Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

El resto de las notas relativas al capítulo os las dejo al final, pero un par de apuntes previos, por si acaso:

- Izakaya: típico bar japonés, donde se sirven bebidas alcohólicas, y también refrescos y comida para picotear.

- Bentô: Ración de comida preparada para llevar típica de Japón que suelen incluir arroz, pescado o carne y acompañamiento de verdura.

- Tonkatsu: Filete de cerdo empanado. (Vamos, que en la escena donde se menciona, Izuku lleva una caja de bentô cuya carne es filete de cerdo empanado).

¿Sabéis que esta semana ha sido tan buena que he conseguido corregir hasta el capítulo 48 y ya he iniciado la corrección del 49? Creo que los días de vacaciones que tomé hace diez días me hacían mucha falta, jajaja. Eso quiere decir que os llevo un par de capítulos de ventaja por primera vez desde enero y que he podido repasar un poco este antes de publicarlo. Y, también, que he podido reestructurar los extra, pero eso os lo cuento otro día.

Recordatorio relevante: La semana que viene el capítulo saldrá el jueves día 20 de abril en lugar del viernes, para celebrar el cumpleaños de Katsuki. El capítulo 60 saldrá el 15 de julio, para celebrar el de Izuku :P.

¡Muchísimas gracias por leer y comentar y muchos abrazos!


ESCUCHA A TU CORAZÓN (PARTE II)

Agobiado por el inusual calor del final del verano, Katsuki se desplaza discretamente hasta cobijarse bajo la sombra de un árbol, agradeciendo el alivio y frescor que la vegetación le proporciona. Lleva consigo la vieja cazadora vaquera de Best Jeanist, pero estaba sudando demasiado para dejársela puesta, así que la ha doblado pulcramente sobre sus manos y ahora está distraído acariciando la tela áspera, ensimismado en sus pensamientos mientras observa a Shouto y trata de averiguar por su expresión cómo se encuentra.

Ha preferido quedarse en un prudente segundo plano, unos pasos por detrás de la familia Todoroki. Le parece la opción más respetuosa, dada la situación. Se siente fuera de lugar y que está invadiendo la intimidad de los Todoroki, pero ha sido Shouto en persona quien le ha pedido que lo acompañase. No hay nadie más allí que no sea de la familia excepto él, salvo que no incluya a la pareja de Fuyumi como tal. Contempla el ritual funerario en silencio, respirando profundamente cuando los minutos deslizándose lentamente parecen dilatar el tiempo, ralentizándolo.

Katsuki ha asistido a pocos funerales a lo largo de su vida y la mayoría han sido en las últimas semanas, cuando ha acudido a acompañar a los familiares y amigos de Monoma, Fat Gum y Best Jeanist, lo cual le ha dado suficiente experiencia sobre las diferentes formas de honrar las tradiciones según los deseos de la familia o el fallecido y la capacidad de concluir que la de los Todoroki está siendo una ceremonia extraña. No ha querido preguntarle a Shouto, porque intuye que el hecho de que estén celebrando el funeral de Touya por segunda vez y, al mismo tiempo, el de Dabi, ha influido en la decisión de cómo organizarlo.

Al contrario que ahora, que está sólo él además de la familia Todoroki, Katsuki ha acudido a las otras ceremonias flanqueado por Eijiro y Shouto, además de Mina, Togata, Amajiki, Yaoyorozu e Iida, que han querido acompañar a los pupilos de los héroes caídos y honrar a su antiguo excompañero en el velatorio y el entierro.

Aquí sólo están los Todoroki. Fuyumi, apoyada con gesto serio y solemne en su pareja. Natsuo, que escolta a su madre, sosteniéndola con gentileza para impedir que deje caer la urna de las cenizas. Endeavour que, aunque es tan alto como el propio Katsuki, parece más pequeño que nunca. La cara, el cuello y las manos, únicas partes del cuerpo que asoman de la camisa blanca que acompaña al traje oscuro, muestran las cicatrices de las quemaduras, recientes y todavía enrojecidas, a pesar de las semanas transcurridas desde que se enfrentó a su propio hijo y estuvo a punto de ser derrotado por el fuego azul, más poderoso que el suyo.

No ha habido velatorio para el mayor de los hermanos Todoroki. Ni funeral. No han quemado dinero falso, como sí hicieron en el funeral de Best Jeanist, más tradicional, ni tampoco ha habido un sacerdote cantando sutras, como en el de Monoma. No han ofrecido incienso ni se le ha impuesto un nuevo nombre. Ni siquiera ha habido un cuerpo que incinerar.

Touya Todoroki falleció cremado en sus propias llamas, tan potentes que alcanzaron una temperatura altísima que consumió los restos de su cuerpo hasta hacerlos irrecuperables. El hielo que Shouto había utilizado para sepultar las llamas azules e impedir que todos muriesen incinerados se deshizo, mezclándose con la lluvia, el hormigón derretido por el fuego y el polvo, combinándose hasta apelmazar las cenizas del cadáver, según le ha contado el propio Shouto. Por tanto, Katsuki no sabe qué hay exactamente en la pequeña urna ceremonial que Rei Todoroki porta en sus temblorosas manos.

Incómodo, Katsuki comprende cuál es el dilema de los Todoroki. Él todavía no puede pensar en Dabi sin hacerlo con rabia y rencor, recordando que pudo haber asesinado a Shouto, a Izuku y a un montón de personas más. Que fueron sus llamas azules las que consumieron la agencia Dynamight que ahora está siendo reconstruida con esfuerzo gracias a las partidas de ayuda económica del gobierno para las partes de Musutafu declaradas zona catastrófica. Para los Todoroki, en cambio, el tenebroso y cruel recuerdo de Dabi se solapa con el de un niño amado, los remordimientos por no haberlo salvado y el sufrimiento de haberlo perdido dos veces sin poder, o saber, evitarlo. Es difícil para él imaginar cómo es encontrar un hijo que perdiste años atrás para perderlo una vez más, pero posee suficiente empatía como para lamentar sinceramente el dolor de su amigo y la familia de este.

El tiempo transcurre aún más lento.

Sí hay una ofrenda de incienso, finalmente. Rei es la primera que se arrodilla delante del monolito que marca la tumba una vez queda colocado en su sitio, las cenizas ya enterradas, y enciende tres varillas. Si llora, Katsuki no la oye desde su posición, pero su corazón se encoge igualmente, solidarizándose con su dolor como madre. Es Fuyumi quien coloca unos narcisos antes de quemar sus varillas de incienso, acompañada por Natsuo, que sí llora, aunque se seca las lágrimas con rabia. La pareja de Fuyumi no participa, pero la abraza cuando concluye su ofrenda. Se marchan, acompañados por Rei y Natsuo, después de despedirse cariñosamente de Shouto. Rei le acaricia la mejilla una última vez antes de irse y dice algo. En el rostro de ella se percibe el dolor y la nostalgia. El arrepentimiento. El de él, impasible durante toda la ceremonia, ensimismado y con la mirada fija en el monolito, se ilumina durante un instante al recibir la caricia.

Después de que se marchen, Shouto se queda de pie frente a la tumba, envarado en una postura formal, incómodo y raro dentro de su traje negro, que lo hace parecer más pálido y provoca que el rojo y blanco de su cabello destaquen muchísimo más de lo habitual. Delante de él, Endeavour quema sus tres varillas de incienso. Luego hace una reverencia profunda, apoyando la frente en el suelo y se queda así durante un par de largos minutos. Katsuki no necesita preguntarse por qué. Partiendo de la información que Shouto le ha dado acerca de Touya, Endeavour tiene mucho por lo que arrepentirse y pedir perdón a su familia, pocas oportunidades de redimirse y ninguna de revertir lo que los ha llevado al cementerio del templo. Cuando por fin se levanta, intercambia unas pocas palabras con Shouto, que no responde y se limita a mirar fija y seriamente a su padre hasta que este se marcha.

Shouto se queda solo frente al monolito de piedra que marca la tumba, de pie, con los brazos lánguidos a lo largo del torso y la mirada desenfocada perdida en el vacío. Es mucho menos expresivo que cualquiera de sus familiares, pero por su rostro impávido y la pose hierática, Katsuki intuye, porque lo conoce más de lo que admite, que tras esa aparente serenidad su amigo no se encuentra bien. Probablemente, y de eso Katsuki sí sabe más, esté bloqueado emocionalmente.

Inspirando profundamente, Katsuki se acerca en silencio hasta ponerse a su lado. Le molesta hacer esto, pero se convence a sí mismo de que lo está haciendo por Shouto, no por Dabi, cuya muerte no puede lamentar de forma sincera. Y, si acaso, por el niño que fue Touya, que no mereció lo que le ocurría ni las circunstancias en las que tuvo que crecer. Aprieta los labios, frunce el ceño y entorna los ojos al llegar al lado de Shouto sin que este se percate de su presencia, perdido en sus propios pensamientos.

Está a punto de dejarlo lidiar con ello como crea más conveniente, pero Shouto es su amigo y Katsuki no piensa dejarlo pasar a solas por este trance. No si puede estar a su lado, acompañarlo y ayudarlo a expresar su dolor y gestionarlo. Bufa, impaciente, y pone la mano en el codo de Shouto para acercarlo a la tumba, tratando de no ser demasiado brusco. Este tipo de consuelos se le dan mejor a Eijiro y a Mina, pero no es a ellos a quienes Shouto les ha pedido que vayan, a pesar de que podría haberlo hecho y habrían accedido.

Se lo ha pedido a Katsuki porque es él quien mejor puede entender lo que ocurrió en Osaka. Quien, de todos los amigos de Shouto, el único que sabe quién fue Touya y su pasado. Es quien conoce la faceta menos heroica de un Endeavour que debió pensar más en su familia y menos en sus objetivos y aspiraciones. Y también es quien ha perdido a alguien cercano en las últimas semanas, quien ha peleado contra la Liga de Villanos y quien ha cumplido con su deber, incluso cuando podría haber resultado contraproducente para la posición de cualquiera de ellos, así que Katsuki piensa implicarse y ofrecer a Shouto el mejor consuelo que pueda, aunque no sea Eijiro ni Mina.

El leve empujón ha funcionado y, aunque Shouto se deja llevar cuando Katsuki lo acerca al monumento de piedra con el paso torpe de alguien que no está controlando sus pasos, parpadea y lo mira, regresando a la realidad. Tomando la iniciativa, Katsuki se sienta sobre los talones y tira de su amigo hacia abajo. Shouto lo imita, sosteniendo las tres varillas de incienso que Katsuki le tiende en un gesto brusco.

—Por Touya Todoroki —dice Katsuki, en tono seco, sujetando otras tres.

Ambos ofrecen sus varillas juntos, en silencio. En la piedra están grabados los nombres de Enji y Rei Todoroki, con los surcos tallados coloreados con tinta roja, justo debajo de los de su hijo mayor. Katsuki prefiere no preguntar por qué han decidido hacerlo así, aunque probablemente Shouto se lo contaría si lo hiciese.

—¿Debería disculparme como mi padre? —pregunta Shouto en voz baja, cuando las varillas se han consumido a la mitad, sin apartar la vista de los nombres grabados en la piedra. Katsuki inspira profundamente, frustrado, porque querría tener la respuesta adecuada en lugar de gritarle a Shouto que no debería sentirse culpable por salvarlos a todos, incluso aunque el precio a pagar haya sido matar a Dabi y romper la familia de forma definitiva.

—¿Crees que deberías hacerlo? —responde, al final, cuando Shouto ya piensa que no va a decir nada.

—No lo sé. —Shouto hace una pausa—. Endeavour lo ha hecho.

—Eso no quiere decir que tú debas. Tú tienes que hacer lo que sientas, joder —dice Katsuki, exasperado. Una disculpa de Endeavour a una persona fallecida no le exime de responsabilidad sobre lo que sus actos provocaron. Tampoco es, aunque le pese, plenamente responsable de las decisiones que Dabi tomó durante su vida adulta. Sin embargo, Shouto siempre ha tratado de ser la mejor versión de sí mismo, más allá de las expectativas de su padre.

«Más que disculparse», piensa Katsuki con ferocidad, «debería estar orgulloso de haber tenido el valor y la fuerza de hacer lo necesario».

—Yo lo maté —musita Shouto.

Los pensamientos de Katsuki se desvanecen al instante, porque en el rostro de su amigo no sólo hay arrepentimiento. También tristeza y melancolía. Y comprende que él se sentiría exactamente igual de haber estado en su lugar. De haber tenido que matar conscientemente a alguien de su familia para poder salvar a todo el mundo, sin otra elección que tomar. Y se alegra, a pesar de las circunstancias, de que sea así. De que Shouto se arrepienta. De que necesite pasar un duelo por lo que ha hecho. De que todavía sea capaz de sentir lástima por su hermano y tristeza por su pérdida.

De que los dos, incluso con lo que han tenido que hacer en la que ha acabado siendo la misión más difícil que han enfrentado hasta ahora, sigan siendo humanos.

—Creo que sí quiero hacerlo. —Katsuki asiente secamente. Por primera vez desde que le pidió que lo acompañase al funeral, un par de semanas atrás, cuando Endeavour y Rei todavía no habían decidido cómo iban a organizarlo ni los detalles, Shouto parece aliviado.

Independientemente de sus palabras, Shouto no se mueve. Sus ojos ya no están perdidos en el infinito y parpadea lentamente una vez. Katsuki está a punto de levantarse para dejarlo a solas, pero entonces Shouto se inclina hacia adelante, manteniendo la reverencia durante unos pocos segundos. Cuando se incorpora, tiene los ojos empañados, pero respira profundamente y su rostro es sereno.

—Creo que me siento un poco mejor —dice, con voz átona, dirigiéndole una mirada de agradecimiento a Katsuki.

—Genial.

Katsuki, aunque comprende la tesitura de Shouto, no puede compartirla y ya se siente lo suficientemente incómodo por estar honrando a alguien que ha estado a punto de matarlos a ambos en varias ocasiones. Con un movimiento ágil, se pone en pie. Shouto también lo hace, más lentamente. Vuelve a lucir aturdido, aunque todavía tiene la mirada enfocada.

—Larguémonos de aquí. Vamos, te invito a una cerveza. —No era una pregunta, pero Shouto asiente distraídamente.

Katsuki sale a grandes zancadas del cementerio sin mirar atrás ni detenerse hasta llegar a la entrada. Shouto tarda un par de minutos más en salir. En silencio, los dos caminan hasta llegar a un pequeño izakaya que ambos frecuentan de vez en cuando. Es Katsuki quien ordena las bebidas. Shouto parece inmerso en sus propios pensamientos, retrotrayendo a Katsuki a una época en la que ambos tenían una fuerte rivalidad y Shouto era un enigma silencioso y arisco que Katsuki desentrañaba en conversaciones escuchadas sin pretenderlo. La primera cerveza, que le deja un regusto amargo en la lengua, la beben sin intercambiar ninguna palabra entre ellos.

—Gracias… —murmura Shouto cuando un camarero deja frente a él un segundo vaso de cerveza rebosante de espuma, apurando de un trago la mitad. Katsuki se encoge de hombros y bebe con más cautela—. Por acompañarme. Y por sacarme de allí.

—No digas idioteces —masculla Katsuki, frunciendo el ceño y fingiendo observar el círculo de humedad que el vaso ha dejado en la superficie de la mesa.

—No es una idiotez. No sé si habría sabido enfrentarlo yo solo. —Shouto, dándole otro largo trago a su cerveza e indicando al camarero que sirva otra ronda. Katsuki resopla y entrecierra los ojos, tratando de recordar cuál es el límite de alcohol que puede soportar Shouto—. Se retira. El viejo —aclara Shouto cuando Katsuki lo mira con exasperación por su parquedad.

—¿Por las quemaduras?

—No. No las físicas, al menos. Creo… Ha cambiado algo en él. No sé bien el qué ni si quiero saberlo. Ha empezado a ir a terapia con un psicólogo que le ha buscado Fuyumi. Creo que de ahí viene la idea de hacer esto —dice Shouto, refiriéndose a la ceremonia del funeral. No bebe de la tercera cerveza que le sirven, dándole vueltas al vaso entre los dedos. El camarero deja también un par de platillos con aperitivos y Katsuki lo empuja hacia Shouto, animándole a comer algo.

—¿Y crees que le ha servido? —pregunta Katsuki, sin poder evitar su curiosidad, pero Shouto se encoge de hombros y hace un gesto de desprecio mientras juguetea con un pedazo de comida, sin decidir llevárselo a la boca y bebe un trago.

—Me da igual, la verdad. Es su problema, él se lo buscó, que viva con ello. Bastante tengo con mis propias cargas.

—¿Y tu madre? —Shouto deja el vaso pesadamente en la mesa—. Da igual. No tienes por qué contestar.

El tiempo pasa silenciosamente. Katsuki termina su segunda cerveza y duda acerca de beberse la tercera, pero Shouto ha ralentizado el ritmo y ahora está disfrutando de la suya, paladeándola y masticando parsimoniosamente entre trago y trago. Una vez más, sopesa la posibilidad de levantarse, pagar y marcharse. Quizá Shouto sólo necesite estar a solas con sus pensamientos y sentimientos, sin verbalizarlos. A él también le cuesta ponerlos en orden, ni pensar ya en decirlos en voz alta. Eso es algo que le gusta de Shouto: no necesita contarle las cosas en voz alta para coordinarse con él. Tiene un nivel de entendimiento que no tiene con ningún otro héroe, salvo Eijiro cuando todavía ejercía.

Aunque Shouto y él son rivales, lo han sido siempre, primero como estudiantes, luego como héroes en práctica dentro de la agencia de Endeavour y ahora en agencias que operan en la misma zona, también colaboran estrechamente en las misiones y Katsuki no olvida que fue uno de los que acudió en su rescate cuando All for One lo secuestró, con apenas quince años, con la intención de reclutarlo para la Liga de Villanos. Que lo hiciese porque se sintiese culpable de que lo secuestrasen en sus narices, como Shouto insistió en explicarle después, no es tan importante como el acto en sí.

Cuando ambos terminan el contenido de sus vasos, Shouto se levanta y regresa con otro par de cervezas, en lugar de llamar al camarero. Katsuki acepta la suya, pero no la bebe, porque no le gusta la sensación de tener la cabeza flotando cuando los ánimos están tan serios y ha bebido las dos primeras demasiado rápido.

—No tienen alcohol —dice Shouto al sentarse, percatándose de la reticencia de Katsuki. Este asiente, conforme, contento porque Shouto no esté intentando ahogar sus emociones en alcohol. No es el estilo de su amigo, pero hasta Katsuki admite que hay una primera vez para todo, y enterrar a un hermano después de tener que vencerlo para salvar el país es una buena candidata.

—Fue duro darle la noticia. —Shouto habla en voz baja, mirando hacia su vaso y atrayendo la atención de Katsuki—. Se lo dijo mi padre. Fue lo suficientemente valiente para eso. Aunque he de admitir que nunca ha sido un cobarde. Y ha apechugado, así que…

»Mamá… Perder a un hijo por segunda vez es terrible. Natsuo también lo pasó fatal, durante varias semanas sólo Fuyumi conseguía hablar con él. Yo… fui el que menos conocía a Touya. Me pregunto si por eso fui incapaz de reconocerlo tras la identidad de Dabi.

—Si vas a empezar a autoflagelarte por cosas que no son culpa tuya, me levanto y me voy —amenaza Katsuki. Shouto, que no lo cree ni por un segundo, esboza una tímida sonrisa que apenas dura un segundo y asiente, dándole la razón.

—Creo que mi padre al fin ha comprendido que sus actos no representan lo que es un héroe profesional. Ni vocacional —matiza Shouto. Katsuki asiente y, ahora sí, da un trago a la cerveza, al ver que Shouto se ha relajado lo suficiente como para no abstraerse en sí mismo de nuevo y quiere hablar—. No hay mucha diferencia entre lo que él hizo con Touya o conmigo y lo que han hecho Shimizu o Yotsubashi, ¿no? El fin no puede justificar los medios, sobre todo si lo que vas a conseguir es un beneficio puramente personal.

—¿No crees que Endeavour lo hizo por soberbia en lugar de por dinero?

—Sé que sí. Y por posición social. No, no es tan diferente de ellos dos. Ni del resto de la sociedad, desechando a un lado a un hijo porque su Don no funcionaba como lo deseaba, porque había otro cuyo talento innato era mejor. —Katsuki aprieta los labios, recordando a Izuku diciendo cosas similares. Shouto suspira de forma casi imperceptible—. Sinceramente, creo que lo ha comprendido y que su arrepentimiento es genuino, pero creo que mamá no soporta tenerlo en su presencia, aunque hoy no lo haya parecido.

—¿Y qué vas a hacer? —pregunta Katsuki, entrecerrando los ojos y pensando en su propia relación con su madre. Difícil, pero muy lejos de la de Shouto con su padre. Katsuki no está muy seguro de si él sería capaz de perdonar algo como lo de Endeavour.

—¿Yo? Nada. Sigue siendo su problema, tiene que resolverlo consigo mismo sin esperar nada a cambio del resto. Nadie va a elogiarlo por ser una persona adulta funcional y responsable de sus actos. Eso dice Fuyumi, y ella es la que más ha intentado siempre que la familia esté más unida —dice Shouto. Katsuki asiente, aprobando eso—. Endeavour va a comprar una casa para que mi madre pueda vivir en ella y gestionar su duelo y su vida, pero él no se mudará allí. Supongo que es lo mínimo que la debe a estas alturas. —Katsuki asiente, digiriendo la información.

Hablar tanto de los Todoroki está removiendo en su interior los recuerdos de su infancia y su adolescencia, con Mitsuki presionando constantemente para que fuese el mejor, para que estuviese a la altura de lo que pedía de él. Siempre tenía que ser el mejor, controlar su talento, superar al resto, honrar a la familia, a su Don, al esfuerzo de sus padres por proporcionarle el futuro como héroe. No ha sido ni es mala madre, pero a veces incluso Masaru, su padre, tenía que recordarle que bajase un poco el ritmo, sobre todo durante la adolescencia de Katsuki.

Sin embargo, hay algo que Katsuki no ha dudado jamás: Mitsuki lo quiere con toda su alma y daría la vida por él. Hizo lo que creía correcto en cada ocasión, disciplinándolo por creer que era la mejor educación que podía proporcionarle. Tiene la sensación de que Endeavour, a su desacertada manera, ama a Shouto y su familia también, haciéndolos daño en su ceguera por perseguir un sueño que ha acabado siendo cenizas. Por un momento, eso le hace empatizar con él. Va a decirlo en voz alta, pero en el último segundo se calla. Al fin y al cabo, si Shouto ya lo sabe no necesita oírlo de él. Y si no lo sabe, en algún momento se dará cuenta y es posible que eso le permita cicatrizar mejor viejas heridas que todavía duelen en los peores días, como hoy.

—¿Cerraréis la agencia Endeavour, entonces? ¿O te la quedarás tú? —pregunta, en cambio, buscando desviar el tema a un terreno menos espinoso.

—¿Qué harías tú? —pregunta Shouto en respuesta, mirándolo con atención con sus ojos desiguales.

—Quedármela —responde Katsuki, sin dudarlo. Endeavour es una de las agencias más antiguas del país, si no la que más, porque los Iida no han tenido agencia propia desde que su hijo pequeño aceptó trabajar para la Comisión de Seguridad Pública y el mayor se retiró. Tras el incidente de Kamino, las agencias fueron disminuyendo en número hasta el punto de que Dynamight fue una de las últimas en ser creadas. Otros héroes, como el fallecido Monoma, trabajaban en solitario o vinculándose temporalmente a otras agencias—. Tiene prestigio y es conocida. Si sabes gestionar bien los recursos que hay en ella, puedes liderar el sector durante décadas.

—Eso mismo he pensado yo. Tengo que empezar a asumir que, a pesar de mi reticencia a trabajar con mi padre, voy a acabar llevando el nombre de su agencia como bandera en lugar de fundar la mía propia. —Shouto se ríe entre dientes y Katsuki levanta el vaso de cerveza, brindando por ello—. Habrá que reconstruir la sucursal de Musutafu, renovar la plantilla, adaptarla a los nuevos tiempos que vienen, prepararla para acoger a novatos en prácticas cuando salgan de las academias, incorporarla a los nuevos programas de entrenamiento para Dones de civiles que plantean. Quizá pueda convencer al viejo de que no se retire del todo e imparta algunas clases. Si se esfuerza, puede ser un buen maestro, aunque creo que ahora mismo tú tienes más experiencia que él, sólo hay que ver los resultados de tu escuadrón.

—A mí no me mires —espeta Katsuki, que tiene los mismos problemas con su propia agencia, mucho más pequeña y modesta que la de Endeavour.

—No estaba pensando en ti —se burla Shouto—. Aunque sí en Midoriya, tengo entendido que al final no se ha unido a Dynamight. Lo cual me ha parecido extraño, pensaba que lo ayudarías a entrenar para que pueda convalidar su licencia provisional en una definitiva. —Katsuki gruñe, preguntándose cómo se ha enterado y quién será el chivato que ha abierto la boca delante de algún empleado de la agencia de Shouto—. Nos vendría muy bien gente como él. Tiene la mejor madera de héroe que visto en alguien desde que te conocí en la U.A., Katsu.

—No me llames así —masculla Katsuki, antes de añadir a regañadientes—: Es un jodido portento. —«Y ni siquiera tiene un puñetero Don, lo cual es aún más meritorio».

—Y eso sin siquiera tener Don —dice Shouto, transformando en palabras sus pensamientos. Katsuki rezonga, incómodo por el matiz de Shouto.

—Tiene todo lo demás: habilidad, inteligencia táctica, rapidez de pensamiento… y la vocación de lanzarse a salvar a la gente y hacer lo correcto. Como el puñetero All Might. Ha demostrado al mundo entero… nos ha demostrado que no hace falta un maldito Don para ser un héroe. —Katsuki mira el fondo de su vaso y se plantea que quizá ha bebido demasiado antes de recordar que la última ronda no llevaba alcohol.

—Sinceramente, no creí que lo dejaras escapar. Es la primera vez que veo que alguien te impresiona tanto —dice Shouto, vaciando también su vaso.

—Hice que uno de mis administrativos le mandase un correo electrónico para ofrecerle un trabajo en la agencia como ingeniero, pero no lo ha contestado. Sé que lo ha recibido, porque me lo ha dicho él mismo —añade para adelantarse a la pregunta de Shouto, que cierra la boca y lo mira con curiosidad.

—¿Y ya?

—¿Cómo que «y ya»? —pregunta Katsuki, impaciente.

—¿Eso es todo lo que vas a hacer? ¿Hacer que un administrativo le mande un mail para ofrecerle un trabajo como ingeniero y no como héroe en prácticas?

—No sabía que le iban a mandar una licencia provisional hasta el otro día y sólo porque Yaoyorozu lo comentó —dice Katsuki, molesto porque teme que Izuku lo haya malinterpretado igual que Shouto—. Dynamight no ha tenido nunca un departamento de soporte, por lo que no se trata de que trabaje ahí sin más, pretendía que fuese él quien lo construyese de cero y así tuviese la oportunidad de levantar un proyecto propio al mismo tiempo que disponía de un lugar donde seguir entrenando para conseguir una licencia si el primer ministro cumplía sus promesas y era posible en algún momento.

—¿Todo esto se lo has explicado a él?

—¡Ni siquiera ha contestado al correo! ¡Y cuando me escribió un mensaje para decirme que le había llegado, le advertí de que no debía descuidar su entrenamiento! —La mirada de Shouto, perspicaz y condescendiente, le exaspera tanto que Katsuki está a punto de tirar accidentalmente el vaso al abrir y cerrar el puño para aliviar el picor explosivo de sus palmas.

—Ya. Comprendo. —Shouto lo mira sin parpadear, impertérrito—. ¿Y qué piensas hacer?

—¿Qué más quieres que haga?

—No lo sé —admite Shouto—. Tampoco es que a mí se me den bien estas cosas, ¿no? Nunca sé cómo hablar con otros chicos y chicas, invitarles a citas y esas cosas. Creía que esas cosas surgían de forma natural, como en las películas. Aunque nunca me ha pasado —añade haciendo un mohín con la nariz y los labios de intriga.

—No digas gilipolleces, estábamos hablando de la agencia, no de tu vida amorosa —masculla Katsuki, bruscamente, agachando la cabeza para que Shouto no vea que se ha sonrojado.

—¿Por qué? —pregunta, no obstante, Shouto con curiosidad, sin dejar que vuelva a un tema de conversación seguro o lo desvíe. Katsuki bufa, pero Shouto suele ser muy cabezota cuando quiere comprender algo y lo ignora—. Juraría que te gustaba. La verdad es que nunca te vi así con nadie, y nos conocemos desde hace…

—Once años —refunfuña Katsuki. Shouto asiente, conforme, aunque no ha conseguido ninguna respuesta clara. Utiliza el Don de su mano derecha para congelar el círculo de humedad que ha dejado uno de los vasos en la mesa y luego desliza la yema por encima de él para pulirlo con un gesto relajado. Al final, Katsuki llena el silencio—. No lo sé. O sea, sí lo sé. Claro que me gusta. Pero no sé qué piensa él.

—No digas tonterías, Katsu, claro que le gustas.

—¡No me llames Katsu!

—Está bien —accede Shouto, riéndose de nuevo entre dientes, curioso, para aplacarlo.

—Ya sé que le gusto —admite Katsuki, enfurruñado.

—¿Entonces?

—Entonces nada. ¡Le di mi número de teléfono! ¡Y el muy idiota sólo me escribe al cabo de varios días para decirme cuál es el suyo y que ha recibido el correo de la agencia! ¿Qué se supone que se contesta a eso? —Katsuki ha ido elevando el tono de voz, atrayendo la atención de las otras personas que están en el local, pero no le importa lo que piensen de él.

—Bueno, puedes hablarle tú —sugiere Shouto, disimulando una sonrisa.

—¡Ni se te ocurra reírte de mí! —Una explosión involuntaria en la mano derecha de Katsuki sobresalta a las personas que están en la mesa de alrededor.

Frustrado, Katsuki se seca el sudor de la mano en el pantalón y cierra el puño. Hace años que sus arranques de mal carácter no tienen consecuencias en su Don así de notorias en un entorno que no implique estrés. Y, últimamente, el nerd siempre implica nerviosismo y preocupación que descontrolan el férreo entrenamiento de su Don.

Tras hacer un gesto tranquilizador a una mujer que los observa con una mirada de censura, Shouto se ríe, esta vez con una carcajada sincera, achicando los ojos. La primera risa de verdad y alegre que Katsuki le escucha en semanas, desde lo ocurrido en Osaka, por lo que pierde un poco de fuerza al reprenderle

—¡Ni se te ocurra reírte, imbécil mediohielo!

—Katsu, simplemente escríbele.

—¡No me llames así! —lo interrumpe Katsuki, pero Shouto sigue hablando, impasible a su agresividad, todavía con los restos de la sonrisa bailándole en la comisura de los labios. La invectiva pierde fuerza, porque el que puedan estar hablando de frivolidades sobre romanticismo tras un funeral hace que todo se sienta más normal, una vuelta a la rutina.

—Dile que quieres verle, que si podéis quedar en algún sitio. —Katsuki suspira, porque a él ya se le había ocurrido algo así. Sólo esperaba que, quizá, fuese Izuku el que lo propusiese. No sabe bien cómo contestarle a los mensajes que le ha escrito para que la conversación no muera al instante, ni tampoco cómo hablarle ahora que ya no están en un complejo militar en una situación de emergencia nacional sin sonar invasivo y autoritario.

—¿Y tú qué sabes de estas cosas?

—No sé nada —admite Shouto, encogiéndose de hombros—. Pero es lo que hacen en las películas, ¿no? Puedes escribirle para que vayáis a tomar algo juntos y le llevas unas flores para disculparte por haber tardado tanto en proponérselo.

—¿Flores? ¡Ni que fuera una condenada chica!

—A mí me gustan las flores. —Shouto se encoge de hombros una vez más.

—¡Joder, qué mierda de consejo! ¡Ves demasiadas películas! ¡Tienes que dejar de ver esas mierdas! —dice Katsuki, ignorándolo—. Además, tú estás seguro de que le gusto, pero a lo mejor te lo estás imaginando. A lo mejor sólo fue algo fruto de las circunstancias, del miedo o de estar en un lugar rodeado de desconocidos hostiles para él. Además, han pasado varias semanas, no sé si… —La voz de Katsuki va muriendo mientras deja salir, por primera vez, algunos de los temores que lo han atenazado en las últimas semanas.

—No sabes si es real.

—No ha aceptado la oferta de Dynamight.

—Son dos cosas diferentes, Katsu. Y es posible que él no haya captado tu sutil indirecta. A mí también me habría costado y te conozco desde hace más tiempo —señala Shouto.

—Eijiro lo habría entendido.

—Sin duda —asiente Shouto, parpadeando despacio—. Pero es injusto por tu parte pretender compararlo con Kirishima o conmigo, Katsu. Lo sabes, como sabes que sólo lo dices porque estás frustrado.

Enfadado por lo certero de sus palabras, Katsuki se levanta, haciendo que la silla casi se caiga al suelo y se dirige a la barra del bar para pagar. No regresa a la mesa. Al salir a la calle respira profundamente, tratando de relajarse. Shouto ya está fuera, apoyado en la pared del edificio con los brazos cruzados, escudriñando con atención un punto indefinido del cielo. Sin necesidad de ponerse de acuerdo, ambos comienzan a caminar en dirección a la boca de metro más cercana.

—No sé si él quiere estar conmigo, ¿vale? —murmura Katsuki cuando ya han caminado unas decenas de metros. Shouto lo ha oído porque, aunque no aparta la vista del camino, ladea la cabeza para escucharlo mejor—. Si quiere estar «de esa manera». No digo que no le guste, pero… No sé si yo soy la idea que él tiene de mí. Además, soy mayor que él, un héroe profesional, él es un estudiante universitario sin Don que todo lo que le debe a la sociedad de héroes es rechazo… Esas cosas influyen, aunque no salgan en las películas.

—Pues a mí me parece que todo eso da igual —responde Shouto, impertérrito.

—Sabes lo que pensaba de las personas sin Don hasta hace unos meses —añade Katsuki, dejando caer el argumento final—. Me siento un hipócrita.

—Sé que eres un imbécil. Un imbécil explosivo —dice Shouto, sin amedrentarse cuando Katsuki enseña los dientes con rabia, gruñendo con un sonido gutural.

—Ha quedado claro —rezonga Katsuki, pero Shouto lo ignora.

—Eso sí, eres un imbécil explosivo con un carácter de mierda y un corazón de oro que sabe rectificar cuando sabe que se ha equivocado. Eso no es ser un hipócrita, es ser una persona mínimamente inteligente. Puedes planteárselo a él directamente, si crees que puede influir en su decisión.

—Ya lo hice. Se lo conté —confiesa Katsuki, deteniéndose en seco. Shouto le interroga, silenciosamente, levantando las cejas, pero Katsuki cree que eso da igual—. Seguiría sin ser… no sé…

—¿Y si dejas que eso lo decida él? Es adulto, ¿no? Pues que tome sus propias decisiones. —Shouto se detiene y lo mira a la cara con una expresión extraña en los ojos—. Deja que Midoriya tome sus propias decisiones, porque no hay nada peor que el que decidan por ti, Katsu.

Sin decir nada más, Shouto vuelve a caminar tranquilamente. Katsuki se queda en el sitio, parado, durante casi un minuto entero, reflexionando en lo que acaban de hablar. Maldiciendo a Shouto porque ahora tiene la cabeza llena de pensamientos que lleva semanas intentando mantener ocultos en un rincón de la mente, utiliza un par de explosiones para impulsarse hasta su lado.

—¡Deja de reírte así, imbécil! ¡No tendría que haberte acompañado! —A Shouto, acostumbrado a sus estallidos de cólera, no le molestan sus palabras y ni siquiera varía su gesto, una sonrisa complacida, mientras camina—. ¡Y he dicho que me dejes de llamar Katsu! ¡Para ti soy Dynamight, ¿me oyes, mediohielo?!

.

«¿Podríamos vernos hoy?»

El mensaje llega mientras Hitoshi esté en una de sus recién retomadas clases. Al leerlo, sacando el teléfono con disimulo y escondiéndolo bajo el pupitre comunal para no recibir una reprimenda del profesor, Hitoshi frunce el ceño, porque no tiene el número de teléfono guardado en la agenda y desconoce quién es.

«Soy Izuku».

«Izuku Midoriya».

Hitoshi pone los ojos en blanco, mirando de reojo hacia el profesor, para asegurarse de que este sigue enfrascado en su explicación y reprime una sonrisa de diversión por la inútil aclaración de Midoriya. A su lado, aunque no ha apartado la vista del cuaderno electrónico en el que toma notas, Kendo ladea la cabeza en dirección a Hitoshi, poniendo de manifiesto que se ha dado cuenta de qué está haciendo.

«Le pedí tú número de teléfono a Kaminari-kun».

«No te enfades con él, por favor. Le dije para qué necesitaba hablar contigo, pero también que quería decírtelo yo mismo».

La retahíla de mensajes, similar a la costumbre de Midoriya de lanzarse a hablar hilando frase tras frase sin pararse a respirar ni obtener respuesta del interlocutor hasta que se hunde en un monólogo que sólo él entiende, va a continuar, porque Midoriya aparece como «escribiendo» en la parte superior del chat. Hitoshi teclea rápidamente una respuesta escueta y poco concreta para que Midoriya no siga escribiendo y guarda el teléfono, pero es incapaz de atender el resto de la clase, preguntándose qué puede querer el otro chico de él con tanta urgencia.

—¿Todo bien, Shinsou? —pregunta Kendo en un susurro. Tras ella, Kuroiro y Tetsutetsu se inclinan hacia adelante, interesados en escuchar la respuesta también. Hitoshi asiente. La chica no parece muy convencida, porque intercambia una mirada con los otros dos, pero no insiste. Tetsutetsu y Kuroiro lo miran con curiosidad durante unos segundos, pero cuando la clase acaba, ninguno pregunta al respecta.

—¿Quedamos esta tarde en la biblioteca para estudiar? —propone Tetsutetsu, en cuanto la campana avisa del fin de la clase, antes de que el profesor pueda siquiera abandonar el aula.

—De acuerdo —contesta Kuroiro, a la vez que Kendo asiente. Hitoshi titubea un segundo apenas, antes de preguntar:

—¿A las cinco?

—Las cinco está bien para mí —responde Kendo inmediatamente, con una sonrisa, haciendo que su voluntad, fuerte y resistente, aparezca en la mente de Hitoshi.

Kuroiro es, de sus tres compañeros, el más cauto, pero incluso él ha bajado la guardia delante de Hitoshi. Es, en las últimas semanas, el cambio que menos ha notado el resto de la gente, pero que más importancia ha tenido para Hitoshi. Está seguro de que, en gran parte, es porque sus compañeros ahora le consideran un héroe. Esto es: alguien honorable en quien confiar y cuyo Don sirve para salvar y no para atacar. Un cambio de percepción más subconsciente que premeditado. Sin embargo, también tiene la impresión de que el propio Kuroiro está experimentando menos prejuicios por parte de otras personas a causa de su aspecto físico.

Por su parte, Hitoshi prefiere creer que es un síntoma. Que ambas cosas significan que, por fin, las cosas están cambiando. Lentamente, pues duda que el resto de sus compañeros, con los que tiene menos trato y que le miran con una mezcla de admiración y cautela cuando camina por los pasillos de la universidad, respondan una pregunta suya con tanta ligereza como acaba de hacer Kendo, pero al menos es un avance. Y la licencia provisional que guarda en su cartera, llevándola siempre consigo, hace de esa sensación algo tangible y concreto.

No ha tomado una decisión de qué responder exactamente a la primera pregunta de Midoriya y, mientras sus compañeros recogen, Hitoshi mira el teléfono, frunciendo el ceño con sorpresa al ver varias notificaciones más, todas ellas disculpas preventivas, esperando no haberlo molestado. Antes de que decida qué responder, preguntándose qué es lo que, aparece una llamada entrante de Denki en la pantalla. Una media sonrisa ilumina su rostro cuando descuelga.

—Hola.

—¡Ey! No sabía si habías salido ya de clase. —Hitoshi resopla, divertido antes el tono apresurado de Denki, y adivina por qué tanta ansia. Ni siquiera le da tiempo a confirmárselo—. Oye, escucha, me ha pedido Midoriya tu número de teléfono y se lo he dado, así que se pondrá en contacto contigo.

—Lo sé, ya me ha escrito —dice Hitoshi. Al otro lado del teléfono, Denki maldice.

—Sé que tenía que haberte preguntado antes, lo siento. Es que me dijo para qué era y ni me paré a pensarlo primero y luego cuando me di cuenta...

—¿Y me lo vas a decir? Para qué es —añade ante el silencio perplejo de Denki tras interrumpirlo.

—No… Es… Quería enseñártelo él. Pero es guay. Te va a encantar. Y seguro que eso te ayudará a… —Denki se detiene. Hitoshi chasquea la lengua. Ha estado a punto de sonsacarle información relevante sólo dejándolo hablar, pero su novio, aunque impulsivo, se ha dado cuenta a tiempo—. ¿Estás muy enfadado?

—¿Contigo? No, ¿por qué?

—Por lo de darle tú número de teléfono a Midoriya —explica Denki, ansioso.

—¿Eh? No, no, tranquilo. Está bien.

—Es que como sé que no habéis tenido una buena relación durante todos estos años… —Hitoshi suspira y se recuesta mejor sobre el banco en el que está sentado. Todavía no entiende muy bien a Midoriya, aunque cree que ya está empezando a cogerle el punto y que no es cuestión de que ignore todo lo ocurrido durante los años de colegio, sino que es capaz de ponerlo en perspectiva y perdonar.

—Está bien. Me parece… Voy a escribirle por si quiere quedar en el descanso de la comida, creo recordar que su facultad no queda lejos de la mía —dice Hitoshi. Denki hace un sonido de aprobación. Hitoshi pone los ojos en blanco. Denki es muy entusiasta, aunque intenta no ponerse pesado con el tema, y le ha insistido en varias ocasiones más que lo único que necesita hacer es hablar con Midoriya para resolver cualquier duda que tenga. Y hasta Hatsume, que siempre lo ha mirado con desconfianza y hostilidad, que Hitoshi ve lógica porque es la mejor amiga de Midoriya, le ha tratado amistosamente las últimas veces que han coincidido.

—Entonces hablamos más tarde. Te hago videollamada, ¿ok? —Aunque Denki no lo ve, Hitoshi asiente con la cabeza—. Te quiero.

Las dos últimas palabras de Denki dejan boquiabierto a Hitoshi. A este no le da tiempo a contestar, porque su novio ha colgado ya.

«Te quiero».

Denki no ha sido brusco ni apresurado, sólo una despedida natural, pero es la primera vez que lo dice.

«Te quiero».

Hitoshi deja el teléfono encima de la mesa y lo mira fijamente durante varios minutos, esperando una respuesta. Deseando llamar a Denki para asegurarse de que no lo ha dicho sin querer. O simplemente para poder decírselo él en respuesta, en lugar de quedarse atónito y no reaccionar.

«Te quiero».

Tiene la boca seca, así que traga saliva para apaciguar la sensación de caída libre que nota en su pecho. Denki camina siempre un paso por delante de él y cada vez que Hitoshi se siente seguro con el suelo que pisa, le empuja hacia adelante en una vertiginosa nueva experiencia. +

Y eso, precisamente eso, es lo que lo vuelve loco por él.

«Yo también te quiero», le escribe finalmente, dudando apenas un segundo más antes de darle a enviar.

Aparta el teléfono igual que si quemase, pero Denki ya ha contestado con un enorme sticker dinámico en forma de corazón. Sin ningún tipo de timidez. Al contrario que para Hitoshi, para Denki todo es natural y fluido, nunca se para a pensar las cosas dos veces. E Hitoshi está perdidamente enamorado, lo sabe bien. Ignorando a sus compañeros de clase, que lo miran con curiosidad y diversión y, en el caso de Kendo, con cierta perspicacia, a juzgar por la expresión complacida de su rostro, Hitoshi envía un mensaje a Midoriya para quedar con él más tarde justo cuando el siguiente profesor entra por la puerta.

Hitoshi no consigue concentrarse ni en esa clase, ni en la siguiente clase, la última antes del almuerzo.

Camina tan deprisa que, a pesar de haberse detenido a comprar un sándwich en la cafetería de la facultad, llega pronto. Mastica lentamente, admirando el paisaje. Está en uno de sus sitios favoritos del campus, una azotea donde se puede ver el espacio ajardinado que hay tras uno de los edificios de la facultad. Es un lugar tranquilo que descubrió cuando, durante los primeros días del primer curso, un compañero en su último año los convenció, a él y algunos más, para saltarse un par de clases. No sabe si el resto que fueron con él han regresado, pero desde entonces Hitoshi come ahí ocasionalmente, sentando en el borde y con las piernas colgando al vacío, disfrutando de la soledad que, paradójicamente, ahora es un poco menos solitaria que unos meses atrás.

Desde donde está, ve venir a Midoriya. El chico, un poco desorientado, consulta su teléfono para confirmar que está en la dirección correcta. No ha visto a Hitoshi aún, permitiéndole a él examinarlo sin disimulo.

Su pelo rizado y verde, que recuerda más largo en la U.A., suficiente para atarse una coleta, y que llevaba casi rapado unas semanas atrás, le ha crecido hasta taparle las orejas y la nuca, alborotado, enroscándose en las puntas. Jadea un poco por el esfuerzo de subir la cuesta que lleva hasta allí y lleva una mochila a la espalda. La camiseta de manga corta deja ver el muñón, ya sin vendaje alguno.

Hitoshi levanta la mano para llamar su atención cuando Midoriya mira alrededor, buscándolo. Cuando por fin lo ve, le saluda de vuelta, con entusiasmo, asiente con determinación y trepa por la escalerilla que lleva hasta la azotea con agilidad a pesar de la falta de mano.

—Guau… —murmura Midoriya, de pie a su lado, cuando llega—. Este sitio es una pasada…

—Sí —responde Hitoshi lacónicamente, resistiendo la tentación de pedirle que vaya al grano y termine con el misterio. No es necesario, Midoriya se deja caer a su lado, dejando la mochila y sentándose también en el borde. Al dar un mordisco al sándwich, Hitoshi se siente obligado a ofrecer la mitad del bocadillo que queda en el paquete—. ¿Quieres?

—No, gracias. Mamá me preparó tonkatsu —dice Midoriya mientras niega con la cabeza, rebuscando en la mochila. Saca una caja de bentô que deja a un lado, y luego le tiende un objeto que Hitoshi reconoce al instante, a pesar de la notable diferencia con el original. Pillado por sorpresa, alza la vista hacia Midoriya, que sonríe apurado—. No es exactamente igual que el que te hice. En el complejo, ya sabes.

—No lo parece, desde luego, y al mismo tiempo sí —murmura Hitoshi, aceptando el nuevo distorsionador entre sus manos.

La forma de este está mucho más trabajada. Tiene menos aristas y el tacto suave del material que lo recubre es aterciopelado bajo los dedos de Hitoshi. Además, cuenta con un soporte que permite que descanse sobre sus hombros y se adapte a su rostro con un margen de varios centímetros, al contrario que el primero que le hizo, que se ajustaba alrededor de su mandíbula o colgaba en su cuello, sin más. Al pulsar el único botón que hay, en la parte trasera, suena un chasquido que lo sobresalta y el dispositivo se abre.

—Ese es el seguro manual, para que te lo puedas quitar en caso de que falle el sistema eléctrico o se estropee durante una pelea —explica Midoriya, entusiasmado. Se embarca en un desesperante relato sobre el material de silicona que ha empleado para construirlo y la ventaja que supone frente al plástico del original y la comodidad que supone su tacto pulido, suave y cómodo—. Sacamos la inspiración del catálogo de una página web de juguetes eróticos —finaliza. Hitoshi se queda mirándolo, atónito y es entonces cuando Midoriya se da cuenta de lo que ha dicho, pero aunque se sonroja, le quita importancia con una carcajada.

—El coste de esto…

—Es parte de mi proyecto de la asignatura de Programación y Configuración de Software y el material lo ha proporcionado la universidad y Yaomomo, así que no tienes que preocuparte por eso. Además, está revisado por profesionales titulados y cumple con todas las medidas de seguridad, no vas a tener ningún problema con registrarlo como objeto de apoyo —explica Midoriya, embalándose de nuevo al hablar—. A le profesore Katô le gustó muchísimo la idea cuando le expliqué de dónde venía y aprobó que pudieses quedártelo si conseguía construirlo. Si no te lo he dado antes es porque tenían que evaluarlo para ponerme la nota y luego realizarle los controles de seguridad y…

—Lo que no entiendo es por qué —lo interrumpe Hitoshi, frunciendo el ceño.

—Oh, es que cuando volvimos a casa, llevaba en mi libreta unos dibujos que garabatee en el complejo con el diseño original y una de las noches no podía dormir porque estaba dando vueltas… —Midoriya se interrumpe y vuelve a sonrojarse, pero recupera rápido el hilo—. La cosa es que empecé a pasarlos a limpio y me dio por pensar que necesitabas uno nuevo. Como tenía más tiempo para diseñarlo, empecé a meterle mejoras sobre el plano y luego cuando se lo presenté al profesor se me ocurrieron unas pocas más. Mira, voy a mostrártelas.

Sin mostrar una pizca de vértigo, Midoriya se pone de pie sobre el alféizar, coge el distorsionador de sus manos y le ayuda a colocárselo alrededor de la mandíbula. Hitoshi va memorizando los pasos que sigue, pero es mucho más sencillo de ajustar que el prototipo original y, como ha supuesto al ver la forma y el tacto, más ligero, cómodo y ergonómico.

—Esto fue lo que más dolores de cabeza me causó —dice Midoriya. Hitoshi nota cómo le adhiere dos ventosas diminutas en la parte de la cabeza que queda tras el lóbulo de la oreja—. Pero creo que al final lo conseguí. Son cables muy finos, pero muy flexibles y resistentes, para que no se rompan por accidente, y van protegidos por el propio dispositivo y ocultos por tu cabello.

—¿Qué? —Desde hace un rato, Hitoshi tiene la sensación de que todo está ocurriendo sin él. Midoriya vuelve a sentarse a su lado y, como si fuese lo más normal del mundo, abre su caja de bentô, la sujeta hábilmente con el muñón y empieza a comer con apetito.

—Ya no vas a necesitar un chip de actualización de voces ni insertarle grabaciones previas —explica Midoriya, entre bocado y bocado—. Basta con que pienses en la voz que quieres imitar y esos cables recogerán las señales sinápticas para que el distorsionador las reproduzca al instante. Además, no tendrás que ajustar volumen, ni frecuencia, ni nada. Ni siquiera importará si estás jadeando, gritando o susurrando, él se encarga de todo. Es suficiente con que lo pienses. Y sin ningún tipo de interferencias, porque es un cable directo, no una onda inalámbrica.

—¿Basta con que piense en la voz que quiero reproducir? —La voz de Hitoshi sale imitando a la perfección la de Midoriya, que sonríe satisfecho por el resultado. Acto seguido, prueba con la de Denki y con la del profesor Aizawa.

—Incluso si la voz no es de nadie que recuerdes y sólo estás pensando en un tono en particular. O un sonido. —Hitoshi levanta las cejas y Midoriya asiente una vez más, animándolo. El sonido del piar de un pájaro, el de un coche abriendo sus puertas a distancia y una alarma de teléfono suenan cuando hace un ruido inarticulado, transformados por el distorsionador.

—Esto es… Es buenísimo —aprueba Hitoshi, esta vez con su propia voz. Al pensar en quitárselo para poder examinarlo de nuevo, el distorsionador se abre por su cuenta y los cables se despegan de su piel, replegándose en el interior del dispositivo —. A esto te referías antes.

—Sí, basta simplemente con que lo pienses. Me costó trabajo encontrar la programación adecuada, pero el profesor Watanabe, no lo conoces, es un profesor de mi facultad que sabe un montón de cosas, había leído recientemente sobre conexiones sinápticas adaptadas al desarrollo de dispositivos de apoyo y me facilitó el contacto con los investigadores, que ya habían puesto todos sus estudios a disposición de Mei porque…

—Midoriya. —Hitoshi lo interrumpe de nuevo, un poco abrumado—. Sigo sin entender por qué. —Su compañero frunce el ceño hasta caer en la cuenta de a qué se refiere Hitoshi.

—No lo sé —responde este, un poco desconcertado—. ¿Por qué no?

Hitoshi no sabe qué responder. Está pensando en las posibilidades que el nuevo dispositivo ofrece. Entiende a qué se refería Denki: un distorsionador así le proporciona una ayuda inestimable. Con esto, las posibilidades que se le abren en sus entrenamientos con las clases de tercero de la U.A. son infinitas. Por no hablar, por supuesto, del aumento de probabilidades de aprobar el examen de la licencia definitiva si puede combinar su Don con voces y sonidos de cualquier tipo, sonando desde cualquier lugar, en lugar de la suya propia.

Incluso puede ayudar con Kurogiri, si Aizawa aún desea intentarlo una vez más. Sólo con ser capaz de recordar la voz de All for One, escuchar la de Present Mic o la del propio Shirakumo, si hay registros grabados, podrá dar utilizarla para realizar preguntas a Kurogiri y reaccione.

—¿Te gusta? —pregunta Midoriya, ansioso ante el silencio de Hitoshi. Este asiente lentamente y Midoriya suspira, aliviado—. Admito que no las tenía todas conmigo.

—¿Por qué?

—No sé, siempre eres tan serio cuando estás con nosotros y tan callado… No sabía si te iba a parecer mal un diseño hecho sin preguntarte —contesta Midoriya—. Como normalmente en los objetos de soporte el héroe se implica en lo que necesita y las prestaciones que quiere, a lo mejor…

—Creo que es perfecto. —Midoriya sonríe, radiante, a pesar de que ha vuelto a interrumpirlo—. Tiene cosas que ni siquiera se me habrían ocurrido a mí.

—Eso dijo Mei cuando le mostré los planos, y ella es la más lista de nuestra promoción. Bueno, y la de todas las demás, nunca he visto a alguien como ella. Desde que está con Yaomomo debe haber realizado veinte o treinta prototipos diferentes, todos salidos de su cabeza, sin inspirarse en nadie en concreto —dice Midoriya con entusiasmo.

—¿Hatsume te ha ayudado con esto? —pregunta Hitoshi, asombrado. La chica ya había participado en el diseño del prototipo original que utilizaron en Tokio y ya no le mira con tanto recelo como los primeros días en el complejo de Osaka, pero no han tenido nunca una buena relación debido a que ambos saben que ella conoce el pasado de Midoriya e Hitoshi.

—¡Claro! Revisó mis planos antes de que empezase a construir. Siempre lo hace. Y, aunque no hayas participado en el proceso de diseño, que habría sido lo habitual, cuando entrenes con él apunta mejoras o funcionalidades que creas que necesitas. Yaomomo le proporciona a Mei cualquier material que le pida. Ella y yo estuvimos hablando porque ha diseñado la prótesis de mi brazo izquierdo y Yaomomo va a fabricar todo el material necesario para que no tenga que costeármelo y… —Midoriya parece darse cuenta de que ha vuelto a embalarse en un murmullo, porque se detiene y reconsidera sus pensamientos antes de continuar—. Quiero decir que Yaomomo no tendrá inconveniente en proporcionarnos lo que necesitemos. Simplemente, si quieres incluir algo, dímelo y lo estudiaré.

—Pensaba que no le caía muy bien a Hatsume —murmura Hitoshi, impresionado, notando una opresión agradable en el pecho.

—Bueno, creo que no. Ella… Te culpaba por haber difundido en la U.A. que yo no tenía Don. Por culpa de aquello hubo unos meses difíciles, sobre todo tras el festival deportivo, de burlas y… Pero ya no lo hace. Quiero decir que ya no le caes mal.

—Tuvimos una conversación tras… después de lo que ocurrió aquí, en el ataque de la Liga de Villanos, cuando tú…

—Cuando perdí el brazo. —Midoriya asiente, deja la caja de bentô a medio terminar a un lado y se abraza el muñón, acariciándoselo distraídamente. Sonríe, con cierta melancolía—. Me lo ha contado también. Creo que me estaba pidiendo permiso para perdonarte por haberme llamado Deku. Siento haberle contado eso sin que tuvieses la oportunidad de explicarle tu versión.

—¿Te estás disculpando tú conmigo? —La imagen de Denki insistiéndole en hablar con él, en disculparse y en perdonarse también a sí mismo le impulsa a seguir hablando—. Debería hacerlo yo. Lo siento.

—Está olvidado —dice Midoriya con una sonrisa.

—¿Así de fácil? —pregunta Hitoshi, un poco incrédulo porque realmente haya sido tan sencillo.

—Nadie merece ser considerado un villano por una broma pueril hecha cuando era pequeño. —Midoriya se encoge de hombros—. Además, Deku es mi nombre de héroe, ¿no? No todo ha sido malo con eso. Y somos amigos, los amigos no dan importancia a esas cosas.

—¿Somos amigos?

—Claro. ¿No lo somos? —La mirada genuinamente sorprendida de Midoriya impresiona a Hitoshi, que asiente muy despacio, deseando no decepcionarlo—. Tengo que volver, me toca clase con el profesor Watanabe y estará deseando saber qué tal ha funcionado el distorsionador y qué te ha parecido.

Midoriya recoge la caja de bentô y la guarda en la mochila, colgándosela a la espalda y ajustando las tiras para que no se sacuda al correr. Hitoshi se fija en que utiliza mucho más su brazo izquierdo, con más soltura, para sujetar cosas o guardarlas entre su cuerpo y el brazo. Incluso cuando se lo ha abrazado, ha sido más un gesto reflejo por el recuerdo que una postura defensiva, como le ha visto hacer otras veces. Se alegra por él. Tanto, que no duda en asentir de nuevo a su pregunta, aunque Midoriya interpreta que se refiere a sus últimas palabras.

—Tienes mi número de teléfono, si se te ocurre alguna mejora o algo que necesites, no dudes en avisarme —le insiste una vez más.

—De acuerdo —responde Hitoshi. Él también debería marcharse, tiene que coger un autobús para llegar hasta la U.A. y unirse al entrenamiento de Dones del tercer curso, pero no se mueve. Midoriya se despide de él agitando la mano derecha antes de bajar la escalerilla—. ¡Deku!

Midoriya levanta la cabeza, la única parte visible por el borde de la azotea ya, y lo mira, curioso.

—Mi nombre de héroe será MindJack. —Comprendiendo qué ha querido decirle, Midoriya asiente y desaparece por la escalera con una sonrisa. Hitoshi lo observa marcharse sin moverse del sitio, acariciando su nuevo dispositivo. Contento por cómo han salido las cosas con Midoriya, busca el teléfono para contestar los múltiples mensajes que Denki, ansioso por saber qué ha ocurrido y cómo está, le ha escrito interrogándolo al respecto.


Notas.

- Ni idea de cómo funciona en Japón, pero en España, declarar zona catastrófica a un lugar asolado por una catástrofe natural, un ataque militar o similar hace que reciba dinero público para recuperarla. Por si la referencia ha desorientado a alguien.

- Fun fact: hasta ahora, sin contar notas al final del capítulo, las palabras «te quiero» se han pronunciado 8 veces. Cinco veces, Izuku a su madre. Una más, a Mei. Dos de Inko, a Izuku. Es la primera vez en casi 400k palabras que un personaje se las dice a otro en sentido romántico xD.

- Originalmente, el capítulo no acababa así. He mantenido ambas versiones de esas dos líneas de diálogo en el borrador hasta el momento de publicar, que he tenido que decidirme por una. Lo he hecho con el método de la moneda, espero no arrepentirme xD. La alternativa era esta, por si a alguien le pica la curiosidad o le gusta más:

«Midoriya se despide de él agitando la mano derecha antes de bajar la escalerilla—. ¡Midoriya!

Midoriya levanta la cabeza, la única parte visible por el borde de la azotea ya, y lo mira, curioso.

—Muchas gracias. —Midoriya asiente y desaparece por la escalera con una sonrisa. Hitoshi lo observa marcharse sin moverse del sitio, acariciando distraídamente su nuevo distorsionador».

- El beso... el beso... *rebusca entre sus papeles* Había un beso, de eso estoy seguro, ¿dónde lo habré dejado?