Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.

Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.


Uzui temblaba mientras miraba el cuerpo tapado con una sábana. Le estaba costando reunir el valor para levantar la tela y comprobar si era de verdad Suma.

Pero el oficial de policía estaba esperando. Con la mano temblorosa, agarró la sábana y, despacio, la retiró lo suficiente para poder contemplar su rostro. Le habían cerrado los ojos y, de no haber sabido ya la verdad, Tengen habría pensado que estaba durmiendo.

—Sí, es ella. Suma. —Aún le costaba creerlo. Cuando, horas antes, Hinatsuru y Makio se lo contaron, se había negado a aceptar esa verdad. Pero, en esos momentos, delante de él, tenía la prueba irrefutable. Suma estaba muerta.

Era su culpa, debería haber supuesto que algo así era una tarea imposible para alguien que, aunque supiera defenderse, carecía de la preparación de un cazador de demonios.

Si hasta a él le había tomado varios años estar preparado.

—Lo siento mucho —dijo el otro hombre, tratando de ofrecer algo de consuelo, aunque Tengen apenas le prestó atención.

—Nos llevaremos el cuerpo.

—Disculpe, pero se trata de una investigación abierta—protestó inmediatamente el oficial.

—Me da igual— Uzui tuvo que controlarse para no gritar—.Esto está fuera de vuestras capacidades. El Cuerpo se encargará.

— No hay pruebas de que esto lo haya hecho un demonio. —El policía no parecía estar dispuesto a dar su brazo a torcer.

—Se equivoca, ahora, por favor, déjenos llevarme el cuerpo de mi esposa.— Tengen cogió con delicadeza el cuerpo envuelto.

El oficial abrió la boca para seguir protestando, pero la mirada que el Pilar le dirigió le hizo enmudecer por completo y le permitió retirarse del lugar.

Afuera, sentadas en unas sillas, estaban esperando Hinatsuru y Makio. Ambas mujeres no habían podido entrar y les tocó quedarse ahí, afuera. Aunque, nada más ver a su marido y lo que cargaba, se levantaron y acercaron inmediatamente.

—Nos vamos.-Tengen, que no había podido ver las heridas que ese demonio le había ocasionado a Suma, quería que fuera Kocho quien se hiciera cargo de la autopsia. Confiaba más en su opinión que en la de unos civiles.


Kocho, nada más saber lo que quería, le había conducido a su laboratorio subterráneo, y le indicó una mesa metálica alargada dónde podía dejar el cuerpo.

Uzui obedeció y se apartó un poco. —Gracias, Kocho. Lamento haberte avisado con tan poca antelación.

—Tonterías-dijo ella mientras abría uno de los armarios y sacaba un maletín, que colocó sobre la mesa—.Me llevará varias horas realizar un examen completo. Deberías esperar fuera-le pidió.

No creía que fuera buena idea que viera el procedimiento. Además que se sentiría más relajada haciendo eso por su cuenta, sin tener a alguien pendiente de lo que estaba haciendo.

—Me quedo.— Tengen quería saber todo cuánto antes mejor.

Shinobu, que había estado terminando de ponerse unos guantes de látex y una bata blanca, se giró y suspiró. —No va a ser agradable, te lo aseguro, Tengen. Por favor, sal y te avisaré cuando haya acabado. Es mejor que no veas el procedimiento.

Uzui, que siempre había tenido la capacidad de captar sonidos que otros humanos no podían, la observó en silencio. Kocho estaba preocupada por él y no sonreía. Tampoco le estaba mintiendo.

A regañadientes accedió a su petición y se marchó de ahí, dejando a la mujer sola. Aunque desease estar presente, conocía lo suficiente a Shinobu como para no saber cuándo llevarle la contraria era una batalla perdida.

Makio y Hinatsuru, que habían estado presentes durante toda la conversación, le siguieron en silencio. Ninguno de los tres sentía especiales ganas de hablar.

Cada uno se encontraba enfrascado en sus pensamientos, aunque estos tomasen rumbos similares, ninguno los expresó en voz alta. Deseaban devolver todo el daño que ese demonio había ocasionado a Suma.

Salieron del subterráneo y abandonaron la habitación de Shinobu. Sólo entonces, el Pilar del Sonido habló.—Me aseguraré de vengar a Suma.

—Nos —le corrigió enseguida Makio y Hinatsuru asintió. No se iban a quedar ellas de brazos cruzados.

—No. Iré yo solo—dijo Tengen, era lo más lógico.

—Tengen. Suma era importante también para nosotras.— Hinatsuru trató de hacerle ver aquello, manteniendo un tono de voz sosegado.

—No tenéis ninguna preparación para este tipo de cosas— Tengen sabía que era un golpe bajo, pero era la única manera de mantenerlas domináis un tipo de respiración, ni usáis las armas adecuadas para matar a un demonio.

— Podemos usar el veneno que fabrica Kocho —intervino Hinatsuru, comenzaba a molestarse. Su marido era demasiado tozudo, pero tenía que entenderlas.

— ¡Sólo seríais un estorbo en la pelea-ambas mujeres fruncieron el ceño al escuchar aquello, pero Tengen no había terminado de hablar —.Y ya suficiente es que, esa zona por la noche, esté a rebosar de gente. Es muy peligroso, no os podré estar protegiendo si se complicase todo.

Makio, de improviso, le intentó dar un puñetazo que, el Pilar, gracias a todos sus años de experiencia en combate, esquivó sin problemas.

—A veces puedes llegar a comportarte como un verdadero capullo, ¿sabes?—Makio estaba controlándose para no gritar y montar una escena. Lo último que querían era atraer atención indeseada. Se marchó sin darle tiempo a Tengen a decir algo más.

—Makio tiene razón —aunque Hinatsuru podía llegar a entender mejor cómo se estaba sintiendo él, eso no justificaba sus palabras—. No somos inútiles. Aunque no podamos luchar como tú, sí que podemos asistirte en la batalla. Y vamos a hacerlo.

— No. Y fin de la conversación. Voy a ir yo solo y vosotras os quedaréis esperando aquí —ordenó Tengen.


Shinobu se relajó cuando los tres se marcharon. Era lo mejor, que no estuvieran presentes cuando se encargaba de realizar la autopsia. No iba a ser algo bonito ni agradable para ellos.

La mujer tenía cierta experiencia con ese tipo de cosas, aunque nunca lo había hecho con otro humano, pese a que no fuera a haber mucha diferencia.

Abrió el maletín y cogió el bisturí, dejándolo cerca de la mesa. Suspiró un poco y se acercó al cuerpo. Retiró la sábana que tapaba el cuerpo y, con paciencia, fue desnudando el cadáver.

Guardó la ropa en una bolsa y la cerró. La colocó apoyada en una de las patas de la mesa. Y volvió a prestar atención al cuerpo. Estaba ya preparada para comenzar con la autopsia de Suma.

Lo primero que haría sería buscar lesiones externas en el cuerpo. Examinó con atención el rostro, dándose cuenta de las marcas de color azul oscuro que estaban en los labios. Chasqueó un poco la lengua, eso, probablemente fuera señal de asfixia, pues también se podían apreciar petequias en la cara.

Y en el cuello había una marca de abrasión. Lo que confirmaba su hipótesis, la causa de muerte de Suma había sido la asfixia. Pero aún así debía proceder con el resto de la autopsia y examinar los órganos de la mujer.

Agarró de nuevo el bisturí y, con cuidado, realizó tres cortes en la piel para poder abrir el pecho y examinar lo que quería.

Separó la piel y siguió cortando, penetrando a través del músculo hasta que las costillas fueron por fin visibles.

La siguiente parte era, bueno, bastante aparatosa. Si quería acceder a los órganos, iba a tener que romper las costillas. Cogió unas cizallas y se puso manos a la obra. Despacio y con precisión nacida de la práctica, fue rompiendo esos huesos.

Dejó las costillas en una bandeja cercana y agarró de nuevo el bisturí. Con sumo cuidado fue extrayendo los órganos para poder examinarlos mejor por separado. Los dejó en varias bandejas y se apartó algo del cadáver.


Kyojuro suspiró un poco, llevaba ya un rato escuchando a Tengen quejarse del comportamiento de sus esposas.

—¡Y no parecen darse cuenta de lo peligroso que es! ¿¡Te lo puedes creer!? —El Pilar del Sonido no parecía ir a parar pronto de hablar. Y era la primera vez que Kyojuro lo veía tan alterado.

El Pilar de la Llama estaba bastante incómodo, pero aún así trató de aplacar al otro. —Es peligroso, sí —admitió. Entendía hasta cierto punto los motivos de Tengen para actuar así-Pero quizá deberías explicárselo bien.

—He sido bastante claro ya —sentenció Tengen —.Me preocupa que ese demonio siga escondiéndose con tanta facilidad.

—¿Necesitas ayuda? —Kyojuro aprovechó esa oportunidad para cambiar de tema a uno en el que se sintiera más cómodo.

Tengen negó. Se encargaría él personalmente. No deseaba que nadie más interviniera.

—¿Qué tal con tu aprendiz? —preguntó, cambiando de tema, quizá con demasiada brusquedad, aunque al otro hombre no le importó.

—Bien, estoy seguro de que, si sigue así, llegará a convertirse en un Pilar— dijo Kyojuro. El orgullo que sentía era notorio.

—¿Tú crees? El nivel de los cazadores ha bajado mucho últimamente —se quejó Tengen, serio.

—No es fácil—reconoció Kyojuro.

—Los instructores deberían ser más exigentes. Son unos blandengues.—Tengen tenía esa opinión desde hacía mucho tiempo.

—¿Y por qué no buscas a alguien a quien enseñar? —preguntó con curiosidad Kyojuro. Era natural para los Pilares hacer algo así en algún momento.

—Nah, yo no soy como Shinobu o como tú. No tendría la paciencia suficiente.

Rengoku rió. Podía imaginar el escenario perfectamente. Tengen suspiró un poco, sus pensamientos no dejaban de volver a Suma, por mucho que intentase lo contrario. Quizá a sus dos esposas les estuviera ocurriendo lo mismo.


—¿La asfixiaron entonces? —preguntó seria Makio cuando Shinobu terminó de explicar los resultados que había obtenido con la autopsia.

— Sí, esa fue la causa de la muerte— Shinobu había intentado ser lo más delicada posible dando esa información. Y no creía que ser demasiado explícita fuera la mejor opción —.Tenía marcas de tortura por el cuerpo —añadió, sin entrar en detalles.

Tengen asintió, serio —Gracias, Shinobu.

—No ha sido nada.— La mujer cerró la carpeta dónde estaban los papeles dónde la mujer había anotado toda esa información cuando terminó con la autopsia.

—Hay otra cosa que me gustaría pedirte —admitió Tengen —.Las últimas muestras de veneno que me diste se me han acabado ya.

—Te puedo dar uno más potente que he desarrollado hace poco, ¿o prefieres el de siempre? —ofreció Shinobu.

—Uno más potente estaría bien, sí.

—Perfecto. Que no se te olvide luego decirme qué tal funciona-pidió Shinobu —.No he tenido ocasión de comprobarlo.

El demonio que habría sido su conejillo de indias para eso había preferido suicidarse antes de permitir eso. Decir el nombre del rey de los demonios proporcionaba a esas criaturas una muerte espantosa.

— Descuida.-No era la primera vez que Shinobu le pedía algo así.

—¿Nos puedes dar varias muestras a nosotras también? —pidió Hinatsuru.

Shinobu hizo una mueca —.No tengo muchas del nuevo, os tendría que dar del que usáis a menudo—.Quería conservar algunas para poder probarla esa nueva sustancia ella misma. Lo único que necesitaba era encontrar un buen sujeto de pruebas.

—No pasa nada. —En general los venenos que fabricaba la Pilar de los Insectos eran bastante efectivos, así que se las apañarían bien con los que habían usado hasta el momento.

—Si esperáis un poco ahora os lo doy todo—pidió Shinobu.


El funeral de Suma fue bastante breve. Aunque a Tengen le hubiera gustado preparar algo más extravagante, ese no habría sido el estilo de su esposa fallecida. Y en esos momentos, el Pilar del Sonido deseaba honrar su memoria lo máximo posible.

Después de cremar el cuerpo, habían llevado la urna con las cenizas al cementerio dónde estaban enterrados otros ninjas de su clan. Sólo habían estado ellos tres presentes y tampoco habían esperado la presencia de los familiares de la joven mujer.

Tiempo atrás habían roto todo contacto con sus respectivas familias cuando decidieron abandonar el estilo de vida de los ninjas. Y, hasta el momento, ninguno había llegado a lamentar esa decisión.

Tengen encendió la vela aromática que estaba frente a la lápida y los tres se arrodillaron, cerrando los ojos, rezando una oración por el descanso del alma de Suma.

—Lo siento, Suma-murmuró el hombre cuando abrió los ojos— .Pero te prometo que te vengaré, aunque sea lo último que haga.

Makio apretó los labios, formando una fina línea con estos, haciendo su mejor esfuerzo por no ponerse a discutir ahí mismo con su marido. No importó cuánto lo intentasen ambas mujeres, Tengen se mantuvo firme en su decisión de mantenerlas al margen.


Daki entró en su dormitorio y se detuvo sorprendida al ver allí a Muzan, sentado en la silla del escritorio.

Cerró deprisa la puerta y se arrodilló inmediatamente ante él. El otro demonio sonrió un poco y se levantó.

—Me alegra ver que sigues haciéndote más poderosa —comentó Muzan, acercándose a ella. De todas las Lunas Superiores, Daki era la más joven, apenas tenía un siglo de vida.

Daki trató de contener el entusiasmo por esas palabras y se mantuvo en silencio, con la mirada fija en el suelo.

—Pero hace tiempo que no matas a un Pilar—señaló, serio, Muzan.

—No son fáciles de localizar, mi señor-confesó hace poco he conseguido encontrar a uno-trató de excusarse la joven. Tampoco era que hubiera abandonado ese lugar últimamente.

—¿Y sigue con vida?—preguntó el hombre.

—Estoy esperando su regreso. Le he dado motivos para volver.—Daki no tenía la menor duda de que ese Pilar regresaría.

—Asegúrate de acabar con él-le ordenó Muzan

Daki asintió, algo extrañada, su señor no solía malgastar su tiempo en dar órdenes así. Era parte de su misión como Lunas Superiores. Todas habían matado, al menos, a tres o cuatro Pilares.

—Lo haré—contestó ella.

—Bien, estoy seguro de que podrás —dijo Muzan. Para una Luna Superior algo así tenía que ser un juego de niños.

Daki se contuvo para no preguntar si había algo más que quisiera.

—Hay algo más que quiero que hagas. Si tienes la oportunidad —admitió finalmente el rey de los demonios—¿Qué sabes sobre la Respiración del Sol?

—Nada, mi señor.—Daki nunca había escuchado acerca de eso. Ni siquiera de demonios más antiguos que ella.

—Es la respiración original —explicó Muzan —.La más poderosa.

— ¿Quiere que elimine a los que la practican? —Trató de deducir la joven. Deseando complacer a su señor.

—No estoy seguro si queda alguien que la practique actualmente, pero sí sé de una familia que la estuvo transmitiendo entre sus miembros por generaciones.

—Me encargaré de ellos— aseguró Daki, creyendo que eso era lo que su señor deseaba pedirle.

—Sólo queda un miembro de esa familia con vida. Una chica con pendientes con forma de cartas hanafuda—contó Muzan serio.

—La mataré, no se preocupe.— Daki estaba entusiasmada. Era la primera vez que recibía una misión por parte de su señor. Aquello era, sin duda, un gran honor.

—Si no te queda otra opción, sí. Pero preferiría que la transformases en demonio.— Muzan había tenido tiempo suficiente para pensar cómo contaminar el legado de la Respiración del Sol y, ¿acaso había mejor forma?

—¡Entendido!


Uzui se detuvo cerca del Distrito Rojo. A decir verdad no tenía ningún plan concreto para localizar a ese demonio.

Podría haber cogido a varias cazadoras y hacer que se infiltrasen, tal y como habían hecho anteriormente sus esposas. Pero el riesgo era demasiado alto y, si algo odiaba Tengen, era ser el causante de muertes que se podían haber evitado.

Pensaría sobre la marcha una forma de conseguir lo que buscaba, decidió. Haría salir a ese demonio, sí o sí.

Con esa determinación en mente, avanzó corriendo hacia los edificios y saltó al tejado del primero.

La noche había caído ya y las luces de las calles estaban encendidas. Tengen observaba serio a la gente que paseaba. Era probable que el demonio que buscaba se escondiera en la casa en que Suma había investigado. Eso explicaría, al menos, que sus otras dos esposas no hubieran sido atacadas.

En ese momento notó que algo avanzaba a toda velocidad hacia él y tuvo el tiempo justo de apartarse. Segundos después, dos cintas de color rosado cortaron el aire del lugar donde había estado. Si hubiera tardado más en reaccionar habría muerto.

Se giró y observó a la mujer que acababa de llegar. No se había dado cuenta de eso. Ni la escuchó llegar. Era una joven de cabellos largos blancos con las puntas verdes. Tenía el rostro pálido, con varias flores dibujadas en este. Vestía ropas bastante escasas, que apenas cubrían su cuerpo.

Eso era preocupante, pensó mientras desenvainaba las dos enormes espadas que llevaba en la espalda.

—Conque una Luna Superior, ¿eh? —comentó, aparentando tranquilidad, al fijarse en el kanji que había en ambos ojos de su contrincante. La Sexta Luna Superior.

—Dime, ¿qué respiración usas? —preguntó Daki. Esperaba que fuera de las Rocas o del Viento, aún no había matado a un Pilar que las usase.

—¿Qué te importa? —la cuestionó Tengen, lanzándose a atacarla.

—Me gusta saberlo, simplemente —comentó Daki. Aunque era bastante patético lo lento que era. No le estaba costando nada esquivar sus golpes.

—Pues temo que te quedarás sin saberlo.

— ¿En serio?— Daki fingió decepción mientras aterrizaba nuevamente en el tejado, apartándose del filo de sus é pena.

Lo siguiente que hizo el Pilar fue lanzar una serie de golpes con sus dos espadas a toda velocidad contra ella. Al mismo tiempo que hacía eso, liberó una de sus bombas y con sus armas la hizo explotar.

Una humareda gris cubrió el lugar, impidiendo que Tengen pudiera ver correctamente sus alrededores, pero esperaba que hubiera hecho algo de daño a esa mujer.

Oyó perfectamente como esta lanzaba sus dos cintas contra él y las trató de cortar. Hizo una mueca al comprobar que eran más resistentes de lo que aparentaban. Apenas fue capaz de cortar algo.

Sintió como, detrás suyo, las cintas giraban y volvían a por él. Saltó a uno de los tejados cercanos para esquivarlas.

No podía permanecer ahí, si luchaban en ese lugar el número de víctimas sería elevado. Lo mejor era tratar de alejarla de la población.

Justo en ese momento, el humo que cubría el lugar donde estaba Daki se disipó. Tal y cómo se temía, no parecía haber sufrido daño alguno.

—¿Eso es lo mejor que puedes hacer? —se burló ella, riendo.

—Sólo acabo de empezar.— Tengen cargó de nuevo contra la demonio y, aprovechando que la zona de su estómago quedaba desprotegida, la empujó con el pie hacia atrás.

Daki salió despedida hacia la zona boscosa que rodeaba el barrio. Aunque el golpe contra el suelo la dejó sin respiración durante unos segundos, se repuso rápidamente.

Así que intentaba evitar muertes innecesarias, pensó la demonio. Bastante predecible, todos a los que se había enfrentado adoptaron esa misma estrategia. Y ella los terminó por matar, a veces aprovechando esa flagrante debilidad.

Esquivó el siguiente golpe del humano y contraatacó inmediatamente. Se preguntaba cuánto tiempo tardaría en cansarse. Algo a lo que los humanos eran bastante dados.

Intercambiaban ataques a toda velocidad mientras se iban moviendo entre los árboles. Cuando estaba bloqueando las estocadas de Tengen, Daki sintió dolor en la pierna y al dirigir su atención ahí, se percató de que tenía un kunai clavado en el muslo derecho.

Sin dudar se lo quitó y lo tiró al suelo.-¿De verdad creías que una artimaña así sería efectiva?

Se detuvo un momento al sentir malestar. Podía notar como una sustancia extraña estaba en su torrente sanguíneo. Sus escleróticas se tornaron rojas y sus venas se oscurecieron, a causa de ese veneno, pero eso fue lo único que ocurrió antes de que Daki fuera capaz de neutralizar esa sustancia.

Tengen gruñó, por supuesto que no iba a ser tan fácil. Quizá con un demonio de menor rango hubiera funcionado, pero estaba claro que no servía para las Lunas Superiores.

— ¿Veneno? ¿En serio?— preguntó ella. Se lanzó sobre él y trató de darle una patada en la cabeza.

Pero antes de poder hacerlo, él la agarró de la pierna y la tiró contra los árboles. Había conseguido neutralizar el veneno más rápido de lo que a Tengen le hubiera gustado. Ni siquiera le había afectado realmente.

Daki amortiguó el golpe agarrándose a varias ramas con sus cintas. Y le observó con escaso interés. Se estaba aburriendo mucho ya.

Tengen no la vio moverse. En un abrir y cerrar de ojos, la mujer estaba delante de él y, con las uñas, afiladas como cuchillos, estuvo a punto de cegarlo, pero el hombre giró la cabeza en el último momento y consiguió evitar que su ojo izquierdo quedase inutilizado. Aunque el arañazo resultante en su mejilla era bastante profundo.

La sangre brotaba profusamente, llegando pronto a su cuello y manchando su uniforme. Pero Uzui no parecía afectado en absoluto. Si acaso lucía algo molesto. Y antes de que la demonio tuviera la oportunidad de apartarse, Uzui le cortó ambos brazos.

Daki aterrizó varios metros más adelante, y los miembros perdidos se regeneraron enseguida. Iba a ponerse en serio ya, decidió.De su obi rosa salieron un total de seis cintas y las lanzó a toda velocidad contra el Pilar. Este trató de bloquearlas con sus dos espadas, pero la mujer, haciendo que dos de sus cintas virasen a su costado, le golpeó y lanzó a Tengen contra los árboles, haciendo que se golpeara contra varias ramas, rompiéndolas y cayendo al suelo.

Uzui trató de levantarse lo más rápido que pudo, las heridas le dolían bastante, aunque ya no sangrasen tanto, y, para colmo, varias astillas de madera se habían clavado en sus brazos, agravando el estado de sus heridas.

Daki no le dejó tiempo de reponerse y volvió a lanzar contra él las cintas de su obi, obligando al Pilar a defenderse como pudo, utilizando sus bombas de humo para apartarse de la trayectoria.


El cuervo de Tengen observaba el combate con atención. Aunque Uzui se las había apañado bien al principio, Daki había sido capaz de herirle y ya comenzaba a pasarle factura.

Y la batalla comenzaba a favorecer a la demonio, que seguía atacando sin compasión alguna al humano.

Sin perder tiempo emprendió el vuelo, si se daba prisa podría llegar a tiempo a la Mansión de las Mariposas y pedir refuerzos.

No supo cuánto tiempo estuvo volando, pero no se permitió descansar. La vida de su dueño dependía de él.

Así que cuando, antes de llegar, divisó a Rengoku y a su sucesora, se lanzó hacia ellos, utilizando prácticamente todas las fuerzas que le quedaban.

El Pilar de las Llamas lo agarró con cuidado y no tardó en reconocerlo, gracias a los adornos que Tengen, tiempo atrás, había puesto en el animal.

— ¡Nijimaru! —exclamó Kyojuro intuyendo ya, por el estado del pájaro, que algo malo debía haber ocurrido.

— S-Sexta Luna Superior —alcanzó a decir el cuervo, sin aliento por el esfuerzo —.En el Barrio del Placer.

Rengoku frunció el ceño al oír eso-Sumiko, vamos. No podemos perder tiempo-ordenó mirando a su sucesora, luego volvió a mirar al pobre animal —¿Tienes fuerza para llegar a la casa de Shinobu?—El animal asintió y, con evidente esfuerzo, emprendió el vuelo.


Daki sonreía divertida, desde dónde estaba podía notar cómo el corazón de su enemigo comenzaba a latir más despacio, la pérdida de sangre había terminado por pasarle factura, sentenciando el combate.

Y, para ponerle fin, una de las cintas de la demonio había rasgado el lateral del cuello, pasando por la zona dónde se encontraba una de las venas más importantes.

Tengen había intentado usar la Respiración Total Constante para detener la hemorragia, pero eso le había dejado expuesto a sus ataques, y una de las cintas de Daki atravesó su pecho, perforando su corazón.

El cazador se desplomó inmediatamente, muerto. Daki se estiró un poco, relajándose por fin.

Podía volver con calma al distrito rojo, gracias a que habían tenido la batalla en otro lugar, este seguía intacto. Y no quedaba nadie que pudiera delatarla, así que no veía problemas en regresar por el momento.

Echó a correr hacia ahí. Cuando estuvo en las cercanías del lugar, adoptó de nuevo un aspecto humano y, con facilidad, se mezcló entre la gente que andaba por el lugar.


Rengoku se detuvo bruscamente al encontrar, en el bosque cercano a donde se dirigían, una de las armas de su compañero tirada en el suelo de cualquier manera.

— Rengoku... —Sumiko también se había percatado de aquello, pero parecía preocupada por otra cosa —.En esa dirección huele mucho a sangre.

Kyojuro miró hacia dónde la joven señalaba y asintió, serio—.Vamos, Sumiko.

Los tres echaron a correr hacia allí. Varios metros más adelante, encontraron el cuerpo de Tengen.

Mientras que Sumiko y Nezuko mantenían una distancia prudencial, el Pilar de las Llamas se acercó a su compañero.

Uzui estaba indudablemente muerto y, a juzgar por la herida que tenía en el pecho, le habían atravesado el corazón.

Al menos había tenido una muerte rápida, pensó Kyojuro, en un intento de buscar consuelo y alejar los nefastos pensamientos que comenzaban a inundar su mente. En el fondo, era su culpa, debería haber insistido más en acompañarle.

Era bien sabido por todos los miembros del Cuerpo que, en caso de enfrentarse a una de las Lunas Superiores, se necesitaban tres Pilares para tener alguna posibilidad de ganar. Y ni siquiera eso garantizaba la victoria.

Cerró los ojos de su compañero por respeto y miró a su sucesora. Esta fruncía el ceño y parecía bastante inquieta. Nezuko estaba igual, mirando a todos lados, casi como si esperase que fueran a ser atacadas.

—¿Ocurre algo? —preguntó Rengoku.

—El olor de este demonio…— murmuró Sumiko inquieta —.Es demasiado similar al de Muzan.

—¿Crees que podrías detectarlo por su olor?—quiso saber Rengoku.

—Puede ser, sí… —La duda teñía la voz de la joven, quien no podía evitar recordar el encuentro, tiempo atrás, con Muzan.

Rengoku estaba tentado a pedirle que lo hiciera inmediatamente, pero, precipitarse podría costarles la vida. Y llevar a Sumiko a un enfrentamiento contra el séptimo demonio más fuerte sería un suicidio. No estaba preparada y sólo estorbaría.

—Olvídalo por ahora, es mejor que nos retiremos —decidió Kyojuro mientras trataba de cargar el cuerpo de Tengen, perdiendo algo el equilibrio al hacerlo y tambaleándose ligeramente. Pesaba bastante, Uzui había sido siempre un hombre bastante fornido y, aunque Kyojuro no era un debilucho, no llegaba al nivel de su compañero caído —.Volvamos a la Mansión de las Mariposas.

—Rengoku, ¿le ayudo? —preguntó la muchacha al ver las dificultades del Pilar para avanzar.

—Yo puedo hacerlo, si queréis —se ofreció Nezuko. Kyojuro estuvo tentado a negarse, más por orgullo que por otra cosa, pero, sí era cierto que si seguía así, terminaría por cansarse enseguida.

—Te lo agradecería mucho, Nezuko —aceptó finalmente y la demonio aumentó su tamaño hasta ser más alta que el Pilar. Cogió el cuerpo de la espalda de Rengoku y cargó con él como si no pesase nada.


Shinobu estaba esperando en el porche de la Mansión de las Mariposas a que llegasen y nada más verles se acercó deprisa a ellos.

Al principio, al ver cómo Nezuko cargaba a Tengen, pensó que estaba herido. Hasta que tuvo la oportunidad de contemplarlo de cerca.

—Llegamos demasiado tarde —reconoció Kyojuro.

Shinobu negó. Dudaba que eso hubiera cambiado algo, pero se abstuvo de decirlo. Oyeron como la puerta de la casa se abría y las dos esposas de Tengen salían.

Ambas se detuvieron en seco un momento al ver el estado de su marido y Shinobu, percatándose de que el Sol comenzaba a asomar por el horizonte, se hizo cargo enseguida de la situación.

—Vamos adentro, ya está amaneciendo—pidió la Pilar de los Insectos.

Los cinco se apresuraron a volver al interior de la casa y Nezuko se relajó algo cuando estuvo a cubierto. Se sentía cansada, cargar con ese hombre manteniendo esa forma la agotó más de lo que esperaba y sólo quería dormir.

Pero no se quejó, no era el momento.— ¿Dónde lo dejo? —preguntó, si sonaba demasiado brusca no le importó, tampoco pensaba cargar con él todo el rato.

—Ah, claro, claro— murmuró Shinobu-Ven, vamos. —Lo mejor era dejarlo en uno de los dormitorios libres por el momento.

No quería dejarlo en la enfermería porque corría el riesgo de que alguna de las niñas pequeñas lo vieran y Shinobu deseaba ahorrarles esa experiencia lo máximo posible.

—Nosotras nos encargamos —dijo Hinatsuru, tratando de agarrar a su marido para cargarlo ella y Makio la ayudó enseguida.

En cuánto se vio liberada de aquel peso extra, Nezuko adoptó su tamaño original y se apoyó ligeramente en su hermana.


Bueno, y hasta aquí es el décimo quinto capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.

Así que, nos vemos el mes que viene con el décimo sexto capítulo.

¡Hasta la vista!