Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.
Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.
Kyojuro suspiró un poco. Había retrasado aquel momento lo máximo posible, pero ya no podía continuar así por más tiempo.
Ahora que su padre no estaba, él pasaba a ser la cabeza de la familia. Y tenía que asumir las responsabilidades pertinentes.
Asegurarse del buen estado de los documentos referentes a todos los Pilares de las Llamas era lo primero que pensaba hacer. Si había alguno en mal estado le tocaría repararlo, pensó.
La Respiración de las Llamas había sido creada durante la época Sengoku, hacía ya varios siglos. Y desde entonces, todos los Pilares de esta respiración habían pertenecido a su familia. Manteniendo registros de todo en esos diarios.
Aunque todo estaba escrito ahí, Kyojuro jamás les había prestado mucha atención. Había leído un par de ellos para aprender los principios de la Respiración de las Llamas y sus distintas posturas, pero nada más. Realmente nunca habían despertado su interés más allá de eso. Pero ahora iba a tener que poner más atención en esos libros.
Se acercó a la librería dónde estaban colocados en orden cronológico y cogió con cuidado el primero de ellos. Tenía que manejarlo con delicadeza, posiblemente fuera necesario reescribir, pensó mientras lo iba hojeando. Las hojas parecían bastante frágiles y la tinta en algunas partes resultaba casi ilegible. Lo cerró con cuidado.
Iba a necesitar la ayuda de Senjuro para eso, pensó. Él no tendría la paciencia suficiente como para permanecer horas sentado transcribiendo todo. Además, una vez volviera a estar activo dentro del Cuerpo, sería una tarea inasumible para él.
Agradecía que le hubieran permitido descansar un tiempo, pero, en el fondo, sentía que estaba descuidando sus responsabilidades. Así que, cuando tuviera todo eso más o menos resuelto, volvería a tomar parte en las misiones.
Dejó con cuidado el libro en su sitio. Había muchos tomos, pensó, sin duda iba a ser una tarea bastante ardua.
Se apartó del mueble y se tapó la cara con ambas manos. Estaba cansado, más de lo que se sentía cómodo admitiendo.
El polvo se acumulaba en la casa y necesitaba una buena limpieza, algo que aún no había hecho. No sabía, pero tampoco podía ser tan difícil, ¿verdad? Podía volver a contratar a la mujer que se habían hecho cargo de la limpieza y de cocinar cuando su madre estuvo enferma.
Su padre las había despedido al poco de fallecer Ruka, y, poco a poco, Senjuro se había hecho cargo de eso. Pero tenían que mantener la casa de alguna manera, así que lo mejor sería volver a contratarla. Si es que quería volver a trabajar para su familia.
Miró por la ventana, era bastante tarde ya, estaba anocheciendo, así que lo mejor sería esperar al día siguiente e ir al pueblo cercano cuando amaneciera.
Debería ir preparándose algo para cenar, pensó mientras ponía rumbo a la cocina. Había comprado esa mañana algunas cosas para poder cocinar.
No es que se le diera demasiado bien, pero se defendía de manera bastante decente. A quien se le daba bien de verdad era a su hermano, aunque tenía mucha más práctica que él con esas cosas.
Kaigaku observaba el árbol en llamas. Por fin lo había conseguido, ya tenía su técnica de sangre. Rayos negros, sonrió con cierto orgullo. Le venía como anillo al dedo. Sonreía con orgullo.
Se sentía poderoso, como nunca antes. Por fin podría demostrar a esos palurdos lo que era ser verdaderamente fuerte. Todos creyéndose mejores que él sólo por seguir ese código moral tan estricto. Bobadas, eso no eran más que bobadas. Se aseguraría de hacerles pagar por todas las humillaciones que le hicieron soportar todos esos años.
Kokushibo le observaba desde una distancia prudencial. Aunque sus facciones no delataban el menor atisbo de emoción ante el logro de su discípulo.
Aún era demasiado pronto como para sentirse tan orgulloso. Ni siquiera se podía decir que conseguir su técnica de sangre fuera un gran logro. Muchos demonios tenían una.
—No te confíes tan pronto. No estás preparado todavía para hacer frente a una Luna Inferior l—e dijo, sin tapujo alguno.
Kaigaku rodó los ojos, molesto, aunque ya estaba acostumbrado a ese tipo de comentarios, en momentos así le sacaban de quicio, pero no iba a expresarlo en voz alta. No sentía deseos de morir.
—Lo sé —respondió a regañadientes, visiblemente irritado —.Me esforzaré por conseguir un puesto entre las Inferiores.
—Eso espero, te recuerdo que tu tiempo se va acabando.
Kaigaku gruñó. Lo había olvidado, Kokushibo le había puesto un tiempo límite para conseguir todo. No era justo, pero nada cambiaba que aceptó esas condiciones.
—No lo he olvidado. Pienso conseguir lo que he dicho.
Kokushibo asintió. Debía reconocer que el chico tenía potencial, quizá fuera capaz de conseguirlo. Además, obtener un puesto entre las Lunas Inferiores no era excesivamente complicado. La ahora Sexta Inferior lo había conseguido con suma facilidad.
—Sigue devorando humanos, deberías hacerlo con más frecuencia si quieres conseguirlo.
Sumiko miraba impresionada la enorme cantidad de comida que tenían sobre la mesa. Kanroji y ella habían parado a comer algo en uno de los restaurantes que la Pilar del Amor solía frecuentar.
Aunque, al pasar tanto tiempo con Rengoku, pedir tanta comida se había convertido en algo habitual, no se esperó que ella fuera igual. Tragó saliva y, con algo de timidez, alargó la mano para servirse un poco de los platos.
— ¡Come, come! Hay de sobra para las dos —la animó Kanroji sonriendo mientras se llevaba a la boca una generosa cantidad de comida.
—Va-Vale, Kanroji —murmuró la chica, probando algo de la comida.
—Puedes llamarme Mitsuri.—A Kanroji le resultaba incómodo aún ser tratada con tanto respeto. No había tanta diferencia de edad entre ambas, a decir verdad. Tres años no eran nada.
—Pero eres una Pilar, sería irrespetuoso —protestó inmediatamente Sumiko. Kanroji suspiró un poco, tenía razón en ese sentido, pero…
—Lo entiendo, no pasa nada.—La mujer sonaba algo desanimada. Quería hacer amigos pero, parecía que por su alto rango, todo el mundo le tenía miedo. Y a los otros Pilares los veía muy poco.
Sumiko notó enseguida aquello por el olor que procedía de Kanroji y trató de arreglarlo enseguida-Puedo intentarlo aún así, Mitsuri-sonaba raro tratarla con tanta familiaridad. Ni siquiera lo hacía con Rengoku, pero, viendo cómo se iluminaba de alegría la cara de la chica, quizá mereciese la pena. El rostro de la mujer se había iluminado con una sonrisa.
—¡Vamos a comer, Sumiko, que si no se enfría!— Kanroji había recuperado su buen humor y volvía a dar cuenta de la comida con energía.
Algo azorada aún, Sumiko hizo lo mismo. Mientras masticaba, observó con curiosidad a la Pilar. Su olor delataba que era una mujer amable y bastante cariñosa y no podía evitar preguntarse cuál era su motivación para haberse unido al Cuerpo. ¿Sería demasiado preguntarlo?
—Esto…¿y por qué te uniste al Cuerpo? —terminó por preguntar, en un intento de hacer algo de conversación. Mitsuri, que había estado a punto de llevarse algo de arroz a la boca, se detuvo y lo dejó en su sitio.
—Para proteger a mi familia —explicó la mujer —.Soy la mayor de mis hermanos y, es mi tarea hacer este tipo de cosas.
—Oh… . —A decir verdad, no podía esperarse menos de uno de los Pilares, ese era un motivo bastante noble, pensó Sumiko.
Kanroji asintió brevemente. Gracias a Kyojuro conocía lo que motivaba a su aprendiz. Y sentía cierta lástima por ella. Pero la entendía, ¿qué cazador no se sentía igual? Los demonios habían destrozado muchas familias y Mitsuri sabía lo afortunada que era de no ser un caso más. Se alegraba por ello, de hecho.
—Tenemos una misión esta noche, un par de demonios que han sido vistos rondando cerca de una ciudad cercana—le informó entre bocado y bocado.
Sumiko asintió. Ya se había acostumbrado a ese estilo de vida, aunque dudaba que eso fuera algo bueno.
Miró de reojo la cesta donde estaba su hermana y contuvo un suspiro. No estaba más cerca de curarla que al principio y comenzaba a ser frustrante.
Mitsuri, que había estado observando aquello, no dijo nada. Saltaba a la vista el cariño que las unía y, en anteriores misiones, había sido testigo de lo mucho que se preocupaban la una por la otra.
Nezuko estaba siempre cubriendo las espaldas a Sumiko. Era casi adorable y Mitsuri no podía evitar acordarse de sus hermanos. Se sentía bien volver a cuidar de alguien más joven.
Cuando se reincorporase Kyojuro las iba a echar de menos, no tenía la menor duda. Sonrió con cierta tristeza y siguió comiendo. Debían estar preparadas para la noche, así que, después de comer, volverían a la posada en la que se estaban hospedando y dormirían un par de horas para reponer fuerzas y estar descansadas.
Kazumi observaba con desconfianza al hombre que estaba parado delante de ella. No le había escuchado llegar y algo en él le daba mala espina. Para ser una persona estaba demasiado pálido y esos cuadrados pequeños amarillos que iban desde sus ojos hasta el mentón formando una línea no parecían producto de algún maquillaje excéntrico.
Su vestimenta era extraña también. En sus diez años de vida, Kazumi no había visto a nadie vistiendo ropas occidentales. Y, lo más inquietante, aunque esperaba equivocarse y haber visto mal, creía haber visto una boca con dientes en su mano izquierda.
Dio un paso atrás, su instinto le gritaba que tenía que irse de ahí, que ese hombre era peligroso.
—No voy a hacerte daño, niña —aseguró él, avanzando un paso hacia ella-Sólo quería hablar contigo un poco.
—T-Tengo prisa. —Nunca en su vida había sentido tanto miedo y disimular estaba resultando una tarea casi imposible.
—He oído que vendes periódicos en las estaciones de tren —comentó el hombre, esbozando una sonrisa que aumentó el miedo de la ía unos colmillos inusualmente afilados, que recordaban a los de un depredador —.Y me preguntaba si querrías hacerme un pequeño favor, nada del otro mundo.
Kazumi negó, no quería saber nada de eso.
—Aún no te he dicho de que se trata. ¿No deberías escuchar primero lo que quiero?
—No me interesa —repitió ella. Quería irse, cuánto antes —.Tengo prisa.
— Insisto. Creo que mi oferta te interesará.
La chica le miró dudosa. No parecía que fuera a dejarla en paz hasta que no le escuchase. Quizá si lo hacía, la dejaría en paz. Quería irse cuánto antes de ahí.
— Vale, le escucharé, pero no prometo nada.
Enmu sonrió, satisfecho —.Empezaré presentándome. Mi nombre es Enmu, un placer conocerte.
—Yo me llamó Kaede— mintió. No le iba a decir su nombre a un completo extraño. Y menos cuando lo que su instinto le pedía era salir corriendo.
El demonio notó cómo el ritmo de los latidos de su corazón se adelantaba. Señal inequívoca de que estaba mintiendo, pero no le importaba. ¿Qué más daba no saber el nombre de ella?
Senjuro terminaba de limpiar los utensilios usados para la comida. Se había acostumbrado deprisa a esa rutina.
Solía ayudar a las chicas con las tareas domésticas y, cuando era necesario, asistía a Kocho y a Aoi en los tratamientos a los distintos heridos.
—¿Ya tienes todo? —preguntó Kiyo, asomándose. Cargaba con varios juegos de sábanas recién lavados en una cesta y parecía que le estaba costando bastante cargar con ella —¿Me puedes ayudar a colgarlas en el patio?
—¡Claro! —exclamó enseguida Senjuro, secándose las manos con un paño que tenía cerca— .Deja que yo las lleve, deben pesar mucho.
—Gracias. —Kiyo sonrió mientras el chico cogía la cesta y los dos se encaminaron hacia el patio, charlando de cosas sin importancia.
El muchacho notaba las miradas de soslayo que la más joven le iba dirigiendo. Saltaba a la vista que había algo que le preocupaba.
—¿Ocurre algo? —preguntó al rato, sintiéndose bastante incómodo ya.
—¿Eh? Bueno… —la niña se quedó callada unos segundos— ,Shinobu nos dijo que tu periodo de prácticas casi ha acabado.
—Oh…-murmuró él. Era cierto, ya sabía prácticamente todo lo necesario y, pronto, la Pilar de los Insectos le recomendaría para ser parte de la facción de los ocultos.
Dejaron la cesta en el poyete del patio y con calma comenzaron a colgar cada sábana en las cuerdas que había.
—Te vamos a echar de menos —admitió, en ese momento, la niña.
— Y yo a vosotras.
Kiyo sonrió contenta al escuchar eso y siguió con su tarea. Al menos, esperaba, le verían cada cierto tiempo.
—Iré ahora a hablar con Kocho —comentó Senjuro cuando colgaron la última sábana. La niña asintió y le observó marcharse.
Kocho levantó la mirada de los papeles que estaba revisando cuando oyó que tocaban la puerta.
—¡Adelante! —dijo la mujer mientras colocaba el que había estado leyendo con el resto, y se estiraba un poco, prestando toda su atención a Senjuro, que acababa de entrar.
—Hola, no la pillo ocupada, ¿verdad?
—No, no. No te preocupes —dijo Shinobu —.Siéntate si quieres. ¿Ocurre algo, Senjuro?
—Bueno…sé que mi periodo de pruebas casi ha acabado —murmuró él, inseguro de cómo decirlo.
—Así es, de hecho, estaba terminando la carta de recomendación —admitió Shinobu. Casi la había terminado de redactar. Sólo faltaba una firma y el sello oficial de su cargo.
—La verdad es que me encuentro muy a gusto aquí. —Shinobu cruzó las manos al oír eso y le miró, invitando al chico a continuar —.Si hubiera la posibilidad de quedarme aquí…
—La hay. Si es lo que quieres, no habrá nadie que te ponga problema.
Shinobu llevaba tiempo sospechando que Senjuro le pediría aquello. Bastaba con ver lo rápido que se había adaptado y lo bien que se llevaba con las chicas.
—Me gustaría quedarme —dijo él, serio. Lo había decidido. Además así tendría más posibilidades de ver a su hermano, pensó. Prefería estar ahí y no pensaba desaprovechar la oportunidad.
Shinobu sonrió un poco y, sin demasiadas ceremonias, rompió el papel de la recomendación.
—Pues decidido entonces —dijo —Me alegra la decisión que has tomado.
—Gracias. Haré mi mejor esfuerzo por seguir ayudando— prometió el chico sonriendo un poco.
—Cuento contigo —dijo Shinobu contenta.
Muichiro se dejó caer sobre la cama. Cada vez se sentía más frustrado, toda la investigación estaba siendo infructuosa. Ninguna de las personas a las que habían preguntado parecía saber algo. Eso o les estaban mintiendo, algo de lo que comenzaba a estar más seguro. Aunque no tenían manera de demostrar lo contrario.
Se giró y observó a Giyuu. Pese a eso, el otro Pilar estaba bastante tranquilo, como si no sintiera nada al respecto o no le importase. Eso le ponía de los nervios y comenzaba a entender por qué Obanai y Shinazugawa no le soportaban.
—Podemos afirmar ya que no está aquí —dijo entonces el hombre —.El rastro se ha enfriado completamente y sólo estamos perdiendo el tiempo.
—¿Y qué sugieres? —preguntó el adolescente de malas maneras.
—Nada. A estas alturas puede estar en cualquier parte. Nos lleva mucha ventaja.
Muichiro suspiró. Odiaba admitirlo pero Tomioka tenía razón. Sólo estaban perdiendo el tiempo ahí.
—He pensado en regresar y reportar todo al patrón —continuó hablando Giyuu —.No es necesario que me acompañes. Este es tu territorio de todas formas.
El adolescente alzó una ceja, algo sorprendido ante ese ofrecimiento, pero, en el fondo, tenía sentido —.De acuerdo. Pero salúdale de mi parte.
—Claro. —Dicho eso, Tomioka siguió metiendo en su macuto los pocos cambios de ropa que había llevado consigo —.Me iré mañana temprano, al amanecer.
—Vale.— Muichiro se giró en la cama, dándole la espalda y cerrando los ojos.
Giyuu no dijo nada más y cerró el macuto cuando acabó. Tenía pensado contarle a Shinobu los resultados de aquella pequeña investigación. Se tumbó en la cama y miró al techo, dormiría unas pocas horas y se iría a comprar el billete para irse. No creía que Tokito se fuera a enfadar si se iba sin avisar.
Kazumi temblaba. Estaba sentada en uno de los asientos del tren. Nunca en su vida había estado tan nerviosa. Sentía en su bolsillo el peso de aquel punzón afilado que Enmu le dio días atrás. Se recogió el pelo detrás de las orejas y tragó saliva.
Había aceptado sólo porque necesitaba el dinero que aquel ser le había prometido. Le había asegurado de que no iba a estar sola en esa pequeña tarea, pero la niña seguía sin estar del todo convencida.
El encargo no parecía ser difícil. Destruir el núcleo que se encontraba dentro del subconsciente de las personas. Según Enmu eso no la mataría, sólo convertiría a la víctima en una especie de zombie bajo sus órdenes. Ella no quiso saber más al respecto. Sonaba demasiado absurdo todo, y Enmu parecía un loco cualquiera, pero el miedo había atenazado su corazón y aceptó participar en aquella locura.
Introducirse en los sueños de las personas tampoco iba a ser muy complicado, bastaba con atarse con una cuerda a la otra persona y quedarse dormida. Al menos, eso esperaba ella, los otros que trabajaban para Enmu la despertarían.
Observó al revisor que iba marcando los tickets de los distintos pasajeros y se tensó cuando este llegó a su altura, pero, sorprendentemente pasó de ella y siguió adelante como si nada.
La chica se relajó, debía ser uno de los humanos que trabajaban para Enmu, pensó para tranquilizarse. Ella debía centrarse ahora en su misión. Era sencillo, sólo tenía que pensar que no causaría la muerte de nadie.
Se mantuvo alerta hasta que comprobó que todos los pasajeros del vagón en el que estaba se quedaban dormidos. Sólo entonces sacó la cuerda y se acercó a uno de los que estaban ahí.
Se sentó frente a él y, con cuidado, ató su muñeca con la cuerda. Segundos después hizo lo mismo con la suya y se sentó frente a su víctima. Cerró los ojos y trató de dormirse.
Cuando abrió los ojos estaba en un lugar completamente diferente. Había vegetación por todas partes y una casa de aspecto bien cuidado. Podía escuchar que de ahí provenían risas infantiles. Miró asombrada a su alrededor, no podía ser…había tomado todo lo que había dicho Enmu como una locura, pero, se había equivocado, pensó. Sacudió un poco la cabeza, no era momento de ponerse a pensar en todo eso
Ahora tenía que buscar el límite de aquel sueño y abrirse paso hasta el subconsciente para poder destruir el núcleo. Fue tanteando, esperando que, en algún punto, sus manos dieran con esa barrera invisible que Enmu había descrito.
Dar con ella le tomó más tiempo del que le hubiera gustado, pero, nada más la tuvo delante, sacó el punzón que el demonio le había dado y, con cierta dificultad rasgó la barrera. Tenía el tacto y la resistencia de una tela, así que abrir un hueco lo suficientemente amplio para poder pasar no le costó mucho.
Y se encontró en un lugar completamente diferente. No había nada a su alrededor. Todo era un espacio infinito blanco. Era sereno y transmitía una paz que la niña nunca había sentido, pero lejos de dejarse embrujar por esa sensación, prosiguió con la búsqueda del núcleo.
Tras andar un buen rato se topó con un orbe de color añil que flotaba. Levantó el brazo y se dispuso a romperlo con el punzón. No le importaba lo que le fuera a pasar a esa persona. No era asunto suyo, pensó mientras utilizaba su arma para ir rajando, poco a poco, aquel objeto.
El entorno a su alrededor comenzó a temblar y aparecieron grietas, el lugar comenzaba a desmoronarse.
La niña buscó con desesperación una manera de huir. Intentó correr de vuelta al sueño, tenía que abandonar el subconsciente cuánto antes.
Pero, cuando le faltaban unos metros para llegar, el suelo bajo sus pies cedió y hubiera caído si no hubiera aparecido Enmu y la hubiera sujetado.
—Buen trabajo, lo has hecho mejor de lo que esperaba. Pero ya es hora de que despiertes—le dijo el demonio.
Kazumi abrió los ojos de golpe y se incorporó de manera instintiva. Volvía a estar en el vagón del tren. Apresuradamente desató la cuerda de su muñeca y observó con miedo al hombre al que había estado atada.
Estaba despierto, o eso parecía. Tenía los ojos abiertos pero estos estaban completamente desenfocados.
Kyojuro se encaminaba tranquilo al pueblo. Al final había terminado por retrasar más de lo esperado el ir ahí, se había enfrascado en algunas tareas y en escribir a su hermano y al final, en vez de bajar al amanecer, lo había terminado por hacer después de comer.
Recordaba vagamente dónde estaban las casas de la mujer que había trabajado para su familia. Ojalá tuviera suerte y aceptase de nuevo trabajar ahí. O que, de no querer, pudiera decirle de alguien que estuviera interesada.
Aunque en cuanto se incorporase apenas iba a estar por casa, esa no era excusa para permitir que se llenase de polvo. ¿Qué clase de cabeza de familia sería si permitía aquello?
Sonrió un poco cuando vislumbró las primeras viviendas. Trató de recordar el camino que debía tomar ahora. Habían pasado 14 años desde que había visitado aquellas casas y su memoria era cuánto menos confusa.
Al menos, lo que sí recordaba eran el nombre. Iba a tener que ir preguntando, esperando que alguien fuera capaz de darle alguna indicación.
Observó a su alrededor, atento a cualquier transeúnte al que pudiera acudir a preguntar. Había una señora entrada en años que avanzaba con lentitud ayudada con un bastón, cargaba una bolsa en apariencia pesada, notó mientras se acercaba.
—¡Buenas tardes! —saludó.
—Buenas tardes, jovencito.— La mujer se le quedó mirando seria. Casi de manera acusadora.— ¿Qué le trae por aquí?
— Estaba buscando la casa de Naoko Nakamura, ¿sabe dónde está?
—Sí, claro. —La anciana se giró para darle las indicaciones correctamente—.Se casó hace un par de años y vive cerca de aquí. Mira, sólo tienes que seguir adelante y, pasada la casa del tejado rojo, tienes que girar a la izquierda. La tercera casa que encuentres, la que tiene celosías de madera blancas, esa es.
—¡Muchas gracias! —Rengoku se encaminó deprisa hacia allí, deseoso de solucionar todo eso pronto.
Siguió las indicaciones proporcionadas por la mujer y no tardó en llegar a una casa que cumplía con lo descrito.
Se acercó sonriendo y tocó varias veces la puerta. Se apartó un poco al escuchar pasos y esperó a que abrieran.
Una mujer de aspecto cansado le miraba desde la entrada. Algunas canas se podían ver en su cabello de color oscuro. Y bajo sus ojos verdes había ojeras. Vestía de manera humilde, y se apreciaban varios remiendos en su kimono rojo.
—Buenas tardes, me llamo Kyojuro Rengoku.
La fémina abrió mucho los ojos al escuchar aquello —.Pasa, pasa —le pidió, haciéndose a un lado. Él obedeció enseguida y la mujer cerró la puerta.
La siguió hasta un saloncito pequeño y se sentaron sobre dos cojines que había colocados frente a una mesa.
—Has crecido mucho —comentó la mujer, mirándole con atención —.Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te vi.
Kyojuro no supo qué decir, apenas recordaba eso. Pero no le llevó la contraria y asintió.
—¿Qué tal todo por ahí? —preguntó ella, interesada.
El hombre se removió un poco, incómodo —.Padre falleció recientemente— contó.
—Lo siento mucho.— Naoko le miró con cierta lástima —.Era un gran hombre.
—Lo era. —Aquellas palabras dejaban un sabor amargo en la boca de Kyojuro. Sentía que no eran del todo ciertas.
Naoko asintió, distraída —¿Quieres algo de beber? Puedo preparar un té o algo.
—No, no hace falta, muchas gracias. —Se aclaró la garganta un poco antes de seguir hablando—.Cuando era pequeño trabajabas limpiando la casa.
La mujer volvió a asentir —.Cuando tu madre cayó enferma, sí. Aunque no estuve demasiado tiempo.
—Me gustaría saber si estarías interesada en volver a trabajar ahí. —Quizá estaba hablando de más, pero tenía que intentarlo— .Sería ir, al menos, una vez por semana a limpiar. Ahora mismo no vive nadie.
Naoko le miró. No se había esperado esa oferta, aunque ya había imaginado que había una razón para esa visita. Kyojuro malinterpretó su silencio y suspiró un poco.-Lamento haber desperdiciado su tiempo. Ha sido un placer volver a verla.
—Espera. Sólo me ha sorprendido la oferta. Me encantaría, pero, ahora mismo, sólo estoy libre los viernes por la tarde.
—Oh. ¡No pasa nada!-la alegría había regresado a la voz de Kyojuro— .Podemos hablar del salario ahora si quiere.
Un par de horas después, un bastante satisfecho Kyojuro retomaba el camino de vuelta a su casa. Habían terminado pronto de fijar el salario que cobraría Naoko por su trabajo y, el resto del tiempo, lo habían pasado recordando los tiempos en los que ella estuvo cuando era pequeño.
Según le había contado la mujer, había tenido la costumbre de comer dulces y, en más de una ocasión, Naoko había encontrado envoltorios de caramelos bajo su almohada.
Él no recordaba nada de eso y se había pasado el rato escuchando las distintas anécdotas que le había contado. Y debía admitir que había sido bastante agradable.
Pero había comenzado a anochecer y se vio obligado a marcharse, no sin antes hacer prometer a la mujer que, una vez fuera de noche, no saldría de la casa bajo ningún concepto.
Al menos tenía eso solucionado, pensó. Sentía que se había quitado un peso de encima. Ahora quedaba el otro asunto que le preocupaba. Podía empaquetar varios de esos tomos y hacer una visita a la Mansión de las Mariposas.
Así de paso visitaba a su hermano y le preguntaba si estaba dispuesto a hacer esa tarea por él.
Aceleró el paso para llegar cuánto antes a su casa. Quería tener todo listo para poder irse temprano al día siguiente, y le vendría bien también descansar un poco.
Pero si todo salía como esperaba, lo usaría de excusa para reincorporarse por fin. Había descansado ya el tiempo necesario, más sería abusar de la buena voluntad del patrón.
Giyuu se sentó delante de Shinobu. Acababa de llegar, en plena noche, a la Mansión de las Mariposas y había pedido verla de inmediato.
Así que, ahí estaban, en el despacho de la mujer.
—Confieso que no esperaba recibir una visita tuya a unas horas tan tardías —dijo la Pilar de los Insectos.
—Vine lo antes que pude. No puedo quedarme mucho tiempo —reconoció Giyuu, escuetamente.
—Entiendo. Supongo que vienes a decirme los resultados de vuestra pequeña investigación.
—Sí. Como ya me imaginaba, no hemos podido encontrar nada —dijo Giyuu —.No está en Hokkaido ya. Lo siento, Kocho.
La mujer bajó la mirada, asimilando aquella noticia. Aunque ya se la había esperado, hubiera deseado que tuvieran algo por lo que tirar.
—Has hecho lo que has podido —dijo, en cambio —.Y gracias por venir a contármelo.
—Es lo mínimo que puedo hacer —confesó el Pilar del Agua, tratando de restar importancia a todo aquello —.Cualquiera lo hubiera hecho.
—No, sabes que no es así —le rebatió ella. Los otros Pilares habrían obedecido sin dudar al patrón. Le alegraba ver que no era la única capaz de obrar diferente.
—No puedo retrasarme mucho —dijo Giyuu entonces —.El patrón espera el reporte.
Al oír eso, Shinobu cayó en la cuenta de algo. No había visto por ningún lado al cuervo de su compañero—¿Dónde está tu cuervo?
Tomioka se encogió de hombros— .Lo envíe con un mensaje para mi antiguo maestro. Cabe la posibilidad de que se haya perdido de nuevo en el trayecto.
Kocho trató de no reír ante eso. Pero su compañero no parecía en absoluto preocupado de que el ave fuera a contar algo, así que confiaría en él. Si no recordaba mal, el cuervo de Tomioka era bastante viejo y dado a perderse.
—Pues entonces es mejor que vayas para allá ya.
—Sí. Nos vemos en la siguiente reunión, Kocho. Si me entero de algo, te lo contaré. Cuídate.
—Tú también, Tomioka. Y gracias por todo, de verdad.
La mujer le acompañó a la salida de la casa para despedirle y se quedó ahí, en el umbral hasta que Tomioka desapareció de su vista. Suspiró un poco y contuvo las ganas de llorar.
Por supuesto algo así no podía solucionarse con tanta facilidad, pensó con amargura. No sabía que ordenaría ahora el patrón, pero no dudaba que la seguiría manteniendo al margen.
Su única vía para saber algo era que Tomioka la mantuviera al tanto.
Tomioka se arrodilló ni bien llegó el patrón al patio. Había llegado hacía pocos minutos a la vivienda y Ubuyashiki le recibía pese a la hora tan tardía.
— Lamento haber venido sin avisar, patrón —se disculpó —Mandé a Kanzaburo para avisarle, pero creo que se ha vuelto a perder.
Kagaya le restó importancia. No era la primera vez que algo así pasaba.
—No pasa nada, es un cuervo bastante viejo.—Ubuyashiki llevaba tiempo pensando cambiar el cuervo de Giyuu y quizá esa fuera una buena oportunidad.
—Vengo a reportar los resultados de la misión que nos asignó.— Giyuu levantó la mirada y observó a su líder mientras hablaba —.No hemos encontrado nada. Es evidente que Kanae ya no se encuentra en Hokkaido.
Kagaya asintió, serio —.Es lo que me temía. —Habría sido extraño que se hubiera quedado habiendo sido descubierta.
—¿Quiere que siga buscándola?
—No de forma activa. —Kagaya no era estúpido, sin ninguna pista sería como buscar una aguja en un pajar —.No creo que vaya a ser fácil dar con ella.
Avisaría al resto de los Pilares, aunque seguiría manteniendo al margen a Shinobu. Era lo mejor, creía.
Bueno, y hasta aquí es el décimo tercer capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.
Así que, nos vemos el mes que viene con el décimo cuarto capítulo.
¡Hasta la vista!
