Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Y aquí la segunda (y última) parte de La verdad por todas partes. Ale, así, todo juntito, jajaja. Jo, una vez más, muchas gracias. ¡Besos, abrazos y saluditos de lejos con la mano (cada cual que coja lo que más le guste)!


LA VERDAD POR TODAS PARTES (PARTE II)

—Midoriya, Izuku. —Midoriya se levanta como un resorte de su asiento. Uraraka lo imita acto seguido—. Uraraka, Ochaco. Shinsou, Hitoshi.

Hitoshi sigue a sus dos compañeros. Caminan en fila, sorteando primero al resto del escuadrón, que los felicita por la medalla que van a recibir. Ojiro, incluso, le palmea en el muslo con camaradería, y dice algo, sonriendo ampliamente, que Hitoshi agradece con un asentimiento, aunque no entiende sus palabras. Después, salvan la distancia que los separa hasta el escenario. Es enorme, muchísimo más de lo que parecía desde donde estaban sentados. El silencio, una vez el aplauso que ha seguido a la llamada de la presidenta se apaga, es demoledor e incómodo. Yaoyorozu les dirige una sonrisa tensa cuando llegan al escenario, indicándoles cortésmente dónde está la escalera de acceso.

La pantalla, que ya le había parecido grande, es gigantesca. Muestra ahora todo el escenario, así que puede verse a sí mismo, con el uniforme de Detnerat, el cabello morado y unas enormes ojeras, avanzando paralelamente a sí mismo. Escucha, por los potentes altavoces, el frufrú de la tela de su ropa y la de sus compañeros, basta y áspera, al rozarse mientras caminan. Busca con la mirada los micrófonos, que ve al borde del escenario, captando el sonido ambiente ahora que todas las personas que estaban en el escenario se han puesto en pie y un par de ayudantes se encargan de despejar el espacio sacando el atril.

—Muchas gracias por tus servicios, Midoriya.

Todo el acto transcurre en un ambiente tan irreal que parece un sueño. Hitoshi parpadea varias veces, tratando de aclararse la vista. Incluso, llega a pellizcarse disimuladamente el antebrazo, para asegurarse de que el momento ha llegado realmente y no es un producto de su imaginación obsesionada de las últimas horas. El murmullo de miles de personas, por mucho que susurren, es tan alto que le llega incluso aunque no tengan micrófono y estén lejísimos. Hitoshi mira en su dirección, y tiene que entornar los ojos. Distingue a las primeras filas, pero los potentes focos que iluminan el escenario impiden ver nada más allá de las cámaras de televisión, que tienen sus propio dispositivos de iluminación brillando, como faros.

Por un momento, cree que murmuran por la bufanda de microfibras, la de Eraserhead, que lleva al cuello. Durante un instante aún más angustioso, la idea de que han descubierto el distorsionador de voz que lleva debajo de ella, antes de que la idea más racional se abra camino a machetazos a través de su mente: el primer ministro y la presidenta Shimizu están estrechando la mano de Midoriya y comprende que la hazaña del chico sin Don que ha derrotado a All for One ya ha llegado a todas las personas presentes.

—Muchas gracias por tus servicios, Uraraka. —La chica fuerza una sonrisa, estrechando las manos de los diferentes cargos políticos que se han colocado en fila para condecorarles, sonriendo al fotógrafo, el único que hay encima el escenario, que está tomando instantáneas desde el primer plano.

El primer ministro ha condecorado a Midoriya. La ministra de Defensa a Uraraka. La presidenta Shimizu lo espera ahora a él, con una medalla idéntica a la de sus dos compañeros. Con una sonrisa educada, Hitoshi hace la correspondiente reverencia delante del primer ministro, la ministra de Interior y la ministra de Defensa, hasta llegar a la presidenta de la Comisión.

—Muchas gracias por tus servicios, Hitoshi —pronuncia esta, con voz clara y empalagosa, sonriendo tanto que a Hitoshi le duelen las mejillas de imaginarlo.

—¿Es para mí? —pregunta, en cambio, mirando la medalla con aire fascinado.

Ha pensado mucho en cuál podía ser la pregunta correcta. Su escasa experiencia de combate le ha enseñado que funcionan mejor las más cortas y sencillas, que nadie tenga que pensar mucho para responder. Sin embargo, esas han sido en forma de bravatas, en el calor de la acción. En el festival deportivo, su estrategia no había diferido mucho. Provocar a Midoriya, del que sabía su intenso deseo por ganar y hacerse un lugar entre los aprendices a héroes, había sido fácil. «¿Qué clase de idiota desperdiciaría una oportunidad como esta?», y el muy imbécil había picado el anzuelo hasta el fondo, a pesar de que conocía su Don y su funcionamiento más básico.

Duda que algo así pueda funcionar con alguien como Makomo Shimizu. Insultarla puede provocar una respuesta, no lo duda, pero quiere asegurarse de que no sea simplemente un gesto horrorizado o de desprecio, así que ha decidido guardarse esa baza como plan alternativo (y desesperado).

«¿Es para mí?». A Hitoshi no se le da bien fingir. Su rostro inexpresivo le ayuda a ocultar y disimular muchas de sus emociones. No es un espejo, como el de Denki, que lo refleja absolutamente todo, pero eso también implica que le cuesta adoptar las expresiones para fingir diferentes sentimientos sin sobreactuar. Así que ha estimado que algo sencillo, esquivando la mirada, debería ser suficiente para activar el desconcierto o, al menos, la petulancia de la presidenta de la Comisión.

—Por supuesto. —Ha funcionado. Hitoshi levanta la cabeza, mirando a la presidenta Shimizu, cuya sonrisa flaquea bajo su intensa mirada. Le tiembla el labio inferior, va a decir algo, pero es demasiado tarde. El cordel de la voluntad de la mujer, de color rojo intenso, con vetas púrpura, está a su alcance e Hitoshi se hace con él.

—Demasiado tarde, me temo —dice en voz tan baja que ni siquiera los micrófonos de ambiente recogen el sonido. La ministra de Interior, que es la que más cerca está, ha notado algo raro, porque frunce el ceño mientras Hitoshi repite la educada reverencia de agradecimiento, pero el resto de la gente del escenario está liderando el aplauso que se propaga a lo largo del recinto y la mujer relaja el gesto al unirse a él. Mentalmente, sin necesidad de que la orden atraviese su garganta, algo que sólo ha conseguido un par de veces entrenando con Midoriya y Denki, ordena a la presidenta que se una al aplauso.

Cuando Midoriya, Uraraka y él se inclinan hacia adelante para hacer una reverencia en dirección al público, Hitoshi se lleva las manos a la bufanda para colocarse el distorsionador de voz y activarlo. Al incorporarse, con el distorsionador ya sobre su boca, encajando tan fácil y perfectamente como Midoriya le ha prometido en sus entrenamientos, ajustándolo una y otra vez para conseguirlo, intercambia una mirada con Yaoyorozu y otra con Midoriya, que inspira profundamente y asiente.

Nadie nota nada extraño, aunque el primer ministro, con la soltura típica de alguien que lleva años enfrentándose a ceremonias y eventos donde alguien se salta el protocolo, sonríe y señala discretamente el lateral del escenario, dándoles a entender que es su momento de bajar de él para que el agradecimiento, esta vez a todo el conjunto de reclutas del pabellón, continúe.

Ninguno se mueve. Fuera del escenario, Yaoyorozu se ha despojado de la elegante camisa que llevaba encima del traje de heroína y de sus brazos y sus pechos sale un pequeño proyector y algunos cables que cede a Hatsume, que se acerca corriendo desde el lugar donde estaba sentada sin que nadie la detenga. Hawks, que ha fruncido el ceño, está subiendo al escenario también, acercándose al primer ministro, que da un paso atrás, asustado, y busca con la mirada al héroe alado.

—Que nadie se mueva, por favor —dice Hitoshi.

El distorsionador funciona a la perfección y los micrófonos de ambiente del escenario amplifican el sonido por todos los altavoces, replicando al milímetro la tonalidad y cadencia de la voz del primer ministro, que lo mira, atónito, con los ojos abiertos de par en par.

Funciona.

Dado que Hitoshi lleva la boca cubierta y el ministro también está encima del escenario, todos han oído la voz y han creído que es el primer ministro quien ha dado la orden y no Hitoshi. Incluso uno de los mandos militares, sentado en las primeras filas, que se ha incorporado en cuanto ha sospechado que algo no iba bien, está volviendo a sentarse. Inicialmente, Izuku le ha pedido ayuda a Hatsume para hacer que el sonido del distorsionador se oiga sin origen definido tras pasar por los filtros, algo que han conseguido rediseñando los diminutos altavoces originales, porque sostenía que era buena idea que nadie pudiese ubicar su localización exacta por la voz, pero Hitoshi admite que los micrófonos de ambiente son un golpe de suerte con el que no habían contado.

Denki llega al escenario y se agacha al lado de donde Hatsume y Midoriya están colocando el proyector que Yaoyorozu les ha proporcionado. Hawks ya está arriba también, serio y sereno, mirando a Hitoshi y a Midoriya alternativamente. Ha extraído una de sus plumas, larga y afilada, y la sostiene relajadamente, apuntando hacia el suelo. Está a medio camino entre ellos y el primer ministro, en una posición claramente defensiva desde el punto de vista de Hitoshi y el ministro… pero no desde el público, que sólo lo ve a lado del político, relajado e inmóvil, lo cual es desconcertante y contradictorio.

«Una oportunidad», comprende Hitoshi, volviéndose hacia donde Denki, Uraraka, Hatsume y Midoriya se pelean con los cables, tratando de conectar el proyector a la pantalla gigante a sus espaldas.

—Midoriya —lo llama, y esta vez suena su propia voz a través del altavoz.

—¡Sí! —dice este, incorporándose torpemente, desequilibrándose un segundo al no poder apoyarse en el brazo izquierdo, y echando un último vistazo a sus compañeros.

—¿Qué es esto, Todoroki? —grita Ingenium cuando Shouto y Bakugou se acercan al escenario también, e Hitoshi comprende que el hechizo que ha hecho que todo el mundo permanezca callado y en su sitio se ha roto. Aún así, vuelve a intentarlo.

—Por favor, mantengan la calma. Que nadie se mueva de su sitio. —El distorsionador funciona tan bien que Hitoshi puede imprimir fácilmente un matiz de orden imperiosa a la voz del primer ministro.

—Todo está bien, Iida. Sólo vamos a robaros unos minutos de vuestro tiempo —responde Shouto tranquilamente, pero Ingenium no ha esperado a que termine la frase para llevar las manos a su intercomunicador y los motores de sus piernas rugen al encenderse.

—¡Denki! —grita Hitoshi, y eso hace que esté a punto de perder el control de la voluntad de la presidenta de la Comisión, que se resiste con un denuedo que ni el nomu ha demostrado.

Denki reacciona al instante, sin ni siquiera levantarse del suelo. Un arco voltaico recorre el cuerpo de Ingenium hasta llegar a su intercomunicador, que chisporrotea, anulado. Más personas, héroes, militares y personal de Detnerat, están haciendo lo mismo, pero Denki cierra los ojos, concentrándose, y un sonido eléctrico zumba por toda la sala durante unos segundos. Un olor a ozono, similar al de una tormenta de rayos que ha terminado, inunda el ambiente. Preocupado, Hitoshi mira a Denki, preguntándose si el esfuerzo ha sido tan grande como para atontarle, porque el objetivo era inutilizar las comunicaciones de seguridad entre el interior y exterior de la sala, pero con cuidado de no estropear la transmisión de las cámaras de televisión. Entre la precisión y el tamaño del pabellón, mucho más grande de lo que habían previsto, la tarea ha sido compleja para Denki, que respira agitado hasta que Hatsume mueve un cable delante de sus ojos, que el chico coge entre sus dedos para proporcionar electricidad.

Los asistentes del pabellón están reaccionando en masa. El mismo militar que antes se había levantado, ahora vuelve a hacerlo. Las personas de las puertas se giran, para abrirlas, pero es demasiado tarde. Shouto cubre el suelo de hielo con un pisotón. Un crujido restalla en toda la sala. El hielo llega hasta las puertas, cubriéndolas y bloqueándolas, pero también atrapa los tobillos de todas las personas que podrían suponer un problema, incluso en la parte trasera de la sala. En el caso del militar, el hielo asciende hasta la funda de su arma de fuego, inutilizándola.

Los radiadores de las piernas de Ingenium quedan bloqueados por el hielo también y el sonido de motor se apaga con un bufido cuando se calan. Todo ha sucedido en apenas medio segundo y Shouto ni siquiera parece haber hecho un esfuerzo más allá de la condensación que le empaña el aliento cuando exhala. El silencio que se crea ante el ataque de Shouto es roto por otro zumbido eléctrico. El cabello de Denki, fino y rubio, se eriza hacia arriba cuando Hatsume consigue poner en marcha el proyector y la imagen de la enorme pantalla del escenario pasa a estar en blanco durante unos segundos antes de recuperar la imagen.

—Siento haber tenido que hacer esto —dice Shouto, acercándose caminando por el hielo a su antiguo compañero de clase, calmado. Bakugou, en cambio, utiliza una explosión para elevarse y plantarse en el escenario, detrás de Midoriya, con el mismo aura protector que emana Hawks.

—Todoroki, esto es muy… irregular. —Hitoshi pone los ojos en blanco. Aunque debería dar las gracias: irregular suena mejor que terrorismo.

—Lo sé, Iida, pero era necesario —contesta Shouto, todavía con calma—. Sólo necesitamos que nos escuchéis unos minutos. Te prometo que después derretiré todo el hielo y Katsuki y yo nos haremos personalmente responsables de cualquier consecuencia. Unos minutos de atención, es lo único que pedimos, no vamos a hacer daño a nadie, en ningún caso y bajo ningún concepto. Sabéis quienes somos, nos conocéis, tenéis constancia de nuestros principios. Confiáis en Dynamight y en mí. Hacedlo durante unos minutos más. —Ingenium no responde. Nadie lo hace. Tampoco hay muchas más opciones, teniendo en cuenta que, en realidad, Shouto ha atacado con el hielo—. Las cámaras no han sido inutilizadas, siguen grabando. El mundo entero verá lo que ocurra aquí dentro.

—Y nos juzgará por ello —masculla Hatsume, en voz baja.

—Deku —dice Bakugou, simplemente.

—¡Sí! —dice Midoriya, mirando a Hitoshi, que también asiente antes de volverse hacia la presidenta de la Comisión y hacer contacto visual.

«Saque su teléfono. El que utilice para trabajar», ordena mentalmente, al mismo tiempo que Izuku comienza a hablar.

—Esto… Somos… Soy… —Midoriya carraspea. Hitoshi pone los ojos en blanco—. Esto no está bien. Quiero decir, lo que ha ocurrido durante los últimos meses. La Alianza de Villanos libre, asesinando y destruyendo, todos nosotros entrenando, como si fuésemos un ejército, los héroes profesionales tratados como fuerzas armadas de élite… —Midoriya se vuelve hacia el primer ministro, lo que hace que sus siguientes palabras no sean captadas por los micrófonos de ambiente—. Esto no ha estado bien, señor. Lo siento.

Tartamudeando al principio, con más seguridad después, Midoriya expone los mismos puntos que concluyeron en su reunión clandestina en el dormitorio. Los resume, sucintamente, tratando de exponerlos con claridad. La voluntad de Shimizu se tensa cuando Midoriya menciona cuál ha sido el objetivo de Detnerat en todo momento y la complicidad necesaria de la Comisión.

—Han creado un peligro que creían factible, porque necesitaban cambiar un paradigma social que estaba moribundo, que se sentía seguro y confortable, que no creía que hubiese necesidad de prepararse para pelear. Eso ha generado el clima perfecto para vender más dispositivos, hacer que la gente esté a la defensiva, generar conflictos hacia aquellas personas que tienen Dones desagradables. —Izuku inspira profundamente—. Un monopolio así no beneficia a nadie. Detnerat ha absorbido a la competencia o lo hará en los próximos meses. La sociedad se reafirmará en hábitos nocivos, la desconfianza crecerá. All for One ha sido derrotado, pero los verdaderos villanos han triunfado.

»La inseguridad y la ira que se gestan a través de la desconfianza en el prójimo se acumula y hace que la convivencia estalle. Que perdamos el control. Un futuro dominado por All for One es nefasto. Uno donde nadie sea capaz de ver más allá del potencial peligro del Don de su vecino no difiere en nada del de la Alianza de Villanos. Uno donde alguien como yo podría morir.

El murmullo en la sala es ensordecedor. Togata aparece desde el suelo al escenario, haciendo una entrada espectacular que atrae la atención de todos los presentes al instante. Con una amplia sonrisa, se dirige al borde del escenario, como si estuviera acostumbrado a hacer eso todos los días.

—Cuando hace diez años el símbolo de la paz derrotó a la Alianza de Villanos, yo ni siquiera me había graduado como héroe profesional y mi licencia era provisional. De hecho, creo que, de los héroes aquí presentes en el escenario, sólo Hawks era un héroe propiamente dicho. Sin embargo, todos nos implicamos y peleamos por la justicia en la medida de nuestras posibilidades Fue All Might quien puso el punto final a una guerra que, de haberse desbocado, podría haber terminado mucho peor, pero todos estuvimos allí, aquella victoria fue compartida. No obstante… —Togata se vuelve hacia el primer ministro, que sigue detrás de Hawks. Es un hombre bajito y aparentemente anodino, pero con un carisma brutal. Hitoshi sabe que llegaron a comprobar que su Don no tuviese ninguna influencia sobre la población cuando renovó el mandato por tercera vez con mayoría absoluta.

»Eso se tradujo en reducir la capacidad de las agencias de héroes. Sus plantillas, las plazas en los centros de formación, la cuantía de sus salarios. Eso satisfizo a mucha gente, que consideraba que los héroes habíamos olvidado lo que era realmente ser héroes y habían convertido la profesión en un trabajo sin vocación. Pero no todo el mundo estaba de acuerdo, ¿verdad?

La pantalla gigantesca vuelve a cambiar cuando Hatsume manipula el proyector y el teléfono móvil que ha conseguido conectar. Deja de mostrar el escenario y pasa a reproducir varios vídeos de corta duración y un par de capturas de medios de comunicación digitales con declaraciones del actual primer ministro en varios actos de las campañas electorales, prometiendo pelear por las condiciones de los héroes profesionales, permitirlos recuperar el estatus perdido, hacer ver a la población lo necesario de la actuación de estos. Un murmullo recorre la sala cuando a las imágenes las sustituyen declaraciones de la presidenta de la Comisión de Héroes recalcando que no es una prioridad para ella retroceder en la gestión que realiza de la Comisión y que los nuevos tiempos de paz necesitan nuevos tipos de mandatos, afirmando que su tarea es acercar a las personas de a pie a la organización y defensa de la sociedad.

—¿Señor ministro? —pregunta Togata, dirigiéndose directamente a él—. Todo lo contrario de lo que se ha expuesto aquí hoy.

—Los tiempos cambian y hay que adaptarse a ellos —dice este, manteniendo la compostura, dando un paso adelante y saliendo de detrás de la protección de Hawks, que no le quita el ojo de encima, sin miedo alguno—. Las crisis necesitan de gestiones eficaces y movimientos decididos. La Liga de Villanos rompió la paz que regaló el símbolo de All Might y es algo que no se puede predecir en una promesa electoral, héroe Lemillion. Eso es algo que usted sabe tan bien como yo.

—Estoy de acuerdo —asiente Togata, sonriendo—. Y henos aquí, habiendo tenido que atajar el inicio de una guerra a costa de efectos personales… En un punto donde, casi por casualidad, se cumplen las previsiones y advertencias de la actual presidenta. Una casualidad muy oportuna, todo sea dicho.

—Si está insinuando…

—Lo estoy afirmando —interrumpe Togata, todavía con una sonrisa. El murmullo del salón aumenta e Hitoshi está seguro de que, si no fuese por el Don de Shouto y el de Denki, ya estarían todos detenidos. De por vida. Y encerrados en las mismas celdas con los mismos tipos que han ayudado a derrotar apenas unos días antes—. La señora Shimizu quería, a toda costa, involucrar a la población civil en la Comisión. Lo ha hecho durante los últimos años, gestionando los permisos necesarios para utilizar dispositivos de apoyo, pero la sociedad todavía no era proclive a exigir el uso de sus propios Dones, cuánto menos necesitar dispositivos de apoyo. Sin embargo, eso ha cambiado.

—Es una acusación tendenciosa —se limita a decir el primer ministro.

—Tiene razón. Y como las afirmaciones se sostienen con pruebas, vamos a intentar darles algunas en las cuales pensar. —Togata mira a la presidenta de la comisión, que permanece inmóvil bajo el yugo de Hitoshi y a Midoriya, dirigiéndole un asentimiento.

—Voy… vamos… —Midoriya tartamudea, eleva la mirada hacia Bakugou y luego inspira profundamente. De pronto, en sus ojos aparece la misma determinación que Hitoshi le ha visto en el combate—. Tenemos indicios de que es posible que haya una correlación entre la ruptura de seguridad de Gunkanjima y la presidenta de la Comisión, así como entre esta y la empresa de su pareja: Detnerat.

«Dé su teléfono a la chica que está delante de usted». Delante de la atónita mirada toda la sala, Uraraka conecta el teléfono inteligente que la presidenta sostiene en las manos al proyector que ha fabricado Yaoyorozu. Es Denki quien, rozándolo simplemente con el dedo, suministra la energía necesaria para que se ilumine. Hatsume apenas tarda unos segundos en conseguir que el escritorio de la tableta se vea en la pared, un tanto desvaído, pero nítido.

«Desbloquéalo». Esa es la orden que más ha angustiado a Hitoshi porque, igual que al ordenar a la persona que está controlando que hable, en principio su Don no puede hacer que la presidenta Shimizu escriba un número o patrón que ella conoce, sin que él le especifique. Como esperaba, la presidenta no reacciona, a pesar de que la orden es lo suficientemente genérica, interfiere.

Cogiendo aire hasta que los pulmones le duelen, Hitoshi se aparta de ella, retrocediendo hasta que queda fuera de su ángulo de visión, y concentra lo más que puede. Ha llegado el momento de poner a prueba, en un entorno real, la eficacia del distorsionador de Midoriya. Ajustándolo, confía en haber configurado bien los patrones de voz.

—Desbloquéalo, Makomo —ordena en voz alta, con la voz de Yotsubashi, a la que ha imprimido un tono afectuoso y amable. No tienen ninguna garantía de que sea así como se tratan entre ellos, pero el nombre propio le ha parecido mejor idea que el apellido y la orden sigue siendo lo suficientemente genérica, porque no le está diciendo que resuelva un problema, sino que haga una acción que, muy probablemente, tenga interiorizada.

En el escenario, todos contienen el aliento durante un segundo, incluso los ministros y Hawks, hasta que la presidenta Shimizu levanta un dedo lentamente, reflejando la férrea e inútil oposición que Hitoshi percibe a través del vínculo. Y pulsa el botón de desbloqueo y dibuja un patrón de forma automática en la pantalla del teléfono que sostiene Uraraka delante de ella. Después, se queda inmóvil, con el brazo en alto y el dedo índice extendido, esperando más órdenes. Hitoshi deja escapar, muy despacio, el aliento de sus pulmones hasta que se siente mareado. Con Midoriya y Denki ha funcionado esa parte. No todas las veces, pero sí las suficientes como para intentarlo. Al parecer, su Don sigue sin poder conseguir que se obedezcan cierto tipo de órdenes, pero si la voz que las imparte es una a la que la persona está acostumbrada a hacer caso o desea hacerlo, es probable que una parte inconsciente de ella la lleve a cabo.

Y eso con apenas unas horas de entrenamiento intensivo. Por primera vez, Hitoshi se pregunta qué límites reales tendrá su Don si tiene oportunidad de desarrollarlo al mismo nivel que los héroes profesionales fuerzan los suyos.

—Sigue sin abrirse —dice Uraraka, frunciendo el ceño.

—Espera, sostenlo frente a su rostro —dice Hatsume inmediatamente. Uraraka le ha ofrecido a Shimizu el teléfono igual que le habría ofrecido un papel para firmar, pero ahora lo levanta hasta que el dispositivo reconoce su rostro y pita con suavidad, proporcionándoles acceso a él.

—¿Hay información en el teléfono sobre Gunkanjima? —pregunta Hitoshi, de nuevo con la voz de Yotsubashi. Shimizu no contesta, pero el acceso de ira que percibe a través de su vínculo es similar a la tensión que ha notado cuando Midoriya ha expuesto el objetivo de Detnerat—. Sí la hay —dice con su propia voz, dirigiéndose a Midoriya.

Este y Uraraka empiezan a manipular el teléfono, accediendo a sus aplicaciones en busca de la información que necesitan. Bakugou se acerca a Hitoshi, con cara de enfado, y mira a Hawks durante un segundo.

—Pregúntale por Monoma —ordena a Hitoshi.

—¿Qué? —pregunta este, totalmente desconcertado.

—Neito Monoma, Phantom Thief. Pregunta por él —insiste Bakugou. Al oír el nombre, la voluntad de Shimizu se tensa de nuevo, reconociéndolo.

.

—¡Deku! —ruge Katsuki, sobresaltándolo—. Monoma. Busca información sobre él también.

—¿Ahora? —pregunta Izuku, que está explorando las aplicaciones de mensajería en busca de pruebas incriminatorias acerca de Gunkanjima.

—A la vez. Si ves ese nombre, párate a leerlo.

—Ya lo he visto —dice Ochaco, que está examinando el teléfono con él—. Hace un momento, mientras pasábamos los mensajes de alerta.

—Dame un segundo, Kats… Dynamigth —se apresura a responder Izuku, mientras retrocede en su búsqueda.

Katsuki espera impaciente, al lado de ellos, tratando de mirar por encima de ellos en el teléfono. No tardan en encontrar los mensajes a los que Ochaco se refería.

—Son varios mensajes de audio, texto y unas coordenadas geográficas.

—¿De él? —pregunta Katsuki, frunciendo el ceño, extrañado. Izuku asiente y se encoge de hombros—. Reprodúcelos.

Una seña a Mei basta para que esta conecte un cable desde el proyector al teléfono, puenteando este último hasta la gigantesca pantalla y al sistema de sonido. La aplicación en la que están aparece en ella e Izuku ve cómo se pulsa el botón de reproducción a gran escala cuando Ochaco hace lo mismo en el teléfono.

«Descubierta la posición de la Alianza de Villanos, me dirijo hacia su posición. Solicito refuerzos en apoyo». La voz del héroe, el mismo cuya muerte les reveló Katsuki durante la reunión del dormitorio, resuena en todos los altavoces.

«Es un antiguo refugio de la organización terrorista comunicado por el villano conocido como Giran. La Alianza de Villanos han recorrido todo el país hasta llegar aquí, es un momento ideal para emboscarlos». En el último mensaje de voz enviado por Phantom Thief, su voz suena agitada y hay ruidos de naturaleza a su alrededor que a Izuku le recuerdan a alguien moverse con cierto sigilo por una zona rural.

—Ese era el último audio —dice Izuku, mirando a Katsuki, cuyo rostro está enrojecido por la ira.

—Los siguientes mensajes son escritos —anuncia Shouto, volviéndose levemente hacia los micrófonos de ambiente y leyéndolos en voz alta directamente de la pantalla para que todo el mundo pueda enterarse de su contenido, por muy al fondo de la sala que estén—. «Adjunto coordenadas: Latitud: 40.5842, Longitud: 140.566; 40° 35′ 3″ Norte, 140° 33′ 58″ Este». «En la guarida con los villanos. Emboscada con éxito. Esperando confirmación de refuerzos para atacar».

—No hay más.

—¿Por qué iban a llegarle mensajes de un héroe directamente a la presidenta de la Comisión? —pregunta el primer ministro. Izuku se encoge de hombros, pero el político no le ha preguntado a él, sino a Hawks. Sin embargo, quien responde es Mei:

—Esos no son los mensajes originales. Son copias reenviadas y almacenadas, probablemente los mensajes originales sí llegasen a la Comisión, pero fuesen desviados o eliminados por ella.

—¿Y por qué iba alguien a guardar algo que le incriminase?

—La información es poder —responde Shinsou, con su propia voz—. Es mejor tener controladas las pruebas, sobre todo si crees que algún día pueden servirte para inculpar a alguien.

—Ningún político borraría un rastro que pueda utilizar más adelante para acusar a alguien, borrar los rastros en política sólo sirve para verte indefensa cuando otras personas sacan la información que tienen contra ti. Tienes que guardar lo que tienes contra el resto —dice Mei, impertérrita. El primer ministro frunce el ceño.

—Una idea… curiosa… Pero la señora Shimizu es funcionaria, no política.

—A todos los efectos, lo que estaba haciendo era intervenir en política, así que…

—Abre ese archivo, nerd —la interrumpe Katsuki, que ha seguido mirando la pantalla mientras Ochaco y él seguían buscando, más información—. El de los drones.

—¿Qué?

—Que abras ese archivo, joder.

No es uno sólo, sino varios con un código que identifica a un dron. Izuku lo sabe igual de bien que Katsuki, porque él también ha utilizado algunos durante la secundaria, en el club de robótica, así que no entiende bien por qué es tan importante, pero obedece. Pulsa sobre la carpeta y reproduce el primer archivo. Durante los primeros minutos no tiene muy claro qué es lo que está viendo, pero a juzgar por las palabrotas de Katsuki, la expresión horrorizada de Shouto, el rostro serio de Togata y el murmullo de la sala, se está perdiendo algo.

—Es la Alianza de Villanos —susurra Shinsou con un hilo de voz.

Al final, acaba reproduciendo todos los archivos de vídeos. Unos son más nítidos que otros, según la zona. Todos tienen marca de hora y localización geográfica. También son archivos, como informa Mei, extraídos de sus soportes originales. Copias de seguridad. En las imágenes, puede verse a la Alianza de Villanos moviéndose terreno a través, utilizando el Don de Kurogiri para desvanecerse, ocultarse en un edificio y salir de él un par de semanas después. Una columna de gente abandonando el pueblo.

—Yo creo que está claro que Makomo Shimizu sabía perfectamente la localización de la Alianza de Villanos, su vulnerabilidad y que, aún así, prefirió seguir un delirante plan de reclutamiento de civiles que facilitar la información a las agencias de héroes para atacar en el momento más apropiado y zanjar la crisis sin bajas civiles ni zonas urbanas devastadas —concluye Shouto, reaccionando en primer lugar.

—Y vendió a Monoma —gruñe Katsuki—. ¿Qué clase de Comisión de Seguridad Pública de Héroes es aquella que abandona a sus efectivos y luego guarda las pruebas en su teléfono?

—Una cuya corrupción la sitúa por encima de cualquier consideración del bien y el mal. —Es Hawks quien dice esto último. Izuku levanta la cabeza, impresionado por un apoyo tan explícito, pero el héroe mira al primer ministro con una expresión más cercana a la tristeza que a la ira.

—No es el único héroe que ha muerto a manos de la Alianza de Villanos. La vampira había bebido sangre de Manual.

—¿El Don con el que derrumbó un muro convirtiéndolo en agua era de un héroe llamado Manual? —pregunta Izuku, rescatando de sus recuerdos aquel momento. Manual es uno de los pocos héroes que no conoce más allá del nombre, porque nunca ha actuado cerca de Musutafu, pero ahora le suena haber visto el nombre entre los archivos almacenados.

«Esto no tenía que haber ocurrido. Se ha salido de control. Queremos que la gente crea que es bueno que los civiles entrenen y usen sus Dones, no que están expuestos a un peligro mortal», reza el mensaje que lee Togata al respecto, fechado al día siguiente de ataque al complejo de Musutafu. «No debería haberse producido una filtración así, tiene que estar relacionado con la desaparición de Manual y toda su documentación en la agencia de Hosu».

Las pruebas empiezan a ser aplastantes. La sala entera duda entre contener el aliento y comentar lo que están viendo. Los reporteros que están transmitiendo en directo por la televisión hablan con voz excitada a las cámaras, haciendo aspavientos hacia la pantalla. Según los cálculos de Izuku, ahora mismo todo el país debería estar viendo los datos que han expuesto. Quizá por eso nadie está derribando las puertas para tomar la sala por la fuerza y arrestarlos. No hay remedio y la información es demasiado impactante como tomar la iniciativa.

Más correos, intercambiados con Yotsubashi, prometiendo adjudicaciones de material, aumentando las partidas presupuestarias para los complejos, desviando más y más fondos hacia Detnerat. Es Izuku quien, casi en trance, va correlacionándolos, señalando los puntos en común con lo que ha planteado al inicio. El primer ministro ya no se oculta tras Hawks y alterna la mirada entre la pantalla, Hawks, Katsuki, Shinsou y el propio Izuku. Su rostro parece genuinamente indignado y desconcertado, lo cual alivia a Izuku. Además, ninguna de las pruebas que están mostrando incrimina a nadie más.

—Un buen complot es aquel que implica al menor número de personas posibles —escucha que murmura Kaminari, con la voz vibrante por la electricidad que canaliza a través de su cuerpo. Su rostro, a pesar de que no están viendo más que las pruebas de algo que han supuesto, refleja desolación, decepción y tristeza.

Al final, Izuku se vuelve hacia la multitud que abarrota la sala, sintiendo en su pecho la misma desazón que su amigo. Y se pregunta cuánta gente de ahí habría estado dispuesto a lo mismo. Los focos de las cámaras le apuntan directamente a los ojos, así que ahora mismo las miles de personas que están sentadas, esperando a que acaben de robarles el tiempo para, quizá, reducirlos por la fuerza, son un ente abstracto de formas y sombras sin rostro. No sabe qué es lo que le lleva a hablar, pero lo hace.

—Necesitamos un cambio. Claro que lo necesitamos. Lo necesitábamos hace diez años ya, pero la desaparición del símbolo de la paz fue tan abrupta y dolorosa que no permitió hacer una transición adecuada. Los actos de la presidenta de la Comisión no representan a los héroes que la conforman. Los actos de Yotsubashi no marcan la única actuación posible de las empresas al servicio de los objetos de soporte. Los actos de unos villanos no justifican el odio a las personas sin Don o con Dones que consideramos feos o peligrosos. —Izuku respira profundamente, sin saber bien qué decir. Al principio, cuando se ha dirigido a todo el mundo, había preparado lo que quería expresar, pero le ha sonado torpe y no ha sentido que conectase con el público. Ahora, entre las luces que lo deslumbran, distingue al señor Miyashita sentado en las filas delanteras, el ojeador de Detnerat que, en un momento que se le antoja muy lejano, asistió a sus primeros y fallidos intentos de crear un guante de fuerza que sustituyese su Don. Es parte de Detnerat, pero en su rostro no hay ira ni frustración. Sólo una profunda decepción. E Izuku comprende que, a pesar de todo, él también es uno de esos Dones que sólo afectan físicamente, que no tienen utilidad en una sociedad donde lo único que importa es tu Don—. Hasta ahora, como sociedad, simplemente tapábamos lo que estaba estropeado para que no se viese. Escondernos debajo de la alfombra a aquellos que no cumplíamos con un estándar que ni siquiera dependía de nosotros es lo que hizo que los valores de la Alianza de Villanos tuviesen la oportunidad de triunfar. Los que han estado a punto de provocar que Detnerat privatizase el acceso a cada Don, crear Dones para quienes no los tuviésemos. Lo que quiere Detnerat es lo mismo que lo que quería All for One: dar un arma a cada individuo, prometerle que será el dueño de su propia libertad y luego dejar que todo el mundo tema a la libertad ajena, protegiendo la suya a su vez con otro arma. —Ya ha dicho estas palabras antes, pero ahora no puede mirar a Katsuki, no necesita saber que, en esta ocasión, el héroe está a su lado, porque nota su presencia tras él, respaldándolo, reafirmando sus palabras.

»La sociedad es más libre si todos somos más libres, no si cada uno ejerce su derecho en función de su poder adquisitivo. Si no nos defendemos en conjunto, ¿qué pasará mañana? ¿Qué pasará con aquellos que no estamos favorecidos cuando todos los que tienen Dones poderosos o dinero para pagar todos los objetos de soporte necesarios impongan su voluntad? ¿Qué será de los que tienen Dones feos o amenazadores? ¿O de quienes no tienen Don o no son poderosos por sí mismos?

—Una sociedad donde cada uno sólo mire por sí mismo no funcionará para los oprimidos. Jamás. La desigualdad no puede combatirse con más desigualdad. Todo el mundo necesita que le tiendan la mano alguna vez. —Es Shinsou quien habla, a su lado. En su rostro, habitualmente inexpresivo, hay una expresión extraña, y sus ojos brillan. Izuku lo mira, sorprendido por su intervención, y Shinsou sonríe y asiente.

—Debemos cambiar las cosas. Podemos cambiar las cosas. Pero hay que decidir qué rumbo deseamos tomar como sociedad. Y yo quiero uno donde todos, incluso alguien sin Don, podamos ser libres de escoger nuestro futuro en igualdad. Incluso, si lo desean y pueden hacerlo, aspirar a ser héroes.

—¿Quieres cambiar las cosas y que siga habiendo héroes? —La voz viene del público, de la parte de atrás de las cámaras. La gente sentada en las primeras filas se vuelve, tratando de ver quién es. Izuku suspira, porque sabe que la actuación de Shimizu y Yotsubashi han complicado mucho algo que debería haber ocurrido de forma paulatina e irremediable—. ¿Después de lo que hemos visto aquí? ¡El propio hijo de Endeavour era un villano! ¿Quieres que los héroes sigan protegiéndonos? ¿Qué confiemos en alguien como él?

Izuku deja caer los hombros, desolado. Ha hablado llevado por el ímpetu, pero no tiene todas las respuestas que sabe que la gente necesita. Ni siquiera está seguro de que haya respuestas correctas. Y, una vez más, las dudas generarán ira e inseguridad en la población.

Una mano se posa en su hombro. Izuku alza la cabeza. A su lado está Shouto, mirando al infinito.

—Endeavour ha muerto. —El murmullo del pabellón crece varios decibelios, pero Shouto niega con la cabeza—. Enji Todoroki sigue vivo, pero lo que Endeavour representaba ya no existe más. Una sociedad que debió morir con el símbolo de la paz, pero que ha persistido en sus últimos coletazos hasta hoy. Yo soy parte de esa transición. Soy tan hijo de Endeavour como hermano de Dabi. Hijo de Enji Todoroki y hermano de Touya Todoroki. Yo pude encontrar mi propio camino gracias a la gente que lo recorrió a mi lado. Podemos encontrar uno nuevo como sociedad si escuchamos a todo el mundo, también a quienes han estado abajo y no les hemos dejado demostrar que eran tan válidos como cualquiera de los que hoy portamos un traje de héroe. —Al decir esto, mira a Izuku y asiente una vez con la cabeza, sereno y solemne.

—Es posible —dice, un poco abrumado, sin saber cómo concluir algo que él mismo ha empezado—. Empezar con una Comisión de Seguridad Pública que realmente sea pública, sometida al control parlamentario del gobierno. Facilitar la educación y el entrenamiento a todos por igual. Trabajar en las cualidades que cada uno tenga, que no tienen por qué depender de su Don. Ver a las personas y tratarlas como tal, más allá del superpoder que tengan.

Un aplauso tímido recorre algunas zonas de la sala del pabellón. No todas, pero sí suficientes como para llenar el ambiente con el sonido de la resonancia que provocan. A su lado, Shouto mueve la mano izquierda y el aire se siente cálido un segundo, antes de que el hielo que une sus pies con todas las personas inmovilizadas y las puertas empiece a derretirse, liberando en primer lugar a la gente.

—Espera —dice Katsuki, haciendo que todos se vuelvan hacia él—. No es suficiente.

—¿Qué? —pregunta Shouto, estupefacto.

—No lo es. Por lo que sabemos, podrían alegar que esta es la manera en la que juzgaron conveniente atajar la fuga de unos prisioneros peligrosos de una prisión de alta seguridad. Necesitamos pruebas de que fueron ellos quienes hicieron que Gunkanjima dejase de ser inexpugnable. Y, si no lo fueron, saber quién lo hizo o por qué ocurrió. Y que pague justamente por ello como responsable de las muertes de todos los que han fallecido —dice Katsuki, e Izuku ve en sus ojos el mismo dolor que vio el día que descubrió su secreto, al lado de la chaqueta de su antiguo mentor. Una chaqueta que ha visto en su cuarto, que sabe que Katsuki carga con él para no perderla, conservándola con tanto cuidado como ha hecho con su estuche de herramientas.

El silencio vuelve a inundar la sala. A pesar de que Shouto ya ha descongelado a todo el mundo, nadie hace ademán de querer salir de la sala o atacar el escenario. Muchas personas, sentadas en la parte más alejada del escenario, se han acercado y ahora están de pie detrás de las cámaras de televisión, estirando el cuello para ver mejor. Izuku y Ochaco exploran el teléfono, en busca de pruebas concretas. Varios correos electrónicos se abren en el proyector, pero no hay correos explícitos al respecto. Sí algunos que hablan de un plan a poner en marcha o de momentos oportunos cercanos, pero nada incriminatorio, como ha señalado Katsuki.

—Quizá fue un fallo de verdad —murmura Kaminari, que mueve los ojos al leer en la pantalla gigante, como todos aquellos que alcanzan a hacerlo, buscando con el mismo ahínco con el que lo hace Izuku—. Quizá estaban esperando una oportunidad y se les presentó ahí.

—Eso es lo que quiero saber —dice Katsuki—. El diseño de la cárcel era de Detnerat. Si es un fallo de diseño, hay seguros de responsabilidad civil que resolver. Pero no me creo que sea casual, que ocurriese en el momento en el que justo las dos personas de dos instituciones diferentes con acceso al diseño de la cárcel necesitaban algo así. Detnerat ha sido, sin duda, la empresa más beneficiada de todo este asunto. Si es, como supuse cuando me hicieron caer en la cuenta de que todos los materiales, uniformes e instalaciones en las que entrenábamos a civiles que no deberían verse envueltos en un conflicto así por falta de héroe, algo intencionado, tienen que rendir cuentas a la justicia.

—¡Ese! —señala Ochaco, parándose en un correo electrónico. Shouto lo lee en voz alta, pero Izuku va más rápido por su cuenta y no tarda en descubrir que, si los temores de Katsuki acerca de una posible absolución penal por las consecuencias de sus actos están fundados, no les sirve. En él, Yotsubashi admite que el mantenimiento de Gunkanjima, así como todas las instalaciones de Nagasaki, pertenecía a Detnerat, algo que ya imaginaban y que debería ser fácil de comprobar en una instrucción judicial. La única novedad que expone el correo es que la empresa que había encontrado un fallo crónico que iba disminuyendo paulatinamente la potencia de la barrera y que había un riesgo de una brecha en la seguridad.

—Sigue sin ser suficiente —murmura Togata para sí mismo—. Esto, como mucho, es dejadez, no conspiración.

—Shinsou-kun… —Shinsou parpadea, volviendo de la abstracción en la que se ha sumido mientras leía el correo, sorprendido por cómo Izuku se ha dirigido a él—. Es el momento de poner en marcha el plan de emergencia.

Shinsou duda unos segundos, pero luego asiente y ajusta el distorsionador de voz mientras Ochaco teclea en el teléfono. Un tono de llamada resuena en los altavoces de la sala y, cuando alguien responde al otro extremo, la voz que sale de su boca es exactamente idéntica a la de la presidenta Shimizu. Izuku se inclina hacia él, como si eso hiciera que pudiera escuchar mejor. Esa es una de las razones por las que necesitaban fuera de la sala a Yotsubashi. La otra es que no estaban seguros de poder controlar a dos personas sin cometer fallos antes de transmitir lo que querían decir y exponer las pruebas.

—El primer ministro me ha preguntado varias veces si la nueva prisión es segura. —Shinsou ataca directo, fingiendo indignación. No saben qué costumbres tienen al hablar por teléfono, cualquier tipo de charla insustancial puede delatarlos, así que han decidido que la mejor forma era no darle tiempo a pensar y Shinsou lo hace, utilizando información que han leído mientras buscaban pruebas sobre Gunkanjima, con una agilidad que hace que Izuku lo admire más—. Ahora que hemos logrado todo esto, no podemos permitir que esos villanos salgan libres otra vez cuando los traslademos desde el Tártaro: sería un error que nos costaría todos los avances conseguidos hasta ahora.

—¡Claro que es segura! Tanto como la otra, pero…

—No podemos permitirnos peros. —Shinsou traga saliva, nervioso. Imitar la voz de la presidenta con el distorsionador es sencillo, pero no lo es improvisar una conversación tratando de arrancar un dato, algo, cualquier cosa, que implique al dueño de Detnerat—. Este movimiento ha sido demasiado arriesgado y ha salido muy bien. Una nueva fuga daría al traste con todo y peligraría mi posición.

—También mi empresa, ¿recuerdas? Los dos nos jugamos muchísimo en esto, no sólo tú. No te preocupes, Gunkanjima cayó porque lo permitimos, pero eso no volverá a ocurrir porque… —La voz de Yotsubashi se interrumpe y se oye algo de ruido de fondo—. Escucha, ahora no puedo hablar. Está ocurriendo algo extraño, no entiendo qué… —Se oye algo más de ruido.

—Al menos tú has sacado ya tu parte en contratos millonarios —dice Shinsou con la voz de la presidenta, tratando de aprovechar la situación.

—Podemos hablar de eso más tarde.

—Pero lo has sacado —insiste Shinsou, nervioso.

—¿Qué? ¿A qué viene todo esto ahora? Claro que sí, pero no es ni una décima parte de los beneficios que vamos a tener a partir de ahora. Las otras empresas están a años luz de Detnerat. Sólo con lo que tarden en ponerse al día en research and development, tenemos más de una década de ventaja. Y tú sigues en el cargo, así que si consigues permanecer callada la ventaja es… —Vuelven a oírse ruidos y el empresario baja la voz—. Escucha, he tenido que salir del acto por una urgencia, no puedo seguir hablando ahora. No te preocupes, voy con la escolta. Y quédate tranquila, si no lo permitimos, no hay posibilidades de que rompan la… nueva situación.

Ochaco corta la llamada telefónica.

—Lo tenemos —dice Shouto.

—Es suficiente —asiente Katsuki. Shinsou suelta el aire que retenía en los pulmones, dejando caer sobre el cuello, ocultándolo con la bufanda de microfibras, el distorsionador de voz.

—¿Estás bien, Shinsou? —pregunta Kaminari, preocupado, acercándose y entrelazando sus dedos con los de él.

—Está cabreada —responde Shinsou, señalando con el mentón a Shimizu—. Aunque la veas calmada, por dentro está que echa chispas. No es rabia. Es… ira pura y dura, la cólera del culpable que se ha visto descubierto.

—¿Y ahora qué? —pregunta Ingenium, que tiene el ceño fruncido y no parece nada contento con la situación.

—Ahora nada —dice Katsuki desabridamente.

—¿No había otra manera de hacer las cosas?

—No sin arriesgarnos a hablar con alguien que pudiera silenciarnos, como ocurrió con Monoma —responde Shouto, negando con la cabeza. Al bajar la cabeza, ve los motores empapados en agua del hielo con el que los ha inutilizado—. Siento lo de tus motores

—No somos terroristas, Iida, ni pretendemos tomarnos la justicia por nuestra mano. Esto ha costado demasiadas vidas para satisfacer el capricho de poder y riqueza de unos pocos. Era necesario exponerlos sin atisbo de dudas.

—Evidentemente que vamos a arrestar a ambos, pero… —El tono de Iida no deja ninguna duda a Izuku, cuyo corazón empieza a latir más rápido. La expresión de Ochaco, a su lado, también ha mudado a una de recelosa resignación. Y la de Kaminari refleja miedo.

—Tienes que arrestarnos a nosotros también —interviene Shouto, tranquilamente, haciendo una reverencia rígida y protocolaria—. Dynamight y yo asumimos personalmente las responsabilidades que esta actuación conlleve. Por favor, rogamos humildemente que se permita a los civiles continuar con sus quehaceres y rutinas, tal y como estaba previsto —añade, dirigiéndose al primer ministro y haciendo otra reverencia.

Izuku abre los ojos de par en par, no sabía esa parte del plan. Kaminari y Shinsou tampoco, a juzgar por sus expresiones. Es cierto que ha oído a Shouto decir algo parecido al principio, per ha creído que era parte de la estrategia para tranquilizar a la gente y ganar tiempo. Sin embargo, Katsuki aprieta la mandíbula, sin decir nada ni contradecir a su compañero.

A un asentimiento del primer ministro, uno de los militares vocea unas pocas instrucciones y toda la gente de la sala comienza a moverse. Ingenium supervisa cómo inmovilizan a la presidenta de la Comisión, que todavía está bajo el control de Shinsou. Un par de personas uniformadas como policías se acercan a Katsuki y Shouto y empiezan a tomarles declaración, Hawks se interpone entre el primer ministro y los primeros reporteros que han comenzado a interrogarlo en busca del posicionamiento gubernamental sobre lo que acaba de ocurrir. Nadie parece reparar en él ni en ninguno de sus compañeros, que se acercan a él con aspecto desorientado también.

—¿Ha funcionado? —pregunta Ochaco, un poco nerviosa. Shinsou se encoge de hombros. Izuku no sabe qué decir. En sus peores cálculos, acababan todos arrestados. En los mejores… no ha llegado a pensar detenidamente cuál habría sido el resultado más óptimo. Ingenium se acerca a ellos con expresión seria y profesional.

—La tienes bajo control, ¿verdad? —pregunta, señalando a Shimizu. Shinsou asiente—. ¿Cómo funciona?

—Puedo ordenarle que haga cosas, mientras nadie la golpee o se choque con ella.

—Ingenium. —Uno de los militares, flanqueado por varios policías, se acerca al héroe, que los mira con una expresión de desconcertada sorpresa—. Ya están bajo nuestra jurisdicción. Los interrogaremos nosotros. De forma oficial —añade, tajante, cuando Ingenium abre la boca para protestar.

—Dynamight y yo asumimos toda la responsabilidad —repite Shouto en voz alta. Izuku mira a su alrededor: hay varios policías y militares más rodeando a sus amigos. Algunos, como Mei y Kaminari, están levantando las manos, asustados.

—¡Iida! —ruge Katsuki, mirando al héroe, que está discutiendo en voz baja con el militar que lo ha interrumpido, negando con la cabeza para oponerse a lo que sea que el otro hombre está diciendo. Izuku mira hacia el lugar donde el primer ministro, rodeado por más militares en actitud protectora, niega con la cabeza a lo que un hombre de aspecto avejentado y Hawks le están diciendo.

—Los objetos de apoyo —exige uno de los policías a Shinsou, amenazándolo con una brida.

Este no llega a responder. Un golpe fuera de la sala, estruendoso, y un temblor que hace que del techo caiga una fina lluvia de hielo, polvo y escombros, hace que todo el mundo enmudezca y mire hacia la entrada más cercana, donde un grupo de soldados y policías están apostándose de espaldas al escenario, en posición defensiva.

Dos golpes más y la puerta sale volando en pedazos con gruesos trozos de pared adheridos al marco, arrastrando con ella a varios de los militares. Un monstruo de aspecto humanoide, gigantesco y horripilantemente retorcido, entra en la sala, devastando todo lo que encuentra al abrirse paso hacia la presidenta de la Comisión.


Nota: Las coordenadas geográficas aquí presentes corresponden a la población de Hirakawa, una ciudad del norte de Japón. Por si alguien tiene curiosidad. Originalmente, la idea es que el refugio donde transcurre la pelea de la Alianza de Villanos contra Phantom Thief estuviese en la frontera del un parque natural de Hirakawa, de ahí poner unas coordenadas reales aproximadas en lugar de inventarme los números.