rafael.
Se sientan y se concentran para hallar la conciencia de Leo.
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-Lo haré.
A Yuder le sorprende la inmediata respuesta de Leonardo.
-Dame tu mano entonces.
Sin vacilar, Leonardo aferra el antebrazo de Yuder y éste hace lo mismo.
-¿Listo para ir al Mundo de los Muertos?
-Sí.
Ambos desaparecen.
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