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ESPEJISMO
23. No te vayas
Leonardo desciende, y en su rostro, no se opaca la felicidad que irradia.
Aleyda se detiene aun estando muy lejos de Leonardo. Levanta una mano con la palma hacia arriba, dirigiendo su brazo hacia Leonardo, la cierra de golpe y gira su antebrazo.
Justo en ese instante, las alas de Leonardo se pliegan y él es encerrado en una esfera de luz translucida; él se mira bastante sorprendido.
Aleyda tira de su brazo con fuerza, como si jalara algo con una cuerda.
Leonardo es arrastrado a gran velocidad, como si él fuera el objeto del cual Aleyda tira. Va a caer varios metros lejos de los espectadores que miran lo ocurrido con impotencia.
Las tortugas y Splinter ven cómo cae Leonardo precipitadamente y se estrella en el suelo. El impacto levanta una alta pared de agua, lo que provoca, después, un ligero oleaje.
-¡Leo¡
-¡Hijo!
-¡Vayan por él, mientras está aturdido!- Aleyda apremia a Splinter y a las tortugas -¡Yo entretengo a Yuder!- va a su encuentro.
Splinter y sus hijos no se detienen a preguntarle a la Itzama por qué le hizo a Leonardo algo así, van rápidamente donde cayó él.
Yuder vuela veloz para llegar con Leonardo antes que los otros, pero Aleyda le lanza una gran esfera de energía.
Splinter y Miguel Ángel se detiene al percibir una energía y ven que un resplandor sale de la mano de Aleyda.
Yuder esquiva el ataque.
Segundos después la esfera choca lejos, destruyendo un enorme risco. Enormes pedazos de piedra y gran cantidad de agua son lanzados en todas direcciones
Por el estruendo, Donatelo y Rafael se detienen y miran boquiabiertos el desastre.
-¿Cómo hizo eso?- pregunta Donatelo al aire.
Leonardo, que ya no está encerrado en la esfera luminosa, se tambalea y cae de rodillas en la pequeña fosa que se formó por el impacto.
El chapoteo capta la atención de Splinter y los otros, y reanudan el vuelo.
Mientras Aleyda enfrenta a Yuder.
-¡Está vez te detendré Yuder! ¡No te llevarás a Leonardo!
-Estás en problemas, Aleyda. Sabes perfectamente que no debes intervenir.
-¡Ya me cansé de ver contemplativamente cómo te llevas las almas! Te has llevado ya ocho, ocho almas de personas que tenían mucho por qué vivir.
-Todos ellos aceptaron voluntariamente. Leonardo ha aceptado voluntariamente, y tú no puedes hacer nada al respecto.
-Con engaños es como te has aprovechado de su buen corazón.
Yuder ríe.
-Confieso que a los otros los convencí con tretas, pero él sabe la verdad, y no dudó ni un momento en ofrecer su ayuda.
-¡Tu verdad es una mentira!
Sin deseos de seguir discutiendo, Aleyda se lanza contra él, y estando a una mínima distancia, arroja su puño contra la cara del príncipe de Orenia.
Él lo esquiva.
Ella lanza su otro puño.
Nuevamente Yuder lo esquiva.
Una patada.
La esquiva.
Una más.
Otro esquivo.
Aleyda le lanza uno y otro puño centenares de veces, son muy muy rápidos sus movimientos, pero Yuder también es rápido en esquivarlos.
Splinter y las tortugas aterrizan cerca de Leonardo y echan a correr. Él ya salió de la fosa, pero permanece de pie con ambas manos sobre su cabeza, recuperándose del golpe.
-¡Leo!- Miguel Ángel es el primero en abalanzarse sobre él -¡Por favor! ¡No te vayas!- le suplica.
Los demás están a un paso de la tortuga con alas, pero éste aparta a Miguel Ángel e inmediatamente emprende el vuelo.
-¡Espera!- Miguel Ángel lo llama, pero no regresa.
Rafael, Donatelo y Splinter se concentran cuanto pueden, y en un fuerte impulso, se elevan precipitadamente, y entre los tres, apresan a Leonardo, inmovilizan las alas y lo obligan a caer de nuevo.
Otra columna de agua se levanta.
En un golpe que va directo a su rostro, Yuder logra asir un brazo de Aleyda, tira de éste y la arroja con mucha fuerza.
Ella choca contra un pequeño risco, que se parte a la mitad, éste no impide que ella llegue más lejos, el risco se desquebraja, piedras y agua se esparcen por doquier y Aleyda se estrella finalmente en un risco más grande e impenetrable, desquebrajando una gran parte donde se ha impactado; tras el impacto, ella va cayendo, pero logra recuperarse, frena su caída y se eleva de nuevo. Busca a Yuder y ve que se dirige justo donde Leonardo está forcejeando con sus hermanos y padre.
-¡No vayan a lastimar sus alas!- ruega Miguel Ángel.
Miguel Ángel permanece ajeno a la riña, mientras los otros tratan de inmovilizar las alas sin causarles daño, aunque Donatelo se pregunta si Leonardo puede sentir dolor alguno, porque es el alma de su hermano mayor con la que forcejean, no obstante, pueden verla y es tangible. ¿No se supone que las almas son transparentes e incorpóreas?
Yuder ya va a ayudar a Leonardo, cuando una ráfaga de varias esperas de energía, cual municiones de una ametralladora, le impiden que avance. Logra hacerse a un lado y retirarse rápidamente, pero la ráfaga de luces lo sigue muy de cerca; las esferas, que no lograron su objetivo, siguen sin rumbo hasta alejarse a una gran distancia, chocan contra el suelo y los riscos y estallan como pequeñas bombas. Sucesivas explosiones hacen una demolición de roca y salpicones de agua que se esparcen por doquier.
Aleyda cesa el ataque al no lograr golpear ni una sola vez a Yuder.
-¡Aleyda! ¡Estás loca! ¿Quieres destruir Kibalch?
-¡No! ¡Sólo a ti!
Aleyda, que está a varios metros de distancia, desaparece y aparece instantáneamente frente él, tomándolo por sorpresa, estampa su puño en la cara de él, tan fuerte, que le parte el labio y lo lanza contra el suelo.
Al impactarse Yuder contra el suelo, se forma una profunda fosa y el agua sale disparada.
-¡Si nos echas una manita, sería un poco más fácil!- Rafael reclama ayuda a Miguel Ángel.
Apenas lo oye entre las súplicas de Splinter y de Donatelo para tranquilizar a Leonardo.
Entre los tres han conseguido inmovilizar un ala pero la otra se bate insistentemente.
-Eh… Claro.
Miguel Ángel da unos pasos, cauteloso, no sabe cómo sostener algo tan delicado y frágil a pesar de ser enorme. Entonces da un paso más decidido, extendiendo sus brazos para atrapar la blanca y emplumada extremidad de su hermano mayor y resbala, cayendo encima del ala libre.
Se escucha un claro "crack".
El rostro de Leonardo se contrae de dolor.
Deja de luchar.
-¡Miguel Ángel!- Splinter y Donatelo lo regañan
Miguel Ángel se levanta torpemente.
-¡Losientolosientolosiento!
-Pues… si tomamos en cuenta que Leonardo no tiene pulso, quizás… no le dolió.- intenta explicar Donatelo.
Mira a Leonardo, pero él, agazapado al suelo, sólo baja la cabeza, con un semblante que refleja que no está en lo correcto.
-Véanlo por el lado amable: así ya no puede volar.
-Rafael…- lo reprende Splinter.
Rafael se encoje de hombros.
El agua ha llenado la fosa formada por el impacto de Yuder, pero éste no aparece.
Aleyda, desde las alturas, mira la fosa. Duda mucho que Yuder se haya ahogado. El agua sólo tiene un metro de profundidad, sin embargo, el cráter en el que él está sumergido, debe tener cinco o seis de ancho. No puede confiarse ni un momento; Yuder es muy poderoso y muy rápido. Nunca, nunca en todos esos mil años, ha logrado vencerle. Si no ha atacado con todo su poder, es porque él le ha tenido compasión, o quizás es prudencia, aunque de poco sirve ya. Ella no ha sido prudente, y seguramente la Diosa Kimnale ya habrá notado la presencia de ambos y de los intrusos. Espera un par de segundos más, deseando que sea el tiempo suficiente para que Splinter y las tortugas hagan entrar en razón a Leonardo. Voltea. Splinter habla con Leonardo, quien está arrodillado frente a su Sensei y con la cabeza gacha, mientras Rafael y Donatelo sujetan un ala y la otra cuelga inerte.
-¿Tiene un ala rota? ¿Cómo pudieron ser tan irresponsables?- se pregunta muy indignada, pero…
Repentinamente siente el aura de Yuder justo detrás de ella. No tiene tiempo ni de darse vuelta.
Él la toma de los brazos y una luz aparece de sus palmas, que se extiende en un segundo por todo el cuerpo de ella.
-¡AAAAAAHHHHHHH!
-Leonardo, todos te queremos, por fav…- Splinter se interrumpe al escuchar un escabroso grito de agonía.
Todos miran hacia arriba. Lo que ven los deja horrorizados: Aleyda está envuelta en llamas.
Leonardo aprovecha el desconcierto, agita con vehemencia su ala ilesa, arrojando lejos a Rafael y a Donatelo.
-¡Agárrenlo que es ratero!- Rafael se recupera rápido de la sorpresa, pero no es lo suficiente como para detener la huida de Leonardo.
Leonardo corre para distanciarse de ellos, un pequeño destello recorre el ala herida, y sana al instante.
Surca de nuevo el cielo, va directo con Yuder.
-Insisto, ¿cómo hacen eso?- la curiosidad acosa a Donatelo -Una insólita energía brota de su cuerpo, y Aleyda destruye las enormes formaciones rocosas, y Leo ya está como si nada.
-Don, no es el momento de que le busques tres pies al gato.- Rafael le ofrece un mano y lo ayuda a levantarse y de inmediato echa a correr.
En cuanto Yuder ve a Leonardo dirigirse a él, deja de calcinar a una desfallecida Aleyda, se la lleva al risco más cercando y en cuanto llegan, la azota contra el irregular suelo.
Rafael pega un brinco y otro brinco y uno más… y sus pies no se despegan de la tierra.
-¿Qué pasa?- se desespera, le falta el aire y respira agitado.
Miguel Ángel ayuda a Splinter a levantarse y se aproximan a Rafael.
Donatelo ya le dio alcance.
-Sucede que se nos está acabando el tiempo.- Donatelo responde a la pregunta de Rafael.
Se ve cansado.
Todos están cansados.
-O sea que si no nos vamos de aquí a la de YA…
Donatelo no le confirma las terribles sospechas de Rafael, se limita a observar hacia la cúspide del risco en el que Leonardo acaba de aterrizar.
Leonardo llega con Yuder e inmediatamente se arrodilla junto a Aleyda. La mira unos segundos, muy preocupado, y después, le reprocha con una furiosa mirada a Yuder.
-No te enojes. Ella empezó a atacarme, yo sólo protegía mi integridad.
No le cree. Ya van dos ocasiones en las que casi la mata ¿Cómo es posible que un hombre tan malvado pueda… que se atreva a decir que ama a alguien?
No pierde más tiempo en descifrar la mente retorcida de Yuder. Se enfoca en Aleyda. Toma su pulso; es débil. Ahora examina su piel. Todo su cuerpo está herido por quemaduras de tercer grado. La mira con angustia por unos segundos, y después se lleva las manos a la cara, desesperanzado.
-Ya déjala Leonardo; no tiene salvación. Tenemos algo más apremiante que hacer.
Se descubre el rostro. Ha recordado algo.
Posa una mano sobre su cuello.
Sonríe. Ahí está. Está con él, como lo prometió.
Desliza sus dedos por la cadena plateada que cuelga de su cuello, hasta llegar una pequeña piedra blanca.
Yuder observa a Leonardo con extrañeza, no logra comprender qué es lo que pretende.
Leonardo aprieta su puño encerrando la piedra entre sus dedos. Respira profundo y cierra los ojos. La otra mano la coloca sobre la frente de Aleyda, sintiendo un poco de escalofríos al tocar la piel quemada.
Una luz blanca logra colarse entre los dedos que sostienen la piedra.
Un resplandor blanco emana de la mano que toca a la agonizante Aleyda, y la envuelve a ella.
Rafael trata de escalar usando sus sais. No ha avanzado mucho, apenas medio metro.
-Así nunca llegaremos.- le hace ver Donatelo.
-¿Alguna… idea, Cerebrito?- respirando con dificultad, Rafael se deja caer, ya no puede avanzar.
-No podemos volar, no podemos escalar…- voltea a ver a su Sensei, deseando fervientemente que tenga la solución.
Splinter medita cuidadosamente su respuesta.
El silencio hace más dificultosa la ya pesada respiración de todos.
-Hijos,- Splinter abre los ojos -nunca hay que perder la esperanza.
-¡Genial Sensei!- ya se acabó la paciencia de Rafael -Necesitamos algo práctico. ¿Dónde dejaste tu bolsa de trucos Don? ¡Seguro traías explosivos! ¡Hubiéramos hecho pedacitos este…- golpea el risco con el puño -montón de piedra!
-Se me cayó en el camino,- reconoce avergonzado- y sí, sí traía, incluso un gancho que bien hubiéramos…
-¡Estupendo! ¡Por tu culpa…!
-Rafael, tranquilízate.- le suplica su maestro -Si perdemos la cabeza, no podemos pensar en…
-¡Sensei! ¡No podemos hacer nada y todo por el descuido de Donatelo!
-Lo lamento.- baja la mirada.
-Donatelo, no es culpa tuya.
-¡Es tu culpa Don! ¡Tu…!
Rafael está abalanzarse sobre Donatelo para estrangularlo, pero Miguel Ángel se interpone.
-Rafa tranquilo, Sensei tiene razón. No hay que perder la esperanza.
-¿Qué hacemos entonces?
-Esperar.
-Miguel, reconozco que no perder la fe es importante pero, tanto como esperar, no creo que sea lo más viable.-aconseja Donatelo -Debe de existir alguna forma…- se acerca al risco, perdiéndose en las miles de hipótesis que surcan su mente ahora.
-¡Esperar qué ni ocho cuartos! ¡Yo te voy a...!
-Rafa,- Miguel Ángel logra aferrar el poderosos puño de Rafael antes de que se estampe en su rostro -hay que esperar.
Rafael mira con atención a su hermano menor. Demuestra demasiada serenidad para una situación tan complicada. Tras unos segundos, desiste de golpearlo.
Baja los puños
-Y, ¿cuánto hay que esperar?
-Lo que haya que esperar.- dice Miguel Ángel muy solemne.
-¡Rayos!
Derrotado, Rafael se aleja un poco para sentarse sobre un pedazo de piedra.
-Yo he escuchado esa frase en alguna parte.- Donatelo se gira perdiendo interés en la descomunal roca que está frente a él, tratando de apartar la mente del agobiante caos que se cierne sobre ellos.
-Karate Kid I.- responde Miguel Ángel muy sonriente.
-No es cierto. Es de Volver al Futuro II.- Donatelo le contradice.
-¿Quién es el cinéfilo de la familia?
-Pues tú.
-Entonces, ¿por qué dudas de mi sabiduría, sacrílego?
-Oh, discúlpeme su Deidad, pero estoy seguro de que...
-Y se ponen a hablar de películas. ¿Puede creerlo Sensei?- comenta con fastidio Rafael, ya pasado el coraje.
Splinter se sienta en otra piedra, junto a él.
-Hace bien al espíritu apartar la mente de los disturbios que le aquejan.
-¿Qué no la meditación sirve para eso?
-Hijo, existen muchos caminos que nos conducen a un mismo objetivo, No debes bloquear tu mente considerando sólo una posibilidad.
Rafael suspira de cansancio.
-Una sola posibilidad… como quedarnos sentados esperando a que ocurra un milagro.
Splinter mira hacia arriba, hacia donde ha surgido una extraña aura.
-Debemos esperar.
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Estoy segura que he escuchado esa frase "hay que esperar lo que haya que esperar" o algo parecido, pero no recuerdo de dónde, así que tuve queincluir esas dos películas (Karate Kid I y Volver al Futuro II) nada más para llenar ese huequito XD Sí me gusta el cine pero no soy tan fanática comopara aprenderme las frases memorables. Agradecería si alguien me echa una manita con esto (y resulta que la escuché de las TMNT).
: )
Gracias por tomarse su tiempo y leer este disparate mío.
