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Cloeh: La vocecita ya se calló, y eso porque ya le expliqué lo que va a pasar, lo malo es que no puedo decirte a ti y… (la vocecita mete su cuchara: dile que Leo va a estar bien, más o menos, y que a los demás no les pasará nada, y que Yuder lo va a pasar muy pero muy mal y…) Ejem… Lo siento, no sé cómo se coló. No puedo revelarte nada, pero sí te digo que le atinaste que un Nori atacará a los que van al rescate de Leo, esto lo leerás en el siguiente capítulo. Gracias por las porras y por estar tan al pendiente del desarrollo de esta historia.
Aquí también explico más detalles del más allá, ojalá y no te aburra, y hay un poco de acción, espero que haya queda bien.
Disclamer:
LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazoncito depollo le pertenece a mi idolatradísimo Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews porexpresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.
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ESPEJISMO
22. Kibalch
Una rara sensación de humedad los envuelve, pareciera que se han sumergido en una piscina, se sienten rodeados por agua, e inconscientemente, sostienen el poco aire que llevan en sus pulmones, porque de nada sirve inhalar ya que, a la tremenda velocidad a la que son transportados, ejerce una aplastante presión en sus cuerpos, lo que les impide siquiera un suspiro o incluso abrir los ojos.
Pero la falta de aire o de visión, pasan a ser una mera trivialidad cuando Rafael siente que la mano de su hermano se le resbala.
"¡Miguel!"
Aprieta su mano con toda su fuerza. No importa si le rompe los huesos, no lo soltará.
Miguel Ángel intenta sujetarse con más fuerza al sentir que se resbala, pero el apretón de Rafael le impide mover sus dedos, hasta le parece sentir que alguna parte de su mano se está quebrando. Entonces, un intenso dolor recorre sus dedos hasta su hombro, sólo atina a apretar sus dientes y cerrar más la mano con la que sostiene a Donatelo, más para aliviar la tensión del dolor que por el hecho de que se le esté resbalando.
Transcurre angustioso y tremendamente lento el tiempo, y cuando están a punto de reventárseles los pulmones por la falta del vital alivio, una luz ilumina sus párpados y la presión desaparece permitiéndoles tragar aire finalmente. Ya sin la sensación de aplastamiento, se sienten que flotan de nuevo, pero ninguno se atreve a abrir los ojos por una náusea que se arremolina en sus estómagos, provocada por el vertiginoso viaje. Instantes después, Aleyda los conduce a tierra firme y se desploman en el suelo. Están cansados, pero aliviados de que el viaje haya terminado.
-¿Ya… lle… gam… mos?- dice Miguel Ángel sintiéndose horriblemente mareado y adolorido de su muñeca.
-Disculpen el ajetreado viaje. Dado que los Mitzle son quienes cruzan el umbral y no poseen un cuerpo físico, no sienten dolor alguno, salvo ustedes que…
-¡Ya… lo… sabemos!- se incorpora Rafael con dificultad -Aún… respiramos… aún… sentimos.
Donatelo se pone de pie algo aturdido, pero no es impedimento para que dé un vistazo al lugar donde llegaron.
Es un risco como de dos kilómetros de ancho y de superficie muy irregular, con varios picos y protuberancias salientes sobre ésta. Con cuidado, Donatelo se acerca a la orilla y se asoma un poco para mirar hacia abajo. Parece que hay agua en el fondo, es cristalina. El risco es muy alto, probablemente unos diez kilómetros y sorprendentemente es por completo recto y liso, más que risco, parece un pilar, salvo que no es cilíndrico, sino que su contorno es caprichosamente deforme; y no es el único pilar. Alrededor, hay miles de estas formaciones rocosas, de todos los tamaños y grosores. Mira hacia arriba, lo que podría ser el cielo, un cielo sin nubes ni sol, es de un tono rosa muy suave, pero lo más peculiar que observa, son unas cuantas sombras muy dispersas que vuelan. Voltea de nuevo al suelo, también hay algunas sombras que se arrastran o caminan. No hay muchas de estas sombras alrededor, pero si observa a la distancia, ese lugar es enorme, infinito más bien, con sombras dispersas aquí y allá, pudieran ser un número considerablemente alto. Le da curiosidad y está por preguntarle a Aleyda sobre aquello, cuando Splinter habla.
-Leonardo está aún distanciado de nosotros.- sentencia, arrodillado y con los ojos cerrados.
Miguel Ángel, con cara de querer devolver el desayuno, imita a su mentor, sólo que el permanece de pie.
-Viene de esa dirección.- abre los ojos señalando hacia algún punto distante y conteniendo las náuseas, pero no logra hacer lo mismo con el dolor en su muñeca -¡Ay mi manita!- se soba en un vano intento por aliviar el tormento.
A lo lejos, apenas se logran divisar dos figuras que vuelan directo hacia ellos.
Donatelo ayuda a Splinter a ponerse de pie y se acercan a Aleyda, que ya espera la llegada de Leonardo, oculta detrás de un pico que sobresale de la superficie del risco. Cuando se acercan, ella les indica con su dedo índice que no hagan ruido. Rafael y Miguel Ángel se unen al escondite.
-Logramos darle alcance, hasta les aventajamos,- dice Donatelo- pero, ¿cómo los detenemos?
-Primero- sugiere Aleyda -le pediré a Leonardo que se detenga aquí y hablarán con él. Deben convencerlo de regresar, de esta manera, se romperá el dominio de Yuder que tiene sobre él. Mientras tanto, yo me encargo del príncipe.
-Simple, pero efectivo.- alaba Donatelo.
Rafael examina a Miguel Ángel
-Déjame ver.
-¡Auch! ¡Duele! Me falseaste la muñeca.
-¿Pues qué querías? ¿Que te soltara?
-No.- dice apenado.
-Chillas por tan poco. Un suave masaje y quedas como nuevo.- con una mano sostiene un poco más debajo de la muñeca falseada de Miguel Ángel y con la otra mano le soba apenas con la punta de sus dos dedos.
-Ayyy.
-Tranquilo, ahorita lo arreglo. Sana, sana, colita de rana, si no sanas hoy…
Y de un rápido movimiento, deja de sobarle la muñeca a Miguel Ángel, le toma el dedo índice y le da un fuerte tirón.
-¡Aaaaaahhhh!
Miguel Ángel se suelta de inmediato para sobarse él mismo.
-… sanarás mañana.
-Silencio Miguel.- le pide Donatelo, con cierta urgencia -Menos mal que están lejos todavía, pero no me sorprendería que hayan oído tus gritos.
-¿Por qué lo hiciste?- reclama con indignación el adolorido -Para desquitarte, ¿verdad?- una pequeña lágrima se asoma tímidamente en su ojo.
-¿Qué comes que adivinas?- Rafael le sonríe con malicia pura.
-Te voy a acusar con Leo.
-Échamelo. También tengo algo pendiente con él, aunque…- le pasa un brazo por el hombro a Miguel Ángel, y le susurra -si me dices cómo le haces para ubicar un aura… lo perdono.
-Bueno…- pasado el susto, Miguel Ángel logra disimular una sonrisa por el elogio; Rafael reconoce que no sabe percibir auras y él sí -Leo me enseñó una manera muy práctica, por eso…- lo piensa un segundo, sabe que si revela la verdad, Rafael lo estrangulará -… él y yo… siempre los encontrábamos a Doni y a ti cuando jugábamos a las escondidillas.
-Ah. Con que eso hacían y por eso siempre ganaban. ¡Tramposos!- reclama.
-Por favor hijos, guarden silencio.-
Pero ambos ignoran la advertencia de su maestro.
-No es mi culpa que no supieras esconderte, pero con gusto, otro día te doy clases.
-Conste.
-Disculpe Itzama. ¿Podría explicarnos qué es este lugar exactamente?- la curiosidad de Donatelo no pudo reprimirse más.
-Por supuesto. Este lugar es donde llegan los Mitzles, El Kibalch. Dependiendo de las acciones que realizó en vida, al Mitzle se le presentará ciertos obstáculos para llegar donde está la Diosa Kimnale, para que se le juzgue y sea enviado al Cielo o al Infierno.
-Otra vez va a hablar de…- Miguel Ángel empieza a titiritar.
-Cállese.- lo regaña Rafael.
-El individuo que no llevó una vida honesta debe llegar con la Diosa Kimnale, caminando.
-Son las sombras que está ahí abajo.- corrobora Donatelo
-Ustedes ven sombras, pero realmente tienen el aspecto físico que tenían cuando dejaron de respirar, salvo que, dependiendo que tan limpia esté su conciencia, es con el semblante con el que se presentará ante la Diosa Kimnale: por sus malas obras, llevarán ropas rasgadas y harapientas; será un largo y angustiante camino. Por el contrario, si su vida fue honesta, llegará con Lady Kimnale por los cielos.
-Las sombras de allá arriba.- acerta Donatelo.
-Correcto. Es un reconocimiento a sus buenas obras, facilitándole el viaje, salvo que la fortaleza de su espíritu es lo que determinará su capacidad para mantenerse en vuelo; si se extenúan rápido, puede descansar en estos montículos, para eso existen, para que el alma se detenga a descansar, y una vez recuperadas sus fuerzas, continúe su camino.
-¿El agua les proporciona algún beneficio?- sigue Donatelo satisfaciendo su curiosidad.
-Son las lágrimas de las personas quienes han sufrido la pérdida. Su utilidad es lavar algo de la carga de quienes tendrán un largo camino, y la luz, la proporcionan las plegarias que elevan los dolidos, que desean paz a sus seres queridos.
-Fascinante.
-Y así, tan variable e intrigante que son las emociones y las acciones, es la variedad con que puede verse un Mitzle. Puede estar en camino el ser más abominable…
-Dios la oiga.- dice Rafael, teniendo en mente cierto ser pequeño muy malvado.
-… y quizás traiga puesto un smoking debido a su soberbia. Mas también hay seres, aunque muy escasos, que pueden mostrar en toda su magnitud, hasta donde puede ser capaz de lograr el más poderoso de los sentimientos.
-Ya están cerca.- les avisa Splinter
Se agazapan contra la roca para evitar ser vistos.
Rápidamente, las figuras a la distancia se van definiendo.
Pasa sólo un momento para que puedan ver con claridad a Yuder y a Leonardo, que volvió a su forma de tortuga mutante, sin tu atuendo de ninja, salvo que hay algo muy raro que emerge de su espalda; ese algo sale de su espalda y se extiende a cada costado suyo, ese algo se mueve, ocasionalmente, de abajo hacia arriba, llevando un ritmo constante, y al moverse al unísono, ese algo resplandece con cada sutil movimiento a pesar de que en ese lugar no hay ningún astro rey que brinde sus rayos para iluminar tan enigmático lugar.
-¡Por todos los Dioses!- exclama Aleyda con voz ahogada.
Ha notado el peculiar brillo que brota de la espalda de Leonardo, y es tan atrayente este brillo, que no nota otro resplandor, más tenue, alrededor de su cuello.
-¿Qué sucede, Itzama? –pregunta Splinter temiendo que algo malo suceda.
Aleyda sale del escondite para acercarse más. Su rostro refleja una gran consternación.
-¿Qué hace?- pregunta intrigado Donatelo.
-Ya nos hecho a perder la sorpresita.- Rafael también se deja al descubierto
Han perdido el factor sorpresa, ya no tiene caso seguir escondido.
Los otros también salen del escondite, y en cuanto tiene a Leonardo más cerca, también quedan pasmados.
Yuder enseguida se da cuenta de que Aleyda y los otros los están esperando, sorprendiéndose mucho. Aleyda jamás había intentarlo detenerlo después de que él ha logrado arrastrar al alma hasta El Kibalch. ¿Qué es lo que le motiva a continuar peleando? O más bien, ¿quién la motivaría a continuar con una pelea que no le incumbe? Voltea a un lado para contemplar a Leonardo que está a una pequeña distancia de él. Se le mira tranquilo. En verdad es un chico muy especial, es por eso que se le han concedido esas hermosas e inmensas alas.
-Leonardo.
Leonardo voltea.
-Lo que me pediste hace rato, puedes hacerlo.
Su expresión es de incredulidad
-Adelante.
Leonardo sonríe, iluminándosele el rostro como a un niño que le dan permiso de salir de casa a jugar en la lluvia, sin tener que ponerse su impermeable.
Vate sus alas y se eleva alto, muy alto.
Yuder continúa su trayecto.
-¡Leonardo!- grita Miguel Ángel, siendo el primero en reaccionar.
-Tiene alas.- observa Rafael
-Si consideramos que… está muerto, es normal que… un ángel tenga alas.- dice Donatelo no muy seguro.
-¿No se supone que debe traer un mantel que lo cubra?- observa de nuevo Rafael.
-Se le llama toga.- Donatelo lo corrige.
-Eso.
Yuder pasa junto a ellos y les sonríe triunfal.
-La desnudez de Leonardo implica que él no tiene ningún crimen, falta u ofensa que ocultar,- aclara Aleyda -y el que tenga alas, no significa que sea un ángel. Aquí no existen ángeles ni demonios.- no aparta la vista de Yuder -Vamos.
Todos voltean hacia Aleyda que ya vuela de nuevo. La siguen y guardan silencio para prestar atención a lo que está por explicar. Salvo que Donatelo no vuela de inmediato, apenas se da cuenta de que no trae consigo su inseparable mochila. Voltea rápido hacia el risco, pero no hay nada. No tiene tiempo de buscarla, los demás se alejan rápidamente.
-Debió caérseme en el trayecto.- haciéndose a la idea de haber perdido su adorada mochila, los sigue.
Leonardo desciende, pero no regresa con Yuder, pero tampoco va con su padre y hermanos; toma otro rumbo, alejándose de todos ellos.
Miguel Ángel lo sigue con la vista.
Leonardo asciende y desciende por todo el infinito espacio libre.
-Esa es la razón por la que los Mitzles pueden volar, porque tiene alas.- sentencia Donatelo al alcanzar a Aleyda.
-Así es. Poseen la capacidad de volar porque se les conceden alas. Dependiendo de la grandiosidad o mediocridad de sus obras, será la magnificencia o pequeñez de las alas, y por lo tanto, la prontitud con la que llegarán a su juicio. Me pregunto qué pudo haber hecho Leonardo para obtener tan esplendidas alas.
-Es que fue un buen chico.- dice Rafael entre el sarcasmo y la tristeza.
-Independientemente de la magnificencia de las alas, - conjetura Donatelo -sirven para un mismo fin, que es llegar con la Diosa Kimnale, salvo que, yo considero que existe otro motivo para ello.-
-Es sorprendente su sagacidad, Donatelo.
Donatelo sonríe un poco abochornado por el elogio.
-¿Pero por qué está tan feliz?- interrumpe Miguel Ángel; su voz se oye triste.
-¿De qué hablas?- pregunta Rafael
-Véanlo. Leonardo está feliz, ¿por qué?
Todos dirigen la mirada hacia Leonardo. Va y viene por todo el cielo rosa y se ve muy, muy contento.
En verdad, está feliz.
Nadie responde la pregunta.
-Eso es lo que averiguaremos.- propone Aleyda.
Su mirada refleja decisión.
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