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ESPEJISMO
27. La verdad
"Hace muchos años, cuando yo era joven e ingenua, me gustaba pasearme por la Tierra y admirar a los fascinantes humanos. Trataba de entender su compleja naturaleza: así como son gentiles, puedes ser severos, lo mismo si son alegres, son melancólicos; pero el sentimiento que encontré más complejo fue el amor, junto con el odio. Esto simplemente era curiosidad, ya que mi hermana mayor Mariel, había caído presa de uno de estos sentimientos. Me quebraba la cabeza tratando de comprender el estado… demencial en el que ella había caído; enloqueció. ¿Existe alguna otra manera de nombrar al acto tan irracional que cometió? Hizo algo que jamás creí que pudiera darse en ella, si era tan inteligente y por demás hermosa; hasta hoy día, sigo cuestionándome sobre su locura: renunció a su inmortalidad para estar al lado del humano de quien se enamoró. Dime Aleyda, tú conoces a Yuder, lo has tratado. ¿Acaso existe la posibilidad de que alguna mujer se enamore de él?"
Kimnale aguarda a que Aleyda le responda.
Yuder voltea la cabeza a otro lado, ignorando el comentario.
Aleyda no responde.
-¡Por supuesto que no!
Kimnale se contesta a sí misma
-Ignoro por completo qué pudo ver mi amada hermana en este… mequetrefe.
Kimnale aguarda un segundo antes de que estalle su furia.
-¡Si fue él quien ayudó al Rey de Antareca a conquistar Orenia! ¡Fue él el principal traidor, el principal causante de la caída de su nación natal! ¡El principal maquinador de la muerte del Rey Yamil y de toda la familia real! ¿Qué pudo ver en ese grotesco humano, que prefirió dejarme sola he irse con él?
Kimanle no sólo desahoga su odio a los cuatro vientos, sino que también descarga su coraje apretando más el cuello de Aleyda.
"Se enamoró de la manera más estúpida que existe: a primera vista. Fue amor a primera vista, me dijo (prosigue Kimnale, mostrándose indiferente ahora). Ella fue a la Tierra a escuchar directamente las peticiones de los humanos. Llevaba siglos haciéndolo, y jamás le había interesado ningún mortal de manera afectiva, ni siguiera por diversión, como algunos otros Dioses, pero ella era buena… ¡Y este despojo humano…! (la furia regresa) ¡Le advertí a ella qué clase de alimaña era! ¿Y sabes qué es lo que me respondió mi linda hermana?: 'Yo lograré cambiar su actitud.' Y sigue siendo el mismo patán. ¿Renunciar a la vida eterna, por un humano así? ¡Inverosímil! Preferí la soledad a estar junto con mi hermana y su amado. Ella muy generosamente me ofreció vivir con ellos y no acepte. Sin embargo, la extrañaba mucho, e iba a la Tierra para visitarla. Se me partía el corazón al verle sufrir por este despojo humano. Por más que ella le rogaba que abandonara sus planes de venganza, él jamás la escuchó. ¡Me jure a mí misma que nunca cometería una locura de esa magnitud! Sin embargo… en uno de mis viajes… (dice ahora con profunda melancolía), no pude escapar de los designios de El Hado: Conocí a un apuesto joven. Me juró fidelidad, y le creí. Le entregué mi corazón… para que lo hiciera trizas. Lo encontré con otra mujer. Me juré nuevamente jamás cometer el mismo error y lo he conseguido. Querida Aleyda, no lo entiendo… No entiendo qué es lo que le sucedió a mi hermana… qué me sucedió a mí."
Pareciera que una lágrima estuviese por brotar de sus ojos, pero no sucede así.
Nuevamente la invade la rabia, Mira a Aleyda como ella tuviese la respuesta a sus preguntas y se negara a contestar.
Repentinamente, Kimnale voltea al percibir un aura levemente intensa.
Es Leonardo que ha logrado reunir fuerzas y se ha puesto de pie, con decisión, pero se ve que está forzándose para mantenerse así.
-¿Qué dices Mitzle? ¿Qué tu puedes decirme la respuesta?
Ella estalla en carcajadas que retumban por la enorme habitación.
-¡Qué niño tan tonto eres! ¿Crees saber lo que es el amor sólo porque amas a Earane?
Mira impaciente al tranquilo Mitzle.
-¿Y te atreves a afirmarlo?
Ríe de nuevo Kimnale, pero esta vez no tan sonoramente.
-Yo anhelo la respuesta que tú no eres capaz de darme, debido a un único inconveniente…
Ella interrumpe sus palabras para acercarse amenazadoramente al Mitzle, aún estrangulando a Aleyda.
-¡TÚ NUNCA HAS AMADO CON TODO TU CORAZÓN!
El Mitzle no retrocede.
-¡NO HAS AMADO CON TODA TU ALMA!
El Mitzle permanece en su sitio.
-¡NUNCA HAS AMADO CON TODO TU SER A LA PERSONA CON LA QUE DESEAS DESESPERDAMENTE COMPARTIR EL RESTO DE TU EXISTENCIA!
Kimnale está frente a Leonardo, que le sostiene la mirada.
Leonardo se sorprende por esa última frase. La verdad, jamás se había cuestionado sobre su desesperación por compartir el resto de su existencia con…
-¿Ahora entiendes? Lo que tú crees sentir por Earane, es un hechizo que invocó Yuder sobre ti. Inclusive Aleyda te advirtió, pero la ignoraste.
Leonardo baja la mirada, apenado; había olvidado ese hechizo.
Kimnale ríe entre dientes.
-Insolente. Jamás te dirijas a un Dios creyendo que posees una sabiduría superior. Los errores se pagan caro ¿Sabes?
El peligroso tono de voz de Kimnale obliga a Leonardo enfrentar esa mirada de altivez.
Lo que ve en ella es… muerte.
Abre inmensamente los ojos.
Escucha una inhalación dolorosa de Aleyda.
Kimnale aplica toda su fuerza sobre el cuello de quien dijo consideraba como a una hija.
Todo su ser se estremece al escuchar el ensordecedor crujido que se produce al romperse el cuello de la Itzama.
-¡Aleyda!- grita Miguel Ángel.
Splinter, Donatelo, Rafael y Miguel Ángel están intentando empujar la puerta para abrirla, pero Splinter ha percibido algo inquietante.
-¿Qué pasa, Sensei?- pregunta Donatelo, dejando de hacer la imposible labor.
-Algo ha sucedido.- responde Splinter; se apega a la puerta esperando escuchar algo -Es como si ella…- agrega.
-Ha muerto… Aleyda ha muerto.- dice Miguel Ángel en un débil susurro.
-Habla más fuerte que no te oigo.- le exige Rafael.
-Es verdad.- corrobora Splinter -Como la luz de una vela, la vida de Aleyda… se ha extinguido.
-¿O sea?- Rafael no entiende la rebuscada respuesta.
-No puede ser.- Donatelo entiende a la primera.
-¡No!- Miguel Ángel golpea con coraje la puerta -¡Aleyda! ¡Aleyda! ¡Resiste!
Se escucha que golpean la puerta otra vez, pero de nuevo son ignorados los golpes.
Kimnale deja caer a sus pies el inerte cuerpo.
Un segundo después, Leonardo cae de rodillas y posa una mirada de incredulidad sobre Aleyda.
Kimanle se aparta de ellos.
-Por tu insolencia, Aleyda ya no se enteró de toda la historia, pero tú sí puedes, ya que Yuder no tuvo la cortesía de contarte todo a pesar de que tan gentilmente ofreciste tu vida a cambio de que él ya no fuera en busca de las almas restantes.-
La Diosa se detiene para proseguir con el relato, con un tono de voz muy triste.
"Mariel renunció a su mortalidad por estar al lado de este humano. A pesar de las súplicas de mi hermana, él continuaba con su plan de venganza y conquista. Yuder se alió a Lagalice. El trato fue que Yuder se encargaría de darle muerte a su propio hermano con la condición de que sería Rey de Orenia, mientras Lagalice lo sería del resto de los poblados. Eso acordaron ambos. Yuder regresó a Orenia fingiendo arrepentimiento, y Yamil creyó en él, pero en cuanto el Rey se descuidó, Yuder lo mató a traición; sus secuaces se encargaron del resto del linaje. De inmediato, Lagalice se adueñó de Orenia, y Yuder creyó que sería el Rey pero, ¡oh sorpresa! Lagalice se coronó a sí mismo Rey de Orenia y mandó fusilar a Yuder, sólo como una medida de prevención a una futura rebelión. El fusilamiento se hizo público para atemorizar a cualquiera que quisiera levantarse en armas. Por supuesto, mi hermana se enteró. Y ahí estaba ella, frente al amor de su vida, pero no permitieron que nadie se acercara. Las armas estaban en alto, los verdugos estaban por jalar el gatillo… y se oyeron los disparos. ¿Y adivina qué, Leonardo? Este imbécil no murió, y ¿por qué? Mi hermana, de la nada, apareció frente a Yuder, evitando que muriera, interpuso su propio cuerpo para evitar que muriera su amado. De alguna forma, ella consiguió trasladarse en una milésima de segundo, desde donde estaba hasta donde se encontraba Yuder. Un sentimental pensaría que fue el poder del amor. Yo lo dudo. Sea lo que haya sido, murió en vez de Yuder, y a Yuder lo creyeron un espíritu maligno que manipuló a una inocente muchacha para salvar su pellejo, así que él fue desterrado de todas las ciudades que se encontraban bajo el yugo de Lagalice."
Kimnale se toma un momento para respirar y conseguir la calma.
"Yuder me invocó, siendo yo quien recibe las almas primeramente, clamando que le regresará a su amada, reconociendo que fue un idiota y no se dio cuenta de lo que realmente significaba para él. Accedí, a pesar que a los Dioses se nos prohibió en definitiva ayudar a los humanos después de la traición que protagonizaron Lagalice y él mismo. Lo hice por una justificada razón: Yuder traicionó a su hermano, Lagalice traiciono a Yuder, mi hermana fue engañada por este imbécil, yo fui engañada por otro. Conclusión: los humanos son creaturas aborrecibles que deben ser eliminados cual plaga que destruye la cosecha. La Tierra era hermosa antes de que aparecieran los humanos."
Leonardo baja la cabeza, tanto, que su frente toca la cabeza de Aleyda. Cierra los ojos y se abraza, tragándose las lágrimas que luchan insistentemente por abandonar su desquebrajado corazón, o al menos lo intenta, porque enseguida fluyen en completo silencio.
Kimnale camina unos pasos hacia Yuder, pero se detiene a unos cuantos de él y se gira para seguir narrando a Leonardo los acontecimientos.
"Al mismo tiempo que aparecieron los humanos, los Dioses antiguos decidieron crear El Gandhara para terminar con su existencia si éstos se salían de control, incluso se fijó una fecha para juzgar la conveniencia de invocarlo o no, pero yo no soy tan paciente. Falta un tiempo considerablemente largo, así que planeé obtener cualquier prueba en contra de los humanos, y vi en Yuder la posibilidad de obtener esas pruebas. Con la condición de regresar a mi hermana a la vida, le exigí que me entregara, en primer lugar, trece almas que hayan caído en la perdición, y con esas trece almas, Mariel estaría de nuevo con él; pero por traerme un alma inmaculada, le exigiré mil almas, que considero, bastarán para convencer a la Asamblea Divina para no atrasar más la invocación de El Gandhara. Hasta entonces, no la verá de nuevo."
Yuder maldice por lo bajo.
-Pretendo presentar esas almas mancilladas ante La Asamblea Divina para convencerlos de que, hasta el corazón más puro, es corruptible, y así adelantar El Gandhara, consciente de que quizás el fin del mundo no llegue antes de la fecha ya establecida, pero sería una prueba irrefutable para usar, llegado el momento, y así lograr indiscutiblemente el exterminio de los humanos. No es lo único que he ideado para hacer ver a los humanos tal cual son: unas aborrecibles creaturas que nunca debieron existir; esto sólo es el inicio hacia la perdición de los humanos.
Kimnale se acerca de nuevo a Leonardo al notar que no le ha prestado atención a sus palabras. Se detiene a un paso de él.
- ¡Ah! Lo olvidaba… A Letzerich lo involucré en una mentira. En realidad, él no tiene nada que ver en esto, en realidad, ningún Dios sabe de esto. Aleyda, aparte de fiel, es justa, o mejor dicho, era justa. Si le hubiera revelado a ella mis verdaderas intenciones, no se hubiera prestado a mi servicio. En verdad, esperaba que Aleyda fuera una inigualable testigo que corroborara las terribles acciones de los humanos, sin embargo, creo que lograste conmoverla Leonardo, siendo tan bueno, por eso se puso de lado de los humanos y me traicionó, ¿Qué se le va hacer?
Ella nota que el Mitzle llora, no porque vea las lágrimas, percibe el enorme dolor de Leonardo.
-No Leonardo, no llores.- dice con fingida preocupación -No sabía que a ella ya la considerabas una amiga. Ahora tu llanto irá hacia el Torrente del Lamento, pero no servirá de nada, ella ni siquiera tiene un alma.
-¡BASTA!
Kimnale y Yuder se sobresaltan
-¿Quién dijo eso?- pregunta Yuder ciertamente alarmado.
-Vino de Leonardo, pero él no dijo nada.- contesta Kimnale, tratando de mantenerse en calma.
-¡YA BASTA DE TANTA CRUELDAD!
Kimnale se aparta precipitadamente al ver una tenue luz emanar de entre los brazos de Leonardo.
La luz se aparta de Leonardo y se dirige hacia Kimnale. La luz se extingue, quedando al descubierto una diminuta piedra brillante.
-¿Qué es eso?- pregunta Yuder.
-¡Imposible!- dice Kimnale al ver la piedrecilla -No había notado que Leonardo trajera consigo una Lágrima de Earane.
-¿Una Lágrima de Earane? ¿La piedra que la Diosa Earane concede a quienes la invocan pidiéndole consuelo, y únicamente otorga a quienes merecen ser sus protegidos?
Kimnale no contesta porque la piedra vuelve a brillar, luz se intensifica, cegándolos.
La luz pierde intensidad rápidamente.
La luz, lentamente, va tomando la forma de una mujer.
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