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Cloeh: Sí, Leo se ofreció así como así, y por ese gesto tan noble le dieron esas lindas e inmensas alas; en el capítulo dieciséis se sabrá el por qué de ese gesto noble. Entendiste mal, Yuder no ama a Aleyda, es otra por la que él derrapa, en el capítulo dieciséis se sabrá. Leo vuela felizmente por todo El Kibalch porque… no sé sí explicar de una vez esto o no, es que depende del final: se supone que, en el último capítulo, Leo le explica a Miguel ciertos detalles que inquietan a su hermanito, entre ellos el por qué parecía que Leo disfrutaba estar muerto… o tal vez yo no explique nada y se quedan esos detalles como de tarea, no lo sé todavía. Leo no es exhibicionista n.n lo sabrás si me decido a explicar esto en el último capítulo. Lo que sí puedo explicar, es por qué Leo no les dirige la palabra a Splinter y a las tortugas: pues… sí puede hablar, y no es que no quiera, no está enojado con ellos ni nada de eso, es porque, como es un ser etéreo, no necesita hablar para hacerse entender, con sus gestos o su mirada es como se comunica. Leo está bien alerta de lo que pasa a su alrededor, nadie lo controla ni nada por el estilo, está perfectamente consciente de lo que hace, al menos hasta el capítulo diecisiete, espero haberme explicado. La piedrecita sí la usa Leo y le ayuda a Aleyda, pero la Diosa Invisible todavía no hará acto de presencia.

Disclamer:

LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazoncito de pollo le pertenece a mi idolatradísimo Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.

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ESPEJISMO

24. Sacrificios

Yuder observa a Leonardo.

Leonardo está usando un poder para sanar a una moribunda Itzama.

-Ese poder no es el que le di. El poder que le concedí, ni siquiera lo tiene ya.- reflexiona Yuder.

Aleyda casi está recuperada. Las quemaduras ya tienen el aspecto de una quemadura de primer grado.

-¿Acaso será su propio poder? Quizás sea el poder que se le ha concedido junto con las alas. Son necesarios para llegar hasta El Sairaindé, y con esas alas y ese inmenso poder bien podría, si así lo deseara, cruzar la Puerta de Nerak y… obtener una nueva vida, renacer.

Leonardo frunce el ceño, concentrándose mayormente para acelerar la curación de Aleyda.

Un resplandor más fuerte rodea a Aleyda y, en un santiamén, ella está curada.

La luz blanquecina desaparece.

-Incluso muerto, no dejas de auxiliar al afligido.

Leonardo se incorpora y deja al descubierto la piedra blanca que cuelga de su cuello.

-Bien, al menos sacaste provecho de tus obsequios, ya que no los vas a utilizar. Ahora estoy verdaderamente convencido de que contigo cubriré completamente la cuota. Ya no será necesaria la búsqueda de las cuatro almas restantes.

Leonardo mueve la cabeza indicándole a Yuder que deben continuar.

-¡No…!

Aleyda se levanta de improviso, llevando su puño derecho hacia Yuder.

Yuder y Leonardo sólo se hacen a un lado.

Aleyda tropieza y casi cae, pero logra mantener el equilibrio y embiste de nuevo.

-¡No… te… llevarás…!

Yuder le da un empujón y Aleyda cae.

Cae al suelo al igual que sus energías.

-Aleyda, no te esfuerces. Mejor espera aquí a que vengan por ti; no esperaras mucho, mientras Leonardo y yo nos retiramos. No debías enfrentarme, además, tu situación empeorará pues has traído a cuatro mortales. No desearía estar en tu lugar.

Ante la mención de los cuatro invasores, Leonardo se preocupa, pero no puede hacer nada.

Ambos le dan la espalda a Aleyda, y se alejan.

-No te lo llevarás.- ella susurra, casi al borde de las lágrimas.

Leonardo se vuelve y se arrodilla junta a ella.

Ella le mira un instante.

No puede comprender por qué Leonardo se ve tan pacífico.

Él toca un hombro de ella y le sonríe, como diciendo que todo estará bien.

-Nada estará bien si Yuder obtiene el poder ilimitado que le otorgará Letzerich… Ya es invencible… ¿Qué sucederá después?

Leonardo no responde, únicamente conserva esa singular pasividad.

-Leonardo, vámonos ya.

Leonardo se levanta.

-¿Y su familia?- una última suplica de Aleyda, y finalmente las lágrimas fluyen con libertad -¿No le preocupan Splinter… Rafael… Donatelo… Miguel Ángel?

-¡PRESENTE!

Tomados completamente desprevenidos, Yuder y Leonardo sólo logran ver girar vertiginosamente un par de objetos que de lleno los golpea en la cara.

Caen inconcientes instantáneamente.

Miguel Ángel aterriza grácilmente junto a Aleyda.

-¡Miguel Ángel!

-¿Estás bien?

-Sí, ¿y ustedes?

-Los demás bien, aunque muy cansados, y bueno… el brinco que tuve que dar… agotó toda la energía que me quedaba,- suspira -pero estoy bien. Debemos irnos ya.

-Debe un momento para recuperarme… Ojalá y… tarde en llegar La Guardia de Kibalch.

-¿Qué es la Guardia de Kibalch? ¿Es la policía de aquí?

-Es su similar.

-¡Miguel! ¿Qué pasó?- grita Rafael con todos sus pulmones.

Miguel Ángel va hacia la orilla del risco y se asoma.

-¡Todo salió como lo planee!

-¡Bien hecho Miguel Ángel!- le felicita Splinter.

-¡Ay, sí! ¡Salió como lo planeé!

-¡¿Y Leo?!- pregunta Donatelo.

-¡Pues…durmiendo! Después le pido disculpas… ¡Aleyda necesita un par de minutos y nos….!- calla porque acaba de ver algo terrible -¡MIREN DETRÁS DE USTEDES!- les advierte.

Splinter, Rafael y Donatelo se giran.

Aleyda se levanta con dificultad, pero logra llegar a la orilla.

-No.- susurra

Alrededor de veinte sombras se acercan a los tres que permanecen al pie del risco.

-¡Noris!- Donatelo grita abrumado.

-¡Hijos! ¡Un último esfuerzo! ¡Hay que llegar hasta arriba!

Splinter, Donatelo y Rafael retroceden hasta que sus espaldas topan con la altísima piedra.

Sin apartar la vista de las sombras que se acercan lentamente hacia ellos, se concentran para reunir sus últimas fuerzas y lograr elevarse y ponerse a salvo en las alturas.

-Con toda la energía que desplayé,- dice Miguel Ángel con inquietud -llamé la atención de todos esos Noris. ¡Por favor, suban! ¡Son demasiados! ¡Deben alejarse de ellos cuanto a la de ya!

-¿Y qué crees que tratamos de hacer?- le contesta Rafael.

-¡Puedo bajar, pero no podría regresar! ¡Estoy…muy cansado! ¡Hasta para gritarles…! Me canso…

-Yo todavía me siento débil.- Aleyda quisiera ayudarles, pero no le es posible -¡Tienen que subir! ¡No están muy cerca de ustedes, pero son muchos, y les extraen su vitalidad a cada paso que se acercan!

-Sensei… no… puedo… ya… no puedo.

Donatelo le abandonan las fuerzas y, deslizándose por la roca, se sienta en el suelo.

-¡Donatelo! ¡No te rindas!

Splinter se agacha junto a su hijo.

-Sensei…- susurra cansadamente -dígale a… Aleyda que se lleva a Miguel y a Leo… Con ellos dos… sí puede… regresar.

-Buena idea. ¡Aleyda!- grita Rafael, mirando hacia arriba -¡Llévate a Miguel y a Leo!

-¡No es el momento para querer hacerla de héroe, Rafa!- pero quien responde es Miguel Ángel, con lo que le queda de fuerzas -¡Ni Leo ni yo nos iremos dejándolos aquí!

-¡Miguel Ángel!- Splinter se pone de pie- ¡Ustedes dos son los únicos que pueden salvarse! ¡Por favor, Itzama! ¡Por favor! ¡Llévese a mis niños!

-Pero Splinter…- replica ella.

-¡No Sensei!

Miguel Ángel salta.

-¡Miguel Ángel! ¡No!- Aleyda reacciona tardíamente.

Miguel Ángel hace acopio de las fuerzas que le quedan, para no estrellarse contra el suelo; aterriza frente a su maestro y hermanos.

-Oye,- Rafael le habla -¿quién te dijo que bajaras?- habla pausadamente, el gritar lo ha agotado -A esos zombis les trajiste el postre.

-Ojana.- contesta Miguel Ángel muy bajo.

-¿Qué?

-Ojana…familia…- Donatelo le responde con dificultad -Tu familia… no te olvida… no te abandona… Lilo y… Stich.

Como si esas palabras fueran mágicas, se levanta torpemente y logra ponerse en pie, ayudado por Splinter.

-Y dicen que la tele no enseña nada bueno.- dice Miguel Ángel con una débil sonrisa.

-Si no fuera porque siento que me va a dar el 'patatus'…- Rafael debe reprimir el deseo de darle un zape a Miguel Ángel, porque sus fuerzas le abandonan.

Quizás presintiendo que no corre peligro, Miguel Ángel se aproxima a Rafael.

-Agárrense de las manos.- les pide.

Así lo hacen.

-Miguel Ángel,- le habla Splinter -¿cuál es la idea ahora?

-Pegar un brinco todos juntos. Usted lo dijo Sensei: si unimos nuestras voluntades…

-¿De cuándo acá se te prende el foco? ¿No sería mejor "brinca la tablita"?- pregunta Rafael.

-No, porque cada brinco nos restaría más energía, serían varios saltos, es mejor uno. Vamos… Concéntrense.

Lo intentan de nuevo.

Los Noris están a escasos metros de ellos.

-Imposible.- dice Splinter ya agotado -Más nos… esforzamos… más nos debilitamos.

-¡Sé que podemos!-Miguel Ángel aún se siente con energía.

Pero Rafael y Splinter se dejan caer.

Donatelo también.

-¡No!

Miguel Ángel se agacha junto a Rafael y lo sacude.

-No… No se duerman. Por favor…

-Miguel… regresa… con Leo… Váyanse.

-¡No!- grita Miguel Ángel, con los ojos humedecidos.

Aleyda observa desde lo alto.

-¿Por qué? ¿Por qué se arriesgó de esa manera? Él tenía más probabilidades de sobrevivir.-

Ve que Miguel Ángel ya está siendo afectado por los Noris.

Se lleva una mano a la cabeza, está mareado.

Las almas ávidas por la energía vital de los seres vivos, están a un par de metros de Miguel Ángel y los demás.

-Prefiere morir junto a su padre y hermanos que abandonarlos.

En los ojos de Aleyda se alberga de nuevo el húmedo dolor de su corazón.

Se restriega los ojos.

-Lágrimas nuevamente… Lloro de nuevo. Jamás creí que podría llorar. Envidia… dolor… llanto… todas estas confusas emociones, ¿por qué?

Desesperada por encontrar la respuesta, salta.

-Aleyda…- se sorprende Miguel Ángel cuando ella cae entre los Noris y ellos.

Ella no dice nada. Avanza hacia las sombras.

-No Aleyda…- grita Miguel Ángel, o lo intenta.

-Yo entretendré a estas desdichadas almas. En cuanto se sientan fuertes, vayan con Leo, pronuncien la palabra Amudi, y regresaran a casa, a salvo.

Ella continúa avanzando, al tiempo que permite emerger un poco de su energía (una tenue luz la envuelve), se eleva por sobre las sombras, las pasa, baja y sigue avanzando.

Esto llama la atención de los Noris y la siguen.

Lentamente, Aleyda se aleja llevándose a las sombras.

Lentamente Donatelo, Rafael y Splinter se recuperan.

Lentamente, Miguel Ángel avanza unos pasos.

-¡No Miguel Ángel! ¡Permanezca con los demás!- Aleyda le súplica a pesar de la muralla de Noris.

Ella prosigue con su marcha, alejando el peligro de la rata y las tortugas.

Miguel Ángel comprende el acto de Aleyda: se ofrece como cebo para los Noris mientras ellos logran escapar. Se agacha junto a Rafael.

-¿Ya se sienten mejor?

-De lujo.- contesta Rafael, un poco atarantado -Me preguntó si así se sentirá la cruda realidad… si es así -se levanta -jamás tomaré una sola cerveza.

-Me alegra… oírte hablar con seriedad, Rafael.

-Sensei… ya habíamos… quedado… en que ya soy un…- se acerca a Splinter y le ayuda a ponerse de pie -soy un chico maduro.

Miguel Ángel ayuda a Donatelo a levantarse. Ambos ríen por lo bajo al escuchar las palabras de Rafael.

-¿De qué se ríen?

-Luego te explico Rafita. Váyanse ya.- pide Miguel Ángel.

-¿Qué piensas hacer, Miguel Ángel?- Splinter ya se había sentido mejor, pero ahora la inquietud vuelve a acosarlo.

-Rescatar a la damisela en peligro, Sensei.

-No podrás contra todos esos Miztles…- dice Donatelo con cansancio y con tristeza -Ella se pondría muy triste si tú… Sería en vano su sacrificio.-

-Yo estoy en mejores condiciones que cualquiera de ustedes, y ya no discutan, no hay tiempo.

No esperando más reclamos, va deprisa donde Aleyda.

-¡Miguel Ángel!

Splinter avanza unos pasos, sólo unos pasos, es todo lo que logra avanzar. Miguel Ángel no corre rápido, pero él ya no pude avanzar más. Perder otro hijo… sería fatídico para él.

Mientras el padre se muere de la angustia, los vástagos discuten.

-Nada más porque ha tenido suerte con una idea, y ya se cree el héroe.- Rafael responde tardíamente.

-Pero tiene razón, él esta en mejores condiciones que nosotros.- concuerda Donatelo.

-Fue pura suerte.- se defiende Rafael -Nada más porque no intervino en la captura de tu hermano mayor, no se cansó, y por eso pudo subir hasta allá arriba y atacar sorpresivamente a esos dos soquetes, y ahora va al rescate de la damisela en desgracia. Nada más le hace falta ir montado en su fiel corcel.

-Por conservas sus energías, él esta en mejores condiciones que nosotros.- Donatelo sostiene su argumento.

Rafael ya no dice nada, hasta discutir le cansa ahora, y con lo que le encanta.

Donatelo se alegra de que haya convencido a Rafael, aunque lo más probable es que ya se cansó. Mira hacia Miguel Ángel que casi alcanza a la turba de Noris y a la Itzama.

Aleyda continúa caminando.

A cada paso que da, se siente desfallecer.

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