Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Hace meses, mientras estaba corrigiendo allá por el capítulo veintitantos, me di cuenta de que había una incongruencia MUY grande en el capítulo que ahora es... *mira sus notas* el 44. Y escribí una escena TAN larga, que tuve que partir dos capítulos en tres para no desentonar. Y, aún así, sabía que iba a ser peliagudo resolver y encajar bien, porque lo que estaba escrito del capítulo 41 al 44 era caótico, estaba en PoVs que ya no correspondían o tenían líneas que ya no existían en los capítulos anteriores y no tenían sentido. En fin, que tenía que escribir/reescribir dos escenas completas (todo el primer tramo del PoV de Katsuki de este capítulo, parte del PoV de Shinso y añadir el PoV de Izuku del siguiente). Y claro, ha pasado lo que tenía que pasar, que tenía que partir los capítulos para mantener la congruencia que deseo. Lo cual no está mal, porque significa que el fic tendrá 60 capítulos. Los siguientes 20 tienen margen de sobra para crecer 4-5k palabras antes de sobrepasar el capítulo más largo hasta ahora del fic, así que me comprometo a no partirlos más.

Esto quiere decir que este capítulo estaba listo sobre las 18:00h de España para publicarse... pero como inicialmente el final del capítulo 42 estaba aquí... yo quería que siguiesen saliendo juntos, así que me he empeñado en que debía ser así. Y a las 00:00 ya estaba tan avanzado que no podía volverme atrás. Así que allá van. Mil perdones por la tardanza (a cambio, ¡8k palabras que inicialmente no estaban planeadas!). Eso sí, es probable que más adelante edite de nuevo el capítulo para pasar un corrector ortográfico, porque madre mía qué pánico me da las erratas que pueda haber.

Muchísimas gracias por los comentarios y por la paciencia, as always.


LA VERDAD POR TODAS PARTES (PARTE I)

—¡Número uno! —Al oírlo, Katsuki frunce los labios para mostrar los dientes en una mueca feroz que pretende ahuyentar al héroe alado, pero Hawks finge no darse cuenta de ello y sonríe con total naturalidad al mismo tiempo que se acerca a ellos. A regañadientes, Katsuki se detiene y se da media vuelta, intercambiando una mirada con Shouto, que frunce el ceño y niega, casi imperceptiblemente, con la cabeza.

—¿Qué? —La voz de Katsuki sale como un ladrido malhumorado.

Tras él, todos los reclutas del escuadrón de Dynamight y de Shouto se detienen también, llenando la plaza de acceso al pabellón hacia donde se dirigen, expectantes. Algunos, como Ojiro o Aoyama, estiran el cuello para poder ver por encima de los demás, interesados en enterarse de la conversación o en ver al héroe alado en persona. Izuku, que camina justo tras Katsuki junto a sus amigos, intercambia una mirada preocupada con Hatsume y Uraraka. Denki, que está al lado de Shinsou, acerca los labios a su oído para susurrarle algo, nervioso, pero el otro chico niega levemente con la cabeza, manteniendo el rostro sereno e impertérrito. Tras examinarlos a todos, la mirada de Hawks se detiene en la bufanda de microfibras de Shinsou, que se la recoloca, incómodo al darse cuenta de la curiosidad que despierta en el héroe. Todos, excepto él, que lleva también la bufanda, van vestidos con el característico uniforme que han utilizado en el complejo, e Izuku comprende que es inevitable que despierte curiosidad. Se inclina hacia su compañero, con la intención de sugerirle que no toque ni manipule la bufanda para no llamar la atención sobre lo que hay debajo de ella, pero los risueños y agudos ojos de Hawks se clavan en él, olvidándose de Shinsou, y se entornan con curiosidad.

—Caray, también está aquí el joven… Midoriya, si no recuerdo mal. —La mirada de Hawks se detiene por un momento en el muñón de su brazo, cubierto por un reluciente vendaje limpio, cortesía de Yaomomo, así que Izuku tira de la manga de la camiseta del uniforme hacia abajo, tratando de ocultarlo de su examen. Hawks, sin perder la sonrisa, guiña un ojo de forma pícara y levanta la mano, que lleva cubierta por unos guantes que sólo cubren hasta los nudillos. En él faltan el dedo meñique, el anular y media falange del dedo corazón. Izuku no comprende qué quiere decirle con el gesto, que le resulta muy incómodo, pero fuerza una sonrisa que tiene poco de alegre.

—¿Qué quieres ahora? Tenemos que entrar ya al pabellón o llegaremos tarde. —Katsuki, que está tenso como una cuerda e impaciente, interrumpe el extraño intercambio, interponiéndose sin ningún tipo de disimulo entre Izuku y el héroe, pero Hawks ríe relajadamente, como si la actitud de Katsuki no le importase lo más mínimo.

—Lo sé, lo sé. —Hawks no parece alterarse. Incluso mete las manos en los bolsillos de sus amplios pantalones con un gesto indolente. Se oyen pasos detrás de ellos y Hawks se mueve para mirar por encima del hombro de Katsuki—. ¡Ah, aquí está el resto!

—Cojonudo, ahora esto va a estar atestado de gente —masculla Katsuki, malhumorado, al mismo tiempo que mira hacia atrás, observando cómo el escuadrón de Fat Gum llega, liderado por Togata, mezclándose con los de Shouto y Katsuki. Los otros dos héroes, con la preocupación reflejada incluso en la eterna sonrisa optimista de Togata, se acercan hasta donde están, abriéndose paso entre los reclutas.

—Número uno, Shouto… ¿Podemos hablar un segundo? —dice finalmente Hawks, abandonando el gesto de arrogancia que ha adoptado hasta ahora y con una voz grave que hace que Izuku vuelva a ponerse alerta y sus nervios aumenten. Luego, el héroe alado señala con el mentón a Togata, incluyéndolo en la invitación.

—Tenemos prisa, como ha dicho Dynamight —insiste Shouto, con el rostro inexpresivo al mismo tiempo que intercambia otra mirada cauta con Katsuki.

—He tenido una pequeña charla con Endeavour. Y con Creati —dice Hawks, mirando con atención a ambos héroes y sin perder su sempiterna sonrisa. Aunque Katsuki frunce los labios en un rictus de rabia, Shouto lo contiene poniéndole una mano en el hombro y luego asiente. Mientras se alejan, el silencio es pesado y significativo. Casi culpable. Izuku observa cómo los héroes caminan tras Hawks, rígidos y alerta, hasta distanciarse unos metros. A su lado, Uraraka respira agitadamente y, tras él, Shinsou ha entornado los ojos de forma amenazadora.

Por un momento, Izuku dirige la mirada a la bufanda de Shinsou, preguntándose si el problema es esta. Nervioso, observa a los héroes. Los hombros de Katsuki siguen tensos, pero se ha metido las manos en los bolsillos. Hawks charla con una sonrisa amistosa que decae poco a poco, poniéndose serio y Shouto entorna los ojos al mismo tiempo que Togata aprieta los labios y hace una mueca preocupada.

La posibilidad de haber sido traicionados revolotea durante unos angustiosos instantes por la mente de Izuku. No sabe si Endeavour, a quien han dejado en Osaka guardando reposo, todavía recuperándose de sus quemaduras, está al tanto del plan, pero Yaomomo ha trabajado mano a mano con él para crear el objeto de apoyo que Shinsou porta debajo de la bufanda de Eraserhead. No sólo proporcionándole el material, también ha sido la persona más adecuada, dada su posición dentro de la Comisión de Héroes, aunque sea en un departamento alejado de la presidenta Makomo Shimizu, para buscar las grabaciones publicadas en la red con algunas de sus intervenciones públicas y entrenar al sistema de software con ellas. Ha sido una pieza tan clave en el plan como la información que Togata les ha facilitado, el papel de Hatsume corrigiendo el diseño de Izuku o el que tendrá que desempeñar Shinsou si consiguen llegar al pabellón.

—¿Estás bien, Deku? —pregunta Uraraka en voz baja, distrayendo a Izuku, que desvía por fin la mirada de los héroes, que siguen hablando en voz baja, con expresiones graves en sus rostros.

—Creo que sí —dice Izuku, al cabo de unos segundos, cuando Katsuki desvía la mirada hacia donde están ellos, conectando con la de Izuku, que respira profundamente, mordiéndose el labio, y el rostro serio de Katsuki se relaja en una expresión más neutra.

Todavía mordisqueándose el labio, Izuku desecha sus sospechas, arrepintiéndose siquiera de haberlas albergado. La heroína le ha caído muy bien. Es simpática, inteligente y muy cortés y ha conectado con ella desde el primer momento, hasta el punto de acceder a llamarla Yaomomo, tal y como les ha pedido expresamente a todos sus compañeros, sin sentir que estaba siendo maleducado al hacerlo.

La voz de Katsuki es la única que Izuku puede distinguir, pues es el que más alto habla de los héroes, pero el resto le responde en voz sumamente baja, así que no puede saber qué es lo que hablan. No es el único nervioso, sus amigos también lo están. Kaminari ha entrelazado los dedos de su mano con los de Shinsou y le está susurrando algo al oído, tan rápido que las palabras se mezclan. Hatsume intercambia una mirada preocupada con Izuku y luego frota la espalda de Uraraka a modo de consuelo. Shinsou es el único que permanece tranquilo, con el rostro sereno, aunque parece cansado.

Todos lo están, claro. Han apurado el viaje desde Osaka hasta Tokio, donde será la ceremonia de condecoración, todo lo posible para dar margen a Izuku y Hatsume para construir y programar el dispositivo de apoyo y a Shinsou a entrenar y dominar mejor su Don. Tras ser convocados con mucha premura, apenas el tiempo necesario para organizar la partida de todos los escuadrones, los héroes han buscado excusas para dilatar lo más posible la hora de salida desde Osaka para darles el máximo de horas de entrenamiento, que Shinsou ha aprovechado para practicar con Kaminari y el propio Izuku hasta caer dormido, exhausto, durante el viaje y eso ha provocado que hayan llegado en último lugar.

Ha sido un poco culpa suya. Tras quedarse dormido en medio de la configuración, Izuku durmió prácticamente un día entero, retrasando el perfeccionamiento del dispositivo. Hatsume le ha contado que Katsuki estaba preocupado y que apenas se movía del lado de su cama, pero Izuku no sabe si sólo está bromeando y exagerando la situación, porque los comentarios incisivos de su amiga acerca de su relación con Katsuki, aunque bienintencionados, le hacen distraerse demasiado, pensando en el otro chico, y no es algo que pueda permitirse hacer en este momento.

No ahora, que se juegan tanto.

—Deberías haberle dicho algo —susurra Hatsume en su oído, que, por supuesto, se ha dado cuenta del intercambio de miradas que ha cruzado con Katsuki. Izuku se sobresalta, porque se ha quedado ensimismado mirando la espalda del héroe después de que este se haya vuelto para seguir escuchando lo que sea que Hawks esté contando. Sus músculos se marcan bajo el traje oscuro, tensándose y relajándose cuando habla y gesticula. Sigue serio, pero no hay señales de enfado—. Por si acaso todo esto sale mal y acabamos metidos en la cárcel con los mismos villanos que ayudamos a derrotar el otro día.

—N-no t-tengo nada que decirle —dice Izuku, tartamudeando y tratando de reprimir una vez más el cosquilleo extraño de su estómago y la necesidad de sus pensamientos de vagar hacia él héroe, intentando mantener sus sensaciones bajo control—. Y no digas eso, no vamos a acabar en la cárcel —añade, horrorizado por el mero hecho de que Hatsume se lo plantee siquiera. Al fin y al cabo, lo que van a hacer… está al límite, pero no pretenden dañar a nadie, sólo exponer una realidad y tratar de probarla.

Hatsume no dice nada más, pero aprieta la mano derecha de Izuku, que comprende que la chica en realidad está asustada y es así como lidia con su miedo, así que la rodea los hombros con el brazo, y la atrae hacia él para abrazarla. Pensar en la naturalidad del gesto es casi gracioso. La primera vez que vio a Hatsume, ni siquiera fue capaz de dirigirle la palabra, impresionado porque era una chica y estaba hablándole. Por no mencionar las múltiples y accidentales situaciones incómodas con sus pechos los primeros días. Sin embargo, no tuvo ningún problema en abrazar a Katsuki ni se ha sentido incómodo en ningún momento ni se ha parado a pensarlo hasta ahora.

—Al menos sonríes —murmura Hatsume, sonriendo también, una sonrisa un poco más débil, pero sincera, y llevando los dedos índices a las mejillas de Izuku para acentuar todavía más el gesto—. Si sonreímos, todo irá bien…

—¡Porque ya estoy aquí! —dice Izuku en voz alta, imitando la sonrisa y el tono de All Might para seguirle el juego y haciendo que todos estallen en una carcajada nerviosa que destensa la situación. Incluso Shinsou se permite el lujo de sonreír un poco y los héroes, que los han escuchado desde dónde están, interrumpen su conversación para mirarlos con curiosidad. No reanudan su charla, regresando junto a ellos. Tras Izuku, el resto de compañeros del escuadrón que estiran el cuello, tratando de averiguar qué ocurre y por qué siguen parados, informan al resto de que ya vuelven a ponerse en camino.

—Vamos —ordena Katsuki, poniéndose a la cabeza de su escuadrón. Izuku lo mira de reojo, tratando de averiguar, sólo con ver su rostro, el contenido de la conversación, pero Katsuki, aunque su expresión es grave y seria, no está nervioso—. Al final vamos a llegar jodidamente tarde y no es cuestión de que vosotros destaquéis aún más —dice, más para sí mismo que hacia Izuku, frunciendo el ceño.

Shouto y Yaomomo se lo han comunicado justo antes de abandonar el complejo de Osaka: la Comisión de Seguridad Pública de Héroes ha propuesto una condecoración específica para Uraraka, Shinsou y el propio Izuku por su destacada actuación en la última batalla contra la Liga de Villanos. Cuando Izuku había protestado, argumentando que no habría sido posible nada de lo que han conseguido sin la colaboración y participación de todos los demás, Shouto se había encogido de hombros y Katsuki había gruñido diciendo que no era por eso, pero Izuku sigue sin comprender aún por qué él tiene que recibir un agradecimiento especial y diferente al de sus compañeros.

—¿Ocurre algo grave? —pregunta Izuku cuando Hawks lidera la comitiva de los escuadrones a través del patio, conduciéndolos hacia el pabellón que acogerá la ceremonia.

—Nada que no supiésemos, en realidad. —Aun así, Katsuki aprieta los labios y ahora sí parece un tanto enfadado. Izuku está a punto de darle la mano a modo de consuelo, pero al final no lo hace.

—¿Entonces?

—Ahora no —dice Katsuki, negando con la cabeza y señalando hacia adelante, guiando al escuadrón en la dirección correcta.

—Pero…

—Ahora no —repite Katsuki, zanjando la conversación. Izuku se muerde el labio, arrepintiéndose de haber preguntado.

Llegan al pabellón designado, donde varios soldados guardan la puerta de acceso. Las puertas, dobles y enormes, sólo están abiertas parcialmente, lo suficiente para permitir una entrada ordenada, por lo que se ha formado una pequeña cola mientras algunos militares y funcionarios, bajo la atenta supervisión del héroe Ingenium, identifican y cachean cada una de las personas que entran, anotándolas en un documento de varias páginas. Sólo cuando una de esas personas, ya a punto de llegarles el turno al escuadrón de Katsuki de pasar el registro, entrega un objeto de apoyo a uno de los soldados, Izuku comprende que no sólo están buscando armas.

Entrando en pánico, intercambia una mirada aterrorizada con Katsuki y luego mira de reojo a Shinsou, cuyo rostro está más pálido e inexpresivo de lo habitual, pero Katsuki pone su mano en el hombro de Izuku y aprieta con fuerza para obligarlo a seguir mirando hacia adelante.

—Si se lo quitan… —susurra Izuku para sí mismo, en voz tan baja que ni siquiera Hatsume, que camina junto a él, lo oye. Sí lo hace Katsuki, que ladea la cabeza y lo mira de reojo, e Izuku se percata de que, en las orejas, discretos y sencillos, lleva los audífonos que diseñó para él en el primer complejo. Unos audífonos que, recuerda de pronto, no han pasado ningún test de calidad, seguridad ni son legales en modo alguno.

—Cállate, nerd. —Katsuki aparenta estar calmado, pero Izuku ha aprendido a leer sus expresiones faciales y también está preocupado: aprieta la mandíbula, entrecierra los ojos y su mano se cierra como una garra sobre el hombro de Izuku, clavándole las yemas de los dedos acolchados por sus guantes—. Yo también llevo mi traje de héroe y no me lo van a hacer quitar.

—Lo imagino, pero tus audífonos…

—Ellos no saben si son los anteriores o no y no sabemos qué criterio están siguiendo —masculla Katsuki, lanzándole una mirada asesina que enmudece a Izuku durante los instantes que se mordisquea el labio inferior, nervioso.

—Lo siento.

—No has hecho nada malo —dice Katsuki, suavizando su mirada y luego haciendo un gesto con la cabeza a Shouto—. Sólo tranquilízate.

Los primeros en pasar el registro son los miembros del escuadrón de Shouto, quien se queda rezagado, deliberadamente, mientras todos sus reclutas entran dentro del pabellón. Katsuki se coloca a un lado, cediendo el paso también a los suyos. Primero pasan Uraraka y Hatsume, pero cuando le llega el turno a Shinsou, Ingenium se acerca a él, con el ceño fruncido y expresión seria, agitando un portapapeles en la mano.

—Espera un momento. ¿Tienes la licencia para portar objetos de apoyo? —Shinsou palidece un poco más, pero mantiene el tipo, cruzando una mirada con Shouto y Katsuki antes de abrir la boca y cerrarla varias veces, tratando de ganar tiempo para improvisar una contestación.

—No traemos efectos personales en el uniforme…

—Oh, Iida, ¿ahora vas a pedirnos los permisos a todos? —contesta Hawks que, sin escuadrón alguno al que escoltar, zigzaguea entre los miembros del de Katsuki para ponerse a la altura de este y de Shouto. Aliviado, aceptando el cabo de inesperada ayuda, Shinsou asiente en silencio, sin añadir nada más. A su lado, Izuku nota cómo Katsuki se pone alerta—. Porque yo no he traído nada de papeleo para mis gafas con visión nocturna incorporada y dudo que el primer ministro quiera ver los atributos íntimos de Togata si este ha olvidado los permisos correspondientes para su traje profesional.

—Claro que no. Doy por hecho que sois héroes profesionales —dice Ingenium, envarado, ajustándose las pequeñas gafas cuadradas sobre el puente de la nariz con el dedo índice—. Pero él no es un héroe, es un civil. En virtud del reglamento orgánico por el que se regula la tenencia de objetos de apoyo y el uso de los Dones en civiles, en el apartado 6.2.11 de la sección…

—¡Iida, joder, no nos recites el puñetero reglamento ahora! —espeta Katsuki, exasperado.

—Las normas son las normas, Bakugou-kun, lo sabes mejor que yo —responde Iida con paciencia, inclinando levemente la cabeza hacia el otro héroe en muestra de reconocimiento.

—Esa norma en concreto es una chorrada en estas circunstancias. Llevamos meses entrenando civiles, enseñándolos a aprovechar y usar sus Dones y los objetos que han necesitado para ello —insiste Katsuki, dejando que su cabreo y tensión salgan contra el otro héroe.

—Chorrada o no, tengo que cumplirla, y lo sabes. Para eso está. Si no te gusta, hay otros cauces para cambiarla que no consisten en enfadarte conmigo. —A pesar de sus palabras, Ingenium está tranquilo y no parece amedrentado por Katsuki, que muestra los dientes en una mueca feroz que sólo consigue que el otro héroe ponga los ojos en blanco y suspire con paciencia.

—¿Quieres que te diga por dónde te puedes meter los cauces legales o sería demasiado ilegal para ti? —Shouto, que no ha dicho nada, dirige una mirada de censura a Katsuki y luego otra de disculpa a Ingenium.

—Calma, calma. —Hawks interviene de nuevo, levantando las manos, e interponiéndose entre Katsuki e Ingenium, a quien el primero se ha encarado agresivamente, sin llegar a tocarlo, a pesar de que tienen una estatura similar—. No es necesario ponerse nerviosos. Iida, el chico lleva el objeto de apoyo que ayudó a vencer a los villanos y, además, la bufanda ni siquiera es suya, es de Aizawa, así que todo está en orden.

—La he reconocido —dice Iida, cáustico, pero no parece a la defensiva, sólo examina a Shinsou con detenimiento—. Pero la autorización para portarla y utilizarla es para Eraserhead, no para él.

—No se la quitarías a Aizawa, no tiene sentido que se la quites a él, Iida-kun —añade Shouto, con voz suave.

—Me pareció un buen homenaje —asiente Shinsou, cuando Iida clava la mirada en él—. Ya que el profesor, quiero decir, Eraserhead, no va a estar aquí…

—Y ahí dentro vamos a ser un montón de héroes con equipamiento, pero también va a haber gente que tiene un Don y no son héroes, así que el peligro cero no va a existir entre o no con la bufanda —dice Hawks, con una sonrisa zalamera, acercándose un poco más a Iida—. Si realmente opinas que puede haber algún peligro ahí dentro, no creo que sea precisamente de nosotros de quien debes temer, ¿no?

—Yo no he dicho que opine que vaya a haber peligro alguno, sólo cumplo órdenes. —Apretando los labios en una fina línea, tan delgada que parece no tenerlos, Ingenium los examina detenidamente. Katsuki le sostiene la mirada, desafiante, pero Shinsou es capaz de entender mejor la situación y baja la cabeza con humildad, plegándose a la autoridad del héroe en un gesto de sumisión que tanto él como Izuku, que trata de no delatar su propio nerviosismo, pero ya se está mordiendo inconscientemente el labio sin poderlo evitar, han tenido que replicar demasiado a menudo.

—Iida… —insiste Hawks, con una sonrisa melosa.

—Está bien —dice el héroe, con un profundo y resignado suspiro—. Supongo que dado que es la bufanda de Eraserhead y en realidad sí tiene su propia licencia y el resto de héroes profesionales sois garantes de que es él quien se la ha cedido, en realidad no contraviene el artículo 6.2.11…

—Vale, vale, lo hemos entendido, cohete —lo corta Katsuki bruscamente. Iida vuelve a colocarse las gafas, con otro suspiro resignado, sonriendo levemente por el apodo de Katsuki y haciendo un gesto a Shinsou para que cruce la puerta del pabellón. Tras él, también la franquean Shouto y acto seguido Kaminari, antes de que le llegue el turno a Izuku que, aliviado por el desenlace de la disputa, levanta voluntariosamente los brazos para permitir que uno de los militares lo cachee antes de pasar el control.

—Imagino que tú eres el chico que no tiene Don del que tanto habla hoy todo el mundo por aquí —dice Ingenium a Izuku, en un tono más amable y curioso. A su lado, todavía supervisando atentamente el registro de su escuadrón, Katsuki bufa e Izuku casi puede jurar que lo ha oído gruñir, pero Ingenium lo ignora sin reparos. En cambio, Izuku se sonroja, un poco avergonzado de ser el centro de atención, y el héroe profesional malinterpreta su expresión—. No te preocupes por él, estoy acostumbrado a tratar con su carácter. Fuimos juntos a clase, igual que Shouto y Yaomomo, así que no hay problema, tenemos confianza. Ya puedes bajar los brazos —añade en tono forma, ajustándose de nuevo las gafas y apuntando algo en su portapapeles, e Izuku, avergonzado porque hace rato que el militar está registrando a sus compañeros tras él, se apresura a obedecer—. Ya podéis entrar.

—Gracias, señor Ingenium —consigue articular Izuku, haciendo un amago de reverencia de cortesía. En realidad, Izuku sí sabía lo de que habían sido compañeros de promoción. Ingenium viene de una familia de héroes, así que hay muchísima información sobre todos los Iida, pero no considera que sea educado mencionarlo, por no hablar de que despertaría las burlas de Katsuki por lo que él llama «su vasto conocimiento acerca de casi cualquier héroe». No obstante, le hace mucha ilusión poder saludar a un héroe tan famoso y reconocido de cerca.

—Pasarán los años, joder, pero sigue siendo el mismo pomposo estirado de siempre —gruñe Katsuki cuando entran. De nuevo, pone la mano en el hombro de Izuku, guiándolo sin dudar hacia donde están los demás, ya sentados—. A pesar de lo inflexible que parece, hay que admitir que es uno de los mejores héroes que tiene este país —añade, mirando a Izuku de reojo con una sonrisa burlona en los labios.

—Entonces… No te cae mal —deduce Izuku. Katsuki niega con la cabeza y deja escapar una carcajada socarrona.

—Es un idiota justo y ecuánime. —Izuku asiente, cauteloso, porque eso no cuadra con la interacción hostil que los ha visto intercambiar, al menos por la parte de Katsuki, pero Shouto, que está sentado en la fila de delante de ellos, se vuelve hacia ellos y en su rostro hay una media sonrisa que tiene más tintes de nostalgia y tristeza que la burla que adorna los labios de Katsuki—. Nos llevamos bien, nerd. No empieces a darle vueltas en esa cabecita tuya. Sólo es que a él le desquicia mi forma de hacer las cosas y a mí su rigidez burocrática.

—A cualquiera le desquiciaría tu forma de hacer las cosas —se burla Togata, que llega junto con algunos de sus reclutas en ese momento. Mientras les indica dónde deben sentarse, Togata se acerca a los otros dos héroes—. ¿Algún problema? Vi que Iida os entretenía, pero a nosotros no nos ha dicho nada.

—Nada relevante, el cohete es un poco intransigente, pero al final ha cedido.

—Luego tendremos que disculparnos con él —murmura Shouto. Izuku se fija en que no sólo parece triste, sino también cansado y ojeroso. Ya lo estaba cuando se han reunido por última vez en el dormitorio de los chicos, muy temprano al amanecer, para repasar el plan una vez más antes de salir hacia Tokio, pero ahí Izuku lo había achacado a que todos están agotados tras el trajín de las últimas horas. Ahora, sin embargo, recuerda que, aunque el héroe ha mostrado entereza en todo momento, tras la batalla contra Dabi estaba desolado.

—Lo comprenderá —asegura Katsuki, sentándose al lado de Izuku.

Es como estar de vuelta en las asambleas de la escuela secundaria, con todos los alumnos reunidos en el salón de actos, sentados en sillas en lugar de en el suelo, como acostumbraban en la escuela. El pabellón es enorme, parte de un complejo gigantesco a las afueras de la gran urbe de Tokio. Tanto, que Izuku está convencido que parte del primer complejo, el de Musutafu, cabría cómodamente dentro de él. Escucha a Hatsume señalando, a modo de explicación para Uraraka, los puntos donde el pabellón puede dividirse, reduciéndose a salas más pequeñas.

Hay muchísima gente. Miles de personas, según puede ver Izuku cuando miran hacia atrás. A pesar de haber llegado de los últimos, pues la gigantesca sala está llena, están sentados relativamente cerca del escenario, donde han habilitado una pantalla gigantesca que reproduce lo que ocurre encima de este y es lo que le permite ver a Yaomomo cruzarlo varias veces, cerciorándose de que los micrófonos funcionan y todo está listo.

El escuadrón de Shouto queda justo delante del de Katsuki. El de Togata, detrás de ellos. Están separados de la sección de sillas delantera por un grupo de reporteros que portan cámaras de vídeo grabando en directo para noticiarios y de periodistas que sitúan micrófonos y toman apuntes en cuadernos e, incluso según cree reconocer, dos de los creadores de contenidos online más famosos del país. Izuku deduce que esa sección delante de las cámaras y frente al escenario está reservada para la gente importante, sea quienes sean.

El murmullo en el pabellón es ensordecedor. Nadie está hablando alto, pero miles de personas hablando al mismo tiempo provocan que el sonido ambiente recuerde al del oleaje de un mar embravecido chocando continuamente contra un acantilado. Izuku respira profundamente, para deshacer el nudo de ansiedad que se está formando de nuevo en su pecho.

—Bien, aquí estamos —dice Izuku, exhalando el aire en un suspiro largo. Está un poco asustado, pero determinado a confiar en su propio plan.

—Va a salir bien —murmura Katsuki, mirando al frente en lugar de a Izuku, de forma casi inaudible por el ruido. Este lo observa de reojo. Tiene los labios apretados, está alerta y su rostro es serio. Debe sentirse observado, porque vuelve la cabeza hacia Izuku, que la agacha, avergonzado al verse descubierto, mientras se muerde el labio. La mano de Katsuki aparece en el campo visual de Izuku. Le aprieta la rodilla, busca la mano de Izuku y, cuando la encuentra, la aprieta sin soltarla.

.

La conversación con Hawks, por exasperante que sea, ha resultado productiva. O, al menos, consoladora, en cierto sentido. Al menos, la sensación de que no son los únicos que han percibido que algo no estaba bien tranquiliza a Katsuki.

«¿Unos huesos carbonizados?». Hawks había asentido, solemne, a la pregunta desconcertada de Shouto.

«En un viejo cottage al norte de Japón. Debí ponerme a buscarlo antes, pero no había tiempo, con semejante crisis».

«Entonces, ¿estás seguros de que es él?», había preguntado Togata, pero Hawks había negado con la cabeza.

«Yaoyorozu me puso sobre la pista, comentándome lo que All for One afirmó sobre él». Hawks ha mirado a Katsuki al decir esto y este sigue sin saber cómo sentirse porque Yaoyorozu haya compartido esa información con alguien tan ambiguo como Hawks. «Y Endeavour me contó tus sospechas tras averiguar hace algunas semanas que había ido a pedir Dones a héroes retirados, Shouto. Parecía firmemente convencido de que la Comisión estaba investigando acerca de ello».

«¿No era así?», ha preguntado Shouto, pero Katsuki ya había fruncido los labios en una mueca de desagrado y rabia antes de que Hawks negara con la cabeza, perdiendo su habitual expresión alegre.

«No, según lo que Yaoyorozu sabía y yo he podido averiguar por mi cuenta. Tengo… mis métodos».

«Más bien di que eres demasiado cercano al gobierno como para que el resto tengamos claras tus lealtades hacia todo lo demás», lo ha interrumpido Katsuki, elevando sin querer el tono de voz.

«Oh, pero eso podría habértelo aclarado yo si me hubieses preguntado, número uno. Japón. Mi lealtad siempre estará con el país al completo». Katsuki ha hecho un sonido inarticulado, poniendo los ojos en blanco ante la jactanciosa declaración del héroe, pero no lo ha contradicho. «Por lo que sea, se ha corrido un tupido velo sobre la desaparición de Monoma y no me agrada pensar en héroes en paradero desconocido. Digamos que… tengo el propósito personal de que eso sea algo que no ocurra, a ser posible».

«Y ahora crees que lo has encontrado», ha murmurado Shouto, apesadumbrado, adelantándose al exabrupto que Katsuki está a punto de dejar salir. «Muerto, como creíamos».

«Hay que esperar a los resultados del análisis del ADN, pero yo no tengo demasiadas dudas. Fue Edgeshot quien me pudo decir hacia dónde tenía planeado marcharse tras dejarle su Don. Tenía prisa, además: había escogido héroes que estaban a menos tiempo de camino que el que tardaba su Don en olvidar el Don copiado», explica Hawks, encogiéndose de hombros en un gesto de indolencia que siempre desquicia a Katsuki y que, sin embargo, en esta ocasión no le sale natural, sino impostado, algo que hace que este rebaje la hostilidad hacia el otro héroe.

«Había mejorado mucho en ese aspecto», había aportado Katsuki que, por poco que soportase a Monoma en el aspecto personal, había seguido detenidamente su carrera profesional.

«Edgeshot, Gran Torino, Trece… Todos viven actualmente al norte de Japón, excepto Rock Lock, que en ese momento estaba de visita en casa de Gran Torino, según me ha contado el propio Torino. Esos fueron los últimos Dones que consiguió y el tiempo ya le apremiaba, así que, si se cumplían mis peores previsiones, el lugar no podía estar demasiado lejos de allí». Todos se han quedado en silencio, incluso Katsuki, para quien confirmar lo que ya sabía no ha disminuido el golpe.

«Un posible refugio de la Alianza de Villanos y unos huesos carbonizados por el fuego de Dabi y pavesas de Shigaraki», había musitado Togata, impresionado, haciendo que hasta Shouto ponga los ojos en blanco por su fútil intento de mostrar optimismo. «¿No es un poco precipitado creer que la víctima es él y no el dueño de la casa o alguien a quien secuestrasen?»

«Es Monoma», había asegurado Katsuki, convencido. «Claro que es él, joder. ¿Quién iba a ser, si no?»

«¿Por qué nos cuentas esto, Hawks? ¿Por qué justo ahora?», ha preguntado, en cambio, Shouto, mirando a Hawks con rostro inexpresivo y este sonríe, fingiendo sentirse avergonzado.

«Hubo un tiempo en el que, cuando un héroe desaparecía, yo sabía quién, dónde y por qué. No por mi posición en el ranking, sino porque la Comisión, en aquel momento, empleaba métodos… cuestionables para encargarse de cualquier trabajo sucio o héroes que resultasen incómodos», dice Hawks y, por primera vez desde que lo conoce, Katsuki percibe su sinceridad. Hasta su vergüenza deja de parecerle impostada. «He trabajado mucho para erradicar ese uso corrupto de la Comisión gracias a mi posición de cercanía al actual gobierno, como ha resaltado Bakugou. No estoy dispuesto a permitir que, una vez más, intereses personales o políticos dominen lo que debería ser una institución pública y ejemplar».

«¿Y por qué a nosotros?», ha insistido Katsuki, impresionado a su pesar.

«Porque, número uno, nadie osaría hacerte obedecer una orden injusta. Ni a ti, ni a ninguno de tus amigos. Sois la garantía de que el sistema de héroes funciona y es transparente, incluso ahora, al margen de las dudas que la propia Yaoyorozu, que está obsesionada con gráficos sobre el aumento de tramitación de permisos para regularizar equipamientos ilegales en las últimas horas. Si alguien puede gestionar esta información y averiguar algo más sin ocultarlo tras toneladas de intereses políticos, sois vosotros», ha concluido el héroe alado antes de dar la conversación por zanjada.

La desazón acerca del destino de Monoma se ha sumado a la incertidumbre por el plan trazado por Izuku, el comentario acerca de cómo la Comisión no está libre de corrupción, ni siquiera a la hora de tratar con sus propios héroes disidentes, y a la sensación, a juzgar por el comentario casual acerca de las preocupaciones de Yaoyorozu, de que la teoría de Izuku acerca de cómo llegar a la gente de a pie y terminar con el modelo de sociedad individualista que Shimizu y Yotsubashi pretenden instaurar, es más que acertada.

Resistiendo la tentación de mirar al chico, que se remueve en su asiento, inquieto, Katsuki se obliga a escuchar todas y cada una de las intervenciones con total concentración. No quiere mirar a Izuku y que este vuelva a morderse el labio, porque se abstraería una vez más y no quiere perder la concentración.

Sí sujeta la mano de Izuku con la suya, ignorando el hecho de que ambos tienen las palmas sudorosas, porque quiere transmitirle tranquilidad al chico, que es un manojo de nervios. Por el rabillo del ojo, puede ver a Izuku mirándole a él, primero y luego a sus manos, momentáneamente distraído de lo que fuese que estaba pensando en ese instante. Incluso en medio de todo el estrés, Katsuki esboza una sonrisa petulante de medio lado, sin terminarse de creer que este mismo Izuku, que ahora mueve la rodilla nerviosamente, sin poder evitarlo, es el mismo que cuando pelea o toma una decisión exuda determinación por doquier. El chaval cuya actuación contra All for One captaron con tanta claridad las cámaras de televisión en Osaka que ha llamado la atención de gente poderosa dispuesta a reconocerlo y condecorar sus méritos, incluso sin Don.

Porque Izuku es una chispa que va incendiando todo a su alrededor y ni siquiera una pandilla de políticos apoltronados en sus sillones va a poder evitar que su fuego se vea en todas partes. Empezó cautivándolo a sus amigos, al propio Katsuki y a Shouto, pero ahora puede ver la misma fe y determinación en el plan de Izuku en los ojos de Togata, Amajiki o Yaoyorozu.

«Hasta All for One», piensa con orgullo Katsuki, «pudo ver la valía que escondía Izuku y que nunca más estará fuera de la vista».

Comienzan los inevitables discursos de cualquier acto. Katsuki ya ha estado en varios así y sabe que no merece la pena escuchar la palabrería enrevesada y vacía que los diferentes ponentes, políticos y representantes de la Comisión, así que aprovecha cuando el primer ministro ocupa el atril y se congratula por los excelentes resultados de la estrategia contra la Alianza de Villanos, para echar un vistazo discreto alrededor.

Los héroes destacan en la uniformidad del vestuario proporcionado en los complejos gracias a sus trajes profesionales, pero no hay nada interesante que ver y es imposible distinguir a todo el mundo entre tantísima gente.

«Bien, cuantos más testigos, mejor», piensa para sí mismo.

La enorme pantalla situada tras el escenario para que todo el mundo pueda ver qué ocurre en él está enfocada exclusivamente en el primer ministro, pero gracias a que están en las primeras filas, una forma efímera de honrar a los escuadrones que derrotaron definitivamente a Alianza de Villanos, Katsuki puede ver también, sentados rectos y formales a Shimizu, la presidenta de la Comisión, al vicepresidente Mera y un par de ministros más. En segundo plano, fuera del escenario, pero cerca de él, de pie, pululan Iida y Yaoyorozu. En posición de guardia, alerta, lo más cerca del primer ministro que le permite la situación, Hawks cumple su función de guardaespaldas del activo más importante del gobierno.

En las filas de delante de ellos, además de varios militares con uniformes que indican su alto rango en las charreteras, hay civiles elegantemente vestidos, mayormente hombres: la flor y nata de la sociedad política y militar del país. Son varias decenas y, como están de espaldas, Katsuki no reconoce a prácticamente ninguno, pero está buscando a alguien en concreto, a quien no tarda en localizar.

El otro objetivo: el dueño de Detnerat y marido de la presidenta Shimizu, Rikida Yotsubashi, que sonríe con orgullo y mira con jactancia a su alrededor, inclinándose hacia la persona que tiene al lado, un hombre de pelaje blanco y rostro de roedor a causa de su Don.

—Hay muchísima gente. —Katsuki baja la vista hacia Izuku, que lo está imitando y también mira alrededor suyo.

—Cuanta más, mejor —susurra Katsuki, que sabe que la transmisión de las cámaras de televisión se pueden cortar y que un periodista puede guardar silencio en lugar de publicar una noticia. Sin embargo, miles de personas son buen punto de partida si no sale como pretenden.

Le preocupa mucho más que, aunque está relativamente seguro de que Hawks no va a interponerse y cuenta con que Iida, que es una de las personas más integras que conoce, sea capaz de, al menos, detenerse a escucharlos, cualquiera de los héroes decida que es su día de hacer méritos. Espera haber abordado el escenario para ese momento, si se llega a ello, porque será muchísimo más fácil disuadirlos de que son atacantes.

—Que escuchen —murmura Izuku a su lado, apretando la mano derecha y estrujando los dedos de Katsuki, que deja que el chico canalice así sus nervios. Mejor eso que ponerse a hablar consigo mismo en murmullos que podrían atraer la atención de alguien.

—Escucharán —le asegura, no obstante, con más confianza de la que él mismo siente. En el estrado, el primer ministro sigue hablando, desarrollando su interminable discurso.

—Los héroes profesionales han demostrado estar a la altura de las misiones que se les ha pedido. Se enfrentaban a un difícil desafío. Uno que no se daba desde hace diez años, cuando el símbolo de la paz… —Katsuki gruñe al oír mencionar a All Might.

Una de las enormes puertas del pabellón, la más cercana a ellos, se abre con un crujido del que las personas sentadas más lejos no oyen. Izuku, que estaba esperando algo así, da un pequeño bote y mira en su dirección. Algunos de sus compañeros lo imitan, como Kaminari, pero ni Katsuki ni tampoco ninguno de los otros héroes profesionales prestan la más mínima atención a la entrada de Amajiki y Sero.

Van ataviados con un traje de ejecutivo hecho a medida por Yaoyorozu, de color oscuro. A Katsuki le resultaría sorprendente que, a pesar de llevar tantos años fuera de la escena principal del trabajo de heroína profesional, Yaoyorozu siga teniendo tantísimo control sobre su Don, pero recuerda perfectamente los días de clase y lo aplicada que era. Además, Yaoyorozu no sólo ha copiado los trajes de su equipo de seguridad, sino también todos los complementos, como las gafas de sol o el pinganillo que utilizan, aunque no estén conectados a nada. Unido al peinado engominado que ambos chicos se han hecho y a sus expresiones serias, Katsuki no se habría parado a mirarlos dos veces si no fuese porque sabe quiénes son.

El anonimato de Sero unido al hecho de que Amajiki es, de todos ellos, el héroe menos conocido por el público en general, incluso entre otros compañeros de profesión, y que probablemente nadie que no sean ellos lo haya visto sin la característica capucha de su traje de héroe en los últimos años, los ha señalado a ambos como ideales para esa parte del plan. Además, no sólo es la diferencia del físico de Amajiki con respecto a su traje de héroe, también su determinada negativa a no conceder entrevistas, destacar en el ranking ni realizar labores de representación hacen que, en traje de civil, con unas gafas oscuras y las orejas ocultas bajo el pelo, pase absolutamente desapercibido.

Los dos chicos han viajado por su cuenta a Tokio, en lugar de hacerlo en los furgones facilitados por Detnerat y el ejército, lo cual ha facilitado que nadie de la seguridad del edificio los relacione ahora, por casualidad, con los que han bajado de dichos vehículos. Yaoyorozu ha contribuido a ello, eliminando a ambos de cualquier lista de asistencia y facilitándoles documentos de identificación falsificados para que puedan hacerse pasar por miembros del equipo de seguridad de Detnerat, similares a los que acompañaban a Yotsubashi en Osaka.

Sin duda, el disfraz es perfecto y la infiltración debería serlo también. Además, los dos tienen Dones ideales para retener, algo que será necesario si todo sale bien. Y confía, devolviendo el apretón a la mano de Izuku, que esa forma camaleónica de camuflarse sea tan efectiva como han especulado.

Amajiki cruza el pabellón con paso nervioso. El gesto serio y desagradable de su rostro, que para cualquiera que le conozca es claramente un síntoma de que lo está pasando mal, pues su pesimismo y timidez juegan en contra del papel que le ha tocado hacer, resulta más que oportuno, pues se asemeja lo suficiente a la mueca de desdén e indiferencia que debería adoptar y que Sero está adoptando desde su sitio, cruzando las manos por delante de sí mismo y afianzándose con chulería, abriendo las piernas.

A su lado, Izuku inspira profundamente y retiene el aire sin soltarlo, pero cuando Katsuki lo mira de reojo, este está con la vista fija en escenario, fingiendo indiferencia también. Afortunadamente, su posición en el pabellón no sólo les da ventaja a la hora de acceder al escenario cuando llegue el momento, también pueden ver qué está ocurriendo delante de ellos sin llamar la atención por parecer excesivamente interesados. Un vistazo rápido a la entrada, donde esperan dos miembros reales del equipo de seguridad, a los que Sero y Amajiki han saludado al entrar, le indica a Katsuki que estos, al menos, no han notado que no sean parte del personal habitual. Uno de ellos, incluso, está distraído con su teléfono móvil y el otro no parece especialmente alerta.

Esa parte ha sido idea de Hatsume, en realidad. Ha sido ella quien ha señalado que, en todos y cada uno de los vídeos donde, además de la presidenta Shimizu, aparecía Yotsubashi, el equipo de seguridad no estaba nunca conformado por las mismas personas.

«Es bastante normal en un sector así. Seguramente Detnerat no contrate guardaespaldas, implicaría aumentar los esfuerzos formativos y económicos del departamento de recursos humanos. Es mucho más sencillo subcontratar una empresa de seguridad especializada que te proporcione el personal según la agenda, ya sea por horarios o destinos. Es fácil pensar que, en un evento excepcional como este, en Tokio y lejos de la sede de la empresa, se envíen efectivos de la zona en lugar del personal más habitual», había explicado, pacientemente, a pesar de los recelos de todos los demás. Izuku había levantado la cabeza al escucharla, concentrado en programar el objeto de apoyo de Shinsou y había asentido, distraído.

«Hay dos clases de ricos poderosos. Unos que saben que lo son y, además de la escolta que llevan, tienen a la que no puedes ver. Y luego estos otros, que buscan más la apariencia. Que, en realidad, lo que quieren es pavonear su poder, que sea visible. Dudo que cualquiera de estos que salen en el vídeo le sirvan de nada en un problema real, es más bien algo… disuasorio. Quiere imponer, no es que crea que va a necesitar una escolta», había sentenciado Shinsou, zanjando la conversación y arrancando una carcajada a Kaminari y Sero.

—Bueno, teníais razón —masculla Katsuki, sin apartar la mirada del frente, esperando que Hatsume y Shinsou se den por aludidos cuando Amajiki se inclina hacia Yotsubashi, susurrándole algo al oído y este asiente sin mostrar ningún signo de sospecha.

Sero se acerca a los dos miembros del equipo de seguridad, avanzando unos pasos. Los suficientes para que los otros, al volverse hacia él para escuchar lo que está diciéndoles, se giren levemente, dando la espalda a la puerta y alejándose unos metros de ella. Frente a ellos, Yotsubashi susurra algo al oído de su acompañante, el hombre con aspecto de roedor, durante unos segundos que se hacen eternos, pero finalmente se levanta y, caminando por delante de Amajiki, abandona el pabellón, pasando por detrás de los otros dos escoltas, que no han visto la jugada y que ni siquiera han juzgado necesario verificar la identidad de sus compañeros.

«Si no son siempre los mismos, quiere decir que la empresa rota el personal muy a menudo. Si cobras una miseria y no tienes perspectiva de permanencia en la empresa, es lógico pensar que hagas de tu trabajo algo fácil. Al fin y al cabo, ¿quién va a creer que hay peligro en un sitio con militares y héroes?», había añadido Hatsume en su momento, teatralmente. Una vez más, la chica había tenido razón. Ha bastado con que Sero hable con ellos de vaguedades, sin especificar su empresa o cliente y que Amajiki actúe con el aplomo y naturalidad de quien está donde le corresponde.

Izuku le suelta la mano.

Katsuki se vuelve hacia él, frunciendo el ceño, y observa cómo se seca la mano en los pantalones, con una expresión de culpabilidad en el rostro, antes de volver a ofrecérsela. Por un instante, Katsuki considera la idea no aceptarla, porque no quiere hacerle sentir incómodo. Al fin y al cabo, así es como funciona su Don. Es algo que se ha planteado en las pocas ocasiones en las que ha tenido la oportunidad de dar la mano a alguien, como hace con Izuku ahora. Las interacciones profesionales, con los guantes de su traje de héroe de por medio, son mucho menos incómodas, pero las personales siempre le han supuesto un complejo.

Excepto con Izuku.

Con él, no ha tenido que pensarlo hasta ahora. Quizá porque las primeras veces que le ha dado la mano ha sido en circunstancias donde el menor de los problemas era si le sudaban o no las palmas. A lo mejor, quiere creer, esas primeras veces son las que han convertido el gesto en algo natural, incluso en ambientes más relajados, pero ahora, al verlo frotar la mano contra la tela de su pantalón, Katsuki vuelve a ser consciente de que al resto le resulta molesta la humedad constante de sus palmas.

—Lo siento —murmura Izuku, que no ha retirado la mano, todavía esperando a que Katsuki vuelva a tomársela—. Estoy un poco nervioso y cuando me pasa eso, me sudan las manos, no quería que… Pensaba que…

—Joder, nerd. —Katsuki tiene que resoplar para contener una carcajada a medio camino entre divertida, sorprendida y estupefacta. Izuku lo mira de reojo, perplejo—. A mí me sudan todo el tiempo —constata Katsuki. Izuku lo mira primero sorprendido y luego sus ojos se abren gradualmente, cuando cae en la cuenta de las implicaciones de su afirmación.

—¡No pretendía decir eso! ¡No me importa, de verdad! Ni siquiera había pensado que… —Katsuki lo chista para cortar su cuchicheo, que ha empezado a llamar la atención de sus propios compañeros, y luego, cuando Izuku se muerde el labio inferior, avergonzado, se ríe entre dientes y le toma la mano después de secársela él también en el pantalón. No será por mucho rato porque, en el estrado, el primer ministro termina su intervención y es la presidenta de la Comisión quien toma la palabra.

No se han equivocado en sus previsiones. En sus discursos, mientras que el primer ministro ha elogiado al cuerpo profesional de héroes y su valentía y entrega durante la crisis con la Alianza de Villanos, la presidenta Shimizu hace hincapié en la utilidad del programa de civiles y las grandes hazañas realizadas por sus componentes.

—Para esto nos querían —oye Katsuki que murmura, cabreada, Hatsume.

—Deku tenía razón —asiente, en respuesta, aunque no es necesario: todos, incluso Shouto, sentado delante de él, se remueven incómodos mientras la presidenta de la Comisión va desgranando, de forma menos sutil de lo que el propio Katsuki esperaba, insinuando incluso aumentos futuros en los acuerdos de colaboración con Detnerat, a la que elogia por su «inestimable servicio a la nación, proveyendo y cuidando de los defensores del país».

—Es vomitivo —masculla Kaminari, que tuerce la boca en un rictus de desagrado.

«Calculado al milímetro», piensa Katsuki, que comprende ahora por qué Izuku y Shinsou fueron capaces de anticiparse a semejante descaro y se pregunta hasta qué punto el primer ministro puede estar implicado también. No entendería por qué alguien de un rango político tan alto iba a participar en una conspiración así, que a priori no le beneficia personalmente, en lugar de, simplemente legislar para que se haga, así que prefiere pensar, al menos por ahora, que no es así.

—Es por eso el propósito de la Comisión de Héroes recuperar el viejo esplendor y que la profesión de héroe profesional constituya un nuevo atractivo para la sociedad. ¡Una nueva sociedad cuyas demandas escucharemos, valoraremos y cubriremos! —Katsuki se muerde la mejilla. Son tan sutiles como un ladrillo, pero la táctica funciona, porque la frase, pronunciada con un carismático efecto de la voz, despierta los aplausos de las primeras filas del pabellón, replicadas por el resto de la sala unos segundos después, estruendosamente y que se repiten cuando la presidenta Shimizu anuncia el generoso aumento del presupuesto nacional para la Comisión de Héroes—. ¡Y esa nueva etapa comienza hoy! ¡Reconociendo a la sociedad su aportación y premiándola!

Cuando, finalmente, todos en el estrado se ponen en pie y un ayudante se acerca con una pequeña caja, Katsuki suelta la mano de Izuku.

Ha llegado el momento.


Nota del autor: El pabellón del complejo de Tokio está inspirado libremente en el BBK de Bilbao, España. Es un edificio gigantesco, dentro del área metropolitana, cuyas "salas" pueden dividirse o unirse según las circunstancias del evento que acojan. La última vez que estuve allí unieron un par de esas "salas" para darnos cabida a más de 4500 personas (cada una con un ordenador en una mesa habilitada para ello, con los correspondientes módulos de fibra de internet, escenario para dinámicas, pantalla, puestos de comida rápida, duchas...) y otra más para que pudiéramos plantar nuestras tiendas de campaña y dormir. Y el edificio tiene, que yo sepa, menos 8 salas, aunque no todas pueden unirse o dividirse según la configuración. Creo. Bueno, que con todo este rollo quiero decir que el edificio planteado en este capítulo tiene sentido en el mundo real, jajaja.

Oh, sí, y por supuesto, la canción es de la OST de Mulán: Truth All Around.