Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Trigger warning: Sexo explícito. Frotting y estimulación de pezones. Mordiscos. Leve fingering. Posible sobredosis de azúcESPERA, ESO NO ES SEXUAL. Creo.
Fin de este extra. La semana que viene, un vistazo a ver qué tal les va al ShinKami.
CAPÍTULO EXTRA. EL DORMITORIO DE IZUKU (PARTE DOS)
Izuku no se despierta ni cuando Katsuki lo limpia ni cuando este se levanta del futón. Al arroparlo, resopla con un leve ronquido, casi un ronroneo, y un hilillo de saliva se desliza por la comisura de sus labios hasta la almohada, delatando lo profundo de su sueño. Tras limpiarle con los pantalones, ahora manchados sin remedio, se ha planteado buscar otros limpios en el mismo cajón, pero recordando lo acostumbrados que están a dormir desnudos tras follar y lo cómodo que es, decide dejarlo estar. Un balbuceo de Izuku, que se acomoda y se expande hasta ocupar todo el futón, murmurando palabras ininteligibles para sí mismo, hacen que Katsuki sonría al acuclillarse a su lado.
—Estabas agotado, joder —susurra cariñosamente, apartándole uno de los mechones verdes del rostro para evitar que le haga cosquillas y lo desvele. Izuku resopla, reaccionando a su caricia de forma instintiva y sonriendo en sueños.
Katsuki esboza una mueca satisfecha y se incorpora, haciendo una bola con los pantalones manchados de Izuku. Suspira, embriagado todavía por su propio orgasmo y, por primera vez desde que ha entrado en el dormitorio, lo contempla detenidamente. La luz de la lamparita de la mesa de estudio de Izuku, regulable, está al mínimo, así que no ha tenido ocasión de acercarse lo suficiente a los pósteres de las paredes para distinguir su temática. Y, a pesar de que sí ha podido burlarse, aunque fuese silenciosamente, del pijama de merchandising de Dynamight cuya parte inferior ahora sostiene en las manos, no puede evitar abrir los ojos de par en par, sorprendido.
Un gran póster de All Might, con una fotografía tomada en su época final, con el traje que el propio Katsuki conoció en su primer curso de la U.A., preside la pared que está encima del escritorio. También hay algunas ilustraciones, procedentes de recortes de revistas y periódicos, de algunos otros héroes, incluido uno de Shouto, mucho más pequeñas, dispersas por toda la habitación.
Pero, sin duda, el color dominante en las paredes es el negro y el naranja.
Pósteres e imágenes suyas ocupan la mayor parte del espacio, incluidas las puertas del armario. Dynamight con el traje de su etapa en la U.A., como héroe con licencia provisional, con el traje de invierno, con el de operaciones especiales, el de cuando ascendió a lo más alto del ranking, el actual… Todos y cada uno de ellos, cada una de sus etapas, con sus cambios de estilo o de prestaciones, están representados en las paredes del dormitorio. No puede siquiera ofenderse del lugar privilegiado de All Might, porque es él quien preside las demás paredes con pósteres tan grandes como el suyo, además de otros muchos en doble página, procedentes de reportajes fotográficos y entrevistas y una constelación entera de recortes de noticias, algunos en blanco y negro.
Entrecerrando los ojos con sospecha, Katsuki se acerca a la cómoda y abre de nuevo el cajón de los pijamas. No necesita rebuscar: en uno de los laterales, arriba del todo, uno de ellos imita los colores y patrones de uno de sus trajes. Bajo los más superficiales, incluso la débil luz de la lamparita es suficiente para distinguir los tonos anaranjados de otros cuantos. No ha sido una casualidad sacar un pijama con los motivos de Dynamight del cajón.
«Lo improbable habría sido no sacar uno de ellos a la primera», piensa Katsuki, con sorna.
Si bien antes ha estado tan centrado en Izuku que sólo el pijama le ha llamado la atención, ahora no puede dejar de ver los detalles por doquier.
Encima del escritorio, un bote lleno de bolígrafos y lapiceros tiene la forma de una de sus granadas. No recuerda en qué año sus agentes de publicidad decidieron incursionar en el material escolar infantil, que seguramente aprobaría en conjunto, sin detenerse a comprobar los objetos de forma individual. En el suelo, al lado de donde reposa la silla de oficina de Izuku, cubierta por una funda de color naranja y negro con una enorme equis en la parte trasera, hay una alfombra pequeña con el símbolo de la agencia Dynamight.
—Ostia, eres un jodido nerd —masculla Katsuki, resoplando una carcajada a medio camino entre la diversión y la impresión. No le sorprendería encontrar una réplica exacta de su propio traje de héroe si abriese la puerta del armario y lo registrase.
La conversación mantenida con Shouto acerca de Izuku, justo antes de declararse, vuelve a su mente en un recuerdo fugaz. Las dudas que le planteó acerca de la idea que Izuku tenía de él en ese momento, la diferencia de edad, los puntos vitales en los que se encontraba cada uno, el rechazo sufrido por la falta de Don… Paseando los dedos por uno de los pósteres, uno en el que se ve insultantemente joven, más incluso que la edad actual de Izuku, piensa en que él ya sabía de la admiración que su novio sentía hacia Dynamight desde la primera vez que lo vio, plantado en el patio del complejo y mirándolo con los ojos muy abiertos. En ellos había admiración, pero también nerviosismo y terror. Y mucha decisión. A sus pies, una mochila con los colores naranja y negro le había llamado la atención lo suficiente como para corroborar que estaba delante de alguien que conocía bien a Dynamight. Y la pelea de después lo había vuelto a confirmar.
Trata de descartar el sentimiento de vulnerabilidad que se abre paso en sus entrañas, recordando la conversación que mantuvo con Izuku, cuando este le confesó sus sentimientos, cuando le aseguró que no estaba confundiendo su admiración con amor, pero una leve desazón permanece en su estómago, incapaz de deshacerse de ella completamente. Todos los recuerdos reverberan en su cabeza, reforzados por todos los accesorios y fotografías que decoran la habitación. Pensando en ellos, se acerca al escritorio, que está desordenado en un orden que a Katsuki ya le resulta familiar de las veces anteriores que lo ha visto trabajar, tanto en el complejo como en la agencia.
Una camiseta hecha con una tela de textura extraña está sujeta en el espacio de trabajo. La reconoce, aunque ahora no es igual. Tiene un color diferente y ya no parece un crop top mal cosido. Se asemeja más a una cota de malla elástica y prieta, tanto que Katsuki no está muy seguro de que se ajuste a su talla actual. Si no hubiese reconocido el dispositivo y hubiese supuesto que era tal, podría haber pasado por una camiseta interior térmica, de las que el propio Katsuki utiliza debajo de las capas externas de su uniforme profesional para sudar más. El recuerdo de la primera vez que la vio, en una tienda de campaña que olía a humo y a Izuku, la primera noche que durmió con él, se suma a los anteriores.
«Es posible que haya pensado que, si va a sustituir una de las capas interiores, necesite conservar las propiedades caloríficas», concluye Katsuki al rozar la tela con los dedos y corroborar que su tacto es abrigado y mullido. «Es un jodido genio. Su obsesión por convertirse en un héroe profesional le hace tan buen inventor como héroe. O mejor».
Hay varias herramientas al lado, es obvio que Izuku ha estado trabajando en ella en los últimos días. Al lado, varios fajos de folios llenos de apuntes están subrayados con distintos rotuladores y señalados con post-its de colores fluorescentes y diferentes formas. En la pared, al lado del póster de All Might y sujeta por chinta adhesiva, hay una hoja de papel con los horarios de Izuku. Un rápido vistazo le indica a Katsuki de forma prístina el origen del agotamiento de su novio. Ha multiplicado la cantidad de tareas, rellenando prácticamente todos los huecos libres posibles. Incluso con las reducciones que Katsuki le ha concedido en Dynamight, Izuku está dedicando a trabajar y estudiar más del doble de horas que un mes atrás.
Tomando un rotulador negro de la mesa, Katsuki tacha con saña varios de los recuadros, reduciendo sus entrenamientos de seis a tres veces por semana. Izuku no los necesita para aprobar el examen de licencia definitiva, que está más que preparado para obtener, y siempre puede intensificar el entrenamiento más adelante para adecuarse a los estándares de Dynamight, cuando ya tenga el título universitario en sus manos. Duda unos segundos, pero acaba tachando varios recuadros más, restando algunas horas de estudio nocturnas y la mayor parte de las reuniones con Iida, que pueden esperar un par de semanas o tres. Con una mueca petulante, marca el único par de recuadros vacíos, los que Izuku suele dedicar a relacionarse con Katsuki y sus amigos, con una letra F mayúscula que sabe que sonrojará a su novio cuando la vea y comprenda su significado.
Satisfecho con los cambios, suficientes para que no se repita una situación similar sin menoscabar significativamente las horas de estudio o trabajo más prioritario de Izuku, Katsuki devuelve el rotulador a su sitio.
Se viste antes de salir de la habitación, llevando el pantalón sucio de Izuku consigo. No le apetece que la madre de Izuku llegue y encuentre a un extraño deambulando en calzoncillos por su casa. Aprovecha que el cesto donde ha dejado el resto de la ropa sucia de Izuku al desvestirlo para bañarlo está en el cuarto de baño para utilizar el retrete. Frota las manchas más delatadoras del pantalón de Izuku en el lavabo y después embute este en el cesto, entremezclándolo con el resto de prendas que le ha quitado antes. Aunque duda que vaya a ser así, teniendo en cuenta cómo habla Izuku de su madre, no quiere causarle un problema si esta se entera de lo que han hecho en su habitación.
Localiza fácilmente el hervidor de agua en la cocina, que pone al fuego mientras observa los muebles, anodinos y de manufactura industrial en cadena, con la mirada ausente. El silbido que avisa de que el agua está lista suena al mismo tiempo que la puerta de la calle. Inko Midoriya aparece en la puerta cocina, cargada con una bolsa de papel que deja caer al suelo, asustada, al ver a Katsuki de pie frente a los hornillos.
—Buenas noches —dice Katsuki, cautelosamente, levantando ligeramente las manos en un gesto tranquilizador que ya es deformación profesional—. Soy Katsuki Bakugou. Dynamight. El… novio de Izuku —añade, en tono educado. Sabe que Izuku le ha contado a su madre acerca de ellos dos, pero aun así la palabra se le atraganta un instante, pues cobra cierta seriedad al decírsela a su madre.
Se ha puesto en alerta de manera inconsciente, porque no sabe cómo va a reaccionar Inko a su inesperada presencia. Se alegra de llevar una camiseta de manga larga que permite que sus tatuajes pasen desapercibidos. No suele esconderlos, a pesar del extendido prejuicio que existe en ciertas zonas del país hacia las personas tatuadas, pero ahora no querría que su aspecto fuese percibido como una amenaza por la mujer de baja estatura que tiene frente a él.
—Buenas noches, héroe Dynamight —responde ella, con una sonrisa nerviosa, ya más tranquila.
—Bakugou bastará —dice Katsuki, un tanto cortante, frunciendo el ceño. Se agacha para ayudarle a recoger la bolsa de papel y las hortalizas que han rodado fuera, alegrándose de que no fuese nada frágil.
Relajándose, Katsuki la observa detenidamente. La señora Midoriya se mueve por la cocina colocando las cosas que traía. Es un poco más joven que Mitsuki, a juzgar por su rostro, pero sus formas son más redondeadas. Sus rasgos recuerdan mucho a Izuku, así como su altura, aunque ella sigue siendo más baja. El parecido es notable. No sólo por el cabello verde y la altura, también la forma de la sonrisa es similar, igual que los pómulos, aunque no hay pecas en los de su madre. Y los dos tienen ese aire de vulnerabilidad que se transforma en determinación cuando toman una decisión.
Exactamente lo que hacen los ojos de la señora Midoriya, que han abandonado la sorpresa inicial y ahora lo mira con una curiosidad que también es un atisbo de la de Izuku, más familiar.
—El n… Izuku se desmayó durante el entrenamiento y lo traje a casa. Está bien, sólo un poco cansado por haberse estado exigiendo demasiado estos días. Ahora está durmiendo —explica Katsuki, apartando el hervidor de agua del fuego—. Estaba preparándome un té mientras esperaba. No quería quedarse solo. —«No quería dejarlo solo», piensa para sí mismo, sin decirlo en voz alta.
La señora Midoriya no contesta inmediatamente. Poniéndose de puntillas, abre uno de los armarios altos y saca un par de tazas y un bote con té que pone en una bandeja. Comprendiendo, Katsuki deposita en ella el hervidor también y sigue a la mujer hasta la sala de estar, arrodillándose frente a la mesa kotatsu. En silencio, observa en silencio cómo la señora Midoriya prepara y sirve el té para ambos.
Aunque tiene la mirada franca de Izuku, Katsuki no sabe leer en ella con la misma facilidad que en la de su novio, que a veces es un libro abierto para él. Se pregunta qué opinión tendrá de él, qué imagen se habrá formado a partir de lo que Izuku le haya contado. Es una sensación extraña, porque a Katsuki nunca le ha interesado qué piense o qué opinión se forme la gente, pero Izuku ha trastocado todo eso. Ahora sí le importa lo que Izuku piense de él y ahora también le gustaría agradar a su madre, algo que lo cabrea y pone nervioso por igual. Por no hablar de que, tras ver la decoración del dormitorio, le preocupa la percepción que la señora Midoriya tenga de los sentimientos de Izuku hacia él.
Él está convencido de que quiere a Izuku, pero estar delante de su madre le hace ser más consciente que nunca de que es mayor que él, un héroe profesional a cargo de su entrenamiento y, ahora que ha visto su dormitorio, uno de sus ídolos de la adolescencia, sumado a la propia inseguridad de Izuku, ha hecho que una leve ansiedad se apodere de la boca de su estómago. Katsuki ya sabía todo eso cuando tomó la decisión de salir con Izuku y no piensa en ello cuando está con él, porque Izuku lo llena todo cuando está presente y cualquier atisbo de inconveniente se difumina en ojos verdes, sonrisas blancas, montones de pecas oscuras sobre la piel y un fuerte sentimiento de plena felicidad que le embarga el pecho, pero ahora duda de lo que puede opinar Inko al respecto.
—Gracias por cuidar de él.
—No ha sido una molestia, señora Midoriya —responde con voz hosca, entrecerrando los ojos al examinar su expresión mientras lo dice, observándola con descaro en un intento de intuir qué está pensando. Acepta la taza que esta le tiende, abrazando su calor agradable y agradeciendo tener algo que hacer con las manos.
—Inko bastará. —Katsuki resopla con una carcajada. Ahí, en la sonrisa decididamente traviesa que esboza Inko al hablar, Katsuki puede reconocer a Izuku, y eso rebaja el nivel de incomodidad y la tensión—. Sin la máscara que utilizas cuando trabajas no pareces el mismo, aunque el parecido es obvio si sabes buscarlo. No… te imaginaba así.
—¿Tan mayor? —pregunta Katsuki, dejando que parte de su inquietud abandone sus labios.
—¿Mayor? —Inko se ríe, y se le forma el mismo hoyuelo en la mejilla que a Izuku y sus ojos se achican de la misma forma—. ¿Qué tienes… nueve años más que Izuku? ¿Diez?
—Ocho —responde Katsuki, con un nudo en la garganta.
—El padre de Izuku me sacaba algunos más —dice Inko, negando con la cabeza—. Claro que ese tampoco es el mejor ejemplo, ni creo que sea algo comparable, porque es evidente que él buscaba en mí algo que no era exactamente lo mismo que tenéis vosotros.
—Izuku no me ha hablado de su padre —musita Katsuki, recordando una conversación tras pelear contra All for One, en la que Izuku había hablado de su padre con el villano.
—Era un hombre alto, guapo y tremendamente carismático. Izuku no tiene recuerdos de él. A menudo, dudo que siquiera yo lo conociese más allá de la obvia mentira que fue nuestra relación —dice Inko, con calma. En sus ojos se atisba una chispa de enfado, sin pizca de nostalgia. La mención al carisma del padre de Izuku le hace fruncir el ceño, rememorando de nuevo esas pocas palabras que Izuku había intercambiado con All for One y que Katsuki había supuesto que eran una mera tentación desesperada de un villano atrapado.
—Se aprovechó de ti —adivina Katsuki—. Te engatusó aprovechándose de que tú eras más joven que él y cuando Izuku nació se largó. —Inko asiente, apretando los labios ante la crudeza con la que lo ha expuesto—. Yo no estoy aprovechándome de Izuku.
—Lo sé. —La forma en la que Inko lo dice, llana y sincera, apabulla a Katsuki, que agacha la cabeza y frunce el ceño, poniendo sus pensamientos en orden—. No creo que nadie haya pensado que estás aprovechándote de… Ah, ya entiendo. Has visto su dormitorio, ¿verdad? —Katsuki asiente, serio, con el entrecejo fruncido y una expresión hostil en el rostro, preguntándose si saber leer tan bien en él también es parte de la genética de ser un Midoriya—. No, no se te ve mayor, eres joven y guapo. Me refería a… tan amable. En televisión pareces estar enfadado siempre.
—Suelo estarlo. —Katsuki, que no se autodefiniría como amable, entrecierra los ojos, con la sensación de estar pasando un examen que no sabía que debía preparar, pero Inko se ríe con una carcajada.
—Izuku es un chico muy inteligente y prudente. Un poco tímido a la hora de relacionarse con otras personas, pero creo que eso forma parte de su experiencia vital por la falta de Don —dice Inko, sonriendo—. Es un chico emocionalmente sano, incluso con todo lo que ha ocurrido. Pero sí, es cierto que siempre te ha admirado mucho.
—Ha admirado una faceta de mi —masculla Katsuki.
—¡Ah! Izuku siempre quiso ser un héroe. —Inko ignora la última frase de Katsuki y da un sorbo a su taza—. Desde muy pequeño, antes de que nadie a su alrededor manifestara su Don. Vestía como All Might y jugábamos a que me rescatase. No tener Don fue un revés, uno que le costó superar, pero lo consiguió. Siguió queriendo ser un héroe en la escuela, y después en el instituto. Llegó a aplicar en la U.A.
»Pero para ese momento ya no era All Might quien le inspiraba para ello. Era un chico rubio que había sido atacado años atrás por un villano al salir de su escuela y salvado por All Might en el último momento. «Yo no me habría quedado mirando, mamá. Estaba sin aire, podría haber muerto si All Might no hubiera llegado», me dijo, mientras en el televisor repetían la imagen una y otra vez. Te reconoció enseguida en el festival deportivo del año siguiente, por supuesto, a pesar de los gritos y el enfado que mostrabas. Y siguió con mucha preocupación tu secuestro a manos de los villanos y tu posterior rescate.
—La caída de All Might —murmura Katsuki para sí mismo. Esa parte, la admiración que le profesaba hasta que conoció a la persona tras el héroe, la conoce a raíz del comportamiento de Izuku cuando lo conoció y tras las conversaciones con él en la intimidad creada entre ambos después de follar, pero escucharla de boca de una tercera persona es un poco abrumador.
—Izuku no lo vio así —dice Inko suavemente, que lo ha oído—. Su héroe había triunfado, te había rescatado por segunda vez y tú ibas a convertirte en un héroe que iba a rescatar otra gente a su vez. Yo sé todo esto de ti a través de Izuku. Pero eso no es suficiente para enamorarse de alguien. Puede serlo para sentir atracción inicial o puntual, para formar una base sobre la que construir, pero nada más por sí misma.
—Si idolatras algo, puede decepcionarte al conocerlo mejor.
—Él te ha visto más allá de tu faceta de héroe y no parece decepcionado. Además, Katsuki, puedo llamarte Katsuki, ¿verdad? —Este asiente bruscamente, impaciente porque Inko continúe, para saber a dónde quiere llegar—. Además, Katsuki, creo que él sabe mejor lo que hace que yo.
»Cuando en la U.A. rechazaron su solicitud de ingreso en el departamento de héroe, se deprimió por perder su sueño de ser un héroe. Pero no se rindió. Supo redirigir sus esfuerzos a algo relacionado con esa faceta, se esforzó más que nunca. Y en ningún momento dejó de intentar entrar en alguna agencia, siguió trabajando por conseguir su sueño, incluso cuando yo, como madre, creí que era mejor intentar guiarlo para que desistiese.
—¿Por qué me está contando todo esto? —pregunta Katsuki, desconcertado.
—Porque ahora Izuku por fin ha conseguido lo que soñaba. Va a ser un héroe profesional con todas las consecuencias que ello implica. Aunque para mí, y para otras personas, ya lo era antes.
—También para mí —confiesa Katsuki, sintiéndose culpable una vez más por todos sus prejuicios pasados hacia las personas como Izuku cuyo Don es débil o no existe.
—¿Y lo ves cegado? ¿Ves que haya perdido la perspectiva porque ahora ya puede ser un héroe? ¿Ha cambiado su forma de ser ahora que la sociedad por fin lo reconoce como algo legítimo?
—Está agotado por querer llegar a demasiadas cosas, pero es verdad que sigue siendo un nerd titubeante que trabaja en ser más seguro de sí mismo —dice Katsuki, pero Inko niega con la cabeza.
—Cada vez menos, ¿no crees? —Katsuki asiente. Desde luego es así, aunque el cambio es paulatino. Sonríe de lado, admirando la madre que hay dentro de Inko y cuya feroz defensa de los sentimientos de Izuku le ha recordado a Mitsuki—. Estoy orgullosa de él. Es inteligente y tiene la cabeza bien amueblada. No ha descuidado sus estudios, ni ha dejado lo que ya estaba haciendo para lanzarse a cumplir su sueño. Lo que ha conseguido con su esfuerzo y lo que siempre ha soñado conseguir y ahora por fin ha tenido la oportunidad. Está intentando compaginarlo todo, lo racional y lo emocional. No dudo que en tu caso sea capaz de gestionar sus sentimientos de manera similar.
—No está confundiendo admiración con amor, de eso estoy seguro —dice, recordando la conversación mantenida semanas atrás, la primera vez que Izuku lo llamó Kacchan.
—¿Entonces? —Katsuki no contesta, encogiéndose de hombros al no saber expresar por qué de pronto todo le ha parecido abrumadoramente real. Inko tampoco añade nada más.
Apurando la taza de té, medita en todo lo que la madre de Izuku le ha contado, mucho más seguro ahora que sabe que no es el único que ha pensado en ello. Probablemente, el propio Izuku lo habrá analizado al detalle, apuntando concienzudamente en una de sus libretas. La idea le hace sonreír, mucho más relajado tras la charla. Si Izuku es capaz de racionalizar su admiración por Dynamight y, a la vez, estar enamorado de Katsuki, su repentina ansiedad no tiene cabida. Sobre todo, ahora que, a su modo, Inko le da la bienvenida y su aprobación, algo que no creía necesitar y que ahora le alivia.
Además, intuye que parte de su repentina inseguridad al constatar visualmente la admiración de Izuku viene de que no está en su propia casa o en la agencia, el terreno familiar en el que se han movido hasta ahora, de conocer a su madre y está acentuada en parte por el sexo que acaban de mantener, que ha expuesto su vulnerabilidad más de lo que esperaba.
—¿Tienes hambre? ¿Quieres cenar? —pregunta Inko al cabo de unos minutos, levantándose. Katsuki niega con la cabeza y se levanta también. Este sería el momento de decir que es hora de marcharse, pero Izuku le ha pedido que se quede. Si no se hubiese encontrado con Inko, quedándose dentro de la habitación, no estaría en esta disyuntiva. Lo resuelve ella, sacando un futón de uno de los armarios y ofreciéndoselo—. Puedes quedarte a dormir, si quieres. Me gusta pensar que soy una madre moderna.
—En realidad, yo… Sí, me quedo. —Katsuki mira el futón en sus manos y luego a Inko, que sonríe antes de desaparecer por la puerta de la cocina, dejándolo a solas.
De vuelta en el dormitorio de Izuku, extiende el futón que Inko le ha dado, con olor a la lavanda del típico antipolillas que se pone en los armarios que no se utilizan a menudo, al lado del de Izuku. Este se ha destapado hasta la cintura y ha sacado un pie por debajo del edredón, ocupando todo el espacio disponible en el futón. Con el brazo artificial se abraza a la almohada, mientras que el derecho desaparece por debajo de su camiseta. Si no se hubiese encontrado con Inko, Katsuki habría tenido que dormir en el suelo. Eso o, como tiende a hacer cuando duermen juntos, aprisionar a Izuku entre sus brazos para impedirle patalear y expandirse, arrinconándolo fuera del futón.
A la tenue luz de la lamparilla del escritorio de Izuku, Katsuki se desnuda hasta quedar de nuevo en calzoncillos y se sienta, abrazándose las rodillas. Todavía es temprano, pero él está acostumbrado a acostarse pronto desde pequeño. Incluso en la U.A., mientras sus compañeros todavía estaban cenando o viendo alguna serie antes de retirarse a dormir, él ya solía estar en la cama, así que le da un poco igual. Sin embargo, quiere aprovechar para mirar a Izuku sin reparos, todavía pensando en la conversación con Inko.
Como siempre que lo tiene delante, se siente correcto estar con él. Inclinándose, vuelve a recogerle el mechón rebelde detrás de la oreja y, con el pulgar, le limpia la baba que le resbala de la comisura del labio. Reaccionando ante el contacto, Izuku sonríe beatíficamente, y su cara se ilumina entera, radiante. Katsuki corresponde de manera refleja a su sonrisa y deja la mano posada en la mejilla de Izuku, que se mueve para apoyarse en ella mientras musita algo incomprensible en sueños.
—Joder, nerd —dice en voz tan bajita que ni siquiera está seguro de haberse oído a sí mismo. Sintiéndose un poco idiota, aparta la mano y apaga la luz.
Se tumba lo más cerca posible del borde de su futón, aproximándose a Izuku y tirando de su edredón para cubrirse con él también. Izuku parece notar su presencia, incluso dormido como está, porque se recoge sobre sí mismo, y se acurruca al lado de Katsuki, pasándole el brazo artificial por la cintura y posando el derecho en su pecho y frotando la nariz en el punto en el que el cuello de Katsuki se une con su hombro. Este lo envuelve entre sus brazos, permitiéndole acercarse todavía más a él y le besa la coronilla de la cabeza, donde un mechón de cabello se encrespa, rebelde, sobresaliendo por encima del resto de rizos.
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Al despertar, Izuku tarda unos segundos en ubicar dónde está y tiene que parpadear varias veces para conseguir que sus ojos enfoquen. Se pregunta cuántas horas lleva durmiendo. Está extrañamente descansado, más que cualquiera de los últimos días, y al mismo tiempo tiene los músculos rígidos.
Lo primero que distingue son las largas pestañas de color rubio oscuro que enmarcan los ojos rojizos de Katsuki, que lo mira desde muy cerca, completamente despierto, con expresión seria. Sus brazos lo aprisionan con firmeza y tiene las piernas enredadas con las de él.
—Buenos días, Kacchan —susurra Izuku, bostezando y estirándose dentro el abrazo de su novio. Su pene desnudo, con su habitual erección matinal, se frota contra la pierna de Katsuki. Avergonzado, Izuku se percata de que está desnudo de cintura para abajo. Hace ademán de encogerse sobre sí mismo, pero Katsuki lo tiene bien atrapado y no le permite alejarse de él.
—Se ensuciaron y te los quité para que durmieses más cómodo —dice Katsuki, lacónicamente, también en voz muy baja—. Buenos días, nerd.
—Te has quedado toda la noche.
—Por supuesto. ¿Qué te habías creído? —Katsuki sonríe de medio lado, orgulloso. Frota la espalda de Izuku con sus manos, tan grandes que parece poder abarcar cada centímetro de su piel.
Cuando descienden un poco más abajo, rozando el inicio de la curva de sus nalgas, los recuerdos afloran lentamente en la mente de Izuku, que se sonroja y se muerde el labio inferior. Estaba realmente agotado, tanto que ni siquiera recuerda bien cómo fue su orgasmo, sólo una nube de placer que eclipsó el cansancio hasta el punto de caer rendido, supone, porque no hay más imágenes en su mente a partir de ese momento. No es consciente de que Katsuki le haya quitado los pantalones ni de cuándo este se ha tumbado a su lado usando el futón que utilizan para las visitas. Un futón que sólo puede habérselo proporcionado…
—¿Mamá? —pregunta Izuku, repentinamente preocupado.
—Estuvimos hablando. Me invitó a quedarme a dormir —responde Katsuki.
—¿Hablando? ¿De qué? —La media sonrisa de Katsuki se vuelve una pizca más irónica y sus ojos se entrecierran.
—Creo que le caigo bien.
—Por supuesto que le caes bien —susurra Izuku, escandalizado, que no lo ha dudado ni un instante.
—De ti, sobre todo. —Izuku abre los ojos de par en par. Luego los entrecierra y evalúa con la mirada a Katsuki, intuyendo que ahí hay algo más que no sabe y que este no va a contarle. «Quizá pueda preguntar a mamá más tarde», piensa, pero Katsuki le mordisquea la punta de la nariz para distraerle de su involuntario murmullo, riéndose con una carcajada gutural que le vibra en la garganta—. También me habló de tu padre.
—Hisashi. —Cuando Katsuki levanta las cejas, inquisitivo—. Por eso escogí su nombre, mi padre se llamaba Hisashi.
—Lo sabía. —La voz de Katsuki suena genuinamente sorprendida—. Me lo dijiste. Cuando… Después de que la Liga atacase Musutafu. No me acordaba. Me dijo que no lo conociste.
—No…
—¿Y no sientes curiosidad? —Izuku niega con la cabeza—. Mientras me hablaba de él… Me acordé de…
—Lo sé. Yo también recuerdo esa conversación —lo interrumpe Izuku, anticipando qué va a decir Katsuki, porque él también ha pensado a menudo en la conversación mantenida con All for One tras derrotarlo. En su momento no tuvo tiempo de pensarlo, pero una vez ha pasado todo, ha tenido ocasión de analizar sus palabras durante horas. Sigue sin saber qué pensar, si es solo una coincidencia o hay algo más y a estas alturas le da igual—. Y no me importa. No merecía que adoptase su nombre, siquiera. Hisashi jamás fue mi padre. Fuese quien fuese. —Katsuki asiente. Izuku sabe que no volverá a sacar el tema nunca más, salvo que él lo haga. Eso hace más real cerrar el tema y poder aparcar definitivamente a Hisashi de sus pensamientos.
—Puedes seguir durmiendo un rato más, apenas está amaneciendo, queda una hora para que suene tu despertador. Tu madre aún no se ha levantado, de hecho. Yo me he despertado porque necesitaba utilizar el baño —aclara ante la muda pregunta de Izuku.
—Estoy cansado de dormir —niega Izuku, que se siente más despejado de lo que se ha sentido en muchos días—. Yo también necesito ir al baño.
Katsuki asiente y le libera de su abrazo, permitiéndole levantarse. Izuku rebusca en un cajón unos calzoncillos, que se pone antes de salir del dormitorio. Camina hasta el cuarto de baño de puntillas para no despertar a su madre. El tacto helado del suelo del baño ayuda a que su erección remita lo suficiente como para poder orinar, suspirando aliviado al conseguirlo. Regresa rápidamente al dormitorio, con el frío matinal mordiéndole en la piel desnuda de las piernas.
Arropado sólo hasta la cintura, Katsuki se ha tendido de espaldas sobre su futón, mirando al techo con los brazos detrás de la nuca. A la luz débil del amanecer que entra por la ventana, puede distinguir los tatuajes y el brillo de sus piercings, que destellan cuando vuelve la mirada hacia él al atravesar la puerta.
—Hostia, estás helado —gruñe cuando Izuku se cuela por debajo del edredón, encima de Katsuki, en lugar de utilizar su propio futón, pero le pasa una de las manos por la espalda para afianzarlo e impedir que ruede hacia un lado. Izuku le besa en medio del pecho y apoya la oreja en el mismo sitio, escuchando los fuertes latidos del corazón de Katsuki y dejando que su cabeza suba y baje cada vez que este inspira y exhala.
—Gracias por lo de anoche.
—No digas idioteces. No iba a dejarte tirado en medio del gimnasio.
—En realidad, hablaba de lo magníficamente bien que me sentó lo de después —susurra Izuku en su oído, sonrojándose por su atrevimiento. Su cuerpo entra en calor rápidamente gracias a Katsuki. Todo su cuerpo. Sonrojado, percibe que no es el único.
—Ni siquiera sé cómo me dejé convencer, joder —dice Katsuki, riéndose en silencio—. Tienes razón, estuvo muy bien. Teniendo en cuenta lo que nos costó la primera vez, es curioso lo rápido que hemos cogido práctica, ¿no?
—Es cierto. —Apoyando los brazos en el pecho de Katsuki, se incorpora lo suficiente para darle un beso—. Lo siento, no se me ocurrió lavarme los dientes.
—Da igual —murmura Katsuki, que profundiza el beso presionándole los labios con la lengua para que los abra. El piercing que este tiene en la lengua excita a Izuku siempre que lo besa, que le corresponde con entusiasmo hasta que Katsuki deja caer la cabeza hacia atrás, abrazando a Izuku todavía con una mano.
Sonrojado por lo que va a hacer, Izuku se abraza a Katsuki y esconde la cara en su pecho, recolocándose para asegurarse de que la parte delantera de sus calzoncillos queden a la altura de los de Katsuki. Después, con deliberada lentitud, mueve las caderas de arriba abajo, frotándose contra él. Katsuki no dice nada, sólo aprieta las yemas de los dedos que tiene posados en su espalda cuando Izuku repite el movimiento.
Izuku jadea de placer contra la piel de Katsuki, que se llena de gotitas de condensación de su aliento, así que las recoge con la lengua antes de darle otro beso. La lengua de Katsuki, cálida y húmeda, invade su boca, y la bola de su piercing acaricia el paladar de Izuku, la parte interior de sus dientes superiores, su propia lengua.
Izuku jadea cuando se separan, sorprendido por la intensidad del beso.
La mano de Katsuki sube por la espalda de Izuku hasta llegar a su nuca y, presionando levemente para darle a entender que no está obligándolo, lo guía hasta su pezón izquierdo.
Izuku se muerde el labio, emocionado. Él tiene los pezones muy sensibles y le encanta que Katsuki los acaricie, pellizque, lama y mordisquee. No necesariamente en ese orden. Adora cuando Katsuki los aprieta con fuerza entre sus dedos, causándole más dolor que placer, para luego rozar las yemas de sus dedos sobre ellos, haciéndolos vibrar, o clavando levemente la uña en él, y ahí sí que es mucho más intenso el placer que Izuku siente.
Comprendiendo que Katsuki desea experimentar, Izuku se apresura a complacerlo. Hasta ahora, no había tenido ocasión de corresponder las atenciones de este a sus sensitivos pezones. Izuku se los ha acariciado, por supuesto, pues le encanta tocar los pectorales de Katsuki y rozar sus dedos sobre su piel, y eso implica estimular sus pezones, pero no con tanta dedicación.
Primero deja que su respiración condense unas pocas gotas diminutas de vaho en su piel, haciendo que el pezón se endurezca, y luego lame y besa el pequeño bultito que se ha formado. Katsuki respira más rápido y aprieta con fuerza los mechones de cabello de Izuku que está acariciando con la mano. Izuku está tan cerca de su pecho que puede escuchar cómo su corazón también se ha acelerado y late con fuerza y eso lo excita aún más.
Contoneándose como puede, para no perder contacto con el cuerpo de Katsuki, Izuku se baja los calzoncillos para liberar su erección. Hace lo mismo con los de Katsuki, que alza las caderas para ayudarle a conseguirlo, con tanto ímpetu que eleva a Izuku con ellas, sin que su peso le suponga un problema. Cuando la espalda de Katsuki vuelve a apoyarse en el futón, la polla de Izuku está atrapada entre la de Katsuki y su abdomen. Siente la de este apretarse contra su propio vientre, grande, dura y húmeda.
Excitante.
La mano de Katsuki se aleja de la nuca de Izuku y baja en una caricia larga por su espalda hasta llegar a sus nalgas, que aprieta con fuerza entre los dedos, acompañando al movimiento de cadera que Izuku ha vuelto a reanudar al mismo tiempo que lame, chupa y mordisquea el pezón de Katsuki. Este gime un poco más alto tras un mordisco particularmente fuerte que asusta a Izuku, que levanta la cabeza para preguntarle si le ha hecho daño.
—Vuelve a hacerlo —ordena Katsuki, no obstante, en voz muy baja. Izuku obedece, tratando de coordinar el movimiento de caderas con los lametones y mordiscos.
Alentado por la orden de Katsuki, se atreve a morder y tirar del pezón de este hacia atrás, de la misma forma que este hace con él, lo cual provoca una respuesta instantánea en sus caderas, que vuelven a elevarse, moviendo a Izuku con ellas. Encantado por la respuesta de Katsuki, Izuku cambia al otro pezón. Pronto no es consciente de qué está haciendo exactamente, con la mente nublada de placer por el roce continuo contra el pene de Katsuki, que se ve cada vez más facilitado por el líquido preseminal de ambos, que se mezcla y hace de lubricante. La postura no es cómoda, pero ninguno de los dos está dispuesto a parar y buscar una más adecuada. Tampoco es algo que Izuku haya planeado más allá de dejarse llevar por lo que le apetecía hacer.
Las manos de Katsuki, grandes, abarcan con facilidad ambos glúteos de Izuku. Los masajea, frota y estruja con fuerza, incitándolo a moverse más rápido para que sus pollas se froten con más intensidad. Izuku gime, más alto de lo que desearía, pues hasta ahora han hablado en susurros para no ser oídos fuera de la habitación, cuando los dedos de Katsuki le acarician el ano, frotando rudamente entre sus nalgas. Uno de ellos, grande y endurecido por los callos que las explosiones le provocan, se aprieta contra la fruncida entrada, todavía un poco adolorida y distendida tras el polvo de la noche anterior. No está lubricado, ni siquiera con saliva, así que sólo se presiona la yema, abriéndolo levemente en una caricia tan tosca como placentera.
Las sensaciones del cuerpo de Izuku se disparan. Los dedos callosos de Katsuki apretando sus nalgas, frotándose contra su esfínter, el roce de su polla con la de este, la respiración rápida y fuerte del pecho de Katsuki, que sube y baja, moviéndose bajo su boca, el tacto delicado de sus pezones entre sus labios, lengua y dientes. Katsuki sisea para mandarlo callar, pues sus sollozos cada vez son más audibles. Incapaz de enmudecer, Izuku coloca los labios alrededor de uno de los pezones de Katsuki, el que más cerca tiene, y succiona con fuerza, mordisqueando y chupando, sin separarlos de la piel del pecho de Katsuki para mantener la boca ocupada y controlar que ningún sonido más abandone su garganta.
—Joder, nerd —susurra Katsuki, con la voz impregnada de deseo, moviendo ya las caderas al mismo ritmo que Izuku, acompasándose con él para incrementar el roce.
«Kacchan», contesta Izuku, pero su voz queda ahogada por el pezón de Katsuki, cuya areola muerde al tratar de hablar.
Izuku se corre en primer lugar, silenciando su gemido de placer. A pesar de la sobreestimulación que le produce seguir frotándose contra Katsuki, no se detiene, moviendo las caderas lo más rápido que puede, escuchando cómo este acelera sus jadeos a cada empujón y tratando de predecir el momento exacto en el que va a desatarse su orgasmo.
Cuando Katsuki empuja con más fuerza que antes las caderas hacia arriba, Izuku muerde con fuerza la areola del pezón, anticipando correctamente el orgasmo de su novio, que vibra bajo su cuerpo de forma descontrolada. Justo antes de que el primer disparo de semen salpique el vientre de Izuku, Katsuki gime en un grito que consigue ahogar a tiempo y los dedos que aún mantiene en su culo se aprietan con tanta fuerza que la primera falange de uno de sus dedos entra en el interior de Izuku, que se estremece de placer al sentirlo.
Ya no tiene la otra mano tras la nuca, sino en la boca, mordiéndola con fuerza para no hacer ruido, en un gesto descontrolado que provoca que Izuku se sienta orgulloso de sí mismo. La eyaculación de Katsuki es más larga de lo esperado, pero cuando por fin termina de correrse, sus caderas vuelven a caer sobre el futón, arrastrando con él a Izuku, que nota el semen caliente de ambos mezclarse en el abdomen de Katsuki. Exhausto por el orgasmo, Izuku deja caer la cabeza sobre su pecho, extasiado, y se abraza a su torso sin importarle nada más. Katsuki le corresponde inmediatamente, estrechándolo con fuerza contra su cuerpo, y el culo de Izuku se contrae levemente cuando el dedo de este lo abandona, echando de menos el leve contacto.
Se quedan así varios minutos, jadeando hasta que sus respiraciones se ralentizan y acompasan.
—Joder, esto ha sido buenísimo, nerd —murmura Katsuki al cabo de un rato.
—¿Están bien? —pregunta Izuku, un poco inseguro.
—Sí.
Izuku se incorpora un poco, lo justo para examinar el pecho de Katsuki. Sus pezones están enrojecidos, tanto que destacan sobre el color más apagado de los tatuajes que los bordean, y se notan las marcas de sus dientes en las areolas. El derecho, incluso, está un poco amoratado. Izuku se muerde el labio inferior, temiendo haberse excedido. Sus pezones son sensibles, pero Katsuki sabe estimulárselos sin más consecuencias que una hipersensibilidad que llega a durar varias horas y que provoca que hasta el roce con una camiseta lo excite.
—¿Seguro? —pregunta Izuku una vez más, preocupado. Un poco temeroso, roza con delicadeza el pezón derecho de Katsuki, el que parece más perjudicado, y eso provoca que Katsuki se estremezca—. ¿Quieres que no los toque más?
—No digas idioteces.
—Es… quizá deberías mirarte, antes de nada —susurra Izuku, avergonzado.
—No me importa —dice Katsuki, incorporándose lo justo para besar los labios de Izuku—. Se ha sentido bien y eso es todo lo que vale. Lo demás, a la mierda.
—¿Te duelen? —Izuku acaricia suavemente el otro pezón, todavía erecto, con la yema de los dedos, no muy seguro de que Katsuki esté en lo cierto.
—No. Están muy sensibles, eso sí. Hoy tendré que entrenar con pezoneras. No pares —ordena cuando Izuku se detiene.
—No paro —murmura Izuku, más que dispuesto a complacerlo, besando suavemente cada uno de los pezones de Katsuki, en un intento de gesto de consuelo.
—Izuku… —Por el tono de voz de Katsuki, Izuku intuye que va a decir algo trascendente, así que se incorpora, alerta—. Esto está bien, ¿no?
—No te entiendo —dice Izuku, frunciendo el ceño, preocupado por el tono de voz de su novio.
—Esto. Dormir juntos, despertar al día siguiente, cuidar el uno del otro cuando es necesario… Está bien, ¿no? —Entusiasmado, porque adora hacer las cosas que Katsuki ha enumerado, Izuku asiente—. Cuando te gradúes no te va a faltar trabajo y seguro que estás deseando independizarte y vivir por tu cuenta, pero pensaba que a lo mejor podíamos probar…
—¡Sí! —dice Izuku, sin recordar hablar en voz baja hasta que Katsuki sisea, divertido por su reacción. Baja el volumen, susurrando tan bajo que no está seguro de que Katsuki pueda oírlo, pero no importa, porque su postura ya ha quedado clara—. Sí, claro que sí.
—Ni siquiera sabes qué te iba a proponer.
—Vivir juntos —dice Izuku, totalmente convencido. Katsuki resopla, fastidiado por haber sido tan predecible, y luego asiente.
—Aún queda tiempo para eso. No quiero decir que tenga que ser ya, ni cuando te gradúes, porque a lo mejor quieres organizar tu vida primero, pero… Después de tu graduación podríamos empezar a planificarlo.
—Ya he dicho que sí, Kacchan.
—Nunca te callas, nerd. —Izuku se ríe, aceptando la broma de vuelta—. Me gusta mucho la idea.
—A mí también —musita Izuku, contento—. Te lo habría propuesto yo una vez me hubiese graduado, ya había pensado en ello.
—¿Sí? —pregunta Katsuki, con una sonrisa ladeada y satisfecha—. Pídemelo, entonces, cuando creas que ha llegado el momento adecuado.
—Por supuesto, Kacchan. Lo haré —musita Izuku, que sabe que a Katsuki le gusta saber que él también toma la iniciativa, que está tan implicado como él.
Todavía se quedan tumbados un rato más. Izuku encima de Katsuki, ambos despiertos, pero en silencio. Izuku sigue con la yema de los dedos de su brazo artificial las líneas de los tatuajes que Katsuki lleva en los brazos y el pecho, deleitándose en sus formas y colores y Katsuki acaricia la espalda de Izuku con gestos largos y lánguidos. No se mueven hasta que, fuera de la habitación, se escucha el ruido de Inko caminando por la casa y preparando el desayuno.
—Deberíamos levantarnos —dice Izuku, moviéndose a regañadientes. Katsuki también se levanta tras él. Buscando en un cajón, saca un paquete de toallitas húmedas y se las tira a Katsuki para que pueda limpiarse y él hace lo mismo—. No tengo ropa limpia que pueda valerte para prestarte, pero te dejaré una toalla para que puedas ducharte.
—No importa, puedo hacerlo en la agencia, tengo ropa de sobra allí y me toca patrulla en un par de horas —responde Katsuki, comenzando a vestirse con la misma ropa del día anterior. Mientras lo imita, poniéndose unos calzoncillos limpios, un pantalón de deporte y una camiseta vieja, Izuku está revisando el horario de la pared, a pesar de que se lo sabe de memoria.
—Katsuki, ¿has tocado mi horario? —pregunta, conteniendo una carcajada al ver que todas las reuniones con Ingenium están tachadas.
—He tachado aquello de lo que puedes prescindir. —El tono de Katsuki es hostil y agresivo, porque se ha puesto a la defensiva, pero Izuku no está enfadado con él, sabe que sólo está preocupado. Y, a la luz del nuevo día, tras los acontecimientos de la tarde anterior, Izuku se da cuenta de que quizá deba aminorar un poco el ritmo de trabajo —. A Iida se lo explico yo si hace falta, su proyecto puede esperar unas semanas a que hayas terminado con lo demás.
—Tengo que recuperar todo el tiempo perdido durante la guerra contra la Liga —dice Izuku, que sabe que sólo su esfuerzo está permitiendo que no pierda el curso completo tras haberse ausentado varios meses de la universidad.
—No. Tienes que cuidarte —lo interrumpe Katsuki, acercándose a él y poniendo los dedos bajo la barbilla de Izuku para hacerle levantar la mirada—. Todo este esfuerzo no servirá de nada si colapsas. Sé que quieres las mejores calificaciones, aprobar la licencia de héroe, colaborar con Iida…, pero tienes que bajar un poco el ritmo o no llegarás sano ni lo conseguirás.
—Pero…
—Apenas te he restado horas de estudio, puedes centrarte en la universidad sin problema. Además, me he fijado en que la mayor parte del tiempo, el que no dedicas a las asignaturas prácticas, te centras en repasar. Ya te lo sabes, pero necesitas dar descansos a la mente o no aprobarás. Te recuerdo que yo fui el primero de mi promoción y sé lo que es graduarse con sobresalientes. Y en cuanto a los entrenamientos… Joder, Deku va a ser el mejor puñetero héroe de este país si el resto no nos ponemos las pilas, y te lo dice el tío que lo entrena —dice Katsuki con un brillo feroz y orgulloso en la mirada—. Con el nivel que tienes ahora, vas sobrado para el examen de licencia, el resto podemos trabajarlo después. Nadie sale siendo el número uno de su examen de licencia, joder, no entiendo por qué te lo vas a exigir tú.
—¿Seguro? —pregunta Izuku, que no las tiene todas consigo, aunque reconoce que, con esas pocas horas tachadas, al menos podrá dormir un poco más todos los días, sobre todo si puede dedicar tiempo del que empleaba en los entrenamientos en estudiar en lugar de hacerlo por las noches.
—Seguro.
—Veo que no sólo has tachado cosas. —Izuku sonríe, al ver que Katsuki echa de menos tanto como él estar juntos.
—Por supuesto, no pienso esperar a que vuelvas a desmayarte para follar contigo, Deku.
—Eso me parece estupendo. Aunque no me importaría volver a follar como ayer. —Los ojos de Katsuki brillan con un matiz peligroso que hace que a Izuku, aunque acabe de correrse, el pene le dé un respingo excitado—. Si puedo pasar parte de este tiempo que has dejado libre contigo, me parece bien. —Katsuki asiente, sonriendo triunfal.
—Sólo son unos meses más, nerd, pero no puedes quemarte en esos meses ni pretender recuperar el trabajo de semanas en unos días. Todo va a salir bien. —Izuku lo abraza impulsivamente y Katsuki lo rodea con los brazos. Cada vez que hace eso, Izuku se siente protegido de todo y capaz de hacer cualquier cosa. Y el corazón de Katsuki, que bombea con fuerza bajo su oído, acelerándose un poco por el abrazo, le enamora aún más de él—. Yo también tenía ese póster en el cuarto de la casa de mis padres, ¿sabes? De hecho, creo que todavía debería estar ahí, si mi madre todavía no ha desmontado el dormitorio para montar un gimnasio.
Izuku levanta la cabeza para observar el gran cartel de All Might que preside su escritorio. De golpe, cae en la cuenta de que Katsuki está en su dormitorio. Rodeado de decenas de fotografías, pósteres y artículos suyos, así como diversas piezas de merchandising de Dynamight. Hasta la camiseta que lleva tiene estampada una enorme granada verde, desgastada por los múltiples lavados. Se sonroja, igual de avergonzado que un niño pillado en una travesura, pero es demasiado tarde para tratar de ocultarlas, porque Katsuki sonríe con una mueca maliciosa, de medio lado, como cada vez que va a burlarse de Izuku.
—Es una gran colección —dice Katsuki, todavía riéndose.
—Ya sabes que Dynamight era mi héroe favorito —murmura Izuku, encogiéndose de hombros y mordiéndose el labio inferior. De pronto, se le ocurre que quizá Katsuki haya malinterpretado todo—. Te admiro mucho, pero no estoy confundiendo admiración con amor. Te quiero, Kacchan.
—Ya lo sé, nerd. —Katsuki sonríe de medio lado, luciendo como un gato satisfecho tras cazar una buena presa.
—Ni siquiera recordaba que todo esto estaba aquí cuando llegamos ayer.
—Me gusta. —Katsuki parece decidido. Con las manos en los bolsillos y una expresión petulante en el rostro, se vuelve hacia Izuku—. Es una buena forma de que te acuerdes de que soy el número uno.
—Yo quiero ser el número uno también —protesta Izuku, bromeando sólo a medias.
—Tendrás que trabajar muy duro entonces. Te llevo años de ventaja. —Izuku va a protestar, pero Katsuki señala su escritorio—. ¿En qué estás trabajando?
—¡Oh! ¡Es mi proyecto de final de carrera! —Izuku ya no se preocupa por hablar en voz baja, entusiasmado como cada vez que habla de algo que le apasiona—. Es la camiseta que diseñé pensando en ti, ¿no te acuerdas?
—Claro que sí. Pero no sabía que seguías trabajando en ella.
—Tengo que hacerlo si quiero aprobar —dice Izuku, riéndose entre dientes—. Ya he resuelto los principales problemas que me suscitaba y creo que por fin he conseguido una tela resistente, flexible y, a la vez, lo suficientemente maleable como para poder tejerla.
—¿Debería probármela?
—¡No! —se ríe Izuku—. Es un trabajo más teórico que pone a prueba mis conocimientos y habilidades, no tiene por qué ser funcional, aunque debería serlo si quiero el sobresaliente. Le profesore Katô está muy satisfeche con los resultados que he conseguido hasta ahora. Es quien me está supervisando —añade, aunque Katsuki no ha preguntado.
—¿Eso quiere decir que no podré usarla?
—Oh, sí. Pienso trabajar en ella hasta que puedas usarla. Ahora que patrullo contigo, he podido fijarme mejor en cómo utilizas las explosiones, pero también en cómo te duelen los hombros cuando hemos tenido un día movido, así que, al margen del aprobado, para mí es una prioridad conseguir un resultado fiable que puedas…
—Joder, Izuku —murmura Katsuki con voz ronca, interrumpiendo su perorata—, no digas esas cosas, porque cada vez que lo haces siento un vértigo de la ostia y que estoy a punto de caer por un acantilado.
—¿Kacchan? —Izuku abre los ojos de par en par, asombrado. Katsuki no suele ser tan expresivo y mucho menos tan poético. Su estilo es más directo, sin sutilidades.
—A veces… —Katsuki parece buscar las palabras—. No sé, a veces todo parece demasiado. Tú todavía estudias y vives con tu madre, tu cuarto está empapelado de fotografías mías trabajando y lleno merchandising de Dynamight. Resulta que me conoces desde hace años, aunque yo no supiese de tu existencia, y que trabajas en dispositivos para ayudarme que a mí ni siquiera se me había ocurrido que puedan existir, pero luego cuando estás conmigo todo… encaja. —Exhala la última palabra como si estuviese exhausto, y lo mira con el rostro más vulnerable que Izuku le ha visto jamás.
—De eso has hablado con mi madre anoche. —No es una pregunta, Izuku intuye que ahí está la respuesta a su incógnita.
—Ella me dio algunas respuestas que no sabía que buscaba. Shouto me había dado otras hace tiempo y tú las demás.
—¿Y te supone un problema? —pregunta Izuku, ladeando la cabeza con curiosidad. No está inseguro, al fin y al cabo, Katsuki acaba de proclamar algo así como una declaración de amor, no cree que ahora vaya a echarse atrás cuando acaba de pedirle que en algún momento de los próximos meses se mude a vivir con él.
—¿Problema? No, joder. Claro que no. —Izuku se ríe, comprendiendo todo lo que Katsuki no ha dicho y este se mosquea, avergonzado por haberse expuesto así—. Cállate y vamos a desayunar. Y más te vale que me dejes probar esa camiseta en algún momento.
—Te he dicho que no es posible, le profesore Katô ni siquiera ha supervisado sus medidas de seguridad aún.
—Puedo arriesgarme. Seré tu sujeto de pruebas. Si quieres el sobresaliente, necesitarás un tipo capaz de hacer explosiones con las manos para ajustarlo adecuadamente.
—¡Kacchan, probar prototipos tiene riesgos!
—Los de Hatsume, quizás, por muy genio que sea. Pero los tuyos siempre son prácticos, aunque sean más básicos. De hecho, sigo llevando tus audífonos. —La forma en la que lo dice hace que Izuku, que le había tomado de la mano para salir del dormitorio, se detenga en el pasillo, mirándolo—. Admiro mucho la forma en la que consigues hacer eso. Ver un problema, analizarlo, buscar soluciones e improvisarlas de manera eficaz.
—Kacchan…
—No eres el único que admiras a un héroe —dice Katsuki, petulante, y tira de él en dirección a la cocina, donde Inko los recibe con una sonrisa nostálgica y les da los buenos días.
—Esto… —Izuku, que no se esperaba que Katsuki siguiese hablando sin tapujos tras su declaración anterior, no sabe cómo reaccionar—. Deberíamos revisar de una vez los audífonos y someterlos al proceso legal para aprobarlos. No puedes seguir con un prototipo.
—¿Qué hemos dicho de dosificar el trabajo, nerd?
Izuku se ríe con una carcajada, feliz. Inko interrumpe la conversación para preguntar a Katsuki qué quiere desayunar. Un rápido intercambio de miradas con ella le confirma lo que Izuku ya sabía: a su madre le cae bien Katsuki y que sea así le llena de orgullo y se relaja, compartiendo el desayuno con ambos con la naturalidad de quienes llevan haciéndolo toda la vida.
