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Cloeh: Sí, se murió Aleyda, es que esa rencorosa Diosa no busca quien se la debe sino quien se la pague. A mí también me caía bien Aleyda TT pero te juro que hay una buena causa, así que continua leyendo, por favor. El sacrificio de Leo sí fue en vano, y pues sí, Leo echara abajo el plan de la Diosa esa, y a mí también me cae mal Kimnale; ojalá y el castigo que recibirá sea lo suficientemente malo para ella que reconozca sus errores ('ai' me dices si estuvo bien el castigo) Y como ya leíste, Yuder tiene su triste historia, y todavía falta más. A la piedra se me ocurrió ponerle Lágrima, pero creo que debería ser un poco más pequeña ¿no crees? Eso de que es del tamaño de una nuez... ¿o habrá nueces diminutas? Y sobre la Diosa Invisible… eh… sigue leyendo por favor n.n Gracias por las porras, a pesar de que ya no hay acción, creo que está quedando bien.
Aquí hay minúscula escena de acción y hay una última sorpresa, aparte de que se sabrá quién es la figura luminosa (y no es en quien pensaron) y qué ha tenido que ver en todo esto y que ha estado presente desde el principio; también se sabrá el por qué Earane metió su cuchara, y a pesar de que es una de los buenos, hizo algo no muy honesto, pero tenía que; a ver cómo lo toma Leo.
De veras que hice un tremendo embrollo, y por un extenso embrollo, ahora van extensas explicaciones. Espero que no los haya confundido, ni mucho menos aburrido, y sí es así, puedes dejar un review o mandarme un mensaje para aclarar las dudas o si tienen algo que reclamar.
Y pues ya es el penúltimo capítulo.
Aclaraciones, castigos, perdones, una revelación más, y ya queda casi terminado este fic.
Mil gracias por leer este relajo mío.
Disclamer:
LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi idolatradísimo Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.
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ESPEJISMO
28. El sacrificio
La repentina luz rápidamente pierde intensidad, para revelar una figura, que se halla frente Aleyda, erguida, como si de una persona se tratase.
Los dos espectadores miran atónitos esa luz; les es familiar el aura que se desprende de ésta. La luz comienza tener forma de una joven mujer, y poco a poco se convierte en una.
-¡MARIEL!- exclaman sorprendidos Kimnale y Yuder.
Una chica de unos dieciséis años, morena clara, largos cabellos castaño claro que lleva trenzados, ojos color miel, que viste un sencillo vestido blanco, se manifiesta.
Trae un sencillo vestido blanco sin mangas, pero no tienen nada de sencillo las ostentosas alas que brotan de su espalda.
-¡Hermana!- Kimnale sale de la estupefacción -¿Qué haces aquí? Tú deberías estar en el Uoli Tanil.
Da unos pasos hacia Mariel, pero se detiene al ver la actitud de repudio en tan bello rostro.
Yuder sólo la mira; las palabras han quedado atoradas en su garganta.
Kimnale mira atenta la piedra que trae su hermana en el cuello. Cuando la recibió el día en que ella murió, nunca vio que trajera una. Es imposible que la haya conseguido ya siendo una Mitzle porque no se les conceden, debió ser esto cuando aún fluía la vida en ella, pero en las ocasiones en que la visitó, nunca notó que trajera una.
-¿Por qué te ocultabas en la Lágrima de Earane, Mariel?- pregunta de nuevo Kimnale
-Todavía me es imposible creer lo he han hecho… hermana… Yuder.- habla finalmente Mariel, su voz es suave, pero con un tono de indignación.
-¿Me puedes explicar qué hemos hecho? Porque no sé a qué te refieres Mariel, y a menos que tengas una muy buena excusa para haber abandonado El Uoli Tanil…
-He abandonado El Primer Cielo porque tenía que averiguar el por qué Yuder ha ido y venido a Eolande ya tantas veces. Él aún está vivo, y no encontraba la explicación a tan extraño comportamiento.
-No encontrabas explicación… quieres decir, que ya la hallaste.
-Sí.
-¿Cómo supiste que Yuder ha estado visitándome, en primer lugar?
-Su corazón y el mío están irremediablemente unidos. Sé cuando está bien o no, y hace mucho tiempo, que él está muy triste, y es a causa mía.
-Irremediablemente unidos.- Kimnale hace una mueca de disgusto -Entonces ¿supiste que él estuvo aquí desde la primera vez?
-Así es. No paso mucho tiempo desde que yo llegué al Uoli Tanil, a ese lugar tan arriba en los cielos, que sentí que él estaba cerca. Creí que él… había decidido seguirme a El Kibalch. Estaba feliz porque estaría conmigo por la eternidad, y triste porque quizás no sería así, pero estaba aquí, así que descendí para saber qué le había sucedido.
-Yuder, recuérdame que en la próxima Asamblea se restrinja… más bien… que se prohíba a los Saira Ku abandonar el Uoli Tanil.
Yuder la ignora.
-Continúa Mariel.
-Me extrañó que nadie me avisará que Yuder estaba en camino ¿No se supone que, cuando un ser querido está por llegar a Eolande, se le da aviso a quienes lo esperan con ansias?
-Eso es cierto.
-Pero en mi caso no fue así, creí que quizás sería una sorpresa, y decidí adelantarme al encuentro y ser yo quien diera la sorpresa.
-Sí que te afectó el amor, hermana.
-Al llegar, supe de inmediato que Yuder estaba aquí y entré con cautela. Sabía exactamente dónde se encontraba, pero él no estaba en la habitación en la que el alma se les enjuicia.
-Pues no, no estaba en el Uiljelm.
-Estaba en esta misma habitación. No entré aquí, esperé a que Yuder se diera cuenta que yo estaba a unos pasos de él, justo detrás de esa puerta, pero no lo hizo.
-Estaba sumamente ocupado.
-Espere y espere y espere, y no salió, así que regresé a Uoli Tanil. Después, su presencia simplemente desapareció. Estuve feliz porque estaba con vida y olvidé pronto mi preocupación por él, pero mi miedo se renovó tiempo después. Transcurrió algún tiempo, y Yuder regresó, pero esta vez no vino sólo. Sentí que alguien más venía con él. Esta vez no bajé a Eolande. Desde donde me encontraba, traté de comunicarme con él a través de la mente, pero no respondió. Me preocupé en verdad, y mi creciente inquietud se desbordó al sentir que regresaba a la Tierra, solo. Así sucedió esto por seis veces más, y decidí abandonar Uoli Tanil para averiguar qué estaba pasando.
-¿Y lo comentaste con nadie?
-No. No deseaba que pensarán que era mi desesperación por ver de nuevo al dueño de mi corazón la que me obligaba a ver cosas que no existían. Yo misma creí que estaba enloqueciendo, fue por eso que dejé la paz eterna para ir a la Tierra.
-¿Qué excusa diste para que te permitieran regresar a la Tierra?
-Dije la verdad, que un ser muy amado estaba en problemas.
-Lo imaginé. Es común que un Saira Ku, un ser de paz, vaya a la Tierra a ayudar a alguien muy querido advirtiéndole de algún peligro, ya sea en sueños o manifestándose como lo que los humanos llaman fantasma. Yuder, recuérdame que, en la siguiente Asamblea, proponer que los requisitos para dejar ir a un ser celestial, sean más estrictos.
-Eso hice, traté de hablarle en sus sueños, pero no pude llegar a él, y a pesar de manifestarme frente a él, no pudo verme.
Mariel voltea hacia Yuder esperando una respuesta, pero no la obtiene; él continúa sin habla.
-La única solución para mí, fue seguirlo a todas partes y ver qué es lo que hacía, qué era lo que le mantenía tan encerrado en sí mismo. Me dolió mucho averiguar que su corazón estaba sumido en el odio y la melancolía.- hace una breve pausa antes de continuar -¡Quedé horrorizada al ver lo que hacía!- exclama, obviando que fue así.- suspira, esperado a que Yuder se justifique.
Yuder no demuestra ninguna emoción.
-¿Y qué hizo Yuder?
-¡Hermana!- Mariel se desespera por la desvergüenza de Kimnale -¡Deja tu cinismo! Te pido que recapacites y que te arrepientas de…
-Mariel, cuando eras mi igual, tú podías juzgas mis acciones y yo escuchar tus consejos, pero ahora que eres un espíritu de paz, regresarás a Uoli Tanil.
-Entonces, ¿no recapacitarás sobre tus infames actos?
-Mariel, eres mi hermana a pesar de todo. No quiero considerarte como otro estorbo que hay que eliminar.
Estira un brazo para tocar un hombro de Mariel.
-¡Espera!
Yuder deja escapar esta súplica.
-Yuder- voltea Kimnale -Es obvio lo que Mariel hizo: fue testigo de la forma en que obtienes las almas, que es de lo más injusta para los humanos; ya me lo había señalado Aleyda. Mariel, que no se queda atrás en cuanto a ser justa, ella se ocultó dentro de la Lágrima de Earane que hace tiempo obtuvo y, de alguna otra manera, supo quién sería la siguiente alma y permaneció con él. Así obtendría pruebas de primera mano y las presentaría al Tribunal Divino para que recibamos nuestro castigo.
-La forma en que- Mariel defiende su argumento -haces ver a lo humanos como creaturas que no merecen perdón debido a la crueldad con sus propios congéneres…
-¡Silencio Mariel! Ya tuve suficiente con los sermones de Aleyda sobre lo injusta que es esta prueba mía. ¡No importa! Lo que importa es conseguir, a cualquier precio, el exterminio de todo humano. Y tú. Mariel, no le dirás a nadie lo que ya has visto y escuchado.
Kimnale levanta una mano la cual resplandece.
-¡Kimnale, no te atreverás a…!
Yuder se interpone entre Mariel y Kimnale.
-¡Ya me tienes harta, Yuder! ¡No sé cómo te he soportado todo un milenio! Cualquiera puede hacer un mejor trabajo que tú. Este Mitzle sería mejor caza-almas.
Kimnale deja de amenazar a Mariel, y avanza hacia Leonardo que continúa en el suelo, junto a Aleyda.
Mariel y Yuder se hacen a un lado. Saben de sobra que, contra un Dios no hay manera de oponerse, sólo otro Dios sería capaz de hacerlo.
Kimnale se queda de pie a un lado de Leonardo.
-Leonardo,- le llama, pero él no voltea -te propongo un trato.
-Es inútil convencerle, yo mismo…
-Porque tú no tienes tacto, Yuder.- dice Kimnale sin voltear a verle -Leonardo, te daré cuánto me pidas para tu familia, a cambio de que me ayudes a dejar en un muy mal lugar a los humanos. Sé que aceptarás, después de todo, tú no eres humano. Los humanos no los han tratado bien: ustedes tienen que esconderse en las alcantarillas porque les temen, tienen que disfrazarse para poder salir a las calles, siempre con terror a ser descubiertos; los consideran unos monstruos… Así son los humanos, le temen a cuanto les es desconocido. En cambio, ustedes les han ayudado de muchas maneras y, ¿qué reciben a cambio? Ingratitud. Así son, son unos ingratos.
Leonardo no se mueve de su lugar.
-Como quieras.
Kimnale se levanta y voltea hacia los otros.
-No podrán decir que no le di una oportunidad de aceptar por las buenas.
Ella se gira hacia la puerta y truena sus dedos.
Al instante se abren las puertas, y entran varios soldados junto con las tortugas y Splinter, que caminan con desgano; son empujados para apremiarles llegar con la Diosa.
Rafael ha pasado un brazo de Miguel Ángel para que se apoye en él ayudándole a caminar. Miguel Ángel no tiene un buen semblante.
Los cuatro quedan impactados al escudriñar el lugar, y cuando sus miradas se posan en Aleyda, que yace sin vida, el impacto es mayor.
-Bien Leonardo, si no deseas ser mi siguiente cazador de almas, destruiré a tu familia.
Splinter, Rafael y Donatelo se quedan asombrados al escuchar estas palabras.
Los soldados se retiran, dejando a los prisioneros a escasos metros de Kimnale.
Leonardo no se mueve.
-Entonces…- Kimnale levanta una mano de la cual surge una energía que amenaza con destruir a los prisioneros.
-¡No lo permitiré!- Mariel se interpone entre ella y éstos.
-Ahora creo entender- dice la Diosa -cómo salvaste la vida de Yuder: convocaste a Earane, suplicándole que te ayudará a que Yuder entrara en razón, y ella te dio esa piedra, la Lágrima de Earane, para protegerte de cualquier enemigo de él que quisiese usarte en su contra.
-¿De qué nos perdimos?- se atreve Rafael a preguntar.
Kinmale lo ignora y prosigue.
-Earane no pudo rehusarse cuando le pediste que te ayudara a interponerte entre tu amado y la muerte.
-¡Hermana, por favor, recapacita y arrepiéntete, aún puedes obtener el perd…!
-Sabes lo que pasa cuando un alma es destruida, Mariel.- dice amenazante y la energía se intensifica -Se convierte en Nada y pierde la oportunidad de renacer, porque sencillamente se convierte en nada ¡Tú serás parte de la Nada y también estos fenómenos!
-¡Detén esta locura Kimnale!- le exige Yuder, volviendo a interponerse entre Kimnale y Mariel.
Kimnale sólo sonríe con malevolencia.
Y…
La habitación a oscuras es repentinamente iluminada porque ella desata su tremendo poder sobre los seis individuos.
Éstos se cubren con sus brazos en un gesto inútil por protegerse del ataque mortal de la Diosa.
Primero los deslumbra la luminiscencia, después un abrasador calor les obliga a sentir que serán calcinados hasta convertirse en cenizas.
Sin embargo…
La ceguera y el calor son milésimamente breves.
Todos se descubren creyendo que ya pasó lo peor.
No hubo dolor ni fue prolongada la agonía.
¿Es así cómo se siente morir?
¿Es así cómo se siente ser Nada?
Pasa rápido la extraña permanencia con la Nada, porque se percatan de que la luminiscencia, sencillamente los rodea y no les hace ningún daño.
El poder que arroja Kimnale choca sobre una especie de escudo con una forma semicircular, es un escudo que ha formado…
-¡Leo!
Gritan sus hermanos y su padre al notar que Leonardo se está frente a ellos; notan que él está creando esa barrera, con un brazo extendido y la palma abierta, que evita que la energía que arroja Kimnale los aniquile.
Las almas que están dentro y cerca de Eolande, se atemorizan por la energía que han percibido y se retiran de inmediato.
-¡Imposible!- grita asombrada Kimnale- ¡Leonardo es un ser común, sin ningún tipo de poder! ¿Cómo demonios consigue frenar mi poderoso ataque y con aparente facilidad?
El rostro de Kimnale refleja una enorme cólera hacia un individuo que le ha causado muchos contratiempos.
El rostro de Leonardo refleja melancolía.
-¿Qué es esta extraña calidez?- pregunta Splinter.
No se refiere al calor que no llega a tocarlos debido al escudo que su hijo mayor a creado para protegerlos… es una calidez que parece que surge del mismo Leonardo.
-Es como si…- continúa Donatelo.
-No parece… Estamos recuperando las fuerzas.- agrega Rafael.
Miguel Ángel que casi desfallece, también se siente mejor y se aparta de Rafael.
-¿Leo es quien hace esto?- pregunta un recuperado Miguel Ángel.
-Él es,- responde Splinter -pero hay algo… o alguien más.
-¿Alguien más?- se asombra Donatelo.
-Es cierto… Es como si alguien estuviera con él.- dice Miguel Ángel al notar que esa energía que los protege no es completamente de Leonardo.
Kimnale se concentra para averiguar de dónde proviene ese poder que Leonardo usa, porque es definitivo que no le pertenece.
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