Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.
Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.
He decidido subir este capítulo antes, pues, actualmente, tengo escritos ya 22 capítulos. Espero que este os guste. Nos veremos con el cuarto capítulo, como ya dije, antes de las Navidades.
Nezuko Kamado abrió los ojos y miró a su alrededor. No sabía dónde estaba, pero se encontraba tumbada en una cama, fue lo primero que pensó.
Se incorporó, algo nerviosa, parecía que el cuarto en el que estaba había sido preparado para ella, teniendo en cuenta que la única ventana estaba sellada, impidiendo que los rayos del Sol entrasen.
Se concentró un poco y trató de obtener información del entorno utilizando sus sentidos agudizados. Era de día, y aún quedaban seis horas y veintitrés minutos para que anocheciera.
Captaba también la presencia de varios humanos, tenían un olor muy característico, aunque, al centrarse en ellos, la demonio frunció el ceño. Eran cinco humanos, de los cuáles sólo podía reconocer a uno. Kyojuro Rengoku. Pero no había rastro alguno de su hermana.
Sintiendo que el pánico la envolvía por ello, abandonó la cama y se dirigió hacia la puerta, pero, al tratar de abrir, la puerta no cedió. La habían dejado encerrada.
Combinado eso con la ausencia de Sumiko causó que Nezuko comenzase a sentir de verdad angustia, ¿le habría pasado algo a su hermana mientras ella dormía? ¿Y si, por no haberla podido proteger, Sumiko estaba muerta también?
Lágrimas acudieron a sus ojos, pero pronto la rabia se abrió pasó también. Retrocedió unos pasos y propinó una potente patada a la puerta, haciéndola salir de sus goznes e impactando en la pared de enfrente.
Dudó un momento si salir o no, aunque la habitación había estado a oscuras, no se podía decir lo mismo del pasillo, completamente iluminado con luz solar, retrocedió instintivamente, casi olvidando su miedo e ira anteriores.
Oyó los pasos apresurados de dos personas. Rengoku y una mujer se dirigían hacia allí. La demonio clavó la mirada en el pasillo y esperó.
Apenas unos segundos después, los dos estaban parados delante de la entrada. La mujer hizo un ruido de fastidio al ver lo que había ocurrido con la puerta, aunque no parecía estar sorprendida.
—¡Veo que has despertado! —gritó Rengoku, tan animado como siempre.
—¿Dónde está mi hermana?— Nezuko fue directa al grano.
—Me temo que tendrás que esperar unos días más para poder verla, querida —respondió la mujer, adelantándose —.La Selección Final aún no ha acabado.
Nezuko frunció algo el ceño pero no protestó —¿Dónde estoy?
—En la Mansión de las Mariposas. Tu hermana estaba bastante preocupada por…tu condición y yo accedí a examinarte— explicó la mujer— Encantada de conocerte, mi nombre es Shinobu Kocho.
—Nezuko Kamado.
—Has estado durmiendo bastante tiempo —dijo Shinobu, manteniendo una sonrisa. Falsa, notó al momento Nezuko, podía oler la ira y el odio emanando del menudo cuerpo de la mujer en oleadas. Aunque eso no era lo más peligroso, se dijo la demonio tras continuar olfateando. Apestaba a veneno, todo en esa mujer. Captaba el aroma de este proveniente de la funda de su katana y, extrañamente, del cuerpo de ella. Uno no, varios venenos, se corrigió mentalmente. Era más peligrosa de lo que aparentaba.
—Soy consciente —replicó, de manera tajante, Nezuko. Rengoku miró a ambas preocupado. La tensión que se iba instalando en el ambiente se podía cortar con un cuchillo de untar y era algo que no le gustaba en absoluto al Pilar de las Llamas.
—¡Nos tenías preocupados! —admitió el hombre, acercándose a ella —¿Cómo estás?
—Bien —contestó Nezuko, retrocediendo y sentándose en la cama. Quería ver a su hermana y, el tener que esperar aún varios días, no le había gustado nada.
—Me gustaría poder hacerte una revisión rápida. —Shinobu no pensaba tirar la toalla aún.
Nezuko quería negarse, pero, la posibilidad de cabrearles podía jugar en su contra, por el momento, mientras no estuviera su hermana, le tocaría ceder a esas cosas.
—Vale —dijo, apenas conteniendo un suspiro.
Kanao cortó con facilidad el cuello del demonio que tenía delante mientras Sumiko hacía lo mismo con uno que tenían a su derecha. Llevaban ya cuatro días aguantando y, por el momento, les había ido bastante bien.
Aunque tampoco era que se hubiesen encontrado demasiados demonios, llevaban ya, entre las dos, con cinco demonios eliminados. Las noches solían ser bastante tranquilas.
Las dos enfundaron sus katanas. ninguna sonreía, Sumiko no disfrutaba matando, acabar con los demonios resultaba más difícil de lo que había esperado, mientras que Kanao era incapaz de sentir algo cuando lo hacía. Los veía como simples asesinos de humanos y no les concedía la más mínima misericordia.
—¿Seguimos? —Aunque intentó disimularlo, Kanao percibió cómo la voz de su compañera temblaba. En casos así, estaba segura de que Shinobu o Kanae habrían intentado animar a esa persona, pero Kanao no estaba segura de cómo hacerlo. ¿Debía decir algo o simplemente con poner la mano en su hombro bastaba? ¿Y si Sumiko lo malinterpretaba?
Llevó por costumbre la mano derecha a la zona dónde guardaba su moneda, pero antes de poder hacer algo, Sumiko se adelantó y siguió avanzando. Kanao se detuvo, comprendiendo que había tardado demasiado en decidirse. Se apresuró a ir detrás de ella para no quedarse atrás. Sumiko la miró de reojo, envidiaba la capacidad de su amiga de matar con tanta facilidad. Quizá algún día ella también fuera capaz de eso.
Llevaban un rato largo andando cuando oyeron un grito de agonía. Las dos se detuvieron en el acto y se miraron. Había sonado demasiado cerca de dónde estaban.
—¿Vamos a ver? —preguntó, indecisa, Sumiko.
Kanao asintió, seria. Era evidente que la otra sí quería ir, aunque no lo dijera en voz alta.
Las dos echaron a correr en esa dirección lo más deprisa que pudieron. Cuando llegaron ahí, se encontraron con un escenario macabro.
Había unos diez cuerpos tirados entre los árboles. Algunos estaban partidos por la mitad, a otros les faltaban una o varias extremidades. Y había un demonio devorando uno de los cuerpos. Sumiko abrió mucho los ojos, horrorizada ante el espectáculo y apenas fue capaz de contener las ganas de vomitar. El olor era insoportable y la chica lamentó en ese momento tener una nariz tan sensible. El olor a muerte que emanaba del demonio y el aroma a sangre eran demasiado para ella y no pudo evitar acordarse del momento en el que encontró a casi toda su familia asesinada.
Estaba completamente paralizada, notó Kanao, no estaba en condiciones de luchar en ese estado, y se decidió. Iba a tener que apañárselas ella sola.
El demonio, al verlas, sonrió y dejó su comida a un lado. Era un ser enorme, todo su cuerpo estaba compuesto por manos de color verde, de la cara sólo se le veían los ojos. Tenía el cuello completamente protegido, notó seria Kanao, quien no dudó lo más mínimo y se lanzó contra el demonio, con la katana desenvainada. Dio un salto y trató de cortar el cuello del ser, pero este respondió lanzando contra ella varias manos que emergieron de su cuerpo con intención de agarrarla.
Kanao amputó sin problemas los cuatro brazos y aterrizó con suavidad en el suelo,aunque enseguida se preparó para intentarlo de nuevo, tenía que acabar con él cuánto antes, pensó. Miró de reojo a Sumiko y notó que se había tapado la nariz con un pañuelo, tenía mejor aspecto, y en sus ojos volvía a haber decisión. Aunque seguía estando bastante pálida.
—Yo te cubro —dijo Sumiko mientras se preparaba sacando su katana con la mano libre. Kanao asintió y las dos saltaron. El demonio apenas pareció inmutarse y volvió a lanzar un ataque similar al anterior. Sumiko tomó aire y se preparó—.Respiración de las Llamas, tercera forma-murmuró para sí mientras trazaba un arco y del filo brotaban llamas, cortando los brazos sin esfuerzo, dejando el camino libre a Kanao.
El demonio la miró y sonrió, esperando ver la desesperación en la mirada de esa chica cuando se diera cuenta de que no podría cortarle el cuello. Por esa misma razón, cuando la hoja cortó limpiamente la zona dónde estaba su cuello y la cabeza comenzó a caer al suelo, el demonio la miró incrédulo.
¿Qué? ¿Cómo era eso posible? En cuarenta años nadie había sido capaz de eso. Kanao guardó la katana. Sumiko dudó algo y sólo lo hizo cuando vio que el demonio comenzaba a convertirse en polvo.
—Deberíamos irnos de aquí —comentó Kanao, seria.
—¿No deberíamos enterrar los cuerpos antes?— preguntó Sumiko, que no creía que fuera buena idea dejarlos a merced de otros demonios.
Kanao suspiró un poco— ¿Cómo? —preguntó —No tenemos palas ni nada para hacerlo —le recordó.
—Cierto, pero, si no lo hacemos, los demonios podrían devorar los cuerpos.
—No podemos hacer nada al respecto.
Sumiko desvió la mirada, Kanao tenía razón, pero eso sólo hizo que se sintiera aún peor y siguiera a la otra chica en silencio.
Nezuko miraba callada el cielo nocturno, habían pasado ya dos días desde que se había despertado. Echaba de menos a su hermana y, si de ella hubiera dependido, habría salido ya a buscarla, pero ninguno de los dos Pilares se lo había permitido, la vigilaban en todo momento, pensó con fastidio la demonio.
A unos metros a su derecha, estaba Kyojuro, pendiente de ella.
—¿No tienes nada mejor que hacer que mirarme? —preguntó de mal talante.
—¡Pues no! —respondió con entusiasmo Kyojuro, pero completamente sincero, notó Nezuko.
—Ya veo.
—¡Deberías tener más confianza en tu hermana! ¡Estoy seguro de que pasará la prueba!
Nezuko le miró molesta, no era que no la creyese capaz de hacerlo, pero la idea de tener que quedarse esperando, sin posibilidad de ayudarla, no le gustaba nada. Tampoco le gustaba la idea de tener que pasar a formar parte de esa organización militar, pero, dada su situación actual, parecía ser su única opción.
—Y una vez pase esa prueba, ¿qué? —preguntó la demonio, sin demasiadas ganas.
—Comenzará a recibir misiones —explicó Kyojuro— .A veces en solitario, otras veces me acompañará a alguna. O puede ser que le toque ir con otros de su mismo rango.
Nezuko asintió. Matar demonios sería su día a día pronto, pensó, seria. Miró un momento sus largas uñas, pensativa.
— ¿Qué tengo que hacer para ser más fuerte? —preguntó, volviendo a mirar al humano.
Kyojuro se tensó y frunció el ceño, llevó su mano derecha al mango de su katana-¿Por qué?
—Si quiero ayudar a Sumiko tendré que ser más fuerte, ¿no crees?
—Eso no será necesario-dijo, tajante, Kyojuro, sin retirar la mano de su arma. La demonio le sostuvo la mirada, seria.
Sumiko avanzaba callada a la salida de aquel monte. Kanao iba a su lado, en silencio también. Habían superado la Selección Final sin demasiada dificultad. Los demonios a los que se habían enfrentado no eran muy poderosos así que no supusieron problema alguno.
Llegaron a un claro y vieron a las dos chicas que les explicaron la prueba días atrás, esperando.
Una de ellas, la de pelo negro, se acercó a las dos jóvenes, sonriendo un poco.
— Enhorabuena por haber superado la Selección Final —dijo —Pero esperaremos media hora, por si llegan más aspirantes.
Kanao y Sumiko asintieron y se retiraron a un lado a esperar.
Poco a poco fue llegando más gente al claro. Sumiko reconoció a varios de ellos de vista. Recordaba perfectamente al chico con la cabeza de jabalí y a uno rubio que no había parado de llorar durante toda la explicación.
Un rato después, llegaron dos chicos más. Uno alto, con el pelo negro rapado a los lados y un sempiterno ceño fruncido. El otro, también con cara de malas pulgas, tenía el pelo corto, oscuro.
De momento eran seis, pensó Sumiko. Habrían sobrevivido más, ¿verdad? El día de inicio se habían juntado unas cincuenta personas. Además, se suponía que habían recibido el mismo entrenamiento, ¿no?
Se mordió nerviosa el labio, al recordar los diez cadáveres que vio cuando se enfrentaron al demonio de las manos. Descontando a los ya presentes, sólo faltaban treinta y cuatro por aparecer.
Miró a su amiga, Kanao seguía manteniendo ese tan inexpresivo característico de ella. A veces Sumiko pensaba que le era indiferente todo eso, quería creer que se equivocaba, pero no estaba tan segura ya.
Se relajó algo cuando vio aparecer a cuatro chicos más, pero, después de ellos, no llegó nadie más.
Once, de los cincuenta que habían entrado, sólo habían salido esos. Menos de la mitad.
—Parece que ya estamos todos —dijo la niña de pelo claro, atrayendo la atención de los presentes.
—Enhorabuena a los que habéis superado la Selección Final —continuó hablando la morena —.A partir de hoy formáis parte del Cuerpo de Cazadores de demonios.
—Hay un total de diez rangos —explicó la otra chica —.Los iremos nombrando del más bajo al más alto.
—Mizunoto.
—Mizunoe.
—Kanoto.
—Kanoe.
—Tschinoto.
—Tsuchinoe.
—Hinoto.
—Hinoe.
—Kinoto.
—Kinoe —terminó de enumerar la niña morena —.Por encima de este rango se encuentran los Pilares, pero para poder ascender a este rango, deberéis haber acabado con una de las doce Lunas Demoníacas, los subordinados directos de Muzan Kibutsuji o haber exterminado a un total de cien demonios.
La chica de pelo claro se acercó entonces a una mesa en la que había una serie de piedras de color negruzco.
—Venid, por favor —les pidió —.Estos son los minerales escarlatas obtenidos de la montaña más cercana al Sol y se utilizarán para forjar vuestras katanas. Cada uno de vosotros debe elegir uno.
Los once obedecieron y dedicaron los siguientes minutos a inspeccionar cada pieza. Kanao se decidió rápido por un trozo de mediano tamaño y, Sumiko, confiando en que tuviera alguna razón concreta para eso, agarró otro de similar tamaño.
— ¿Esa es vuestra elección? —preguntó la chica rubia, cuando vio que todos escogían por fin.
Los once jóvenes asintieron y las dejaron donde les indicaron.
—A cada uno de vosotros se os asignará un cuervo— prosiguió hablando la chica morena —.Será a través de ellos que se os adjudicarán las misiones. También informarán sobre vuestro desempeño al patrón, el líder de esta organización militar.
Casi como si hubieran estado esperando ese momento, una bandada de cuervos descendió sobre el claro y se posaron en los hombros de los nuevos reclutas.
—Podréis ponerle el nombre que queráis— añadió la otra chica cuando volvieron a prestarles atención —.Por último, cuando salgáis de aquí, habrá un grupo de la facción de los ocultos, que se encargarán de tomar vuestras medidas para confeccionar vuestros uniformes.
—Deberíais tener todo listo en una quincena— sentenció la morena, dando por finalizada la conversación.
Kanao sonrió un poco cuando la Mansión de las Mariposas apareció en la distancia. Casi habían llegado a casa, pensó, contenta. Estaba anocheciendo ya y se podían ver algunas luces encendidas.
Aunque sólo hubiera estado fuera una semana, había echado de menos a las demás. Miró de reojo a Sumiko, quien parecía tener también bastantes ganas de llegar. Pero estaban demasiado exhaustas como para ir más rápido.
Llegar hasta la mansión les llevó una media hora y, nada más verlas, Aoi, que había estado limpiando la entrada, dejó caer la escoba y corrió a abrazarlas.
Lloraba un poco, mientras sonreía, feliz de verlas sanas y salvas. Sumiko respondió enseguida a ese gesto, pero Kanao vaciló un poco, pero terminó por hacerlo también.
—Debéis estar cansadas —murmuró Aoi, separándose, por fin, y mirando a las dos-Vamos adentro, avisaré al resto.
Las dejó solas en la entrada mientras corría a buscar al resto. Pero, apenas se fue, oyeron pasos apresurados y, en el fondo del pasillo, apareció Nezuko, quien, al ver a su hermana, corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.
Sumiko hizo una mueca de dolor, su hermana pequeña era más fuerte de lo que aparentaba y le estaba haciendo algo de daño. Aunque eso no era lo más importante, por fin Nezuko estaba despierta.
— Nezuko… —murmuró mientras lágrimas acudían a sus ojos. Había estado tan preocupada por ella…
La demonio se separó de ella y la miró, también estaba llorando-Te eché de menos, cuando me desperté y no estabas me preocupé mucho-admitió.
—¡Kamado! ¡Tsuyuri! —gritó Rengoku, viniendo del mismo sitio que Nezuko —¡Habéis pasado la Selección Final! ¡Enhorabuena!
Shinobu salió de la enfermería y se acercó a las dos chicas-Enhorabuena-les dijo, sonriendo contenta y abrazó a Kanao, contenta de su éxito. Aunque lo primero era lo primero. Quería ver si tenían alguna herida o lesión, así que las hizo pasar a la enfermería.
Nezuko las siguió y se quedó en la puerta, atenta a Shinobu cuando empezó a revisar a su hermana.
—Parece que no tenéis nada más que algún rasguño sin importancia —comentó aliviada —.Pero os vendría bien tomar un baño relajante y una buena noche de sueño —aconsejó —¿Tenéis hambre?
—No, la verdad es que no —respondió Kanao. Se habían comido entre las dos la última fiambrera que Rengoku le preparó a Sumiko hacía cosa de una hora.
—Perfecto— murmuró Shinobu. Ya celebrarían como se merecía el éxito de ambas mañana, cuando estuvieran más descansadas. Aunque, Shinobu miró de reojo a la puerta, posiblemente tuvieran que esperar a la noche para hacerlo, por no dejar fuera de eso a Nezuko Kamado.
Nezuko suspiró un poco, Sumiko había caído dormida enseguida, a los pocos segundos de tumbarse su respiración se había vuelto más relajada.
La demonio se acercó hasta la cama y, con su mano izquierda, acarició una de las mejillas de la joven.
—No te perderé —susurró. Tenía que dar con la manera de volverse más fuerte, aunque era consciente de que a Rengoku no le iba a hacer ninguna gracia aquello, a juzgar por su reacción cuando lo sugirió, pero no le importaba. Se sentó en la única silla que había en el cuarto, tenía intención de quedarse al lado de Sumiko hasta que comenzase a despuntar el día.
Le habría gustado poder hablar a solas con su hermana, pero no se había atrevido a decirlo al ver lo agotada que estaba.
Sonrió un poco, lo importante era que volvían a estar juntas. Nezuko no pensaba volver a dejarla sola de nuevo.
Se asomó por la ventana y frunció algo el ceño al contemplar los árboles en flor que rodeaban la mansión. No le afectaban demasiado, pero su presencia ahí le provocaba cierta urticaria y procuraba evitarlos.
Los siguientes quince días transcurrieron despacio. Al amanecer del décimo quinto día, llegaron dos hombres que llevaban máscaras cubriendo sus rostros. Cada uno portaba un paquete alargado envuelto en tela azul.
—¿Viven aquí Kanao Tsuyuri y Sumiko Kamado?— preguntó uno de ellos, el más bajito.
— Sí, así es —dijo Shinobu, que había salido a recibirlos —.Pasad, por favor.
Los tres fueron a la sala donde recibían a las visitas. Allí estaban las dos chicas y Rengoku, sentados, esperando.
Los dos hombres se sentaron frente a ellas y comenzaron a retirar la tela de los paquetes.
—Os hemos forjado a cada una vuestra katana nichirinto —explicó uno de ellos y procedió a contar su proceso de fabricación con todo lujo de detalles.
—¿Podéis desenvainarlas? —pidió el otro —.Su filo debería cambiar de color.
Rengoku se tensó al oír aquello y miró preocupado a su pupila. Sumiko acababa de obedecer y miraba expectante el filo.
Este, desde la empuñadura hasta el filo, comenzó a tornarse de un color negro, mientras que el de Kanao, se volvió rosa pálido. Rengoku suspiró aliviado.
—¿¡Negra!?— Aunque el herrero que le había dado a Sumiko su arma no parecía contento en absoluto —¡Yo quería ver un filo rojo! —gritó y procedió a reñir a la joven por no haberle proporcionado aquella satisfacción.
—Oh, vamos, Haganezuka— intervino Shinobu— Sabes que el color de la katana no depende de ella completamente.
Rengoku se mordió el labio, aunque eso era cierto, sí que dependía de quien la empuñaba por primera vez que el filo cambiase de color. Muchos, aunque pasasen la Selección Final, al no conseguir eso, eran considerados fracasados.
Shinobu trató de hacer que se quedasen a tomar algo de té, que había preparado, pero ambos herreros se excusaron, alegando la necesidad de volver a su aldea antes de la caída de la noche.
—Bueno, pues nada —dijo la mujer, acompañándoles hasta la salida.
Sumiko se miraba preocupada en el espejo. Horas después de que se fueran los dos herreros, habían llegado sus uniformes y las dos habían ido a probárselos.
Pero, nada más ponerse el suyo, habían empezado los problemas. No era capaz de abotonarse la chaqueta, lo que dejaba prácticamente todo su pecho y el estómago al descubierto. Por si fuera poco, la falda era demasiado corta y, por poco no se le veía más de la cuenta.
—¿Aún no has terminado de cambiarte, Kamado? —Para empeorar aún más todo eso, Rengoku estaba esperando fuera de la habitación para poder verla con el uniforme puesto.
Algo azorada, abrió la puerta y se asomó, buscando con la mirada a Shinobu, pues, según había observado, su uniforme no era así, así que, ¿sería algún tipo de error?
Rengoku la miró sorprendido. Aunque no tardó en desviar la mirada —¡Creo que te queda pequeño! —No podía evitar ser completamente honesto al respecto.-¡Han debido tomar mal tus medidas!
—Así que a ti también te lo han dado así, ¿eh, Kamado? —preguntó Shinobu, saliendo del cuarto dónde se había estado cambiando Kanao —.Ponte tu ropa y ven luego conmigo. Tenemos que solucionar ese pequeño problema.
La chica asintió y, rápidamente, volvió a entrar en el cuarto y se vistió con el kimono que había estado llevando antes. Dobló el uniforme y salió. Fuera estaba, de nuevo, sólo Rengoku.
— ¡Kocho ha ido a por unas cerillas y aceite! ¡Me ha pedido que te diga que la esperes aquí!
¿Cerillas y aceite? ¿Para qué necesitaban eso?, se preguntó confusa Sumiko, sin entender.
Maeda, el hombre que se encargaba de la confección de los uniformes, miraba asustado la pila de estos que ardía ante una sonriente Shinobu.
—Maeda, dime una cosa, ¿cuántas veces van que no me ha quedado otra opción que hacer esto? —preguntó la menuda mujer con falsa dulzura.
—Pues…creo que con esta, ya van…¿seis? —murmuró, tratando de no temblar, pero la presencia de la Pilar de los Insectos era intimidante.
—Espero que los siguientes que envíes sean como deben ser, Maeda.
Kanao y Sumiko observaban todo eso sin intervenir, demasiado sorprendidas como para decir algo. Ninguna de las dos había visto antes esa faceta de la mujer.
—¡P-Por supuesto!
—Bueno, pues con todo arreglado, nosotras nos vamos ya, ¿vale? —dijo Shinobu, dándose la vuelta y haciendo un gesto a las dos para que la siguieran —.Espero que lleguen pronto a la Mansión de las Mariposas, ¿entendido?
—¡Sí! ¡En menos de una semana los tendré listos!
Bueno, y hasta aquí es el tercer capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.
Así que, nos vemos el mes que viene con el cuarto capítulo.
¡Hasta la vista!
