Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.

Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.


Kagaya se incorporó con ayuda de Amane. El dolor que sentía había ido a peor en las últimas semanas, haciendo imposible que el hombre pudiera permanecer mucho tiempo de pie.

—Gracias—murmuró el hombre. Su dependencia de su esposa, como era de esperar, se había visto incrementada.

—De nada.— La mujer acercó la bandeja con la comida y, tras avisar al patrón de ello, comenzó a ayudarle a comer. Amane dudó un momento antes de añadir—Hace un rato he mandado a los cuervos para que notifiquen a los otros Pilares sobre lo ocurrido con Tengen.

Kagaya asintió. La noche anterior recibieron ellos la noticia y decidieron esperar hasta la mañana siguiente para comunicarlo.

—¿Puedes recoger el testamento de Tengen?—pidió él. Debía entregarle a las dos viudas la última voluntad de su marido.

La mujer asintió y se levantó. Todos los cazadores de demonios, en el momento en el que se unían al Cuerpo, redactaban eso. Y era el patrón el que se encargaba de guardarlos celosamente hasta que llegaba el momento.

Amane salió del dormitorio y se encaminó hacia la sala de archivos donde tenían todos esos documentos.

Era una sala amplia, con varias estanterías que llegaban hasta el techo. En cada uno de los compartimentos de esta, ordenados de manera pulcra, había papeles enrollados y sujetos por una cinta.

Aquellos que pertenecían a los Pilares estaban colocados en una zona algo apartada, y, para poder alcanzarlo, Amane necesitó subirse a una escalera.

Localizó el que pertenecía al Pilar del Sonido y se bajó de la escalera. Tenían un procedimiento para esas situaciones. Al patrón siempre le había gustado entregarlo en persona, pero, dada su actual condición, Amane dudaba que eso fuera a ser posible ya.

Y ella cada vez se iba haciendo cargo de más cosas. Aunque siempre se aseguraba de que su hijo estuviera presente. Debía estar preparado para cuando le tocase relevar a su padre como líder del Cuerpo.

Suspiró un poco, cada vez era más consciente de que la muerte de su marido estaba a la vuelta de la esquina. Por mucho que hubiera vivido más de lo que los médicos creían, la enfermedad que le aquejaba no paraba de avanzar.

Alejó esos pensamientos de su mente, no era bueno darle vueltas a eso. Después de todo, no había nada que ella pudiera hacer para evitarlo. Su única función ahora mismo era hacer la vida más cómoda a Kagaya.

Era su deber como esposa. Y Amane lo cumplía a rajatabla. Entró en el dormitorio de nuevo y se acercó a Kagaya con el papel en la mano.

—Ya lo encontré—dijo con suavidad. El hombre asintió un poco.


Shinobu se levantó temprano. Tenía muchas cosas que hacer esa mañana y lo mejor era empezar cuánto antes. Y, como era de esperarse, la repentina muerte de Tengen había provocado que el patrón organizase una reunión de emergencia.

Había que hacerse cargo del territorio que había protegido él. Y al ser colindante a las regiones que Tomioka y ella supervisaban, era bastante probable que se la dividieran entre ambos. Después de todo, la región de Chûbu era muy amplia.

Salió de su dormitorio y fue hasta la cocina a prepararse algo para desayunar. Tenía que esperar a que Rengoku se levantase, así que aún disponía de algo de tiempo.

Preparó algo de café y se lo sirvió en una taza. Se había aficionado a esa bebida, la ayudaba a despertarse por las mañanas y, cuando tenía alguna misión, también la mantenía despierta.

Se giró cuando escuchó pasos y vio entrar a Hinatsuru y Makio. Dejó la taza sobre la mesa un momento.

—¿Queréis desayunar algo?—preguntó con amabilidad. Las dos mujeres negaron, en esos momentos, en lo último que pensaban era en eso, en comer.

—Gracias, pero tenemos el estómago revuelto—se disculpó Hinatsuru.

Shinobu se mordió un poco el labio, creía entender cómo se sentían ambas. Cogió de nuevo su taza y se dispuso a dar un sorbo.

—Hay algo que me gustaría pedirte.—Makio se acercó a ella, hasta quedar enfrente—.Quiero entrar en el Cuerpo de Cazadores.

Aquella declaración consiguió pillar completamente desprevenida a la Pilar de los Insectos, que se atragantó y comenzó a toser.

—¿Disculpa?—preguntó cuando se le pasó la tos.

—Lo estuve pensando toda la noche—explicó Makio—.Quiero aprender la Respiración Total Constante también.

—Y quieres que yo te enseñe.—Shinobu terminó de beber su café y dejó la taza en el fregadero—.¿Y qué respiración deseas aprender?

—La del Sonido, por supuesto.—la kunoichi no lo había dudado. Era la única forma que se le había ocurrido para honrar la memoria de su marido.

Shinobu la observó en silencio unos segundos antes de responder —Creo que deberías pensarlo bien. No es una decisión que se deba tomar a la ligera.

—Lo tengo bastante claro—replicó la otra mujer. No pensaba cambiar de opinión. Y sabía cómo era la vida de los soldados del Cuerpo.

—Yo también lo he estado pensando—admitió Hinatsuru—Kocho, sabemos perfectamente a lo que nos enfrentamos. Y tenemos que hacerlo. Por Suma y Tengen.

La Pilar asintió, seria. Fue a decir algo más, pero la llegada de Rengoku la salvó de eso.

—¡Buenos días!—saludó con su habitual energía.

—Buenos días, Rengoku—respondió, agradeciendo que estuviera ahí.—¿Quieres café?

—Sí, muchas gracias, tienes leche y azúcar, ¿no?—A Rengoku no le gustaba el sabor amargo del café solo.

—Claro.—Mientras hablaba, Shinobu se acercó a una de las estanterías, abrió la puerta y cogió el frasco donde guardaba el azúcar y lo dejó en la mesa. Después, agarró la botella de leche que guardaba en la nevera y se lo tendió a su compañero.

Makio y Hinatsuru murmuraron una rápida excusa y salieron de la cocina, dejando sólos a los dos Pilares. Shinobu se relajó un poco.

—El patrón ha convocado una reunión urgente—comentó seria.

—Lo sé, no podemos demorarnos mucho.—Rengoku dio un par de sorbos a su café con leche, saboreándolo.


Amane, que había estado revisando unos libros, suspiró un poco cuando la mayor de sus hijas fue a avisarla de que los Pilares ya estaban ahí.

Esa vez presidiría ella la reunión. Aunque se sentía algo nerviosa, se aseguraba de mantener su rostro impasible.

—Gracias por avisar—dijo mientras dejaba el libro en su sitio. La niña asintió y se quedó esperando a que su madre se acercarse a ella.

—Avisa a tu hermano, quiero que él esté presente también.—Aunque sólo tuviera seis años, Kiriya debía irse acostumbrando a eso.

Hinaki asintió y se marchó rápidamente.


Sanemi aún no se podía creer la noticia. Tengen no podía estar muerto, dada la situación que atravesaba el Cuerpo, perder a uno de los Pilares era un golpe muy duro.

Además de que había sido, junto a Giyuu y a Gyomei, de los más veteranos dentro del grupo.

Y no tenían a nadie que pudiera ocupar el hueco dejado por Tengen. Confiaba en que el patrón hubiera pensado algo para paliar los efectos. Sí, seguro que ya tenía una solución.

Por eso mismo, su sorpresa, al ver que quienes acudían eran su esposa y su primogénito, fue mayúscula.

—¿Le ha ocurrido algo al patrón?—No pudo evitar preguntar eso. Estaba preocupado por el estado de salud de Kagaya.

—Su estado de salud ha empeorado—explicó ella—,Así que, a partir de ahora, yo presidiré las reuniones bianuales.

Los Pilares intercambiaron una mirada, preocupados. Ninguno estaba muy seguro de cómo actuar, aunque conocían a la mujer, esta nunca había asistido a ninguna reunión.

—Lamentamos mucho oír eso.—Mitsuri tomó la iniciativa a la hora de expresar eso.

Amane asintió—Os he convocado a raíz de la muerte del Pilar del Sonido—confesó.

—Fue la Sexta Superior, ¿no?—preguntó Muichiro.

—Sí, así es.—Amane le miró y suspiró—No tenemos demasiada información sobre ese demonio. Lo único que sabemos es que se escondía en el Distrito Rojo.

—Deberíamos investigar ese lugar—propuso Giyuu, serio.

—Es demasiado arriesgado.—Amane dudaba que fuera buena idea—.No sabemos si sigue ahí o no.

No podían precipitarse, ya habían perdido a un Pilar y ella no enviaría a otros a morir ahí.

—¿Sugiere que nos quedemos de brazos cruzados?—Sanemi no se podía creer lo que estaba escuchando.

—No voy a enviar a nadie a una muerte segura.—Amane le sostuvo la mirada, sin sentirse intimidada en absoluto—.Ahora debemos centrarnos en asignar a alguien a cubrir el territorio de Tengen.

—¿Puedo sugerir algo?—pidió Kocho. Amane asintió y la Pilar de los Insectos se aclaró un momento la garganta—.Tomioka y yo podemos repartirnos esa zona, después de todo nuestros territorios eran colindantes al suyo.

Amane sonrió un poco, con cierto alivio. Esa era la solución más conveniente y, al resto de Pilares, parecía haberles convencido.

—Creo que es buena idea—expresó en voz alta Amane.—Pero esto no era lo único que deseaba hablar con vosotros.

—¿Qué ocurre?—quiso saber Obanai.

—Las apariciones de demonios se han multiplicado en los últimos meses y no tenemos suficientes efectivos para cubrir todo.

Era un problema que llevaban aquejando desde hacía ya un tiempo. Y, con los últimos acontecimientos, se había visto agravado.

—¡Haremos nuestro mejor esfuerzo por suplir eso!—prometió Rengoku.

—Confío en vosotros.—Amane se relajó algo. Podían reponerse, no, tenían que hacerlo. No había otra opción viable.


Senjuro estaba completamente centrado en la tarea que estaba realizando. Había comenzado a restaurar el primero de los diarios de los Pilares de las Llamas.

Nunca los había llegado a revisar anteriormente. Y, de momento, el primero, parecía bastante interesante.

Versaba sobre el origen de la Respiración de las Llamas. Lo que más le había llamado la atención fue descubrir que esta a su vez procedía de otra, la Respiración del Sol. Senjuro jamás había escuchado acerca de ella.

Suspiró un poco, de haber podido, le habría preguntado a su hermano. Pero Kyojuro estaba fuera ahora mismo. Volvió a prestar atención al cuaderno y continuó con la transcripción, pues quería aprovechar al máximo las horas de luz que quedaban.

—¿Senjuro?—Había estado tan centrado en su tarea que no había escuchado que le llamaban. Se giró sobresaltado y vio que Aoi estaba en la habitación—.Te llevo llamando un rato y no me respondías.

—Lo siento, no te había escuchado—se disculpó, bastante avergonzado, el muchacho.—¿Querías algo?—Nada más formular esa pregunta, se sintió estúpido. Pues claro que quería algo, de no ser así, no hubiera entrado.

—Han llegado varios pacientes. Estamos algo desbordadas.

—Voy.—Senjuro guardó la pluma que había estado usando para escribir y, tras dejar todo pulcramente ordenado, siguió a la chica hasta la enfermería.

Allí había unos siete cazadores con heridas de distinta gravedad. El mejor parado sólo tenía lesiones superficiales, pero el más grave había perdido el ojo derecho y varios dedos de su mano izquierda.

—Necesito que me ayudes a sujetarlo—pidió Aoi avanzando hacia el joven con las heridas más graves. Iba a tener que sedarlo.

—Claro.—Senjuro, que ya había tenido que hacer eso varias veces, obedeció enseguida mientras la chica preparaba la dosis adecuada.

Una vez la tuvo, se acercó a ambos y subió la manga derecha del uniforme del soldado—.Aprieta el puño, por favor—le pidió. Necesitaba encontrar la vena para poder inyectar la sustancia.

El joven obedeció enseguida y, cuando la encontró, Aoi clavó la aguja en esa zona y le administró el sedante.

—Tardará un rato en hacer efecto—le advirtió—.Y te irás sintiendo cada vez más adormilado.

Tardó hacer efecto un buen rato, que aprovecharon para ir atendiendo a los demás. Vendando heridas y dando los medicamentos necesarios.


Aoi se tumbó en la cama. Había sido un día bastante ajetreado. Aunque lo agradecía, la chica llevaba mal el quedarse quieta sin hacer nada.

Su mirada se posó en la espada que estaba apoyada en una de las esquinas del dormitorio. No la había vuelto a blandir desde el día que pasó la Selección Final, años atrás.

Debía parecer una cobarde, mientras otros, como Kanao, Shinobu y Sumiko, se jugaban la vida, ella se quedaba ahí, sin hacer gran cosa.

Ese sentimiento de culpa había ido a más cuando se enteró de la historia de Senjuro. Y había puesto todo su empeño en que él no se enterase de la razón por la que no luchaba. Creía que, si lo sabía, la iba a odiar.

Había comenzado a practicar la Respiración del Agua de nuevo. Aunque los años sin utilizarla le habían pasado factura y no se movía con tanta agilidad como debería, pero, a base de utilizarla, le pondría remedio.

Se levantó y cogió su arma. La desenvainó y observó el filo. Era de color azul oscuro, el color característico de aquellos que practicaban la Respiración de Agua.

Una vez estuviera lista, comenzaría a hacer misiones. Aún sentía algo de pavor, era sabedora del destino que, muchos de ellos, corrían. Lo había hablado ya con Shinobu y la Pilar de los Insectos, aunque algo sorprendida, la apoyaba.

Aoi no podía culparla por su desconcierto. Pero no podía seguir escondiéndose y utilizando su miedo como excusa. ¿Acaso no sentían eso mismo los otros cazadores en algún punto? Y, aún así, eran capaces de continuar adelante con la cabeza bien alta.


Hinatsuru y Makio se arrodillaron ante la tumba de Uzui, lo habían enterrado al lado de Suma.

Habían recibido, de parte del patrón, la última voluntad de Tengen. Quería que tuvieran una vida tranquila, ajena al Cuerpo.

Pero ninguna de las dos estaba dispuesta a eso. No podrían hacer eso sabiendo que el demonio que les había arrebatado a ambos seguía suelto.

No veían otra salida. Esperaban que Shinobu aceptase enseñarles la Respiración Total Constante. Y después dominarían el estilo de respiración de Tengen.

Depositaron dos ramos de flores en cada una de las tumbas. Ninguna de ellas tenía la certeza de que pudieran llegar a encontrarse con su asesino, pero, lo mínimo que podían hacer era cargar con el legado de su marido.

Las dos habían decidido no regresar a la que había sido su casa hasta el momento. Sin Suma y Tengen estaba demasiado vacía.

Las dos mujeres rompieron a llorar en ese momento. Hinatsuru abrazó a Makio, quien se apoyó en ella, agradeciendo ese apoyo. Ahora mismo, más que nunca, se necesitaban la una a la otra para seguir adelante.

Pasado un rato, cuando se sintieron algo más tranquilas, se levantaron y, tras echar un último vistazo al lugar dónde descansaban los otros dos, se marcharon.

Les llevaría un par de horas llegar a la Mansión de las Mariposas, pero no les importaba, aprovecharían ese tiempo para serenarse. Ninguna de las dos dijo palabra alguna, pero el silencio no les resultaba del todo desagradable.

De haber estado Suma, en cambio, habría estado todo el tiempo hablando, tratando de hacer conversación.

Makio se limpió las lágrimas que acudieron a sus ojos. Aún no se había hecho completamente a la idea de que ya no les vería más. Dolía, más de lo que la kunoichi estaba dispuesta a admitir.

Lo único que deseaba era que, con el tiempo, fuera yendo a menos. Aunque la idea de acostumbrarse a la ausencia de Tengen y Suma le producía náuseas. Miró de reojo a Hinatsuru, al menos no iba a estar completamente sola. Se apoyarían mutuamente.

—¿Crees que aceptará enseñarnos eso?—preguntó, en ese momento, Hinatsuru.

—Eso espero.—Si no lo hacía, tendrían que buscar a un instructor y conseguir que este las aceptase.


Giyuu seguía en silencio a Shinobu y a Rengoku, había accedido a acompañarles a su casa para poder hablar con tranquilidad sobre cómo repartirse el territorio de Tengen

—¿Qué tal todo por tu territorio?—quiso saber la mujer, mirando de reojo a sus compañeros.

—Bien, sólo me he topado con demonios débiles— respondió Giyuu. Las Lunas Inferiores y/o Superiores no eran fáciles de encontrar. Eran capaces de disimular su presencia mucho mejor que demonios de bajo nivel.

—¡Me alegro mucho!—intervino Rengoku en la conversación—.Por el mío todo ha estado tranquilo últimamente.

Shinobu asintió.—¿Tienes alguna misión ahora?—No deseaba retener a Giyuu más tiempo del necesario si era así.

—No, de momento no.

—Perfecto.—Shinobu se planteó contarle directamente la situación de Aoi—¿Has pensado en elegir a algún aprendiz?—Rengoku observó, curioso, a Tomioka al escuchar la pregunta de Shinobu.

—¡No sabía que tuvieras intención de enseñar a alguien!—exclamó el Pilar de las Llamas, dándose cuenta de lo poco que conocía a su compañero.

Giyuu negó—.No he tenido tiempo de plantearme siquiera eso.

—Una de las chicas que trabaja para mí practica la Respiración del Agua—comentó la mujer entonces, como si tal cosa.

—Y quieres que la acepte como alumna—dedujo Giyuu, mirando, por primera vez desde que emprendieron el camino, a su compañera.

—Me gustaría, sí.—Si Aoi viajaba con Giyuu, Shinobu se sentiría mucho más tranquila.

—Entiendo, por mí no habría ningún problema.

Shinobu no pudo contener el suspiro de alivio. Por un segundo había temido que Giyuu se negase.

—Muchas gracias, Giyuu.—Notó que su compañero se detenía con brusquedad y, sólo entonces se dio cuenta. Lo había llamado por su nombre. Pero al girarse para disculparse, creyendo que le había molestado, vio que el hombre estaba sonriendo.

Rengoku, que había permanecido en silencio, también se percató de aquello y miró con sorpresa a ambos. ¿Se le escapaba algo? No estaba del todo seguro, pero, parecían más cercanos que la última vez que los había visto.

—Deberías sonreír más—comentó Shinobu cuando se recompuso de la impresión y Giyuu retomó su expresión impasible habitual.

—¡Estoy de acuerdo!—coincidió Kyojuro.


Aoi había estado en el jardín trasero, practicando las diez posturas de la Respiración del Agua cuando Shinobu, Kyojuro y Giyuu llegaron.

Tan concentrada estaba con lo que hacía, que no les oyó acercarse. Los tres Pilares se quedaron observándola en silencio.

—Relaja algo las piernas—indicó Giyuu, sobresaltando a la joven, que se giró enseguida y les vio.

Shinobu rió un poco, al ver la cara de sorpresa de la chica—.Os dejo practicar solos.

—K-Kocho.—Aoi trató de detenerla, pero la mujer ya había entrado en la casa. Rengoku, murmurando una disculpa, no tardó en seguir su ejemplo y marcharse.

—Shinobu me pidió que te entrenase—explicó Giyuu, acercándose a Aoi, serio.—¿Te importa realizar las diez formas?

Aoi, que aún no salía completamente de su asombro aún, se apresuró a obedecer. Bajo la atenta mirada del Pilar obedeció y prestó atención a sus correcciones.

—¿Así?—preguntó la joven, tras corregir su postura nuevamente. Había comenzado a sudar ya, pero no se había parado a descansar.

—Tienes demasiado tensos los hombros.

Aoi asintió, pero no podía estar completamente relajada estando en presencia de uno de los Pilares. Trató de hacerlo y siguió con el entrenamiento. Y, por orden de Tomioka, volvió a repetir todas las posturas.


Shinobu vio a Hinatsuru y Makio en la sala del té. Frente a ellas había una bandeja con dos tazas. Las dos mujeres parecían sumidas en una conversación.

—Hola—saludó la recién llegada, acercándose y sentándose frente a ellas. Había quedado con Giyuu en hablar sobre esos temas cuando llegase la noche, después de cenar, así que tenía tiempo de sobra.

—Hola, Kocho—respondieron ambas mujeres. Makio la miró seria y añadió—¿Has pensado en nuestra propuesta?

—¿Estáis seguras de que es lo que queréis?

—Sí, por supuesto.

Shinobu dudó un momento. Podía negarse, pero, por la determinación que veía en sus miradas, eso no las iba a detener.

—Empezaremos mañana al amanecer. Os esperaré en la sala de entrenamiento, ¿sabéis dónde está?

—Sí, no te preocupes. Ahí estaremos—dijo Makio, aliviada.

—Muchas gracias, Kocho, de verdad.

Shinobu forzó una sonrisa y negó—. No es nada.

Esperaba estar haciendo lo correcto, no tenía claro que eso fuera lo que a Tengen le hubiera gustado. Pero ya no podía dar marcha atrás. Sólo esperaba que todo fuera bien.


Rengoku fue a buscar a Senjuro, según le había dicho una de las niñas, el Pilar no estaba seguro de su nombre, estaba en su habitación.

Tocó con suavidad la puerta.—¿Senjuro?—preguntó, esperando que su hermano siguiera ahí.

Oyó cómo movían una silla y pasos acercándose. Segundos después, la puerta se abrió, dejando ver a un sonriente Senjuro.

—¡Hermano! Pasa, pasa.

Kyojuro rió un poco ante el entusiasmo del chico y obedeció enseguida—.Yo también me alegro de verte, ¿qué tal todo?

—Bien. Como siempre.—Los dos hermanos se sentaron en la cama—.Empecé a transcribir el primer cuaderno ya.

—¿Y qué tal vas?

—No he tenido mucho tiempo—admitió el muchacho—.Apenas he pasado a limpio diez páginas. ¿Puedo preguntarte algo que he leído ahí?

—¡Claro!—exclamó el Pilar—.Aunque no sé si podré responderte.

—En lo poco que he leído se menciona varias veces la Respiración del Sol, ¿has oído hablar de ella?—preguntó Senjuro.

-No, no la conozco.—Era la primera vez que escuchaba de ella. Hasta donde sabía las respiraciones originales habían sido la de la Llama, el Agua, Viento, Roca y Rayo. El resto no eran más que adaptaciones.


Giyuu se detuvo ante la oficina de Shinobu. Habían quedado en hablar ahí sobre el reparto del territorio.

Llamó a la puerta suavemente.

—¡Pasa, Giyuu!—Le llegó, desde el interior, la voz amortiguada de la mujer. Obedeció y, tras entrar, cerró la puerta.

Shinobu estaba sentada en su silla, ante su mesa de trabajo. En esta había un mapa extendido y sujeto en las esquinas con cuatro piedras.

Giyuu se sentó frente a ella y miró el papel. Era un mapa político de Japón, con todas sus regiones marcadas en distintos colores.

Shinobu había dividido la zona que había correspondido a Tengen en dos partes iguales.

—Estuve pensando cómo podríamos hacerlo—reconoció la mujer—.Y creo que esta es la mejor.

Giyuu observó el mapa unos segundos, pensativo—.Estoy de acuerdo, Ko-Shinobu.—Había dudado un momento, pero al final, había decidido hacer como ella y tutearla—.Te puedo llamar así, ¿no?

La mujer sonrió levemente y asintió. Después de todo era bastante justo y, para qué negarlo, no era algo que le resultase desagradable—.Claro, no te preocupes. Después de todo, somos amigos.

Giyuu abrió mucho los ojos sorprendido por esa declaración y, por segunda vez en lo que iba de día, sonrió.


Bueno, y hasta aquí es el décimo sexto capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.

Así que, nos vemos el mes que viene con el décimo séptimo capítulo.

¡Hasta la vista!