Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Lo primero de todo... ¡Feliz cumpleaños, Kacchan! Otro 20 de abril que celebramos en el fandom. ¡Por muchos más!

Como sabéis, este capítulo da por finalizada la trama principal y era el final original del fic (que era una adaptación de Mulán, por eso tiene sentido terminarlo aquí). A partir de la semana que viene comienzan los capítulos extra. Tengo muchísimas notas y agradecimientos, pero lo dejo todo para el final, que creo que es más oportuno. Con ustedes... Un héroe con suerte.


UN HÉROE CON SUERTE

El insistente sonido de la campana que señala el fin de la clase no es suficiente para interrumpirlos. Ni siquiera la escuchan, porque Watanabe e Izuku están discutiendo en voz alta y con contundencia acerca de un tecnicismo teórico sobre las transmisiones nerviosas a la vez que Katô y Mei trabajan en el punto en el que la prótesis debería unirse al muñón de Izuku.

—Muy interesante, pero si me dejaseis pensar, terminábamos antes de la hora de la cena —masculla Mei, fulminando con la mirada a Izuku, que se sonroja y luego ríe entre dientes, disculpándose en su nombre y en el del profesor Watanabe, que la observa, desconcertado por el exabrupto. Hasta ahora, han ido dividiendo el trabajo en las diferentes horas de clase y libres que han podido cuadrar, pero hoy el proceso está a punto de culminar y Mei está más impaciente que el propio Izuku.

El resto del alumnado abandona el taller de prácticas tras almacenar adecuadamente sus propios proyectos. Algunes se despiden al pasar a su lado, pero los cuatro están demasiado enfrascados en su discusión como para darse cuenta, lo cual suscita carcajadas de diversión entre los demás, que los han visto trabajar con ahínco en el proyecto durante las clases de Construcción de Soporte Aplicada a los Dones de las últimas semanas.

Para permitir a Mei y a les dos profesores trabajar cómodamente en la prótesis y el muñón, sin que necesiten agacharse, Izuku está sentado en un taburete alto. Lleva el pecho desnudo y oscila los pies, que le cuelgan por no llegar a apoyarlos en ningún sitio, con impaciencia y frustración. Es su brazo al que están intentando adherir la prótesis y lo único de utilidad que puede hacer ahora es quedarse quieto y esperar.

—¡Izuku, para! —protesta Mei cuando la golpea con el pie accidentalmente, taladrándolo con una mirada que se contrae en la pupila al enfocarle con su Don, pasando hacer un zoom microscópico en el muñón a su posición de visión habitual.

—Lo siento.

—¡No toques ahí! —El profesor Watanabe alza la voz, impaciente y malhumorado, cuando Mei desconecta uno de los cables que unen la prótesis al brazo de Izuku sin querer.

—Calmaos, es mejor que no perdamos la paciencia —murmura le profesore Katô, reconectando hábilmente el cable. A pesar de su llamado a la tranquilidad, la piel le ondea en la superficie, mostrando su propio nerviosismo. Esta vez, le profesore ha adoptado la apariencia de un hombre de mediana edad, bajo, fibroso y tez olivácea, y viste con unos pantalones de trabajo cómodos y una blusa amplia que difumina los ángulos rectos del cuerpo. En sus manos delgadas, los dedos parecen más largos y delgados que de costumbre, trabajando con precisión.

—Está bien, vamos a volver a intentarlo —murmura Mei, casi para sí misma, entregando la prótesis al profesor Watanabe, que hace un sonido molesto al verse las manos ocupadas de repente.

La prótesis biónica, como le dijo a Shinsou hace un par de semanas, está diseñada y programada con los mismos avances con los que han equipado al distorsionador. Hasta el punto de que el profesor Watanabe, que ha colaborado en la programación tanto del dispositivo del otro chico como de la prótesis, ha sometido a Shinsou a un interrogatorio exhaustivo a través de Izuku, buscando formas de mejorarlo, pero el manifiesto buen resultado del distorsionador, que ha resultado ser un éxito en las prácticas de su amigo en la U.A. para el examen de licencia definitiva ha acelerado el desarrollo de la prótesis.

Otro baile coordinado alrededor de Izuku entre les dos profesores y Mei, que se mueven con la habilidad de quienes llevan varias horas de trabajo colaborativo, hace que intercambien sus posiciones y sea le profesore Katô quien se incline hacia su muñón, conectando cada uno de los conectores con la ayuda de un visor de lupa mientras Mei sostiene la prótesis, supervisando el proceso con su Don, y el profesor Watanabe le inmoviliza el brazo para impedir a Izuku moverse.

Los conectores son la mayor variación respecto al distorsionador de Shinsou. Mientras que los cables sinápticos de este se conectan a través de ventosas aplicadas al cráneo por detrás de las orejas, permitiéndole así quitárselos cuando no está utilizando el dispositivo, los de Izuku son permanentes. Instalarlos fue también la parte más difícil y una de las primeras etapas del proceso, pues tanto le profesore Katô como Mei temían que los nervios de Izuku dejasen de ser sensibles y de reconocer la presencia del inexistente brazo si esperaban más, además de necesitar varios días de cicatrización. Por una vez, el dolor fantasma de Izuku había resultado ser un buen síntoma.

Los conectores son cables extraordinariamente finos, fabricados con material proporcionado por Yaomomo. Casi microscópicos, delgados y apenas asomando unos milímetros de la piel, punzaron como alfileres clavados en el muñón que le hicieron llorar de dolor mientras Mei, Katô y Watanabe se los colocaban con paciencia y pericia. Ahora no los nota en absoluto, excepto cuando Katô los roza con sus dedos o las pinzas de precisión, despertando un escalofrío en la espina dorsal de Izuku. Izuku es consciente de que esa sensación, por desagradable que sea, es otro buen síntoma y que significa que podrá articular el brazo biónico con la misma habilidad con la que hacía antes de la amputación.

Aunque Katô sigue trabajando despacio, conectando cada uno de los cables de su muñón a los largos y delgados de la prótesis, ya son suficientes para que, cuando Izuku piensa en sí mismo moviendo los dedos y cerrando el puño, la prótesis que Mei sostiene a treinta centímetros de su muñón reacciona al instante.

—¡No te muevas, Izuku! —lo reprende Mei al instante, bufando enfadada.

—Lo siento —murmura Izuku, frustrado por no poder hacer nada, aunque los ojos de Mei, que brillan de orgullo, la sonrisa satisfecha de le profesore Katô y la mueca petulante del profesor Watanabe al ver cómo la prótesis ha respondido a sus pensamientos incluso sin estar completamente instalada lo ayudan a tranquilizarse.

Hasta ahora, Mei no le ha permitido tocar a su bebé, como denomina a todos los dispositivos que crea. Izuku ha tenido que limitarse a ser un sujeto de pruebas o, a lo sumo, contribuir con sus propios avances a través de sus otros trabajos, como el distorsionador de Shinsou, y aportando el diseño original de sus guantes de fuerza y las mejoras implementadas durante su estancia en el primer complejo. Su amiga sí ha trabajado, en cambio, mano a mano con les dos profesores, eminencias en el campo de la creación de soporte con décadas de experiencia a sus espaldas que se unieron al proyecto, con entusiasmo, en cuanto Mei se lo propuso.

Un leve resoplido de le profesore Katô tras un escalofrío especialmente fuerte que hace que Izuku ponga la espalda recta y que el profesor Watanabe apenas sea capaz de contener el movimiento, hace que los tres se concentren más. En silencio, Izuku los observa trabajar.

Reincorporarse a las clases fue extraño. Por un lado, atrás quedaban semanas de lo que, si no hubiese sido por su muñón, habría parecido un mal sueño. Todo el mundo vio por la televisión no sólo su actuación contra Yotsubashi y Shimizu, sino también la derrota de All for One y la Liga de Villanos y los estudiantes de las facultades del campus ya no lo miran con burla ni con compasión.

Entrar en el aula o en el taller y encontrar a le profesore Katô, con su rostro cambiante y amable le había despertado una sensación familiar. La reverencia de agradecimiento que le había dedicado, en cambio, delante de toda la clase, agradeciéndole sus actos, había sido otro recordatorio de que no había sido una pesadilla. Porque era real, todo había ocurrido. Y porque, a pesar de todo lo ocurrido, de la angustia, del miedo, del estrés… las palabras de Katô al respecto de Gunkanjima en el campamento improvisado tras el incendio habían regresado a su memoria.

«Parte de sus medidas de seguridad las diseñé yo», había dicho le profesore aquella noche. «Creímos que venir aquí era una buena forma de compensar que fallasen. En cierto modo, es nuestra responsabilidad».

El agradecimiento de le profesore Katô por poder dejar de sentirse culpable, por saber que el fallo de seguridad había sido mantenido en secreto, aprovechado y explotado de manera intencionada por Yotsubashi y Shimizu había sido eclipsado por el grito de un compañero, no sabe quién, coordinando un breve aplauso de gratitud por parte del resto de la clase.

Por su parte, el profesor Watanabe inicialmente aparentó no darse por aludido por el regreso de Izuku al aula. Poco después, este se enteró de que el profesor había estado convaleciente durante semanas tras el incendio del complejo y que se había reincorporado a su trabajo justo después de la pelea contra Yotsubashi y Shimizu en Tokio. Sin embargo, los cambios han sido más que notorios. El profesor Watanabe no ha vuelto a mostrar la hostilidad que mostraba en sus clases en las primeras semanas de curso y le ha prestado especial atención, incluso antes de sumarse a Mei en el proyecto de su prótesis.

Además de supervisar su trabajo con el distorsionador de Shinsou, tutorizándolo, le ha permitido utilizar algunas de sus clases para diseñar un nuevo tipo de dispositivo inspirado en Ingenium y los guantes de fuerza: una plataforma colocada en el talón y suela de una zapatilla que sostiene parte de su peso y aumenta la fuerza de sus músculos, capacitándolo para moverse a mucha más velocidad y, además, aumentar el impacto de sus patadas.

No es el único. El profesor Watanabe ha alentado al resto de sus compañeros a experimentar con dispositivos que les permitan complementar sus Dones y los de otras personas en lugar de centrarse exclusivamente en potenciar los Dones durante el trabajo de clase. Así, varios de sus compañeros han acabado con un artilugio que les permite imitar la vista telescópica de Mei, y otros tantos han creado dedales de precisión que les permiten trabajar con la habilidad y precisión que aquellos que ya tenían Dones específicos para ello.

Apenas han pasado unos meses desde que desmantelaron la conspiración entre Detnerat y la Comisión y los cambios ya son más que notorios. No sólo a nivel público: el primer ministro ha cumplido sus promesas y ha creado un nuevo ministerio, el de Héroes, Dones y Soporte, asimilando lo que en la mente de Izuku todavía es la Comisión de Seguridad Pública, sino también en el día a día. Ha visto personas utilizar su Don en la calle y, aunque a lo mejor es impresión suya, más gente con Dones no humanoides.

Algunos ratos, le da por pensar que son cambios nimios, tonterías. Una modificación de nombre y categoría, fijarse más en lo que ocurre en su entorno cuando camina por la calle… Otros, en cambio, se sienten como gotitas que preceden a una cascada. Sobre todo, cuando ve su licencia provisional de héroe o Shinsou le cuenta el desempeño de su distorsionador en los entrenamientos de la U.A. Además, sabe que se ha incrementado el número de personas que planea matricularse en las academias de héroes y, de esto no tiene dudas, hay más personas con objetos de soporte. Tantas, que le han llegado, tanto a él como a todos sus compañeros, ofertas de trabajo por el aumento del mercado y el nuevo ministerio ha convocado puestos de funcionariado mediante exámenes.

Como si del traje desnudo del emperador se tratase, de pronto todo el mundo trata de empujar los límites sociales que ha tenido hasta ese momento y que hasta ahora sólo unos pocos se atrevían a cruzar. Hace unas semanas, el Don con el que nacías determinaba, aproximadamente, el rango de elección sobre lo que querías hacer con tu vida. Un Don fuerte como el de Uraraka o el de Katsuki te empujaban a tratar de ser un héroe o emplearlo profesionalmente. El de Sero o el de Kaminari eran puntualmente útiles, con potencial peligroso, pero amigables. Uno como el de Shinsou te colocaba trabas y terrores que superar de forma constante. Los Dones de Mei o Katô potenciaban que acabasen trabajando en industria o diseño. Y ahora, en apenas unos meses, todo sigue igual y, al mismo tiempo, todo ha cambiado.

Como su brazo.

—¿No sería mejor un arnés clásico? —pregunta Izuku al cabo de un rato, cuando le profesore Katô ha terminado de conectar todos los cables, sintiendo una gota de sudor deslizarse por su costado y otra por la espalda, hastiado de estar sentado e inmóvil.

—Esta solución es más ergonómica —niega, con firmeza, el profesor Watanabe. Mei ni siquiera se digna a mirarlo, concentrada en lo que está haciendo le profesore Katô, que sí le responde, en tono afable y con cierto afecto, a la vez que esconde los cables de la prótesis en los compartimentos que Mei ha fabricado para ellos.

—Ya falta poco. —Izuku suspira y asiente, resignado.

Habiéndose mentalizado inicialmente a llevar una prótesis básica y sencilla, que simplemente le permitiese sujetar o sostener objetos, sin florituras, la sofisticación de esta le parece tan avanzada que se conformaría si tuviera que portarla atada con tiras al hombro, como las que ha visto hasta ese momento.

Sin embargo, ni le profesore Katô ni Mei están de acuerdo en eso. El Don de Katô, uno de manipulación de agua un tanto particular que le permite acceder a las moléculas que conforman el agua y manipularlas a conveniencia, le permite obtener excelentes resultados con dispositivos que necesitan adherencia. Le profesore Katô le ha explicado el uso exacto de su Don, que Izuku no ha podido resistir anotar en uno de sus cuadernos, y cómo le permite manipular muchísimos materiales flexibles con facilidad siempre que tengan una cantidad importante de agua en su composición… incluido su propio cuerpo, conformado en un gran porcentaje por agua, que es lo que le facilita cambiar de aspecto físico casi a voluntad.

Ahora está intentando precisamente eso: manipular las moléculas de hidrógeno y oxígeno del brazo de Izuku para que se adhiera exactamente a la prótesis biónica y quede fija, como una pieza que se desliza hasta encajar a la perfección, sin fisuras. Lo que más problemas les está dando es el material de la prótesis, fuerte y resistente. Creado por Yaomomo a base de carbono, le resulta menos maleable de lo que pretendieron inicialmente debido a los lípidos que la heroína utiliza para trabajar con su Don, pero ya contaban con ello cuando Mei diseñó el material y sus proporciones.

Una gota de sudor, similar a las que recorren la piel descubierta de Izuku, surca la sien de le profesore Katô, haciendo que varias arrugas similares a las del profesor Watanabe aparezcan en su rostro. Izuku, que ha comprendido cómo trabaja su Don, sabe qué está haciendo: imbuir su propia agua en la conexión de la prótesis para ayudarla a adherirse. Y cuando, un par de minutos de forcejeo después, con el eco de los secos comentarios del profesor Watanabe de fondo, mucho más impaciente que el propio Izuku, el rostro de le profesore Katô regresa a la normalidad con una ondulación casi imperceptible, Izuku percibe una intensa presión en el muñón que, acto seguido, se adapta a la prótesis hasta quedar firmemente adherido a ella.

Cuando Mei la suelta y el profesor Watanabe se separa de él, permitiéndole moverse, el peso del brazo, que su amiga ha calculado para hacerlo similar al del derecho con un guante de fuerza puesto, le resulta tan extraño que frunce el ceño.

—¿Te molesta? —pregunta Katô inmediatamente, preocupade.

—No —dice Izuku con cautela, inspirando aire despacio, a medio camino entre la maravilla de haber recuperado un brazo y la desazón de necesitar acostumbrarse a él de nuevo, de sentirlo ajeno.

—Tardarás unos días en percibirlo como propio, pero no debería ser un problema —dice el profesor Watanabe, adivinando sus pensamientos—. Será un proceso similar al que ya has hecho, sólo que a la inversa, recuperando sensaciones según tu cerebro rehabilite las conexiones perdidas. Cuando te quieras dar cuenta, te habrás acostumbrado a él y lo utilizarás de forma natural. —Izuku asiente, todavía respirando con lentitud, sin apartar la vista del material aterciopelado, de color gris mate, que se fusiona ahora con su piel.

—Prueba a mover los dedos y el codo —ordena Mei, pero Izuku ya lo está haciendo. Prudente al principio, aprieta el puño con cuidado y lo acerca hacia sí. Mei no es capaz de contener su entusiasmo y salta de alegría cuando ve la movilidad que tiene Izuku—. Podrías reventar una sandía con facilidad y tocar el piano. Incluso, sostener una hormiga entre tus dedos sin aplastarla, ese es el nivel de precisión que he conseguido —anuncia orgullosa.

—Estás segura de eso, ¿verdad? —pregunta Izuku, recordando cómo su primer prototipo de guante de fuerza falló y temiendo que algo similar pueda provocar daño a otras personas.

—¿Cuándo no lo estoy con mis bebés? —dice Mei, mirándolo con incredulidad, como si le ofendiese la mera duda.

—No seas inmodesta, Hatsume —la reprende le profesore Katô sin mucho ímpetu y también sonríe orgullose.

—Prueba a utilizarlo igual que tus guantes de fuerza —sugiere el profesor Watanabe.

Izuku salta del taburete, impaciente por intentarlo, y se dirige a uno de los sacos de gimnasio del pabellón, uno de aquellos con los que hace meses el profesor Watanabe les obligaba a entrenar los Dones en previsión de posibles contingencias.

No necesita verbalizar la orden, ni tan siquiera concentrarse en el pensamiento. En cuanto su cerebro envía la señal, sin ningún retardo respecto al otro brazo, Izuku descarga tres rápidos puñetazos sobre el saco que rajan la tela del exterior. Izuku recuerda las balas de aire de sus guantes de fuerza y, en menos de un segundo, ha podido apretar el puño y disparar una carga que termina de romper el saco, haciendo que parte del algodón de su interior caiga al suelo con varios granos de arena. Escucha el silbido impresionado de Mei. Está a punto de disculparse por haberlo roto, pero la preocupación por el exceso de fuerza vuelve a su mente y se acuclilla, sujetando entre sus dedos uno de los granos de arena, delicadamente, hasta llevarlo a la palma de su mano derecha y depositarlo en ella con suavidad.

—Guau… —susurra, impresionado. Se vuelve hacia los otros tres. Ambes profesores están atónites también, pero Mei no cabe en sí de alegría—. Esto es muy superior al guante, Mei… Debe tener como… ¿el cuádruple de fuerza?

—Sí, ¿verdad? ¡Tendrás que entrenar sus percepciones y acostumbrarte, pero funciona incluso mejor de lo que había previsto! —Sin previo aviso, Mei se lanza sobre él, abrazándolo, y casi lo derriba.

Izuku la rodea con los brazos, intentando contener, sin éxito, las lágrimas por poder utilizar los dos brazos para ello, esta vez con una suavidad que los golpes anteriores no hubiesen sugerido. La precisión prometida por Mei funciona. No necesita contenerse, ni pensar en ello. Su brazo izquierdo rodea la espalda de su amiga con la naturalidad con la que lo ha hecho siempre. Incluso, sin pensarlo, la acaricia suavemente con la mano en un movimiento interiorizado durante años que, desde que perdió el brazo, no había repetido. No puede sentir la textura de la tela de la camiseta de tirantes de Mei al hacerlo, pero sí la calidez de su temperatura corporal: su amiga ha incorporado sensores térmicos en toda la superficie del brazo.

—Es genial, Mei —repite Izuku, emocionado. Ahora, toda su reticencia a lo que, en su mente, significaba sustituir su brazo le parece tan tonto como le ha debido parecer a su amiga. Se alegra ahora de que ni su madre, ni sus amigues, ni su psicóloga, se hayan rendido en ayudarle a llegar a este momento. Que no le hayan permitido recrearse en su pérdida de manera indefinida—. Estoy deseando enseñárselo a mamá. Va a flipar. Y Ochaco también. —Su amiga, que es una de las que más le ha animado a no abandonar el trabajo en la prótesis durante las últimas semanas, va a alegrarse un montón, está convencido.

«Y Katsuki», piensa, sin decirlo en voz alta para no darle material a Mei que utilizar para burlarse de él, deseando estar a solas para poder enviarle un mensaje contándoselo. No han vuelto a intercambiar más desde la última vez que le escribió, pero está seguro de que se alegrará de saberlo.

—Combinado con la velocidad de esas suelas que has creado, puede ser tan imbatible como cualquier Don. Aunque creo que primero voy a echarle un vistazo al diseño, estoy segura de que lo puedo mejorar, tráeme mañana los planos —dice su amiga, rellenando el súbito silencio de Izuku.

—Muchas gracias. A los tres —murmura Izuku, ignorando a propósito el afán incansable de Mei, y junta las palmas de las manos, «¡De ambas manos!», para hacer una reverencia de agradecimiento en dirección a sus profesores y amiga.

Se distrae al incorporarse, ensimismado en la visión de sus dos manos unidas, palma contra palma. El brazo tiene un color metálico desvaído, sin brillo, pero es muy bonito. Se nota el buen gusto del diseño de Mei, sobrio y acorde con las características técnicas. Y, aunque al principio no estaba convencido, le gusta que no trate de imitar el color de su piel. Él podría notar igualmente el punto exacto donde se une igualmente, y este le parece más… heroico. La risita burlona de Mei, que adivina con bastante certeza qué está pasando por su mente, lo devuelve a la realidad.

Entusiasmados por los resultados, prueban el brazo unos minutos más, pero pronto el sonido de otra campana los interrumpe, indicando que ha dado comienzo otra clase, y la entrada de un puñado de alumnos en el taller, que los observan con curiosidad, da por concluido el ensayo.

—¡Midoriya! —lo llama el profesor Watanabe cuando Izuku y Mei se despiden de les profesores para marcharse, con el primero agradeciéndoles una vez más su colaboración y supervisión—. Ese brazo no hace de ti un héroe, por mucha fuerza y precisión que tenga. —Izuku aprieta la mandíbula, sin saber qué responder, pero el profesor continúa—. Lo que hace de ti un héroe está más allá de ese brazo, que no has necesitado hasta ahora para demostrarlo. No lo pierdas jamás y no dejes que nadie, ni siquiera un viejo que se cree más sabio de lo que es, te convenza de lo contrario.

—¡Sí, señor! —exclama Izuku, emocionado, haciendo una nueva reverencia, esta vez apoyando las manos, ambas, en las rodillas. No puede evitar mirárselas, maravillado, al incorporarse. Boquiabierto, flexiona los dedos y los estira antes de levantar de nuevo la mirada hacia les profesores.

—Eso sí… —El profesor Watanabe esboza una sonrisa maliciosa y entrecierra los ojos. Le profesore Katô, a su lado, pone los ojos en blanco, pero resopla con un bufido de diversión acto seguido—. Asegúrate de ser el mejor para que pueda presumir de haberte dado clase algún día.

—¡Lo haré, señor! —repite Izuku, enjugándose las lágrimas. Sorprendido, se percata de que lo está haciendo con el brazo izquierdo. Para su cuerpo ha sido tan natural recuperarlo, que ni siquiera ha necesitado acostumbrarse a utilizarlo de nuevo en lugar del derecho. Es un empujón de Mei el que le incita a dejarse de mirar, admirado, la mano y salir del taller.

Mei y él salen de la facultad tras ducharse y cambiarse en los vestuarios. El brazo artificial, que sí nota la temperatura del agua caliente, no se ve afectado por la humedad, pues Mei lo ha diseñado de forma que es totalmente sumergible a varias decenas de atmósferas de presión. Se recrea varios segundos en la sensación de la toalla frotando la superficie suave del brazo biónico. Un rato antes, no había podido percibir el tacto de la camiseta de Mei, pero ahora es capaz de percibir la tela esponjosa. Antes de vestirse, compara la diferencia entre sus ambos brazos, tomando nota mental de ello. Por primera vez desde que se reincorporaron a las clases, es Izuku quien tiene que esperar a Mei, pues volver a tener dos manos para lavarse el pelo, secarse o vestirse le permite volver a tardar lo mismo que antes de tener que acostumbrarse a no tenerlo.

—Vaya, mira quién ha tenido que tomar la iniciativa al final. —La voz de Mei, acompañada de un codazo, lo distrae una vez más de la contemplación de su brazo.

Izuku sigue la mirada de su amiga. Katsuki espera con un ramo de flores en una mano, la otra guardada en el bolsillo y el ceño fruncido en un rictus malhumorado. Está tan guapo que Izuku se olvida de su brazo. Ha recuperado los piercings de su orejas y cejas, que no tenía en Osaka, cuando vestía su traje profesional, y que le dan un aire más macarra de lo habitual. Viste una camiseta negra que se le ajusta a los músculos de los pectorales y el abdomen y deja ver los tatuajes de sus brazos. El estilizado pez koi de estilo japonés de su brazo izquierdo se extiende por la cara interior de su antebrazo en un tatuaje nuevo y desconocido para Izuku, lleno de color. Desde donde está, le parece otra carpa koi que desciende nadando por su piel.

«Perseverancia ante la adversidad y alcanzar los objetivos», piensa Izuku, mordiéndose el labio inferior.

—Creo que hoy volveré por mi cuenta, Izuku. —Con un beso en la mejilla, Mei se despide de él y se aleja saludando a Katsuki con la mano y una sonrisa de suficiencia.

Inseguro, Izuku se acerca a Katsuki con pasos titubeantes, consciente de pronto de que es la primera vez que se encuentran en varias semanas y que, obviamente, la última vez este lo vio aún no tenía la prótesis. Y, como no han hablado, tampoco ha tenido ocasión de contarle los progresos que estaban consiguiendo con ella. Ni de enviarle el mensaje en el que ha pensado un rato antes.

Katsuki lo mira de arriba abajo, pero no cambia de expresión, e Izuku se pregunta sí ha aprobado su examen. La mirada del héroe se detiene en su brazo biónico y el brillo de aprobación de sus ojos esta vez es mucho más explícito.

—Llevo un montón de rato esperando, nerd —dice cuando Izuku se detiene, delante de él, con los dedos apretados alrededor de las tiras de su mochila, nervioso.

—Hola —susurra Izuku con la voz ahogada.

—Hola, nerd. —Sólo oír su voz hace que a Izuku le arda la cara. No es plenamente consciente de que está mirando al suelo hasta que los dedos de Katsuki bajo la barbilla le obligan a levantar la cabeza para mirarle a los ojos. Izuku se muerde el labio, sin saber bien qué esperar y las pupilas de Katsuki se ensanchan—. Te ves bien. —Una media sonrisa, amable, cruza el rostro de Katsuki y hace que sus piercings parezcan menos intimidantes.

—Estoy bien —asiente Izuku. Levanta el brazo biónico para enseñárselo—. Acaban de colocármelo. Lo ha hecho Mei para mí. Bueno, y Yaomomo. Y les profesores Katô y Watanabe. Ha sido un trabajo de equipo.

Y, sin más, todo vuelve a ser natural. Como si no hubiesen estado sin verse durante semanas, Izuku se embarca en un monólogo interminable sobre las prestaciones técnicas del brazo. Las semanas anteriores llenas de silencio y ausencia dejan de existir e Izuku se siente como si estuviesen los dos sentados en una silla de un taller hablando de los audífonos de Katsuki, entrenando en un gimnasio o en una habitación genérica de un complejo militar fabricando el distorsionador de voz de Shinsou.

Sin interrumpir su incesante parloteo, Katsuki lo escucha atentamente, sin apartar los ojos del rostro de Izuku, que cada vez se nota las mejillas más sonrojadas y acaba perdiendo el hilo de lo que está diciendo, apabullado por la intensidad de la mirada de Katsuki.

—¿Puedo tocarlo? —pregunta Katsuki cuando Izuku por fin se calla.

Tras dudar un segundo, Izuku asiente y extiende el brazo izquierdo hacia él. La yema del dedo de Katsuki recorre el antebrazo hasta la muñeca y luego hasta la palma de la mano. Izuku percibe el tacto, aunque no la textura, y el calor del dedo de Katsuki, más cálido que el de Mei, por todos los sitios que roza. Es una sensación extraña, pues sus nervios la interpretan con ciertas reminiscencias del metal que conforma la prótesis, pero al mismo tiempo es agradable e Izuku tiene que reprimir un estremecimiento cuando el dedo de Katsuki acaricia la yema de su dedo corazón, presionándola levemente hacia abajo.

—Es suave.

—Mei y Yaomomo se han inspirado en el tacto de la silicona de los juguetes sexual… —Izuku se interrumpe, con la cara ardiéndole. De pronto, un comentario casual que no ha tenido mayor importancia en otras conversaciones, lo perturba al punto de que vuelve a agachar la cabeza. Katsuki insiste en levantársela de nuevo, dejando de acariciar el dedo de Izuku para sujetarle la barbilla.

—Ahora necesitarás un guante como el que tenías para la otra mano, ¿no?

—Mei y el profesor Watanabe me están ayudando a rediseñarlo. Gracias a eso, podré priorizar el desarrollo de los dispositivos para las botas. —Katsuki comienza a caminar. Izuku tarda un par de segundos en reaccionar, y lo sigue, corriendo un poco para situarse a su altura.

Mientras le explica los detalles de su nuevo proyecto, Katsuki asiente de vez en cuando y le dirige alguna que otra mirada de reojo de las que Izuku se percata, a pesar de que agacha la cabeza, sonrojado, cada vez que intercepta una de ellas .

—Es buena idea —dice Katsuki cuando Izuku lo mira, expectante, esperando saber su opinión.

—¿Verdad? —Izuku infla el pecho con orgullo—. Me di cuenta de que necesitaba más movilidad. Cuando entrené contigo gané muchísima fuerza, agilidad y flexibilidad, pero en el momento en el que entraba cuerpo a cuerpo, ya no tenía nada. De esta manera podré controlar mucho mejor la situación, llevar yo la batuta al elegir cuando golpear y tener más movilidad para alejarme o acercarme al objetivo.

—Entonces, si estás trabajando en ello, ¿por qué no estás entrenando para obtener también la licencia definitiva? —pregunta Katsuki bruscamente, interrumpiéndolo. Izuku se detiene, impactado por la pregunta.

No sabe la respuesta. Le han preguntado su madre, Mei, Ochaco… Incluso Shinsou se extrañó de que no se pusiese inmediatamente a ello y el profesor Watanabe ha dado por hecho que es su intención, pero escucharlo de boca de Katsuki es diferente.

Nervioso, se mordisquea el labio inferior, preguntándose cómo contestar.

Frente a él, Katsuki lo observa con atención, entornando los ojos. Cuando Izuku tartamudea, encogiéndose de hombros, estrella el ramo de flores que ha traído contra el pecho de Izuku, que consigue sujetarlo con su brazo izquierdo antes de que caiga al suelo

—Toma, las flores son tuyas, llévalas tú.

—Gracias —dice Izuku, un poco desconcertado. Aunque ha visto las flores desde el principio, se ha olvidado de ellas mientras charlaban.

—No sabía si te gustarían.

—Me encantan.

—En realidad, fue idea de Shouto —reconoce Katsuki, incómodo—. Creo que últimamente pasa demasiado tiempo viendo películas cursis en internet.

—Me gustan las flores, Katsuki —repite Izuku, sonriendo mientras las mira con deleite y las arregla para enderezar las que se han aplastado—. Muchas gracias.

—Te las tendría que haber dado nada más llegar, pero me distraje con las novedades sobre tu brazo.

—Está bien, no pasa nada —dice Izuku, en un murmullo emocionado, contento porque Katsuki esté aquí, con él y le haya traído flores.

Katsuki echa a andar de nuevo e Izuku se apresura a ponerse a su altura. No está muy seguro de si Katsuki ha dado por terminada la conversación o si se dirigen a algún lugar concreto, pero quiere creer que es lo segundo, ya que de lo contrario no habría ido a hablar con él sólo para darle unas flores.

Caminan en silencio. Ensimismado en la presencia de Katsuki a su lado, Izuku tarda varias calles en reconocer la dirección que están siguiendo: es el que lleva a su casa. Unos minutos después, demasiado pocos, llegan al edificio de apartamentos, confirmando que Katsuki recuerda dónde vive Izuku a pesar de que sólo lo ha acompañado una vez.

—Hemos llegado. —La desilusión invade a Izuku al pronunciar ambas palabras.

Los dos vuelven a quedarse en silencio, de pie el uno frente al otro. No comprende bien qué está ocurriendo. Primero Katsuki aparece de forma imprevista y luego lo acompaña a casa sin más. Abrazando su ramo de flores, Izuku no puede evitar considerar la idea de que tener tiempo para pensar hace las cosas definitivamente más complicadas que cuando en el complejo se limitaba a actuaba sin pensar, como si fuese el último día. Por otro lado, le gusta haber podido dar la noticia de su brazo a Katsuki en persona, compartir con él la novedad y ver su aprobación.

—Pensé que tendrías cosas que hacer. Que no podía aparecer y obligarte a hacerme caso por presentarme en tu facultad, pero tampoco quería escribirte por mensaje. No se me da bien hablar por chat y no sabía qué decir —dice finalmente Katsuki. Vuelve a mirarlo con intensidad. Izuku asiente, mordiéndose nerviosamente el labio.

—Sí. No. ¡O sea, sí! Quiero decir… —En realidad, sí tiene cosas que hacer, como estudiar y avanzar en los proyectos de clase, pero no le importaría saltarse la tarde entera, incluso sin haberlo planificado en su calendario.

—Por eso decidí que podía acompañarte a casa. Tú tienes que volver, en cualquier caso —insiste Katsuki. Izuku asiente, sin saber dónde quiere llegar. A Katsuki parece costarle elegir las palabras que necesita—. Siento que no hayamos hablado antes.

—Yo también lo siento. Tampoco… —No termina la frase, porque Katsuki parece comprender.

—¿Tienes libre esta noche? Es viernes. —Izuku tarda unos segundos en reaccionar, pero asiente, entusiasmado—. Podemos cenar juntos.

—Mamá ya hizo cena para los dos —dice Izuku, sin pensar, maldiciéndose acto seguido, al comprender qué le estaba proponiendo en realidad, por no haberse callado. Su madre no se opuesto a que salga a cenar fuera. Katsuki suspira, exasperado—. Pero podemos quedar después y salir los dos —añade, tratando de arreglarlo, sin ocultar el matiz de súplica de su voz.

—De acuerdo, nerd. Esta noche salimos juntos —responde Katsuki rápidamente, como si temiera que fuese Izuku a arrepentirse—. Como una cita. Sin el cómo, joder. Una cita.

—¿Una cita?

—¿Te parece mal?

—Me parece genial —confiesa Izuku, ruborizándose y balbuceando sin sentido. Una sonrisa jactanciosa aparece en los labios de Katsuki—. Una cita… Sí, perfecto.

—A las nueve te recojo. Sé puntual —dice el héroe antes de marcharse con las manos en los bolsillos y una expresión de satisfacción en el rostro.

Izuku sube la escalera hasta su casa a saltos, flotando en una nube de felicidad. No se percata de que su madre ya ha llegado también y se mueve por la cocina, porque nada más cerrar la puerta de la calle apoya la espalda contra ella y hunde la cara en el ramo de flores, inspirando su perfume y disfrutando de la caricia de los pétalos en las mejillas.

—¿Ya estás en casa? Has tardado más de lo habitual. —Inko sale de la cocina y, al ver las flores, se detiene con una sonrisa dulce y comprensiva—. Vaya, Zuzu. Son muy bonitas. ¿De quién son?

—De Katsuki. Dynamight, el héroe profesional —añade, aunque es consciente de que su madre tiene muy presente ese dato. No es sólo que le haya hablado de él y le haya dicho su nombre: Dynamight es conocido no sólo en Japón, sino incluso a nivel internacional.

—Ah, sí. Me hablaste de él en el hospital —asiente Inko, buscando en uno de los muebles de la salita un vaso lo suficientemente grande para acoger el ramo.

—Me ha pedido una cita para esta noche —dice Izuku, verbalizándolo para asegurarse de que no se lo está inventando, de que es real.

—Trae una aspirina, tendría que haber en el botiquín —le pide su madre. Eso hace que Izuku se mueva de la puerta de casa, yendo al cuarto de baño mientras su madre regresa a la cocina para llenar de agua el improvisado jarrón—. La aspirina ayuda a que se mantengan frescas más tiempo. No sabía que seguíais en contacto —explica cuando Izuku vuelve del cuarto de baño con un blíster del medicamento, recostándose en mesa de la cocina y mirando a su hijo con curiosidad.

—No hemos hablado mucho en las últimas semanas. Hasta hoy —admite Izuku.

—¿Por algo en particular? —Izuku se encoge de hombros. No sabe cómo explicar el miedo que pasó a que Katsuki lo rechazase al enterarse de que no tenía Don. El alivio cuando vio que lo recibía bien de vuelta y lo escuchaba como a un igual. La inseguridad de no saber cuál es su posición en la vida del héroe ahora que todo ha terminado, que le incapacitaba para tomar la iniciativa o aceptar su oferta de trabajo—. Eres muy guapo, Zuzu, sobre todo ahora. El enamoramiento te sienta muy bien.

—¡Mamá! —protesta Izuku, sonrojándose.

—Es mi derecho como madre decir esas cosas —argumenta Inko, levantando una mano—. Estoy segura de que él también lo piensa.

—No sé si quiero hablar de esto, mamá —protesta Izuku, avergonzado. Inko se ríe, entre dientes, complacida.

—Me alegro de que ese héroe tuyo haya tomado la iniciativa, entonces. Ya se te veía muy enamorado de él hace meses, en el hospital, cuando me hablaste de él. Pero en ese momento tenías tantas preocupaciones en la cabeza que no tenía la seguridad de cuán profundo podía ser ese sentimiento.

—¿En serio? Sí, supongo que sí, pero no estaba seguro de que él… —Izuku pierde la sonrisa que, hasta ahora, no se había dado cuenta que estaba esbozando, porque una de las cosas que más le ha aterrorizado de esta situación con Katsuki es precisamente la inseguridad, pero su madre sonríe con dulzura.

—Regresaste más adulto de la guerra contra la Liga de Villanos, Zuzu, más maduro. Me gusta ese cambio: estás más seguro de ti mismo, te quieres mucho más y reconoces tu valía. Pero no negaré que me gusta ver también que eso no significa que hayas perdido la capacidad de enamorarte como el chaval que eres —dice su madre, sentándose en la silla y apoyándose en la mesa para mirar a Izuku, que agacha la cabeza para ocultar la confusión de su rostro—. Enamorarse es dejar de pisar el suelo y permitirse caer al vacío. No pasa nada por sentirse inseguro a veces, en una situación así, pero estoy convencida de que ese Katsuki ha sido capaz de ver la luz que brilla en ti. Debe ser muy especial, si estar con él hace que se te olvide contarme las cosas —añade, señalando el brazo biónico de Izuku.

—¡Es verdad! ¡Lo siento, mamá! —dice Izuku, embarcándose en una explicación similar a la que le ha dado a Katsuki para mostrarle todas sus prestaciones—. No te lo había contado porque… Creo que no era capaz de visualizarme con ella y… Estábamos trabajando en fabricarla, pero no parecía real, no hasta hoy.

—Lo entiendo. Te haces mayor, Zuzu —suspira su madre, con cierta melancolía. Izuku lamenta, por un lado, la verdad de esas palabras: ya no tiene la necesidad de contarle todo a su madre, aunque siga confiando en ella tanto como para hablarle incluso de lo que siente por Katsuki. Por el otro, es cierto que se siente adulto, tomando decisiones por su cuenta y riesgo—. Parece una prótesis de muy buena calidad —dice, acariciando el material sedoso del antebrazo.

—Lo es, pero no te preocupes por el coste. El material ha salido de la heroína Creati y el diseño es de Mei.

—Claro que me preocupo, Zuzu. Soy tu madre, siempre lo haré, pero no estoy preocupada ahora ni mucho menos por algo así. —Inko le besa en la frente, con los ojos anegados en lágrimas—. Te mereces todo esto y más.

—¿Tú crees? —Todavía no está muy seguro de querer seguir ese camino, por mucho que lleve soñándolo desde su infancia.

—No lo creo. Lo sé. Y vas a ser mejor héroe gracias a ello. No porque tengas una prótesis, sino porque es algo que está dentro de ti y que ese Katsuki y tus amigos han sabido ver en ti. Y, gracias a lo que has hecho, pronto más gente será capaz de verlo en muchas otras personas.

—Tú también crees que soy un símbolo —dice Izuku, pensando en las palabras de Mei y de Ochaco.

—Tú eres mi pequeño Zuzu —responde Inko, secándose las lágrimas—. Siempre serás mi pequeño Zuzu, el que ha iluminado el camino de mucha gente y hará que el mundo siga siendo un poquito mejor cada día, porque es lo que los héroes hacen por las personas, ¿no?

—No me importa ser un símbolo si es así —asiente Izuku, fundiéndose en un abrazo con su madre—. Te prometo que seré el mejor héroe —dice con la voz ahogada, conteniendo un sollozo emocionado sin conseguirlo.

Al final, Izuku no se arrepiente de haberse quedado a cenar en casa. Una parte de él sigue dándose cabezazos por la torpeza de no haber aceptado la invitación inicial de Katsuki, pero otra, la más pragmática, la que está experimentando el entorno con su nuevo brazo, la que conversa emocionado con su madre mientras comen, le dice que habrá otras oportunidades y que las cosas han salido como deberían.

Nervioso por la perspectiva de tener una cita con Katsuki, Izuku ha sido incapaz de concentrarse durante el resto de la tarde. Ni estudia, ni avanza en ninguno de sus diseños. Frustrado por lo distraído que está, ha dejado de lado el proyecto de las suelas y tratado de recuperar el diseño de las hombreras de Dynamight, abandonadas en lo que ahora se le antojan tiempos lejanos, pero no sirve de nada y no hace nada más que moverse nerviosamente por su cuarto hasta que llega el momento de cenar, ducharse y vestirse.

Cuando Izuku baja, cinco minutos antes de la hora para no ser impuntual, impaciente, Katsuki ya está esperándolo en el portal. Al verlo, el héroe asiente con la cabeza y sonríe de medio lado. Se ha cambiado de ropa, pero está aún más guapo que antes. Lleva una camiseta negra, pero esta vez es de tirantes, porque la noche es cálida, y deja a la vista parte de sus hombros, lo cual le permite a Izuku apreciar mejor los tatuajes que, a la escasa luz artificial de la calle, parecen tener vida propia y moverse bajo la piel.

Katsuki le da la mano, entrelazando sus dedos con los de él, y tira para guiarlo entre las calles del barrio hasta un pub oscuro que tiene la música a un volumen adecuado para poder charlar. No es la primera vez que caminan de la mano, pero es la primera vez que todos los pensamientos de Izuku pueden focalizarse en la sensación de la mano grande de Katsuki envolviendo la suya protectoramente. Es suave y el agarre es firme, pero no fuerte, y se siente muy cálida, como si la piel de Katsuki tuviera un par de grados de temperatura más, igual que los gatos. Al entrar al pub, Izuku lamenta tener que entrar porque eso le obliga a soltar la mano de Katsuki.

Acaban en un rincón del pub, ocupando una pequeña mesa redonda y alta. Katsuki está semisentado en su taburete, pero con los pies en el suelo. Mucho más bajo que él, Izuku está encaramado en el suyo, con los pies balanceándose en el aire, sin apartar la vista de su bebida. No recuerda bien qué es lo que ha pedido para beber, porque no ha tocado el vaso desde que han llegado. La música suena suavemente, de fondo, pero Izuku tampoco le está prestando atención, demasiado absorto en contemplar los reflejos que las luces de colores de la sala dibujan en la piel de Katsuki, haciendo que el fulgor rojo de sus ojos resalte en la semioscuridad del pub y los piercings de sus orejas y ceja destellen, reflejando la iluminación y adquiriendo el color cambiante de esta.

—¿Por qué no has aceptado mi oferta, nerd? —Es Katsuki quien interrumpe el silencio. Izuku, que se había quedado ensimismado en el punto en el que el tatuaje tribal del brazo derecho de Katsuki se desliza debajo de la tela de su camiseta en dirección a su pecho, se sobresalta y baja la mirada, percatándose de que el héroe tampoco ha tocado su bebida.

Inspirando profundamente y conteniendo el aire dentro de los pulmones, Izuku medita la respuesta mientras gira entre sus manos el vaso, que ha condensado humedad en el exterior, disfrutando de la sensación fría que experimenta en el brazo izquierdo.

—Yo… Sigo sin tener un Don —dice finalmente, pronunciando despacio. No ha hablado muy alto y está a punto de repetirlo, pero los ojos entrecerrados de Katsuki lo detienen. Comprende entonces que Katsuki está utilizando los audífonos que fabricó para él y por eso ha podido escucharle incluso en un entorno tan ruidoso como este—. No deberías utilizar esos audífonos. Los hice demasiado deprisa, son prototipos que no han sido sometidos a ningún control de seguridad. A lo mejor podría pasarle el diseño a Mei para que les eche un vistazo en su nuevo trabajo y…

—Tampoco lo tenías antes —masculla Katsuki, ignorando el cambio de tema de Izuku. Izuku se encoge de hombros—. Es por mi culpa, ¿verdad? Por cómo reaccioné cuando me enteré.

—¡No! —exclama Izuku inmediatamente, preocupado porque lo crea así.

—Mira, nerd —dice Katsuki con tono feroz. Izuku se encoge un poco. No sabía que esperar de una cita con Katsuki, pero no tiene la sensación de que esté yendo precisamente bien por lo malhumorado que este parece—. Vas a tener que perdonarme. A mí y a mucha gente, pero el resto a mí me la traen al pairo. Hablé con tu antiguo compañero. El que controla las mentes. Y me lo contó.

—Eso es agua pasada —murmura Izuku, negando con la cabeza—. Él tampoco tuvo la culpa por aquello. Y ya se ha disculpado por la responsabilidad que le tocaba.

—No, la tuvimos todos. Toda la sociedad, empeñada en etiquetar y clasificar a todo el mundo en categorías. Ya te lo conté, joder. Yo era así también. Me burlé de un compañero de clase que no tenía Don, incluso de gente que tenía Dones menos potentes o prácticos que el mío, porque estaba orgulloso de que yo llegaría más lejos que ellos —dice Katsuki, impidiendo que Izuku le interrumpa—. Era un gilipollas. Quiero creer que ahora ya no lo soy tanto, y sin embargo… En todo caso, he sido yo el que no ha estado a la altura. Has tenido que demostrar tu valía muchísimo más que otras personas y pagar un precio demasiado alto para que seamos capaces de abrir los puñeteros ojos y ver lo que, según Shinsou y Hatsume, llevas años gritándole al mundo.

—Eso ya no importa. Ya no eres esa persona, y tampoco lo es Shinsou. Y son más importantes los actos que las palabras; los dos habéis demostrado que ya no sois de esa manera —dice Izuku, negando con la cabeza—. En realidad, era que ya no estaba tan seguro de que ser un héroe fuese lo que quería.

—No digas gilipolleces —espeta Katsuki. El primer impulso de Izuku es encogerse, pero el segundo es sonreír al ver la cara del héroe, que enrojece por el cabreo.

—¡No! ¡No, espera! Deja que me explique. Es… he tenido que pensar… digerir muchas cosas. No sabía bien lo que quería y tenía que poner en orden mis prioridades.

—¡Siempre has querido ser un héroe! —Aunque las palabras de Katsuki son bruscas, Izuku intuye que no está enfadado. Al menos, no con él. Quizá consigo mismo, pero se ha relajado durante la conversación—. Aguantaste perder un brazo para salvar a un niño perdido. Te metiste en un incendio para salvar a tus amigos. Corriste hacia Twice para contenerlo y darme espacio para ganar. Derrotaste al mayor villano de las últimas décadas. Ser un héroe es lo que querías, ¿no? Lo has conseguido, ¿por qué dudas ahora, joder?

—Porque ya lo soy —dice Izuku en un suspiro cuando Katsuki concluye su exposición. Agacha la cabeza, mirando la condensación del vaso que tiene entre las manos, pero luego la levanta y clava los ojos en Katsuki—. Ya soy un héroe. He comprendido que ya lo soy, con o sin Don. Con y sin licencia de héroe provisional. Sin dudas. Lo que ocurre es que no quería convertirme en «el» héroe sin Don, pero hoy he comprendido que a veces es necesario que alguien dé el primer paso y que yo estoy en la posición adecuada para ello. Que prefiero seguir impulsando el cambio que acomodarme en la posición del que ya lo consiguió y dejar al resto atrás.

Al terminar, Izuku inspira aire, llenando los pulmones, y lo contiene, a la expectativa de la reacción de Katsuki. Katsuki luce impresionado y lo mira con los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas. Izuku se muerde el labio inferior, pero le sostiene la mirada sin perder aplomo.

—Claro que sí, joder —dice, remarcando cada una de las palabras, sin apartar de Izuku los ojos, que le brillan con aprobación—. Necesitamos gente como tú en las agencias. No sólo en la mía. Si no te han llegado más ofertas es porque el resto, como Shouto, ha dado por hecho que trabajarías conmigo.

—En realidad, sí me llegó una propuesta de Ingenium. Aunque era para organizar formaciones y sensibilización en colegios e institutos —admite Izuku.

—¿Ves lo que digo? —Katsuki lo mira con la mirada teñida de orgullo e Izuku se ruboriza de nuevo—. Estás hecho a medida para eso. Y cualquier agencia se rifaría a alguien con la versatilidad de crear objetos de apoyo funcionales para exprimir las habilidades y cubrir las necesidades del equipo en tiempo récord como tú, igual que hiciste en el puñetero complejo con mis audífonos, tus guantes, el distorsionador de voz… Y ser capaz además de utilizar los tuyos propios para potenciar tus habilidades, la capacidad de toma de decisiones en batalla, la valentía de hacer lo correcto…

—No soy tan bueno creando como Mei. La mayoría de mis diseños los perfecciona ella después —dice Izuku, negando con la cabeza, aunque el elogio le ha gustado.

—También tarda mucho más. Fuiste tú el que creó un distorsionador de voz en una noche. Diseñaste unos audífonos completamente funcionales que sigo utilizando en apenas unas horas. Serías una incorporación valiosa para el departamento de soporte de cualquier agencia de héroes ya sólo por eso. Pero lo importante es que, además, eres un héroe. Tienes lo que la gente quiere ver en un héroe, lo mismo que siento yo cuando me enfrento a un villano y quiero ser el mejor. —Katsuki se acomoda en el taburete, aparentemente cansado tras haber hablado tanto, y da un trago largo a su bebida.

—¿Shouto también quiere enviarme una oferta? —pregunta Izuku, intentando organizar las ideas en su cabeza.

—¿Eso es todo lo que has escuchado de lo que te he dicho? —Katsuki sonríe de medio lado, divertido por la reacción de Izuku—. Claro que sí. Busca la agencia que más te guste, te harán una oferta. Acepta la propuesta de Iida, entra en Endeavour si no quieres hacerlo en Dynamight, haz lo que te dé la gana, pero no renuncies justo ahora al sueño de trabajar como héroe profesional cuando acabas de pasar la mano por la cara a todos los que te llamaban Deku de pequeño.

—No es la motivación que elegiría para hacerlo, sinceramente —le indica Izuku, aunque sabe que Katsuki no lo ha dicho en ese sentido.

—Por supuesto que no. Me has entendido, no me líes con tu manía de hablar hasta el infinito. —Izuku se ríe a carcajadas y después da unos pocos sorbos a su bebida, reflexionando.

—Mei ha entrado a trabajar con Yaomomo a tiempo parcial —dice, mordiéndose el labio mientras reflexiona.

—Y seguro que hacen un tándem genial. Pero tanto Shouto como yo te queremos como héroe profesional, no como inventor en plantilla. O no sólo como tal, porque sería de imbéciles desaprovechar tu talento. No eres idiota, sabes perfectamente a qué me refiero. —Katsuki lo mira con intensidad. Izuku asiente, sonriendo complacido—. Lo primero es volver a ponerte en forma. Tienes que aprobar el examen para la licencia definitiva. Ni siquiera has entrenado estas semanas, joder.

—Tampoco he tenido mucho tiempo —admite Izuku, que sigue tratando de recuperar los meses de clase perdidos para no repetir ninguna asignatura.

—Me adaptaré a tus horarios —insiste Katsuki, frunciendo el ceño, sin comprender que Izuku no se está negando. No desea negarse—. Vas a tener que trabajar para recuperar la movilidad que tenías en el complejo. Necesitarás muchos reflejos si esas botas tuyas serán capaces de ir tan rápido como dices. No aceptes la oferta de Dynamight si no quieres, no pretendo presionarte para que lo hagas, pero a partir del lunes te entrenaré para ponerte en forma otra vez. ¿No quieres? —pregunta Katsuki, un tanto desconcertado al ver que Izuku agacha la cabeza.

Este se lame los labios, un poco abrumado. Todo va demasiado deprisa y no es lo que esperaba de una cita.

En el pecho de Izuku se mezclan sus sentimientos hacia Katsuki con la emoción de poner en práctica lo que han sido los sueños de toda una vida: ser un héroe, trabajar para una agencia. No como algo puntual y temporal como semanas atrás, sino hacerlo profesionalmente, reconocido por toda la sociedad. Y, sin embargo, tiene la seguridad de que lo habitual en una cita no es organizar el futuro laboral de una de las partes, por mucha ilusión que le haga volver a entrenar junto a Katsuki y tener la excusa perfecta para pasar tiempo con él de manera regular.

—Sí… ¡Sí, claro que quiero! —repite con voz firme al ver que Katsuki aprieta los labios y frunce el ceño por no comprender por qué tarda tanto en responder.

Sin duda alguna, Izuku no quiere perder la oportunidad de pasar tiempo con él. Tampoco la de trabajar en su agencia, le emociona hacerlo para alguien que piensa las cosas que ha dicho de él como héroe y que lo considera un igual. Pero, un poco agobiado, Izuku se da cuenta de que no es sólo eso lo que quiere y que necesita algo más. Que esperaba algo más de su cita.

—Pero yo pensaba… creía que hoy… Que nosotros… —titubea Izuku, tratando de desenredar el nudo que nota en el pecho y encontrar el valor que sabe que posee para ponerlo en palabras.

Lo interrumpen antes de que consiga organizar sus emociones. Dos chicas, una con el pelo largo y liso y la otra con un peinado que hace que sus mechones salgan disparados en todas direcciones, muy similar al de Izuku, se acercan a la mesa, riendo y sujetando un vaso cada una.

Izuku las observa, expectante y da una patada por debajo de la mesa a Katsuki, que ha entornado los ojos y las mira con peligrosa ferocidad. Se ha puesto en tensión y los músculos hacen que los tatuajes resalten más, dispuesto a saltar como un resorte para echarlas de allí. Las chicas, que a Izuku le parecen agradables y simpáticas, intercambian una mirada, cuchichean y se ríen a carcajadas hasta que una de ellas, más alta y de pelo largo, da un empujón a la otra para darle ánimos y que hable.

—¡Hola! —Izuku sonríe y contesta al saludo, pero Katsuki se limita a gruñir algo inarticulado—. Nos preguntábamos si… bueno, en realidad pensábamos… —La chica baja la mirada—. Os hemos visto desde la barra y quería… Nos gustaría saber si os dejaríais invitar a una copa.

—No. Largaos por dónde habéis venido. —Sorprendido por la aspereza de sus palabras y la brusquedad de su tono, Izuku se vuelve hacia Katsuki, que continúa mirando a las chicas de forma amenazadora y es la viva imagen de la hostilidad.

Por un instante, no sabe qué contestar. En otras circunstancias no le importaría aceptar la invitación, suponiendo que las chicas sólo quieren divertirse y conocerlos un poco mejor. No es ingenuo, capta la intención de ligar subyacente en la invitación. Sin embargo, la perspectiva de que las chicas, por muy simpáticas y agradables que parezcan, se sienten con ellos en la mesa no le agrada mucho. Tampoco está seguro de que, si como supone, las chicas están intentando ligar con ellos, quiera reciprocar el flirteo. La idea de que él esperaba algo más de esta cita, tal y como la ha denominado el propio Katsuki, cobra más fuerza en su cabeza. Aunque Katsuki sólo quiera hablar de su entrenamiento y su futuro laboral, llevan tanto tiempo sin verse ni hablar y lo ha echado tanto de menos, que esta noche Izuku lo quiere sólo para él.

—Eh, tranquilo, no es necesario ser desagradable —interviene la otra chica, mediando en la conversación.

—No sabía que estaba contigo —dice la chica del pelo corto, un poco asustada por la respuesta.

—Sí, está conmigo, ¿algún problema? —Katsuki eleva el tono de voz y sus ojos son apenas una línea afilada de color rojizo que brilla con intensidad.

—Katsuki… —murmura Izuku, suplicante, mordiéndose el labio inferior. Es suficiente, porque Katsuki se vuelve a mirarlo y automáticamente se relaja, serio, pero ya no hostil—. Lo siento, chicas. A veces puede ser un poco intenso, pero no lo ha dicho con mala intención.

—Es un borde, no hacía falta contestar así —dice la chica de pelo largo, enfadada, pero Katsuki sólo gruñe por toda disculpa, sin decir nada más.

—Lo siento —repite Izuku, sonriendo un poco, a pesar lo violento de la situación—. Pero creo que no estamos interesado. Quizá en otro momento. —La chica que ha tratado de invitarlos agradece el gesto con una inclinación de cabeza y las dos se marchan juntas, con la chica de pelo largo todavía lanzando miradas asesinas a Katsuki por encima del hombro.

Un poco histérico por lo ocurrido, Izuku se tapa los ojos y se ríe entre dientes.

—¿Qué es lo que tiene tanta gracia? —gruñe Katsuki, frunciendo más el ceño.

—¿Estoy contigo? —responde Izuku en tono pícaro. Aunque no aprueba lo que acaba de pasar, la reacción de Katsuki, que primero se sorprende ante su pregunta luego sonríe de lado al comprender por qué Izuku sonríe feliz, es algo que piensa guardar el resto de su vida en la memoria.

—Por supuesto, nerd. —Izuku asiente, feliz y sonriente, y por primera vez da un trago largo y relajado a su bebida, todavía fría gracias al hielo—. Te dije que esto era una cita, ¿no?

—Sí.

—Pues empieza a creerme cuando digo las cosas, porque siempre hablo en serio. Es una condenada cita y estás conmigo —dice Katsuki ferozmente, remarcando las palabras. Izuku vuelve a asentir con una sonrisa—. Y no te dejes impresionar tan fácilmente. Es obvio que esas chicas nos han reconocido por haberte visto en directo salvar a Japón.

—¿Parezco impresionado? ¿O insinúas que tengo que salvar Japón más a menudo para poder ligar? —bromea Izuku, que se siente flotar en una burbuja de nuevo, obteniendo de Katsuki una mueca llena de dientes que acaba transformándose en una de sus jactanciosas medias sonrisas.

Ambos apuran las bebidas en un silencio cómodo y cómplice, lleno de sonrisas tímidas por parte de Izuku y no tardan mucho en marcharse del local. Katsuki lo acompaña de vuelta a casa, pero Izuku nota que está dando un rodeo por varias calles, alargando el paseo. Le gustaría tomar la iniciativa de tomarle de la mano como Katsuki ha hecho antes, pero no se atreve. Hasta ahora, siempre que lo ha hecho, ha sido de forma inconsciente y, desde luego, sin premeditación. Además, Katsuki camina con las manos dentro de los bolsillos, así que Izuku se limita a acercarse un poco más a él, a lo cual el héroe corresponde haciendo lo mismo hasta que ambos se rozan los brazos. Izuku sonríe como un idiota, recordando las palabras de Katsuki en el pub.

Más relajado, Izuku charla de intrascendencias. Katsuki escucha y los guía a ambos por el entramado de calles e Izuku se deja llevar. Aunque alargan el trayecto todo lo posible, disfrutando del paseo, cuando por fin llegan a la puerta de su casa, igual que unas horas antes, a Izuku se le ha hecho extremadamente corto y no quiere que la noche acabe aún.

—Hemos llegado —constata, con tristeza. Katsuki asiente, mirando al edificio como si tuviera un problema contra él. Izuku contiene una carcajada, comprendiendo que Katsuki se siente como él—. Creo que voy a aceptar la oferta de Ingenium —dice en voz baja. Lamenta retomar el tema, pero quiere que Katsuki lo sepa antes de marcharse y decírselo a su madre, a Mei, a Ochaco y al resto de sus amigos al día siguiente.

—Me parece genial —aprueba Katsuki, volviendo la mirada hacia él. De nuevo, su expresión se suaviza y el orgullo asoma en sus ojos.

—Y también la tuya —continúa Izuku, pronunciando cuidadosamente las palabras.

—Esa me parece una idea aún mejor —dice Katsuki, satisfecho, sonriendo con arrogancia—. Que se joda Shouto, te vienes conmigo.

—¡Katsuki! —lo reprende Izuku, intentando fingir indignación, pero pierde efecto por la carcajada que se le escapa acto seguido.

—Cállate, nerd. —Izuku obedece. Katsuki se ha acercado más y de pronto tiene su rostro a menos de diez centímetros de la cara; Izuku puede sentir su aliento cálido en las mejillas—. Y deja de hablar de trabajo de una vez. Esto es una cita.

—Lo siento —musita Izuku, que siente el corazón bombearle tan fuerte que cree posible que vaya a despertar a todo el vecindario.

—No te disculpes, nerd.

—Lo si… —Katsuki resopla, conteniendo una carcajada, e Izuku se interrumpe, lamiéndose los labios, nervioso.

—Te voy a besar. —Al oír a Katsuki, a Izuku se le escapa un gemido suplicante. Katsuki lo mira con los ojos entrecerrados, riéndose entre dientes y disfrutando claramente de la situación—. ¿Tienes algún problema con eso?

—No… —susurra Izuku, incapaz de pensar en nada más, sin apartar la mirada de los ojos satisfechos del otro chico.

Katsuki salva la distancia que los separa y une toscamente sus labios con los de Izuku, cuyo cuerpo responde automáticamente al ponerse de puntillas para llegar mejor y pasar los brazos por detrás de la nuca de Katsuki, atrayéndolo hacia sí. El suspiro de placer que exhala se mezcla con el del propio Katsuki, que empuja con las caderas y los labios, exigiendo más. Izuku se deja llevar por el instinto y entreabre los labios. La lengua de Katsuki lo invade y profundiza el beso, explorando cada rincón de su boca, bebiéndose a Izuku, que le corresponde con ímpetu y descubre, agradablemente sorprendido, la pequeña bola metálica que adorna la lengua de Katsuki y ahora le acaricia con suavidad el paladar.

Atrapando el labio inferior de Izuku entre sus dientes y tirando de él con un mordisco suave al mismo tiempo que se lo lame con la lengua, Katsuki se aparta, permitiendo que Izuku recupere el aliento perdido por la excitación y la emoción. Izuku se deja mordisquear el labio varios segundos más, hasta que Katsuki lo suelta, estampando un último beso, superficial, contra sus labios al mismo tiempo que murmura algo ininteligible para sí mismo.

Sobrepasado por la sensación y atrapado entre el cuerpo de Katsuki y la puerta de acceso al edificio de apartamentos de su casa, Izuku se lame el labio inferior, deseando que el beso se repita.

Que no acabe jamás.

—¡Por qué lloras, joder! —masculla Katsuki, asustado, al ver la lágrima que se desliza por la mejilla de Izuku.

—Es felicidad —responde Izuku, apresurándose a enjugársela.

Como el héroe lo mira con cierta desconfianza, vuelve a ponerse de puntillas y es él quien besa a Katsuki, que hace un ruido gutural al devolvérselo con tanta fuerza que lo estampa contra la puerta una vez más.

Pierde la noción del tiempo. Katsuki es tan reacio a separarse de él como Izuku a dejar de besarlo. No le importa pasar el resto de la noche en vela si eso le permite besar a Katsuki al amparo de la oscuridad y del pequeño escondite que les proporciona el portal.

Con la mano derecha, se aferra al cabello de Katsuki, que gime en su boca con agrado. Con la izquierda le sujeta la nuca, atrayéndolo hacia sí para exigir más. En lugar de sobresaltarse o alejarse por el tacto del brazo artificial, Katsuki mueve el rostro ligeramente hacia ella cuando Izuku le acaricia la mejilla, incitándole a repetirlo antes de iniciar otro beso.


Notas del capítulo y ¿fun facts?:

- ¡Lo encontré! Justo a tiempo, menos mal :P.

- Bueno, he aquí dos de las escenas que más me gustan del final de Mulán: la conversación pendiente con la figura paterna (materna en este caso) y el regreso de Li Shang, esta vez como pretendiente.

- El titulo del capítulo es una canción de Mulán, por supuesto. Originalmente, muy MUY originalmente, este título iba bastante más atrás y jugaba con el título en inglés de Mi dulce y linda: A Girl Worth Fighting For. Admito que ahora me arrepiento un poco de no haber hecho como con "Escucha a tu corazón" y no haber jugado con este título en otra parte del fanfic, pero lo hecho, hecho está. El título original es A Lucky Bug. Y me pregunto a qué héroe se refiere :P.

- Para describir la sensación de Izuku con su brazo me he basado en mi propia experiencia. No, no he perdido un brazo, pero sí tengo una sordera parcial en ambos oídos. La primera vez que pude utilizar unos audífonos adecuados que realmente mejoraban mi audición (haciendo que mi sordera no sea perceptible salvo en circunstancias concretas) ese sentimiento de maravilla, de querer comprobar que algo que no estaba ahí constantemente, el acostumbrarme en cuestión de minutos a algo que podría haber supuesto un problema de adaptación por el agobio de sonidos, etc... En mi caso, algo muy notorio fue escuchar desde mi dormitorio el piar de los pájaros por primera vez en mi vida. Para mis hermanes, comprobar que podían llamarme en susurros desde la puerta de mi habitación y que les oyese. Por eso Izuku se comporta así en esos párrafos. La mención a la sensación metálica que hace Izuku viene también de ahí, de cómo definen las personas que tienen implantes cocleares el sonido que perciben.

- ¿Sabéis esa sensación de que un día te das cuenta de que eres adulto y no sabes cómo ha ocurrido? Simplemente, un día te das cuenta. Piensas en ti misme como la misma persona, todo el tiempo, y un día te das cuenta de que ya no eres une adolescente. Pues eso.

- Lo que dice Katsuki al final, eso que Izuku no entiende, en el esquema original lo decía desde un PoV de Katsuki. Dice "por fin" y está pensando en cierto mordisquito.

Agradecimientos y advertencias:

Gracias a los que habéis llegado hasta aquí leyendo. Si lo hicisteis semana a semana o dejando acumular unos pocos capítulos cada vez, gracias por acompañarme en el viaje, habéis sido una compañía muy grata. Os quiero mucho. Si lo habéis hecho después, leyéndolo del tirón, espero que os haya gustado, que no se os haya hecho pesado ni largo.

No hago esto por los comentarios y no pasa nada si alguien ha decidido no decir nada. Escribo porque me gusta, porque me ayuda. Pero sería un mentiroso si dijese que no me han emocionado todos y cada uno de ellos, que no los he esperado con impaciencia. Que no seguiré haciéndolo, de aquellos que vengan en el futuro (holi, si ya eres del futuro). Muchísimas gracias por arroparme, por los que habéis dejado, por vuestras conversaciones, por los debates con algunes de vosotres, con lo bonito que habéis leído la historia, por cómo la construíais a vuestro alrededor y la hacíais vuestra. He disfrutado tanto contestándoos como leyéndoos.

¿El fic termina aquí, entonces? Nop. La trama principal sí, porque esto era una adaptación de Mulán, pero sería cruel parar justo ahora que por fin se han besado. Además, quedan cosas que contar. La diferencia entre esta parte y los trece capítulos que quedan es que los siguientes tienen contenido sexual explícito y no son imprescindibles para la trama. A partir de aquí, todos los capítulos son calificación MA/Explicit. Es... como lo diría yo, porno con trama. Ese algo de trama para mí es importante, creo que necesito ciertos conductores cuando escribo lemon, incluso aunque sean lemons kinkosos. Como prometí en el primer capítulo, los 13 últimos tienen que ver con la trama principal (hablan de la relación de Izuku y Katsuki, de Shinsou y Kaminari, cuentan un poco qué pasa después de esto, conversaciones o personajes que quizá han quedado un poco pendientes), pero no modifican nada de lo contado hasta ahora, como mucho lo concretan (no es spoiler que Shinsou e Izuku conseguirán sus licencias, creo que queda claro en el subtexto. Así que habrá un capítulo donde se diga que ya las tienen). Cada capítulo llevará sus correspondientes advertencias.

Si eres una persona que no quiere leer escenas sexuales y este final es suficiente para ti, me despido y te agradezco tu compañía durante este viaje. No tengas problema en contactarme por privado para que te cuente qué pasa en los siguientes sin mencionar las partes explícitas, estoy seguro de que te interesará saber qué ocurre en al menos dos o tres de ellos o qué personajes aparecen o más detalles sobre algo que se ha mencionado de pasada, pero que a Izuku le encanta de Katsuki.

Si eres de aquelles que quieren continuar, entonces todavía nos queda trayecto juntes.

Os quiero mucho a todes.