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REKI-ZEN: Perdón por enredar la historia y porque hayas tenido que leer de nuevo todo el fic. Quiero agradecerte por tomarte la molestia de volver a leerlo. Tú simplemente pudiste no haberlo hecho, y dejar de lado este fic porque ya estuvieras aburrida, o harta de tan enredada historia, pero no lo hiciste. Muchas gracias por releerlo y por dejar un review donde leí que eres sincera al decir que complique mucho las cosas, me sirve para saber si lo estoy haciendo bien o no, y para futuras historias, no caer en lo mismo (sí, amenazo con seguir escribiendo). Gracias por los ánimos.
LUISA FERNANDA YOSHI: Recibí tu mensaje, gracias por las porras.
MANFARIEL: Qué bueno que te haya gustado el capítulo anterior. Como estos últimos capítulos no ha habido mucha acción, creí que no gustarían, pero he leído que sí les han gustado, eso es alentador. Este será mucho relax, 'ai' me dices qué tal quedo.
CLOEH: No se te había ocurrido castigar a Kimnale convirtiéndola en humana, ¿pues cuántas formas ya habías pensado? ¿Vivirá Leo? ¿La Diosa de la Luna si lo quiere o no lo quiere? ¿Sí lo uso? Tus dudas se resolverían en este capítulo. Lo de los nombres difíciles, algunos los saque consultando diccionarios, como los que cambian un nombre, por ejemplo, cómo se escribe Leonardo en elfo o en hada, incluso use un diccionario maya para tener nombres originales y complicados, algunos son reales como Yuder y Aleyda, o Letzerich; éste lo tomé de un apellido alemán.
Y bien, este es el último capítulo, pero chequen bien, hay epílogo, y éste es el último último capítulo, donde aclaro una pequeña inquietud de Miguel con respecto a su hermano mayor.
n.n
Mil gracias por leer este enredado y largo disparate mío.
Disclamer:
LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi idolatradísimo Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.
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ESPEJISMO
30. Hola y adiós
El silencio y la oscuridad se han hecho presentes.
El parque ahora está desierto.
Hace horas que anocheció.
En la oscuridad, aparecen tres tortugas y una rata mutantes.
-Oigan, ya regresamos.- resalta Rafael.
Todos voltean hacia donde dejaron a Leonardo.
-No está.- dice Miguel Ángel, y enseguida echa andar en busca de su hermano mayor.
-Su presencia no se percibe.- dice Splinter.
-Quiere estar solo. No lo dejaré solo.- dice decidido Miguel Ángel.
Se dispersan para encontrar a Leonardo.
Un pie descalzo se posa sobre la hierba.
El siguiente hace lo mismo adelantándose al anterior.
Un paso.
Otro.
Despacio.
Un solitario chico de cabello negro, que viste jeans deslavados y una camisa azul de manga larga, pareciera estar perdido.
Leonardo camina por un sendero que hay entre los árboles, a oscuras y sin rumbo, con una entristecida mirada y una leve molestia en las plantas de sus pies; la delicada y pálida piel es herida por las ramitas y piedras del suelo.
No es nada comparado con el dolor que le produce la profunda cuarteadura que se ha abierto en su corazón. Lleva una mano a su pecho. Ha desaparecido, ya no lleva consigo la Lágrima de Earane. Es lógico: él ya no es de utilidad, ya no es necesaria la piedra. También ha desaparecido el desorbitante entusiasmo por Earane.
Siente que, cada vez que el aire entra a sus pulmones, la cuarteadura le desgarra el corazón.
A la distancia, se oyen unos gritos. Esos gritos claman su nombre, pero no los escucha.
Continúa andando despacio.
Llega a un lago, sigue caminando, llega a la orilla, y continúa caminando, pone un pie sobre la fría superficie del agua, y no se hunde. Da el siguiente paso. No se hunde. Un paso más. Sigue caminando sin importarle hacia dónde va.
Camina varios metros antes de detenerse, justo en el centro del lago.
Siente desfallecer, pero una luz aparece repentinamente bajo sus pies, lo que llama su atención.
Mira hacia abajo.
Bajo las plantas de sus pies descalzos, se extiende la luz hasta formar un círculo resplandeciente de varios metros de diámetro.
El brillo le hace despabilarse de su aletargamiento.
Parpadea un par de veces antes de levantar la vista.
Sonríe muy tímidamente al toparse con unos bellos ojos gris oscuro.
-Hola.
Saluda con formalidad una hermosa joven como de veinticinco años, un poco más alta que él, de piel muy pálida, cabellos blancos muy largos y ondulados, ataviada por un vestido blanco de manga larga.
Leonardo le mira sorprendido.
A esa chica la vio incontables veces en la Luna y en sus sueños, pero jamás creyó que la vería en persona, y ahora que está frente a ella, ella se ve triste.
Ella esboza una pequeña sonrisa al no ser correspondido el saludo.
-Leo…
Él queda encantado por tan dulce voz. ¿Cómo es posible, si ya se siente libre del embrujo de amor que ella misma le arrojó?
-…he venido ha disculparme contigo, por haber…
Ella se inclina un poco.
-Earane.
Leonardo dice apenas con un hilo de voz, y toma a la chica de los hombros para que ella no se incline más.
-Leo, en verdad, deseo disculparme contigo.
Él mueve la cabeza en un gesto de negación.
-Es necesario.- ella insiste- Has sufrido mucho por mi culpa.
-Earane…
La interrumpe, su voz aún es menos que un murmullo.
La suelta.
Cierra los ojos para concentrarse y hallar su voz que está perdida en alguna parte de su desquebrajado corazón, pero con la presencia de Earane, siente que la encuentra pronto.
-Earane,- abre los ojos y habla con un poco más de decisión -¿Qué pasó con Mariel y Yuder?
-Ambos fueron enviados al Infierno.- contesta sin rodeas.
Leonardo entristece, y la poca entereza que había recuperado, se desvanece.
Baja la cabeza.
Sus ojos se humedecen levemente.
Ella extiende una mano hacia el rostro de Leonardo.
Toma el mentón de él, y con delicadeza, levanta ese abatido rostro.
-Leonardo, hay momentos en los que uno debe encargarse de sus problemas, solo. También hay momentos en los que se necesita verdadero valor para permitir que otros, que nos tienden la mano, aceptemos su ayuda. Sé que confiabas en Yuder para que le pidiera a Mariel que no hiciera un sacrifico más por él, pero era necesario, porque a la parte del Infierno a la que iba ser enviado, no tenía ninguna posibilidad de salir, sencillamente porque es imposible escapar de lo más profundo de ese abismo. Afortunadamente, el amor que se tienen el uno por el otro, les permitirá salir de un lugar menos abismal. Juntos podrán, algún día, vivir la vida que tanto han anhelado.
Leonardo se calma un poco.
Ella baja su brazo.
-Yo…- dice Leonardo, no tan decidido -debo ser quien se disculpe. De no haberme atrevido a desafiar a Kimnale, Aleyda… estaría viva.
-Leo, por favor, no te culpes.
Leonardo cierra de golpe sus ojos y puños.
-Por favor…- suplica resueltamente.
Un resplandor emerge de su espalda.
-… acepta…
Se inclina profundamente.
-… esta ofrenda…
El resplandor desaparece, pero es sustituido por dos inmensas alas,
Earane le mira asombrada.
-… para devolverle la vida a Aleyda. ¡Por favor, acepta este humilde ofrecimiento mío!
Ella le contempla unos instantes, deleitándose con la magnificencia de las blancas extremidades que han surgido de la espalda de Leonardo.
-Leo.
Ella toca un hombro para pedirle que se enderece.
-Antes de aceptar tu magnifico obsequio, permíteme ver tu verdadero ser.
No vacila ni pregunta. Desecha la apariencia humana y recupera su aspecto quelonico, incluyendo su bandana y demás, con excepción de sus katanas.
-Gracias.
-¿Aceptas mi ofrenda?- pregunta algo inquieto.
-No será necesario tan noble gesto.
-Oh, lo olvidé. Aleyda… no tiene alma, y sin ella, no hay manera…
Aprieta más fuerte sus puños, sintiéndose inútil y más culpable por haber causado la muerte de Aleyda.
-Me alegra que El Kibalch te permitiera conservas tus alas, después de todo te pertenecen. No me sorprende que hayas aprendido a manifestarlas aún estando con vida.
Él baja la mirada de nuevo.
-Leo.
Al escuchar que ella le pide atención, levanta la vista y nota que está calmada.
Leonardo presiente algo bueno.
-No es necesario que acepte tu ofrenda porque Aleyda está viva.
-¿DE VERDAD?- pregunta emocionado.
Mira hacia todos lados esperando a que Aleyda aparezca.
-Quiero agradecerle su ayuda pero, ¿dónde está?- voltea hacia Earane.
-Ella no vendrá.
-Está en el Uoli Tanil entonces, después de lo que ha pasado, se merece unas vacaciones.- Leonardo bromea.
Earane se complace de que el ánimo de la tortuga se restablece.
-Ella no se encuentra en el Cielo.
-¿En dónde está?
-Tranquilo, ella está bien. Mira hacia allá.
Ella señala un punto lejano en el oscuro cielo.
En las ciudades es difícil ver las estrellas, sin embargo, una en particular, resplandece unos instantes, logrado destacar en la infinita oscuridad.
-Hermoso.- dice Leonardo.
Ahora que ha volteado hacia el cielo se ha dado cuenta que no hay Luna, será porque está con él. Eso le hace sentirse afortunado.
-Esa es la indicación de que Aleyda ha nacido.
Leonardo se gira de inmediato a Earane.
-¿Ha nacido?- le pregunta confundido -Quieres decir… pero si ella no tiene… no tenía alma, sin una… ¿Cómo…? ¿No revivió?
-Los Itzamas son creaturas que no tienen alma, pero sí mente propia. Aleyda no únicamente se concentraba en la misión que le encomendó Kimnale, ella ayudaba en lo que podía, a quienes veía en problemas, y por ser tan amable, las personas que le ayudó le tomaron aprecio, era con lo único que podían pagarle. Ese aprecio se cultivó en su ser, y mientras continuaba en su empresa de alertar a los elegidos, también seguía ayudando desinteresadamente. Ese aprecio se transformó, no en un alma propiamente, pero sí en algo tan importante como ésta: un corazón; esto le permitió experimentar las emociones humanas y anhelar experimentar más. Ese fue su deseo, renacer como un humano. Después de todo Leonardo, para eso es la vida, para vivirla. Padecer un sufrimiento en el Infierno indefinidamente o disfrutar de la felicidad eternamente, no tiene sentido, lo que verdaderamente vale es vivir. Antes de ofrendar tu propia vida, piensa en ello por favor.
-¿Qué sucedió con las almas que obtuvo Yuder?
-Algunos decidieron permanecer en el Uoli Tanil un tiempo, otros decidieron regresar a la Tierra; volverán a nacer.
Ahora que sabe que ha sucedido con Aleyda, Mariel y Yuder, Leonardo se siente más tranquilo.
Al observar con detenida atención los ojos de Earane, ella se ve tranquila, pero triste. No ha podido verla sin tristeza desde que ella se apareció ante él. ¿Qué será lo que la inquieta?
-Leo, ¿podrás ahora aceptar mis disculpas?
-¿Por qué debes disculparte?
-Es verdad lo que te dijo Kimnale. Me aproveché de tu nobleza para usarte como carnada para inculpar a Yuder y a la Diosa que lo respaldaba.
-Sí. Ella mencionó que fuiste tú quien me hechizó, pero no tienes que disculparte conmigo por eso.- dice de lo más tranquilo.
-Al menos permíteme explicarte.
-Adelante.
-Después de que Yuder obtuvo la octava alma, Mariel me pidió ayuda. Me explicó lo que había visto, y me sentí muy triste. Si ella lo amaba tanto, ¿cómo era posible que él no sintiera lo mismo? Yuder tenía un amuleto que le indicaba quien sería el siguiente elegido para robarle el alma. Tardaba demasiado tiempo en encontrar uno, ya que Kimnale prácticamente le exigía a alguien sin culpa alguna sólo para demostrar que, hasta el alma más noble, puede caer en la ambición. De cualquier modo, al encontrar al individuo, casi de inmediato se adueñaba de su alma debido a su pérfida manera de engañarlo, así que no había manera que yo supiera quién sería el siguiente ni tiempo para protegerle de caer en los engaños de Yuder. La única solución que tuve a mi alcance fue… entregarle un falso elegido.
-Yo.
-Sí. La idea era elegir a alguien que, primeramente, yo le entregaría un amuleto para que lo protegiera, y después, Yuder sería engañado para que creyera que ese alguien era la siguiente alma, e intentara lo mismo que ya había hecho antes, así se obtendrían pruebas irrefutables contra él y contra quien pudiese estar detrás de esta trampa contra los humanos.
-Yo me sentí particularmente extraño al mirar la Luna después del eclipse total de hace dos semanas, cuando acompañé a mi hermano Don a observarlo.
-Fue esa noche que lancé el conjuro, afectaría a alguien al azar. No pretendí deliberadamente que fueses tú, Leo.
-Fue el destino entonces.
-Sí, y para ser sincera, no esperaba que funcionara.
-¿Por qué?
-Porque afectaría a alguien de corazón noble, pero los humanos se están volviendo egoístas; la gran mayoría lo es. Muchos ya no contemplan una puesta de Sol, un Arcoíris, o una Luna llena. Sin embargo, lo intenté. Alguien debía… ser afectado por el hechizo. Lo siento, fue la única idea que tuve.
-Me complace haber podido ayudar. Y… yo no soy humano. Espero que no pierdas la fe en ellos.
-Nunca lo haré. Hasta el final de los tiempos, no perderé la fe en ellos.
Ella le sonríe, aunque entristece de nuevo.
-Leo, debiste aceptar, sin vacilar, el presente que Yuder te ofrecía.
-¿Por qué?- pregunta desconcertado.
-De haber aceptado de inmediato el presente, hubieras ido al instante ante Kimnale. No hubieras sufrido tanto.-dice abatida -No hubieras enfrentado a tu familia; ellos no se hubieran arriesgado tanto al ir tras de ti hasta El Kibalch… pero te negaste, porque creíste que yo no sería capaz de entregarte algo con condiciones; creíste en mí, sin siquiera conocerme; creíste en mí más que en las amenazas de Yuder y… te lo agradezco.- termina en un susurro.
Leonardo desea agregar algo, pero ella continúa.
-Fue mi culpa que sufrieras. De verdad, no esperaba que reaccionaras de esa manera. Esperaba que el hechizo segara tu razón, y aceptaras ciegamente, un presente supuestamente mío, pero no lo hiciste. Fue más fuerte tu confianza en mí que la amenaza de muerte, no le temiste a la muerte. Por haberte hecho sufrir, te pido disculpas.
Ella se inclina de nuevo, pero Leonardo toca un hombro de ella para evitar que haga eso con alguien quien no se lo merece.
-Earane,- trata de hablarle con ánimo porque ella se ve más triste -no hay nada que deba perdonarte.
Ella le sonríe radiante de felicidad.
Es lo que él deseaba ver
Deseaba verle feliz.
Finalmente, sus piernas ya no le soportan, y se tambalea, pero no cae, logra sentarse.
Sus alas desaparecen convirtiéndose en un fino polvo destellante.
Earane se arrodilla junto a él, muy cerca por si desfallece. ¿Cómo puede tener energías después de haber sufrido tantas cosas?
-Resiste un poco más. Tu familia está por llegar.
-Estoy… muy cansado.- pero se niega a cerrar los ojos -Ha sido… un día… muy largo.
Ella le sonríe de nuevo.
Él la contempla.
Cuando miraba a la Luna, se sentía bien. Ahora que mira a Earane, tan de cerca, se siente más que bien, se siente muy feliz y confortado. Está muy feliz. Es algo parecido a cuando estaba bajo el hechizo, sólo que ahora es mucho, mucho más intenso.
No aparta la mirada de ella.
-Me gustaría saber,- él es quien rompe el silencio -¿por qué eres la única que se preocupa por los humanos?
-Es una historia muy larga, y ahora no es posible que te la cuente. Tu familia no tarda.
-¿Tienes hermanos o hermanas?
Leonardo pregunta otra cosa para prolongar lo más posible ese breve encuentro.
-Sí.- le contesta contenta -Tengo muchos hermanos y hermanas. Ya conociste a mi hermano Letz.
-¿Letz? Letzerich, el Dios del Infierno.
-Sí.
-No quiero parecer maleducado, pero no se parecen.
Ella ríe.
Leonardo ha logrado que ría.
Es más hermosa cuando está alegre.
-Tienes razón. Es el único que no se parece a los demás. Es curioso, nadie lo había mencionado.
-Bueno, quizás teman que Letz los mande al Infierno.
-Sí, quizás sea por eso.
-Mis hermanos y yo tampoco nos parecemos.
-Pero poco importa, si existe el amor ¿No crees?
-Lo sé, ahora con más certeza que nunca.
-Pero en lo que no tienes certeza alguna, es lo que sientes por mí.
-Si me quieres decir que no tengo alguna oportunidad… eso lo entiendo, pero es suficiente para mi.
-Leo, escucha por favor. Permaneciste demasiado tiempo bajo el influjo del hechizo, cuando había planeado que no sería así. Tus sentimientos hacia mí están confundidos, pero ya pasara el efecto.
-Tal vez.
-Ya verás, pasará.
-No lo creo.
-Claro que sí.
-Nop.
-Yo sé lo que te digo.
-Este cálido sentimiento que siento por ti… nunca desaparecerá.
-Eres tan testarudo como tu hermano Rafael.
-Eso dicen.
Él le sonríe.
Ella le sonríe.
Leonardo levanta una mano y pasa sus dedos entre el sedoso y rizado pelo de Earane.
-Leo,- ella toma la mano de él entre las suyas -no sólo permití que tu cuerpo sufriera daño, también permití que tu corazón sufriera mucho. Yo te aprecio, pero no de la manera que anhelas debido al embrujo.
-Por mí no hay problema si dura para siempre, ya no te preocupes. Tú eres quien me preocupa. No logras perdonarte un pequeño error; todos cometemos errores alguna vez.
-Pero puedo remediarlo.
-No es necesario…
Leonardo calla al sentir las delicadas manos de Earane sobre su rostro.
-Por favor,- ella susurra con ternura -permíteme enmendar mi error.
Leonardo no contesta, ha quedado anonadado.
Ella se acerca lentamente a él.
El corazón de Leonardo se acelera ligeramente.
Mientras más se acerca ella, él debería inquietarse, pero no es así, por el contrario, su corazón se calma, todo su ser es envuelto en una confortable paz.
Cierra los ojos.
Ella se endereza un poco, para besar la frente de Leonardo.
Él siente el dulce y delicado roce.
Ella se aparta.
-Gracias.- murmura ella.
Él quiere abrir los ojos, pero su corazón se niega a dejar pasar tan abrumadora sensación.
Es tal la magnitud de la abrumadora sensación que se marea, y se desmaya.
Earane logra cacharlo y recibirlo en su regazo.
-Descansa.
Leonardo apenas logra oír estas delicadas palabras y una caricia en su mejilla antes de sumirse, no en la oscuridad, sino en una confortable luz que promete tranquilidad por la eternidad.
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