Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.

Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.

Este es el último capítulo que publicaré este año, me quiero tomar un breve descanso estas Navidades, así que volveré a subir capítulos a partir del día siete u ocho de enero.


Muzan cerró el libro que había estado leyendo, estaba visiblemente molesto en ese momento. Había ido a la biblioteca de aquella ciudad, Asakusa, esperando poder encontrar la información que necesitaba.

¿Cómo podía ser tan difícil dar con una simple flor? ¿En qué se había equivocado para no haber dado con ella en un milenio? Algo tenía que estar haciendo mal, por mucho que se negase a admitirlo en voz alta.

Eso no era lo único que le preocupaba, mantenía cierto control sobre todos los demonios que había creado y había notado cómo uno de estos, Nezuko Kamado, había sido capaz de escapar de su control.

Frunció el ceño al recordar eso, hacía más de tres siglos desde que algo así había pasado. Creía haber tomado medidas para que algo así no volviera a repetirse, pero estaba claro que no bastaba con eso. Pero primero tenía que entender cómo lograban aquello.

Dejó el libro en la estantería y se giró hacia la ventana, clavando la mirada en el demonio que estaba arrodillado, mirando al suelo.

—¿Estás seguro de eso, Kokushibo? —preguntó.

—Sí, aparte de Nezuko Kamado, queda otro miembro de esa estirpe con vida —reiteró el demonio de seis ojos —.La hija mayor de la familia, Sumiko Kamado.

—Ya veo. —Muzan frunció aún más el ceño. Fracasos, últimamente no había ocurrido otra cosa.

—Puedo encargarme de ellas, si así lo desea, mi señor —sugirió su vasallo inmediatamente.

Muzan pensó detenidamente qué responder a eso. No dudaba de las habilidades del demonio que ocupaba el primer puesto dentro de sus Lunas Superiores. Pero estaba convencido de que, o al menos tenía la intuición, esas dos serían clave para su meta, conquistar el Sol. Una vez consiguiera eso, sería completamente invencible.

—No, por ahora no— decidió. No quería precipitarse, sabía que eso le llevaría a cometer un error, otra vez.

Kokushibo asintió enseguida, pero no alzó la cabeza.

—¿Qué opinas al respecto? —preguntó Muzan, centrando toda su atención en su subordinado, quien tragó saliva al captar el tono amenazante empleado por el otro.

—Aún es pronto para sacar conclusiones —dijo, vacilante. No habían confirmado aún que esas dos fueran una amenaza. Aunque era preocupante lo logrado por Nezuko Kamado, era pronto para sacar conclusiones.

Muzan gruñó un poco —.Puedes retirarte, sigue con lo que te ordené, es muy importante que las tengamos localizadas.


Kyojuro sonreía contento, por fin tenía listo lo que quería regalarle a Sumiko por haber superado la Selección Final. Había encargado a un herrero de confianza que le hiciera una guardamano para una katana.

Observó el resultado. Era de color negro, del mismo tono que su arma, y, al Pilar de las Llamas, le recordaba la rueda de una carreta, tenía forma circular, con líneas que lo conectaban a su núcleo.

Esperaba que le gustase el detalle, pensó mientras se lo guardaba y salía del local tras pagar lo acordado.

Tenía que darse prisa para dárselo, no sería extraño que pronto la empezasen a llamar para cumplir misiones. El Cuerpo llevaba tiempo sufriendo una escasez de miembros, muchos morían enseguida y no era fácil cubrir todas esas bajas.

Otros Pilares se quejaban del bajo nivel de los reclutas y estaban seguros de que cada vez se exigía menos. También era cierto que muchos de los nuevos simplemente renunciaban debido a los duros entrenamientos. Si la cosa seguía así, sería cuestión de tiempo que el Cuerpo terminase por desaparecer, aunque tampoco era que pudieran bajar el nivel de la dureza de la preparación.

Trató de alejar esos pensamientos de su cabeza, no era bueno ponerse a dar vueltas a algo así ahora. Se esforzó en sonreír y continuó su camino. La Mansión de las Mariposas no quedaba demasiado lejos de dónde se encontraba, unos quince minutos andando con calma.

Mientras recorría el camino, Kyojuro se iba fijando en la gente con la que se cruzaba. Envidiaba la tranquilidad y despreocupación que percibía, posiblemente ninguno de ellos hubiera oído hablar de los demonios y tuvieran aún la oportunidad de vivir sin miedo. La ignorancia era una bendición en su caso, pensó el joven hombre.

Parte de él deseaba que siguieran así, sin saber nada, pero, al mismo tiempo, no podía evitar que eso mismo le generase cierto malestar, todos las noches miembros del Cuerpo arriesgaban su vida por protegerlos y ellos jamás lo sabrían.

Aunque se trataba de una organización reconocida y mantenida por el gobierno, su existencia permanecía oculta a la población. A excepción de la policía, con quienes, en más de una ocasión, habían tenido la necesidad de colaborar. Además de que, por órdenes directas del gobierno, tenían la obligación de informar al Cuerpo si sospechaban de actividad demoníaca en alguna ciudad.

Y era algo que, hasta ese momento, había funcionado bastante bien, se dijo Kyojuro, mientras abandonaba por fin el pequeño pueblo y comenzaba el ascenso de la colina dónde estaba la mansión.


Shinobu suspiró, hastiada, la paciencia se le estaba agotando, tener de paciente a uno de los Pilares siempre suponía trabajo extra. Pero, si se trataba de Shinazugawa, necesitaba aún más.

—Shinazugawa, deberías dejar que te cosiera esa herida. —Para colmo tenía que encargarse ella, pues las otras chicas no se atrevían a acercarse.

El hombre la miró ceñudo. Tenía una herida abierta en el abdomen, aunque ya se la había tratado él, más o menos, pero aún así había que curarla en condiciones.

—No es nada, he tenido heridas peores —replicó —Además, ya no sangra.

—Se te puede infectar —trató de convencerle ella. No iba a tirar la toalla aún, aunque llevasen ya un rato con eso y la conversación no progresase.

Él le sostuvo la mirada, ninguno de los dos estaba demasiado dispuesto a dar su brazo a torcer, ambos eran bastante tercos cuando se lo proponían. Hasta que uno rompió primero el contacto visual.

—¿Si me la coses me dejarás de dar el coñazo? —preguntó Shinazugawa, de mal talante, aunque la mujer no se inmutó. Sonrió y se puso enseguida a trabajar, cuanto antes acabase, más pronto se iría él.

Casi había terminado con eso cuando su paciente volvió a hablar— ¿Qué opinas de lo que se habló en la última reunión?

Shinobu, que había estado cogiendo el equipo médico necesario, se detuvo y le miró —¿De lo de la chica demonio? —preguntó, haciéndose un poco la tonta.

—Kocho, sabes de sobra que me refiero a eso. —El malhumor de Shinazugawa había vuelto, más fuerte que antes.

—Si hay un demonio que puede llevarse bien con los humanos y no se ha comido a ninguno, eso significa que podemos ser amigas— respondió, de manera casi mecánica la mujer, como si recitase algo aprendido de memoria.

Shinazugawa guardó silencio y la observó, atento durante un par de minutos—. No existen demonios así, deberíamos matarla.

— Shinazugawa…no me digas que vas a desobedecer al patrón… —fingiendo estar horrorizada, se llevó la mano a la boca, manteniendo los ojos muy abiertos. Sabía de sobra que esa era la debilidad del Pilar del Viento.

El hombre apretó los dientes. Cierto era que Ubuyashiki había sido muy claro al respecto, pero…permitir que un demonio viviera iba contra la naturaleza del Cuerpo de Cazadores.

Consciente de que su artimaña había surtido efecto, Sanemi jamás desobedecería una orden procedente del patrón, Shinobu procedió a coser y vendar la herida mientras sonreía un poco.

— Bueno, pues ya está —anunció, apartándose de él.

Sanemi se levantó de la cama en la que había estado tumbado y, sin dar siquiera las gracias, salió de la enfermería.

—Deberías esperar unos días antes de empezar a matar demonios —dijo la mujer, lo suficientemente alto como para que él la oyese.


Sumiko cargaba sin esfuerzo con la cesta de la ropa, había estado ayudando a las tres chicas pequeñas que se dedicaban, junto a Aoi, a encargarse del mantenimiento de la mansión y de los heridos.

Eran bastante agradables, pensó Sumiko, quien no podía evitar recordar a sus hermanos pequeños. Al pensar en ellos, sin darse cuenta, comenzó a llorar en silencio. Si tan sólo hubiera estado aquella noche…Se limpió las lágrimas deprisa, no era momento de llorar, se dijo a sí misma. Nezuko la necesitaba y debía ser fuerte.

Dando vueltas a eso no vio que un hombre venía por el pasillo y, al no estar pendiente, chocaron.

— ¡Lo siento mucho! —se disculpó ella de inmediato.

—¡Mira por dónde vas! —gritó el otro, de mal talante y continuando su camino, sin apenas prestarle atención.

Sumiko arrugó algo la nariz, aunque no lo había hecho queriendo, había captado algo del olor de ese hombre. Percibiendo con claridad sus emociones. Ira y odio, exactamente igual que en el caso de Shinobu Kocho, pero mucho más intensos.

Sintiéndose algo mareada por el penetrante olor apresuró el paso para irse cuanto antes. Fue a la habitación dónde guardaban las cosas de la colada y dejó el cesto en su sitio.

Salió y cerró la puerta, por el momento, hasta que no tuviera una misión, no tenía nada mejor que hacer y prefería mantenerse ocupada con cosas así, mundanas.

Emprendió el camino hacia el dormitorio de su hermana y, tras tocar dos veces la puerta, señal que habían acordado ambas previamente, entró.

— Nezuko, ¿cómo estás? —preguntó la mayor, acercándose.

La demonio sonrió y la miró —.Algo aburrida, ya sabes que no puedo salir.

Sumiko hizo una mueca al oír eso, no sólo era de día, si no que las otras chicas no se sentían cómodas si Nezuko andaba rondando por la casa, aunque Shinobu estuviera presente. Y, realmente, no se les podía culpar al respecto, pensó la joven cazadora.

—Yo…lo siento— murmuró lo primero que se le ocurrió pero Nezuko negó con vehemencia.

—No te disculpes por algo que no es culpa tuya.

—Ya lo sé, pero… —comenzó a decir, pero fue interrumpida de nuevo.

—Nada de peros. Tú no tienes nada que ver con cómo se sienten ellas

Sumiko asintió, no demasiado convencida —.No creo que tarden en adjudicarme una misión —reconoció, para cambiar de tema.

— ¿Ya te dieron el uniforme arreglado?

— Sí, ya lo tengo.

—¿Sin cosas raras esta vez?

—Eso creo, ahora después me lo pondré —comentó la chica —Nezuko…¿no crees que sería mejor que te quedases aquí?-Sumiko llevaba días pensando eso, no quería que su hermana corriera peligro. Su deber como la mayor era protegerla.

—No, ni se te ocurra dejarme aquí— siseó Nezuko, cabreada —Voy a ir contigo, siempre.

—Nezuko… —Sumiko trató de pensar deprisa qué decir para convencerla.

—Para empezar, no sabes qué aspecto tiene el que mató a nuestra familia —rebatió la menor enseguida.

—Conozco su olor.

—¿Y? Eso, con algo de perfume es posible camuflarlo —señaló Nezuko, seria.

Sumiko suspiró, su hermana no parecía dispuesta a cambiar de opinión y, si seguía insistiendo, sólo terminarían discutiendo y enfadándose.


Rengoku saludó con entusiasmo a Sanemi cuando los dos se cruzaron en la puerta de entrada a la mansión.

—Sal del medio—replicó tajante el Pilar del Viento, encontrando detestable en ese momento el buen humor del otro.

Kyojuro, bastante acostumbrado ya al mal humor continuo y a esa clase de respuestas por parte de Sanemi, se apartó sin decir nada, no era buena idea provocarlo más de la cuenta, la última vez que lo hizo, el Pilar del Viento había tratado de iniciar una pelea.

—¡Nos vemos en la siguiente reunión!

Sanemi no respondió y se marchó a toda prisa. Rengoku no le dio la más mínima importancia y entró en la mansión, tenía que buscar a Sumiko.

La encontró, minutos después, en la habitación con el uniforme ya puesto. La chica sostenía la katana enfundada, observó.

—¡Te queda muy bien el uniforme!— dijo, sobresaltando a la chica, aunque no se dio cuenta de eso —¡Te he traído un regalo! Por haber superado la Selección Final.

Sumiko cogió la guarnición que le tendía y, ante la mirada del hombre, lo colocó en su katana.

— ¡Muchas gracias, Rengoku! —agradeció la joven, sonriendo ligeramente. Le había gustado mucho y no se lo había esperado aquel detalle por su parte.

— Si ya tienes todo listo deberíamos irnos. —Aunque ahora Sumiko comenzase a recibir misiones, seguía siendo su aprendiz y debía acompañarlo.

—Voy a buscar a Nezuko —dijo ella y se marchó del cuarto deprisa.


Llevaban casi una semana fuera, cuando Sumiko recibió su primera misión. En un pueblo que estaba a varios días de dónde se encontraban, habían estado desapareciendo chicas jóvenes cada noche desde hacía casi dos meses.

Más de un Cazador había sido enviado a hacerse cargo de eso, pero, de los seis enviados, ninguno había vuelto con vida.

—¡Bueno, pues vamos hacia allá!— comentó con entusiasmo Rengoku, mientras el cuervo de la joven, quien le había notificado la misión, se posaba en el hombro izquierdo de ella.

La chica asintió, tratando de ocultar el nerviosismo que sentía, plenamente consciente por fin de lo que todo eso implicaba. Miró de reojo a su maestro, contaba con que, si la cosa se ponía fea, él intervendría.

—Es posible que se trate de un demonio que posea alguna técnica de sangre —comentó Kyojuro. Se trataba de demonios con una habilidad especial, más fuertes que los corrientes.

Sumiko tragó saliva, aún más nerviosa que antes, aunque había matado ya a varios demonios, aún no se había topado con uno que poseyera ese tipo de habilidad.

Cuando, sin previo aviso, Kyojuro comenzó a correr en dirección al pueblo, la chica gruñó un poco y trató de seguirle. Aunque, gracias al tiempo que llevaba practicando con la respiración, era más o menos capaz de seguirle el ritmo, ya no le perdía de vista, no podía aún igualar la velocidad que el Pilar de las Llamas alcanzaba.

Comenzó a correr detrás de él, consciente de que Rengoku no iba a esperarla, además del hecho de que, cuánto más tardasen en llegar, más víctimas habría.

Recorrían las calles del pueblo, habían llegado de noche, y, Nezuko, ni bien se hubo ocultado el Sol, había salido de la cesta. Avanzaba al lado de su hermana y estaban buscando por el lugar cualquier señal de la presencia del demonio.

Llevaban ya un rato y seguían sin tener demasiada suerte, al menos, hasta que al pasar por una de las calles, tanto Nezuko como Sumiko se detuvieron bruscamente.

— Huele a podrido…— murmuró Sumiko cuando Rengoku las miró sin entender.

—A demonio —la corrigió enseguida Nezuko, era un olor leve, pero ahí estaba.

— ¿Por dónde? —preguntó serio Rengoku, confiaba en el agudo olfato de su discípula.

Las dos jóvenes echaron a correr con el Pilar siguiéndolas de cerca, hasta llegar a otra calle, en la que volvieron a detenerse y miraron confusas a su alrededor. El olor era más fuerte ahí, pero no veían nada.

—El rastro se corta ahí —dijo Nezuko, señalando un punto concreto del suelo, que estaba ligeramente más oscuro que el resto.

— Pero huele a humano también —añadió, preocupada, Sumiko mientras Rengoku avanzaba hacia ese punto y, sin vacilar, hundía su katana ahí.

Se oyó un grito y, segundos después, una chica joven se asomó desde el suelo. Tenía el rostro desencajado por el terror, aunque, a primera vista, no parecía herida. Rengoku tiró de ella hacia arriba y la sacó, dando un salto hacia atrás con ella en brazos, apartándose de ahí rápidamente.

Sumiko desenvainó su katana y centró la mirada en el punto del que había salido la chica. El demonio podría salir en cualquier momento, pensó con evidente nerviosismo.

Rengoku la observó de reojo, no pensaba intervenir más, a partir de ese punto tendría ella que apañárselas. Encargarse él del demonio sería contraproducente en ese caso.

En ese momento, del suelo, detrás de dónde estaba Sumiko, emergió el demonio y, trató de arañar a la joven por la espalda, pero, antes de poder siquiera tocarla, Nezuko, que había estado pendiente, le propinó una patada, arrancando sin ningún problema esa extremidad.

El demonio siseó molesto y miró a su atacante, durante unos segundos su expresión fue de sorpresa y desconcierto, aunque enseguida fue reemplazada por una de rabia.

Se trataba de un demonio de piel verdosa, con tres pequeños cuernos en la frente. Tenía los ojos completamente rojos, careciendo de pupila e iris. Vestía como un ninja y tenía el pelo largo, oscuro, de tono violáceo.

— ¿Qué haces protegiendo a esos humanos? —preguntó, interpelando a Nezuko, quien, en lugar de responder, se lanzó directa a por él, obligando al otro a esquivarla y a esconderse de nuevo bajo el suelo.

Nezuko, sin perder tiempo, regresó de nuevo al lado de su hermana. Las dos se mantenían alerta, mirando a su alrededor, esperando ser atacadas de nuevo. Ambas chicas estaban tensas, conscientes de que podían ser atacadas por cualquier lado.

En ese momento, una mano de tono verdoso, del demonio, surgió del suelo y agarró a Sumiko del tobillo, llevándosela consigo hacia abajo.

Cuando Nezuko trató de agarrar a su hermana de la mano antes de que se hundiera del todo, de la pared que estaba cerca de ella, salió otro demonio y, con una de sus garras, arañó su rostro, dando de lleno en sus ojos y cegándola, haciendo a la joven demonio gritar de dolor.

Nezuko dio, a tientas, varios pasos hacia atrás. Iba a tener que orientarse con el oído y el olfato mientras se le regeneraban los ojos. Eso le provocaba cierto agobio, aunque sus sentidos fueran mucho más agudos, nunca se había visto en esa situación.


Sumiko contenía la respiración como podía. Ese demonio la había arrastrado hasta una especie de pantano y, con el agua de un tono marrón que la rodeaba, apenas podía ver a su alrededor.

Tenía que salir cuánto antes a la superficie, no aguantaría mucho tiempo sin respirar. Comenzó a nadar hacia arriba todo lo deprisa que podía.

Oyó el sonido de alguien acercándose a toda velocidad hacia ella y, antes de poder reaccionar, apenas veía y el peso añadido de la ropa mojada y la katana dificultaban sus movimientos, el demonio la arañó en el costado. La tela de la chaqueta del uniforme se rasgó con facilidad y, de las heridas provocadas, brotó sangre enseguida.

Reprimiendo una mueca de dolor, la joven siguió intentando alcanzar la superficie, más consciente aún de que estaba en desventaja. Cuando oyó que volvía a por ella, trató de defenderse con su arma, pero apenas fue capaz de blandirla en condiciones, ocasionando sólo una herida leve a su atacante.

Apretó los dientes, en esas circunstancias no podía hacer gran cosa, aprovechando los escasos segundos que había sido capaz de comprar, siguió nadando hacia arriba, esperando poder llegar al exterior.

El demonio, que se dio cuenta de eso rápido, chasqueó los dedos de la mano izquierda, haciendo que esa abertura se cerrase. Sonrió divertido, iba a disfrutar viendo cómo esa humana se quedaba sin aire y moría, ver la desesperación en su mirada, una vez aceptase que no tenía escapatoria sería de lo más gratificante. Se relamió los labios, pensando en el festín que se daría en breve.


Rengoku dejó con cuidado a la chica en el suelo. La situación se estaba complicando más de lo que le gustaba, y, aunque se había prometido no intervenir, en esas circunstancias, no le iba a quedar otro remedio.

No se trataba de uno especialmente poderoso, pero su técnica de sangre era un problema y Sumiko llevaba demasiado tiempo sumergida.

Desenvainó su espada y se preparó para intervenir.

Nezuko luchaba cuerpo a cuerpo contra el demonio que estaba en la superficie, cortando cualquier posibilidad de este de sumergirse en el pantano. Sus ojos ya habían sanado, así que, por fin, podía luchar a pleno rendimiento de nuevo.

Su enemigo, sintiéndose abrumado, puso ambas manos en el suelo y creó otra entrada al pantano, con clara intención de sumergirse, pero, antes de poder hacerlo, Rengoku, que había avanzado a toda velocidad hacia él, le cortó la cabeza de un tajo certero.

—Voy a ir a por tu hermana —le indicó a Nezuko y, sin esperar respuesta de ella, se sumergió en el pantano sin pensarlo dos veces.

Nada más estar bajo el agua buscó con la mirada a su pupila. La vio defendiéndose como podía de dos demonios. Uno era el que la había arrastrado hasta ahí y el otro, aunque de aspecto casi idéntico, tenía dos cuernos.

Nadó hacia ahí todo lo deprisa que pudo al ver el estado en el que se encontraba la joven. Tenía varios cortes en el rostro y en el cuerpo, aunque no parecían demasiado graves, al menos. Cuando vio que ella cerraba los ojos y perdía el conocimiento, aceleró, pues los dos demonios también se habían percatado.

Cortar a ambos la cabeza fue fácil para Kyojuro, quien ni se molestó en usar una de las posturas de su respiración para ello. Agarró a Sumiko y comenzó a nadar deprisa hacia la superficie.


Nezuko observaba paralizada como Rengoku trataba de reanimar a su hermana. La demonio no sabía qué hacer, no parecía que pudiera hacer algo, pensó, mientras observaba a Kyojuro hacer, lo que él había llamado, un masaje cardiopulmonar. Lo único que, en esa situación podría salvarla, Nezuko deseaba que funcionase, no podía perderla a ella también.

Tanto prometerse a sí misma que la protegería y, a las primeras de cambio, se veía completamente fallaba, se dijo con rabia Nezuko, era demasiado débil, quedaba claro que tenía que encontrar la manera de ser fuerte, con su nivel actual no era suficiente.

Apretó los puños, aunque se relajó algo cuando su hermana, por fin, comenzó a reaccionar y escupió el agua que había tragado mientras tosía con fuerza. Sin dar tiempo al Pilar a decir algo, lo apartó con más fuerza de la que pretendía y abrazó a su hermana.

Lloraba, sin importarle que, su ropa se estuviera quedando empapada al igual que la de su hermana.

Rengoku, que apenas se había inmutado por el empujón, se acercó a ambas. Abrazó a ambas, aliviado de haber conseguido salvar a su aprendiz. Por un momento llegó a creer que no iba a salir adelante.


Kokushibo observaba todo lo que ocurría desde el tejado de un edificio cercano. Siguiendo las órdenes de su señor, había continuado pendiente de esas dos.

El demonio fruncía algo el ceño. A juzgar por su fuerza, Nezuko Kamado había recibido, al igual que él en su momento, una enorme cantidad de sangre. Era curioso, aunque la cantidad de sangre influía en el potencial de un demonio, al no haberse alimentado de ningún humano, debía estar bastante débil.

Iba a ser interesante, pensó la Primera Luna Superior. Tendría que contarle a su señor lo que había visto, quizá pudieran sacar provecho de eso.


Bueno, y hasta aquí es el cuarto capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.

Así que, nos vemos el mes que viene con el quinto capítulo.

¡Hasta la vista! ¡FELICES FIESTAS!