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ESPEJISMO

29. Condena

La diosa Kimnale descubre al instante quién le ha otorgado a Leonardo tan impresionante poder.

-Esta energía le pertenece a Earane. Leonardo también está protegido por Earane… ¡Earane! ¡Maldita! ¿Cómo osas ayudar a estos mortales?

Kimnale no la ve, pero ahora sabe que Leonardo trae consigo una piedra color blanco que cuelga de una cadena plateada que tiene alrededor de su cuello, muy similar a la que trae Mariel.

-¡AAAAAAHHHHHH!

Con un grito, Kimnale desborda el ataque.

El piso se cimbra.

-Ya se enojó.- dice Rafael.

-¿Escuché bien?- Miguel Ángel pregunta -La señora que está muy enojada pronunció el nombre de Earane.

-Así es.- responde Mariel- Mi Lady Earane protege a Leonardo y Leonardo nos protege.

No es únicamente que se sienta una presencia al lado de Leonardo, los ojos de Leonardo han cambiado de color, de un tenue color café, se han vuelto de un delicado gris claro, hasta destellan un sutil brillo plateado.

El edificio entero comienza a sacudirse. Pequeños guijarros de desprenden del techo.

-¡Eolande se desintegrará si Kimnale intensifica su poder!- Yuder advierte sobre la situación.

-¿Qué nos puede pasar si mi querido hermano mayor está con nosotros?- dice Miguel muy confiado.

A Leonardo no se le nota agotado ni que se esté esforzando por contener el violento arrojo de energía que él está deteniendo con una mano.

-¿Cómo es posible que no la haya visto?- se crítica Kimnale a sí misma -No vi que Mariel tuviese una Lágrima de Earane… No me di cuenta de que Leonardo también trae una consigo… A eso se debe la imbatibilidad de Leonardo. No sólo no cayó en la codicia que Yuder le inducía…. ¡No puedo romper ese escudo que usa como protección!... ¡Earane ha estado con él todo el tiempo!

El piso que es presionado por la tremenda energía se desquebraja y los pedazos en que se convierte se desencajan del suelo.

-No puedo contra él.- susurra Kimnale -Simplemente… es más poderoso que yo. Podría llevar mi poder hasta su límite, podría destruir toda Eolande… y ni ellos ni él sufrirían daño, sólo porque lo respalda una de las Diosas más poderosas.

Aprieta los dientes, aceptando la supremacía del Mitzle.

-Pero no le será tan fácil atraparme.

En un intento de huida, Kimanel ejerce toda la presión de la que es capaz.

Los cautivos sienten la aplastante presión, pero no sufren daño.

Eolande se sacude violentamente.

La energía al extender y abrirse camino, destruye gran parte del piso, destruye parte del muro contra el que choca, destruye todo un corredor y la escalera, y finalmente, abandona el recinto no sin hacer añicos varias columnas también.

-¡Quiere escapar!- Yuder exclama.

Leonardo juntas sus palmas e inmediatamente las separa. Al hacer esto, en el escudo, se abre una pequeña ranura, la cual se extiende rápidamente, y a la par, la energía que arroja Kimnale sobre ellos, también se parte en dos.

Esto la deja a ella con la boca abierta, e incapaz de oponerse, cesa el ataque.

La energía restante se separa y se extiende a los lados fragmentando el piso, muros y candelabros.

El escudo que protege al Miztle y a los otros, desaparece.

Ahora, en un parpadeo, con ambas manos, Leonardo ordena a los pedazos de piso cubrir a Kimnale hasta el cuello, aprisionándola.

Es tan abrupta esta acción, que los filosos desquebrajos hieren a la Diosa, logrando que no huya; sólo su cabeza está libre, aunque una mejilla sangra porque un escombro la arañó.

Kimnale mira con desprecio a esos ojos grises que recuperan el color de antes.

-De acuerdo. Sé cuándo he perdido.

-Menos mal que lo reconoce.- dice Rafael.

Todos escalan por la zanja en la que se hundieron por la devastación, debiendo acercarse a Kimnale porque, el piso a su alrededor, no sufrió tanto daño.

-Ahora encaja todo perfectamente.- dice Kimnale en lo que los demás se ubican en un lugar más estable.

La habitación es iluminada ahora por la luz que se cuela desde el exterior debido a las aberturas que hizo Kimnale con su escabroso poder

-Sí. Yo también entiendo el porqué de muchas cosas.- dice Yuder quien ayuda a Mariel a salir de la zanja.

-¿No te molestaría explicarnos? Porque yo ya 'me hice bolas'.- dice Rafael.

Leonardo se dirige hacia Aleyda cuyo cuerpo también es protegido por un escudo, el cual desaparece ya que no hay más peligro. Miguel Ángel le sigue.

-Mariel,- dice Yuder -fuiste a la Tierra preocupada por lo que estuviese pasándome. Sinceramente, no pude verte… Ahora lamento no haberlo hecho. Entonces invocaste a Earane. ¿Cierto?

Ella asiente.

-Con su ayuda, te ocultaste en la Lágrima de Earane a esperar al siguiente elegido. Earane también fue quien le ayudó al elegido a resistirse a mi influencia. Nunca me di cuenta… Es tan fastuoso el poder de Earane, que nunca imaginé que ella…

-Sí que eres un inútil Yuder.- le interrumpe Kimnale.

Él no contesta.

-Y no muy listo.- continúa ella -Estás omitiendo un detalle. Earane no pudo haber predicho quien sería el siguiente elegido. Apuesto a que ella fue quien lo "preparó". Creó una carnada que pudiese manipular a su antojo y no fuese tan fácil hacerle caer en la ambición. ¿Verdad, hermana?

Ella asiente en acuerdo.

Kimnale ríe.

-¿Oíste Leonardo? ¡Tu amada te usó!

Leonardo no dice nada, acomoda a Aleyda boca arriba ayudado por Miguel Ángel.

-Estoy segura que ella provocó ese hechizo de amor que aún prevalece en tu corazón, Leonardo, y que también te concedió un poco de celestialidad para hacerte más atractivo para el amuleto que indicaba qué alma era la más adecuada. El amuleto te señaló a ti como la siguiente alma a corromper, y debido a ese naciente sentimiento, Yuder creyó que podría usarlo en tu contra, por eso, a pesar de aprovecharse de esa situación, Yuder no pudo manipularte del todo, debido a que es Earane quien tiene el control sobre ti.

Ríe por lo bajo.

-Y bien hermana., ya tienes las pruebas y la confesión de mis actos. A mí me entregarás pero, ¿también entregaras al dueño de tu corazón?

Todos voltean a ver a Mariel, excepto Leonardo.

Mariel camina hacia Kimnale.

-Evidentemente.- sentencia.

-¿Por qué? ¿Por qué sigues amándolo? Engañó a varias personas bondadosas para que cayeran en la perdición, le pedí que me trajera trece almas, así le concedería su deseo, que era tenerte de nuevo a su lado. Todo esto lo hizo por ti. ¡Por ti! ¡Estuvo dispuesto a cometer gravísimas faltas con tal de que tú regresaras a la vida! No me digas que no te diste cuenta.

-Me siento culpable por los crímenes que Yuder cometió con tal de yo viviera de nuevo.

-Perdone mi atrevimiento Mi Lady.- interviene Splinter -pero no puede culparse por actos del hombre que ama. El amor, ciertamente, puede cambiar a una persona pero, si ésta permanece ciega debido a su egoísmo, jamás logrará percatarse del amor que le rodea.

-Agradezco sus palabras. La Diosa Earane me dijo exactamente lo mismo que usted, sin embargo, no puedo evitar sentirme culpable.

-Mariel, amor.- Yuder se acerca a ella -Yo…- se arrodilla -Perdóname por todo el sufrimiento que te hecho padecer.

-Ahora sí te arrepientes.- Kimnale se mofa -Ahora que sientes la soga en el cuello, pides perdón.

Mariel se arrodilla junto a él.

-Claro que te perdono.

-¡Qué lindo!- dice Rafael fingiendo enternecimiento ante la pareja -Oye Yuder, faltamos nosotros… ¡Auch!- recibe un zape -¿Qué te traes, Don?

Donatelo le mira con desaprobación.

-Y lo perdonas.- dice Kimnale -Mi único consuelo es que será enviado a lo más profundo de El Kahal Saashil junto conmigo.

-No será así.- la corrige Mariel.

-Explícate.-

Mariel se pone de pie; también Yuder.

-La Diosa Earane ya ha dispuesto un castigo para ambos.

-Si lo aprueba El Tribunal Divino.

-Lo hará. Serás la guardiana de las familias que fueron afectadas, verás por su bienestar hasta el fin de los tiempos.

-Bueno, no se oye tan mal.

-¿Nada más eso? ¿No le darán ni una pequeña chamuscadita?- reclama Rafael -¿Y todo lo que nos hizo pasar?- recibe otro zape -Au… ¿Te está gustando, verdad?- se soba el golpe mirando con enojo a Donatelo.

-Sip.- responde Donatelo -Es más divertido darte un zape a ti que a Miguel.

Rafael le mira diciéndole "nos vemos a la salida".

-El Infierno no siempre es el castigo.- agrega Mariel -Hay otro maneras más persuasivas para lograr el arrepentimiento.-

-¿Sí? ¿Cómo cuál?-

-Te convertirías en humano.

Kimnale abre tremendamente los ojos antes de gritar.

-¡NO! ¡NO! ¡NO!- se agita desesperadamente para escapar, pero es inútil -¡PUEDO SER UN GUARDIÁN! ¡PERO NO UN HUMANO! ¡NO QUIERO CONVERTIRME EN UN HUMANO! ¡PIEDAD! ¡PIEDAD! ¡PIEDAD! ¡PREFIERO IR AL INFIERNO!

Mariel se acerca, y con cuidado, toca una mejilla de ella.

Al instante se calma al percibir tan apacible tacto.

-Hermana, debes ver por ti misma que los humanos no son tan malos.- le sonríe.

Esa calidez que siente en la mejilla, se extiende por todo su cuerpo, y algo muy en su interior, le dice que todo estará bien. Por un segundo, vienen a su mente los buenos recuerdos de cuando estuvo al lado de quien creyó amar con todo su ser.

No puede ser tan malo después de todo.

-Cuando regreses aquí, y si no has comprendido el verdadero poder que poseen los humanos, entonces sí iras al Infierno.

-Esto lo decidió Earane.- dice cabizbaja Kimnale -De haber sido el propio Tribunal… Es una segunda oportunidad, ¿cierto?

-Sí. Todos merecemos una segunda oportunidad.

Kimnale baja la mirada, sintiendo que está a punto de llorar. No ha llorado desde que perdió al hombre de su vida… Nunca volvió a llorar.

Después de mucho tiempo, una única lágrima resbala por su mejilla.

Mariel está contenta porque su hermana, poco a poco, pierde su egoísmo.

-¿Cuál es el castigo que Earane ha predispuesto para mí?- interrumpe Yuder, nervioso por lo que le espera, aunque ya lo sabe.

-Yuder, indudablemente, irías a El Kahal Saashil, a lo más profundo del Infierno donde, la esperanza de volver a encontrarnos, se desvanecería en el instante en que pusieras un pie en él.

-¿Iría? Quieres decir que…

-El Dios Letzerich aceptó una ofrenda de mi parte, con la condición de que tú fueras enviado a un nivel del Infierno menos abismal.

Leonardo acomoda las manos de Aleyda sobre el pecho y deja sus manos sobre las de ella, mirando tristemente hacia el bello rostro que nunca pudo mostrar una sonrisa de verdad.

-¿Qué es lo que hiciste?- Yuder se preocupa.

Mariel permanece callada.

-Ella ofreció algo muy valioso de sí misma para que tu condena fuera menos severa, Yuder.

Responde una profunda voz.

Todos voltean hacia donde se escuchó.

Una sombra surge de la oscuridad de la habitación y se aproxima a la luz.

Se revela un hombre de cabellos rojos, moreno, alto y vestido de negro completamente.

-Mi Señor Letzerich.

Mariel le reconoce de inmediato; hace una leve reverencia.

Los otros, al darse cuenta de la importante persona que acaba de aparecer, también le reverencian.

-Vaya, por fin aparece alguien con autoridad.- remarca Rafael (esta vez esquiva el zape).

-Es el Dios que está a cargo del Infierno.- les recuerda Donatelo.

-Yuder, Mariel ha hecho un gran sacrificio para minimizar en lo más posible tu sentencia. Ojalá y con esto, llegues a comprender cuán grande es el amor que ella siente por ti.

-¿Pero qué es lo que has hecho?- Yuder le vuelve a preguntar a Mariel, angustiado.

Mariel no responde.

En las manos del Dios, aparece un largo bastón en cuyo extremo alto tiene ensartada una amplia cuchilla curva.

-¿Para… qué es… eso, mi Señor?- Yuder pregunta nervioso.

-Mariel ha ofrecido sus alas a cambio de que tu condena no sea tan severa.

-¿QUÉ?

-¿Sus alas?- se sorprenden Splinter, Rafael y Donatelo.

-¡Mariel! ¡No puedes hacer eso! ¡Tus alas…! ¡Sin ellas, no podrás regresar al Cielo!

-No quiero separarme de ti, nuevamente.

Lo abraza.

Hasta ese momento, Yuder comprende su fatal error.

Sintiéndose terriblemente avergonzado, se aparta de ella al dar un paso atrás, ni siquiera se atreve a mirarla a los ojos.

-No querida, no me toques… no me mires… Yo no soy digno de ti.

-Pero Yuder, yo te amo. Siempre te he amado.

Él no se atreve a levantar la mirada.

-Yo… te amo… pero… todo ha sido mi culpa. No debí aceptar las condiciones de Kimnale. Debí esperar mi momento para estar de nuevo contigo. Primero perdiste la vida por mí, ahora, perderás tus alas por mí. Sin ellas, vagarás por El Kibalch eternamente… Estarás sola.

-No estaré sola, porque iré contigo.

El Dios se aproxima a Mariel con la filosa hoz en sus manos.

-No Mariel.- Yuder por fin la afrenta para disuadirla de su decisión -¡Yo soy quien debe pagar por mis pecados, no tú¡ Conserva tus alas, vuela de regreso al Cielo, vuela tan alto para que llegues a la Puerta de Nerak, atraviésala, consigue una nueva vida… ¡Renace y encuentra a alguien que de verdad te aprecie como yo nunca lo hice!- le suplica casi al borde del llanto.

-Ella ya lo pactó conmigo.- dice el Dios.

Letzerich levanta la afilada hoja.

-Deseo estar contigo.- repite Mariel.

-También yo… pero no de esta manera.

La hoja destella gracias a la luz que llega desde afuera.

Leonardo se pone de pie, y súbitamente se interpone entre Mariel y Letzerich.

-Mitzle, hazte un lado.- le ordena el Dios.

Leonardo se gira hacia Mariel. Con la mirada, le suplica que confíe en Yuder. Él lograra salir del su castigo, él sabrá sobreponerse al tormento, y logrará abandonar el Infierno al que va a ser arrojado, y regresará a su lado.

Aleyda se angustia. ¿Será que no confía en Yuder? No es tanto que desee estar a su lado, sino que… no confía en él, no lo cree capaz de salir de su castigo por si solo… Pero es tan difícil… Es tan difícil salir de lo más profundo del Infierno… Nadie lo ha logrado. Nadie.

Reflexionar sobre su sacrificio ¿Será realmente necesario?

-Leonardo,- le reprende Letzerich -ya no tienes que ver en esto. Ha terminado la encomienda de Earane. Ellos dos son los que decidirán sus destinos; y en cuanto a ti, regresa a la vida.

Leonardo se gira para suplicarle al Dios que le dé un momento más para hablar con Mariel…

Pero no puede hacerlo.

De los ojos del Dios surge un leve destello.

Leonardo desaparece.

-¡Hey! ¡Si lo has lastimado…!

Protesta Rafael, pero no se queja a gusto porque, tras otra fugaz mirada del Dios, los otros intrusos desaparecen, también.

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