Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Warning: Contiene Lemon
Era surreal ver a Yamato cargar mis maletas en el auto. No sé por qué estoy más ansiosa que antes…De verdad pensé que ya había aceptado todo el asunto, pero es que verlo en vivo y en directo estaba haciendo crecer mi ansiedad a niveles que no anticipé.
― ¿Falta algo más? ― yo niego con la cabeza. ― Entonces… ¿estas lista? ― me pregunta dedicándome una mirada por demás significativa.
Demonios…Yamato es demasiado apuesto…
― Sí…―respondo, tratando de sonar lo más digna y estoica posible. ― No puedo esperar…Y es que, aunque es temprano, no veo la hora de partir y estar a solas con Yamato.
―Si no quieres ir, yo lo entenderé…―dice, acercándose a mí y abrazándome por la cintura.
Es tan dulce…
― Iré a donde sea contigo…―le respondo con una sonrisa mientras levanto la vista para verlo, haciendo notar la diferencia de estatura entre los dos. Él besa mi frente. Con Yamato, siempre me siento como una verdadera princesa y me encanta; me hace sentir protegida.
Se aleja de mí, solo para abrirme la puerta del copiloto, la cual cierra en el momento en que me ve cómodamente sentada en el asiento.
Ya no había marcha atrás…
Era enorme…precioso y sofisticado. Honestamente, me tomó por sorpresa. Cuando Yamato dijo "apartamento", yo imaginé…bueno…un apartamento…no una residencia de dos niveles bastante lujosa.
―Veo que te ha sorprendido el lugar…
― Muy gratamente…―respondo. ― Tu padre y tu deben repasar un poquito la definición de apartamento. ― él me sonríe.
― Mi padre comenzó a decirle así y se nos quedó a todos. ― explica simplemente ― Ven, entremos. ― Baja del auto, abre la puerta de la residencia y vuelve al auto para conducirlo al garaje, que se encuentra a varios metros de la entrada. Lo primero que veo al bajar del auto, es el sencillo jardín con una terraza en el centro de éste. ― Las sillas de jardín están adentros; las guardé cuando estaba pintando los soportes.
― ¿Tu qué?
― Las guardé cuando…
― Eso no…―lo interrumpo ― ¿Estuviste pintando los soportes? ― aparta la mirada, lo que, interpreto como que está avergonzado.
― Estuve aquí…haciendo unos arreglos…
― ¿Por qué?
― Quería que el lugar fuese apto para ti. ― me responde ― Además, no fue nada; solo compré provisiones, despolvé, limpié y di una pequeña capa de pintura. ― ¿Podía ser más adorable? Me acerco a él y lo rodeo con mis brazos.
―Eso fue muy dulce de tu parte. ― no puedo ver su rostro, pero apostaría lo que fuese a que esta sonrojado en esos momentos. ― Gracias.
No quiero soltarlo jamás…
― No fue nada ― me responde y deposita un beso en mi pelo. ― Tomaré las valijas y las llevaré dentro; luego acondicionaré la piscina…
Pero qué demonios…
― ¿Piscina? ― pregunto ― Definitivamente, tú y tu padre necesitan repasar la definición de "pequeño" y de "apartamento" ― le digo mientras lo sigo.
En el momento en que abre la puerta, quedo cautivada…una residencia de revista en todo el sentido de la palabra. Una estancia grande, sencilla pero acogedora; la cocina, mi lugar favorito como futura chef, está totalmente equipada y llena de comida; soy tan feliz como un niño en una tienda de dulces.
― Mimi, ¿puedes subir un momento? ― le escucho decir desde el segundo piso, donde están todas las habitaciones del lugar y el baño principal. Al fin, lo diviso en la habitación principal.
― ¿Qué ocurre, Yamato? ― está de pie al lado de la cama con mis valijas.
― Solo quiero mostrarte tu habitación…
― Nuestra habitación, supongo que quisiste decir…―Me observa por unos instantes como tratando de comprobar que escuchó perfectamente lo que dije ― Claro, si tú no tienes problema con…
― Claro que no…― responde rápidamente ― Lo decía por si te hacía sentir incómoda…
Por Dios…
― Yamato, ¿cuándo he estado incómoda contigo? ― le pregunto ― Además, acordamos que este viaje sería sin impedimentos, ni prejuicios…y veríamos que pasaba, ¿no?
―Tienes razón, es solo que…lo más importante para mi eres tu…
Lo sé; lo conozco más de lo que debería y sé lo caballero que es. Muchas personas lo tintarían de mujeriego, irrespetuoso y hasta patán, pero la realidad era muy distinta, ya que, Yamato era un chico tímido, respetuoso y un completo caballero. Solo unos pocos teníamos la dicha de conocer al verdadero Yama.
Y sé que, en este viaje, lo conoceré aún más…
Faltaban unas dos horas para el almuerzo, por lo que, Yamato sugirió tomar algo de sol. Él había decidido inaugurar la piscina, con la promesa de hacerme entrar en ella, ya que, opté por disfrutar del sol, en una silla playera que Yamato buscó especialmente para mí, pero realmente, me dedico a observar al rubio que disfruta del agua. Desde que llegamos, ha sido un verdadero caballero, pero siento que rehúye a mi contacto, como si de alguna forma, temiera lastimarme o…perder el control.
Creo que no entiende que yo quiero que pierda el control…
Deseo tanto que me bese y no me desagrada la idea de que algo más allá pudiese pasar, incluso, estaba preparada por si acaso se daba la ocasión, siguiendo mi tratamiento anticonceptivo al pie de la letra.
Él parece no entenderlo…y me está tentando demasiado…Cada vez que lo veo emerger a la superficie, totalmente mojado y con las gotas resbalando de sus rubios cabellos y deslizándose por su pecho, siento mi rostro arder y sé que no es culpa del sol. Puede que no fuese un deportista, pero Yamato tiene un cuerpo capaz de quitarle el aliento a cualquiera
― ¡Mimi! ― me sobresalto ante su llamado, observo con dirección a la piscina, donde lo veo, hundirse en el agua, salpicando como si no hubiese mañana. ¿Qué diablos está haciendo? ― ¡Ayu…da! ― me incorporo en la silla y lo observo a través de los lentes. ¿Acaso él se estaba…? ― ¡Calambre! ― ¡Oh por Dios!
― ¡Yamato! ― salto de la silla y me arrojo a la piscina como si mi vida dependiese de ello. Yamato no ha vuelto a subir a la superficie y yo no soy la mejor nadadora de todas, pero tengo que llegar a él, no puedo perderlo. Nado lo más rápido que puedo y cuando llego, me sumerjo de inmediato. Lo único que pasa por mi cabeza es sacarlo de ahí y, aunque me cuesta, logro elevarlo hasta la superficie. ― ¿Yama? ¿Me escuchas? ― pregunto totalmente alarmada y pensando cómo lo llevaré a la orilla para tratar de ayudarlo. No me responde, así que, como puedo, trato de arrastrarlo conmigo, pero me detengo…
Escucho una pequeña risa…
― Al final, hice que entraras en la piscina…
Me tardo un poco registrar lo que acababa de escuchar, pero cuando lo hago, estoy tentada a cometer un "rubicidio".
― Mimi, ¿cuántas veces debo decir lo siento? ― lo escucho decir a través de la puerta. Después de su pequeña broma, estallé en furia y me encerré en la habitación principal. ¿En qué mundo fingir que te ahogas es gracioso? Creo que no entiende lo horrible que se siente pensar que la personas que más te importa podría perder la vida frente a ti. ― Iré a preparar el almuerzo, ¿quieres algo en especial? ― No le respondo. Lo escucho suspirar y segundos después, se aleja de la puerta. No me gusta ser así con él, pero su broma fue extremadamente pesada y aún me siento afectada. Suspiro. Este no era el inicio que esperaba para nuestro pequeño escape.
Me deshago de mi traje de baño y me cambio en un atuendo mas cómodo, con un short y una holgada camisa. Seco mi pelo y lo amarro en una coleta. Por más que esté enojada, tengo que ser madura…al menos intentarlo. Él se había esforzado demasiado en esta salida y yo no puedo juzgarlo en base a esto. Quito el pestillo y salgo de la habitación, siendo recibida de inmediato por un suculento aroma.
Cuando por fin lo diviso, lo veo en la cocina, de espaldas a mí, frente a la estufa, revolviendo algo en un sartén. No sé que me pasa hoy, pero Dios, Yamato se veía sexy en toda situación posible. Ahora, usando su bañador, una playera y el delantal de cocina, se veía como un jodido modelo de pasarela…
Tengo que controlarme…
― Huele bien…― digo en un intento de desviar mi atención y atraer la suya. Yamato se gira, y de inmediato, suelta lo que está haciendo y se acerca a mi… Mi corazón se derrite cuando veo el arrepentimiento en sus ojos.
― Mimi, lo siento tanto; no debí haber hecho aquello, yo…
― Esta bien, ya estoy más tranquila…― le respondo. No puedo decirle que no estoy enojada porque sigo molesta, pero por lo menos, mi furia había disminuido. ― No hagas eso de nuevo…realmente me asusté y pensé que te ibas a morir en mis brazos, fue…desesperante…― si no entendía mi punto al principio, por su expresión, supe que ya lo tenía.
― Lo siento…― dijo totalmente arrepentido.
― Esta bien…― digo, para terminar el tema ― Mejor vamos a terminar el almuerzo; el filete huele delicioso… ¿qué falta? ― digo tomando uno de los delantales disponibles.
― Oye, yo te estoy cocinando a ti…
― Te recuerdo que la que estudia gastronomía, mejor dicho, que está al final de dicha carrera, soy yo…― rebato ― Así que, la profesional está aquí. ― respondo dando un pequeño giro sobre mi misma.
Lo veo sonreír…
― Lo que quiera, mi princesa…― me responde y sé que todos los colores aparecen en mi rostro.
No puedo resistirlo más… Me acerco a él, me pongo de puntillas y lo beso.
― Ese es mi chico…― le respondo. Me separo un poco de él y me coloco el delantal. Tarda unos segundos en reaccionar. Al parecer, no fui la única afectada por aquel inesperado, pero deseado beso.
Después del delicioso almuerzo, entre besos robados, decidimos ver una película. Para ser sinceros, no estamos prestando atención. El beso que le di cuando decidí ayudarlo en la cocina, había despertado algo en él. A partir de ahí, lo sentí más seguro del contacto que tenía conmigo y, honestamente, no tengo ningún tipo de intención de detenerlo. No sé en qué momento terminamos en esta posición: él sentado en el sillón, tomándome posesivamente de la cintura mientras yo estoy sobre su regazo, apoyando mis piernas en el sillón.
― Demonios…eres tan adictiva…― susurra contra mis labios, para volver tomar posesión completa de ellos nuevamente. No pensé que nos descontrolaríamos tan pronto, pero es que la tensión que teníamos desde…bueno…siempre, saldría de alguna forma u otra. ―Espera…― me dice mientras se separa un poco de mii ― Si esto sigue así, no creo poder contenerme…
¿Quién le dijo que quiero que se controle?
― No digas idioteces…― le respondo a centímetros de su boca. Yamato es un caballero en toda la extensión de la palabra, así que, tengo que motivarlo un poco. Sé que me moriré de la vergüenza, pero…debo hacerlo. ― Sígueme ― le digo. Me incorporo y como si de un niño pequeño se tratara, lo tomo de la mano y lo guio hasta la habitación que estaremos compartiendo. Hago que se siente al borde de la cama y respiro hondo.
No puedo creer lo que estoy a punto de hacer…me sonrojo de tan solo pensarlo, pero…quiero que entienda de una buena vez que estoy totalmente dispuesta a que pase lo que tenga que pasar. Le doy la espalda porque sé que, si lo observo de frente, no podré contener la vergüenza. Al fin, coloco mis manos al final de mi holgada camisa y, en lo que parece una eternidad, comienzo a quitármela. Siento mi cara arder de la vergüenza…, pero ya no puedo arrepentirme. Finalmente, me despojo de la prenda, la arrojo a un lado, para proceder a liberar mi cabello de la coleta. Estoy segura que puede escuchar los latidos de mi corazón mientras, siendo más osada, dirijo mi mano para desabrochar mi sostén…
― Mimi…― su voz se escucha tan profunda que envía escalofríos por todo mi cuerpo. ― Por favor, no sé si pueda contenerme…
― No quiero que te contengas. ― le respondo simplemente y me sorprendo de lo segura que sueno. ― Este sostén abandonará mi cuerpo, ya sea porque yo me lo quite o…tú lo hagas…―Me felicito internamente. ¡No puedo creer lo que dije!
Lo escucho acercarse a mí.
El corazón se me saldrá del pecho ante cada paso que escucho que da. Estoy ansiosa, pero emocionada al mismo tiempo. ― Estoy un poco avergonzado por todo lo que quiero hacerte en estos momentos…― y por fin, siento sus manos sobre mi expuesta piel. Me giro hacia él.
― No lo estés…para eso estamos aquí, para dejar las inhibiciones de lado. ― es como si hubiese activado algún interruptor en su cabeza. Me toma y me besa de una manera muy diferente a la que estoy acostumbrada. Siento sus manos recorrer todo mi cuerpo como si tratase de aprendérselo de memoria. ― Yamato…― no estoy muy consciente de mis alrededores y por eso me es confuso saber cuándo o cómo terminamos en la cama, pero no podría importarme menos. Lo que Yamato me estaba haciendo sentir, estaba fuera de este mundo…y ni siquiera habíamos empezado como tal.
Rompo el beso para poder despojarlo de su playera, a lo que él no se niega, dejando que mi vista se deleite con su físico. Mientras mis manos se pierden explorando terreno nuevo, me dedico a besar y morder ese tentativo cuello, ganándome unos suspiros de su parte. Eso parece descontrolarlo. Todo es tan confuso que vuelvo a ser consciente de mis acciones cuando los dos nos encontramos totalmente desnudos.
Dios, no puedo apartar la mirada. No es como si nunca hubiese visto un hombre desnudo, ni siquiera era mi primera vez, pero me estaba poniendo nerviosa. Estaba a punto de tener intimidad con mi tan proclamado mejor amigo. Esto podría arruinarlo todo…, pero era muy poco lo que me importa en estos momentos.
La mirada de Yamato me quemaba.
Mi mejor amigo se había reincorporado en la cama y se encontraba observándome en todo mi esplendor, de pies a cabeza, como si fuese lo más interesante del mundo. ―Eres realmente hermosa…― susurra y siento mi rostro arder de inmediato mientras él vuelve a posicionarse sobre mí, ambos brazos apoyados a ambos lados de mi cabeza para no aplastarme.
― Yamato…― pero él me interrumpe con un beso y olvido de inmediato lo que quiero decir. Todo pasa a un segundo plano…
El efecto Yamato en toda su extensión…
― No sabes cuánto he soñado con tenerte aquí conmigo…de esta forma…De demostrarte cuanto significas para mí ― me dice al terminar el beso y comienza con sus deliciosas atenciones en mi cuello ― Eres mi princesa…― No era la primera vez que me llamaba de esa forma, miles de veces lo había hecho, pero nunca lo había pronunciado con esa carga de erotismo y deseo en su voz. El pudor que sentí hace un momento está enterrado. Puede que me sienta vulnerable, pero no tengo miedo ni inseguridad. Estoy aquí, con Yamato, el hombre en el que más confió y no tengo ninguna duda de que quiero que esto pase con él. Le sonrío, recibiendo una sonrisa por parte de él. ― Déjame demostrarte cuanto te amo…― conociéndolo como lo hago, se refiere a que no quiere que intervenga mientras él me da placer. No me parece para nada justo; yo también quiero demostrarle lo que siento por él. Se aferra a mi cintura, acaricia mi vientre pausadamente mientras vuelve a atacar mi cuello por unos segundos, para volver a encontrar su mirada con la mía― Por favor…
Odio que me mire de esa forma; no puedo negarle nada y el maldito lo sabe porque, al poco tiempo, me vuelve a sonreír, pero de manera altanera. Ni siquiera me da tiempo de protestar, calla mis reclamos con un beso mientras sus traviesas manos recorren mi cuerpo. Era como si tratase de memorizar cada detalle de él; me proporciona sensaciones que arrancan gemidos de mi boca. Era como si fuese algún tipo de libro que él quería memorizar de principio a fin y estaba disfrutando hacerlo, moviéndose por todo mi cuerpo, regando besos, plantando caricias como si mi cuerpo fuese algo que requería ser venerado.
Dejo escapar un chillido bastante audible cuando lo siento tocarme más…íntimamente. El sentimiento que me estaba provocando las atenciones de su mano en mi lugar más privado era increíble y rápidamente se convirtió en indescriptible cuando comenzó a estimular mis pechos con su boca. Nunca me sentí así en mi vida…es como si Yamato conociera donde tocar y qué hacer para llevarme al cielo…
― Yama…― suspiro. No puedo creer lo rápido que logra llevarme al borde del climax, pero realmente no puede importarme menos en estos momentos. El ritmo en que sus dedos salían y entraban en mí, se incrementa y su boca se vuelve más ansiosa cuando pasa a mi otro pecho…Él sabe que estoy cerca…y quiere que llegue… Demonios, no puedo más…y dejo que un gran gemido salga de mi boca…Estoy agitada…
Jamás en mi vida había experimentado un orgasmo tan jodidamente placentero…
― ¿Estas bien, mi princesa? ― me pregunta y solo atino a asentir con la cabeza, presa de todas estas nuevas sensaciones que invaden mi cuerpo. Ni siquiera soy capaz de abrir mis ojos para mirarlo…Era surrealista ― Es bueno escucharlo porque…― y de la nada, siento que va descendiendo desde mi pecho hasta besar la parte interior de mis muslos, dejando un rastro de besos en su camino. Solo allí, abro los ojos y lo veo arrodillado, entre mis piernas, observándome con una mirada traviesa.
Él no irá a…
― ¡Ah! ― me toma totalmente por sorpresa. No esperaba sentir ese corrientazo en todo mi ser tan rápidamente, en especial, después de un orgasmo tan potente, pero es que Yamato estaba dándome el mejor sexo oral de mi existencia, saboreando mi esencia como si estuviese degustando el dulce más sabroso del mundo. ― Demonios, Yama…― suspiro. Se ensaña con aquel botoncito diseñado para proporcionar placer, lo que hace, que mi cuerpo comience a vibrar sin control. Estoy en automático, no soy consciente de nada a mi alrededor…ni siquiera recuerdo en que momento coloqué mi mano sobre su revuelto pelo rubio, suplicándole en gesto que siguiera entregándome este extraordinario placer que hace tan solo unos días pensaba imposible. ― Yama…― mis ojos se cierran.
Es como si mi voz accionara algo en él…sus atenciones se vuelven más rápidas, más profundas, más placenteras…y no me contengo…y grito su nombre.
Oh…por…Dios…
Me arqueo y siento que el corazón se me saldrá del pecho. Es el segundo orgasmo que tengo en tan poco tiempo y sigo sin creer que pueda ser posible llegar a sentir algo tan…vigoroso. Mi cuerpo se relaja y siento de inmediato como Yamato vuelve a estar sobre mí. Me besa, lento, dulce, y siento de inmediato el amor que trata de profesarme. ― Yo…quiero hacerte el amor… ¿puedo?
Si no estuviera tan cansada, juro por Dios que lo hubiese abofeteado. Después de todo lo que me ha hecho, ¿de verdad piensa que le diré que no?
― Si no quisiera, te hubiese detenido desde el principio…― Le respondo― Quiero que esto pase contigo…―No estoy segura de que mi cuerpo pueda resistir otro "round", pero sé que no quiero echarme para atrás a estas alturas. Lo amo y quiero hacer el amor con él. ― Al decir que sí a este viaje, te dejé claro de que estoy dispuesta a todo contigo…
Mi respuesta parece complacerlo, deposita un tierno beso en mi frente mientras siento como se posiciona en mi entrada. No siento miedo, ni nervios…se trata de Yamato y me siento totalmente resguardada por él ― ¿Lista? ― asiento y, de inmediato, siento una plenitud que en mi vida había experimentado y es surrealista porque con todo lo que me ha provocado en este tiempo, no pensé que podría sentir algo superior a aquello. ― ¿Estas bien?
¿De verdad? …Sentirlo dentro de mí, de por sí, me estaba volviendo loca; es una pregunta que considero muy estúpida…
― Solo…sigue…― gracias a Dios, me hace caso y en un abrir y cerrar de ojos, nos encontramos en aquel vaivén que nos está enloqueciendo. Jamás sentí este nivel de pasión, entrega, de gozo en mis anteriores encuentros. Estoy segura que Michael en algún momento lo sintió conmigo, pero yo no podía experimentarlo; simplemente amaba a alguien más…y ese alguien me estaba enseñando con acciones la gran diferencia que existía entre el sexo y hacer el amor. ―Yama... ― me aferro a su espalda como si mi vida dependiese de ello. Aquella sensación comienza a formarse en mi vientre por tercera vez, mis sentidos se agudizan y siento el calor recorrer cada poro de mi cuerpo. Gemidos y jadeos salen sin control de mí, así como un conjunto de palabras mal sonantes que ni siquiera estaba consciente que sabía, pero es que el sentimiento es tan fuerte que desborda mis emociones…
―Mimi…― mi nombre nunca había sonado tan dulce. Yamato lo decía con tanto erotismo, con su voz profunda y varonil, tintada de pasión…― Maldita sea, eres…perfecta…― y es que ambos encajamos como dos piezas hechas específicamente para encajar. ―Diablos…― el final se acercaba y ambos podíamos sentirlo en nuestros cuerpos, así que, me aferro más a él mientras acelera las embestidas, llegando aún más profundo en mi ser, tocando aquel punto que me hace enloquecer…
Estoy tan jodidamente cerca de tocar el cielo por tercera vez…
― Yamato…yo…― ni siquiera puedo completar una oración; el placer está a punto de apoderarse de mi nuevamente…y Yamato lo nota. Me envuelve completamente entre sus brazos, haciendo que me aferre más a él de lo que ya estoy (cosa que no pensé posible). El vaivén no hace más que acelerarse y nuestras respiraciones se comprometen aún más y, aun así, Yamato, de alguna manera, logra mantener el ritmo mientras me regala tiernos besos por todo mi rostro.
―Te amo, mi princesa…
No aguanto más…
Mis ojos se cierran, me arqueo contra él y grito su nombre. Mi orgasmo llega como si fuese un torrente de electricidad que se extendió hasta cada fibra de mi cuerpo y se prolonga aun más al sentir como Yamato derrama su esencia en lo más profundo de mi ser, gruñendo cual animal salvaje…Lo escucho respirar con dificultad y siento como abandona mi interior y se deja caer a mi lado…
Estoy exhausta…
― Te amo, mi princesa. ― no puedo evitar dibujar una sonrisa. No sé de dónde saco las fuerzas, pero lo hago, para apoyarme en mi lado izquierdo y observarlo a los ojos. ¿Es posible enamorarse aún más de una persona? Al ver ese par de océanos observarme con tanta devoción, siento que soy lo más importante para él.
― Te amo, mi Yama…― nos besamos una última vez. Me abraza por la cintura mientras acaricia mi pelo tiernamente. Escondo mi rostro en su cuello. Estoy agotada y sé que no puedo competir con el sueño; mi cuerpo realmente necesita descansar. ― Te amo…― suspiro y a partir de ahí, solo veo oscuridad, siendo mi último pensamiento acerca de que debo de devolverle todo este placer de alguna forma…Sé que este encuentro solo es el primero de muchos que están por venir…
Fue bastante difícil estructurar este capítulo de forma que me gustase. Narrar este tipo de escena desde la primera persona me tomo más tiempo del esperado porque quería que la perspectiva de Mimi se pareciera lo más posible a ella y demostrara su personalidad. Espero haberlo logrado. En fin, espero que les haya gustado y les agradezco de corazón que sigan presente por aquí a pesar el tiempo que tardé en actualizar.
Como siempre, siéntanse libres de comentar, y espero actualizar pronto.
Cuídense,
Bye!
