Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.

Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.


Mitsuri suspiró aliviada cuando sus ojos divisaron un restaurante, se moría de hambre y llevaban, Obanai y ella, buscando uno desde hacía un buen rato. Sonrió ampliamente, se giró y miró a Obanai.

—¿Te apetece que vayamos a comer ahí?—preguntó la mujer—.Para celebrar el éxito de la misión.

El hombre dirigió la mirada al local y luego observó a su compañera. Saltaba a la vista que la joven mujer tenía bastante hambre. Y, para ser honestos, quizá no les vendría mal parar a comer algo.

—Sí, venga, vamos—cedió Obanai, sin poner pegas a la elección de su compañera. Mitsuri sonrió, contenta, y los dos se dirigieron al local y entraron.

El sitio resultó no ser demasiado grande. Había unas cuatro mesas de madera con sus correspondientes sillas, una barra detrás de la que estaba un hombre corpulento que llevaba puesto un gorro blanco y un delantal del mismo color.

—¡Bienvenidos!—saludó con entusiasmo, sonriendo con amabilidad—Siéntense dónde quieran y ahora les atenderé.

Obanai se fijó en lo vacío que estaba el restaurante, pero no comentó nada. Miró de reojo a su amiga, la joven ya se estaba dirigiendo a una de las mesas. Sin ver más opción, la siguió y se sentaron, uno frente al otro.

En la mesa, doblado, había un papel en el que aparecían, escritos a mano, los diferentes platos que ofrecía el restaurante. Mitsuri lo cogió enseguida y leyó las distintas opciones que había.

Terminaron por pedir tres raciones de todos los platos que había. El cocinero, sin salir de su asombro ante la inmensa cantidad de comida, se puso manos a la obra.

—¿Qué tal todo por tu región?—se interesó Mitsuri, sonriendo un poco.

—Hay más actividad por parte de los demonios, pero nada que no pueda manejar—admitió Obanai —. ¿Y en el tuyo?

—Todo bien.—Mitsuri no había notado nada inusual últimamente.

—Me alegra oír eso.—Obanai paró de hablar con brusquedad al ver que se acercaba el cocinero con un par de tazones.

—Que aproveche—les deseó el cocinero y dejó sobre la mesa lo que llevaba. Se retiró rápidamente tras eso y volvió a su sitio, detrás de la barra, a seguir cocinando los siguientes platos.

—¡Tienen una pinta fabulosa!—le alagó Mitsuri, sonriendo un poco. Eran dos tazones de udón, que, según la chica, olían de maravilla. Y tenían una pinta fabulosa.

Iguro observó cómo la joven comía con entusiasmo y le tendió el otro tazón—.Yo no tengo hambre, todo tuyo—le dijo.

Mitsuri, que había estado a punto de llevarse a la boca varios fideos, se detuvo y le miró, preocupada—. ¿Estás bien?

—Sí, es sólo que ya comí antes—mintió el hombre, tratando de tranquilizarla.

—Oh… vaya… .—Mitsuri no pudo evitar sentirse algo decepcionada. Su intención había sido invitarle a comer. En parte a modo de agradecimiento por haberle regalado esos calcetines largos verdes tan adorables.

Se llevó algo más de comida a la boca y masticó con la boca cerrada, pensativa. Le habría gustado tener la oportunidad de comer con él, no que Iguro se limitase a verla comer. Con eso en mente, no pudo evitar comer aún más rápido, no deseando hacerle perder el tiempo.

—No te preocupes—respondió enseguida Obanai, tratando de hacerla sentir mejor. Mitsuri trató de contener un suspiro y miró a su compañero.

Desde que lo conocía había ido notando algunas cosas. Nunca lo había visto sin esas vendas que cubrían su boca, ni tampoco se separaba jamás de esa serpiente pequeña blanca que llevaba alrededor del cuello.

Pero no tenía la suficiente familiaridad con él como para preguntarle sobre eso. No deseaba que pensase que era una cotilla. Siguió comiendo bajo la atenta mirada de su compañero, quien no parecía incómodo con el silencio que se había instalado.

Kanroji terminó con el primero de los tazones y, tras dudar un segundo, agarró el otro y comenzó a comer. Obanai, aunque ella no pudiera verlo, sonreía, contento de verla disfrutar tanto de la comida.

—¿Tienes alguna misión después?—preguntó la chica, dejando el tazón sobre la mesa y mirándole.

—No, pero no creo que tarden en asignarme alguna.—Lo agradecía. No soportaba quedarse quieto sin hacer nada, y tampoco era algo que, con la baja de Tengen, pudieran permitirse.

—Me imagino, sí.—Siendo Pilares era extraño que dispusieran de momentos para

descansar.

—Escuché que una de tus hermanas se casó hace poco—dijo Obanai, cambiando de tema. La cara de Mitsuri se iluminó y asintió enseguida.

—Sí, fue una ceremonia preciosa—contó ella, sonriendo al recordar lo hermosa que había estado Hikari con su traje de novia tradicional. Y relató toda la ceremonia, con todo lujo de detalles.

Por un momento, al verla tan feliz, Obanai no pudo evitar preguntarse cómo habría sido crecer en una familia normal, una que le hubiera querido. Mitsuri terminó de contar y le miró, algo avergonzada, consciente de que se había dejado llevar y habló más de la cuenta.

—Me alegra verte tan contenta—confesó él.

Los dos se quedaron callados y el cocinero se acercó nuevamente, esta vez para recoger los tazones vacíos y servir los siguientes platos, a los que Mitsuri comenzó a dar cuenta enseguida. Eran dos platos de carne empanada, la chica cogió uno de los trozos ya cortados con los palillos.

—¿Seguro que no quieres comer nada, Obanai?

—Sí, no te preocupes.

Mitsuri se detuvo un momento, pensativa, antes de hablar—¿Qué opinas de Nezuko Kamado, la chica demonio?—No había tenido ocasión de preguntarle al respecto anteriormente.

—Los demonios no son de fiar, tarde o temprano se comerá a alguien.—Obanai fruncía el ceño mientras decía eso.

—Creo que ella es una excepción—le contradijo ella enseguida. Aunque entendía a la perfección sus reservas.

—No sé en qué estaría pensando Rengoku al dejarla vivir—siguió diciendo el joven hombre, visiblemente irritado al respecto.

—También tiene la aprobación de Shinobu y del patrón.—Mitsuri le miró, seria, antes de continuar hablando—. La he visto pelear al lado de su hermana contra otros demonios y no se ha comido a nadie desde que se convirtió. Creo que la estás juzgando injustamente.

—Lo sé, lo sé.—Obanai trató de calmarla, al ver que se estaba enfadando. Y era algo raro, Mitsuri era una joven amable y rara vez se ponía de mal humor—.Lo siento, es sólo que lo encuentro difícil de creer.


Nezuko se levantó de la cama, acababa de despertarse por fin, debía haberse tirado todo el día durmiendo. Su instinto le indicaba que ya había anochecido, miró a su alrededor, reconociendo perfectamente el lugar en el que se encontraba. Volvía a estar en la Mansión de las Mariposas.

Abrió la puerta, teniendo especial cuidado de no hacer ruido y abandonó la habitación. Conocía de sobra el camino que tenía que recorrer para llegar al dormitorio en el que estaría su hermana.

Recorrió el pasillo en silencio, apenas prestando atención a sus alrededores, con la mente fija en su objetivo. Lo único que le importaba era Sumiko, y haría lo que fuera por asegurarse de que su hermana estaba a salvo.

Se detuvo ante la puerta del dormitorio y, con cuidado, abrió la puerta y entró. Nada más cerrar la puerta tras ella, sintió movimiento procedente de la cama.

—Soy yo, Sumiko—dijo, sabiendo que había despertado a su hermana al entrar.

—Nezuko—murmuró Sumiko, acercándose, preocupada—¿Ocurre algo?

—No, no es nada—respondió la menor, girándose y observando a su hermana mayor. Sumiko ya tenía dieciséis años, mientras que ella seguía aparentando doce. La abrazó con fuerza, aunque poniendo cuidado en no hacerle daño.

—¿Seguro?—preguntó la mayor, no demasiado convencida.

—Sí.

Sumiko se apartó de ella y la miró. Nezuko se sentó en la cama, y, al mirar la mesilla, reparó en el pasador con forma de mariposa que su hermana había dejado ahí. Desde que Kanao se lo regaló, Sumiko lo llevaba siempre puesto.

Encendió la lámpara de la mesilla y cogió el pasador, lo examinó con cierto resentimiento. Se había dado cuenta de lo cercanas que Sumiko y Kanao se habían vuelto y no estaba segura de qué pensar.

Sintió cómo su hermana se sentaba a su lado y, con suavidad le quitaba el pasador de la mano. Nezuko la miró, seria. El pelo de su hermana llegaba ya a la mitad de su espalda y Sumiko no parecía tener intención de cortárselo pronto.

—Te gusta Kanao—dijo Nezuko, consciente de que lo que acababa de decir sonaba a acusación. Cómo única respuesta, las mejillas de Sumiko enrojecieron levemente, pero no lo negó.

—Creo que sí—admitió, no le veía sentido a negar aquello. Nezuko frunció el ceño al escuchar a su hermana.

—Me vas a dejar de lado, entonces—dijo, con evidente resentimiento en la voz.

Sumiko se quedó helada al oír eso y la miró—No, claro que no, ¿qué estás diciendo, Nezuko?

—¡Lo llevas haciendo desde el principio!—exclamó la otra chica—¡Desde que empezaste con todo esto de cazar demonios llevas dejándome de lado!

La demonio se levantó con brusquedad. Sumiko era su única familia y sentía que Kanao, poco a poco, se la iba arrebatando. Comenzó a llorar, ni siquiera era capaz de recordar con claridad a sus familiares fallecidos, sólo recordaba con claridad a Sumiko, porque era una constante en su vida. Y, ver que otra chica se la estaba arrebatando, hacía que le hirviese la sangre de la rabia que sentía.

Retrocedió cuando su hermana intentó acercarse—.Déjame, por favor—murmuró, yendo hacia la puerta.

—¡Nezuko, espera!—dijo Sumiko, ignorando su petición y tratando de alcanzarla. Nezuko, al ver su expresión de preocupación y congoja, no pudo evitar sentir cierta satisfacción. Su hermana se lo merecía, por ir dejándola de lado. Esperaba que eso le hiciera valorar sus prioridades.

Nezuko salió, cerrando la puerta con un portazo, y se marchó de vuelta a su dormitorio, estaba de muy mal humor. Oyó como una de las puertas de otra habitación se abría, pero no se molestó en girarse. Ni siquiera cuando oyó que la llamaban.


Kanao observaba, perpleja, a Nezuko alejarse por el pasillo. La había llamado, en un intento de entender qué ocurría, pero la otra chica la había ignorado.

Avanzó hacia el dormitorio de Sumiko, pues era el único lugar del que podía haber salido la demonio, pero, antes de tocar la puerta para pedir permiso y entrar, escuchó los sollozos que provenían de su interior y, sin pensarlo dos veces, entró.

Sumiko estaba sentada en la cama, con ambas manos cubriendo su rostro y lloraba. Kanao podía ver como sus hombros temblaban y escuchaba sus sollozos.

La muchacha llevaba puesto un pijama blanco y tenía el pelo suelto, algo revuelto, lo que sugería que no llevaba mucho tiempo despierta, observó la joven. Y, cuando Sumiko levantó la mirada y sus ojos se encontraron, Kanao pudo ver las lágrimas que caían de los ojos de la otra chica.

Sumiko, al verla, comenzó a frotarse, con más fuerza de la necesaria, sus ojos, en un intento de parar de llorar, pero lo único que consiguió fue irritar la piel de esa zona y dejarla roja. No quería que Kanao la viera así, era vergonzoso.

Kanao, que, en esos momentos, se sentía completamente perdida, trató de retirarle las manos del rostro con delicadeza. Por alguna razón que, en esos momentos, no alcanzaba a entender, no le gustaba nada verla llorar. Hacía que se sintiera mal.

—¿Qué ha ocurrido?—preguntó Kanao. Aunque intuía que habían discutido, pues el grito de Nezuko fue lo que la despertó, nunca las había visto pelearse.

Sumiko abrió la boca para decir que no había sido nada, pero podía oler lo preocupada que estaba la otra chica y no habría sido justo mentir—.Ha sido un malentendido…creo.—Sumiko comenzaba a creer que la culpa era suya. Quizá debería haber estado más pendiente de Nezuko. Era la hermana mayor, y, como tal, debía cuidar de Nezuko, y saltaba a la vista, por cómo se sentía la muchacha, que había fracasado, estrepitosamente, en esa tarea.

Kanao frunció el ceño al escuchar eso. Gracias a que el primer grito de Nezuko la había despertado, pudo escuchar lo que le decía. Y, a ojos de la cazadora, no tenía razón. Sumiko tenía derecho a relacionarse con otros, no había dejado de lado, en ningún momento, a su hermana.

—Se equivoca—dijo Kanao, apretando ligeramente los dientes. Sumiko la miró sin entender y la otra chica añadió—,no has dejado de lado a tu hermana en ningún momento.

Sumiko desvió la mirada, no demasiado convencida de sus palabras. Kanao, con vehemencia, la agarró de los hombros, y Sumiko, confusa, volvió a mirarla.—No has hecho nada malo, Sumiko.

Nezuko no había sido justa diciendo esas cosas a su hermana, y Kanao no iba a permitir que Sumiko se creyese esas palabras. Costase lo que costase.

—Pero…—murmuró Sumiko, poco convencida de sus palabras, pero Kanao no la dejó terminar de hablar y la interrumpió.

—No ha sido justo que te dijera eso y tampoco es cierto—insistió la otra chica, seria—.Nezuko se equivoca, ¿me oyes?

Sumiko no respondió y Kanao pensó, deprisa, una forma de distraerla. No quería dejarla sola estando la otra así. Se quedaría con ella hasta que se sintiera mejor.


Kanao abrió los ojos de golpe cuando, la luz que entraba desde la ventana, comenzó a ser molesta. Miró, medio dormida, a su alrededor. No estaba en su habitación, notó y, en ese momento, al mirar a su lado, vio que Sumiko dormía plácidamente.

Los recuerdos de lo ocurrido la noche anterior acudieron a la mente de Kanao. Se habían quedado hablando hasta bien entrada la noche y, como era de esperar, el sueño terminó por vencerlas.

Sonrió un poco, Sumiko, dormida así, estaba hermosa. Se quedó paralizada al darse cuenta de lo que acababa de pensar. Se incorporó y salió de la cama con desgana, pero no podía demorarse mucho más. A saber qué pensarían los demás si se enteraban que habían compartido cama.

Abrió la puerta con cuidado y, al ver que no había nadie en el pasillo, aprovechó para volver a su dormitorio lo más deprisa que pudo. Sólo se relajó completamente cuando estuvo sola ahí.

Avanzó hacia la silla donde tenía colocado, pulcramente su uniforme de cazadora y comenzó a quitarse el pijama y a vestirse con eso. Se peinó, con los dedos, su cabello, para deshacer los enredos más sencillos y cogió, de la mesilla, el pasador con forma de mariposa que usaba ella. Agarró también un cepillo y salió del dormitorio para ir al cuarto de baño y adecentarse.

Entró y cerró la puerta. Se detuvo ante el espejo y comenzó a cepillarse el pelo. Cuando estuvo satisfecha con el resultado, se lo recogió en una coleta lateral y se lo sujetó con el pasador. Se miró al espejo, evaluando el resultado y sonrió un poco. Ese día se sentía más animada que de costumbre, estaba de muy buen humor.

Salió del baño tras lavarse la cara y se encontró de frente con Sumiko. La chica, aunque tenía el pelo revuelto, de haber dormido, tenía mejor aspecto. No quedaba rastro alguno de las lágrimas que había derramado el día anterior. Incluso sonrió un poco al verla, notó Kanao.

—¡Buenos días, Kanao!

—Buenos días, ¿has descansado bien?—preguntó la joven.

—Sí, muchas gracias por lo de anoche, Kanao—agradeció Sumiko. Se sentía algo mejor después de haber hablado con la otra chica.

—No las des. Sólo dije la verdad—aseguró la muchacha.

—¡Así que aquí estáis!—exclamó Rengoku, que acababa de llegar desde el otro extremo del pasillo y se acercaba a buen ritmo hacia ellas.

—Yo debería entrar ya al baño a lavarme—reconoció Sumiko, incómoda. Por su aspecto saltaba a la vista que se acababa de levantar. Entró deprisa en el baño, dejando a los otros dos en el pasillo.

—¿Nos buscaba por algo?—preguntó Kanao, mirando a Rengoku.

—Tienes una misión con Shinobu y te estaba buscando, así que me ofrecí a ayudarla—explicó Kyojuro—.Creo que andaba por la zona de la enfermería.

—Gracias—murmuró Kanao y se marchó deprisa hacia allí, no queriendo hacer esperar más de la cuenta a su maestra.


Senjuro suspiró con alivio y colocó la pluma en su sitio. Por fin había terminado de transcribir todo el contenido del primer tomo.

Recogió todo el material empleado y, tras encuadernar correctamente el nuevo cuaderno, se levantó. Quería enseñarle a su hermano el resultado final, así como hacerle una serie de preguntas sobre el contenido de este.

Había ciertas notas que habían captado su atención. ¿Qué era la Respiración de la Luna? Nunca había escuchado sobre esa clase de respiración. Esperaba que su hermano pudiera responderle, aunque tampoco deseaba hacerle perder el tiempo.

Cogió el tomo y salió de su dormitorio. Conociendo a su hermano y viendo lo temprano que era, era bastante posible que estuviera desayunando, así que, con eso en mente, se dirigió hasta la cocina.

Sonrió un poco cuando, al estar cerca de ahí, escuchó la animada voz de su hermano clamando lo rico que estaba lo que comía. Aceleró el paso y entró.

Kyojuro y Sumiko estaban de pie, sosteniendo una taza cada uno, aunque su hermano estaba comiendo también algo de fruta. Ambos llevaban ya puesto el uniforme, notó el chico.

—¡Buenos días, Senjuro!—exclamó, contento, Kyojuro, al verle. Sumiko se giró y le saludó también.

—Buenos días—contestó él, aunque con menos entusiasmo que su hermano. Kyojuro se fijó en el cuaderno que el chico sostenía.

—¿Y eso?—preguntó con interés, mirando el cuaderno.

—Ah, sí. Ya terminé de transcribir el primer tomo—anunció Senjuro, contento.

—¡Me alegro mucho!—exclamó Kyojuro, dejando la taza en el fregadero y dando los últimos bocados a la manzana verde que había estado comiendo.

—Hay un par de cosas que he leído, de las que me gustaría preguntarte—comentó Senjuro. Su hermano asintió, invitando al chico a continuar—.Menciona varias veces la Respiración de la Luna, ¿qué clase de respiración es?

—No lo sé, es la primera vez que escucho de su existencia—admitió, inmediatamente, Kyojuro, frunciendo levemente el ceño.

—¿En serio?—murmuró Senjuro, confuso. Su hermano conocía todas los tipos de respiración que existían. Era extraño que hubiera una que él desconociera.

—Sí, ¿pone algo más?—quiso saber Kyojuro, acercándose, con intención de coger el cuaderno y hojearlo.

—Habla un poco de la Respiración del Sol y de algo que llaman las Marcas del Cazador.

Kyojuro frunció algo más el ceño y trató de repasar lo que sabía de los distintos tipos de respiración. Lo único que sabía de la del Sol era que se trataba de la primera que fue creada, y que de esa habían surgido las demás. Pero sus conocimientos acababan ahí.

—Rengoku, voy a buscar a mi hermana—murmuró Sumiko, interrumpiendo a ambos. El Pilar de las Llamas asintió y la chica se retiró, dejándoles solos.

—No puedo decirte nada, lo siento, Senjuro—se disculpó Kyojuro—.Puedo preguntarle a Kocho, quizá ella sepa algo—murmuró, aunque no sonaba demasiado convencido.

—Prefiero seguir con el siguiente cuaderno, quizá ahí venga más información—opinó Senjuro.

—Como quieras, pero, que sepas, que no me cuesta nada preguntarle.

—No te preocupes.

—Una cosa más, Senjuro, si averiguas algo más, cuéntamelo—pidió Kyojuro, visiblemente interesado.

—Lo haré.

Kyojuro asintió y, aunque algo forzada, esbozó una sonrisa. Se alegraba de ver que su hermano estaba bien, pero, si algo disgustaba realmente a Kyojuro, era eso, toparse con cosas que desconocía.

Y, ahora que pensaba más detenidamente en el tema, desconocía también el nombre del creador de la Respiración del Sol. Lo único que sabía era que, el Pilar de la Niebla, Muichiro Tokito, era el único descendiente con vida.


Sumiko se detuvo ante la puerta del cuarto de su hermana, dudaba aún si entrar o no. La discusión estaba aún demasiado reciente, y dudaba que Nezuko quisiera verla. Pero ella era la única familia que le quedaba, y no quería que existieran problemas entre ambas.

Con esa determinación en mente, tras anunciar que era ella, entró, esperando que Nezuko estuviera despierta y con ganas de escucharla.

—¿Qué quieres?—gruñó la demonio, sin molestarse siquiera en incorporarse en la cama.

—Hablar de lo que pasó ayer.

—No hay nada de qué hablar, tus prioridades están bastante claras.

—Nezuko, sabes de sobra por qué estoy haciendo todo esto.

—¡Ni siquiera me has preguntado si yo quiero volver a ser humana!—le gritó Nezuko, sintiéndose de nuevo furiosa.

—Nunca has dicho lo contrario—comentó Sumiko, confusa, sin entender el motivo de ese nuevo arrebato.

—Te limitaste a decidir por mí—siguió diciendo la otra chica, confundiendo más aún a su hermana mayor.

—¿No quieres, acaso?

—¡No lo sé!—chilló Nezuko. Había visto cómo eran de débiles los humanos, gracias a las misiones en las que acompañó a Sumiko, y, no estaba segura de querer volver a ser así. Por no hablar del hecho de que, si intentaba recordar su vida como humana, sólo conseguía un dolor de cabeza bastante agudo.

Sumiko, aunque algo dudosa, avanzó hacia ella, se sentó en la cama y la abrazó. O eso intentó, pues Nezuko la empujó, con más fuerza de la que pretendía, haciendo que cayese al suelo de culo.

Las dos se quedaron en silencio, asimilando lo que acababa de ocurrir. De las dos, Sumiko era la más sorprendida, Nezuko jamás había actuado con tanta violencia contra ella y no sabía qué decir.

—Vete, por favor—suplicó la más joven—.Quiero estar sola.

Sumiko se planteó protestar, negarse a ello, pero, quizá, dada la reacción de su hermana, Nezuko simplemente necesitase estar un tiempo sola. Iba a tener que comentárselo a Kocho antes, no quería dejarla ahí sin que la dueña de la vivienda lo supiera.

—De acuerdo y, Nezuko, lo siento si, en algún momento, he hecho algo que te haya sentado mal—murmuró Sumiko, aunque se marchó antes de que la otra chica tuviera la oportunidad de responder.


Genya se sentó en la camilla para facilitar a Shinobu lo que estaba haciendo. Desde que había sido aceptado como aprendiz del Pilar de las Rocas y este se enteró de su condición especial, aquellas revisiones se habían convertido en algo habitual.

Shinobu se encargaba de comprobar que todo estuviera en orden, así cómo proporcionarle la medicación necesaria para su asma.

En esos momentos, la Pilar de los Insectos estaba auscultando su pecho con un estetoscopio. Tras unos minutos, la mujer se apartó, sonriendo un poco.

—Todo está en orden, aunque, te aconsejo no esforzarte más de la cuenta—dijo Shinobu—.Tu cuerpo puede no soportarlo. También te recomiendo no abusar de tu "habilidad". Aún no sabemos qué repercusiones puede traer a la larga.

—Pero es la única forma que tengo para…—Genya se detuvo bruscamente al ver la mirada reprobatoria que la adulta le dirigía.

—Insisto, no hay antecedentes de algo así y no conviene que lo uses más de la cuenta, Genya.

—Entiendo— murmuró el chico, sonando bastante desanimado, pero se bajó deprisa de la camilla—. Muchas gracias por atenderme.

—De nada y, Genya, no te olvides de que la siguiente revisión es dentro de dos meses, ¿vale?

—Claro, claro. Aquí estaré.

Shinobu asintió y el chico se marchó enseguida, alegando que Himejima, el Pilar de las Rocas, le estaba esperando. Ni bien él se dio la vuelta y dejó de mirarla, Shinobu dejó de sonreír.

Contuvo un suspiro. Aunque todos los exámenes médicos que le había hecho hasta el momento seguían sin arrojar explicación alguna sobre su extraña condición, el chico no parecía desanimado en absoluto. Y seguía haciendo uso de su habilidad, pese a las advertencias de la mujer.

Claro que, por obvias razones, Shinobu sólo podía realizar exámenes superficiales y quizá ese era el motivo por el que aún no había dado con el origen de su habilidad. Y no parecía que fuera a dar con la explicación pronto.

En el fondo no podía evitar compadecerse de él. Con el problema respiratorio que tenía, Genya Shinazugawa jamás podría utilizar ningún tipo de respiración, y, con suerte, lograría algún que otro ascenso, pero, tarde o temprano, su condición física le terminaría por frenar cualquier posibilidad. Tendría suerte si llegaba a ascender a Tsuchinoto.

Kanao ya había conseguido ascender a Kanoto y, si no recordaba mal, Rengoku le había comentado, días atrás, que Sumiko había alcanzado el rango de Mizunoe. Y eran de la misma promoción que Genya, quien aún no había sido capaz de ascender ni un solo rango.


Genya salió de la enfermería y estuvo a punto de chocar con una chica que se cruzó en su camino.

—¡Mira por dónde vas!—le gritó molesto y la joven se giró. Sólo entonces, la reconoció. Aunque hacía ya mucho tiempo que no la veía, la recordaba de la Selección Final. Tenía el pelo más largo y lo llevaba recogido en una coleta, sujeta con un pasador en forma de mariposa, como todas las chicas que trabajaban ahí.

—Lo siento, estaba distraída—reconoció ella, aunque al verlo, frunció un momento el ceño—¿Nos conocemos?—preguntó, le sonaba de algo él, pero no era capaz de ubicarlo.

—Sí, participamos en la misma Selección Final—dijo él, procurando no sonrojarse. Algo que le pasaba con frecuencia ante otras chicas.

—Ah, sí, cierto—Sumiko sonrió un poco—.No tuvimos tiempo de presentarnos, soy Sumiko Kamado. Un placer conocerte —dijo mientras alargaba el brazo derecho para estrechar la mano del joven

—Yo me llamo Genya Shinazugawa, el placer es mío—se presentó Genya, estrechando la mano de la chica.

Él fue el primero en retirar la mano, y observó con curiosidad a la chica. Estaba más alta desde la última vez que la había visto. Ella pareció encontrar su escrutinio incómodo, pues rápidamente murmuró una excusa.

—Bueno, ha sido un placer volver a verte, pero me tengo que ir—se disculpó ella.

—No pasa nada, yo también tengo algo de prisa.

Genya se dio la vuelta enseguida y se alejó a paso rápido. Había sido bastante incómodo al final y se alegraba de marcharse, tampoco era que le apeteciera hacer esperar más tiempo del necesario a Himejima.


Bueno, y hasta aquí es el décimo noveno capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.

Así que, nos vemos el mes que viene con el vigésimo capítulo.

¡Hasta la vista!