Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.


Ella dijo que sí.

Es lo único que pasa por mi mente en esos momentos. Mimi, la chica que ha logrado poner mi mundo de cabeza, accedió a pasar unos días conmigo, solo los dos, abierta a cualquier posibilidad que aparezca. Simplemente me cuesta creerlo porque lo he deseado tanto que cuesta pensar que es real.

Después de besarla frente al lago, decidimos que lo mejor sería irnos a dormir para no levantar ningún tipo de sospecha. Me arrepentí de esa decisión más adelante, al verme privado de tan siquiera acercarme a ella cuando todos se despertaron al amanecer, pero luego me tranquilicé un poco cuando ella descaradamente me dedicaba aquellas sonrisas cómplices que me volvían loco. Al final, nos despedimos como siempre, ella me abraza y yo se lo correspondo, y sé que no fui el único que sintió la electricidad ante el contacto; ella se va con las chicas y yo con los chicos, a pesar de que, me separo de ellos en casi al instante, ya que, tenía asuntos por resolver y, lamentablemente, necesito a mi padre para lograrlo.

Por eso, estoy en el elevador de la torre del canal donde mi padre prácticamente vive, pensando en qué puedo decirle que no suene tan…irresponsable. No puedo llegar simplemente y decirle: "Hola papá, necesito que me des las llaves del pequeño apartamento que tienes en la playa. ¿Por qué? Bueno, voy con la mujer que me tiene totalmente loco y no sé qué pueda pasar".

No se puede ser tan cínico en esta vida.

Finalmente, llego al piso que buscaba y trato de entrar a su oficina, pero una señora con cara de pocos amigos, me intercepta.

― El señor Ishida no puede atenderlo. ― ¿Acaso es una broma?

― Entonces, debió haberse protegido hace veintidós años. ― la expresión de indignación en el rostro de la mujer vale oro, pero me tiene muy sin cuidado. La esquivo y entro a la oficina.

― ¿Yamato? ¿Qué haces aquí? ― me pregunta. ― ¿Y qué le dijiste a la Señora Kurosawa? ―me dice al ver la cara de pocos amigos que me profesaba la mujer de edad.

―Necesito hablar contigo.

― Muy bien. ―responde sin ofrecer mucha resistencia. Sabe que no soy una persona comunicativa y si quiero hablar, es porque realmente lo necesito. ― ¿Qué pasa?

―Quisiera saber si…me prestarías tu apartamento cerca de la playa. ― enarca una ceja.

― ¿Para…?

―Quiero ir a pensar un poco; ya sabes, estoy terminando mis estudios y quiero reflexionar sobre mi futuro. ― le digo. Se mantiene en silencio por unos instantes.

― Te escaparás con una chica, ¿no es así?

Demonios…

― Si hubiese sabido que lo sabías de entrada, no hubiese perdido tiempo con la excusa…― él sonríe.

― A veces se te olvida que yo también fui joven, además…conozco a mi hijo.

― ¿Qué quieres decir con eso?

― Que te conozco, Yamato; sé que alguien te flechó hace mucho tiempo y sé de quién se trata, pero no te lo diré; para que sientas que no lo sé todo. ―me sonríe con notoria superioridad. ― Sé que no debería apoyar esta locura, pero…

― ¿Pero qué?

― Si te has tomado todas estas molestias por ella, es porque es muy importante para ti. ― explica mientras trato de hacerme el indiferente ante sus palabras. ― Tengo mucho que no paso por allá, así que, tendrás que ir a acondicionarlo.

―Entendido. Gracias, papá. ― vuelve a sonreírme.

―No hay de qué. ― no pensé que sería tan sencillo convencerlo. ― Otra cosa más; por lo que más quieras, toma tus precauciones, ¿bien? No quiero que tu madre tenga otra razón más para recriminarme. ― dice con humor, logrando que mis mejillas se enciendan de un rojo intenso.


― ¡Sé que estás allí! ¡Abre la puerta, Yagami! ― Llevo unos diez minutos frente a su casa y el muy descarado no se digna a abrirme la puerta. Me dijo que, como Hikari estaría con Miyako y sus padres saldrían de la ciudad, aprovecharía al máximo el tiempo a solas en su "santuario" y con lo holgazán que es, sé que está allí. ― ¡Taichi!

― ¡Por un demonio, Ishida! ― escucho como grita desde el interior de la casa. En cuestión de segundos, la puerta se abre. ― ¡¿Qué es lo que te pasa?! ― me dice con mal humor y parece haber salido recientemente de la cama.

― Necesito hablar contigo, pero no contestabas mi mensaje.

― Por algo sería, ¿no crees? ― me dice. ― ¡Adiós! ―intenta cerrarme la puerta en la cara, pero se lo impido. Empujo la puerta y entro de todos modos. ― ¡Oye!

―Dije que quiero hablar contigo y no me iré hasta que lo haga.

― Si serás…

― No seas así, Taichi; es obvio que te necesita. ―responde una voz y cuando giro, me encuentro con Sora de frente. ― ¿Cómo estás, Yamato? ― Ahora entiendo por qué Taichi estaba como estaba… No hay que ser un genio para entender qué estaban haciendo estos dos y más por la forma en que están vestidos. Taichi solo lleva puesto una bermuda mal abotonada y Sora llevan unos pantalones cortos con una camisa que supongo es de Taichi.

― ¡No seas amable con este bruto que debería entender las señales a estas alturas! ―solo ruedo los ojos.

― Discúlpalo, está de mal humor; ¿quieres un poco de té? Haré un poco.

― ¡Sora! ― se queja y yo no hago más que sonreírle con burla.

― Sí, gracias. ― Taichi me mira de mala gana y se sienta en el sofá; yo lo imito. ― ¿Ya me vas a escuchar?

―Habla de una buena vez…

― Como eres una persona que no piensa lo que dirá antes de hablar, quiero tu opinión sincera respecto a algo. ― Al escuchar mi requerimiento, su semblante se suaviza un poco y parece estar prestándome atención. ― ¿Qué me dirías si yo te dijera que me escaparé por unos días con una chica? ― Al principio me observa con algo de sorpresa.

― ¿Estamos hablando de Mimi? ― Es mi turno de sorprenderme.

― ¿Cómo…?

― Por favor, Yamato, ¿con quién más estarías dispuesto a cometer esta locura? ― me dice con una sonrisa en el rostro. ― No entiendo por qué me preguntas esto…

― Porque quiero cerciorarme de que no es una locura; Mimi significa mucho para mí y no quiero arriesgarme a perderla.

― A veces tenemos que arriesgarnos. Si no me hubiese arriesgado, en estos momentos no sería el hombre más feliz del mundo. ― Ahí le doy la razón. Todos sabían que Taichi y Sora se gustaban, menos ellos dos y al parecer, eso nunca iba a cambiar. Es por eso que me sorprendí sobremanera cuando Taichi llegó a mi casa un día pidiendo ayuda para poder declarársele porque, según él y con lo que estoy totalmente de acuerdo, es una bestia en esas cuestiones. Ahora, son la pareja más sólida que he visto en mi vida, cosa que no debía ser porque Taichi es uno de los integrantes del par. ― Creo que éste ha sido el mejor riesgo que he tomado en mi vida…

― Me empalagas…

―Idiota…― yo sonrío. Las únicas veces en que se muestra de esta manera tan…normal, es cuando habla de Sora. ― Mi punto es que, si realmente la quieres, vale el riesgo, ¿no?

― ¿Qué pasa si lo arruino?

―A ver…―se acomoda mejor en el sillón. ― Ella te dijo que sí, ¿verdad? ― Yo asiento. ―Exacto, si lo hizo, es porque siente lo mismo que tu o por lo menos tiene curiosidad de ver como se desenvolverá todo esto, así que, ella también está aceptando el riesgo. Debe estar en estos momentos pensando en lo mismo que tú. ― Probablemente tiene razón. ― ¿Te digo algo y prometes mantenerlo en secreto?

―Si es algo ilegal, estúpido o inmoral, no quiero saberlo. ― él rueda los ojos.

― Venga, que es algo serio…― me dice y observa hacia Sora, supongo que verificando que no está escuchando nada. ― Sabes que, en par de meses, tanto Sora como yo, obtendremos nuestros títulos universitarios y hemos estado trabajando medio tiempo para cubrir nuestras salidas y así desde que éramos adolescentes ― Yo asiento. ― En realidad, ese dinero no lo hemos gastado en citas; lo hemos ahorrado en conjunto y hemos utilizado la gran parte para alquilar un pequeño apartamento tipo estudio cerca de aquí. ― Eso no me lo esperaba. ― Hemos comprado algunos muebles y así; no es la gran cosa. En el momento en que se me ocurrió, también estaba nervioso pensando que tal vez ella pensaría que era muy apresurado, pero al mismo tiempo, estaba y aun estoy emocionado de poder vivir con ella; fue tan fácil para mí y fue así que, si existía alguna duda de que ella era la indicada, desapareció cuando ella aceptó esta locura conmigo. ― Es cierto que Taichi y Sora llevan muchos años de relación, pero no me había percatado de que Taichi estuviese pensando tan a futuro.

― ¿Alguien más lo sabe?

―Ni siquiera nuestros padres lo saben― responde. ― Hablaré con ella sobre aquello, después de que…― busca debajo de un cojín y saca una pequeña cajita de terciopelo.

― ¿Es en serio? ― él me sonríe mientras me enseña el anillo.

― Sí; no es muy ostentoso ni fino, pero…

― Sabes que le va a encantar. ― él sonríe.

― Gracias. Tenía mis dudas porque, a pesar de que trata de actuar como siempre, sé que oculta algo; la conozco demasiado como para no saberlo. Pero como la conozco, decidí proponérselo de todos modos ― dice sin borrar la sonrisa. ― Te digo esto para que entiendas lo que te quiero decir: vale la pena. ¿Puede que salga algo mal? Es probable, pero es peor que vivas con la duda de lo que pudo haber sido. Tal vez pronto estés como yo, pensando en tu futuro con ella, como serán tus hijos y cosas así…

Y me dolía tanto darle la razón, pero la tiene porque la incertidumbre no me dejaría vivir. Seguir como si nada pasase entre nosotros, no era una opción; no podría en una mentira que solo hace que demos vueltas y vueltas en el mismo sitio. Debo dejar las dudas estúpidas y actuar. Porque sí podía ver un futuro con ella y esa era una gran señal.

Esta vez, debo tomar el ejemplo de Taichi.

― Por increíble que parezca, me has ayudado mucho.

― Tengo mis momentos. ― dice victorioso; tengo que bajarlo de aquella nube como pueda.

― Puede que sepa por qué Sora está tan extraña…―me observa con notable ansiedad.

― ¿En serio?¡Dime!

―Creo que está harta de ti, lo cual es comprensible. ―Me fulmina con la mirada, listo para responderme, pero se ve interrumpido.

― ¡Taichi!, ¡¿puedes ayudarme con esto?!

― De la que te salvas…― se levanta del sofá y se dirige a la cocina. Allí, observo como se acerca a ella y le regala un fugaz beso en la frente que hace que Sora sonría ampliamente hacia él. Le entrega la bandeja, él le dice algo que no llego a entender a lo que ella responde poniéndose de puntillas y otorgándole un rápido beso en los labios.

Suspiro. Yo quiero estar así…O sea, con Mimi. Nunca me escucharán admitirlo en voz alta, pero siempre, desde que tengo uso de razón de cuanto me encanta la pequeña princesa castaña, no he podido imaginar un futuro en ninguna de las relaciones que he tenido. No han sido muchas, pero sí las suficientes para entender que no era algo normal.

― Disculpa si te hice esperar. ― me responde Sora mientras llega a nosotros. ― ¿Qué tanto platicaban? ― pregunta mientras se sienta en el sofá al lado de Taichi, quien la atrae de la cintura de manera automática.

― Nada en especial, le decía que menos mal que llegué, así te ahorré el suplicio de tener que fingir con él. ― Sora se carcajea mientras Taichi me dirige una no muy amistosa seña con el dedo. Puede que me burle de él casi todo el tiempo, pero cuando lo necesito, siempre responde como el mejor. Hablar con él me deja más tranquilo de lo que imaginé; ver el vivo ejemplo de lo que quiero con Mimi, hace que mis nervios se aminoren un poco. Por Dios, estoy hablando de la chica que me conoce como la palma de mi mano, con la que he pasado horas hablando en línea, con la que me mensajeo hasta caer dormido…con la mujer a la que quiero tratar como una princesa por mucho tiempo.

De lo único que estoy seguro, es de que necesito hacerlo.


Son las 3 a.m. y yo no puedo conciliar el sueño. Han pasado unos días donde he venido de aquí para allá, entre preparativos y arreglos. El apartamento "escape" de mi padre, está a media hora de distancia y he ido varias veces para acondicionar el lugar para Mimi. Compré provisiones, despolvé, limpié, incluso di una pequeña capa de pintura para que se viera mejor. Estoy sorprendido de que haya hecho tanto teniendo en cuenta que nunca lo he hecho ni en mi propia casa, pero es que quiero que todo esté impecable para ella. Y justamente porque quiero que sea perfecto, no puedo dormir. Nos vamos en unas horas y yo no he podido pegar el ojo…de la emoción. Quiero que salga el sol para ir a recogerla y olvidarme del mundo entero con ella.

"Parece que hoy no quiere amanecer"

Lo más seguro es que esté dormida, pero las ganas de escribirle son increíbles. No la he visto desde que nos despedimos al llegar del digimundo. Dejo al teléfono a un lado, pensando que no obtendría una respuesta, pero como siempre, Mimi me contradice hasta sin saberlo.

"Lo sé; es como si la noche no quisiese acabarse"

Sonrío.

"Al menos, ya falta menos"

Pasan algunos minutos y pienso que se ha quedado dormida, así que, trato de hacer lo mismo. Cuando estaba conciliando el sueño, escucho la vibración del teléfono en la mesita.

"Te quiero, Yama"

Y con esas simples palabras, sentí adrenalina y paz a la vez. Es que ella siempre ha sido así, sabe que decir en el momento justo, sabiendo de alguna manera lo que necesito oír. Nadie puede creer que detrás de mi mascara fría e indiferente, existe otra faceta que solo Mimi puede despertar.

Esta princesa me vuelve loco.

"Y yo a ti, princesa"

El resto de la noche, pasó más rápido de lo que esperaba.


Hola a todos. Lamento la demora, pero por fin, pude traer un nuevo capítulo. Gracias de corazón a todos por estar pendiente. Espero no tardar tanto en actualizar, especialmente, porque el Mimato está tomando auge. Gracias por los nuevos favs y follows y a mimato bombon kou, mariana garcia y Gabisss.25 por sus reviews.

Como siempre, siéntanse libres de comentar,

Cuídense,

Bye!