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Cloeh: 'Ai' la llevas =D En algunos detalles le atinas, en otros divagas: un trío amoroso Leo-Earane-Yuder… Suena interesante, pero no va por ahí : ) Y no te preocupes por la forma en que muere Leo, su muerte es muy tranquila.
Disclamer:
LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón lepertenece a mi querido Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar loque siento hacia mis adoradas tortugas.
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ESPEJISMO
20. Si hubiera…
Un horripilante estremecimiento recorre sus conciencias obligándolos a regresar a sus cuerpos.
Como si se hubiesen arrojado de un edificio de diez pisos, caen abruptamente al pasto, incluso el golpe cimbra sus entrañas.
Retorciéndose en el piso, el dolor los aturde, no saben en dónde están, si hay algún amigo que los auxilie o un enemigo que los perjudique, porque logran percibir un aura extraña.
-Splinter…
El desconcierto pasa muy lentamente.
-Splinter… Lamento haberles hecho regresar tan abruptamente, pero… Leonardo… Splinter, Leonardo… él…
Splinter reconoce que es Aleyda quien lo llama con apremio. Con escuchar el nombre de su amado hijo, aunado a un terrible presentimiento, reúne fuerzas y se pone de pie. Un par de pasos y ya está abrazándolo.
-Está… frío…- susurra el consternado padre vuelto a su forma original, aunque su hijo no.
En seguida le toma el pulso del cuello; no lo haya. Ubica sus delgados y peludos dedos un poco más abajo, quizás no está tomando el pulso correctamente. Tampoco en ese punto hay señal alguna de vida. Deja en el pasto el gélido cuerpo humano, tratando desesperadamente de mantener la calma; tiene que haber una explicación.
¿Cómo así, tan repentinamente?
-¿Sabe qué ha sucedido?- voltea a preguntarle a Aleyda, esperanzado en que tenga la respuesta correcta.
-Yuder… él… ha logrado… llevarse… el alma de Leonardo.
Las tres tortugas apenas están logrando incorporarse, aunque tambaleantes.
-Que se ha llevado…- exclama Miguel al escuchar a Aleyda.
Sintiendo que sus piernas no le responden, ya sea por el precipitoso regreso o por oír tan terrible noticia, Miguel Ángel se arrastra a gatas y llega donde está su hermano, y comprueba el pulso también. La expresión de pesar en su rostro es más que evidente. Se arrodilla para sentarse sobre sus pantorrillas y coloca sus puños sobre sus piernas, apretándolos fuertemente y sin dejar de mirar el cuerpo inmóvil que está a su lado.
-¿Qué quiere decir con que se llevó su alma?- Rafael, que sí logra ponerse de pie, se acerca, y queda de pie junto a Miguel Ángel- Y tú, ¿por qué pones esa cara?, ni que estuviera…- calla al inclinarse y tocar la frente de Leonardo -esta helado.- toca su cuello -¿No.. está así por… porque se está proyectando hasta quién sabe dónde?- su hermano no puede haber…
-Lo lamento.- es todo lo que responde Aleyda.
Donatelo se levanta y queda al lado de Splinter.
Como si hubiese esperado a que Aleyda lo sacara de sus dudas, Miguel Ángel finalmente rompe en llanto y se arroja al pecho de su hermano, aferrando sus ropas.
Rafael y Donatelo simplemente no pueden creerlo, pues ven a un humano y no a una tortuga, en cambio, ellos han recuperado el color verde en su piel y el caparazón en sus espaldas.
Pero Splinter, él no tiene la menor duda… es sólo que… le está costando asimilarlo.
-¿Ha muerto? ¿Cómo es posible?- Donatelo habla por fin, intentando mantener su cabeza despejada y su corazón apartado del contagioso llanto de su hermano menor -No presenta ninguna herida mortal… y lo más extraño… es un humano, aún.
Donatelo, como siempre, buscando la explicación lógica a todo.
-Yuder extrajo su alma y… sencillamente… Leonardo ha dejado de respirar.
-¿Así de simple? ¿Extrae el alma del cuerpo y ya?
Aleyda asiente.
Donatelo dirige la mirada al suelo, entristecido.
-Viéndolo así, como humano, a mí me parece que no está…-Rafa opina, negándose a creer hasta donde le se posible lo que está pasando.
-¿Acaso no lo… tienen enfrente… Don, Rafa?- Miguel se esfuerza por dejar de llorar para enfrentar a sus hermanos- ¿No lo ven? Este flachuco niño es… era…- contiene un momento el dolor que le destroza lo más profundo de su pecho, para mirar con detenimiento el cuerpo inerte, aún con lágrimas en los ojos; quizás llegue a levantarse y les diga que no tiene nada.
Acaricia una mejilla de Leonardo. Había creído que le habían cambiado a su hermano mayor por otro que se hacia pasar por él… fue hasta en la mañana, cuando él lo confortó, que ya estaba cien por ciento seguro que ese humano era Leonardo. Ahora que toca su helada mejilla, y mirando fijamente esa pálida e inerte forma humana… parece que fuese un muñeco de esos que hay en los aparadores de las tiendas… un muñeco… un muñeco con la forma de humano. Leonardo quería ser un humano, pero fue Yuder quien lo transformó… y todavía es un humano… aunque su alma no habita ya en su cuerpo… todavía Yuder debe manipularlo… ¡Cómo en las películas de vampiros!: Cuando el vampiro controla a la muchacha bonita y poco a poco la convierte también en vampiro, ella no sale del trance hasta que el vampiro muere.- la esperanza surge en su corazón -Aunque ella tenga colmillos y los ojos de un vampiro, si todavía existe una mínima parte de su alma en ella, muere el chupasangre y… ¡vuelve a ser humana! Tal vez…
-Yo todavía estoy esperando a que nos explique qué rayos ha pasado y quiero que mi hermano despierte.- reclama Rafael.
-Hijos… deben entender… deben aceptar que…- Splinter ya no soporta más el desgarre de su alma que le grita dejarle escapar.
-¡Aleyda! ¡Aleyda!- Miguel Ángel interrumpe de nuevo; se levanta y va donde está ella con premura -¡Yuder se ha llevado a Leo, pero…!– respira para recuperar la calma -… todavía no llegan al Shi… Shi... no han llegado al infierno, ¿verdad?, es por eso que Leo es humano. Cuando Leo cruce la puerta sin retorno entonces… sí estará muerto.
-Es acertado su pensamiento Miguel Ángel.
-¿Puede llevarnos? ¡Podemos evitar que Leo cruce si…!
-Yo no puedo hacer eso. Está prohibido que los vivos vayan al mundo de los muertos.
-¡Momentito! ¿De qué rayos están hablando?- reclama de nuevo Rafael.
-¡No hay tiempo para explicar!- se gira Miguel Ángel para decirle y se vuelve a Aleyda -¡Por favor Aleyda! ¡Ayúdenos! Puedo darle mi alma si la quiere.
-Leo ya no… está… con nosotros…- a Donatelo se le quiebra la voz y el corazón, aceptando ya el destino de su hermano mayor.
Unas gruesas lágrimas florecen en sus ojos café oscuro.
-¡No Don!- Miguel Ángel se le acerca y lo toma por ambos hombros, Donatelo levanta la mirada, reprochándole a Miguel Ángel que no finja lo obvio -eh… sí Don,- se corrige -pero si Aleyda nos lleva donde Yuder ha llevado a Leo, podemos hacer que regrese; si evitamos que cruce la puerta al infierno, Leo regresará, aún podemos salvarlo.
-Es que… ¡esto desafía la lógica!- se limpia el rostro con el brazo -¡Extracción de almas! ¡El infierno! Me es imposible asimilar todo esto que está ocurriendo, tan raudamente.
-¡No importa si crees o no! ¡Estamos perdiendo valioso tiempo!
-Si es necesario ir al mismo infierno para traer de regreso a uno de mis hijos, iré.- dice Splinter, incorporándose y acercándose a Aleyda, con la firme convicción de que todavía pueden salvar a Leonardo.
-¡Bien Sensei!- lo felicita Miguel.
-Pero…- Aleyda intenta protestar.
-¡Yo también me apunto!- ya se incluyó Rafael en el rescate de Leonardo -Nada más que lo traigamos de regreso, le va a ir como en feria por irse sin nosotros y sin avisar.-
-Pero…- Aleyda no logra disuadirlos.
-De acuerdo, ya que es unánime el voto, también iré. ¿Qué debemos hacer?- dice Donatelo; a pesar de que continúa sin creer en lo Dioses, decide acompañar a los demás, si existe una posibilidad de entre un millón de que Leonardo regrese a la vida, también irá al infierno, de paso, comprueba su existencia.
-¡Lo siento, en verdad! Pero es un imposible lo que me piden.
-Por favor… ayúdanos.- suplica Miguel Ángel; toma una mano de ella y la aferra con fuerza entre las suyas.
Los demás la rodean, para asegurarse que no tiene para donde huir.
Aleyda observa con atención a esa creatura y después a las otras. No son humanos, pero en sus corazones, late ese mismo sentimiento que ha percibido en otros corazones, en los corazones de los seres queridos de los elegidos anteriores, cuyas almas Yuder robó tan fácilmente. No es el dolor lo que ella ve, no es el dolor que ha llamado su atención, no es el dolor que ya se está apaciguando porque ellos están depositando su esperanza en ella, es ese sentimiento del que ha oído hablar que es el más poderoso de entre todos los sentimientos que, como ya ha comprobado con esas creaturas, no únicamente los humanos pueden llegar a experimentar.
Un desconocido sentimiento surge en su propio corazón, sin embargo, como ha estado mucho tiempo entre los humanos, lo reconoce de inmediato: envidia. Tiene envidia de Leonardo. Ella jamás podrá experimentar ese avasallador sentimiento que le tienen su padre y hermanos, y que Leonardo a su vez, tiene por su familia… sencillamente porque ella no tiene a nadie. Nadie se preocupa por ella y ella no tiene a alguien por quien sentirse angustiada. No obstante, así es la existencia de una Itzama, creaturas creadas por la Diosa Kimnale para cumplir un cometido, no puede experimentar ninguna emoción porque no posee un corazón… No tiene corazón, entonces, ¿cómo puede sentir envidia? ¿Cómo puede sentir angustia?
Ahora siente angustia, la misma angustia que ha sentido otras ocasiones debido a que Yuder ha triunfado. Ha ganado de nueva cuenta.
Una vez más ha robado un alma y tan fácilmente. Una vez más debe contemplar el sufrimiento en los rostros de quienes han perdido a su ser querido.
Después del robo de la tercer alma, le suplicó a su Diosa por ayuda, pero…
Flash Back
Aleyda está arrodillada frente una mujer de larguísimos y lacios cabellos color verde agua, sus ojos son del mismo color. Está ataviada por un extravagante vestido. Ella está sentada en un elegante trono, en medio de una sala simple y con poca iluminación y sin ningún ornamento.
-Aleyda, eres mi más leal Itzama, sólo a ti puedo confiarte esta importantísima misión.
-Agradezco la confianza que tiene en mi persona Lady Kimnale, salvo que, hay un único detalle que debo refutar.
-Aleyda, comprendo a la perfección tu inquietud.
-Mi Lady, es imposible que un humano pueda enfrentar a Yuder, considerando que él es un ser poderoso y…
-Aleyda, sabes que hace tiempo que los Dioses decidieron no interferir en los asuntos de los humanos.
-Pero es un Dios que ha accedido al capricho de un humano. Otro Dios debe intervenir. Al menos un Dios debería…
-Letzerich ya ha sido juzgado y encerrado en la más profunda de las prisiones de El Kahal Saashil, y el convenio que acordó con el humano no se puede romper, ningún otro Dios puede romper la promesa de otro, el humano es el único que puede hacerlo, y dudo en verdad, que lo haga, a menos que no alcance a cumplir con la principal condición. El veredicto al que se llegó en la Asamblea es irrevocable: ningún Dios interferirá.
-Es de mi conocimiento que los Dioses decidieron nunca interferir de nuevo en los problemas de los humanos, después de que el Rey de Antareca no sometió su soberbia a pesar del castigo que le habían impuesto a su nación, inclusive cometió la peor de las infamias al darle muerte a la persona que le tendió una mano… Matando al Rey de Orenia y a su familia, aprovechándose de la confianza que había ganado del Rey Yamil, consiguió extender más su reinado y su arrogancia… a la vez que los Dioses perdieron toda fe en los humanos. Pero eso no significa que todos los humanos sean crueles.
-A lo largo de su historia, indudablemente han demostrado que pueden ser las creaturas más extraordinarias del Planeta Tierra, pero también han mostrado cuán viles pueden ser. Esa es la principal razón por la que todos estamos de acuerdo con el fallo, porque es la perfecta situación que podemos utilizar para recabar pruebas sobre el deplorable comportamiento de los humanos. Si los humanos son convencidos con gran facilidad por Yuder, bien podría adelantarse El Gandhara.
-¿El Gandhara? ¿El Fin de la Humanidad? Faltan milenios para ello. No por más de una decena de humanos que sucumban a la codicia, pueden juzgar a la Humanidad entera.
-Aleyda, ese asunto solamente concierne a los Dioses. Tú debes enfocarte exclusivamente en alertar a los diez humanos que restan para que Yuder logre su objetivo.
-Mi lady, disculpe mi insistencia en que un Dios intervenga. He presenciado la comodidad con que Yuder ha obtenido ya tres almas, sencillamente porque los humanos no pueden despojarse de los sentimientos que los identifica como tales. Odio o amor, Yuder los usa a su favor. Obtendrá fácilmente lo que busca, simplemente porque los humanos son tan vulnerables en ese aspecto.
-Y porque los humanos no pueden encontrar la perfecta armonía entre sus emociones y su raciocinio, entonces están condenados a su perdición.
-Mi Lady, he comprobado por mi misma cuán vil puede llegar a ser los humanos, sin embargo, si se le da la oportunidad y una pequeña ayuda, algunos individuos logran destruir el muro de piedra que cubre sus corazones y pueden…
-Aleyda, como bien mencionaste, los Dioses hemos perdido la fe en los humanos, a excepción de Earane, la única excepción entre nosotros, el resto buscamos la más insignificante prueba que nos obligue a invocar a El Gadhara, y esta es la perfecta oportunidad que tenemos para ello.
-Mi Lady, le suplico…
-Sabes cual es el castigo por desobedecer, Aleyda.
-Sí Mi lady.
-Entonces, no pierdas más tiempo, ya sabes quién es el cuarto elegido.
-Sí Mi Lady.
-Puedes retirarte.
Se levanta. El rostro de Aleyda no muestra ninguna perturbación; no la mostró a lo largo de la conversación, sin embargo, al dar la espalda a la Diosa, un triste semblante remplaza su aparente serenidad.
Fin del Flash Back
Y ha seguido sus órdenes.
Su respiración se altera levemente.
Siempre se ha quedado mirando cómo Yuder se sale con la suya y cómo sufren las personas al perder un ser amado ¿Tanto tiempo se ha quedado de brazos cruzados? No ha movido siquiera un dedo para ayudar a la pobre alma señalada para pelear en una batalla injusta, injusta porque es imposible derrotar a Yuder, ya que él usa los sentimientos del elegido en su propio perjuicio, y a menos que el elegido se deshiciera de sus sentimientos… Imposible… dejaría de ser un humano…
¿Cómo ha podido soportar ser sólo un testigo?
¡Pero no puede contradecir a su Diosa!
¡Le ordeno que no interfiriera y eso ha hecho!
No puede ir en contra de las órdenes de un Dios.
¡No puede!
Desobedecer a un Dios es la peor de las traiciones, será señalada como traidora y arrojada a El Kahal Saashil sin contemplación alguna y sufrirá la más angustiante de las torturas… por la eternidad.
Sin embargo…está harta… ¡Está harta de sólo ver! ¡Está harta de no poder ayudar!
Cierra sus ojos, debate entre su obligación y su propia conciencia.
Si hay algo bueno en los humanos, de los pocos hombres y mujeres que quedan y que se les puede llamar humanos, en ellos ha observado que ayudan sin miramientos a quien sea que necesite auxilio… igual Leonardo. Desfallecida en sus brazos, él pidió a alguno de sus hermanos que la curara, sin siquiera saber de antemano si ella era enemiga o no.
Él la ayudó, y ningún Dios va ayudarle a él.
Eso lo supo desde hace tiempo.
Nadie salvo ella puede ayudar.
Y ella, ¿qué ha hecho?
Temer ser castigada.
¿Qué dolor insoportable le espera si presta ayuda esta vez?
No será nada en comparación al sufrimiento que debieron padecer otras tantas personas, y todo porque no interfirió, y todo porque temía al sufrimiento y a la humillación.
Abre sus ojos.
-De acuerdo.- finalmente se decide, no importándole el castigo que caiga sobre ella, será un justo castigo por permitir tanto dolor.
-¡GRACIAS!- Miguel Ángel la abraza.
El abrazo de Miguel Ángel es cálido. Ella jamás había experimentado tan agradable sensación. Es verdad acerca de lo que dicen de los humanos, es decir, de los mortales: el amor es su fuerza más poderosa.
-¿Qué esperamos?- Miguel Ángel apremia a Aleyda, al soltarla.
-Antes que nada, debo decirles que…
-¡Después! ¡Después! ¡No hay tiempo!
-Tiene razón, Miguel Ángel.
-Pero no podemos dejar a Leo... a su cuerpo a la intemperie.- dice Donatelo, a la vez que acomoda su inseparable bolsa de trucos; una vez más le puede servir para algún apuro que pudiera presentarse.
-Si lo recargamos…- Rafael carga a Leonardo y lo deja sentado sobre el tronco del árbol más próximo -creerán que está tomando una siesta.
Todos lo miran un momento.
-Vamos.- dice Aleyda.
Su rostro está sereno, pero su interior se retuerce de culpa; jamás se perdonará por no haber actuado antes de perder la primer alma.
-¡KEIRU!- pronuncia Aleyda con fuerza y decisión.
Una fugaz luz los envuelve a todos y desaparecen.
Dejan tras de sí, a un niño de pálida piel recostado sobre el tronco de un frondoso árbol que le brinda una refrescante sombra, perfecta para el calcinante sol que cruza un cielo de un intenso azul.
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N/A:
Quise describir un verdadero drama con la muerte de Leo, pero… no pude, mi corazoncito de pollo no me dejó, con imaginarlo ahí tirado e incluso con la facha de humano… me puse a chillar, y no pude escribir más dolor ni llanto, y por eso este capítulo quedó corto (creo yo) comparado con los anteriores (y posteriores), y tuve que pedirle a Miguel que usará su ingenio para que, a su manera, diera con la explicación del por qué Leo sigue viéndose como humano a pesar de que ya colgó los tenis, y con la solución para salvar el alma de su hermano; y a la conclusión a la que yo llego, es que aún me falta bastante que aprender para que logre realmente transmitir los sentimientos a través de la escritura y, ¿cómo lo lograré?, escribiendo, y ya estoy trabajando en eso, ya hay más one shots y otro fic largo dando vueltas en mi cholla.
n.n
Gracias por tomarse su tiempo y leer mi fic.
