Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Trigger warning: Sexo explícito. Menciones a: fingering, sexo anal, sexo oral, sexo rudo. Insinuaciones de creampie y de que un personaje se queda dormido mientras lo hacen sin que el otro se detenga, pero es todo consentido.
En fin, he descubierto que FanFiction tiene un límite en el título de los capítulos, por eso aparece truncado en el desplegable. Este sólo serán dos partes. ¡Muchas gracias por leer y comentar!
CAPÍTULO EXTRA. EL DORMITORIO DE IZUKU (PARTE UNO)
—¡Una vuelta más, nerd! —grita Katsuki, que corre a su lado, como acostumbra durante los entrenamientos.
Izuku jadea, procurando controlar la respiración como Katsuki le ha enseñado. Le duelen los músculos de las piernas y le pesan los pies, pero mantiene el ritmo sin apartar la mirada para no encontrarse con los ojos de Katsuki, que lo observan de reojo con expresión de sospecha.
El gimnasio, ubicado en el sótano del recién rehabilitado edificio Dynamight, es completamente nuevo y enorme, más que algunos de los que Izuku ha visto desde las enormes cristaleras que dan a la calle. Y está tan bien equipado como cualquiera de estos. Katsuki nunca hace ostentación de dinero, pero al preguntarle Izuku acerca de la reconstrucción de la agencia, no ha tenido problema en explicarle que Dynamight era rentable antes del ataque de la Liga de Villanos. El dinero que tenía ahorrado, sumado al cobro de los seguros que cubrían el edificio, la declaración de zona catastrófica de toda esa zona de la ciudad y el lote presupuestario con el que el gobierno ha dotado a la Comisión de Seguridad Pública y que esta ha revertido parcialmente a las agencias para incentivar el crecimiento y la adaptación a las nuevas leyes han permitido que vuelva a la actividad profesional tan rápido.
—Sprint final —dice Katsuki, a su lado, acelerando.
Izuku aumenta el ritmo, tratando de alcanzarlo, sin éxito, antes de que Katsuki toque la pared del gimnasio. Él se queda un par de pasos por detrás, jadeante y agotado. Se dobla por la cintura, sujetándose en las rodillas, un tanto ahogado. Se queda así más de un minuto, tratando de recuperar el aliento y disimular el temblor de las piernas.
Desde que la fecha de los exámenes y el examen de licencia definitivo aparecieron en el horizonte cercano, ha intensificado y alargado los entrenamientos, trasladándolos a la última hora de la tarde y modificando su rutina anterior. Ahora se levanta muy temprano para estudiar, apenas unas horas después de haberse acostado. Tras un par de horas, desayuna y sale con Katsuki a trotar por las oscuras y desiertas calles de Musutafu. Los actuales días invernales aún son cortos, así que amanece mientras hacen ejercicio y le da tiempo a darse una ducha y desayunar una segunda vez antes de ir a la facultad.
Hace un par de semanas que ni siquiera come en casa, algo que no ha admitido delante de Katsuki, limitándose a engullir algo caliente, comprado en una konbini, durante el camino de regreso para así maximizar el aprovechamiento del tiempo. Desde que ha cambiado la rutina, Katsuki ya no lo recoge en la universidad, para poder tener libres los entrenamientos nocturnos y el ejercicio matinal. Tampoco Mei lo acompaña, inmersa en su proyecto de final de carrera, así que comer en el trayecto ayuda a que, cuando llega a casa, pueda sumergirse directamente en los apuntes y avanzar en su propio proyecto de final de carrera, el diseño definitivo de la camiseta con mangas antirretroceso para Dynamight.
Tras el entrenamiento nocturno en Dynamight, cena delante del ordenador para poder asistir online al cursillo de formación intensiva en oratoria y contenidos para el proyecto de Ingenium, en cuyo diseño ha colaborado el propio Izuku, enfocado en educar a los niños y niñas desde edad temprana en el desarrollo de Dones y habilidades y la educación sin prejuicios, así como preparar a otros formadores que realicen la misma labor. Antes de acostarse, estudia hasta que el sueño le vence, programando el despertador para no hacer esperar a Katsuki.
—¿Has recuperado ya el aliento? —pregunta Katsuki cuando Izuku tarda más de lo habitual en incorporarse.
—¡Sí! —exclama, tratando de imprimir entusiasmo a su voz. Nada más han hecho los ejercicios de calentamiento y ya está exhausto.
Un latigazo de dolor en el ojo izquierdo le obliga a cerrarlo durante un par de segundos. Las sienes le palpitan con fuerza, revigorizando el dolor de cabeza que lleva sufriendo toda la semana. Hoy es especialmente intenso, mucho peor que los días anteriores, porque no ha cedido en ningún momento. Habitualmente, se levanta ya con la migraña instalada en uno de los lados de la cabeza, normalmente el izquierdo, aunque a veces es el derecho o ambos. Remite durante la carrera matinal con Katsuki, gracias al frío cortante del aire nocturno. Suele resurgir hacia el final del horario de clases o cuando lleva mucho rato estudiando, justo antes de irse a dormir, pero no hoy no le ha dado tregua en ningún momento.
No ha dicho nada a nadie. Katsuki le habría dado voces, exigiéndole bajar el ritmo de alguna forma y su madre le habría insistido para que fuese al médico, algo que no cree necesitar. No es necesario haber estudiado medicina para saber que la confluencia de los exámenes finales, la presentación del proyecto de fin de carrera, la proximidad de la fecha del examen para la licencia de héroe profesional, el trabajo con Ingenium y las patrullas en Dynamight son los culpables del agotamiento de Izuku y de su ansiedad, que se manifiestan a través del dolor de cabeza.
Mei lo entendería. Ir al médico le obligaría a parar y seguramente preocuparía a Katsuki. Este ya ha reducido al mínimo las patrullas que le programa en Dynamight, alegando que a Izuku le viene bien mantener su autonomía económica, pero que quiere un héroe completamente formado y considera su actual dedicación a estudiar y prepararse para los exámenes una inversión. Izuku ha comprendido que esa es la forma de Katsuki de ayudarle a rebajar el ritmo, igual que se conforma con las pocas veces que se ven últimamente: sólo los fines de semana, que Izuku pasa durmiendo o estudiando en la mesa de su cocina mientras Katsuki prepara los menús para sus almuerzos durante la semana, tan agotado que algunos días ni siquiera le apetece follar.
Hoy se encuentra peor. No es el único en notarlo, Katsuki se acerca a él y, poniendo dos de sus dedos bajo la barbilla, le levanta el rostro y lo examina con los ojos entrecerrados, con un atisbo de la preocupación que Izuku está tratando de evitar suscitar en él. Si reduce todavía más las patrullas en Dynamight y dejan de verse los fines de semana para que Izuku pueda descansar, entonces no volverá a ver a Katsuki en varias semanas, salvo para entrenar, y el tiempo que pasa con él es lo único que le está manteniendo cuerdo.
—¿Deku? —Katsuki siempre lo llama Deku en la agencia y no Izuku, reconociéndolo explícitamente como héroe, algo que lo hincha de orgullo cada vez. Aunque respira agitadamente, no jadea tanto como Izuku. Katsuki no sólo le ordena los ejercicios que debe hacer: también los realiza al mismo tiempo, sin exigirle nunca algo que él no sea capaz de hacer—. ¿Te encuentras bien?
—Sí —asiente Izuku rápidamente, pero ve en los ojos de Katsuki que no se lo cree del todo—. ¿Te parece bien si empezamos por los ejercicios de precisión en lugar de por los de fuerza?
Katsuki asiente una sola vez y se dirige al tatami. Izuku suspira aliviado. La sien izquierda le palpita con fuerza y no se siente capaz de ponerse a levantar peso con diferentes extremidades. El entrenamiento de precisión es mucho más relajado, pues Izuku aplica los diferentes movimientos de los estilos de combate cuerpo a cuerpo que Katsuki le enseña, intentando acertar en los puntos que Katsuki le marca y superar su defensa, en un ejercicio de habilidad y puntería, no de fuerza. Además, le viene bien para controlar y dosificar el brazo izquierdo, medir su verdadero potencial y cerciorarse de que responde exactamente como desea.
—Estás muy pálido —dice Katsuki cuando se acercan al tatami que hay en el centro de la sala, colocándose en el cuerpo los adhesivos que marcan los puntos que Izuku tendrá que acertar durante el ejercicio: los rojos con los pies, amarillos con las manos y verdes con rodillas o codos. Su respiración, al contrario que la de Izuku, que aún es superficial, ya se ha regulado, es evidente que el nivel de ejercicio que Katsuki le exige es inferior a su límite todavía. Tiene la camiseta de tirantes empapada en sudor, que le corre por los tatuajes de los brazos desnudos y hace que el pelo se le pegue en el cuero cabelludo y la frente.
—Hoy he dormido poco y estoy cansado —admite Izuku.
Es una verdad a medias. Hoy, además de la escasez de sueño y el agotamiento constante, no ha podido comer caliente. En la konbini tenían una avería y no disponían de productos calientes, así que se ha conformado con unas pocas barritas energéticas. El chute de calorías y energía hace rato que se ha disipado. No tiene hambre, porque nota un nudo en el estómago la mayor parte del tiempo, pero si se lo dice a Katsuki, este se enfadará con él por no nutrirse adecuadamente antes del entrenamiento.
Además, no quiere interrumpir el entrenamiento por un simple dolor de cabeza, no con la proximidad del examen de la licencia tan próximo. No quiere arriesgarse a suspender ahora que está tan cerca que incluso está haciendo uso de su licencia provisional para patrullar con Katsuki. Está determinado a convertirse en un héroe mejor cada día y para eso necesita aprobar ese examen. Tampoco quiere descuidar los de la universidad, porque retrasarían todos los planes que tiene para los siguientes años: graduarse como inventor de objetos de apoyo, licenciarse como héroe y unirse a Dynamight y participar activamente en la Comisión de Seguridad Pública de Héroes en representación de las personas sin Don.
Un suspenso y todo se demoraría al menos un año más, algo que Izuku no desea. Está deseando que esa nueva etapa de su vida, ahora que ha podido probar una pizca, comience lo antes posible. Una vez haya conseguido quitarse la presión de los exámenes y tenga sus titulaciones en regla, sus horarios cuadrarán con una vida ajetreada, pero con tiempo libre, similar a la que disfrutaba hasta hace apenas unas semanas.
—Ya… —contesta Katsuki, mirándolo todavía con desconfianza—. Será mejor que lo hagamos sencillo hoy. Nada nuevo ni enrevesado, olvídate de experimentar con movimientos de esos que sueles improvisar. Sólo vamos a practicar las patadas. Ponte los guantes protectores e intenta acertarme en los hombros con los pies. —Izuku asiente, aprovechando el tiempo que tarda en equiparse para respirar profundamente y terminar de recuperar el aliento.
Los guantes son acolchados para amortiguar los impactos en las manos y muñecas, pues algunas de las patadas que Katsuki le está enseñando ahora implican apoyarse en el suelo, en lugar de saltar hacia el objetivo. La idea de aprender este nuevo estilo de patadas surgió de Katsuki tras analizar el estilo de pelea de Izuku y que este le pusiese al día sobre su nuevo proyecto de unas suelas que le permitan ganar velocidad y agilidad. La de protegerse las manos, en cambio, fue de Izuku: lesionarse los dedos o que el dolor le impida trabajar en los objetos de apoyo es una desventaja para un héroe que se basa en la adaptabilidad de sus diseños. Además, aunque Mei ha reforzado la prótesis lo más posible, porque se espera de ella que actúe como un guante de fuerza y no se dañe fácilmente, Izuku prefiere protegerla de golpes fortuitos que puedan afectarla. En los entrenamientos utiliza unos acolchados que le cubren hasta la muñeca, de diseño propio, pero Hatsume ya está trabajando en una mejora que le permita implementar el diseño en el guante de fuerza que utilizará en la mano derecha para suplir la falta de Don durante el examen de licencia.
Se descalza antes de pisar el tatami, imitando a Katsuki. Un estremecimiento de placer le recorre la espina dorsal al percibir la textura cómoda y tibia del suelo bajo la planta de los pies, que percibe más frío de lo habitual. Normalmente la temperatura es agradable y el suelo está fresco, pero hoy lo siente helado.
O, quizá, es su propia piel la que arde más de lo acostumbrado, y por eso el contraste es más pronunciado.
Katsuki no le permite entrenar con los prototipos del dispositivo en el que está trabajando para las suelas de sus botas: dice que por ahora prefiere centrarse en la precisión de sus golpes que en la velocidad de sus carreras y que eso bastará para aprobar el examen de licencia, prometiéndole ayudarle a mejorar y adaptar las suelas más adelante. Además, como ha señalado Mei cuando ha visto el diseño de Izuku, es un objeto frágil para alguien que va a basar parte de su estilo de combate en golpes con los pies: se ha centrado en perfeccionar la capacidad de las suelas en aligerar su peso, ayudarlo a saltar y correr, no en la resistencia a las patadas. Por ahora, el prototipo tendrá que esperar.
Izuku se coloca frente a Katsuki, inspirando profundamente. Las luces del gimnasio, intensas, brillan con fuerza sobre su cabeza, creando un aura de resplandor en el borde de su visión periférica que desata un par de molestos pinchazos de su migraña, más intensos que los anteriores.
El ejercicio le ayuda a relajarse. Tiene la mente un tanto abotargada, pero su flexibilidad no se ve afectada. Katsuki lo riñe las ocasiones en las que, en lugar de tocar el adhesivo de color rojo de sus hombros, le golpea el pecho o los brazos. Después, le va indicando los siguientes movimientos, marcando los golpes sin llegar a impactarlos. El ceño de Katsuki se frunce y los ojos rojos le chispean cuando Izuku no controla la fuerza con la que marca uno de los golpes, en la mano izquierda, dándole una patada real, pero no lo reprende esta vez. Aun así, Izuku murmura una disculpa y vuelve a inspirar hondo para despejar su mente y la vista, concentrándose en los siguientes movimientos.
—Bien, ahora repite los movimientos en una pelea real —indica Katsuki, dando por finalizado el ejercicio. Izuku asiente, tratando de llenar sus pulmones una vez más, consciente de que está parpadeando de forma pesada y lenta.
Katsuki ataca casi al instante, durante el transcurso de uno de esos parpadeos, tan veloz que, aunque Izuku sabía que iba a hacerlo y está acostumbrado a anticiparse, reacciona medio segundo más tarde de lo habitual y no consigue decidir entre apartar el puño de Katsuki con una patada alta o escamotear el cuerpo para que el golpe se pierda en el aire y contraatacar barriendo el suelo, y los tobillos de Katsuki, con los pies.
Su indecisión y la reacción tardía hacen que se quede a medio camino. Tuerce el torso, buscando esquivar el puñetazo, y levanta la pierna derecha para desviar el golpe. Demasiado tarde, en cualquier caso: el puñetazo de Katsuki impacta de lleno en su pecho, provocando que Izuku retroceda un paso y gima de dolor.
Instintivamente, levanta los brazos para cubrirse la cara, en un movimiento mil veces practicado, mientras bascula las caderas para desviar el siguiente golpe, pero Katsuki se ha detenido y está de pie frente a él, con el cabreo y la preocupación asomando en las facciones del rostro y chispeándole en los ojos. Se yergue con la espalda recta y los brazos laxos a lo largo del torso, pero no dice nada.
No es necesario, Izuku imagina lo que está pensando. Hacía semanas que Katsuki no conseguía encajar un golpe así. El aura de la migraña se extiende también a su lado derecho, palpitando con fuerza, uniéndose al dolor sordo de su pecho, que le duele por el impacto de la mano de Katsuki. Habitualmente, este no dosifica sus fuerzas, pues Izuku domina lo suficiente el estilo de combate como para esquivar la mayoría de los golpes, desviarlos o amortiguarlos. Eso ha hecho que este golpe duela tanto, pues Katsuki no esperaba que él fuese a recibirlo, sobre todo tras la práctica de precisión.
—Lo siento —murmura de nuevo, jadeando pesadamente. Las luces del gimnasio se intensifican en la visión de Izuku, convirtiéndose en una aureola brillante que enmarca la figura y el rostro de Katsuki. Intenta hacer una inspiración profunda, pero no lo consigue—. Otra vez —insiste, tozudo.
Katsuki, todavía con el ceño fruncido, se acerca a él y dice algo, que resuena en los oídos de Izuku. El sonido llega a su cerebro igual que lo haría si estuviese sumergido en una piscina, reverberando y haciendo que la aureola vibre al ritmo brusco de sus palabras, pero no consigue entender qué dice. Preocupado, porque es extraño que Katsuki no vocalice, Izuku está a punto de pedirle que se lo repita, pero los colores se intensifican, la luz se hace más brillante y la silueta de Katsuki se difumina en un fundido a negro.
—El brazo izquierdo ha amortiguado la caída. —Katsuki está hablando con alguien más cuando Izuku recupera el conocimiento. Durante unos segundos, escucha sin abrir los ojos, demasiado cansado como para resistirse con firmeza al sueño que le invade.
—¿En serio? —Reconoce la voz, femenina, de una de las heroínas de apoyo de Dynamight. Suena preocupada.
—Ha reaccionado instintivamente, creo —responde Katsuki, en un tono de voz que Izuku puede visualizar perfectamente en su imaginación: ojos entornados, ceño fruncido y labios apretados. Una mezcla de admiración, preocupación e interés—. No es que haya sido más rápido que el resto de su cuerpo, es que cuando se ha desvanecido ha seguido trabajando durante unos instantes más. —La información tarda en llegar al cerebro de Izuku, que nota sus pensamientos navegar en un espeso jarabe de deriva entre la consciencia y la inconsciencia, pero cuando lo hace, abre los ojos y parpadea, sorprendido y deslumbrado por los potentes focos.
—Eso es… —murmura, impresionado.
—Tienes que dejar de hacer esta mierda de desmayarte, joder. No digas ni una palabra, nerd —masculla Katsuki al ver que va a replicarle. Las luces siguen siendo demasiado potentes para la migraña de Izuku, así que vuelve a cerrar los ojos—. Apaga parte de las luces y trae algo de beber —ordena a la chica, que está en traje deportivo, probablemente porque estaba utilizando el gimnasio para entrenar también.
Todavía están en el tatami. A través de los párpados, percibe cuándo varios fluorescentes del techo se apagan y la luz baja de intensidad. Abre los ojos, y esta vez ningún aguijonazo de la migraña le da la bienvenida al mundo. El rostro de Katsuki, que está arrodillado a su lado y lo mira fijamente, se ajusta a la perfección a la imagen que se había formado en su mente. El gran reloj digital que preside el gimnasio le permite calcular que no han pasado más de dos minutos desde que subió al tatami a entrenar, así que ha perdido la consciencia sólo durante unos segundos. Apoya los codos en el suelo para incorporarse, pero la mano de Katsuki presionándole el pecho se lo impide y le obliga a quedarse tumbado.
—¿Adónde crees que vas, Deku? NI se te ocurra moverte.
—Estoy bien —protesta Izuku, pero la voz le sale más débil y aguda de lo que le habría gustado. Sin embargo, eso parece tranquilizar a Katsuki, que contradice sus propias palabras, y le ayuda a incorporarse, poniendo una mano en la espalda de Izuku a modo de respaldo, al mismo tiempo que le tiende un batido de frutas que la chica se ha apresurado a ir a buscar.
—Bebe algo.
—No tengo hambre. Dices que la prótesis ha…
—Te has desmayado, joder. Bebe algo o no contestaré ninguna pregunta ahora, ni más tarde —insiste Katsuki, cabreado. Izuku acepta el batido con docilidad y se lo lleva a los labios, mojándolos, pero el nudo de su estómago se retuerce y le provoca náuseas—. ¡Bebe, nerd!
Ocultando una sonrisa débil por el tono impaciente de Katsuki, Izuku obedece, dando un largo trago esta vez. Le sienta mucho mejor de lo que había esperado. No deshace el nudo que nota en el estómago, pero descubre, de pronto, que está más hambriento de lo que ha admitido hace unos segundos. Bajando la vista para evitar la mirada de satisfacción de Katsuki, apura otro trago más, mientras este le cuenta lo mismo que le ha escuchado decir acerca de la prótesis y su reacción cuando se ha desmayado.
—Tengo que comentárselo a Mei. Estoy seguro de que no se esperaba que fuese a funcionar tan bien. No va a haber quien la soporte durante un par de semanas de lo mucho que va a presumir. —Un destello rojizo en los ojos de Katsuki le revelan que a él también le ha hecho gracia la broma, pero su gesto serio no cambia.
—No va a ser hoy, te lo aseguro. Antes me vas a decir a qué ha venido este desmayo.
—No lo sé —murmura Izuku, terminándose el batido. Katsuki le arrebata el envase de las manos.
—¡Y una leche!
—Lo siento —se disculpa Izuku—. Sólo… estoy cansado. —Los ojos de Katsuki se entrecierran, tan estrechos que apenas se le ven los irises rojos—. Te lo juro, sólo estoy muy cansado y me duele la cabeza, nada más.
—Nada más. ¿Por qué no lo has dicho antes, nerd idiota? —repite Katsuki, muy despacio. Izuku se encoge de hombros y guarda un silencio expectante—. Se acabó el entrenamiento por hoy. ¿Puedes levantarte? —A pesar de su preocupación por el examen de licencia de héroe profesional, Izuku suspira aliviado. No se ve capaz de ponerse en pie y terminar los cuarenta minutos de entrenamiento que, calcula, le deben quedar.
—Creo que sí —murmura Izuku, pero cuando lo intenta, se marea de nuevo. Katsuki lo sostiene con sus grandes manos, impidiéndole caer de espaldas, y gruñe algo ininteligible—. ¿Puedo quedarme aquí unos minutos? ¿Por favor? Sólo… déjame estar sentado un rato con los ojos cerrados. Lo siento —añade al ver que Katsuki aprieta los labios.
—Voy a llevarte a casa, llamaré a un taxi.
—¡No es necesario! Sólo unos minutos, por favor. Nada más necesito descansar un poco. Si me das unos minutos, podré levantarme sin problema. —Katsuki lo mira con los dientes apretados, pero acaba asintiendo.
—Más vale que no te haya estado pasando esto más días y te lo hayas estado callando en lugar de avisarnos al resto, nerd —amenaza Katsuki, mirándolo con sospecha. Izuku niega con la cabeza.
—No. Sólo hoy. Estaba… Estoy más cansado que otros días. Lo siento, no pensé que…
—¡Deja de disculparte, joder! —Percatándose de que ha subido el volumen, Katsuki lo reduce a un susurro airado—. Ni sueñes en continuar el entrenamiento.
—No podría —admite Izuku—. Pero de verdad no hace falta llamar a un taxi. Solamente necesito descansar un poco y luego podré marcharme a casa por mi cuenta. —Katsuki lo examina con la mirada, evaluándolo, antes de asentir y ayudarlo a tumbarse, colocando una chaqueta bajo su nuca a modo de improvisada almohada.
—Está bien. Entonces quédate aquí, descansando, lo que tardo en ducharme y cambiarme de ropa, y luego te llevo a casa.
—Pero…
—Esto no es una negociación, nerd. Y si cuando vuelva no puedes levantarte, llamo a un taxi o te llevo a cuestas, ¿me has oído? —Incapaz de contestar verbalmente, con los ojos cerrados, Izuku asiente. Katsuki se vuelve hacia la heroína de apoyo, que no se ha alejado de ellos—. ¡Tú! ¡Vigila que no se levante! ¡Te mataré si le pasa algo!
Escandalizado, Izuku mira hacia la chica, pero esta le sonríe y le guiña un ojo, más que acostumbrada a los exabruptos de su jefe. Antes de salir, Katsuki apaga otro grupo de luces fluorescentes, sumiendo el gimnasio en una agradable penumbra. Agradecido, Izuku inspira profundamente, pues eso, sumado al ambiente fresco que le enfría el sudor de la piel, le alivia el dolor de cabeza y parte del malestar. Cierra los ojos, relajándose sobre el tatami, hasta que Katsuki regresa.
Con los ojos cerrados en la penumbra y la respiración relajada gracias a los minutos de descanso, Izuku escucha el susurro de sus pies descalzos sobre el tatami en primer lugar. Al abrir los ojos, la sien izquierda le aguijonea, pero es un dolor mucho más moderado y puede distinguir la silueta de Katsuki perfectamente. Nota los músculos del cuerpo cansados y adoloridos, pero las náuseas y el nudo del estómago han remitido tras ingerir el batido, que le ha reanimado más de lo que esperaba cuando ha accedido a tomárselo.
—¿Puedes levantarte? —susurra Katsuki, justo al lado de su oído. Lleva el pelo húmedo y ropa de calle limpia. Su rostro se ha relajado un poco y ya no parece enfadado cuando le da las gracias a la heroína por haberse quedado con Izuku.
—Creo que sí —asiente Izuku, aceptando la mano que Katsuki le tiende para ayudarle a incorporarse. Se marea levemente, por lo súbito, pero la migraña palpita suavemente, como un oscuro nubarrón que se aleja y retumba sus últimos truenos, dejando atrás lo más encarnizado de la galerna.
Los ojos de Katsuki lo examinan, con preocupación, mientras ata las zapatillas rojas de Izuku en la entrada de la agencia y recoge su mochila. Luego lo asegura rodeándole los hombros con el brazo, a pesar de que Izuku puede caminar por su propio pie, incitándole a descargar parte de su peso en él. Izuku lo hace, dejándose guiar al exterior, donde ya ha oscurecido, y el frío invernal termina de despejarlo al azotarle el viento en el rostro. Con el cuerpo drenado de energía, Izuku agradece que Katsuki tenga tanta fuerza y no lo suelte hasta que llegan al portal de su casa, a unas pocas manzanas de la agencia Dynamight.
—¿Cuál es tu piso? —pregunta Katsuki, buscando el apellido de Izuku entre los timbres del interfono.
—No creo que haya nadie en casa todavía. Hoy mamá trabaja hasta la noche —murmura Izuku, sacando sus llaves de la mochila.
Sosteniéndose sobre las piernas, satisfecho de que aguanten su peso sin apenas temblar, aunque Katsuki no lo sujete, abre la puerta. Duda sobre si invitar a Katsuki a pasar, pero este decide por él, entrando al portal y pulsando el botón del ascensor, sin dejar de sostener a Izuku con el brazo en ningún momento.
Una vez dentro del apartamento, Katsuki se descalza inmediatamente, tirando con las punteras de los talones de las zapatillas para no soltar a Izuku, pero este se desprende suavemente de su abrazo y se arrodilla para desatarse las zapatillas. No se marea cuando se levanta.
—Me encuentro mucho mejor —asegura a Katsuki, que lo mira con desconfianza, listo para saltar sobre él e impedirle caer de nuevo al menor símbolo de debilidad—. De verdad, es sólo que estoy muy cansado y me duele un poco la cabeza.
—¿Todavía te duele? —Izuku asiente lentamente. Ambos lados de la cabeza le palpitan, pero es un dolor mucho más suave que el de un rato antes, y al menos le permite pensar—. Voy a prepararte un baño caliente y luego te meterás en la cama.
Ahora que se encuentra mejor y que el dolor de cabeza ha remitido hasta los niveles con los que está habituado a convivir desde hace varios días, Izuku intenta protestar. Tiene mucho que hacer: seguir el plan de estudio que se ha marcado para algunas de las asignaturas teóricas, avanzar en el proyecto de fin de carrera… Hoy no tiene que asistir a ninguna conferencia online con Ingenium, afortunadamente, pero no quiere permitirse el lujo de retrasarse en ninguna de las asignaturas. Si no sigue estrictamente el calendario que se ha marcado, perderá horas de estudio y eso significará que habrá partes que no tendrá bien preparadas.
—No vas a estudiar nada más por hoy —dice Katsuki, adelantándose a él. Conoce bien sus horarios, el propio Izuku se los ha contado—. No servirá de nada que estudies en este estado. Izuku, necesitas descansar o todo el esfuerzo será inútil, joder. Un baño caliente y luego a dormir. También te prepararé algo de comer. —Lo ha llamado Izuku, no nerd. Y en la agencia lo ha llamado nerd, no Deku. Izuku comprende la magnitud de la preocupación de Katsuki y el deplorable aspecto que debe ofrecer si está insistiendo.
—No es necesario, mamá siempre deja cena preparada en la nevera —musita, cediendo.
—La cena, pues. Y luego el baño.
Comen en la pequeña mesita de la cocina. Aunque el nudo del estómago se le ha desatado, está más cansado que hambriento. Picotea un poco de arroz y un par de trozos de carne, compartiendo su cena con Katsuki, que accede a comer también tras un breve intercambio de argumentos, pero se cansa rápido y deja caer descuidadamente los palillos al lado del bol. Katsuki interpreta correctamente que no va a seguir comiendo y lo acompaña hasta el baño.
Izuku se sienta encima de la taza del retrete para desnudarse porque el calor vaporoso del agua con el que Katsuki ha llenado la pequeña bañera del apartamento hace que sienta la cabeza algodonosa y cercana a un vahído, y después permite que los dedos de este, embadurnados de champú, le masajeen el cuero cabelludo con suavidad y gentileza. Tras aclarárselo y peinárselo con los dedos, en silencio, Katsuki frota suavemente el cuerpo de Izuku con una esponja.
Se relaja poco a poco, tanto que no protesta ni siente vergüenza de que Katsuki esté limpiándolo con tanta atención y cuidado que no descuida ni un solo rincón de su cuerpo. La esponja se desliza por la parte trasera de sus orejas, por la espalda, entre los dedos de sus pies, por la cara interna de sus muslos… e Izuku sólo se mueve, con los ojos cerrados, siguiendo las mudas indicaciones de la otra mano de Katsuki, que lo guía para poder acceder mejor a las diferentes partes de su cuerpo. Tras aclararse el jabón, entra en la bañera ayudado por Katsuki y se deja resbalar hacia el fondo con un gemido de placer por el vapor caliente y el agua limpia cubriéndole el cuerpo.
Cierra los ojos y, por primera vez en varios días, el dolor de cabeza remite de verdad.
—Voy a por una toalla —murmura Katsuki, que se ha despojado de varias prendas de vestir para bañarlo, previendo no empaparlas.
Está un buen rato sumergido en el agua, hasta que está se entibia y la piel de Izuku se arruga, mientras Katsuki se sienta encima de la tapa del retrete para charlar con él sin mostrar rastro de impaciencia. Cuando Izuku por fin sale de la bañera, se deja abrazar por la toalla seca que le ofrece Katsuki y después le indica dónde está su habitación, recordando que es la primera vez que su novio entra en su casa y no sabe dónde está. Le ayuda a sacar y extender el futón sobre el suelo. Izuku va a derrumbarse encima de él, con sólo la toalla cubriéndole el cuerpo, somnoliento, pero Katsuki lo detiene.
—Espera, nerd idiota. Vas a hacer que las sábanas se mojen —masculla Katsuki, quitándole la toalla húmeda del cuerpo y frotándosela por la cabeza y los hombros.
Izuku se sonroja, un poco vulnerable por estar desnudo delante de él mientras que Katsuki está vestido, aunque sólo lleve los pantalones y esté descalzo. Este también parece darse cuenta, porque se detiene y se lo queda mirando fijamente. Izuku se muerde el labio y después se pone de puntillas para darle un beso en la boca que Katsuki acepta con media sonrisa satisfecha.
—¿Dónde guardas la ropa de dormir? Vas a coger frío. —Izuku señala el cajón donde guarda sus pijamas, ruborizándose cuando Katsuki saca de él uno, de tela gruesa y manga larga, con motivos de Dynamight. Aunque este no dice nada, la sonrisa ladeada que esboza se acentúa, delatándolo. Avergonzado, Izuku recoge en el aire el pijama cuando Katsuki se lo lanza y se lo pone.
El baño le ha sentado bien, aunque sigue sintiéndose cansado, ya no es como estar al borde de un abismo y el dolor de cabeza ha remitido por completo. Agradeciendo la sensación de sentirse cuidado y mimado, se sienta en el futón y se envuelve en el edredón, disfrutando del calor que este le transmite, y observa, un poco decepcionado, cómo Katsuki sale silenciosamente de la habitación, llevándose la toalla húmeda y apagando la luz del techo, dejándolo sólo la pequeña luz auxiliar de la mesa de estudio encendida.
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—Pensaba que te habías marchado —musita Izuku, todavía sentado en el futón, cuando Katsuki regresa al cuarto, completamente vestido de nuevo.
—Y yo pensaba que tú ya estarías dormido —dice desabridamente Katsuki, mirándolo desde la puerta con el entrecejo fruncido.
—Gracias por quedarte.
—Estaba recogiendo la ropa del baño. La he puesto en el cesto que tenéis detrás de la puerta y he dejado la toalla colgada en el toallero al lado de la bañera. —Apoyándose en el quicio de la puerta, entorna los ojos y cruza los brazos sobre el pecho.
—Gracias, Kacchan —repite Izuku. Katsuki suaviza la expresión de su rostro al oír el apodo infantil. Izuku sonríe, reflejando cierta vulnerabilidad que Katsuki ahora sabe que no es intencionada.
—No pienso largarme hasta que llegue tu madre. No quiero dejarte solo.
—No voy a desmayarme otra vez —protesta Izuku sin mucha fuerza, pero luego baja la mirada ante el gesto acusador de los ojos entrecerrados de Katsuki—. Siento eso, de veras.
—No te disculpes por cosas que no puedes controlar, nerd —dice Katsuki, suspirando profundamente—. Ya sé que no vas a desmayarte otra vez, me preocupa bastante más que te pongas a estudiar o trabajar si te dejo solo. —Las mejillas de Izuku se encienden de rojo y Katsuki sonríe triunfal, satisfecho por conocerlo tan bien.
—La verdad es que me encuentro mucho mejor. Apenas me duele la cabeza.
—No vas a ponerte a estudiar —insiste Katsuki, fulminándolo con la mirada al ver la sonrisa burlona de Izuku y comprender que sólo lo está provocando.
—No, no voy a hacerlo. —Izuku se tumba en el futón, acurrucándose bajo el edredón, sin dejar de observar a Katsuki. Su sonrisa de diversión flaquea a una débil y cansada, pero sus ojos brillan con una excitación hambrienta y pícara que Katsuki ya ha aprendido a identificar y que él mismo ha reprimido unos minutos antes, mientras lo ayudaba a bañarse.
—Sigues viéndote como la mierda. Tienes unas ojeras espantosas y ni siquiera eres capaz de sonreír de lo cansado que estás —dice, con más crueldad de la que pretendía, para atajar la propuesta antes de que Izuku la sugiera. La expresión de Izuku cambia a un mohín de protesta y Katsuki se arrepiente de haber sido tan brusco, porque no está seguro de que lo que ha dicho haya sido tanto por Izuku como por sí mismo—. Tienes que bajar el ritmo. Ya, ya sé que quieres llegar a todo y que es importante para ti, pero es que tienes que llegar, no quedarte por el camino, joder.
Izuku suspira, resignado. Katsuki hace una mueca pensativa. Apenas están en los primeros días del año, en la parte más fría y oscura del invierno. Sin embargo, Izuku ha dedicado el descanso de las vacaciones de invierno para entrenar más, estudiar de forma intensiva, compitiendo en maratones de estudio con Hatsume. Ningune de les dos ha respetado los tres días de fiesta de Año Nuevo, aunque sí es cierto que Izuku ha ido al templo en una ocasión con su madre y en otra con todo el grupo de héroes y reclutas que formaron durante la guerra.
Ese fue, de hecho, la última noche que Izuku ha dormido en casa de Katsuki hasta ahora, porque prefiere utilizar las noches para maximizar el tiempo de estudio. Aprovecharon la intimidad de estar a solas y el calor bajo las sábanas del futón tras el sexo para intercambiar regalos sencillos. Izuku le había entregado el suyo, un par de sudaderas con capucha que Katsuki había estado probándose unas semanas antes, sin llegar a comprárselas, orgulloso de haberlas adquirido con el dinero de su propio salario.
—Me lo estoy tomando con calma ahora.
—Porque te he obligado —masculla Katsuki, que no puede evitar sonreír con la broma de Izuku.
—¿Vienes conmigo? —pregunta Izuku, arrebujado entre las sábanas, con la excitación brillando de nuevo en sus ojos. Katsuki levanta una ceja y resopla—. ¿Piensas quedarte ahí de pie mirándome cómo duermo?
—Necesitas…
—Descansar, ya lo sé.
—Dormir —matiza Katsuki, pero Izuku no se rinde.
—Pero eso es algo que puedo hacer contigo aquí. De hecho, es probable que descanse mejor. —«Joder, nerd», piensa Katsuki, tallándose los ojos para buscar un argumento razonable en contra, porque todos los que encuentra están a favor.
—El futón es individual. Y sólo tengo ropa de calle —gruñe Katsuki, cuyo cuerpo le está exigiendo que se meta dentro del futón con Izuku y su cerebro le sugiere que debería asegurarse de que está bien, de que no va a volver a perder la consciencia.
—Kacchan… —murmura Izuku, suplicante.
—Vas a tener que prometerme que vas a dejar de hacer esta mierda de irte desmayando por todos los sitios. —La sonrisa de Izuku se ensancha, comprendiendo que lo ha convencido.
A tirones, Katsuki se saca la ropa hasta quedar en calzoncillos. Izuku abre las sábanas para recibirlo y arroparlo junto a él. Katsuki tiene razón y el futón es individual. Aunque Izuku es menos corpulento que él y se ha movido a un lado para hacerle el máximo sitio posible, los dos apenas caben. Un detalle que le deja de importar porque Izuku se acurruca, hundiendo el rostro en la piel de su pecho y acariciándole con las yemas de los dedos las líneas de los tatuajes, como acostumbra a hacer. Inspira profundamente, aspirando el aroma de su cuerpo y Katsuki le corresponde, frotando su nariz contra el cuero cabelludo de Izuku y disfrutando del olor a champú fragante que le inunda los sentidos.
Prácticamente tumbado en el suelo, Katsuki rodea a Izuku con los brazos y lo aprieta contra él, entretejiendo los dedos grandes de una de sus manos entre los mechones rebeldes y largos de Izuku, que ya le tapan la nuca y las orejas, y acariciándole la espalda con la otra. Izuku suspira, haciéndole cosquillas en el pecho con el aliento. Katsuki se relaja por primera vez desde que lo ha recogido en el aire, antes de que se desplomase sobre el tatami, rendido de agotamiento.
—Bajaré el ritmo un poco —murmura Izuku un rato después.
—Se supone que conmigo aquí ibas a dormir, nerd —dice Katsuki en tono amenazador.
—Lo siento. —Izuku se ríe ante el bufido que hace Katsuki cuando escucha las enésimas disculpas.
—¡Que dejes de disculparte! Habría apostado que estabas tan cansado que te dormirías nada más tocar el futón, ¿sabes? —se queja Katsuki, poniendo los ojos en blanco.
—Yo también lo pensaba —admite Izuku, riéndose entre dientes, con la cara escondida en su pecho. Suena igual que un niño que acaba de realizar una travesura—. Es verdad que estoy cansado, pero el baño me ha despejado.
—Se trataba de relajarte, no de activarte.
—También me ha relajado, pero no soy capaz de dormir ahora mismo. Es muy temprano, nadie se duerme a estas horas. —La voz de Izuku se ahoga contra la piel de Katsuki cuando deposita un beso suave en la clavícula, cerca de donde debe estar uno de los peces que tiene tatuados ahí.
—¿Quieres comer algo más? —pregunta Katsuki, pero Izuku niega con la cabeza.
—Sólo quédate aquí conmigo. Estás muy calentito —responde Izuku, mimoso, frotando la nariz en el mismo lugar donde unos segundos antes ha posado los labios.
—Me quedaré hasta que te duermas —promete Katsuki.
—Me refería a toda la noche. —Mirando al techo, sonríe de medio lado, pues en la voz de Izuku está implícita la súplica—. Si te preocupa mamá, no hay problema. Ella nunca abre la puerta de mi dormitorio sin pedir permiso si está cerrada.
—No me asusta tu madre —niega Katsuki, aunque en realidad sí ha pensado en la creciente posibilidad de encontrarse por primera vez con ella en las próximas horas.
—No hay nada que asuste a Kacchan. —Izuku vuelve a reírse. La humedad de su aliento forma gotitas en la piel de Katsuki, que se estremece por el cosquilleo.
—Por supuesto que no. ¿Por quién me has tomado? —dice Katsuki, jactancioso.
—Bien… Me gusta dormir contigo. —Izuku suspira de placer, casi como un ronroneo, frotándose con descaro contra el cuerpo de Katsuki, que reacciona al instante con una ola de excitación que le invade el abdomen y le nubla los pensamientos durante un instante—. Kacchan… ¿sabes qué me ayudaría a conciliar el sueño?
—Ni de coña —responde este, terminante, anticipándose a la propuesta de Izuku, que se ha incorporado levemente para verle el rostro—. Estás agotado, joder. Te has desmayado en el tatami, te he tenido que traer prácticamente a cuestas hasta tu casa, ni siquiera has podido entrar en la bañera por ti mismo.
—No me has escuchado —dice Izuku, mirándolo en la penumbra del dormitorio con un mohín adorable. Katsuki entrecierra los ojos y lo observa detenidamente, fijándose en cada una de las pecas que pueblan sus mejillas. Ahora está sonrojado y ha perdido la palidez, así que se le notan un poco menos que hace un rato.
—No me ha hecho falta.
—Por favor…
—Joder, nerd. —A su pesar, Katsuki se ríe a carcajadas, porque es lo último que habría esperado escuchar de Izuku esta noche—. Hay que joderse, siempre consigues sorprenderme.
—Es muy temprano, habitualmente me acuesto muchísimo más tarde —insiste Izuku con voz melosa. Katsuki, que está a punto de preguntar a qué hora se ha estado yendo a dormir Izuku en los últimos días, mira el reloj y constata que, otros días, estaría llegando a casa después de entrenar. Lo pronto que anochece en invierno y la penumbra de la habitación a la luz de la lamparita no consiguen convencer de que es hora de dormir al cuerpo de Katsuki, que también se está excitando.
—A juzgar por tus ojeras, no debería hacer falta ni que se hubiese puesto el sol, nerd —dice, no obstante.
—Kacchan…
—Cerrar los ojos sí que ayuda a quedarte dormido, nerd —lo reprende, obteniendo una carcajada de Izuku, que se está divirtiendo con la pusilánime resistencia que opone—. Está bien. Tú ganas. —Katsuki se sumerge debajo del edredón que los cubre, colocándose entre las piernas de Izuku para tirar hacia abajo de la cinturilla de sus pantalones.
—Espera —le dice Izuku, deteniéndolo. En la penumbra, sus ojos verdes brillan tanto como sus dientes—. No estaba pensando exactamente en eso. —Confuso, Katsuki frunce el ceño y entrecierra los ojos, porque no se esperaba estar malinterpretando las palabras de Izuku y ha creído que este prefiere que se la chupe a que le haga una paja.
—¿Qué es lo que quieres, entonces? —pregunta, incorporándose. Izuku se sonroja aún más y su voz con la respuesta es un hilo casi inaudible.
—Que me lo hagas rudo. Tan brusco que consigas que me olvide del cansancio y que caiga rendido de sueño.
Katsuki lo escucha, impertérrito. Había pensado que, al proponerle sexo, Izuku estaba pensando en el sopor posterior al orgasmo que suele invadirlos a ambos tras el sexo y eso es lo que, recordando la frecuencia de sus propias masturbaciones antes de dormirse, le ha llevado a creer que Izuku estaba pidiéndole algo relajante como una mamada y no una relación sexual que lo despierte o agote aún más. Con una expresión de temor a ser juzgado o porque teme que Katsuki rechace su propuesta por haber exigido algo más que lo que le ofrece, Izuku se embarca en una retahíla de argumentos para convencerlo.
—Después, me dormiré sin protestar. Y no haré ningún esfuerzo, te lo prometo. Bueno, salvo si quieres que lo haga. Además, el placer es analgésico, así que…
—Calla, nerd. No me dejas pensar —lo interrumpe Katsuki. Izuku se calla de golpe, mirándolo con los ojos muy abiertos—. No eres capaz de dejar de analizar las cosas en esa cabecita tuya ni siquiera cuando estás agotado, ¿eh, nerd?
—No quería que creyeses que yo… —Katsuki pone los ojos en blanco, excitado por la timidez que abruma a Izuku tras haber confiado en él para expresar un deseo concreto.
—Si no dejas de rumiar las cosas, ¿cómo se supone que vas a quedarte dormido? —dice Katsuki. Izuku capta por fin la broma de sus palabras y sonríe. Esa sonrisa, a caballo entre la timidez y la picardía, mordiéndose el labio inferior intencionadamente, y la calidez de la cercanía de su cuerpo terminan de convencerlo.
—No es culpa mía. Estoy muy cansado, pero no puedo dormir —finge protestar Izuku, siguiéndole la broma y hundiendo el rostro de nuevo en el hueco del cuello de Katsuki, que nota sus dientes clavarse levemente en su piel unos segundos después Su voz suena ahogada, y vibra en la piel de Katsuki, que suspira, excitado y exasperado—. Por favor, Kacchan…
—Está bien —dice al final, suspirando.
—¿De verdad? ¿No te parece mal? —Izuku suena ilusionado e intenta incorporarse en el futón. Katsuki se lo impide, tumbándolo de nuevo.
—Pero tú no harás nada, se supone que estás tan cansado como para irte desmayando por ahí. —Izuku abre la boca para protestar, pero Katsuki niega con la cabeza—. No, no me parece mal lo que quieres que hagamos, pero has prometido que tú no harías ningún esfuerzo. Además, sé que te duelen los músculos de los brazos y las piernas, no creas que no me he fijado.
—Sólo es cansancio y agujetas —asegura Izuku, ansioso por si se retracta.
—Por eso mismo. Túmbate bocabajo —ordena Katsuki, moviéndose para permitírselo y aprovechando para rebuscar en los bolsillos de sus pantalones uno de los sobrecitos de lubricante que siempre lleva encima desde que Izuku y él empezaron a follar—. Has dicho que lo quieres rudo, ¿no?
—Brusco y duro. Todo lo que puedas —asiente Izuku, obedeciendo.
—Pues entonces, tú relájate y quédate quieto. Y más te vale que te quedes dormido, joder.
Ahogando una carcajada, Izuku hunde la cara en la almohada. Sosteniendo el edredón con los hombros para no destaparlos del todo, Katsuki se sienta encima de los muslos de Izuku, aprisionándoselos entre los suyos, y tira de la parte trasera de su pantalón de pijama lo justo para dejar al descubierto sus glúteos redondeados, apenas recubiertos de un fino vello invisible que parece pelusa al tacto y salpicados de pecas que se sabe de memoria, aunque no las distinga bien con la escasa luz de la lamparita.
Katsuki los acaricia, sosteniendo el sobre de lubricante entre los dientes. Le vuelve loco ver cómo la curva de la nalga de Deku se ajusta perfectamente a la concavidad de la palma de su mano, la forma en la que la densidad de sus pecas se acentúa en la cima de su glúteo y cómo se desperdigan si las sigue con los dedos en dirección a la espalda, la cadera o el muslo.
—¿Seguro que lo quieres brusco y duro, nerd? —pregunta una vez más, a la vez que abre el sobre de lubricante.
—Por favor. —Katsuki le mete en el culo el dedo corazón según Izuku termina de hablar, sin previo aviso. Este está tan cansado que ni siquiera respinga por la sorpresa.
El hecho de que Izuku esté debajo de él con las piernas cerradas, atrapado entre sus muslos, incluso aunque Katsuki descargue la mayor parte de su peso en las rodillas en lugar de sentarse de todo sobre las piernas de Izuku, hace que el segundo dedo, empapado en lubricante, encuentre más resistencia de la planeada. Alentándolo a seguir, Izuku gime suavemente. No se mueve, obediente a la exigencia de Katsuki, pero este no sabe cuánto de docilidad, sabiendo que Izuku es más impaciente de lo que pueda parecer, y cuanto de cansancio hay en esa inmovilidad.
La dificultad de las primeras veces ha desaparecido con la práctica, tal como ambos confiaban. Desde la primera ocasión en la que lo consiguieron, han follado decenas de veces más, lo suficientemente a menudo como para que Izuku no necesite una preparación exhaustiva. De hecho, la única razón por la que hoy debería utilizar al menos tres dedos para asegurarse de que dilata lo suficiente es que llevan varios días sin hacerlo, pero Izuku le ha pedido que lo folle con rudeza y no quiere decepcionarlo.
—¿Está bien así? —pregunta Katsuki, a la vez que rota los dos dedos que tiene dentro del culo de Izuku. El esfínter de este se tensiona y aprieta fuerte alrededor de ellos y sus caderas hacen un amago de levantarse, impedido por el peso de Katsuki, para suplicar más, al mismo tiempo que Izuku asiente con un gemido ahogado por la almohada.
Katsuki no se molesta en quitarse los calzoncillos. Sacándose el pene por la abertura que estos tienen en la parte delantera, aprovecha el lubricante que humedece sus dedos para extendérselo a sí mismo y después se levanta sobre las rodillas. Las nalgas de Izuku están tan apretadas por la postura que su glande desaparece entre ellas cuando lo presiona contra su ano, preparado para empujar.
Lo hace lentamente, porque no quiere hacerle daño. Tiene en cuenta que, en la petición que Izuku le ha hecho, había implícito un deseo de sufrir un poco de dolor en contraposición al placer. Como quien corre un par de kilómetros más de los que está preparado, disfrutando de los pinchazos de los músculos de las piernas a modo de protesta. Los muslos cerrados y la escasa distensión del ano de Izuku no le ponen fácil metérsela, y tiene que contenerse para no penetrarlo de golpe cuando nota la presión del culo de Izuku sobre su polla, cediendo poco a poco.
Se detiene cuando por fin supera el anillo de músculos del esfínter, que se aprietan con fuerza alrededor de su glande. Bajo él, Izuku jadea deprisa. A Katsuki, en cambio, le falta el aliento, incapaz de inspirar una bocanada de aire, a pesar de que ninguno de los dos ha hecho todavía ningún esfuerzo.
—Kacchan… —suplica Izuku, ahogando su voz contra la almohada—. Por favor…
«Brusco y duro», recuerda Katsuki, que aprieta los dientes y empuja las caderas hacia adelante, ganando varios centímetros de golpe. Izuku gime jadeando entrecortadamente, pero no se queja ni le pide que se detenga, así que no se detiene, empezando a follarle con movimientos cortos. Se retira hacia atrás apenas un poco, para luego empujar bruscamente hacia adelante, obteniendo un nuevo gemido de Izuku y un poco más de profundidad. Tiene que hacer un esfuerzo para no correrse antes de que su polla entre entera, pues el culo de Izuku está apretado y estrecho, tanto como aquella primera vez, y poco resbaladizo a pesar de lubricante utilizado.
—Joder… —masculla Katsuki, satisfecho y excitado. Se arrepiente de haber estado a punto de negarse rotundamente y se pregunta si Izuku le permitirá repetir algo así en otras ocasiones.
Está a punto de detenerse, con la excusa de dejar que Izuku se acostumbre a la sensación para no admitir que quien necesita un respiro es él, porque teme correrse antes de que Izuku haya pueda disfrutar, pero un gemido de este apresurándolo dirime su duda.
Bruscamente, se retira hasta que su polla sale prácticamente por completo del interior de Izuku y, acto seguido, empuja con fuerza de nuevo hacia su interior. Izuku ahoga otro gemido contra la almohada y levanta un poco las caderas, demandando más. Sujetando las caderas de Izuku con tanta fuerza que está seguro de estarle dejando marcas de sus dedos, Katsuki se lo folla con movimientos largos y profundos, cada vez más rápido. Izuku, que jadea extasiado de placer, ha ladeado la cabeza y sonríe beatíficamente, haciendo que sus ojos y sus dientes brillen en la penumbra, totalmente entregado al ritmo cada vez más frenético de Katsuki.
«Brusco y rudo», piensa una vez más, dudando ser capaz de aguantar mucho más tiempo sin correrse por la velocidad con la que lo está penetrando.
Se inclina hacia adelante, apoyando una mano en el futón, cerca del cabello de Izuku, para darse más impulso, para aumentar la fuerza y profundidad. Sigue sin saber cómo va a aguantar su orgasmo hasta que Izuku obtenga el suyo, pues ni siquiera puede meter una mano entre el futón y el cuerpo de este para masturbarlo y desatarlo, como hace en otras ocasiones. El ritmo que ha adoptado, vertiginoso, brusco e inmisericorde está llevando a Katsuki al punto de no retorno, en el que no será capaz de contenerse.
La forma en la que lo penetra es tan rápida y brusca que en un par de ocasiones llega a sacar la polla entera, incapaz de calcular adecuadamente. Cuando eso ocurre, se limita a guiar su polla de nuevo hacia el culo de Izuku, empujando con tanta fuerza que presiona el cuerpo de este bajo el suyo, aplastándolo contra el futón. Izuku lloriquea cuando ocurre, pero no sólo no se queja, sino que ha empezado a gemir en un hilo de voz del que Katsuki apenas le entiende palabras aisladas como «sí» o «gracias».
Con el sudor corriéndole abundantemente por la frente, Katsuki cierra los ojos y aprieta tanto los dedos de la mano que tiene en la cadera de Izuku que le clava las uñas. Ya no es capaz de contenerse. Trata de desviar sus pensamientos, de concentrarse en algo que no sea la sensación arrolladora de su polla a punto de catapultarlo al orgasmo, de alargarlo un poco más por Izuku, de no dejar de follarle con toda la potencia que puede para cumplir sus expectativas. De pronto, el culo de este aumenta la presión sobre el pene de Katsuki. Se aprieta alrededor de su polla rítmicamente, una, dos, tres veces, antes de relajarse de nuevo.
Aliviado al reconocer el orgasmo de Izuku, que se estremece bajo sus dedos, jadeante, gimiendo y lloriqueando de placer, Katsuki deja la mente en blanco mientras sigue follándolo, empujando las caderas con fuerza para clavarse una última vez dentro del culo de Izuku, lo más profundamente posible, y correrse en su interior.
—¡La ostia! —exclama Katsuki, sobrepasado por las sensaciones, colapsando encima de Izuku.
Reprendiéndose a sí mismo por recargar su peso sobre él, rueda hacia un lado, saliendo del interior de Izuku y cayendo, en parte, fuera del futón. Este se queda inmóvil, tumbado bocabajo, con el rostro vuelto hacia Katsuki. Tiene los ojos cerrados y la cara humedecida por el reguero de una lágrima, que Katsuki sabe que es de placer y no de dolor. Sonríe beatíficamente y ya no jadea ni gime, sólo respira cadenciosamente, en silencio.
—¿Era así como lo querías? —pregunta Katsuki, retirándole un mechón de cabello, humedecido por el sudor, de los ojos.
Dormido, Izuku no contesta, salvo que Katsuki tome como respuesta el leve resoplido que abandona sus labios. Con una mueca petulante de satisfacción, Katsuki lo observa durante varios minutos, deleitándose en la expresión serena de su rostro. Todavía tiene rastros de cansancio, pero su piel ha perdido el aspecto pálido y macilento de unas horas antes.
Se incorpora, desarropándolos a ambos, pero ahora que Izuku por fin ha conseguido conciliar el sueño duerme profundamente y ninguno de sus movimientos lo despierta. Mientras lo acomoda, le quita los pantalones manchados, pues como sólo se los ha bajado lo justo para poder metérsela, Izuku se ha corrido dentro de ellos. Dado que tendrá que lavarlos igualmente, los utiliza para limpiarle los restos del lubricante y de su propio semen del culo antes de volver a arroparlo, preguntándose con curiosidad cuándo se ha quedado dormido exactamente, si justo tras su propio orgasmo o después del de Katsuki.
Notas: Es posible que tenga cierta fijación con Katsuki bañando a Izuku. Sólo posible. Además, había que hacer referencia a la enorme cantidad de veces que Izuku ha perdido el conocimiento a lo largo del fic, jajaja. Tonterías aparte, estoy teniendo un problema con los títulos de los extra. Y es que les puse títulos provisionales, más bien descriptivos, pensando en cambiárselos más tarde. No lo hice y ahora pienso en ellos con los títulos que tienen y me cuesta mucho encontrar otro diferente. Por eso el de los tres capítulos anteriores era tan... ¿spoiler?, jajaja. Lo cierto es que creo que es muy probable que los siguientes tampoco cambien... pero este y el siguiente sí lo han hecho. Originalmente era "Izuku cae enfermo", algo que no es técnicamente correcto y creo que el verdadero protagonista de ambos capítulos es... bueno, su dormitorio xD. Que fue descrito allá por... ¿el capítulo 6?
