Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
El título, una vez más, se corresponde con una canción de Mulán: What's wrong with Ping? Muchísimas gracias por los comentarios (y por la paciencia con estos capítulos para que los personajes hablen y vayan tomando decisiones).
QUÉ LE PASA A IZUKU
Despidiéndose con palabras vagas, Bakugou y Midoriya salen de la habitación, el primero arrastrando al segundo, y todos los demás se quedan en silencio. Hitoshi nota en la boca el sabor amargo de la victoria. Por lo que puede ver, sus compañeros se sienten exactamente igual. Y, si no recuerda mal su forma de ser de sus años de colegio e instituto, Midoriya no estaba nada conforme con el resultado de la conversación, aunque se ha dejado conducir dócilmente fuera del dormitorio. Quizá, como Hitoshi, todavía está procesando toda la información. Apenas unas horas atrás, había villanos que contener a toda costa, personas a las que proteger de Dones devastadores. Después, un vacío que ha llenado una conversación sobre conspiraciones que, por un momento, han parecido nuevos villanos que neutralizar.
Y, de pronto, como ha dicho Bakugou, la aventura ha terminado.
El ambiente excitado y preocupado de la habitación se ha disipado y sólo queda el agobiante calor del exceso de gente en su interior y un silencio meditativo y frustrado que sólo rompen Togata y Amajiki, susurrando algo entre ellos antes de despedirse con un gesto, ambos muy serios, y abandonar la habitación.
Eso provoca que el resto también se mueva. Uraraka se despereza con un movimiento más disimulado que Hatsume y Shouto y Yaoyorozu se quedan en la puerta, abierta y por la cual entra una agradable corriente de aire fresco, charlando en voz baja. No ha podido evitar percatarse la forma en la que Midoriya y Bakugou interactúan, similar a la de Kaminari y él mismo, o la plena confianza que parecen compartir Togata y Amajiki, que se consultan cosas o se ponen de acuerdo sólo con intercambiar una mirada.
Hitoshi los observa, curioso, y llega a la conclusión de que son buenos y viejos amigos. Lo nota en su lenguaje corporal, sobre todo en el de ella, más abierto y expresivo, al rozar el brazo de Shouto, en la sonrisa amable y sincera... Se miran con franqueza, simpatía y confianza. Le recuerdan a Kaminari y Sero cuando tratan con él, siempre simpáticos y expresivos, corteses y con cierta confianza. Plena en el caso de Kaminari, que nunca duda en responderle.
Hasta hace unas semanas, él no había experimentado algo así. Sí, su psicóloga no dudaba en contestar sus preguntas jamás, pero no es su amiga, tiene clara esa línea, a pesar de que es la persona que mejor le conoce del mundo. La gente que no conocía su Don interactúa con él con normalidad, pero también son desconocidos. Sus compañeros de clase o de piso, en cambio, siempre son más cautos. Hasta Ojiro, en las ocasiones en las que se ha sentado con él en el comedor en lugar de con el grupo de amigos de Midoriya, sigue mostrándose cauteloso y prudente a la hora de hablar con él. Se llevan bien, e Hitoshi no duda de que Ojiro le aprecia, pero es una barrera infranqueable. Tanto, que incluso creyendo que los amigos de Midoriya habrían oído hablar de él y su Don, Hitoshi se ha sentido cada vez más y más cómodo con ellos que con Ojiro, aunque a este lo conozca desde hace más tiempo.
Ahora, sin embargo, es capaz de identificarse con la relación entre Yaoyorozu y Shouto. Le falta la confianza que proporcionan los años, pero ve en ellos las mismas emociones que advierte en Kaminari y Sero cuando hablan con él, cuando le llevan comida al dormitorio o cuando le preguntan qué tal le ha ido en el entrenamiento con el profesor Aizawa.
Le embarga una emoción cálida y agradable en el estómago. Yaoyorozu sonríe, una sonrisa que no le alcanza los ojos, con los labios apretados, después de decir algo que provoca que Shouto agache la cabeza, pensativo, y asienta con una sonrisa casi imperceptible y llena de tristeza. Luego se despide de él, apretándole levemente el brazo, y sale de la habitación.
«Más bien a Sero», piensa Hitoshi, recordando todas las palmadas amistosas que este le propina en el hombro, sus sonrisas sinceras cuando le pregunta qué tal está o los enérgicos buenos días con los que los recibe todas las mañanas cuando se despiertan.
En cambio, el comportamiento de Kaminari es diferente. Sero no lo ha besado en la mejilla, ni lo ha abrazado para asegurarse de que estaba bien. Tampoco le da la mano a la menor oportunidad, como ha hecho Kaminari desde que entrelazó sus dedos con los suyos en el patio del complejo.
No ha soltado a Hitoshi mientras regresaban al dormitorio. Ni tampoco durante toda la reunión con los héroes, sentado hombro con hombro a su lado, salvo cuando se ha levantado para recibir a Midoriya, regresando acto seguido, y mientras comían. Desde luego, Yaoyorozu no ha hecho eso con Shouto. «Pero Bakugou sí con Midoriya», piensa, un poco desconcertado.
Mientras que Kaminari es un torbellino eléctrico de luz y color, Hitoshi se identifica más con Shouto. Erguido recto en toda su altura, serio, con gestos comedidos y expresión tan amable como circunspecta, el héroe resulta imponente de una manera que él no transmitirá nunca y sus ojos dispares resultan un tanto extraños hasta que te acostumbras a ellos. Sin embargo, los dos tienen formas de expresarse similares, por lo que ha podido ver durante la reunión, ya que ha podido identificar diversas emociones en el héroe, muy diferentes de las que transmiten los ojos de Bakugou, que destellan rojos y furiosos incluso cuando el héroe parece tranquilo.
Cautelosamente, Kaminari le aprieta la mano para llamar su atención. Hitoshi lo mira a los ojos y ve la sonrisa, tensa y un tanto forzada, de este. Es una sonrisa extraña, porque Kaminari siempre sonríe con la boca y con los ojos, así que Hitoshi levanta levemente una comisura, animándole a hacerlo, ansioso por ver la nube de emociones que siempre embarga al otro chico revolucionar su rostro. Kaminari cumple sus expectativas al momento, pues primero sonríe tímidamente, un poco sonrojado, y luego abiertamente, mostrando los dientes blancos y alineados.
Sigue sin tener claro qué significa la diferencia entre Kaminari y Sero, aunque sí la intuye, igual que un pensamiento que se escapa de su mente cada vez que trata de atraparlo. Hitoshi le corresponde a la sonrisa apretándole la mano a su vez, indicándole que está ahí, a su lado, que no se ha alejado.
Se pregunta qué está sintiendo Kaminari ahora mismo, detrás de todas esas emociones. Si comprende que, a pesar de que Hitoshi no sabe cómo tiene que gestionarlo y, hasta ahora mismo, no había sabido siquiera cómo identificarlo, porque nunca ha tenido la oportunidad real de ser aceptado por alguien que no tema a su Don o a mantener una conversación natural con él, ahora lo considera un buen amigo y agradece que esté ahí, sentado a su lado y sujetándole la mano, incluso a pesar de que probablemente en unas horas o días se despidan y cada uno parta rumbo a su casa. Y que, cuando eso ocurra, lo echará muchísimo de menos. A Sero y a Hatsume también, y probablemente si hubiera podido tratar con la verdadera Uraraka, también la incluiría, pero sobre todo a Kaminari.
«Ni siquiera sé de dónde es», piensa, un poco arrepentido por no haberlo averiguado antes. Está a punto de preguntárselo, pero Yaoyorozu se ha marchado y Shouto ha vuelto a acercarse a ellos. Es tan alto que apenas necesita ponerse de puntillas para que su rostro vendado asome por el borde del colchón de la cama superior.
—He podido hablar por teléfono con el profesor Aizawa antes de venir aquí. —El rostro de Shouto es sombrío, tanto que Hitoshi se tensa por la preocupación.
—¿Cómo está?
—Bien. Ha sido trasladado a un hospital. No recuperará la pierna, obviamente, pero vivirá. Eso es lo importante —dice Shouto con voz átona. Hitoshi respira aliviado. Súbitamente, pensando en que Shouto se ha referido al héroe como profesor, se da cuenta de que ambos han sido alumnos suyos. Una similitud más—. Era necesario que informase acerca de vuestra pelea contra Shigaraki y Kurogiri. Me ha contado tus impresiones acerca de este último, pero no me ha quedado claro.
—Los nomu son diferentes personas. Ha conseguido fusionar no sé si sus Dones, sus voluntades, o qué, exactamente —explica Hitoshi, creyendo que quiere saber acerca de ese dato.
—Un monstruo de Frankenstein —murmura Kaminari a su lado. Hitoshi asiente, es una buena definición.
—Sí, eso lo he entendido. Además, lo suponíamos.
—¿Lo suponíais? —pregunta Hitoshi, estupefacto.
—Kurogiri… —Shouto duda, pero luego continúa, dirigiéndoles una mirada de advertencia—. No es de dominio público. Ni siquiera yo lo sabía hasta hace un rato, aunque por lo visto mi padre sí. El profesor Aizawa sabe desde lo de Kamino que Kurogiri comparte parte de su ADN con alguien que conoció. Todos pensábamos que los nomu eran… creaciones de laboratorio, o algo así, a las que All for One dotaba de diferentes Dones que arrebataba a otras personas, pero esto, sumado a lo que comentas de sus voluntades… Cambia las cosas.
—Es una amalgama de personas —repite Hitoshi para sí mismo, sintiendo náuseas en el estómago al pensar en las implicaciones que tiene un dato así. No es sólo que hayan arrebatado el Don a personas para concedérselo a los nomu, son las voluntades de esas personas las que subyacen en la mente de Kurogiri. Las mismas que casi parecían pedir auxilio o verse libres a pesar de estar dominadas por su Don—. Podía percibir sus voluntades. Cuando… cuando utilizo mi Don, además de lavar el cerebro y conseguir que la persona obedezca mis órdenes, puedo percibir cómo se siente —explica, evitando la mirada de Kaminari, que está a su lado, observándolo con los ojos desorbitados y la boca entreabierta. Las chicas y Sero también deben estar escuchando, pero desde donde está no las ve. Habitualmente, a la gente le horroriza el efecto de su Don, incluso sin saber los detalles sobre cómo funciona, y ahora Hitoshi tiene miedo de que eso cambie el concepto que Kaminari tiene de él y, por fin, su instinto de supervivencia se imponga, haciéndole actuar con más prudencia en su presencia.
—Eso es lo que me comentó el profesor Aizawa. Dijo que podías percibir a Kurogiri reaccionando a su voz y que le gustaría hablar contigo al respecto de eso más adelante, si no te parece mal.
—Por supuesto. —Hitoshi hace ademán de incorporarse, deseando sentirse útil, pero Shouto levanta una mano, tranquilizándolo.
—Ahora mismo tiene que permanecer en el hospital y las cosas tardarán lo suficiente en asentarse como para plantear lo que desea hacer, pero me ha preguntado si podrías darnos un contacto para solicitarte una colaboración más adelante. —Hitoshi asiente, un tanto confuso. Está más que dispuesto a ayudar en lo que pueda.
—¿Qué es lo quiere saber? —pregunta con recelo.
—Había un nomu. Si lo que dices es cierto y All for One necesita no sólo un laboratorio y materiales sintéticos, sino personas y Dones, no ha podido crearlo en este tiempo. Eso quiere decir que es posible que haya más como él. Creo que el profesor Aizawa quiere tu colaboración para algo relacionado con ese conocido tuyo que forma parte de la voluntad de Kurogiri. Y a mí me parece que, si consigues entrar en su mente y hacer que confiese, podríamos encontrar ubicaciones donde otros nomu se encuentren e intentar salvarlos, si eso es posible, o neutralizarlos.
—Imposible —niega Hitoshi—. Ya se lo expliqué al profesor Aizawa. Mi Don no funciona así. Puedo hacer que alguien obedezca una orden mía, pero no que diga algo que sabe o que escriba por su cuenta. Puedo ordenarle repetir mis palabras o escribir algo que yo le diga. Como un loro o un autómata. Pero si le pido que escriba el resultado de una multiplicación, no lo hará. No pueden sacar conclusiones o pensar por su cuenta mientras están bajo el influjo de mi Don. No puedo ayudaros de esa forma.
—Entiendo. Eso es igualmente interesante. —Shouto ha escuchado con atención, y se frota la barbilla, pensativo—. ¿Cuántas veces has utilizado tu Don, Shinsou? —pregunta Shouto aun así, que no parece pesimista por la afirmación de Hitoshi.
—Muy pocas. Y con personas, menos aún. —En realidad, puede contarlas con los dedos de ambas manos. Y varias de ellas ha sido en las últimas semanas, desde que lo utilizó para paralizar a Shigaraki en el ataque a Musutafu.
—Los Dones, como los músculos, hay que ejercitarlos para sacar todo su potencial y disminuir los posibles efectos negativos —dice Shouto en tono sereno—. Practica con tu Don, Hitoshi Shinsou, y perfecciónalo. Quizá tienes razón y no es posible… pero te pido por favor que al menos lo intentes.
—Yo… No puedo… Necesitaría que alguien… El profesor Aizawa se centró más en entrenarme con la bufanda de microfibra como apoyo que en potenciar mi Don. Intentamos utilizar algunas inteligencias artificiales, pero no tienen voluntad propia, así que no… no funcionó muy bien. —La mirada de Kaminari está clavada en él y la voz de Hitoshi disminuye de volumen gradualmente, ahogada por la opresión que siente en el pecho.
Para hacer lo que Shouto le está pidiendo, necesita entrenar con personas. Y la realidad se impone a la fantasía. El héroe tiene razón, para aumentar la eficacia de su Don ha de entrenarlo. Eso significa hacerlo con otras personas. Sí o sí. «Nadie querría un héroe así en su agencia», piensa, con amargura.
—Entiendo —repite Shouto, suspirando con resignación y pensando durante varios segundos. Hitoshi no responde, ya que no sabe qué decir, y se queda inmóvil, tratando de aparentar serenidad—. Al menos, es un escollo fácil de superar. Vives en Musutafu, ¿verdad? En mi agencia podrás practicar. Ya solucionaré cómo hacerlo si podemos salvar algo de las oficinas que teníamos allí. Tardaremos más de lo que esperábamos, pero puede ser lo mejor. En cualquier caso, muchas gracias, Hitoshi Shinsou. Descansad. —Dando por finalizada la conversación, Shouto se despide con un ademán y abandona el dormitorio.
Hitoshi lo observa marcharse, tan rápido que no le da tiempo a reaccionar. Está tan ensimismado con la perspectiva de que alguien considere su Don útil, no sólo peligroso, y esté dispuesto a facilitarle medios para entrenar, que no escucha a las chicas despedirse y marcharse. De un plumazo, Shouto ha desterrado algo que hace apenas un segundo había considerado prácticamente imposible: que un héroe pusiese al personal de su agencia a entrenar con alguien capaz de ejercer control mental. La idea de practicar con profesionales lo atrae y disgusta al mismo tiempo. Por un lado, está el progreso que podría conseguir en muy poco tiempo. Por el otro, pensar en que esa misma gente, con la que tendría que trabajar mano a mano, probablemente serán personas que accedan obligadas, de mala gana y con reparos, y ese pensamiento incrementa todavía más la opresión que tiene en el pecho. Si la gente se aleja de él incluso cuando no utiliza su Don, no quiere ni pensar en lo que ocurriría si tuvieran que soportar sus efectos por obligación. Por otro lado… sería la experiencia más cercana a entrenar con un villano que no desee dar respuestas u obedecerle.
Constatar, una vez más, por qué su Don es tan peligroso, incluso cuando se enfoca de un modo constructivo, no es mucho mejor que todas las veces que se ha dado cuenta de ello.
Utilizar el Don en unos villanos que están actuando como tal suena bien, pero utilizarlo en personas que no quieren poner su voluntad al servicio de otras personas sólo para fortalecerlo y experimentar con él, por muy loable que sea la información que puedan extraer del nomu, le parece un tanto maquiavélico.
—Chucha la wea, esto ha sido intenso, conchesumadre. —Sero aparece por el borde del colchón, trepando por las escaleras, devolviendo a Hitoshi a la realidad—. Por un momento pensé… No sé… Que íbamos a embarcarnos en una especie de misión justiciera.
—A lo mejor deberíamos haberlo hecho —murmura Kaminari, casi más para sí mismo. A lo largo de las últimas semanas, Hitoshi ha empezado a conocer al chico. No es algo demasiado difícil, teniendo en cuenta que su rostro es un espejo cristalino que deja al descubierto todas sus emociones. Es valiente y decidido, pero también tiene miedo y echa de menos reanudar su vida tranquila. Esta segunda parte es algo que avergüenza al propio Kaminari, pero a Hitoshi le parece más que coherente y le recuerda, en parte, a sí mismo. Sobre todo, cuando sigue hablando, con voz algo más decidida, sobreponiéndose a su propia inseguridad—. Si todo esto es cierto… no es justo. Es algo horrible, ha muerto gente. No habrán utilizado sus Dones para ello, pero son villanos igualmente. ¿De qué sirve ser un héroe si no puedes detener a los villanos?
—Eso es cosa de la policía, supongo. Y ya lo has oído, si controlas el poder, controlas todo —dice Sero, encogiéndose de hombros—. Quis custodiet ipsos custode?
—¿Ahora hablas latín? —bromea Kaminari, haciendo que Sero también sonría—. ¿No te basta con chapurrear las palabras en chileno que aprendiste de tu abuela?
—Eh, un respeto a mi abuela, weón —dice Sero, irguiéndose con dignidad antes de sonreír con nostalgia—. Quiere decir que quién vigila a los que deben vigilar.
—Eso suena muy… ¿cínico?
—Es lo que hay. —Sero se encoge de hombros, apretando los labios en una expresión resignada—. No hay nada que nosotros podamos hacer para equipararnos a ellos, siempre tendrán más medios, voz y poder.
—Ya me he dado cuenta de que tú prefieres irte a casa y obviar esto. —Kaminari parece poco contento. Los dedos que tiene entrelazados con los de Hitoshi se aprietan con fuerza.
—En realidad, no. Me va a costar dormir sabiendo que tengo esta información y que no voy a poder hacer nada —dice Sero, sentándose en el borde del colchón, de espaldas a ellos y con las piernas colgando en el aire—. Por eso les he preguntado por qué nos lo han contado. Quiero irme a mi casa, retomar mi rutina. Cuando era adolescente quería ser un héroe, pero ahora… tengo mi vida organizada. A lo mejor es porque tengo algunos años más que vosotros y lo veo de otra manera. Me gusta ayudar a la gente, pero no creo que ser un héroe profesional sea lo más adecuado en esta etapa de mi vida. —Se gira y los mira, con una sonrisa de afecto que se refleja en sus ojos.
—¿Habrías preferido que nos enviaran a casa sin saberlo? —pregunta Kaminari. Los dedos todavía se aprietan en la mano de Hitoshi, pero su tono de voz es sereno.
—No lo sé. Sí sé que ahora no me sentiría como la mierda. Creo que no ha sido justo por su parte colocarnos en esta posición.
—¿Qué habrías hecho? Si hubiesen dicho que íbamos a intervenir. O si nos hubiesen preguntado —dice Hitoshi, interviniendo por primera vez.
—Tampoco lo sé. No es que tenga mucho sentido plantearse las cosas que no fueron, ¿no? —Sero aprieta los labios y agacha la cabeza—. Elegir entre irte a tu casa cargando en la conciencia con la información que ha provocado la muerte de personas y la destrucción de bienes materiales de otras muchas o tratar de combatir algo que queda muy por encima de tus opciones, quebrantando seguramente leyes o, al menos, enfrentándote a quienes las tienen que defender.
—Una espada delante y una pared detrás —asiente Kaminari—. Lo siento, Hanta. Yo tampoco he sido justo.
—Una vez me dijeron que son nuestras decisiones las que hacen que algo sea una villanía o una heroicidad. Que escuchar un grito de auxilio y correr hacia él en lugar de en dirección contraria es un acto heroico. Incluso aunque pueda ser calificado de imprudente o ilegal —murmura Hitoshi, para sí mismo, recordando las palabras de su psicóloga en lo que ahora le parece un tiempo remoto.
—Sois más pequeños que yo. Se nota. Tenéis un espíritu combativo bacán, un modo de ver la vida idealizado que quizá los que somos un poco más mayores deberíamos conservar —dice Sero, dejando caer los hombros, abatido.
—La verdad es que yo también deseo regresar a casa —admite Kaminari. Mira a Hitoshi, con una sonrisa leve en los labios que le eleva la comisura derecha en un gesto pícaro—. No estoy cómodo con la idea de dejar pasar todo esto, pero no deseo ser un héroe profesional. Al principio fue divertido y no me arrepiento de nada, pero tienes razón, tengo otras prioridades ahora mismo.
Sero les sonríe una última vez y luego se deja caer hasta el suelo. Hitoshi lo oye tumbarse encima de su cama. Es temprano y, aunque han comido tarde, espera que haya cena, pero no parece que su compañero tenga ganas de seguir conversando.
—Tú sí quieres quedarte, ¿verdad, Hitoshi? Ser un héroe. —Kaminari lo mira con los ojos amarillos brillando de expectación. Hitoshi siente como si le sondease el alma con la mirada. Asiente secamente, una vez—. Se ha notado. El resto estábamos deseando volver a casa, pero Midoriya y tú… Parecíais enfadados por la mera idea de tener que hacerlo.
—Siempre he querido ser un héroe profesional —confiesa Hitoshi en voz baja, aunque no es una novedad para ninguno de los que está en la habitación—. Esta ha sido … no sé, como una última oportunidad, concedida en el tiempo de descuento. Sé cómo se siente Midoriya, porque él y yo hemos querido siempre lo mismo. Cuando lo derroté en el festival deportivo, ambos deseando llegar lo suficientemente lejos como para que alguien se fijase en nosotros, no pude evitar alegrarme, pensar que yo por fin lo había conseguido. Había llamado la atención del profesor Aizawa, iba a entrenarme, podría entrar en la especialidad de héroes, pero…
—No funcionó. Y ahora parecía que sí. —Hitoshi asiente, apretando los labios.
—No quiero decir que me parezca divertido que muera gente o pelear contra villanos. Es sólo…
—Que sientes que estás en tu lugar, que haces lo que debes y lo que quieres —completa Kaminari.
—¿Cuándo has llegado a conocerme tan bien, Kaminari? —pregunta Hitoshi, un tanto desconcertado.
—Conviviendo contigo, supongo. Unas pocas semanas dan para mucho. Aunque habíamos quedado en que me llamarías Denki. —Hitoshi enarca las cejas. Puede visualizar la voluntad de Kaminari. No es la primera vez que le contesta una pregunta, por supuesto. Tanto Kaminari como Sero son de las poquísimas personas que no han tenido miedo en ningún momento de contestarle, pero nunca se había fijado en sus voluntades, porque no se había planteado que fuese a controlarlas. En la cama inferior se escucha una risita burlona de Sero, pero ambos lo ignoran.
—En fin… ya los has oído. Volveremos a nuestras vidas y recuperaremos la rutina. Hemos sido peones de un juego y podemos considerarnos afortunados de no haber sido sacrificados durante la partida —suspira Hitoshi.
—¿Siempre eres tan dramático?
—Pensaba que habías dicho que me conocías bien. —Kaminari se ríe con una carcajada cristalina y alegre.
Sorprendido, Hitoshi se da cuenta de que se siente cómodo con él, que se lo pasa bien a su lado. También con Sero. No tanto con Hatsume ni con Uraraka ahora que sabe que la que ha conocido no era la verdadera. Y duda que con la Uraraka real pueda tener una relación tan cómoda, pues tiene la sensación de que ambas chicas son demasiado cercanas a Midoriya y que no sería justo entrometerse en medio. Además, está razonablemente seguro de que Hatsume todavía le guarda un poco de rencor.
La mano de Kaminari sigue aferrando la suya, pero ahora con más delicadeza.
—Yo no creo que esta oportunidad se haya disipado todavía —dice el otro chico con voz suave, mirando a Hitoshi, que niega con la cabeza, exasperado—. Escúchame. Shouto te ha pedido algo concreto, necesitan tu Don. Eraserhead también. No sé, a mí me suena a una oportunidad. Y, probablemente, si se cumplen sus predicciones, no habrá problema en que entrenes en la agencia de Shouto, aunque tu Don no sea muy compatible con los que él y su padre utilizan. Yo sí creo que puedes conseguirlo todavía, si te esfuerzas y entrenas.
—Prefiero no hacerme ilusiones.
—Me parece bien, ya me las haré yo por ti. —Hitoshi pone los ojos en blanco, pero un suave calor le invade el vientre al pensar en Kaminari ilusionándose por algo que le gustaría a él—. Mientras tanto, tienes que practicar.
—Ya he dicho que no es posible.
—Claro que sí, Hitoshi. Conmigo. —Hitoshi abre los ojos de par en par y empieza a negar con la cabeza. Kaminari acaba de escuchar cómo funciona su Don y por qué no ha podido practicarlo y, aun así, está dispuesto a ofrecerse voluntario—. Podemos dedicarle tiempo el tiempo que nos reste aquí. Ahora no habrá entrenamientos, así que podríamos practicar varias horas al día. Yo he mejorado mucho con los efectos secundarios de mi electricidad gracias a utilizarla a diario desde que estoy aquí, vas a dar pasos de gigante en cuanto lo intentemos un poco, ya verás.
—No puedo hacerlo.
—¿Por qué? —Kaminari lo mira con genuina curiosidad, pero Hitoshi niega con la cabeza—. No seas cabezota. Cuanto antes empieces a entrenar, más fácilmente podrás demostrar tus habilidades y sacar una licencia de héroe profesional.
—Tú no eres un villano. Mi Don es para combatir villanos. —A pesar de sus reparos, a Hitoshi le atrae la idea. Practicar con alguien que sí está dispuesto a consentir hacerlo voluntariamente, a trabajar con él. Alguien que no teme responder sus preguntas, ni siquiera tras escuchar cómo funciona exactamente su Don. Alguien que tiene fe en que puede conseguir grandes cosas y que no lo ve como un Don terrible a ocultar y temer.
—Pero tienes que practicarlo para poder combatir a los villanos y yo estoy aquí. Adelante, empecemos ahora mismo —insiste Kaminari.
—Lo dices en serio —susurra Hitoshi, impresionado. Es el turno de Kaminari de poner los ojos en blanco y resoplar—. Es que nunca…
—Nadie ha querido practicar nunca contigo —comprende Kaminari, completando su frase.
—Algunas personas ni siquiera quieren hablar conmigo o miden cuidadosamente las palabras de la conversación, negándose a contestar preguntas sencillas. «¿Quieres kétchup con las patatas?» puede arruinar la conversación y la comida a todo el mundo si soy yo quien lo pregunta.
—Pero tú no habrías utilizado tu Don en esos momentos. —Hitoshi niega. Los prejuicios funcionan como lo hacen, pero no quiere explicárselo a Kaminari—. Entonces esa gente era idiota. Y prejuiciosa. Es como dar por hecho que yo voy a freír a alguien con mi electricidad sólo porque puedo utilizarla.
Kaminari suelta su mano. Hitoshi se siente vulnerable y reprime el instinto de moverse tras él y volver a buscar el contacto, mientras observa cómo se incorpora y se sienta encima de la cama con las piernas cruzadas y las manos encima de las rodillas. Hitoshi alza las cejas, inquisitivo.
—Estoy preparado —informa Kaminari, dando a entender la obviedad.
Hitoshi entrecierra los ojos, observándolo con cautela. La sonrisa de Kaminari es cautivadora, blanca tan brillante como sus ojos. Lentamente, se mueve él también, sentándose igual que Kaminari, frente a él, todavía examinándolo con la mirada. Inspira profundamente.
—¿Entiendes que no puedo preguntarte cosas sencillas? —pregunta, para asegurarse de que entiende correctamente lo que implica. Kaminari asiente, pero Hitoshi insiste—: Seguramente estés predispuesto a contestarme para colaborar, así que voy a tener que intentar que sean cosas que no quieras contestar o que habrías querido decir de otra manera. Cosas que te incomoden, para asegurarme de que contestas en contra de tu voluntad. —Precisamente esa había sido la razón de su escepticismo con el ofrecimiento de Shouto sobre un posible entrenamiento en su agencia. Nadie quiere que le hurguen la mente y le sonsaquen secretos que no quiere confesar. Sería violento tener que hacerlo sólo porque es su trabajo quien se lo exige. Sin embargo, la sonrisa de Kaminari no flaquea, y la forma en la que lo mira, pletórico de confianza, tampoco.
—Que sí, que lo entiendo, no te preocupes. Adelante. Confío en ti. —Al responder a su pregunta inicial, el Don de Hitoshi se activa. No sólo confía en él de palabra: también lo demuestra sin vacilación.
Hitoshi percibe la voluntad de Kaminari flotando en su mente. Es de color amarillo eléctrico y chisporrotea, pero tiene un aspecto saludable que no tenía la de los nomu, deshilachada y trenzada desastrosamente. Sobreponiéndose a sus últimos reparos, se apodera de ella y los ojos del otro chico se desenfocan ligeramente. No necesita pensar demasiado su primera pregunta, cree saber exactamente qué preguntar para provocar las circunstancias que precisa en su entrenamiento.
—¿Por qué me tomas de la mano, Denki Kaminari? —pregunta, atento a cualquier mínima reacción por parte del otro chico.
Kaminari no reacciona, tal y como le ha advertido a Shouto, porque su Don no puede hacer que la gente responda, pero Hitoshi cierra los ojos y se concentra en el vínculo y en el control mental, buscando un camino, una vía, algo que haga que el otro chico conteste. Nota su reticencia a contestar, demostrando que ha acertado al elegirla. Se disculpará más tarde con él. Y seguramente tendrá que tener una conversación incómoda sobre ello, pero Hitoshi confía en que se traduzca en cogerse más veces de la mano. Además, no podrá utilizar la pregunta más veces, pero si Denki sigue dispuesto a ayudarle a entrenar su Don después de eso, seguro que puede encontrar otras.
—Contesta, Denki. ¿Por qué me tomas de la mano? —insiste Hitoshi una vez más, notando cómo su frente empieza a perlarse de sudor por el esfuerzo de intentar que su amigo responda.
.
Izuku está cabreado. Con Katsuki, consigo mismo y, sobre todo, con la obligación de tener que resignarse ante la injusticia.
En silencio, Katsuki lo guía hasta el dormitorio y, una vez allí, Izuku suelta la mano del héroe en un gesto más brusco de lo que pretendía. Es un acto puramente infantil, porque se arrepiente al momento y, además, aunque entra en la habitación dando zancadas, una vez dentro no hay nada en lo que ocuparse para ocupar la mente y dispersar sus pensamientos.
—¿Quieres que peleemos? —pregunta Katsuki, que se ha quedado en la puerta. Tras entrar, la ha cerrado y ha apoyado la espalda en ella. Lo mira con seriedad, pero la pregunta desconcierta a Izuku—. A mí me ayuda mucho a sacar la rabia cuando estoy cabreado. Me pego contra sacos de boxeo o entreno un rato. Si Shouto está en la misma ciudad, entrenamos juntos. Es un buen desahogo para la rabia que llevas dentro ahora mismo. Sé mucho de controlar la rabia que busca un sitio por dónde explotar —añade, persuasivo. Izuku lo mira fijamente, respirando profundamente. Parte de su enfado se ha disipado con la pregunta, porque lo único que necesitaba era dejar de pensar en el tema, pero asiente.
Sigue a Katsuki fuera del dormitorio, que esta vez camina con las manos en los bolsillos por los pasillos del complejo hasta llegar a una sala grande y despejada, cubierta con un tatami decorado con un dibujo geométrico. Katsuki se coloca en el centro, todavía con las manos en los bolsillos y lo mira con una expresión extraña en los ojos.
—Sin Dones, sólo pelea física. Al mejor de cinco. —Izuku comprende inmediatamente, es el ejercicio de siempre: intentar sacar al otro del área delimitada. Por un momento, la indicación de luchar sin Don le duele, a pesar de que no tiene Don alguno que utilizar, ni siquiera sus guantes. Katsuki parece notarlo, porque lo dice en voz alta—. No se trata de igualar, no has necesitado un Don para plantarme cara otras veces, no lo necesitas ahora. Y yo tampoco. Puedo hacerte morder el polvo fácilmente sin necesidad de destrozar la sala con las explosiones.
Izuku traga saliva con dificultad y se muerde el labio, dudoso todavía acerca de la metodología de Katsuki, pero asiente una vez más, conforme.
Las pupilas de Katsuki se dilatan, supone que por la adrenalina de la inminente pelea, y su sonrisa se ensancha en una expresión que le da apariencia de desquiciado. Y, de pronto. Izuku cae en la cuenta. Katsuki no está siendo condescendiente. Siguen en el interior del complejo, es un tatami normal, no una sala de entrenamiento de Dones y Katsuki no le ha ofrecido ninguna ventaja a cambio de no tener brazo, ni tampoco parece dispuesto a tener piedad. Izuku asiente una vez más, decidido, y entra en el dibujo geométrico, apretando la mandíbula con fuerza.
El primer asalto no dura ni diez segundos, en un ataque tan rápido que prácticamente ni lo ve venir. Katsuki ataca por su derecha, que es la izquierda de Izuku. Debería haber sido capaz de predecirlo, pues es él precisamente quien se fijó en primer lugar en la predilección del héroe por ese ataque inicial, pero no consigue reaccionar a tiempo. Katsuki apenas necesita darle un golpe en el pecho y hacerle una zancadilla para desequilibrarlo y derribarlo. Izuku intenta detener la caída con el brazo izquierdo inexistente, lo cual le hace rodar por el suelo y Katsuki no tiene ni que esforzarse para sacarlo del dibujo antes de volver al centro.
—Sé que puedes hacerlo mucho mejor, nerd. ¿No estabas enfadado? Pues que se note, joder —gruñe Katsuki. Izuku, con los ojos llenos de lágrimas, porque la caída le ha dolido de verdad, se los enjuga, asiente y vuelve a colocarse en posición.
El segundo asalto dura unos segundos más que el anterior. Izuku, que esta vez sí está listo para contrarrestar el característico ataque desde la derecha, no es capaz de esquivar la embestida de Katsuki, que suelta una carcajada desquiciada para celebrar que lo ha engañado con la finta que ha hecho antes de cambiar el ataque a su puño izquierdo. Izuku consigue compensar el equilibrio faltante en el brazo y rodar por el suelo para evitar ser sacado del tatami como antes. Su intención se ve frustrada al instante, pero al menos ha conseguido encajar un puñetazo en el hombro de Katsuki antes de perder.
—Te falta un brazo, no las dos piernas. Y no voy a permitirte que te aproveches de mis ataques por la derecha, yo también aprendo y me adapto. —Katsuki lo mira con intensidad, esperando a que sus palabras calen antes de atacar de nuevo.
Izuku comprende que, a pesar de lo que pueda parecer, Katsuki no se lo está tomando como algo personal y esboza una sonrisa que tiene tintes de tristeza y amargura, pero también de nostalgia por haber recuperado algo como esto. Quizá sea una propuesta para desestresarse, pero también es un entrenamiento similar a los que han compartido más veces. La familiaridad compensa los cambios que ha habido entre medias.
Además, que Katsuki no lo esté tratando con condescendencia ni delicadeza, ayuda a disipar parte de su frustración por sentirse un estorbo tras la queja del héroe acerca de los reclutas civiles.
Izuku vence el tercer asalto. Predice correctamente el ataque de Katsuki, hace caso de su consejo y se apoya en el brazo derecho para esquivar el ataque al mismo tiempo que patea con fuerza, acertándole en la cara. Katsuki, que no se lo espera, se desequilibra, e Izuku consigue placarlo contra el suelo, derribándolo con el peso de todo su cuerpo.
—Estás fuera —dice jadeando, con el aliento agitado de Katsuki acariciándole el rostro.
—Técnicamente, tú también. —Katsuki tiene razón, porque Izuku está encima de él, a apenas unos centímetros de su rostro. Su expresión es seria, pero sus ojos rojos, en cambio, lo miran con una expresión extraña, más conciliadora. Están demasiado cerca, tanto que, si Izuku se inclina hacia adelante un poco más, sus narices pueden rozarse.
—Pero tú has tocado el suelo primero —dice Izuku, incorporándose, intentando no pensar en la mano que ha utilizado para apoyarse en el pecho de Katsuki. Se la ofrece para ayudarlo a levantarse y este la acepta.
—Dos a uno, entonces —concede Katsuki.
—Siento eso —murmura, cuando el héroe se toca el rostro, cerca de la ceja partida cubierta con un apósito que Izuku ha golpeado sin piedad.
—Ha —dice Katsuki, sonriendo de nuevo con una mueca provocadora y poniéndose en posición de ataque.
El cuarto asalto dura más que todos los anteriores. Izuku se defiende con todo lo que puede. La superioridad física de Katsuki es patente. Ya lo era antes, porque son años de entrenamiento y trabajo profesional que no van a desaparecer y que Izuku no puede alcanzar en apenas unas semanas, además de que la falta de brazo izquierdo le pasa factura. Cuenta al menos tres golpes que podría haber dado con esa mano y uno que podría haber bloqueado o desviado. Se adapta rápido, pero Katsuki aprovecha sus puntos débiles sin piedad.
—Aprendes rápido, chaval —murmura Katsuki cuando lo saca por tercera vez del tatami—. Lo has hecho bien.
—No lo suficiente —responde Izuku, apenado. Katsuki se encoge de hombros, no parece preocupado al respecto. Izuku se levanta sin ayuda y vuelve al centro del tatami. Katsuki enarca las cejas y resopla, conteniendo una carcajada.
—Ya he ganado, nerd.
—De acuerdo, pero podemos pelear el quinto asalto igualmente —insiste Izuku. La familiaridad de entrenar contra el héroe como un igual es tan agradable que quiere un poco más. Katsuki asiente con una sonrisa feroz.
Izuku entorna los ojos, calculador. Ya va comprendiendo cómo compensar la falta de brazo. Al fin y al cabo, lo ha hecho de modo instintivo, tanto al pelear con Toga como ahora contra Katsuki. Lo que más le cuesta es no utilizarlo instintivamente. Katsuki ha conseguido encajar un par de golpes sólo porque ha ido a bloquearlos o desviarlos con un brazo que no existe, pero que su mente todavía quiere utilizar.
Y esa es una desventaja que puede utilizar a su favor.
Por quinta vez, Katsuki ataca primero. Izuku esquiva, ya ha aprendido a ver por sus movimientos por dónde va a hacerlo, incluso si no emplea su característico y potente derechazo. Eso no lo cambia un brazo menos.
Pone en práctica su plan. Simula querer utilizar el brazo izquierdo, desequilibrarse. Katsuki ve el hueco en su defensa y no desperdicia la oportunidad, sin piedad. Izuku aprovecha que ha caído en la trampa para golpearle el pecho con una patada alta, tanto que los músculos de su muslo gimen por la tensión a la que los somete. Con el brazo derecho, hace una llave alrededor del cuello de Katsuki, que se revuelve con fuerza al comprender que era una finta, pero Izuku consigue rodar y arrastrar el cuerpo del héroe hasta el borde del tatami, lo suficiente para que este toque el suelo.
—Tres a dos —jadea Izuku, dejándose caer bocarriba en el suelo, agotado—. Has ganado, Bakugou.
Katsuki no contesta inmediatamente. Cuando lo mira, Izuku descubre que ahora sí le chispean los ojos con furia y tiene los labios apretados en una fina línea de enfado. Está a punto de decir algo, pero no sabe el qué, pero es Katsuki quien, en voz muy baja y ronca, mirando al techo como si no fuese la cosa con él habla primero.
—Cuando les dije al resto que no es necesario que sigan llamándome Dynamight, no significaba que tú tuvieras que llamarme Bakugou. Joder, nerd, pensaba que lo habrías dado por hecho.
—También dijiste que ser un héroe es más que un Don, pero en realidad piensas que involucrar civiles ha sido una tontería —responde Izuku y, al momento, se da cuenta de lo flojo que es su argumento. Katsuki también lo parece, porque lo mira con una expresión burlona.
—¿Eso es lo que te había molestado, nerd? ¿Creíste que estaba despreciándoos? —Izuku hace un mohín contrito con los labios, comprendiendo que ha sido un poco injusto con Katsuki. Además, la molestia que ha sentido por el comentario se habría disipado si Izuku no la hubiese alimentado porque, aunque realmente el héroe pensase que es un inútil, nada puede cambiar que, en su interior, no se siente tal. Ya no—. Creo que no deberíais haberos visto involucrados. También creo que sois héroes por la forma en la que os habéis comportado. Y, desde luego, admito que fue un error pensar que no podíais llegar a serlo.
Izuku abre los ojos de par en par. Asiente, mordiéndose el labio inferior, y Katsuki le presta más atención, mirándolo con intensidad, como si esperase una respuesta, pero Izuku no sabe qué decir. Sí le tranquiliza que Katsuki se haya tomado la molestia de aclarar lo tocante a su nombre, porque desde que ha vuelto no sabe bien cuál es su posición. Llamarlo Katsuki cuando están solos o Dynamight cuando hay más gente o están trabajando juntos era una delimitación que, de pronto, también se ha vuelto difusa. Sin embargo, descubre que no es un cambio que le disguste. Igual que el entrenamiento que acaban de hacer: ha cambiado, pero al mismo tiempo todo sigue igual.
—¿Te encuentras mejor? —Izuku asiente con un murmullo, sin dejar de mirarlo, rascándose suavemente el pecho con la mano derecha—. Seguro que la psicóloga que me ayudó con mis accesos de ira en la adolescencia no estaría muy de acuerdo con el método, pero… relaja.
—Sí… —A pesar de haber racionalizado parte de su enfado, Izuku sigue disgustado. El nudo ansioso de su pecho no se ha deshecho—. Quiero ser un héroe. Soy un héroe, tú mismo lo has dicho. Y, sin embargo, es la primera vez que no siento ilusión por serlo. —Katsuki lo mira, tratando de comprender qué quiere decir—. Lo siento, mi psicóloga, prefirió trabajar en que verbalizase mis deseos y frustraciones en lugar de que atizase a otras personas.
—Normalmente son sacos de boxeo y Shouto no se deja atizar —gruñe Katsuki, relajándose con la broma. Después, asiente—. Si necesitas hablar, puedo escucharte. Pero, sea como sea, nada cambiará el hecho de que has sido un héroe y eso ha sido algo bueno. Seguramente, hasta la Comisión lo reconozca públicamente. Has llegado muy lejos, Deku. Podrás dedicarte el resto de tu vida a desarrollar nuevos objetos de soporte, y eso no cambiará que un día, gracias a ti, vencimos a la Alianza de Villanos.
—Para entregarles dinero e influencia política a gente que lo anhela tanto que está dispuesta a arriesgar un país entero para conseguirlo. No suena muy heroico —dice Izuku con amargura—. Convocaron a mi madre para defender el país. Yo asumí su papel, en parte porque quería ser un héroe y era mi oportunidad, pero también porque no quería que mi madre tuviese que ser la que pusiese su vida en peligro. Le prometí que la honraría a ella, a Japón y al Emperador. Que seguiría siendo un orgullo para ella.
»¿Cómo voy a mirarla a la cara sabiendo que he sido cómplice para que un par de personas ricas y poderosas se enriquezcan más y amasen más poder?
—Esto es un problema político. No somos políticos, Izuku —dice Katsuki, muy seriamente. Izuku aprieta los labios, pero escuchar su nombre, el real, de labios de Katsuki, lo reconforta—. Somos héroes, atrapamos villanos, pero no los juzgamos. Ese trabajo compete a otras personas. Sólo somos una herramienta. Las herramientas no pueden ser cómplices de nada.
—Siempre he querido ser un héroe. Creía… Cuando yo era pequeño All Might salvaba a la gente con una sonrisa. Después, tú lo hacías con determinación. Erais geniales —suspira Izuku, arrugando la tela de su pantalón con los dedos.
—Éramos héroes que cumplíamos con nuestro deber. —Katsuki esboza una sonrisa de nostalgia—. Yo también era fan de All Might cuando era pequeño. Llegó a darme clases en la U.A.
—Lo sabía —dice Izuku, sonrojándose por la vergüenza de admitirlo una vez más—. Lo de las clases con All Might, quiero decir.
—Menudo nerd estás hecho —se burla Katsuki, que sigue sonriendo con una sonrisa que combina la tristeza de los recuerdos con la felicidad de haber podido crearlos—. Luego todo se torció y ocurrió lo de Kamino, pero aprendí muchísimo de él en aquellos meses.
—Salvar a la gente con una sonrisa.
—Esa es una parte difícil. Sobre todo, por mi carácter. Y, aun así, All Might tuvo la paciencia necesaria para enseñarme que había que salvar para ganar y ganar para salvar. Sin embargo, no siempre podemos salvar a los que ya han fallecido, Izuku. Best Jeanist, Fat Gum, los civiles que han muerto… —Katsuki niega con la cabeza y la voz se le rompe durante un momento. Izuku comprende que todavía no ha terminado su propio duelo—. Ni siquiera a All for One o Dabi.
Izuku agacha la cabeza, pensativo. Es la tercera vez que Katsuki dice algo similar. Se lo ha dicho a Shouto, después a él y ahora lo repite: no es culpa de ellos no haber podido salvar a los dos villanos fallecidos.
—Salvar a la gente con una sonrisa no es lo mismo que administrar justicia. Los héroes salvamos a la gente y detenemos a los villanos, pero no administramos justicia ni hacemos las leyes. Esa parte es competencia de los políticos —concluye Katsuki.
—Entonces, no salváis a la gente. Sólo detenéis a aquellos que hacen un uso de su Don que no esté permitido por la ley, nada más. Salvar a la gente significa más que detener o sancionar a alguien que no esté haciendo un uso de Don legal —argumenta Izuku, que no está de acuerdo con él.
—Eso es una gilipollez. —Katsuki se levanta, cabreado. Izuku, que sabe que ha tocado una fibra sensible del héroe, no se arrepiente. Se sienta, abrazándose las rodillas de nuevo, siguiendo con la mirada cómo comienza a marcharse.
—¡Katsuki! —lo llama, triste al imaginar cómo se siente. Este se detiene en la puerta de la puerta. Izuku se muerde el labio, eligiendo cuidadosamente sus siguientes palabras—. ¿Dónde está el límite del villano? ¿En el uso de sus Dones? Yo no tengo Don. ¿No puedo ser un villano?
—Esto no va de Dones, nerd —gruñe Katsuki, dándose media vuelta y mirando a Izuku.
—Al contrario. Sí va de Dones. Siempre ha ido de Dones. ¿Cuál es la línea que separa al delincuente del villano, sino el Don y su uso? Créeme, sé exactamente lo que significa no tener un Don y no importarle a la sociedad, ni siquiera como villano. No es justo. —Izuku se levanta. Katsuki, que se ha detenido cerca de la puerta, baja la mirada hacia su boca, frunciendo el ceño, y luego vuelve a mirarlo a los ojos, con la expresión de su rostro más suavizada—. No es justo que la diferencia sea sólo el Don y cómo se usa y no cómo se trata. La única diferencia entre la Liga de Villanos y la Comisión de Héroes es que los primeros han utilizado su Don para tratar de alcanzar el poder y los segundos no se han manchado las manos. Pensar que, por no utilizar sus Dones de forma destructiva no hay un villano que detener es tapar lo que está roto para que no se vea.
»Eso es, precisamente, lo que hace que el discurso de All for One tenga cabida. Y es mentira, porque no hay manera de que lo que propone funcione para la gente como yo, las personas que estamos en un punto en el que ni siquiera nuestros actos se consideran villanías hasta que no llega alguien y nos promete un Don que no nos pertenece. All for One no quiere un mundo mejor para la gente sin Dones, pero puede hacer que su discurso suene como tal y resulte atractivo, incluso cuando es contraproducente.
—El discurso de All for One ha muerto con él —responde Katsuki, pero Izuku niega con la cabeza.
—Las ideas de Stain no se quedaron encerradas con él en la cárcel. Si dejamos que el CEO de Detnerat y la presidenta de la Comisión se salgan con la suya, será como si All for One hubiese vencido, pues buscan lo mismo que él: poder sobre toda la sociedad.
—Joder, nerd. ¿Sabes lo peligroso que sería que fuésemos los héroes los que determinásemos eso?
—No estoy diciendo que debamos administrar justicia, pero creo que es injusto pretender vigilar y neutralizar sólo a una parte de la sociedad, aquella hacia la que existen prejuicios, como siempre, mientras los privilegiados hacen lo que quieren —dice Izuku, mordiéndose el labio cuando Katsuki camina hacia él con el ceño fruncido. No obstante, este ha suavizado la expresión de su rostro y se acuclilla enfrente de Izuku, mirándolo con tanta intensidad que este se sonroja, baja la mirada y se queda en silencio.
Durante un minuto tan largo que parece una eternidad, sólo escucha la respiración de Katsuki, profunda y lenta, hasta que este rompe el silencio.
—Tienes razón. —Sus labios se tuercen en una mueca incómoda antes de seguir hablando—. Cuando mi Don se manifestó, supe que iba a ser un héroe. Un Don potente, adecuado para el combate. Era un niño inteligente y mi carácter era acorde al Don que poseía. Todo el mundo esperaba que me convirtiese en un héroe. Eso es algo que un niño no tiene por qué saber manejar —dice, en voz baja. Izuku levanta la mirada, pero los ojos de Katsuki están perdidos en algún punto de su rostro, inmersos en sus recuerdos—. No me porté bien. De haber nacido unos años más tarde, sería yo quien te hubiese llamado Deku, quien me hubiese reído de ti y de tus expectativas de ser un héroe. No me porté bien con aquellos que, como tú, habéis conocido la peor cara de nuestra sociedad.
—No te estaba culpando a ti —protesta Izuku, pero Katsuki niega con la cabeza y resopla, impaciente.
—No estoy orgulloso de muchas cosas que dije o hice, pero no puedo cambiar el pasado, sólo convivir con él. Es algo que no tengo ni idea de cómo arreglar, porque tus secuelas y las mías son totalmente diferentes. E injustas. Tú siempre serás una víctima: de aquellas personas que te señalaron por no tener Don, las que te rechazaron, las que se rieron… A mí me basta con optar abandonar esa parte de mi vida en la que acosaba a otras personas.
—Puedes disculparte con ellas —dice Izuku, abriendo los ojos de par en par.
—¿Es lo que necesitas de Shinsou por llamarte Deku? —Izuku se encoge de hombros, porque no guarda rencor a su compañero y es consciente de que se ha visto privado de las mismas oportunidades que él—. Tampoco sé cómo solucionar este embrollo sin empeorarlo, porque como héroe profesional, soy parte del problema tal y como lo planteas. ¿Hay que eliminar a los héroes, como decía Stain?
—No creo que eso solucionase nada. —Izuku sacude la cabeza, ya ha pensado en ello—. La gente siempre ha tenido un buen concepto de los héroes, en general. Si ahora empieza a cuestionarlos, hay que hacer que las personas crean de nuevo en ellos. Y eso pasa por conseguir que lo haga también la población más discriminada. Ahora mismo no sois más que subordinados.
—Somos héroes, no soldados —masculla Katsuki, pero está más pensativo que enfadado.
—¿Cuál es la diferencia ahora mismo? —pregunta Izuku. Katsuki aprieta los labios y agacha la cabeza—. Poner a civiles a combatir, hacer que utilicen sus Dones como armas… contraviene un par de acuerdos internacionales. Utilizar a los héroes como si fuesen una especie de división especializada del ejército, otras tantas.
»La diferencia entre un villano y un delincuente es el uso de su Don, no la magnitud de su acción, para hacer algo que perjudica a la sociedad. La diferencia entre un héroe que salva a las personas y un soldado que obedece las órdenes de su superior… ¿cuál es?
—Nunca estuve de acuerdo con este proyecto absurdo. Creo que las agencias podríamos haber resuelto el problema —protesta Katsuki, de mal humor. Izuku se encoge de hombros una vez más y suspira, porque por fin ve las cosas claras, mucho más que hace un rato.
—Tenías razón, Katsuki. No soy un héroe y no llegaré a serlo nunca. Soy sólo un civil envuelto en un conflicto en contra de mis derechos.
—Ya te he dicho que cuando dije eso…
—No importa, Katsuki —interrumpe Izuku, hablando con suavidad—. No tengo un Don. La línea de separación sigue estando en el Don. No puedo ser un villano porque no tengo un Don. Tampoco un héroe, aunque me hace feliz que tú sí me consideres como tal. Curioso, ¿verdad?
—Creo que estás sacando las cosas de quicio. —Katsuki se impacienta y se levanta, metiéndose las manos en los bolsillos y paseando por la sala a grandes zancadas.
—Tú sacas tu enfado golpeando sacos de boxeo. Yo lo canalizo hablando conmigo mismo —le recuerda Izuku.
—Vaya, muchas gracias. —Izuku se disculpa por la broma con una sonrisa triste y forzada y otro encogimiento de hombros.
—Han liberado unos villanos que han destrozado parte de mi ciudad, el sitio donde vive mi madre. Han puesto en riesgo la vida de muchísima gente y han segado la de otras tantas. Deberían cargar en su conciencia con todas esas muertes. ¿Qué habría sido de mi madre? ¿De Katsuma? ¿O de Shinsou? —Izuku vuelve a negar con la cabeza, enfadado—. Todo para enriquecerse y escalar política y socialmente. Y sin embargo no son villanos, porque no han utilizado su Don para sus acciones megalómanas y destructoras por intereses privados y personales, así que nadie va a hacer nada y probablemente la mayoría de la gente a la que esto podría importarle ni siquiera se enterará de esto porque no ha estado aquí. Ni siquiera los héroes van a hacerlo, porque una absurda línea permite que unos puedan hacer lo que les dé la gana y otros no.
—¡Joder, nerd! —exclama Katsuki, cabreado también.
—Lo siento —dice Izuku, mordiéndose el labio, con los ojos llenos de lágrimas de rabia, que se derraman por sus mejillas sin control—. Estoy siendo injusto. En realidad… lo comprendo, de verdad que lo hago. Pero me da rabia. Pienso en mi madre, que pudo haber sufrido daños si el ataque en Musutafu hubiese sido medio kilómetro más allá; en Katsuma, perdido y desorientado, quizá Spinner no lo habría matado, pero a saber Shigaraki o el nomu, o si hubiese ocurrido un accidente en la estampida de gente que huía; en Shinsou, que nunca pudo ser un héroe a pesar de que lo hace genial, pero nadie sabe ver su talento.
»En la gente como yo, que no tenemos manera de poder ser quienes queramos en una sociedad donde los Dones son los que te colocan en tu sitio y desde donde no puedes progresar. Es imposible subir si no tienes un Don, estás por debajo de todo el mundo. Una carrera en la que corres con pesos en los bolsillos. Luego los que tienen un Don que les desfigura o que atemoriza a la población, después aquellos cuyo Don les permite parecer normativos, pero no es útil para la sociedad. Al final, en la cima, unos pocos privilegiados que creen que han llegado ahí por sus propios méritos, pero en realidad fue una lotería de genes que establecieron unos criterios y abrieron un mundo entero de posibilidades que el resto siempre tendremos cerradas.
—Izuku —dice Katsuki, pero cuando alza la mirada hacia el héroe, este sólo parece enfadado y no dice nada más.
—Creo… El plan era simple y efectivo. A Detnerat y a la Comisión les habría venido bien cualquier escenario, incluso aunque All for One venciese. La Comisión habría tenido excusas para seguir utilizando a los héroes como unidades de combate. Detnerat habría medrado vendiendo objetos de apoyo a civiles temerosos de que los héroes no fuesen capaces de contener a los villanos.
—Pero eso no ha ocurrido.
—Ocurrirá, sólo que ahora será una Comisión que regule los Dones de los civiles y una empresa que se enriquece fomentando el uso de estos mediante sus inventos e instalaciones. Detnerat quiere darle un arma a cada individuo y, una vez esa idea cala en la sociedad, es difícil revertirla. Incluso aquellos que hayan sufrido discriminación con el sistema actual serán como esclavos que han anhelado durante mucho tiempo enarbolar el látigo. La sociedad se defiende mejor en conjunto, como una comunidad, que con unos pocos cientos de individuos totalitarios que quieren imponer su hegemonía y visión del mundo.
»¿Qué diferencia hay, Katsuki? —insiste Izuku con amargura tras unos segundos—. ¿Qué diferencia hay entre destruir una ciudad y matar un puñado de héroes para gobernar por ti mismo porque tienes un Don que deshace la materia y en conspirar contra la sociedad para afianzar tu posición política y económica, pero sin utilizar Don alguno, sólo porque tienes el dinero, los contactos políticos y la posición social adecuada para conseguirlo?
