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ESPEJISMO
31. Epílogo
La paz y la vastedad blanca permanecen con él; pero ella ya no.
Se oye a sí mismo soltar un profundo suspiro lleno de tristeza.
Pareciera que ya han pasado varias eternidades sumido en esa paz, sin ella.
Pasa el tiempo, y ese sentimiento, invocado por un hechizo, no desaparece como ella dijo que pasaría.
No importa.
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Entreabre los ojos y todo sigue siendo blanco.
Lleva una mano a sus ojos para frotarlos, quizás eso ayude.
Toca su frente y tiene algo en ella, no es su bandana que quizás se aflojo, de hecho, no la trae. Lo que tiene en la frente es un trapo húmedo.
Baja la mano y la coloca sobre su estómago.
Parpadea un par de veces.
La blancura pierde luminosidad.
Sondea el lugar con la mirada, ya que puede distinguir mejor.
Está en una habitación.
Está recostado en la cama de su habitación.
Gira la cabeza a un lado.
Sus ojos café claro se topan con unos ojos azules, que se ven algo cansados.
-Hola.- dice Miguel.
-Hola.- contesta pesadamente.
Miguel Ángel está sentado en una silla que está a un lado de la cama donde está acostado Leonardo. Miguel Ángel tiene su cabeza apoyada sobre la cama. Él se levanta para retirar el trapo húmedo de la frente de Leonardo y lo sumerge en un recipiente con agua que está sobre la mesita de noche.
-¿Para qué es eso?
-Has tenido fiebre.
-¿Fiebre?
-Sí. Cuando te encontramos flotando en el frío lago, ya tenía fiebre. He estado aplicándote compresas frías por una hora. Don dijo que si no mejorabas en unas horas, te inyectaría penicilina.
Miguel Ángel tiembla con imaginar la hipodérmica. No le gustan las inyecciones.
Se sienta en la silla.
-Creo que ya estás bien.- toca la frente de su hermano mayor-no la vas a necesitar.
-Gracias.
-No hay de qué.
-¿Y los demás?
-Todos estamos bien, no te preocupes.
Miguel Ángel coloca sus brazos sobre la cama, y recuesta la cabeza sobre ellos.
-Estás cansado, vete a dormir. Yo ya estoy bien, gracias por cuidarme. Ahora tú debes descansar.
-Ahorita.
Miguel Ángel mira a Leonardo con atención.
-¿Qué?- Leonardo pregunta algo inquieto.
-No es na…- bosteza -…da, sólo estoy confundido. He tratado de recordar cómo nos metimos en ese relajo, pero me enr…- otro bostezo -… rendo más.
Cierra los ojos.
Como los bostezos son contagiosos, Leonardo también bosteza.
-En cuanto duermas un poco,- dice pasado el bostezo -tus ideas se aclararán. Ya vete a la cama.
Como Miguel Ángel no tiene ninguna intención de moverse de donde está, Leonardo intenta levantarse para llevárselo a su propia habitación, pero no puede mover ni un músculo; su cuerpo no le obedece, sólo consigue quedar de lado.
-Miguel, por favor, vete a su habitación; no puedes quedarte aquí.
Tras un segundo de silencio…
-Estabas muy feliz volando en ese cielo color malteada de fresa.
-Pues sí, fue maravilloso poder volar de esa manera. No me digas que tú no te divertiste.
-Sí me divertí… pero… cómo podías estar feliz… cuando… estabas muerto… y… nos abandonaste.- dice con mucha tristeza.
-No los abandone; jamás lo haría.
-¿No?- abre los ojos y pregunta incrédulo.
-Bueno… al menos eso me prometió Yuder.
-¿Qué?
-Por haber decidido dar mi alma voluntariamente, me prometió que yo sería el ángel guardián de mi familia. Por eso no estaba preocupado porque, aunque hubiera muerto, estaría con ustedes.
-Lo más seguro es que era una mentira.
-Sí, seguramente.
-Un ángel de la guarda… Suena bien, pero yo prefiero tener a mi hermano que me cuente un cuento para dormir, que alguien a quien no se puede ver ni oír, ni menos abrazar.
Leonardo sonríe.
-Pero sí te divertiste volando.
Miguel Ángel cierra los ojos, y esboza una muy grande sonrisa al recordar.
-Fue grandioso.- susurra.
-Sí, lo fue.
La sonrisa de Miguel Ángel se borra poco a poco.
Leonardo espera a que su hermanito diga algo más.
Mientras espera, sus párpados se cierran lentamente.
Sintiéndose vencido por el sueño, Leonardo desea que Miguel Ángel despierte y se vaya a su cama; si se queda, dormirá muy incómodo.
-Miguel…
Susurra en un último intento por despertarlo.
Miguel Ángel ya no escucha.
Leonardo desea fervientemente que su hermano esté en su cama, descansando, envuelto entre sus frazadas…
Que esté en su cama, descansando.
Que esté en su cama, descansando.
Casi a punto de cerrarse sus párpados, los ojos de Leonardo cambian de color, se vuelven de un gris claro.
Miguel Ángel desaparece.
Sus ojos se cierran finalmente, no antes de pedir que la luz se apague, él no puede dormir con las luces encendidas.
La habitación queda a oscuras.
FIN
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Muchas pero muchas gracias por llegar hasta aquí.
La verdad, tenía miedo sobre cómo sería recibido mi primer fic largo sobre mis entrañables tortugas, y qué gusto he tenido en leer tan lindos comentarios.
n.n
Las tortugas son muy queridas y entrañables para mí porque las conozco desde que yo era muy peque, por eso les tengo mucho cariño, en especial a Leonardo, a ese niño con caparazón lo quiero un buen, por eso decidí escribí un fic donde él fuera el prota de la historia, pero tengo pensado escribir otros más sobre las otras tortugas.
Sí, amenazo con seguir escribiendo.
Mil gracias nuevamente por tomarse su tiempo y leer mi fic.
Muchas gracias.
Nos leemos pronto.
n.n
