Kimetsu no Yaiba no me pertenece, es propiedad de Koyoharu Gotouge. Llevaba tiempo dando vueltas a esta idea y me he decidido por fin a escribirla. Espero que os guste y me dejéis comentarios con vuestra opinión. Os lo agradeceré muchísimo.
Sé que llevo tiempo fuera de la plataforma, he estado publicando este fanfic en otra página, pero, tras mucho meditarlo, he decidido comenzar a subirla aquí también.
Mitsuri paseaba de un lado al otro del jardín del patrón. Había llegado la primera a la reunión de los Pilares y estaba esperando a que los demás llegasen.
Había perdido ya la cuenta de las veces que había hecho el mismo recorrido. No era lo que más le importaba en esos momentos. Las casas de glicina seguían cayendo en su territorio, y ella aún no había sido capaz de dar con ese demonio.
Y, cuánto más tardaba, más víctimas había. Esa era la parte que más carcomía la conciencia de la joven.
—¿Kanroji?—Tan centrada estaba en sus pensamientos que no oyó cuando Shinobu la llamó.
Giyuu, Shinobu y Kyojuro, que acababan de llegar, se miraron confusos. Mitsuri seguía dando vueltas por el jardín, sin prestarles la más mínima atención. De los tres, el que estaba más preocupado era Rengoku.
—¿Kanroji?—la llamó esa vez el Pilar de las Llamas hablando a voces. Y esa vez sí le escuchó la joven. Mitsuri se giró y les vio. Se detuvo y se acercó a ellos deprisa.
—¿¡Lleváis mucho tiempo aquí?!—preguntó, con más ímpetu del que pretendía, Mitsuri.
—Acabamos de llegar—dijo Shinobu, acercándose a la otra mujer, tratando de dilucidar qué le pasaba. La Pilar del Amor era el tipo de persona que se podía leer como si de un libro abierto se tratase. Y, en esos momentos, todo en ella gritaba nerviosismo—. ¿Está todo bien, Kanroji?
—¿Eh?—murmuró Kanroji, esbozando una expresión de sorpresa, casi como si no hubiera esperado aquella pregunta—. Luego os lo explico—prometió la joven, sacudiendo un poco la cabeza, volviendo a lucir preocupada.
Shinobu intercambió una mirada rápida con Giyuu, quien sólo se encogió de hombros, Mitsuri no parecía dispuesta a contarles aún lo que le preocupaba. La Pilar de los Insectos suspiró un poco y asintió.
Se apartó y volvió con los otros dos, quedándose cerca de Giyuu. De haber estado de mejor humor y más pendiente de sus compañeros, Mitsuri se habría fijado en ese detalle y hubiera comenzado a soñar despierta con una posible relación romántica entre ellos dos.
Volvió a dar vueltas por el jardín, sin prestar atención de nuevo a los otros tres Pilares.
—¿Y a esta qué le pasa?—preguntó Shinazugawa, que acababa de llegar.
Giyuu se encogió de hombros, adelantándose a los otros dos a la hora de responder. Pero, el simple hecho de hacer ese gesto, ya sacó de sus casillas a Shinazugawa, que lo miraba con los ojos inyectados en sangre.
—¿¡Acaso no puedes responder verbalmente como una persona normal!?—le gritó el Pilar del Viento.
—Vamos, Shinazugawa, Giyuu te ha respondido, ¿no?—intervino rápidamente Shinobu, esbozando una tétrica sonrisa, pero asegurándose de que sólo el Pilar del Viento podía verla—No queremos empezar una discusión aquí, ¿verdad? ¿Qué pensaría el patrón de ti?
Sanemi frunció el ceño al oír eso y se quedó quieto, dando vueltas a las palabras de la Pilar de los Insectos. Luego se relajó y soltó un bufido—. Bah, paso de perder el tiempo discutiendo con don "yo no soy como vosotros".
Giyuu, al oír eso, alzó una ceja, confuso, y miró a Shinobu—¿Está enfadado por algo que he dicho?—quiso saber el hombre. Shinobu suspiró, y le contestó, pero sus palabras fueron ahogadas por el grito de rabia que soltó Shinazugawa, que también había escuchado la pregunta del Pilar del Agua.
Y, ante la mirada confusa de Giyuu, Sanemi se alejó de ahí dando zancadas. Shinobu lo observó atenta. El Pilar del Viento parecía, en esos momentos, un volcán a punto de entrar en erupción.
—No te preocupes, luego te lo explicaré—le prometió la mujer a Tomioka.
Justo en ese momento, llegaron los Pilares restantes y se acercaron a ellos. Shinobu miró de reojo al Pilar de la Serpiente, otro que era bastante propenso a perder los estribos con Tomioka, aunque, en esos momentos, parecía estar más pendiente de la Pilar del Amor. Soltó una risita por ello, a veces, por no decir siempre, eran muy evidentes.
—¿Qué tal todo?—preguntó el Pilar de las Rocas, mirando en su dirección.
—Bien, adaptándome aún a manejar más territorio—reconoció Shinobu. Era más ajetreado controlar más zonas, pero tampoco juzgaba que se le estuviera dando mal—. ¿Y tú?
—Los ataques de demonios han aumentado—dijo Himejima.
Giyuu se apartó un poco de ellos, aprovechando que no era el centro de atención, pero, Shinobu, que estaba pendiente de él, le agarró suavemente del haori, evitando que se fuera.
—Esto, Shinobu…—murmuró Giyuu, dirigiendo la mirada hacia la mano de ella, que seguía aferrada a su chaqueta—,¿ocurre algo?
—Es de mala educación irse sin avisar—contestó la menuda mujer, sonriendo un poco. Soltó al otro cuando vio que ya no parecía dispuesto a irse.
Himejima, que había estado pendiente de todo ese intercambio de palabras, miraba con cierta preocupación a Shinobu—Kocho, ¿podemos hablar un momento a solas?—pidió el hombre de más de dos metros.
—Claro—dijo ella y le siguió hasta una zona donde no podía oírles nadie—. ¿Ocurre algo, Himejima?
—No deberías encariñarte tanto de Tomioka—aconsejó el Pilar de las Rocas—. Tú más que nadie sabe lo mala idea que es algo así.
—Con todo mi respeto, Himejima, pero eso no es asunto suyo—le espetó la mujer, con aspereza y muy a la defensiva—. Sé perfectamente lo que hago.
—Eso espero, Kocho—murmuró, para nada convencido, el hombre. Miró en la dirección en la que la mujer se alejaba y no pudo controlar más las lágrimas. Parte de él, una pequeña, se alegraba de ver que, desde lo ocurrido con su hermana años atrás, comenzaba a abrir su corazón, aunque fuera al ermitaño de Tomioka. Y esperaba que ella no se arrepintiera de ello si el Pilar del Agua moría en alguna misión.
Amane observaba seria a los Pilares, había salido ya a recibirlos y ellos se habían arrodillado ante ella inmediatamente.
—Me alegra veros a todos bien—dijo la mujer y suspiró un momento, antes de seguir hablando—Hoy mantendremos la reunión en el interior del edificio, síganme, por favor—pidió. Kagaya deseaba verlos, quería asegurarse en persona del estado de los Pilares. Y Amane no fue capaz de negarle eso.
Los ocho espadachines abrieron mucho los ojos al oír eso y se levantaron rápidamente. Siguieron a la mujer al interior de la casa, hasta la habitación en la que Kagaya estaba.
El hombre estaba tumbado en un futón. Miraba hacia el techo, pero, al escuchar que entraban, giró la cabeza y observó la entrada.
Mitsuri, que había sido la segunda en entrar después de Amane, soltó una exclamación ahogada al ver el estado del patrón. Casi todo su rostro estaba cubierto con vendas y parecía que el cuello también. Mitsuri desvió la mirada rápidamente al darse cuenta de que se había quedado mirando más de la cuenta y que los otros Pilares estaban esperando para entrar. Se hizo a un lado y, aún con la cabeza gacha, se arrodilló, nuevamente.
—Mi patrón—murmuró. Los otros Pilares, más diestros que ella en enmascarar sus emociones, no tardaron en imitarla y arrodillarse.
—Me alegra poder estar con vosotros otra vez—dijo el patrón, esbozando una sonrisa cargada de afecto—. Lamento no haber podido presidir la anterior reunión.
—No se preocupe, patrón—le pidió Giyuu—. Cuidar su salud es lo más importante.
—Gracias, Giyuu—respondió el patrón—. Hemos estado leyendo los reportes que nos habéis enviado sobre los demonios. Y, debo decir que el de Mitsuri ha sido especialmente preocupante.—Nada más decir eso, la atención de los espadachines se centró en la mujer, que carraspeó un poco.
—Hay un demonio que ha comenzado a atacar las casas de glicina de mi territorio—explicó ella—. No he sido capaz aún de dar con él, pero siempre deja la misma firma. El kanji de la Primera Luna Superior.— La mujer tomó aliento antes de seguir hablando—. Por eso mismo necesito ayuda. Estoy segura de que no se va a limitar a destruir las casas de glicina de mi territorio—dijo la Pilar del Amor. No tenía pruebas de eso, era una simple corazonada, pero si con eso conseguía convencerles…, serviría.
Iguro levantó enseguida la mano—. Yo voy contigo—ofreció, sin pensarlo dos veces.
—No creo que sea algo en lo que debamos precipitarnos sin más—opinó Giyuu, que aparentemente estaba más hablador de lo habitual—.Si de verdad es la Primera Luna Superior, sería mejor que fuéramos los que más experiencia tenemos luchando.
—¿¡Estás sugiriendo que Kanroji y yo no podríamos y que somos débiles!?—estalló Iguro, lanzando una mirada cargada de odio al Pilar del Agua.
—Por una vez estoy de acuerdo con Tomioka—reconoció, reticente, Shinazugawa—. Es mejor que nos lo dejéis a nosotros.
—¿En quiénes piensas, Sanemi?—inquirió, curioso, Kagaya.
—Pues en Tomioka, Himejima y yo—contestó enseguida el hombre. Los dos mencionados asintieron inmediatamente, de acuerdo con sus palabras.
—Yo iré también por supuesto—intervino Kanroji—. No deja de ser en mi territorio.
—Y no os vendría mal alguien con conocimientos médicos—opinó Shinobu.
Kagaya observó con mal disimulado orgullo a los Pilares. Pese a todos los conflictos que surgían entre ellos a causa de sus personalidades, cuando llegaba el momento de organizarse eran capaces de dejar a un lado sus diferencias.
Kyojuro miraba con interés a los que se habían ofrecido. Deseaba ofrecerse voluntario también, no quería verse privado de la posibilidad de hacer frente a una de las Lunas Superiores. Pero, entonces, Senjuro y Sumiko acudieron a su mente. Y su mirada, antes tan decidida, perdió brillo. Si le pasaba algo a él Senjuro estaría completamente solo y Sumiko aún necesitaba a alguien que la ayudase y enseñase para poder convertirse, algún día, en la siguiente Pilar de las Llamas.
—Tenéis mi bendición—declaró Kagaya.
—Hay algo más que debería saber, patrón—intervino, en ese momento, Kyojuro—. Sobre Nezuko Kamado.
—¿Ha ocurrido algo, Kyojuro?—preguntó el patrón, centrando toda su atención en él.
—Ha desarrollado una técnica de sangre pese a no haber devorado humanos—relató el Pilar de las Llamas, haciendo caso omiso de las miradas que Kanroji, Iguro y Shinazugawa le dirigían.
—¿Estás completamente seguro de ello?—preguntó Kagaya, muy interesado en lo que le estaba contando.
—¡Por supuesto!
Kagaya asintió, fue a preguntar algo más al respecto, pero un ataque de tos repentino se lo impidió. Amane, que había permanecido estoicamente en silencio a su lado, le tendió un pañuelo. Cuando por fin se lo retiró, los ocho Pilares notaron las manchas de sangre que quedaban en este, así como la que manchaba los labios del hombre.
—¡Patrón!—exclamaron, al unísono, Shinazugawa, Kanroji y Rengoku, haciendo amago de querer acercarse a él, pero Ubuyashiki les detuvo con un gesto de su mano derecha.
—No os preocupéis—pidió, manteniendo la calma mientras Amane, delicadamente, le limpiaba los restos de la sangre de los labios—. Aún tengo fuerzas para seguir al frente del Cuerpo—les aseguró. Pensaba hacerlo hasta que exhalase el último aliento y fuera sustituido por su hijo.
—¿¡No hay nada que puedas hacer, Kocho!?—gritó Shinazugawa, mirando a la mujer. Shinobu suspiró, cerró los ojos y negó con la cabeza.
—Si fuera una enfermedad quizás podría hacer algo—admitió la Pilar de los Insectos—. Pero ya sabes que lo que aqueja al patrón es algo más complejo.
—No discutais, por favor. No merece la pena—pidió Kagaya, tratando de apaciguar a Sanemi. El Pilar del Viento chasqueó los dientes, molesto y el patrón continuó hablando—Os deseo mucha suerte en vuestra misión, mis queridos Pilares. Y espero poder veros en la siguiente reunión.
Giyuu observaba callado el mapa de Japón que Shinobu había extendido en la mesa frente a ellos. Shinazugawa, Kanroji y Himejima se encontraban con ellos. Kanroji les estaba señalando las zonas de su territorio que ya habían sido atacadas.
—Tratar de tenderle una emboscada sería lo mejor—opinó Himejima.
Shinobu asintió, conforme, era buena idea. Volvió a prestar atención al mapa. Había bastantes ciudades muy pobladas en el territorio de Mitsuri.
—Tenemos que interceptarlo pronto—dijo Giyuu, señalando lo evidente, para irritación de Shinazugawa.
—Eso es evidente, Tomioka—le espetó, de mal humor.
—Esta zona sería la mejor para tenderle una emboscada— señaló Mitsuri, apoyando el dedo índice de su mano derecha en una de sus regiones más sureñas, cerca de la frontera con la región de Iguro. Bastante lejos de la zona en la que, según suponían, se encontraba su enemigo.
—Llegar ahí nos tomaría más de una semana—dijo Shinobu, tras examinar la distancia. La Pilar del Amor hizo una mueca, pero no comentó nada.
—¿Alguna otra sugerencia?
—No, por mi parte no—respondió Giyuu.
—Bien, pues, si os parece bien, saldremos en un par de horas. Aseguraos de tenerlo todo listo para entonces—sentenció Shinobu, tomando las riendas enseguida.
Rengoku suspiró un poco al ver, en la sala de entrenamiento, a Kanao y a Sumiko. Las dos jóvenes estaban intercambiando golpes con espadas de madera. El Pilar de las Llamas analizaba desde donde estaba los movimientos de su pupila.
La preocupación que se había instalado durante la reunión con el patrón seguía presente. Suspiró de nuevo, quería creer que se estaba preocupando por nada. Sumiko le había demostrado, en más de una ocasión, de lo que era capaz.
Cerró los ojos, eran cazadores de demonios, no podía tratarla como si fuera una niña pequeña. Con eso en mente, se marchó de ahí sin hacer ruido. Buscaría a Senjuro y pasaría algo de tiempo con él.
En el pasillo donde estaba la habitación de su hermano se cruzó con Giyuu. Sonriendo un poco se acercó a él.
—¿Qué vais a hacer al final?—preguntó, interesado, el Pilar de las Llamas, atrayendo la atención del otro hombre.
—Saldremos en breve—respondió, escuetamente, Giyuu.
—¡Qué envidia me dais!—terminó por reconocer Kyojuro, tratando de mantener la conversación fluyendo.
Tomioka no respondió, se limitó a mirarle con la ceja alzada. Pero eso no desanimó en absoluto al otro hombre.
—Pero me quedo más tranquilo sabiendo que vosotros os vais a hacer cargo.
—Espero que seamos capaces—dijo Giyuu.
—¡Pues claro que lo seréis!—exclamó Kyojuro—De los Pilares sois los más veteranos.
—Eso no significa nada—le recordó el Pilar del Agua.
—Deberías tener más confianza en tus habilidades, Giyuu—intervino Shinobu, que acababa de aparecer por el pasillo, cargando un botiquín y había escuchado aquel intercambio de palabras.
Rengoku se giró y la miró, sonriendo un poco—. ¿Ya tenéis todo preparado, Kocho?—quiso saber.
—Casi todo, sí—respondió ella. Había tratado de coger varias cosas, tanto para heridas leves como de mayor gravedad. Esperaba que fuera suficiente.
—¡Perfecto!—exclamó Kyojuro, de buen humor—¡Os deseo mucha suerte!
Giyuu, que permanecía callado, se acercó a Kocho y se quedó detrás de ella. Kyojuro observó eso con curiosidad, pero no comentó al respecto.
—Nos iremos en breve—dijo Kocho, sonriendo un poco —. Te dejo al cuidado de la casa hasta entonces, Rengoku.
—Cuenta conmigo—respondió el Pilar de las Llamas.
Shinobu sonrió y se giró. Miró a Giyuu—¿Nos vamos?—preguntó—. Shinazugawa se estará poniendo ya de los nervios.
Una mujer de cabellos rubios que le llegaban a los hombros se sujetaba el brazo derecho, tratando de soportar el dolor que sentía, y respiraba con dificultad. Vestía el uniforme de los cazadores de demonios y, con dificultad, blandía una katana nichirinto con el filo de color azul celeste.
Había estado descansando y recuperándose de sus heridas en una casa de glicina cuando un enorme estruendo la despertó. Y, al ir a comprobar qué ocurría, se topó de bruces con un demonio en la entrada de la vivienda.
Su reacción natural fue desenvainar su arma. Aunque, gracias a los kanjis de los ojos de su enemigo sabía que el ser delante de ella era una Luna Superior, pensaba presentar batalla, por breve que esta fuera.
El demonio, una criatura de piel pálida con extrañas marcas en forma de llamas en su frente y barbilla, la observó con poco interés con sus seis ojos.
—Si me dejas pasar y acabar con la vida de los otros humanos de esta casa—comenzó a decir el demonio mientras desenvainaba la katana que tenía—, es posible que decida perdonarte la vida.
La mujer, llamada Mikasa, apretó los dientes al escuchar eso. Soltó un grito, descargando toda la rabia que esa sugerencia le provocaba y, sin pensarlo dos veces, se lanzó contra Kokushibo.
Sólo para ser partida limpiamente a la mitad segundos después por la katana de la Primera Luna Superior. Kokushibo observó como su arma absorbía la sangre que manchaba su filo y, cuando estuvo completamente limpia, la guardó.
Alzó la cabeza y avanzó por la casa, tenía trabajo que hacer. Pasó al lado del cuerpo de la recién asesinada cazadora de demonios y se arrodilló. Respetuosamente cerró los ojos de la joven mujer. Como guerrera que fue merecía un respeto. Tras eso, el demonio se levantó y continuó su camino. Mataría a los civiles que vivían ahí y se iría.
Shinazugawa atizaba el fuego con un palo. Después de haber estado avanzando todo el día habían parado a descansar por la noche. Shinobu y Mitsuri estaban tumbadas sobre sus haoris, tapándose con un par de las mantas que, por consejo de la Pilar de los Insectos, habían empacado.
Giyuu le observaba sentado frente a él, lo que iba poniendo más y más nervioso al Pilar del Viento. Himejima, que se encontraba cerca de ellos, se había puesto a meditar y no prestaba atención a su entorno.
—¿¡Se puede saber por qué me miras así!?
—No deberías dar voces—señaló Giyuu, hablando bajo, mirando de reojo a las dos mujeres, comprobando que no se habían despertado—. Las vas a despertar.
Sanemi reprimió un gruñido de rabia. No tenía ganas de comprobar el mal genio que la Pilar de los Insectos tendría si era despertada de esa manera. Pero, sobre todo, odiaba a Tomioka y la actitud de sobrado que tenía siempre.
—¿He hecho algo que te haya molestado?—quiso saber Giyuu.
Sanemi apretó el palo de madera que sostenía aún, con tanta fuerza que terminó por romperse.
—Déjame en paz—siseó el Pilar del Viento, controlándose para no gritar y clavando sus ojos inyectados en sangre en el otro hombre. Giyuu se quedó mirándole, confuso, varios segundos, hasta que se encogió de hombros e imitó a las dos mujeres, tumbándose para descansar unas horas.
El Pilar del Viento volvió a prestar atención a las llamas, se había ofrecido a hacer la primera guardia. Después le sustituiría Himejima y, la última guardia de la noche la haría Tomioka. Delante de él tenía tres horas en las que se limitaría a estar pendiente de los alrededores, en caso de ser atacados por algún demonio que fuera lo suficientemente tonto como para atacarlos.
Tenía la espada en el suelo, a escasos centímetros de él. Miró al cielo nocturno, aunque las noches comenzaban a ser más cálidas ya, aún se notaba cierto frío. Las hojas de los árboles se mecían suavemente con el viento que soplaba.
Suspiró un poco. Pensar que, en breve, haría, posiblemente, frente a la Primera Luna Superior se le antojaba irreal. Era una oportunidad que se presentaba a pocos Pilares. De su generación los dos únicos que tuvieron esa ocasión habían terminado mal. Kanae era un demonio y Tengen estaba muerto.
Cerró los ojos al pensar en la hermana de la Pilar de los Insectos. Se habían llevado bien, no sabía si se podían haber considerado amigos, pero quería creer que sí. ¿Se acordaría de ellos? Pero, ¿acaso importaba si era así? Apretó los dientes, no dejaba de ser un demonio y su tarea como miembros del Cuerpo era acabar con esos seres.
Bueno, y hasta aquí es el vigésimo séptimo capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. He decidido que iré subiendo los capítulos mensualmente, para tener suficiente tiempo para ir escribiendo.
Así que, nos vemos el mes que viene con el vigésimo octavo capítulo.
¡Hasta la vista!
