Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.
Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.
Kanroji llegó nerviosa a la reunión, aún faltaban dos meses para la fecha habitual, pero todos los Pilares habían sido convocados de urgencia por el patrón. No se les había dado mayor explicación, al menos a ella.
Se acercó a Obanai enseguida al ver que el Pilar de las Serpientes ya estaba ahí.
—¡Hola, Obanai! —saludó, tratando de disimular su inquietud, aún si su voz carecía de su habitual alegría. Cosa que su amigo, Kanroji prefería pensar que ya lo eran, debió de notar enseguida.
—¿Ocurre algo, Kanroji? —preguntó cuando la chica llegó a su altura. Ella, nerviosa, comenzó a hacer aspavientos, en un intento de calmarle.
—No…bueno, no lo sé… . —Terminó por admitir Mitsuri —.Es sólo que no sé el motivo de la reunión.
—Y eso te inquieta. —Ante esa afirmación, Mitsuri se limitó a asentir —.La verdad es que yo tampoco lo sé —reconoció el otro Pilar —.Pero debe tratarse de algo importante.
Obanai suspiró internamente, le habría gustado poder decir algo más para tranquilizarla, pero no se le daba bien. Ni siquiera sabía qué decir la mayoría de las veces, no estaba acostumbrado a hablar con otros. Y, cuando lo tenía que hacer, prefería ir al quid de la cuestión.
Kanroji abrió la boca para decir algo más, pero, en ese momento, la llegada de otros Pilares les distrajo. Rengoku y Shinazugawa acababan de entrar en el patio. El Pilar de las Llamas se acercó enseguida a ellos, sonriendo ampliamente. Aunque el otro no se molestó siquiera en saludarles. Tampoco era que fueran amigos precisamente.
— ¿Qué tal estáis? —preguntó con energía Rengoku
—Muy bien, ¿y tú? —contestó enseguida Kanroji. Obanai miró con cierta envidia a ambos, siempre que veía a otro hombre hablar o acercarse tanto a Kanroji no podía evitar sentir aquello. Era consciente de lo absurdo que era eso, pero, siempre estaba ahí ese sentimiento en su estómago.
—Con ganas de reincorporarme —admitió enseguida el Pilar de las Llamas —¿Qué tal con Sumiko y su hermana, Kanroji?
A ninguno de los dos Pilares se le escapó que se había referido a ella por su nombre, pero se abstuvieron de hacer comentarios al respecto.
— ¡Muy bien! ¡Las dos son adorables! —reconoció Kanroji.
Si algo había aprendido Obanai era que, a la Pilar del Amor, prácticamente todo le parecía adorable y, que al igual que su antiguo maestro, solía estar de un buen humor perpetuo.
—Rengoku, ¿sabes por qué nos han convocado?— preguntó, para desviar un poco el tema a algo más importante.
—¡Pues no! Y Shinazugawa tampoco lo sabe.
—Vaya… —murmuró Kanroji, volviendo a sentirse preocupada ante tanto secretismo.
—Ya nos lo dirá el patrón cuando llegue. —La intentó animar Obanai —.Seguro que no es nada grave.
Kagaya observaba con pena a los nueve Pilares. Habían intercambiado los habituales saludos de cada reunión, pero el patrón lamentaba ser portador de tan funestas noticias.
—Mis queridos Pilares —comenzó, aunque no le gustase, no podía demorarlo más tiempo —.El último cuervo que recibí trajo noticias alarmantes.
Shinobu se tensó y desvió la mirada, mientras que el resto intercambiaban miradas de preocupación.
—Uno de los cazadores que fue enviado a Hokkaido fue asesinado a manos de un demonio.— Las palabras se atoraron en su garganta y estaba retrasando el momento de revelar su identidad.
—¿Se trata de una Luna Superior? —preguntó, sin poder soportarlo más, Muichiro. No en vano, Hokkaido era el territorio que él, como Pilar de la Niebla, patrullaba.
El patrón negó con suavidad —.Según confirmó el cuervo, se trata de un antiguo miembro del Cuerpo.—Consciente de que tenía que decirlo, reunió el valor que le hacía falta —.La Pilar de las Flores, Kanae Kocho.
A su declaración le siguió un silencio sepulcral. Aquellos que la habían conocido estaban pálidos y trataban de asimilar la noticia. Kanroji, Obanai, Rengoku y Muichiro no sabían casi nada de ella, salvo que había sido la hermana de Shinobu y que, aunque no encontraron su cuerpo, había muerto a manos de la Segunda Luna Superior.
Himejima lloraba mientras, en voz baja, entonaba una plegaria por el alma de su compañera. Giyuu miraba con preocupación a Shinobu, quien, pese a haberlo sabido de antemano y estar preparada, estaba teniendo dificultades para ocultar su ira. La expresión de Uzui, en cambio, no revelaba nada de lo que pensaba.
—E-Es una broma, ¿verdad? —Shinazugawa temblaba. No era extraño que algún cazador de demonios terminase convertido en demonio, pero eso jamás había llegado a ocurrir entre los Pilares.
—Me temo que no, Sanemi —se lamentó Ubuyashiki —.Pero ahora, sólo hay una cosa que podamos hacer por ella.
Matarla. Esa era la única alternativa que les quedaba. Todos los allí presentes eran dolorosamente consciente de eso.
—Quiero encargarme yo. —Shinobu habló por fin. Clavó la mirada en el patrón y esperó su aprobación. Abrió los ojos como platos cuando el hombre negó con la cabeza.
—Me temo que estás demasiado involucrada en el asunto, Shinobu. —El patrón quería ahorrarle aquello. No creía que fuera buena idea.
—¡Pero es mi hermana! —protestó ella, perdiendo la compostura —¡Soy yo quien debería hacerse cargo!
—Entiendo cómo te sientes, pero es mejor que otro se encargue y te mantengas al margen —insistió Kagaya, sin inmutarse ante sus palabras. Se lo había esperado.
Shinobu apretó los dientes. No lo entendía, no era justo en absoluto. ¿De verdad pensaba qué, por ser su hermana, no iba a ser capaz de llevar a cabo su tarea? Si alguien debía darle paz a Kanae, esa tenía que ser ella.
—Muichiro, Kanae fue vista por última vez en tu zona —siguió hablando el patrón —.Quiero que Giyuu y tú os hagáis cargo. Me mantendréis informado al respecto, existe la posibilidad de que, a estas alturas, haya abandonado ya la isla.
Los dos asintieron enseguida, sin protestar.
—¿Hay algo que podamos hacer nosotros? —preguntó Himejima, serio.
—Me temo que no, por el momento no hay nada más.
—Patrón. —Shinazugawa intervino por fin en la conversación —¿Ha considerado mi petición de la última reunión?
El Pilar del Viento había intentado convencer a Ubuyashiki de aceptar ser protegido por varios soldados de alto rango, algo a lo que el líder del Cuerpo se había negado.
—Me temo que mi respuesta sigue siendo la misma, Sanemi.
—Pero, este lugar está completamente desprotegido, si algún demonio diera con él…
—No te preocupes, estoy preparado ante eso —le aseguró el hombre. La mansión tenía una serie de túneles subterráneos por los que huir en caso de darse aquello. Aunque nunca habían tenido que ser utilizados hasta la fecha.
Los árboles de flor de glicina que cubrían el lugar servían de barrera ante los demonios. Los mantenían alejados.
—Nos sentiríamos más tranquilos si hubiera alguien velando por su seguridad— confesó Kanroji.
Shinobu miró al hombre en silencio. Siempre le había respetado, aunque no pudiera comprender algunas de sus decisiones. Pero, cuando tiempo atrás supo que este les había ocultado la existencia de Tamayo, fue como si despertase de un sueño, ya no podía ver a aquel hombre de la misma manera.
Pero esto, negarle la posibilidad de salvar a su hermana era demasiado. Se cuidó mucho de no expresarlo en voz alta.
Cuando la reunión acabó, Shinobu fue la primera en marcharse del lugar, no quería permanecer más tiempo del necesario en presencia del patrón.
—¡Kocho, espera! —Oyó que la llamaban y se detuvo. Giyuu avanzaba deprisa hacia ella.
—¿Querías algo, Tomioka? —preguntó, por una vez sin molestarse en sonreír. No tenía fuerzas para ello. Su compañero tampoco hizo comentario alguno al respecto.
Giyuu miró a su alrededor, asegurándose de que no hubiera nadie que pudiera escucharles—.Si quieres, puedo informarte de los avances de la misión en Hokkaido.
Shinobu se le quedó mirando, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar. Pero se recompuso rápido —.Eso iría en contra de las órdenes del patrón.
—Pero es tu hermana—replicó, al momento, el Pilar del Agua
—Te puedes meter en problemas si descubren esto.
Giyuu se encogió de hombros —.No creo que me fueran a poner una sanción importante. Creo que mereces saber al menos cómo va todo.
Shinobu le miró seria. No parecía que fuera a dar su brazo a torcer con eso y, aunque se sentía agradecida por todo eso, no podía hacer otra cosa más que rechazarlo —.No quiero que te metas en problemas por esto. —Aunque Kagaya pudiera llegar a ser benevolente en muchos casos, ninguno sabía cómo reaccionaría ante una desobediencia por parte de uno de los Pilares. Tampoco era que sintieran deseos de averiguarlo—. Es mejor que no lo hagas, lo agradezco, pero no quiero que te metas en un lío por esto.
Giyuu la miró en silencio y, aunque algo inseguro, terminó por claudicar y aceptar —.Bueno, entonces espero que nos veamos en la siguiente reunión.
Shinobu asintió —.Yo también, y, Tomioka, gracias —murmuró. El otro asintió y se retiró deprisa. La Pilar de los Insectos observó cómo se marchaba.
Suspiró un poco. No se había esperado aquello del Pilar del Agua, la había pillado de sorpresa. Quizá lo hubiera juzgado mal, pensó la mujer mientras seguía su ejemplo y continuaba su camino.
Nunca le revelaría a nadie esa conversación.
Muichiro esperaba a que Giyuu llegase, había conseguido comprar tickets para el viaje en barco a Hokkaido. Apenas estaba amaneciendo y se notaba algo de frío a esa hora, pero el uniforme aislaba perfectamente de esas temperaturas.
Era la primera misión que tenía que hacer junto a otro Pilar y le hacía bastante ilusión, aunque hubiera preferido que le hubiera tocado con uno diferente.
Se había adelantado un poco, así que no era que Tomioka estuviera llegando tarde, se dijo mientras miraba a los alrededores, esperando ver a su compañero llegar. Según sabía el Pilar del Agua era de los más veteranos y había conocido a la Pilar de las Flores.
No sabía gran cosa de ese estilo de respiración, más allá de que era derivada de la del agua.
—¿Llevas mucho esperando? —Se sobresaltó al escuchar la voz de Tomioka, no le había sentido llegar. Había estado algo distraído pensando en eso.
—No. Ya he cogido los tickets del barco—dijo mientras le tendía uno al adulto. Tomioka lo agarró y lo examinó de pasada.
—¿Cuánto ha sido?— quiso saber mientras llevaba su mano izquierda al bolsillo y rebuscaba en él, sacando un monedero.
— No hace falta —dijo Tokito, no había supuesto un gran gasto, además tenían cosas más importantes ahora —¿Vamos ya?
—Sí, claro. —Tomioka guardó su monedero y los dos Pilares fueron hacia el barco y, tras mostrar sus tickets se subieron al navío.
Fueron hasta el costado de babor, aprovechando que en esa zona no había demasiada gente.
—Empezaremos preguntando a la gente de la zona cercana —dijo Giyuu, serio. Tokito asintió levemente —.Pero, a estas alturas, dudo que siga por ahí.
—¿Cómo era ella? —preguntó Muichiro. Tomioka suspiró un poco y se quedó un rato en silencio, tanto que el joven creyó que no iba a responder.
—Una de las personas más amables que he conocido. Sentía compasión por los demonios-contó el mayor —.Su sueño era que pudieran convivir en paz con los humanos.
—Eso no es posible, es una tontería.
—Quizá, pero ya conocemos tres que viven entre humanos sin problemas.
—Son excepciones-rebatió inmediatamente Muichiro.
—No importa eso ahora —reconoció Giyuu —.Si nos la encontramos, ten en mente una cosa. No va a ser una batalla fácil.
—¿A qué te refieres?
—Como humana ya era una espadachina muy talentosa. Aguantar luchando contra una Luna Superior hasta casi el amanecer es algo que no todos los Pilares han podido hacer, Tokito.
El adolescente le miró serio— ¿Tú te has enfrentado a alguna Superior?
Giyuu rió brevemente con amargura —.De haber sido así, no estaría aquí. La única que ha tenido ese honor hasta ahora ha sido Kanae, y ya ves el resultado.
Muichiro, que en el tiempo que llevaba siendo Pilar, jamás había oído a Tomioka reír, no pudo evitar sentir desagrado ante eso y no se molestó en disimularlo lo más mínimo.
—No vuelvas a reír así. —Aunque era una petición, sonó como una orden.
Giyuu observó el mar, era la primera vez que ponía rumbo hacia Hokkaido, pero habría deseado que el viaje fuera por razones más halagüeñas.
—¿No te parece llamativo todo esto? —preguntó el Pilar del Agua al rato, cuando el barco había zarpado ya.
— ¿El qué?— Muichiro no entendía a qué se refería, ir a cazar un demonio no tenía nada de llamativo o inusual para ellos.
— Kanae lleva más de dos años siendo demonio y, sin embargo, no nos hemos enterado hasta ahora y de pura suerte.
—Insinúas que querían mantener su existencia oculta.
—Sí, pero son sólo conjeturas, puede que me equivoque.
Douma no era estúpido, sabía que, aunque le hubiera asignado una misión tan importante como encontrar la flor del lirio araña azul, no significaba que gozase de alguna clase de favoritismo por parte de su señor. Ese era un privilegio, si es que se le podía llamar así, del que sólo gozaban Kokushibo y Akaza.
Pero sabía que no iba a negarse, o eso esperaba, ante una petición así. Tanto Kanae como él sentían la mirada de Muzan clavada en ellos, aunque ninguno tenía la osadía de devolverle la mirada o de dejar de estar arrodillados ante él.
—Así que quieres retar a la Sexta Luna Inferior —comentó, por fin, el rey de los demonios.
—Sí, mi señor —murmuró Kanae, sin despegar la mirada del suelo entarimado.
Kibutsuji la observó con cierto interés, la idea de tener a otro miembro de los cazadores de demonios entre las 12 Lunas era bastante tentadora, además que le proporcionaba la excusa ideal para librarse por fin de Kamanue.
—Si consigues ganar, te proporcionaré más de mi sangre —dijo Kibutsuji entonces.
—Me aseguraré de merecer semejante honor, mi señor.
Muzan asintió, aparentemente satisfecho con la respuesta —.El combate tendrá lugar ahora —decidió —Nakime, convoca al resto de las Lunas.
La mujer demonio, que había estado bastante apartada de ellos, tocó su instrumento, obedeciendo a su señor al momento.
Tanto las Lunas Superiores como las Inferiores aparecieron en el lugar, a una distancia prudencial de dónde su señor se encontraba. Y nada más verle, los once demonios se arrodillaron ante él. La extrañeza de estar todos ahí reunidos se reflejaba en sus pensamientos, algo que Muzan captaba a la perfección.
—Nakime, prepara la habitación para el combate —ordenó, haciendo que, entre las Inferiores, aumentase la inquietud. Su señor clavó la mirada en ellos-He recibido una petición para un combate por el puesto de la Sexta Luna Inferior y he dado el mi aprobación.
Kamanue se quedó rígido al escuchar eso y su mirada, involuntariamente, se dirigió hacia su señor. No, no podía ser, después de lo mucho que le había costado ocupar aquel rango…
No hacía falta realmente preguntar quién iba a ser su contrincante. La mujer que estaba al lado de Douma, se trataba, sin duda, de ella. E irradiaba una confianza enorme, que sólo conseguía aumentar su inseguridad.
Podía negarse, pero con eso se arriesgaba a desatar la ira de Muzan y ser asesinado en el acto. Pero si perdía, tendría que vivir por la eternidad con la vergüenza de haber perdido su puesto.
Todos sintieron cómo Nakime modificaba la estancia para el evento y se levantaron cuando Muzan les dio permiso. Kamanue y Kanae se quedaron solos en el centro mientras los demás observaban desde los laterales.
El demonio apenas tuvo tiempo de reaccionar, la mujer, con la espada desenvainada, se lanzó contra él y consiguió cortarle una mano, pues no pudo apartarse a tiempo. Siseó de dolor, aunque se regeneró enseguida.
Trató de responder al ataque utilizando su técnica de demonio de sangre. Podía alargar sus extremidades a placer, no era demasiado útil, pero esperaba poder, al menos, inmovilizarla.
Kanae esquivó con facilidad los brazos y saltó hacia él, con la espada preparada. Pero, Kamanue, consiguió golpearla y hacer que se estampase contra el suelo. Los brazos del demonio volvieron a su longitud habitual. Pero los dos sabían que eso estaba lejos de terminar. Kanae se había levantado sin problemas y, aunque tenía la ropa algo sucia y rota por el golpe, estaba intacta. Se lanzó de nuevo a por él, esa vez utilizando la primera postura de la Respiración de las Flores.
Kamanue, que había esperado de todo menos eso, abrió mucho los ojos y el miedo pudo con él en ese momento, e instintivamente se apartó lo más que pudo.
Muzan observaba con poca sorpresa la estrategia de huida de la Sexta Luna Inferior, había sabido desde el principio el miedo que este sentía hacia los cazadores de demonios y sus respiraciones. Era un cobarde, y lo estaba demostrando ante todos.
—Esto es patético —comentó entonces Akaza, disgustado con lo que veía. ¿Alguien así había conseguido un puesto dentro de las Doce Lunas?
Douma observaba, en cambio, con cierto interés la pelea. A más se prolongase, mayor sería la irritación de su señor y más probabilidades tendría Kanae de asegurarse un puesto, pensó el demonio rubio mientras ella conseguía, de nuevo, cortarle una de las extremidades con su espada.
—El ganador ya está decidido —sentenció Kokushibo, mirando de reojo a su señor, quizá esperando que este pusiera fin a ese lamentable espectáculo.
—Tienes razón —le concedió Muzan, que a esas alturas había perdido todo el interés en ese combate. Cerró la mano derecha y la cabeza de Kamanue estalló. El cuerpo cayó al suelo y la zona de alrededor comenzó a empaparse con su sangre.
Kanae retrocedió varios pasos, y enfundó su katana. Cuando sintió los pasos de su señor acercándose se arrodilló y miró al suelo. Estaba nerviosa y su corazón latía deprisa.
—Levanta la cabeza y mírame —ordenó el rey de los demonios y ella se apresuró a obedecer —.Te has ganado el derecho a formar parte de las Doce Lunas, ocupando el rango de la Sexta Inferior.
Dicho eso, colocó su mano izquierda sobre el ojo izquierdo de Kanae y la demonio sintió un dolor atroz, pese a que sólo duró unos segundos, la mujer permanecía temblando levemente.
Muzan retiró la mano por fin y, sin que Kanae tuviera tiempo de asimilar lo ocurrido, la hundió en su cuello y comenzó a proporcionarle más sangre.
Giyuu y Muichiro observaban serios la zona, el cuervo del cazador de demonios asesinado ahí les había llevado hasta el lugar donde la lucha había tenido lugar.
El Pilar del Agua se puso de cuclillas para poder observar mejor el suelo, agradeciendo que aún hubiera luz suficiente como para poder ver. Las manchas de sangre, bastante resecas ya, resultaban difíciles de ver.
—Hay demasiadas —comentó cuando se incorporó. Saltaba a la vista que Kanae se había ensañado con el desdichado.
—Aquí está su espada —dijo Muichiro, cogiendo el arma, o lo que quedaba de ella, del suelo. Había sido partida múltiples veces y los trozos estaban repartidos por la zona próxima —¿Crees que alguien pudo llegar a ver algo?
—Me extrañaría, pero siempre podemos preguntar, de aquí no vamos a sacar nada más.
— Pues vamos.— Muichiro se había dado ya media vuelta y se estaba alejando, aunque Giyuu no tardó nada en alcanzarlo.
Los dos, bastante callados por naturaleza, no hicieron el menor esfuerzo en hablar durante el trayecto. Y el silencio no resultaba incómodo para ninguno de los dos.
Hitomi, una mujer alta, de cabellos de color oscuro, observaba con cierta desconfianza a los dos hombres que se habían acercado a ella para hacerle una preguntas.
—No he visto a ninguna mujer así —dijo, quizá demasiado deprisa o, tal vez, sonó muy cortante, pues no pareció convencerles su respuesta.
—¿Está segura de ello? —intervino el más joven de los dos.
—¿Me estás llamando mentirosa?— Había procurado que su voz sonase con la suficiente indignación como para poder resultar creíble —.Dos desconocidos me abordan en plena calle, me hacen una pregunta y cuando respondo, me tratan como mentirosa. ¡Sois unos maleducados!
Se alejó tras decir eso, lo más deprisa que pudo, en dirección al templo. Tenía que informar, si es que estaba ahí, a Douma cuánto antes. Les había advertido que era bastante probable que llegase gente preguntando por Kanae. No les dijo implícitamente que mintieran en caso de que hablasen con ellas, pero Hitomi no pensaba vender al hombre que le había salvado la vida y dado una nueva oportunidad años atrás.
Se relajó un poco cuando estuvo en el templo y tras dejar la comida que había salido a comprar en la cocina, puso rumbo a los aposentos del sumo sacerdote.
Como era habitual dos hombres estaban apostados ante la puerta, de guardia. Se acercó sonriendo a ellos y les saludó.
—¿Está el sumo sacerdote dentro? —preguntó la mujer —.Quería hablar algo de suma importancia con él.
El más fornido de los dos, Takeshi, asintió y tras abrir la puerta y asomarse, anunció su presencia ante Douma.
—Que pase, que pase —pidió el otro enseguida y la mujer se apresuró a obedecer. Takeshi cerró la puerta tras ella, dándoles completa intimidad.-Acércate, querida, ¿qué ha ocurrido?
—Hay dos hombres preguntando por Kanae. Quieren saber si alguien la ha visto.
Douma, que ya se esperaba eso, se incorporó y se acercó a la mujer— ¿Te han preguntado?
—Sí, pero no les he revelado nada.
-Perfecto~
Suma apenas estaba consciente, ignoraba cuánto tiempo llevaba ahí retenida. No tenía nada que pudiera indicarle el pasar de las horas o los días.
Lo único que sabía era que su captora no iba a parar hasta que ella le diera las respuestas que tanto deseaba. Ya le había roto todos los dedos de las manos y, en la última sesión de tortura comenzó a arrancarle las uñas de cuajo. De momento sólo le había quitado dos, pero, la diversión que la demonio encontraba en eso resultaba perturbadora.
Su estómago rugió entonces, esa era otra. Llevaba mucho tiempo sin comer ni beber, así que a esas alturas moriría antes de inanición. Prefería eso antes que revelarle la información a aquel ser.
Lamentaba todas las discusiones que había tenido con Makio, deseaba poder haberse llevado mejor con ella. Iba a morir sin poder despedirse de las personas que quería, comprendió la kunoichi en ese momento.
Comenzó a sollozar en silencio, lamentando todas sus malas decisiones hasta la fecha.
Bueno, y hasta aquí es el décimo segundo capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.
Así que, nos vemos el mes que viene con el décimo tercer capítulo.
¡Hasta la vista!
