Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.
Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.
Los últimos acontecimientos habían obligado a Ubuyashiki a organizar una reunión de emergencia con los Pilares. La aparición de Kibutsuji después de más de tres siglos dándoles esquinazo era una oportunidad que el cabeza de los Cazadores de Demonios no pensaba dejar escapar.
No tenían indicios de que volviera a aparecer, y le preocupaba el interés que había mostrado en las dos hermanas, aunque no era que le pillase de sorpresa. Apretó algo los labios, serio y, con ayuda de sus dos hijas mayores, continuó avanzando hacia la habitación dónde tendría lugar la reunión.
Allí estaban esperando ya los nueve Pilares y las dos aprendices que se habían topado con el rey de los demonios. Quería escuchar en persona lo que tuvieran que contar.
Nada más verle, los once se arrodillaron y miraron al suelo mientras él avanzaba hasta detenerse delante de ellos y, con ayuda de Nichika, una de sus hijas, se sentaba en el cojín rojo que estaba ahí. Cada vez dependía más de su familia para moverse, y, aunque el hecho de que su enemigo por fin hubiera aparecido, dudaba que fuera a verle derrotado, la enfermedad acabaría con su vida antes de eso.
—Buenas tardes, mis queridos Pilares —saludó con una ligera sonrisa —.Hoy debe hacer un día precioso.
—Nos alegramos de verle, patrón —respondió enseguida Shinobu. Solamente el hecho de que estuviera ahí, ante ellos, era un alivio. Las marcas de descomposición de su rostro lo cubrían casi por completo ya, aunque ninguno de los presentes tendría jamás la osadía de señalar verbalmente aquello.
—¿A qué se debe esta reunión, mi patrón? —intervino Sanemi, dando voz a la incógnita que poblaba la mente de la mayoría de los Pilares —¿Y por qué están esas dos aquí?
Ubuyashiki, sin inmutarse, giró la cabeza en dirección a la voz del Pilar del Viento —.Sumiko Kamado y Kanao Tsuyuri se encontraron con Muzan Kibutsuji durante su última misión, en la ciudad de Asakusa.
Esa declaración hizo que la atención de siete de los nueve Pilares se centrase en las dos jóvenes y comenzase un aluvión de preguntas.
—¿¡Qué aspecto tiene!? —preguntó Uzui, que era el que más cerca estaba de las dos.
—¿Qué hacía ahí?
—¿¡Cuáles son sus poderes!?
—¿Llegasteis a luchar?
Todos parecían querer preguntar algo y el silencio de las chicas les comenzaba a molestar, lo que incrementaba su insistencia por conocer la respuesta.
—¿¡Pero queréis responder de una vez!? —El primero en perder la paciencia fue Shinazugawa. Fue en ese momento que el patrón decidió intervenir y poner fin a ese interrogatorio. Con sólo poner un dedo de la mano derecha ante sus labios bastó.
Kanao observó eso con sorpresa, conocía a los Pilares de las veces que habían pasado por la Mansión de las Mariposas, pero era la primera vez que veía que algo tan simple fuera suficiente para apaciguarlos. Miró con respeto al líder de los cazadores de demonios, sin duda debía ser una gran persona para conseguir algo así.
—¿Podéis explicarnos qué pasó? —preguntó Kagaya con amabilidad.
Sumiko, tras intercambiar una rápida mirada con su amiga, comenzó a contar todo lo que había ocurrido aquella noche, procurando no dejar ningún detalle.
—O sea, que pese a tenerlo delante, no hicisteis nada —comentó Sanemi, irritado, aunque no era el único que se sentía así.
—¿Qué querías que hicieran? —quiso saber Shinobu, aunque seguía sonriendo un poco, su tono de voz denotaba que estaba de malhumorada.
—Pues, ¿tú qué crees? —Sanemi la miró molesto por esa pregunta tan absurda.
—Habría sido un suicidio —argumentó la Pilar de los Insectos. Agradecía de corazón que Kanao siguiera con vida, si perdía a alguien más no sabía de lo que sería capaz de hacer.
Miró de reojo a Kyojuro, percatándose de lo tenso que se encontraba su compañero.
—Nuestro trabajo es matar demonios —comentó Obanai, serio —.No huimos, su comportamiento ha sido propio de cobardes.
Uzui frunció algo el ceño al escuchar eso. Huir para conservar la vida no tenía nada de cobarde a ojos de él.
—Esto…si no hubieran conseguido escapar, no sabríamos ni siquiera qué aspecto tiene —murmuró bajito Mitsuri, nerviosa. No le gustaba ver a sus compañeros discutir.
—¡Exacto! —Rengoku aprovechó su intervención para opinar. Kagaya carraspeó un poco, a fin de zanjar aquella discusión, antes de que pudieran intervenir los demás.
—Lo importante es que, por fin, Kibutsuji ha aparecido —sentenció —.Y no podemos desperdiciar esto.
—¿Tiene algún plan, patrón? —preguntó Uzui, interesado.
—Por lo que sabemos por sus últimos actos, tiene especial interés en la familia Kamado —explicó Kagaya, con calma —.Ignoro sus motivos, pero me extrañaría que no volviera a presentarse ante ella en un futuro, por lo que de momento, lo mejor es estar alerta y actuar como siempre, por lo menos hasta que tengamos más información.
Sumiko se estremeció al pensar en eso, recordando la impotencia que había sentido aquella noche. Pero, en esos momentos, había otra cosa que le generaba aún mayor malestar. Los olores de los allí presentes.
La gran mayoría de los Pilares, salvo algunas excepciones, apestaban a odio y resentimiento. Aunque gracias a Rengoku y a Kocho se había acostumbrado algo, nada la había podido preparar para lo que se encontró.
De todos los Pilares los que más rezumaban esas emociones negativas eran los del Viento y de la Serpiente, hasta el punto de enrarecer el ambiente y, Sumiko estaba segura, de haber estado en un sitio cerrado, no lo habría podido soportar.
Miró de reojo al patrón. Aquel hombre era desconcertante, aunque aparentaba calma, el aroma que desprendía delataba sus verdaderos sentimientos. ¿Era la única que se había dado cuenta de eso?, se preguntó mentalmente, o quizá simplemente lo sabían ya, no podía estar segura.
—Pasando a otro tema-dijo el hombre —.Nos han facilitado informes preocupantes. En los alrededores del monte Natagumo se han producido demasiadas muertes. He enviado a varios equipos a investigar la zona, pero si siguiera la situación así, es posible que el causante sea alguna de las Doce Lunas.
—¿Quiere que intervengamos si se da ese caso? —preguntó Shinobu, comprendiendo enseguida lo que quería decir. Él asintió.
—Yo no puedo —confesó enseguida Uzui —.Tengo ya una misión importante entre manos.
—Está dentro de mi territorio —intervino Tomioka, serio.
—¡Yo iré también! —exclamó con entusiasmo Rengoku, al recordar lo que su aprendiz tenía que hacer.
—Perfecto, si fuera necesaria vuestra intervención os avisaré —sentenció el patrón, dando por finalizado ese asunto.
Warabihime observaba callada desde su ventana lo que ocurría abajo. Apenas le interesaba, no era una conversación extraña, dado el lugar en el que estaban.
En el barrio del placer era normal que llegasen hombres para vender alguna mujer a los distintos burdeles de la zona. Todo valía con tal de intentar solventar deudas, pensó ella mientras se retiraba de la ventana.
Se acercó al espejo y revisó que tuviera el maquillaje bien puesto y el cabello recogido correctamente. Sonrió un poco, cómo Oiran de la casa Kyogoku tendría que dar la bienvenida a la recién llegada.
Bajó las escaleras con elegancia y se dirigió a la entrada de la casa. Allí estaba el matrimonio que regentaba el negocio y una chica joven.
Warabihime forzó una sonrisa amable mientras se acercaba a los tres. Llevaba tanto tiempo mezclándose entre gente como esa que cosas así resultaban sencillas ya para ella.
—Oh, Warabihime— la llamó Omitsu, la dueña del local—. Esta es Suma, a partir de hoy trabajará aquí con vosotras —presentó a la mujer recién llegada, quién sonrió un poco y la saludó con la mano.
—¡Encantada de conocerla! —respondió con entusiasmo la recién llegada. La oiran alzó una ceja, para alguien que acababa de ser vendida a un antro así tenía una actitud demasiado alegre. ¿Sería tonta acaso? Bueno, tampoco importaba realmente, no parecía que fuera a ser una amenaza por ahora, aunque el tiempo lo diría.
—Lo mismo digo.— Warabihime mantuvo su fachada amable hasta que las dos mujeres se fueron, dejándola sola con el dueño.
—Me alegra ver que estás ya preparada —comentó él —.Los clientes comenzarán a llegar pronto.
La mujer asintió, borrando por un momento su sonrisa, adoptando una expresión más reservada. Se dio la vuelta y regresó a su dormitorio.
Cerró la puerta y se sentó en el suelo a esperar. Por el momento no había sido encontrada por los cazadores de demonios, claro que había sido lo más cauta posible y trataba siempre de cubrir su rastro, procurando además hacer cualquier cosa que hiciera sospechar a los humanos de la zona.
Esperaba que, cuando la descubrieran, al menos tuvieran el detalle de enviar a uno de los Pilares, el último al que había matado fue hace más de diez años ya.
Sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando la puerta del dormitorio se abrió despacio y la mujer centró su atención ahí al momento.
Suma respiró aliviada una vez estuvo sola, conseguir entrar ahí había resultado más sencillo de lo que creyó al principio. No podía negar que se sentía muy nerviosa y poco preparada para una misión así.
Pero ahí estaba, se dijo, en un intento de relajarse algo. Era una shinobi, una persona preparada para misiones arriesgadas. Esto no era nada fuera de lo ordinario.
Descubrir quién era el demonio y dónde se escondía. Fácil y sencillo, ¿verdad? Esperaba que no fuera uno poderoso, aunque su marido parecía estar convencido de lo contrario.
Se estremeció al pensar en eso y sus nervios volvieron a plena potencia. No se sentía preparada en absoluto. Hinatsuru y Makio eran mejores para eso, más capaces de algo así, ella…ella simplemente no servía para eso.
Reprimió las ganas de llorar como pudo, se arrepentía de haber cedido tan rápido, pero Makio se mostró tan empeñada en que participase que al final fue incapaz de negarse.
De hecho, si estuviera ahí ya la estaría regañando por el tipo de pensamientos que estaba teniendo. Apretó los puños y trató de serenarse, no podía defraudarles, además que, si no encontraban al demonio, este seguiría alimentándose de humanos. Tenían que ponerle freno cuánto antes.
Senjuro se despedía de su hermano y de Sumiko. A la chica le habían asignado una nueva misión y, después de lo ocurrido cuando la dejó sola, el Pilar de las Llamas estaba más decidido que nunca a no volver a cometer aquel error. Tampoco volvería a tocar el alcohol, se lo había prometido a sí mismo.
Había pedido perdón incontables veces a su alumna por eso. Y ella le había perdonado enseguida, pero él se seguía sintiendo responsable.
—Tenemos que encontrarnos con otro Mizunoto —comentó Rengoku —.Puede ser que se trate de alguien de tu promoción.
Sumiko asintió, esperaba que fuera tan simpático y agradable como Kanao, a decir verdad, esperaba poder hacerse su amiga. Aunque por el momento, lo único que sabía de él era su nombre. Zenitsu Agatsuma.
Se preguntaba qué clase de respiración utilizaría ese chico.
—¿Se sabe algo del demonio? —preguntó en cambio, mirando a su maestro.
—Nada más allá de que se esconde en una casa cerca de un camino, y que por las noches ataca a los que lo recorren. —Se trataba de uno que había aparecido en esa zona recientemente —.No creo que se trate de uno demasiado fuerte.
—Rengoku… .—Sumiko pensó con cuidado como seguir, no quería ofender al otro —.Esta vez me gustaría hacerme cargo del demonio. Sé que las otras veces no he sido capaz, pero…
—¡Lo entiendo perfectamente!— la interrumpió el hombre, sonriendo ligeramente —¡Prometo no intervenir esta vez!
—Gracias.
El encuentro no fue en absoluto como la chica se había esperado. Aunque Zenitsu le había parecido, a primera vista, una persona amable, eso duró hasta que las presentaciones acabaron y el otro cazador comenzó a lloriquear, asegurando que no quería morir.
—¡Yo no quería ser cazador de demonios! —se quejaba Zenitsu, haciendo caso omiso a su entorno.
Sumiko estaba en silencio, mirando con cara de decepción el espectáculo que estaba montando. Rengoku no se encontraba tampoco especialmente cómodo en esa situación.
—¡No me miréis así! ¡No soy un bicho raro!
—¿Podemos irnos y hacernos cargo de la misión ya? —preguntó Sumiko, que no deseaba pasar más tiempo del necesario ahí.
Rengoku miró dudoso al chico, pero asintió. La casa a la que tenían que dirigirse no quedaba demasiado lejos y cuánto antes se hicieran cargo mejor.
Echaron a andar, siguiendo al cuervo del Pilar y pronto Zenitsu comenzó a protestar por eso, no quería que le dejasen solo.
Zenitsu miraba desconcertado a sus acompañantes, por fin se había calmado y les seguía en silencio, concentrado en los sonidos que podía captar. Eran de gran ayuda para conocer a los dos cazadores.
Y el sonido que emitían ambos le agradaba bastante. El de la joven mostraba amabilidad, aunque también podía percibir tristeza y entereza. Mientras que el sonido del Pilar revelaba cierto sentido de la justicia, aunque iba mezclado con arrepentimiento y ciertas dudas, algo que le resultaba bastante extraño a Zenitsu.
Aunque lo que más le inquietaba de todo eso era el sonido que procedía de la cesta que la chica llevaba a la espalda. Sin duda se trataba de un demonio, pero, ¿por qué el Pilar de las Llamas no hacía nada? Quería saber la razón, pero carecía de valor para preguntar.
—Agatsuma —le llamó entonces Sumiko, sonriendo un poco— ¿Qué respiración es la que usas?
—Llámame Zenitsu, por favor —pidió el chico antes de responder —uso la del Trueno, ¿y tú?
—La de las Llamas.
—Una cosa… ,¿vosotros no escucháis un tambor? —murmuró, un rato después, Zenitsu, mirando a su alrededor, aún más inquieto que antes.
Rengoku y Sumiko intercambiaron una mirada y los dos negaron, no habían escuchado nada. El lugar estaba bastante tranquilo, ahora que lo notaban, no se oía absolutamente nada. No se escuchaba siquiera a los búhos que, a esa hora, debían estar ya activos.
—¡Yo no oigo nada! —exclamó el Pilar de las Llamas y Zenitsu hizo una mueca de molestia, el volumen tan alto le provocaba algo de dolor en los oídos.
—¿Seguro que no te lo has imaginado? —murmuró la chica, con el silencio que había un sonido así no pasaría desapercibido.
—Tengo un oído bastante fino-explicó el chico, serio —.Y no suelo equivocarme con esas cosas.
—Deberíamos centrarnos en la misión, ya casi hemos llegado —señaló Rengoku serio al ver una casa que cumplía con lo que les habían contado a unos doscientos metros de dónde se encontraban.
A esa distancia, aunque de manera leve, ya se podía notar la presencia de demonios en su interior. Y el pánico volvió a adueñarse de Zenitsu.
—Me protegerás, ¿¡verdad, Sumiko!? —chilló —¡No quiero morir, soy demasiado joven!
—Si tanto miedo tienes, lo mejor es que te quedes aquí. —La brusquedad con la que Rengoku dijo eso pilló por sorpresa a los otros dos, que se le quedaron mirando, inseguros de qué decir-Los cazadores de demonios se juegan la vida en cada misión. Si tienes miedo a morir, este no es tu sitio.
Zenitsu se quedó quieto, paralizado por lo que acababa de escuchar mientras que Sumiko le miraba, insegura de qué decir para suavizar las palabras de su maestro, por muy ciertas que estas fueran, el tacto nunca había sido el fuerte de Rengoku.
—Vamos, Kamado-dijo Kyojuro retomando la marcha y, tras una vacilación, ella le siguió. Aunque lanzaba miradas furtivas hacia atrás, preocupada por su compañero.
Nada más entrar lo primero que vieron fueron los cadáveres de dos niños pequeños. Tenían mordiscos por todas partes y, a uno de ellos, la niña, le faltaban un brazo y parte de la pierna. Ambos tenían el rostro congelado en una eterna expresión de terror.
—Llegamos tarde —murmuró Sumiko mientras que Rengoku se acercaba a los cuerpos y, tras arrodillarse, cerraba esos ojos desenfocados. Zenitsu se limitaba a temblar, los dientes le castañeaban con fuerza.
El sonido de un tambor resonó por la casa y los tres miraron en esa dirección.
—¡Es el sonido de antes! —exclamó Zenitsu mientras Sumiko se retiraba la cesta de la espalda y levantaba la tela que cubría la parte de arriba. El chico retrocedió cuando vio que el demonio salía de ahí, pero se dio cuenta de que Rengoku estaba tranquilo, aunque eso no le calmó en absoluto.
Para ser un demonio tenía un aspecto completamente humano, siendo los colmillos y las garras lo único que delataba su verdadera naturaleza. Pero el sonido que emitía, aunque era similar al de Sumiko, tenía algo que no le gustaba.
—Oh, Zenitsu, ella es mi hermana, Nezuko —la presentó Sumiko seria mientras los cuatro avanzaban por los angostos pasillos de esa enorme casa.
Nezuko observó con curiosidad al chico, aunque no tardó en perder el interés y agarró a Sumiko de la mano.
—¿P-Por qué viajáis con un demonio?— La voz le temblaba, pero necesitaba saberlo ya.
—Es mi hermana repitió Sumiko, sin detenerse— .Busco la forma de curarla —explicó seria.
Pero no era de ella de quien Zenitsu esperaba respuesta. Si ese hombre era de verdad el Pilar de las Llamas, ¿por qué permitía eso? Según sabía, un comportamiento así era considerado traición dentro del Cuerpo.
—Hablaremos luego de eso, ahora no es momento. —Rengoku no parecía demasiado dispuesto a dar explicaciones, notó.
Iban revisando las habitaciones, buscando al demonio y, en más de una, encontraron huesos de anteriores víctimas. Cada vez que algo así pasaba, el sonido que emitía Rengoku se volvía más apresurado.
Sumiko parecía también afectada por eso, pensó el chico al mirarla. La joven apretaba el puño que tenía libre, bastante furiosa.
Nezuko se tensó en ese momento y clavó la mirada en el otro extremo del pasillo. Hizo que su tamaño aumentase y adoptó una posición de ataque, poniéndose delante de su hermana.
— Malditos cazadores de demonios entrometidos.— Un demonio acababa de aparecer por el pasillo, justo dónde la joven había estado mirando.
Zenitsu retrocedió un paso, asustado, mientras el recién llegado llevaba la mano derecha al tambor que tenía en el hombro izquierdo y lo golpeaba con suavidad, haciendo que la puerta de la habitación en la que Rengoku estaba, examinando los cuerpos, se cerrase antes de que al Pilar le diera tiempo a darse cuenta de lo que ocurría.
Rengoku levantó la mirada sorprendido por el súbito portazo y tras levantarse, avanzó hacia la puerta y abrió. Frunció el ceño al darse cuenta de que se encontraba en un pasillo distinto al de antes y que no había ni rastro de los tres jóvenes.
Llevó la mano a la empuñadura de su espada, había sido descuidado, aunque tampoco había escuchado nada y ninguno le había avisado de la presencia del demonio, como Pilar debía estar a la altura, algo que, por el momento, no había logrado.
Echó a andar, les buscaría, la casa no debía ser demasiado grande o eso esperaba.
Zenitsu temblaba de puro terror, estaba sentado en el suelo, demasiado asustado como para moverse. Quería ayudar pero su cuerpo no le respondía en absoluto. Al menos parecía que las otras dos se las estaban apañando bien por su cuenta, aunque sólo estuvieran esquivando los zarpazos del demonio cada vez que este tocaba el tambor situado en su estómago.
No podían acercarse a él mientras estuviera atacando de esa manera y no les estaba dando ninguna tregua.
Cuando uno de los zarpazos estuvo a escasos centímetros de alcanzar a Sumiko, Zenitsu se incorporó, vacilante, ¿qué clase de imagen debía estar dando estando ahí encogido por el miedo mientras ellas dos trataban de luchar?
Afortunadamente para ellos, en ese momento, llegaron dos demonios más y se pusieron a discutir con el que les estaba atacando, provocando que este perdiera todo el interés, por el momento, en ellos.
Sumiko avanzó deprisa hacia él, seguida de Nezuko —.Vámonos, busquemos a Rengoku.
—Pero… .
—Aprovechemos ahora que están distraídos —insistió la cazadora —.Necesitamos una estrategia.
Zenitsu, con tal de alejarse de ahí, del peligro, aceptó enseguida y los tres se marcharon deprisa de ahí. Además, se sentía más seguro si estaban con el Pilar, él les protegería, seguro que sería capaz de acabar con los tres demonios en un santiamén.
Se detuvieron delante de una de las habitaciones para recuperar el aliento. Al menos estaban bien, pensó Zenitsu.
Nezuko le miraba molesta, no había hecho nada por ayudarlas, a ese paso sólo les iba a ser incordio.
—Si son tres vamos a tener problemas —murmuró Sumiko —.Si fuera sólo uno, Nezuko y yo podríamos.
—Y-Yo podría hacerme cargo de uno —opinó el chico, aunque no sonaba para nada seguro de sí mismo.
-¿Y por qué no lo has hecho antes?-le acusó Nezuko, frunciendo el ceño.
—Eso no importa ahora, Nezuko —la amonestó enseguida su hermana. No podían ponerse a discutir en esa situación.-Vamos a ver si encontramos a Rengoku. Aunque tengamos que revisar todas las habitaciones.
Los otros dos asintieron, era, por el momento, lo mejor que podían hacer.
Llevaban ya un rato con eso cuando al abrir una de ellas, se encontraron con un chico joven con cabeza de jabalí.
Tenía dos espadas y estaba de pie encima de uno de los demonios, que estaba tirado en el suelo. Le faltaba la cabeza y el cuerpo comenzaba a descomponerse ya.
Reía con ganas, como si encontrase todo eso muy divertido y gritaba cosas que, para los otros tres, no tenían nada de sentido.
—¡Oye! Eso de ahí es un demonio, ¿verdad? —preguntó el chico, señalando con una de sus espadas a Nezuko.
Antes de que los otros pudieran responder, se lanzó contra ellos, y Sumiko tuvo el tiempo justo para apartarla de la trayectoria.
—¿¡De qué vas!? —gritó el chico jabalí molesto.
—¡Es mi hermana, no puedo dejar que la mates! —respondió Sumiko, poniendo a su hermana detrás de ella.
No podían luchar contra otros cazadores de demonios, pero tampoco iba a permitir que matase a Nezuko.
—¡No me importa! —gritó el chico volviendo a cargar contra ellos, sin embargo, antes de poder acercarse, apareció Rengoku detrás de él y le dio un golpe en la nuca, dejándolo inconsciente al momento.
—¿Estáis bien? —preguntó el Pilar, serio.
—S-Sí.
Kyojuro cogió las dos espadas del chico inconsciente y las guardó en las dos vainas que él tenía en el cinturón, para después quitárselas y quedárselas él.
—Nos encontramos con tres demonios —dijo Nezuko, desviando la conversación.
— No los habéis eliminado.— No era una acusación, Rengoku se limitó sólo a constatar eso.
—Nos superaban en número-reconoció, algo avergonzada, Sumiko —.Y al menos uno tenía una técnica de demonio de sangre.
El Pilar alzó una ceja, incrédulo, y miró a Zenitsu, entendiendo lo que había ocurrido.
—Da igual, podemos hacernos cargo ahora de ellos sin problema. —Rengoku volvió a sonreír.
—Aunque el chico jabalí se ha hecho cargo al menos de uno ya —comentó Zenitsu, antes de que echasen a correr.
—¡Mejor! ¡Un problema menos!
Nezuko observaba, sonriendo un poco, como su hermana era capaz de decapitar a uno de los demonios sin problema.
Habían dado con uno que tenía la lengua alargada, en forma de flecha, que se arrastraba por el suelo. Y Sumiko, valiéndose de la primera postura de la respiración de las llamas, le había vencido sin mayores problemas.
Pero aún no habían terminado, pensó la demonio, aún quedaba el que tenía una técnica de sangre. El más poderoso.
—¡Vamos! —exclamó Rengoku —¡Podremos con el último sin problema!
Por supuesto, el Pilar de las Llamas sonaba tan entusiasta como de costumbre, algo que, a esas alturas, ya no le extrañaba a Nezuko.
Los tres le siguieron cuando echó a correr, confiando en que supiera la dirección a la que tenían que dirigirse.
Rengoku se detuvo delante de una de las habitaciones y miró a los demás, asintió y abrió la puerta de golpe y los cuatro entraron.
Ahí, en el centro de aquella habitación de suelo de tatami estaba el demonio de los tambores. Devorando el cuerpo de un niño.
Apretaba los dientes molesto al verse interrumpido. Dejó caer el cadáver y se irguió, debía medir fácilmente dos metros, pensó con miedo Zenitsu.
—¿Por qué siempre me estáis molestando? —siseó el ser, irritado y tocó el tambor de su hombro derecho, haciendo que la estancia girase en esa dirección.
Zenitsu se dio contra uno de los muebles en el costado y se quedó unos segundos sin respiración. Nezuko y Sumiko no tuvieron mejor suerte, aunque Rengoku aterrizó sin problemas, controlando la caída a la perfección.
No tuvieron tiempo de reponerse, pues el demonio volvió a tocar uno de sus tambores. No les iba a dar tregua, comprendió el chico, mientras la habitación volvía a girar a la derecha. Esa vez, al acabar en el techo, la caída fue más suave.
Los cuatro miraron hacia arriba, el demonio seguía en la misma zona, no se había visto afectado por su técnica.
—¡Cuidado! —gritó Sumiko al ver que el siguiente tambor que tocaba ahora era el de estómago.
El zarpazo apareció dónde estaban y tuvieron el tiempo justo para esquivarlo, aunque Nezuko no fue lo suficientemente rápida y terminó perdiendo uno de los brazos, el izquierdo. Chilló de dolor, que su cuerpo se pudiera regenerar no implicaba que no sintiera dolor.
— ¡Nezuko! —gritó su hermana, la sangre goteaba del muñón resultante del brazo de Nezuko.
—E-Estoy bien. —Trató de calmarla la demonio —.Me repondré.
Sumiko asintió y miró furiosa al otro demonio. ¿¡Cómo se atrevía a hacerle eso a su hermana!?
El demonio dio dos golpes seguidos al tambor de su hombro izquierdo, provocando que los cuatro impactasen contra el suelo, sin poder usar nada para amortiguar la caída.
Nezuko ayudó a su hermana a incorporarse. La joven se sujetaba el costado, y no sería raro que, por el impacto, a más de uno se le hubieran roto varias costillas.
Volvieron a esquivar el ataque del demonio, mientras siguiera haciendo eso acercarse resultaría casi imposible.
Sumiko se separó de su hermana, era mejor aprovechar ahora, pensó mientras corría hacia el demonio con la katana desenvainada.
—Respiración de las Llamas —dijo la joven mientras su katana era envuelta en llamas —.Tercera postura.
Decapitó al enemigo de forma limpia y la cabeza rodó hasta detenerse delante de Rengoku, quién observó al demonio serio. Podía ver en su pupila izquierda el símbolo de la Sexta Luna Inferior, aunque estaba tachado, señal de que había sido expulsado de aquel grupo.
Inosuke despertó bruscamente cuando le echaron agua fría encima. Nada más sentir en su piel esa frialdad comenzó a lanzar improperios contra el causante. Delante de él había un hombre con el pelo rubio con las puntas rojas.
—¿¡Qué coño crees que haces!? —le gritó de mal humor.
—Llevas la parte de abajo del uniforme de los cazadores de demonios —comentó el otro, haciendo caso omiso a sus protestas-.Y dos katanas nichirinto.
—¡¿A ti qué te importa eso?!
-Va contra las normas atacar a tus compañeros-señaló Rengoku, había ido con intención de matar.
— ¡No eres quién para decirme lo que puedo o no hacer!
—Soy tu superior y me temo que comportamientos así deben tener un castigo-tendría que pensar la manera de hacerle reflexionar, aunque lo mejor por el momento, sería confiscar sus armas, por si acaso —¿Quién fue tu instructor?
—¡Aprendí por mi cuenta!
—¿Y cómo conseguiste las espadas? —siguió interrogando Rengoku.
—¡Se las robé a un panoli que estaba en la montaña en la que vivo! —confesó el otro. Acababa de hacer peor la situación, y el Pilar no sabía si es que no se había dado cuenta o no le importaba.
—El castigo por las infracciones que has cometido será decidido más adelante —sentenció Rengoku.
Genya respiraba con dificultad, estaba sufriendo de nuevo un ataque de asma. Había intentado utilizar la Respiración de las Rocas e inmediatamente sus pulmones se habían visto afectados y comenzaba a sentir que le faltaba el aire, se estaba asfixiando.
Cogió su inhalador y se lo llevó a la boca. Pulsó la parte de arriba y trató de irse calmando mientras la medicación hacía efecto y se le pasaba el ataque de asma.
—No deberías seguir haciendo eso —le amonestó Himejima, mientras se acercaba-Ya sabes que tu cuerpo no está preparado para eso.
—Si quiero ser Pilar, tengo que dominar al menos un tipo de respiración.
El Pilar de las Rocas no dijo nada, pero miró en su dirección con cierta lástima. Le daba pena aquel chico, siendo asmático como era, nunca llegaría a ser Pilar. Era un sueño inalcanzable para él.
—Retomemos el entrenamiento-dijo en cambio. Que no fuera a llegar a aquel rango no significaba que fuera un completo negado y pensaba seguir entrenándolo.
Bueno, y hasta aquí es el séptimo capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.
Así que, nos vemos el mes que viene con el octavo capítulo.
¡Hasta la vista!
