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Bueno, ya estamos en los últimos capítulos que tratan sobre el desenlace de este fic.

Mil gracias a quienes han estado tan al pendiente del transcurso de esta historia.

n.n

Finalmente sabremos quiénes son los malos y sus verdaderas verdaderas intenciones, así que habrá mucha palabrería y nada de acción, incluso así, espero que les parezca entretenido este capítulo.

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Ojalá que les gusten estos últimos capítulos, y sobre todo el final, eso sí, los malos recibirán su castigo y los buenos estarán bien, más o menos. Todavía hay un par de sorpresas por ahí.

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Ya saben, cualquier comentario, duda, sugerencia, reclamo, abucheo, siéntanse en confianza de dejar un review, tan corto o tan largo como deseen.

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Disclamer:

LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi idolatradísimo Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.

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ESPEJISMO

26. Desilusión

Después de un breve recorrido en total silencio, por fin llegan a una construcción que está cimentada en lo que parece ser el más alto y extenso de los riscos que se levantan imbatibles en El Kibalch. Esta construcción es La Eolande: El Tribunal.

A excepción de los guardias y de Yuder, los demás se han sentado; aunque ya no hay ningún Nori que ansíe arrebatarles la vitalidad, se sienten cansados. Miguel Ángel, que ha sido el más afectado, lucha por no quedarse dormido en los brazos de Rafael, a pesar de que está tan cansado y de que se sienta tan cómodo. Había olvidado esa reconfortante sensación, pero no dormirá, no se dará el lujo de descansar hasta que su hermano mayor esté sano y salvo.

Rafael tampoco hace nada de lo que sabe hacer para ayudar a su hermanito a descansar, sabe que Miguel Ángel también tiene orgullo, y se molestaría en serio si le ayuda a dormir usando su técnica secreta, aunque para él, estaría bien que Miguel Ángel descansara, así se recuperaría más rápido. Se esfuerza por no sonreír, aunque dentro de su pecho, se hincha de orgullo por no haber perdido su toque, aunque se sentiría mucho mejor si no lo hubiera redescubierto en circunstancias tan adversas,

De todos los que se dirigen hacia ese sitio, sólo Yuder se ve ansioso por llegar. Mira con deleite ese antiquísimo edificio hecho de pulcro mármol, como si nunca lo hubiese visto. Es circular, de aproximadamente cinco kilómetros de diámetro. A lo largo de toda la circunferencia, hay decenas columnas altas, como de cien metros cada una, que sostienen un techo de un grosor de unos tres metros; el espacio que hay entre columna y columna, es una entrada que conduce hacia el interior de Eolande. El techo, que es un domo, tiene una rara forma puntiaguda que va hacia arriba; si Miguel Ángel le prestara atención, creería que es un helado Twist, por la forma similar a este exquisito postre, salvo que no termina en un gracioso riso como el helado, sino que cada voltereta no se une, están achatadas en lo que sería la punta, dejando un espacio por el que apenas cabría un individuo. Una larga columna de luz sale por esta abertura. El agua que está esparcido por todo el suelo de El Kibalch, emana desde el interior de La Eolande, y cae suavemente como centenares de cascadas por toda la circunferencia de esta particular construcción.

Muchas sombras llegan a Eolande por los cielos y otras escalan la escarpada roca. Algunas de las que vuelan y casi logran llegar, terminan estrellándose contra el mismo risco. De las que escalan, unas caen al vacío, cuando están a punto de llegar a la cúspide.

Los cuatro luminosos círculos llegan a un lado de Eolande, donde no hay muchos Mitzles arribando, ya que éstos llegan de todas direcciones. Ingresan a Eolande por una entrada que está en completo abandono.

Casi de inmediato, los cuatro intrusos sienten que sus fuerzas ya no les abandonan. Poco a poco se recuperan.

Unos metros más adentro, hay una escalera que se curva paulatinamente en ascenso, llevando al piso superior. Curiosamente, hay agua bajando por la escalera, se escurre por el suelo para llegar a la columna, y finalmente, se precipita hacia fuera; las otras entradas también tiene su escalera, y es por la escalera, que suben las almas conforme llegan. Entre escalera y escalera, hay un estrecho corredor. Es por un corredor que son conducidos Yuder y Leonardo.

Aleyda va sumida en sus pensamientos, no se percata de ello.

Splinter, Rafael, Donatelo, Miguel Ángel y Aleyda son conducidos a otro pasillo.

Splinter mira cómo se alejan Yuder y Leonardo.

-Disculpe mi atrevimiento.- le habla al guardia -¿Por qué razón mi hijo y Yuder…?

-¡Silencio! La Diosa Kimnale los atenderá después.

Tiene un mal presentimiento al notar que Aleyda no va con ellos dos.

-¡Itzama!- le llama con apremio.

Ella reacciona, y logra ver a Yuder y a Leonardo que se pierden de vista en una vuelta.

Probablemente a los intrusos los encierren en las mazmorras, pero ella debería ir donde la Diosa Kimnale también y explicar lo sucedido, entonces, ¿por qué es conducida a otra parte? Ni se molesta en preguntarles a sus custodios.

Un resplandor surge de la más recóndita parte de su ser y se manifiesta fuera de ella abruptamente, encegueciendo a los dos guardias al mismo tiempo que la energía los arroja lejos, dejándolos inconscientes, y salta para bajar del transporte.

Uno de los otros dos guardias se apresta para detenerla.

Mientras Rafael, que tiene que deshacerse primero de Miguel Ángel que está cabeceando muy cómodamente sobre su plastrón, se encarga del otro guardia propinándole una patada en el rostro y arrojándolo fuera del círculo, ya noqueado.

Aleyda fácilmente se ocupa del otro guardia asestándole un tremendo golpe en el estómago. En cuanto ya no hay más estorbos, echa a correr tras Yuder.

Las tortugas y Splinter ya están listos para echar a correr junto con ella, nada más que Miguel Ángel se recupere del abrupto despertar que sufrió, pues cayó fuera del círculo de luz cuando Rafael le dio un empujoncito para que abriera los ojos.

Aleyda observa que ya la separa de Yuder una considerable distancia. No obstante, para ella no es impedimento. Desaparece.

-¡Vamos!- apremia Splinter.

Los cuatro corren a todo lo que les dan sus escasas fuerzas hacia el corredor donde vieron por última vez a Leonardo y Yuder.

-Es sumamente extraño.- dice Donatelo -¿No debería estar presente Aleyda frente a la Diosa Kimnale, para narrar los hechos? ¿Por qué la Diosa querría ver sólo a Yuder?

-Hijo, deseo con todo mi corazón que podamos encontrar la respuesta.

Una puerta de madera muy alta, ancha y bellamente tallada, está abierta permitiendo el paso únicamente a Yuder. Entra yendo sobre el círculo de luz. A sus pies yace Leonardo, aún inconsciente. Sólo a ellos dos se les ha permitido la entrada. Los guardias esperaran afuera.

Las pesadas puertas se van cerrando rápidamente, por sí mismas.

Aleyda aparece justo enfrente de la puerta.

Los guardias se asombran, pero no tienen ni tiempo de apresar a Aleyda. En un parpadeo, ella salta y ya está adentro; las puertas se han cerrado a sus espaldas. Ha caído casi arrodillada, dentro de la habitación iluminada por unos cuantos antiguos candelabros que cuelgan de un alto techo; casi está a oscuras Se incorpora lentamente y alza la vista. Frente a ella, a escasos metros, ve que el círculo de luz deposita suavemente en el suelo a sus ocupantes, finalizada su labor, se esfuma, y frente a ellos, está la Diosa Kimnale, de pie. En esa amplia habitación, no hay otro ornamento más que los candelabros que alumbran débilmente.

Aleyda aguarda a que la Diosa le permita acercarse. Ahora que lo piensa detenidamente, quizás no era necesaria su presencia. Lady Kimnale conoce a Yuder, y sabe perfectamente los delitos que ha cometido. Quizás no quería que fuese testigo del terrible castigo que le impondrá a Yuder porque… después ella será tratada de la misma manera.

-Yuder, me alegra verte de nuevo.- le saluda la Diosa.

Yuder se inclina brevemente.

-¡Mi Lady! A mí también se llena de júbilo el corazón verla de nuevo. Como puede apreciar, he traído un espléndido Mitzle. Seguramente con él….

Kimnale levanta su mano para pedirle a Yuder que guarde silencio un momento.

-Aleyda.- le llama.

Yuder se gira.

Él no se había percatado de la presencia de la Itzama. Frunce el ceño, claramente molesto.

Aleyda se acerca de inmediato.

-Mi Lady.- se postra -Disculpe la intromisión, pero los guardias no hicieron mención alguna sobre sus deseos de verme o de prescindir de mi presencia en el juicio de Yuder.

-Aleyda- Kimnale se acerca más a ella, a paso calmo -En verdad deseaba que estuvieras aquí, pero no les mencione mi voluntad a los guardias, porque esperaba que fueras una niña obediente y que, resignadamente, dejaras que te condujeran a las mazmorras. Esta fue intención como una última prueba de tu obediencia, una última oportunidad para perdonarte tu insolencia hacia mi persona.

Aleyda palidece.

Entonces era su única oportunidad para ser perdonada, por desobedecer el mandato de un Dios, por desobedecerla a ella… Pero enseguida recuerda el por qué de su insolencia, y recupera el valor para enfrentar a su Diosa.

-Mi Lady, permítame explicarle…

-Ya sé lo que tienes qué decir en tu defensa. No puedes imaginarte cuán grande fue mi dolor al ver que decidías ayudar a esos… mortales, en vez de seguir fielmente mi mandato. Te apreciaba enormemente, mi niña, llegué a considerarte como a una hija.

Aleyda permanece en silencio. No es porque tal revelación le haya impactado, es que no cree en las palabras de su Diosa, ella habla de una manera tan… fría; siempre ha sido así.

-En verdad,- continúa Kimnale -tenía una fe ciega en ti, Aleyda. Esa fue la razón por la que te pedí que fueras tú, y no otra Itzama, la encargada de tan importante labor. No sólo requería de pruebas sobre la maldad de los humanos, sino también un confiable testigo de los actos deplorables que son capaces de cometer. Me has fallado Aleyda, me has fallado.

-Bien.- dice con decisión -Al menos me iré al Kahal Saashil sabiendo que detuve a Yuder.

-¿Perdón?- Yuder se integra a la conversación.

Aleyda le mira, enfrentándolo.

-Estuve meditando durante el trayecto hacia acá, y descubrí algo: todas las almas que has logrado conseguir, las ocho almas que ya has obtenido, ninguna de éstas obtuvo tan grandiosas alas como Leonardo. De hecho, hace mucho tiempo que no se veían alas tan esplendidas. Por más que él haya luchado para no creer en su engaño, Yuder, eso no se considera como un mérito extraordinario para lograr algo así. Algo realmente portentoso debió haber hecho Leonardo para merecerlas. De entre las acciones portentosas, se encuentra el sacrificio: ofrecer la vida misma para salvar otra. Estoy convencida de que fue así, y por consiguiente, tú no cumpliste con la importantísima condición, y el trato que tenías con el Dios Letzerich, se ha roto y serás envidado a El Kahal Saashil.

Yuder permanece en silencio.

-¿Por quién ofreció la vida Leonardo?- concluye Aleyda.

-No tengo por qué responder, Aleyda. Mi Lady, ¿no debería recibir su castigo la traidora?

-Aleyda tiene razón.

-¿Disculpe?

Kimnale se acerca al Mitzle.

Se arrodilla junto a él.

-Vamos. - susurra con delicadeza- Despierta, hermosa creatura.

Leonardo abre los ojos, lentamente. Su mirada refleja desconcierto.

-Perdón, Mi Lady.- Yuder se atreve a preguntar -¿Qué es lo que hace?

-Le preguntaré qué es lo que hizo antes de morir.

-¿Y eso por qué?

Con gran esfuerzo el Mitzel consigue sentarse, manteniendo la cabeza gacha.

-No confío en ti Yuder, bien lo sabes. Él me dirá la verdad.

-¿Sobre qué, Mi Lady?

-De lo que se trata toda esta pantomima, es hacer caer en la perdición al humano… no que se sacrifique por tu causa.- sentencia con seriedad.

Yuder no dice nada más.

"Yuder mencionó que a Leonardo le dijo la verdad, y aun así acepto sin vacilar. ¿Qué verdad será esa?."

Aleyda está atenta a lo que el Mitzel tenga que decir, aprovechando que Kimnale ha perdido interés en ella, de momento.

-Leonardo es tu nombre, ¿cierto?

Leonardo asiente, sin levantar la mirada.

Ella acerca una de sus manos para sostener el mentón de él y obligarle a mirarla.

Aunque él no ve esta intención de ella, percibe algo extraño que le incomoda, y mueve la cabeza evitando que lo toque.

-Tranquilo, no tienes por qué temer. Tan sólo deseo preguntarle algo.

Leonardo no da algún indicio de querer hablar con ella.

-No es necesario que hables.- le habla con dulzura -Con que me mires a la cara, será suficiente.

Leonardo duda. De veras quiere creer en las palabras de esa mujer, pero hay algo que le perturba de ella, pero no puede hacer otra cosa más que obedecerle. No levanta el rostro, sólo la mirada. Sus ojos café claro se posan en los ojos verde agua de ella. No le demuestra miedo alguno, ni temeridad tampoco, ni sumisión. Humildemente, le permite ver la verdad que habita en su corazón.

Ella queda fascinada por esos sublimes y cristalinos ojos.

Un segundo, y Kimnale se levanta tempestivamente.

-¡YUDER! ¡IMBÉCIL!- maldiciendo con rabia, se acerca al susodicho.

Aleyda se asusta. Ella jamás había visto a la Diosa tan irritada.

Leonardo permanece sentado, observando la rabia que despide la mujer.

-Mi Lady….

-¡Te especifique al detalle que no quería niños!- le señala acusadoramente con el dedo índice.

"¿Qué no quería niños?", piensa Aleyda muy intrigada.

-Discúlpeme, pero el amuleto lo señaló como la siguiente alma. Siendo lo que era, me fue imposible saber con precisión su edad, hasta que se volvió humano, además, por la edad que tiene, ya no lo es.- Yuder se defiende.

-¡Pretextos! Sabes a la perfección que hasta cierta edad, a un joven todavía se le puede considerar un niño, porque es el corazón lo que determina que aún permanezca en esa etapa de inocencia o no; y no es tu única falla… ¡Te atreviste a decirle la verdad y él, muy caritativo, ofreció su vida a cambio de que terminarás con el saqueo de almas!

-Mi Lady, lo traje porque es perfecto para cubrir con la cuota de las primeras trece almas. Con él, ya no se necesitan las otras cuatro almas restantes.

-Es cierto,- agrega, regresando a la calma -pero no está dentro de mis planes presentar ante La Asamblea Divina a ésta, que no tiene ni una insignificante mancha, ¿o acaso ves alguna?, y eso sin mencionar que es un niño. La Asamblea Divina no juzga a los niños.

Yuder no necesita voltea para ver a Leonardo, sabe que es así.

-Entonces… no lo acepta.

-¡Por supuesto que no! Y por tu estúpido error, por tu estúpida impaciencia, no obtendrás lo que me pides hasta que consigas las mil almas que realmente requiero.

-¡Mil almas! ¡Pero Mi Lady, ha sido difícil encontrar nueve de ellas, conseguir mil…

-Las condiciones serán más flexibles.

-Pero… ha pasado tanto, tanto tiempo, y yo…

-¡Me obedecerás! ¿O acaso no quieres verla de nuevo?

-¡Claro que sí!

-Entonces…

Aleyda ya no escucha el resto de la conversación, con lo que ha oído, es más que suficiente para comprender que la Diosa Kimnale ha sido quien…

Se levanta.

-Mi Lady,- se acerca con cautela a ella -Lo que acabo de oír, significa que usted, y no Letzerich…

-Me había olvidado de ti. Disculpa mi descortesía.

Se oyen unos golpes en puerta.

Son Splinter y las tortugas que quieren derribar la entrada, pero es inútil. Sólo pudieron derribar a los guardias.

Quienes se encuentran adentro, hacen caso omiso.

De un imperceptible movimiento, Kimnale agarra a Aleyda por el cuello y la levanta del suelo.

Leonardo se queda mirando la terrible escena, muy impactado.

-Con estas manos te creé, con estas manos te aniquilaré.

Aleyda intenta desesperadamente de aflojar los dedos que se le incrustan en la garganta.

-Fui sincera cuando dije que te apreciaba. Fuiste mi mejor creación, querida Aleyda, la más poderosa y fiel Itzama; realmente creí en ti. Esperaba que me apoyarás con tu testimonio en contra de los humanos… Aún no comprendo en qué fallé. ¿Por qué te aliaste a ellos? Ya no importa.

Kimnale aprieta más el cuello de Aleyda.

Ella siente que se asfixia.

-Te pido que no creas que soy malagradecida, en reconocimiento a tu lealtad, te diré la verdad, antes de tu muerte.

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