Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Hola! Hoy toca capítulo ShinKami. De todos modos, he de decir que tanto este como los tres siguientes tienen que ver con la misma celebración que le da título (sólo que los siguientes son BakuDeku). Por eso este no tiene numeración de parte y las tres siguientes sí la tendrán. ¡Besos y abrazos!
Trigger warning: Sexo explícito. Masturbación, sexo oral, sexo anal. Electroestimulación. Garganta profunda.
CAPÍTULO EXTRA. LA CELEBRACIÓN
Agotado, Hitoshi se deja caer en el suelo, apoyando la espalda y la nuca contra la pared, y cierra los ojos. El enorme reloj digital que preside la sala en la que está indica que el examen ha durado casi seis horas, pero él es incapaz de ordenar en su cabeza todo lo que ha ocurrido de manera que forme una línea temporal coherente que rellene todo ese tiempo. La mayor parte del tiempo ha actuado por instinto, dejando que el entrenamiento del profesor Aizawa tome el control de su cuerpo y las decisiones pertinentes. El subidón de adrenalina, los nervios y el estrés le han hecho perder la noción del tiempo y se siente como si sólo hubiesen pasado unos minutos desde que el señor Mera, con su voz lánguida y adormecida, les ha dado las instrucciones concretas para el examen y la señal de inicio.
Un breve pensamiento basta para que el distorsionador se afloje y caiga suavemente sobre su cuello. Un poco anquilosado, Hitoshi mueve la mandíbula y se masajea las mejillas. El material y peso son agradables y cómodos, pero tras seis horas seguidas utilizándolo, agradece poder quitárselo. Desde que Midoriya se lo fabricó, el profesor Aizawa lo incluyó en los entrenamientos grupales con los alumnos y alumnas de tercero de la U.A., donde ha permitido a Hitoshi decantar las batallas de entrenamiento a favor de su equipo en todas las ocasiones. A veces es porque los contrarios caen en la trampa de su Don, y otras porque están tan preocupados en evitarla que el resto del equipo puede emplear sus estrategias libremente. Un entrenamiento tan exhaustivo en ese sentido ha sido útil en el examen, donde todos los héroes a los que se han enfrentado conocían y habían estudiado los Dones de los candidatos.
—Esa ceja tiene una pinta feísima. —Midoriya está enfrente de él, de pie.
Hitoshi abre el ojo izquierdo para mirarlo, evaluándolo. Lleva el mismo uniforme que él, pero lo complementa con unos dispositivos en forma de guantes en ambas manos que han resultado más que eficaces durante el examen. Le falta la zapatilla del pie izquierdo, cubierto solamente por un calcetín que debió ser de color blanco horas atrás.
Se ve hecho mierda, tiene la cara llena de hollín y suciedad, el uniforme deportivo que les han dado antes de comenzar está roto, raído y quemado en varias partes, y el cansancio se le refleja en el rostro, pero parece entero y de una pieza más allá de las magulladuras del rostro. Aunque, si tiene tantos moratones bajo la ropa como Hitoshi, probablemente le duela el cuerpo tanto como a él.
—Tú no te ves mucho mejor, Deku.
—Deberíamos llamar a alguien para que te lo cure —insiste Midoriya, ignorando sus propias heridas y mirando a su alrededor con ansia.
La preocupación de Midoriya se le contagia, y levanta la mano para palparse el lado derecho del rostro, que nota adormecido e inflamado al tacto. Está húmedo y viscoso, así que Hitoshi aparta la mano para mirársela con el ojo que sí puede abrir. Sus dedos, amoratados y llenos de ampollas, están manchados de espesa sangre roja.
—Joder —masculla Hitoshi, y vuelve a cerrar los ojos, levemente mareado y tragando saliva para contener una náusea de su estómago. No quiere que nadie concluya, erróneamente, que es débil o que no soporta la visión de la sangre ahora que por fin el examen ha terminado, pero no puede hacer nada por evitarlo.
—Espera. —Escucha cómo Midoriya rasga la tela de su propio uniforme, y acto seguido se arrodilla delante de él, limpiándole la sangre del rostro con pequeños toques gentiles para no hacerle daño—. ¿Puedes levantarte?
—Por supuesto.
Hitoshi abre el ojo izquierdo y, a juzgar por la expresión escéptica de Midoriya, no lo cree. Está muy cerca, todavía limpiándole el golpe de la ceja. Se ha quitado la parte superior del uniforme para rasgar la camiseta interior, limpia. Debajo lleva otro dispositivo de soporte que Hitoshi nunca le había visto, una especie de cota de malla tupida y flexible que explica su capacidad de absorción de golpes durante el enfrentamiento en el examen contra el héroe profesional Sugarman.
—Será mejor que te quedes aquí. Voy a ver si puede mirártelo alguien, pero no parece grave. Creo que sólo es un corte aparatoso en la ceja, pero sale mucha sangre. —Escucha los pasos de Midoriya, tambaleantes e inseguros por la falta de la zapatilla, alejarse.
Hitoshi respira profundamente, relajándose por primera vez en todo el día y calmando las náuseas de su estómago.
Contaba con que el examen de licencia definitiva iba a ser difícil, el profesor Aizawa le había advertido. El gesto de otorgar licencias provisionales a todos los civiles que destacaron en la guerra contra la Liga de Villanos fue, sobre todo, un gesto de cara a la galería. Una declaración de intenciones. El hecho de precisar de supervisión por parte de un héroe profesional y que, en los planes de sus amigos, salvo él mismo y Midoriya, no entraba la expectativa de trabajar para ninguna agencia, hacen de la licencia provisional más en un reconocimiento de su valía y un agradecimiento que una invitación a convertirse en héroe en el caso de Kaminari, Sero o Uraraka.
Para Midoriya e Hitoshi, en cambio, ha sido una oportunidad que podían aprovechar. Midoriya le ha contado, antes del examen, que ha estado trabajando para Dynamight, como todo el mundo esperaba, adquiriendo formación práctica. Hitoshi, en cambio, gracias al profesor Aizawa ha optado por una formación similar a la que habría recibido en la U.A. Sin embargo, conseguir la licencia definitiva es mucho más complicada de lo que habría supuesto mientras se enfrentaban a la Liga de Villanos.
«Nadie», le ha recalcado Aizawa en reiteradas ocasiones, «quiere tener en su agencia un profesional que no haya superado al menos las competencias mínimas que se les exigió a ellos mismos en su formación como héroes».
Desde luego, el examen práctico ha estado a la altura de exprimir todas y cada una de las potenciales habilidades de los escasos candidatos que se han presentado en el turno libre, sin depender de ninguna de las escuelas. Pocos, pero más de los que Hitoshi había esperado, que creía que sólo él y Midoriya acudirían. Sin duda, los cambios tras la derrota de la Liga de Villanos van surtiendo efecto, pues todos aquellos que se han presentado por libre tienen Dones que un año atrás se habrían considerado propios de villanos, como el de Hitoshi, implican apariencias físicas poco convencionales o, en el caso de una chica, sin Don, igual que Midoriya.
Tras el examen escrito, que cree haber bordado, Hitoshi no había estado muy seguro de qué esperar en el práctico. Quizá algo similar a los ejercicios que ha visto en la U.A. con les candidates a héroes del tercer año o alguna simulación de rescate. No había contado, desde luego con tener la impresión de estar de vuelta en medio del desastre de Musutafu, con varios villanos atacando, edificios derrumbándose y gente herida corriendo despavorida. El caos del ejercicio, mucho más realista que cualquiera de las prácticas con Aizawa, le había paralizado durante unos minutos, hasta que un empujón de Midoriya, que había gritado su nombre de héroe para referirse a él y una instrucción sucinta, le habían traído de vuelta a la realidad y había podido ver las diferencias con el desastre del ataque a Musutafu.
Aunque, en esta ocasión, los villanos a combatir eran caras conocidas por el público: Shouto, Suneater, Sugarman o los retirados Edgeshot y Gang Orca, todos acompañados por suficientes esbirros sin Dones reseñables para ponerlos en un aprieto por superioridad numérica. Acostumbrado a competir con sus compañeros en las prácticas, Hitoshi había tardado unos instantes en cambiar la mentalidad. En este caso se esperaba de les candidates que hiciesen equipo para vencerlos, trabajando juntos y sin competir ni olvidar la parte de salvar y ayudar a las posibles víctimas en un gigantesco y realista simulacro de ataque a gran escala que han montado para el examen.
El primero en entenderlo había sido Midoriya, que había murmurado para sí mismo que esto era una novedad. Hitoshi, que también ha investigado exámenes de años anteriores para prepararse, estaba más preparado para una competencia de «supervivencia» entre candidates, no tener que colaborar con otros novatos con menos experiencia de campo que él mismo o Midoriya.
Si a Hitoshi le hubiesen dicho un año atrás que iba a llegar el día en que estuviese aliviado de tener a Midoriya al lado, murmurando para sí mismo un análisis completo de la situación y trazando un plan, no lo habría creído, pero hoy ambos han funcionado como un reloj sincronizado, hasta el punto de que el resto de personas que se presentaban al examen se han adaptado enseguida a ellos, siguiendo sus instrucciones con eficacia y soltura, liderando la intervención heroica en el simulacro.
—Vamos a ver esa herida. No abras los ojos. —Hitoshi abre el ojo izquierdo igualmente. Yaomomo está inclinada sobre él, limpiándole la herida con un paño húmedo y limpio, con Midoriya detrás, nervioso, pasando el peso de un pie a otro—. Sólo es un corte en la ceja. Aparatoso, pero no necesita sutura. Voy a limpiarlo bien, desinfectar y poner un apósito, ¿de acuerdo? Después, crearé una bolsa de hielo para que la apliques durante un rato.
Yaomomo trabaja en silencio, creando con su Don el material que necesita. Al terminar, pregunta a Midoriya si necesita atención él también, pero este niega, y luego se marcha, felicitándolos por su actuación y aconsejándoles que se duchen, cambien de ropa y descansen hasta que el tribunal examinador termine de debatir las calificaciones. Midoriya, en lugar de marcharse, se derrumba a su izquierda, hombro con hombro, apoyándose también en la pared.
—Ha ido bien, ¿no? —Midoriya es incapaz de disimular la ansiedad de su voz.
—Siempre has sido igual, Deku —murmura Hitoshi, sonriendo con nostalgia. Midoriya hace un ruidito de incomprensión—. En el colegio hacías lo mismo. Al terminar un examen, te lo replanteabas entero y lo repasabas en tu cabeza una y otra vez, intentando convencerte de que lo habías hecho bien.
—¿Hago eso? —Midoriya pregunta con sincera ingenuidad y luego se ríe con una carcajada cansada—. Sí, es cierto que lo hago.
—Ha ido bien —dice Hitoshi para tranquilizarlo.
Está seguro de ello, al menos por la parte que concierne a Midoriya. Si los examinadores ven los vídeos que seguramente han grabado y escuchan los micrófonos que todos llevaban instalados en sus trajes, comprobarán que el grueso de la estrategia y actuación táctica ha sido cosa de él. Además, se ha enfrentado a Sugarman él sólo, resistiendo sus embates el tiempo suficiente como para que el héroe perdiese la potencia del azúcar sobre su Don.
«Probablemente», piensa Hitoshi, recordando las actuaciones de Shouto y Suneater durante las batallas contra los villanos en las que ha colaborado con ellos, «ninguno de ellos ha trabajado a plena potencia, para permitirnos resquicios por los cuales colarnos y ganar».
De sí mismo, en cambio, no está tan seguro. Es consciente de que su papel ha sido determinante para decantar la batalla contra los villanos a su favor y proteger a otres candidates para que pudieran realizar las tareas de rescate, pero no ha tenido tanta iniciativa como Midoriya.
Se quedan sentados, en silencio. Hitoshi presiona contra su ceja derecha la bolsa de frío seco que le ha proporcionado Yaomomo y comienza a sentir un notorio alivio en la hinchazón, aunque eso significa que el dolor aumenta significativamente también.
Abre el ojo izquierdo de nuevo, deseando observar qué ocurre a su alrededor.
En la sala apenas quedan unos pocos de los héroes profesionales que han participado en el examen y algún otro candidato que está recibiendo atención médica, pero el resto ya debe haber hecho caso al consejo de ducharse y ponerse ropa limpia, porque está bastante vacía y el ruido ha disminuido. Shouto, que ha estado proporcionando hielo a una chica que ya abandona la estancia también, los ve y los saluda con un asentimiento de cabeza, pero no se acerca a ellos. Hitoshi, en cambio, es incapaz de moverse y duda poder hacerlo antes de escuchar los resultados. No hay calificaciones, sólo aptos y no aptos, personas que al terminar serán héroes profesionales reconocidos y otras que deberán intentarlo más adelante si no han agotado los intentos permitidos.
—Lo que hiciste controlando a Gang Orca… Guau… —murmura Midoriya a su lado. Hitoshi asiente. Confía en que eso sea determinante a la hora de calificarlo. Aunque, técnicamente, parte del mérito de la actuación es de Midoriya.
Las tiras de la bufanda de microfibra del profesor Aizawa, que sigue utilizando porque es con la que ha entrenado todos estos meses, han servido para controlar al par de esbirros que se han lanzado contra él en un momento dado del simulacro. Uno ha cometido el error de hablar y el distorsionador ha captado su voz al instante.
Un rato más tarde, Hitoshi sólo ha tenido que imitar un patético grito y preguntar por instrucciones para que Gang Orca y su Don paralizante quedasen bajo su voluntad. Gracias a ello, Shouto se ha visto obligado a enfrentarse al héroe cetáceo y, aunque Hitoshi no ha conseguido hacerlo caer también bajo el influjo de su lavado de cerebro, ni siquiera utilizando el distorsionador, eso ha permitido que Midoriya liderase una operación de rescate efectiva en apenas un par de minutos.
O un par de horas, porque los recuerdos son borrosos y está claro que su percepción temporal ha sido errónea y, después de esa parte, todo ha sido muy confuso con la llegada de más héroes profesionales en su función de villanos y el derrumbamiento de un edificio. Sí recuerda claramente, en cambio, el momento en el que Midoriya se ha enfrentado a Sugarman. Su entrada en el escenario, en medio del polvo y la destrucción, ha estado a punto de dar al traste con los planes que habían trazado, pero Midoriya ha murmurado para sí mismo, contemplando al héroe con los ojos abiertos de par en par, antes de volverse hacia Hitoshi y los demás e indicarles que él podía entretenerlo.
Cumplió su promesa, derrotándolo a base de moverse durante varios minutos a saltos de un lugar a otro, sin detenerse, para esquivar sus ataques, hasta que Sugarman había desfallecido.
—¿Cómo lo supiste? Lo de Sugarman —pregunta Hitoshi, ahora, con un hilo de voz.
—Lo reconocí. Se graduó en la misma promoción que Shouto y Dynamight, así que tenía análisis de su Don en mis cuadernos de héroes. Simplemente, recordé que si conseguía entretenerlo el tiempo suficiente como para que el efecto del azúcar ingerido se disipara no sería un problema. Además, creo que su inteligencia se ve afectada durante el subidón de glucosa. Normalmente, los héroes no suelen hacer públicos sus puntos débiles, pero yo recordaba haberlo visto… —Hitoshi pone los ojos en blanco cuando su compañero se embala en uno de sus interminables murmullos.
—Si llegamos a enfrentarlo directamente, habríamos tenido bajas. —Midoriya se encoge de hombros, pero la forma en la que lo hace le indica a Hitoshi que está satisfecho con el resultado.
—Creo que vamos a aprobar los dos —susurra Midoriya, inquieto. Al contrario que Hitoshi, que está relajado contra la pared, Midoriya es incapaz de estarse quieto, mirando ansiosamente cada poco tiempo hacia donde el tribunal delibera—. Me parece que los héroes no buscaban derrotarnos a toda costa, sólo ofrecer una variedad de situaciones a las que pudiéramos enfrentarnos de manera justa. Katsuki dice que la mayor parte del aprendizaje de ser héroe se adquiere una vez tienes la licencia y empiezas a actuar y tomar decisiones por ti mismo, que lo que hay que tener es interiorizado todo lo que puede…
—Por favor, Midoriya… —suplica Hitoshi, resoplando. Ya había llegado a esa conclusión por sí mismo, no necesita que su compañero lo recite como un mantra.
—Lo siento —dice Midoriya, comprendiendo y guardando silencio.
—Yo también estoy nervioso —admite Hitoshi, por si a Midoriya eso le sirve de algo.
Midoriya no responde. Su mano toma la de Hitoshi, la izquierda, que no está utilizando para desinflamarse la ceja, y la aprieta amistosamente en un gesto de apoyo silencioso. Hitoshi parpadea con el ojo bueno, un poco desconcertado. Es la primera vez que alguien que no sea Denki, algo que no tiene punto de comparación, hace algo así para apoyarlo y es sorprendentemente grato. De pronto, ya no está tan nervioso, la ansiedad de su estómago se mitiga un poco y puede relajarse más.
«Somos amigos», había dicho, meses atrás, Midoriya. Hitoshi había asentido. Ahora, sonríe levemente, demasiado cansado como para agradecérselo de viva voz, y le devuelve el amistoso apretón.
No le suelta la mano. El señor Mera se acerca al estrado, renqueando, y carraspea frente al micrófono antes de comenzar a hablar con el tono pausado y soñoliento que lo caracteriza. Detrás de él, varios miembros de la comisión y algunos héroes, entre los cuales están Yaomomo, Hawks y a Ingenium, se cuadran en una posición que percibe como seria e intimidante. Hitoshi aprieta la mano de Midoriya, tratando de transmitirle su apoyo también de vuelta.
No logra concentrarse en el discurso, que apenas oye porque los latidos de su corazón le retumban con fuerza en las sienes, y sólo capta retazos del análisis que Mera hace del examen. A su lado, Midoriya tiene los ojos abiertos de par en par, fijos en el viejo funcionario, y mueve los labios en silencio, probablemente memorizándolo por completo.
Cuando Mera pasa a enumerar el listado de candidates, Midoriya aprieta tan fuerte su mano que por un momento Hitoshi tiene la sensación de que va a romperle los huesos. Cuando el apellido de Midoriya resuena en la sala, seguido de un sonoro «apto», este suspira aliviado y sonríe a Hitoshi, compartiendo su felicidad con él. Sin embargo, no le suelta la mano hasta que Mera llega al último nombre de la lista, que ha leído en orden alfabético:
—Shinsou, Hitoshi. Apto. —Midoriya suspira aliviado, de nuevo, como si el aprobado de Hitoshi le hubiese preocupado tanto como el suyo. Se levanta de un salto entusiasta, ignorando el resto del discurso de Mera, y le tiende una mano para ayudarlo a levantarse, sin dejar de sonreír ampliamente.
—¡Lo hemos conseguido, Shinsou! —celebra, exultante.
Hitoshi acepta su mano y se levanta también, todavía un poco aturdido, sin terminar de creerse ya ha llegado a la meta. Que, por fin, años después de haberlo intentado, cuando ya se había resignado, vaya a cumplir su sueño de ser un héroe profesional. Que comienza una nueva etapa en su vida.
Está aturdido y eufórico. Todo al mismo tiempo.
A lo mejor es por eso por lo que devuelve el abrazo a Midoriya, que parece desbordado por la alegría y sin rastros del cansancio que unos minutos lo había hecho sentarse a su lado. O porque, como Midoriya ya le ha asegurado en más ocasiones, lo considera un buen amigo a pesar del pasado que comparten y se alegra tanto de su éxito como del propio. Desde luego, Hitoshi se alegra del éxito de Midoriya.
—Enhorabuena, Mindjack —dice, susurrando emocionado a su oído.
—Enhorabuena, Deku —responde Hitoshi, en un tono mucho más contenido.
También se alegran los demás esa noche cuando Hitoshi llega al reservado de la discoteca en la que han quedado esa noche para celebrarlo, vitoreándoles a él y a Midoriya a gritos. Denki, que ya está allí, y Sero lo jalean, subiéndolo a hombros mientras Midoriya se deja arrastrar a un caótico y jubiloso baile por Hatsume, que lo hace girar rápidamente mientras salta y chilla. Ninguno se libra de ser duchado por la torpe apertura de una botella de champán por parte de Uraraka que salpica a todo el mundo.
Están todos reunidos. No sólo Denki y Sero, Uraraka y Hatsume. También Bakugou, que sonríe con el orgullo fiero de quien ha logrado algo, aunque no se presentase al examen. Yaomomo, Shouto, Togata y Amajiki, que no sonríe, pero sus ojos brillan por la alegría compartida. Ninguno de los héroes que ha formado parte del simulacro en el examen se lo ha puesto fácil e Hitoshi no puede dudar que su aprobado es más que merecido.
Llevaban meses sin coincidir todos a la vez. Han hecho un esfuerzo extraordinario, convencidos de que tanto Midoriya como Hitoshi iban a aprobar, coordinando sus patrullas y guardias, sus correspondientes trabajos, viajando los que viven fuera. Denki y Hatsume, como el propio Hitoshi y Midoriya, están a punto de entrar en los últimos exámenes de sus respectivos cursos y tienen mucho que estudiar, pero han hecho una excepción. De haber suspendido, quizá Hitoshi no hubiese querido estar rodeado de tanta gente, pero ahora quiere compartir su euforia. Midoriya, que no ha soltado la mano de Bakugou desde que Hatsume ha dejado de zarandearlo, parece estar experimentando lo mismo.
Alguien le pone una copa de flauta en la mano y se la llena tanto que se derrama por los bordes, empapándole la mano, y todos brindan a la salud de los nuevos héroes profesionales. Hitoshi acaba saludando a todos uno por uno. Shouto le reitera sus felicitaciones con efusividad, los ojos dispares un poco desenfocados por el alcohol. Amajiki también lo hace, de forma mucho más apagada, casi un lamento, pero Hitoshi es capaz de comprenderse perfectamente con ambos y les agradece su enhorabuena.
La sala está oscura, iluminada sólo por los flashes de los focos de colores, que cambian constantemente, pero hay sofás cómodos y mesas bajas llenas vasos y cubos con hielo que tienen botellas incrustadas en él. La música resuena con fuerza, pero hablan a gritos, desgañitándose, entusiasmados y un poco borrachos antes incluso de que la sexta botella de vino dé paso a un surtido de licores más fuertes.
Sentados en los sofás, Midoriya repasa una y otra vez los puntos álgidos del examen, así como algunas partes del análisis de evaluación del señor Mera. Togata anuncia, cuando Shouto lo comenta tan bajo que el resto no le oye, que el récord de aprobados ha sido histórico en la última década. Hatsume se empeña en averiguar todos y cada uno de los detalles sobre cómo han funcionado los respectivos equipamientos de ambos, y así es como Hitoshi se entera de que la malla que Midoriya ha estado utilizando bajo la camiseta es un objeto de soporte pensado para soportar impactos y el retroceso de las explosiones de Dynamight y también de que ha utilizado, además de los guantes, suelas que le ayudaban a moverse con agilidad, lo cual explica por qué ha decidido enfrentarse por su cuenta a Sugarman.
Denki es el único que no lo felicita, pero a Hitoshi tampoco le hace falta que lo haga. Sí le ha preguntado por la cicatriz de la ceja. No ha podido responderle, porque no recuerda cuándo y cómo ha ocurrido. Tras ducharse, mientras se vestía para venir a la discoteca, ha decidido prescindir del apósito que le ha colocado Yaomomo, permitiendo a la herida cicatrizar al aire. Sin la inflamación y la sangre, aunque sigue pareciendo más grande de lo que es, puede verse que es una lesión leve.
No se limitan a quedarse sentados en los sofás. Cuando el alcohol en sus venas los desinhibe, aprovechan la intimidad y el espacio del reservado para bailar. Denki se mueve al ritmo de la música, eléctrico y tan cargado de energía que a veces da pequeñas descargas cuando lo toca y lo besa. Sus manos parecen multiplicarse cuando lo abraza, rodeándole el cuello, y se cuelga de él para darle besos, algunos rápidos, otros lentos y profundos, todos ellos chispeantes y cargados de electricidad.
Hitoshi pierde la noción del tiempo mientras celebran y acaba dejándose llevar por la música y la felicidad de haber conseguido la licencia de héroe profesional. Aunque no se mueve como Denki ni como Hatsume, que parecen empeñados en batir un récord de saltos, movimientos de cadera y levantamiento de brazos, Hitoshi también baila.
No sólo con Denki. También con Shouto, que achispado por el alcohol ni siquiera abre los ojos mientras se deja llevar por el ritmo de la batería. Con Yaomomo, mucho más comedida y elegante que Hatsume, que incluso hace girar a Hitoshi sobre sí mismo. Con Uraraka y Midoriya, a la vez, que lo toman de las manos para dar vueltas en círculos hasta que se marean. Se ríe, contagiado por el ambiente, con la cabeza algodonosa por el alcohol, las endorfinas y la música.
Bakugou no baila, pero Hitoshi distingue sus ojos rojizos destellando en la oscuridad siguiendo sin cesar los movimientos de Midoriya, con el mismo deseo en sus ojos que en la mirada ambarina de Denki cada vez que se cruza con la suya. Recostados en uno de los sofás, Togata y Amajiki intercambian caricias más sutiles y tranquilas que las que Denki le prodiga a él cada vez que se acerca a compartir otro baile o robarle un sorbo de su bebida. En otro, Sero charla a gritos con Hatsume, que tiene la frente cubierta de una fina película de sudor que la hace brillar bajo las coloridas luces de los focos, mientras bebe de un vaso de cristal lleno de un líquido fluorescente que destaca en la oscuridad.
No se entera de que Midoriya y Bakugou han desaparecido hasta que, horas después, Hatsume y Uraraka se despiden, anunciando a gritos que se marchan. Para ese momento, el reservado es un desastre de chaquetas y abrigos desperdigados por los sofás y vasos y botellas de alcohol vacíos por doquier. Todavía quedan unas pocas botellas con licor, hundidas en el agua del hielo derretido de los cubos. Todes están sudorosos por el calor y el movimiento, algune más borrache que otres. Para cuando las dos chicas se han ido, Shouto dormita en uno de los sofás, indiferente a la música, derrotado por el alcohol. En otro, Yaomomo charla distendidamente con Sero, a pesar del volumen de la música. El chico debe ser, del grupo, el más sereno. O, al menos, quien mejor aguanta el alcohol, porque su sonrisa incansable parece un poco más amplia de lo habitual. Togata y Amajiki siguen embelesados, acurrucados en un rincón del tercer sofá.
Denki se acerca a Hitoshi y se pega a su cuerpo, moviendo las caderas y pasando los brazos por su nuca. Sus ojos destellan excitación cuando se frota descaradamente contra Hitoshi, pero acto seguido su cara cambia a una de placer cuando la canción que suena da paso a otra, que a juzgar por su expresión le gusta. Hitoshi se deja llevar por su entusiasmo y salta con él al ritmo de la batería, observando cómo el placer de Denki se transforma en alegría y felicidad durante unos instantes. Luego abre los ojos y, al ver a Hitoshi junto a él, sonríe.
Sonríe con los ojos, capturando la mirada de Hitoshi y haciéndole olvidarse de todo lo que hay alrededor.
Una mirada que lo abruma tanto, que expresa tantas emociones en un solo gesto, que no sabe qué más hacer que besarlo. Los saltos se convierten en un balanceo que se detiene. De pie, sin moverse intercambian besos, uno tras otro, sin detenerse más que a coger aliento cuando se les olvida respirar. Apretando a Denki contra su cuerpo, Hitoshi tiene la sensación de estar comiéndose la boca de Denki con voracidad, necesitando cada vez más y más.
—La herida de la ceja te da un aspecto salvaje y violento que te hace muy atractivo —dice Denki, gritándole en el oído a falta de poder susurrárselo de forma sugerente.
Su intento de mostrarse seductor dura apenas unos segundos, pues rostro vuelve a mostrar excitación y anticipación. Las emociones que Denki es capaz de reflejar fascinan a Hitoshi. Ha aprendido, sigue haciéndolo, a interpretar todas. Denki, aparentemente, no necesita que él las exteriorice de la misma manera, pues es capaz de leer en Hitoshi con más facilidad que la que él tiene para interpretar el rostro de Denki. La primera vez que ambos experimentaron el sexo juntos, dejándose guiar por la experiencia de Denki, la profusión de sentimientos que pudo leer en la expresión de su novio hizo que Hitoshi disfrutase de la experiencia con un nudo de emoción en la garganta. Desde el travieso descaro de sus indicaciones, el placer relajado de las primeras interacciones, la incomodidad puntual cuando Hitoshi se deslizó en su interior, el abrumador orgasmo cuando lo había masturbado, todavía sin salir de su interior, porque él se había corrido demasiado rápido a la felicidad de después, tumbados ambos en la estrecha cama de un hotel por horas de Osaka.
—¿Qué te parece si nosotros también seguimos la noche por nuestra cuenta? —Notando ya la falta de espacio en sus calzoncillos, Hitoshi asiente a la propuesta de Denki sin dudar.
Sólo se despiden de Sero y Yaomomo, los más lúcidos de los que quedan. Al salir al exterior de la discoteca, el mordisco frío del aire frío les despeja parte del embotamiento alcohólico a ambos. Hitoshi se estremece y Denki se aprieta contra él, sujetándolo de la cintura, después de ponerse la cazadora de cuero sintético que lleva.
—¿Quiero preguntar quién ha pagado eso? —pregunta Hitoshi, riéndose, al ver la botella de champán sin abrir que Denki lleva en la mano que tiene libre. Todavía gotea agua del cubo de hielos del que la ha sacado.
—Entre todos, claro. —Hitoshi resopla, conteniendo una carcajada. No les han dejado aportar dinero ni a él ni a Midoriya, así que no sabe exactamente cuáles eran las condiciones del reservado o cuántas bebidas entraban—. Los héroes han puesto más que nosotres, porque dicen que debemos ahorrar ahora que va a empezar nuestra etapa laboral. Aunque a mí todavía me quedan unos meses, ¿eh? —La verborrea de Denki revela que, a pesar del aire fresco, todavía está un poco borracho, pues arrastra las palabras. Hitoshi también siente, a pesar del frío nocturno, la cabeza un poco algodonosa y le cuesta pensar—. Se han estirado los muy generosos. Sobre todo Shouto, que ha insistido en cargar con la mitad de la cuenta él solito. Gasto de empresa, ha dicho. —La carcajada que suelta Denki hace reírse a Hitoshi también—. No me mires así por llevármela; es barra libre, nos la han cobrado igual. Aunque a lo mejor no debería haberla sacado. Bah, da igual…
La incesante charla de Denki se interrumpe cuando llegan a la marquesina de la parada de autobús. Está demasiado ocupado sentado a horcajadas encima de Hitoshi, en besarlo sin descanso. Una vez montados, al fondo del vehículo prácticamente vacío que sólo lleva a unos pocos fiesteros como ellos, ni siquiera necesita soltar la botella para seguir devorándole la boca sin descanso. Hasta tropiezan un par de veces antes de llegar al portal del piso que Hitoshi comparte con sus compañeros, por intentar besarse y caminar a la vez, algo que produce hilarantes y estruendosas carcajadas en Denki.
—¡Calla! —chista Hitoshi, riéndose también, mientras mete la llave en la puerta, intentando que Denki se ría más bajo. Debe de haber bebido menos alcohol que su novio o el frío de la calle le ha sentado mejor, porque ahora tiene la cabeza más despejada y no está tan predispuesto a armar escándalo como Denki, que se tapa la boca con una mano para ahogar el ruido de sus carcajadas.
Hitoshi ladea la cabeza mientras se descalzan en el genkan, tratando de averiguar si sus Ojiro e Ichinose están en casa o también han salido de fiesta, pero el silencio nocturno no le ayuda a aclarar ninguna de las posibilidades. Por si acaso, se pone un dedo en los labios para indicar silencio, coge a Denki de la mano libre, y lo guía hasta su habitación de puntillas, cerrando la puerta tras ellos sin hacer ruido.
Denki no tiene tantos reparos. Nada más la puerta está cerrada, aplasta el cuerpo de Hitoshi contra ella y empieza a besarlo de nuevo.
Hitoshi se deja hacer de buena gana, sosteniendo a Denki entre sus brazos cuando este trastabilla al intentar permanecer de puntillas y, con un empujón suave de las caderas, lo guía hasta el borde de la cama. Esta es estrecha, individual, y está pegada contra la pared. El cuarto de Hitoshi es el más barato del piso, pero también el más pequeño, así que cuando Denki se queda a dormir, tienen que acurrucarse en el colchón de noventa centímetros. Sin embargo, hasta ahora a ninguno le ha importado, el estar tan juntos compensa que el riesgo de despertarse más cansados de lo que se acuestan y les da la excusa perfecta para frotarse el uno contra el otro o dormir abrazados y con las piernas enredadas.
Un empujón más de las caderas de Hitoshi y las piernas de Denki tropiezan con el colchón, haciéndolo caer sentado sobre él. El somier cruje, provocando que Denki se ría. Para evitar que haga ruido y sus compañeros se quejen por la mañana, Hitoshi vuelve a besarlo y no se separa de sus labios hasta que no está seguro de que no va a hacer más ruido. Entonces pega la boca a su oreja y susurra:
—Silencio total o nos la cargamos.
—Ichinose y Ojiro son unos sosos, ya deberían imaginarse qué hacemos aquí dentro —protesta Denki, con un mohín de labios travieso que lo hace parecer adorable.
—Tampoco es que me apetezca que nos oigan —dice Hitoshi, un poco escandalizado por la naturalidad de su novio. Denki vuelve a reírse. Hace un esfuerzo genuino por hacerlo en silencio, pero no lo consigue, e Hitoshi tiene que besarlo de nuevo, notando su aliento en los labios cuando la carcajada de Denki muere en su boca.
En teoría, no hay ningún problema con llevar a otras personas al piso, siempre y cuando respeten las normas de convivencia más básicas y sean visitas eventuales. Ojiro lleva a su novia frecuentemente, sobre todo desde que han regresado del complejo y tienen planes para irse a vivir juntos ahora que ambes trabajan. Ichinose acostumbra a dejar dormir a su mejor amigo en su habitación las noches que salen de fiesta hasta muy tarde, para que este no tenga que regresar a su casa, a las afueras de Shizuoka. Hitoshi, hasta que ha empezado a salir con Denki, no había llegado a tener suficiente confianza con nadie como para invitarlo a su casa. Ahora que tiene a Denki y que espera ansioso las escasas noches que este pasa con él en su cuarto, le asusta que la permisividad del acuerdo común puede esfumarse si alguno de sus compañeros tiene quejas al respecto.
—Tampoco es que Ojiro vaya a quedarse mucho tiempo más, ¿no? Además, seguro que su novia está con él ahora mismo, si nos oyen a lo mejor se animan ellos también. —El rostro de Denki muestra que está bromeando. Hitoshi no puede menos que reírse también. Espoleado por su silenciosa carcajada, Denki atrapa la botella de champán entre las rodillas y tira del tapón con decisión. Hitoshi está a punto de reprenderlo, porque el sonido al descorchar la botella es demasiado ruidoso, pero Denki se las apaña para sacar el tapón sin dispararlo al aire, ahogando el sonido con las manos—. Necesitas relajarte, Hitoshi. Ni Ichinose ni Ojiro se van a enfadar porque un día seamos un poco menos cuidadosos susurrando, les caes fenomenal.
—¿No crees que has bebido suficiente? —pregunta Hitoshi, en cambio, riéndose por el descaro de Denki y esa actitud ante la vida de la que hace gala que provoca que no sea capaz de resistirse a él.
—Se me ha pasado la borrachera por el camino —responde Denki, sonriendo, mientras pega los labios al gollete de la botella y bebe un par de tragos largos. Estremeciéndose por el efecto de las burbujas reventando en su boca, se la pasa a Hitoshi, que lo imita, intentando no ahogarse con las burbujas que le suben por la garganta al tragar.
Hitoshi deposita la botella en el suelo con cuidado de no hacer ruido. Denki hace un mohín de disgusto con los labios e intenta alcanzarla, pero Hitoshi no se lo permite. Tiene otras ideas en mente, porque el alcohol del champán y el calor del piso, que contrasta con el frío de la calle, le empiezan a resultar agobiantes y le sobra toda la ropa.
Particularmente la de Denki.
Primero tira de su cazadora, que arroja sobre el escritorio descuidadamente. Luego le desabrocha la camisa botón a botón, dejando ver la cremosa piel de su novio, cubierta por una fina capa de vello corporal aterciopelado tan rubio que es invisible salvo que refleje la luz y que se oscurece en las axilas y en la fina línea que parte de su ombligo y se pierde bajo los calzoncillos, donde la mata de cabello que puebla su pubis y rodea su polla es prácticamente del color del caramelo quemado.
Consigue quitarle la camisa. Recupera la botella de vino espumoso y se la entrega a Denki que se la lleva a la boca. Da un trago, pero retiene el segundo en la boca. Sujeta a Hitoshi por la nuca, obligándole a acercarse a él. Hitoshi entreabre los labios y Denki pega los suyos a los de él, cerciorándose de que no hay ningún hueco por donde se pueda escapar el líquido antes de dejar escapar las burbujas y el líquido de su boca a la de Hitoshi, que lo traga complacido.
Comparten así varios tragos más, excitados por la novedad, pero la botella no es muy grande y se acaba rápido. Hitoshi aprovecha que Denki está apurando los últimos tragos de la bebida para desabrocharle los pantalones y tirar de ellos. Su novio colabora levantando las caderas para permitir que se deslicen, y le pasa la botella de champán.
—Todavía quedan un par de tragos para ti —le asegura en un susurro, con las mejillas sonrosadas y los ojos ambarinos chispeando de deseo alcoholizado. Hitoshi acepta la botella y la termina, dejándola de nuevo en el suelo, a un lado, y tira de los calzoncillos de Denki, que vuelve a moverse para facilitarle quitárselos.
Limpiándose con el dorso de la mano el champán que se le ha resbalado por la comisura del labio, Hitoshi se arrodilla entre las piernas de Denki, que este abre para hacerle hueco, y se relame al ver la polla de su novio.
Aún no está completamente duro. Su polla, enmarcada en vello de color rubio oscuro, ha duplicado su tamaño habitual, pero todavía reposa un poco laxa sobre la piel de color claro de su muslo, con el glande apenas asomando fuera de la piel que lo recubre. Hitoshi supone que, como a él, el alcohol está ralentizando sus reacciones normales, pues es la primera vez que ve la polla de su novio tan relajada antes de follar y mientras se están besando.
Con una mano, empuja a Denki hacia atrás en la cama, que serpentea sobre el colchón hasta quedar sentado con la espalda apoyada— contra la pared y suspira de placer cuando Hitoshi se mete su pene en la boca. Gracias a que no está completamente duro, le entra entero sin ninguna dificultad, así que Hitoshi permite que se deslice sobre su lengua hasta el fondo de su boca, incapaz de sonreír cuando Denki se estremece bajo sus labios.
El vello púbico le hace cosquillas en la nariz cuando Hitoshi inspira profundamente por la nariz. El aroma de Denki, incluso en sus genitales tras varias horas de sudar bailando en una discoteca, tiene un agradable olor característico, una mezcla del olor que deja una tormenta eléctrica tras descargar sin lluvia y ozono.
«Petricor». El pensamiento le viene a la memoria justo cuando succiona con suavidad, notando cómo la polla de Denki crece dentro de su boca.
La erección de Denki crece ahora rápido y con fuerza, e Hitoshi se retira hacia atrás, dejándola salir lentamente de entre sus labios para evitar atragantarse mientras chupa y permitiendo que un hilo de saliva se deslice por la comisura de sus labios, resbalando después a lo largo del pene de su novio. Cuando ha alcanzado su plenitud, se aparta y mira a Denki, que está observándolo fijamente con los ojos ligeramente desenfocados y una sonrisa bobalicona de placer en la cara, similar a la que adopta cuando usa su Don en exceso y se fríe el cerebro con una sobrecarga de voltios. Hitoshi también sonríe, un poco de lado, más pícaramente, satisfecho por la falta de aliento de Denki y el deseo que le nubla los ojos.
—¿Continúo? —pregunta en voz muy baja. Denki se apresura a asentir, tragando saliva con dificultad por la excitación.
Sujetándole con la mano la polla, empapada de su propia saliva, pasa la lengua por la parte superior del glande que asoma a través de la piel que lo cubre, presionando con la punta en el diminuto orificio varias veces, repasando con ella el pequeño reborde y catando el regusto amargo de las primeras gotas de líquido seminal que manan de él.
Denki suspira profundamente, conteniéndose para no gemir. Hitoshi levanta los ojos para poder observar el rostro de su novio, e introduce la lengua entre el glande y la piel que lo recubre. Esta vez, Denki no puede contener el gemido, que suena ahogado en el silencio de la habitación. Sin dejar de mirarlo, Hitoshi sonríe para sí mismo viendo las mejillas de Denki se ruborizarse y cómo se muerde el nudillo del dedo índice de su mano izquierda para impedir que ningún sonido más escape de sus labios.
Tirando de él con la mano, Hitoshi retira el prepucio completamente, dejando el glande al descubierto y devorándolo con gula. Incapaz de reprimir un respingo de sus caderas, Denki enreda los dedos de la mano que tiene libre en su cabello, primero siguiendo el ritmo que Hitoshi ha adoptado, tirándole un poco del pelo después para marcar el ritmo, guiando lentamente su cabeza hacia arriba y hacia abajo.
Hitoshi le deja hacer, complacido de que Denki tome la iniciativa porque eso que no está tan borracho como ha dado a entender un rato antes y porque desea darle el gusto de llevar el ritmo, algo que Denki adora. Siguiendo sus indicaciones, se folla su polla con la boca al mismo tiempo que lame el glande y el tronco de esta con la punta de la lengua, masturbándole la base con una mano. No opone resistencia cuando Denki tira hacia atrás y trata de no ahogarse y tragar saliva, algo que sabe que Denki adora por la forma en la que sus caderas dan un pequeño saltito y su pene se pone aún más duro, cuando Denki lo empuja hacia abajo, incitándolo a meterse la mayor cantidad posible de su pene en la boca.
Satisfecho por la cara sonrojada de placer casi descontrolado de Denki, Hitoshi prolonga la mamada varios minutos, hasta que Denki lo atrae una vez más hacia su polla, obligándolo a tragársela entera de nuevo y esta vez lo mantiene ahí varios segundos, con los dedos enredándose y crispándose alrededor de sus cabellos. Hitoshi rodea el tronco de su polla con la lengua, lamiendo, y relaja la garganta lo más que puede, aguantando el aire en sus pulmones mientras succiona y traga, hasta que Denki tira de su cabello hacia atrás y lo libera.
—Joder, gracias —dice este en voz muy baja, jadeando de placer, dejando de morderse el nudillo.
—Puedo seguir —se ofrece Hitoshi, completamente en serio. Está dispuesto a ello si es lo que Denki quiere. En otras ocasiones ha sido así y Denki le ha pedido que continúe hasta que se ha corrido o, como su novio es poco ducho en controlar el impulso de su eyaculación cuando Hitoshi se la mete entera, no ha habido momento de preguntar primero.
—No. Ven aquí, anda. —Tirando de nuevo de su cabello, Denki lo atrae hacia él, sujetándolo de la nuca mientras lo besa despacio durante varios segundos—. Ahora te toca a ti.
Hitoshi asiente, acomodándose en el centro de la cama al mismo tiempo que Denki, impaciente, se arrodilla entre sus piernas. Muy despacio, desabrocha los botones de la camisa de Hitoshi, inclinándose hacia adelante para depositar un beso en cada trozo de piel que queda al descubierto. No le termina de quitar la camisa, dejándola abierta mientras deposita más besos, suaves y volátiles, desde el cuello hasta el punto donde el botón de sus pantalones se cierra justo bajo su ombligo, pasando por los pectorales, los pezones, el abdomen y el propio ombligo.
—¿Te duele? —pregunta Denki al incorporarse, dilatando el momento de desabotonarle los pantalones. Acerca las yemas de los dedos al corte de la ceja de Hitoshi, sin llegar a tocarlo.
—Casi nada. —Aun así, Denki no lo toca, algo que Hitoshi agradece, pues la herida está reciente y levemente inflamada, aunque no se haya acordado de ella hasta que Denki la ha mencionado.
—Te da un aire de macarra peligroso que me pone un huevo —confiesa su novio, descarado.
—Un rubio guapísimo que me ha abordado en la discoteca ha dicho exactamente lo mismo —responde Hitoshi, divertido al ver que Denki tiene que morderse la lengua para no estallar en una carcajada.
—Un chico con buen gusto, sin duda. Tanto como el tuyo. No, en serio, parece que te hubieses peleado a botellazos en cualquier callejón y hubieses salido ganando.
—¿Y quién te dice que no ha sido así? —pregunta Hitoshi y esta vez Denki se ríe, resoplando antes de inclinarse para depositar un beso en la punta de la nariz de Hitoshi.
Con los hombros agitándose por la silenciosa carcajada, Denki le desabrocha el pantalón y culebrea sobre la cama para tirar de ellos y de los calzoncillos. Impacientándose, se rinde en cuanto consigue arrancarle de la pierna derecha el pantalón, el calzoncillo y el calcetín, y deja colgando las prendas de ropa de su pantorrilla izquierda. Colocándose el tobillo derecho de Hitoshi sobre el hombro, se inclina para besarle la cara interior del muslo, acercándose a su erección hasta que la barbilla roza sus huevos.
—El lubricante —ordena Denki, con una sonrisa en los labios, sin terminarlo de desvestir.
Sin moverse, Hitoshi abre el cajón de la mesilla, tantea con los dedos hasta encontrar el botecito y se lo lanza a Denki, que lo atrapa en el aire. Sirviéndose un chorro generoso, Denki se embadurna las manos y empieza a masturbar a Hitoshi con parsimonia.
—Avísame si ves que no puedes más, ¿vale?
Con el pie derecha sobre el hombro de Denki, tan cerca de su rostro que el fino cabello de este le cosquillea en la piel, y los pantalones colgando de la pierna derecha, que ha dejado caer a un lado de la cama, Hitoshi apenas es capaz de murmurar un asentimiento. Los dedos resbaladizos de Denki se sienten maravillosamente bien sobre su polla.
Hitoshi se ha masturbado cientos, no, miles, de veces desde que en la pubertad descubrió lo placentero que es, pero nunca jamás una paja le había hecho estremecerse de deleite hasta que Denki le hizo una. Al contrario de lo que él hacía antes, las manos de Denki no se limitan simplemente a subir y bajar el prepucio sobre el glande de forma más o menos rápida y más o menos mecánica hasta alcanzar el orgasmo. Su técnica es más compleja. Y mucho más deliciosa.
Con las palmas de las manos y los dedos resbaladizos, utiliza ambas manos para moverse y estimular la polla de Hitoshi de maneras que a este se le antojan casi infinitas. Deja caricias circulares alrededor del glande, presiona con diferentes intensidades en el tronco con ambas manos, hace fricciones con las palmas, ligeras pasadas con la uña por el frenillo y el borde del prepucio… Denki saca todo su arsenal cada vez que tiene la polla de Hitoshi entre sus manos. Este se deja hacer, suspirando de placer para no gemir en voz alta, sin dejar de observar el rostro entusiasmado de Denki, que está concentrado en lo que está haciendo y no lo mira, pero sonríe complacido, disfrutando de masturbarle tanto como Hitoshi, que es quien se supone que está recibiendo las caricias.
—Empieza a ser demasiado —susurra Hitoshi al cabo de unos minutos, con las rodillas temblándole por la intensidad del placer que se concentra en su pene.
Denki está utilizando sus puños cerrados y lubricados para pasarlos por la polla de Hitoshi de arriba abajo. Cuando el primero está llegando a la base, el segundo ya está introduciendo la punta del pene de Hitoshi en el hueco que forma, haciendo que se sienta casi como una penetración. A pesar del alcohol, que también le ha permitido aguantar sin correrse más de lo que habría sido habitual con ese movimiento, el placer empieza a ser demasiado agudo, casi doloroso, y teme no ser capaz de avisar antes de llegar al orgasmo. Denki parece comprender, porque lo mira con una sonrisa arrebolada y abre de nuevo el bote de lubricante, sirviéndose otro chorro generoso en los dedos.
Alzándose sobre sus rodillas, lleva la mano hasta su culo y, cerrando los ojos, echando la cabeza ligeramente hacia atrás y mordiéndose el labio, comienza a aplicárselo a sí mismo.
—Joder, Denki —jadea Hitoshi, muy excitado, extendiendo una mano hacia el pene de su novio para masturbarle suavemente.
No aparta la mirada, extasiado, de Denki, que se lubrica y dilata con los dedos, arqueándose hacia atrás y jadeando de placer, con los ojos entrecerrados. Sin aliento ante la visión de su novio, Hitoshi se olvida incluso de la intención que tenía cuando ha sujetado la polla de Denki y se queda quieto, agarrándosela solamente, hasta que Denki parece decidir que ya es suficiente y vuelve a abrir los ojos. Denki suele prepararse en casa cuando quedan, agilizando parte del proceso porque, en sus propias palabras las primeras veces que follaron, «nos vemos demasiado poco como para perder el tiempo».
—No te asustes, ¿vale? —susurra Denki, sin dejar de mirarlo y sonreír. Sin saber a qué se refiere, a Hitoshi no le da tiempo a preguntar antes de que una descarga de baja potencia recorra la superficie de la piel de Denki hasta su polla y le obligue a soltarla—. Creo que ya lo he controlado.
—¿El qué, exactamente? —Denki se está moviendo hasta poner una rodilla a cada lado de sus caderas, a punto de sentarse encima de la polla de Hitoshi. Se queda así unos segundos, tanteando en el aire hasta encontrar el pene de su novio y agarrarlo con fuerza.
—Midoriya y tú no sois los únicos que habéis estado practicando con vuestro Don. —Denki guía la polla de Hitoshi hasta la entrada de su culo y este inspira profundamente cuando su novio se deja caer lentamente sobre ella—. Poder usar el Don en el día a día no sólo ahorra dinero en la factura de electricidad, también ayuda a controlarlo mejor.
Hitoshi ya no tiene necesidad de preguntar a qué se refiere exactamente. Cuando el glande entra en el interior de Denki, una suave corriente eléctrica recorre su pene. No es muy intensa, pero sí lo suficiente como para erizar el vello corporal de Hitoshi, que se aferra a las caderas de Denki con fuerza para no correrse. No se mueve mientras Denki, que tiene los ojos cerrados, sigue bajando sobre su polla. Percibe la electricidad de forma más intensa ahora que ya ha metido gran parte de la polla en el culo de Denki. Como no necesita guiarla más, este la ha soltado y se inclina hacia adelante, apoyando las manos húmedas y resbaladizas de lubricante en el pecho de Hitoshi. Sin palabras, Hitoshi sólo atina a mirar con los ojos muy abiertos el rostro concentrado de Denki y sus labios apretados en una sonrisa traviesa.
—Es la hostia… —susurra Hitoshi, intentando tragar saliva sin éxito.
—¿Sí? Genial —responde Denki de forma casi inaudible, todavía con los ojos cerrados para no perder la concentración.
—Genial es poco —admite Hitoshi con sinceridad. La suave corriente eléctrica que Denki está emitiendo en su interior es brutalmente placentera. Denki no se ha movido desde que se ha terminado de empalar en su polla, pero Hitoshi se siente ya casi en el límite sólo con la estimulación de la electricidad—. No voy a ser capaz de aguantar mucho.
—Menos mal, porque yo tampoco. —Denki se ríe entre dientes y, por fin, abre los ojos para mirar a Hitoshi—. Yo también la siento. Justo en ese punto, ya me entiendes. Así que a mí también me lleva al límite —explica con una carcajada que a la mitad se transforma en un jadeo.
Sin decir nada más, apoyándose en el pecho de Hitoshi para ayudarse a impulsarse, Denki empieza a mover las caderas de arriba abajo, cabalgando el pene de Hitoshi lenta y suavemente.
Habitualmente, a Hitoshi le gusta estar encima de Denki, con las piernas de este abrazándole la cintura mientras lo penetra. Imagina que a lo mejor es un poco clásico, pero le permite ver de cerca el rostro de Denki, percibir su respiración en el rostro y besar sus labios a placer. Sin embargo, cuando se trata de que no los oigan, es Denki quien se sube encima, lo cual les da un poco de margen antes de que el somier chirríe si aceleran el ritmo.
Esta noche no va a ser necesario que Denki vaya más rápido, porque la corriente eléctrica que este genera en su interior es suficiente para catapultar a Hitoshi al orgasmo, aunque la fricción no tenga el ritmo veloz que necesita en otras ocasiones.
Al notar los primeros indicios del arrollador e inevitable placer, Hitoshi pasa de sujetar las caderas de Denki, acompañándolo en su cabalgata, a buscar la polla de su novio para masturbarlo y ayudarlo a llegar a correrse también, pero Denki no ha mentido al decir que la electricidad estimulándole en su interior le tenía al borde del orgasmo. Sin haber hecho nada más que sujetarle el pene, el culo de Denki se contrae varias veces sobre la polla de Hitoshi al mismo tiempo que suspira de placer y gime en un susurro gutural. Su pene vibra bajo la mano de Hitoshi cuando se corre en sus dedos.
Con un jadeo, Hitoshi toma la iniciativa para alcanzar su propio orgasmo y empuja las caderas tantas veces como latigazos de placer le recorren el cuerpo mientras se corre dentro de Denki, que vuelve a suspirar al dejarse caer encima del pecho de Hitoshi, exhausto. Este lo abraza cariñosamente y la corriente eléctrica deja de fluir por su piel. Ambos se quedan en silencio un rato. Hitoshi nota su polla perder paulatinamente la erección dentro del culo de Denki, pero este no se mueve para que se deslice fuera. Sí lo hace para apoyar los codos en el pecho de Hitoshi y mirarlo con orgullo.
—Felicidades, Hitoshi —susurra. Hitoshi comprende que no se lo ha dicho antes de forma intencionada porque se lo ha estado guardando hasta este momento.
—Gracias —musita Hitoshi y, aunque está seguro de que no lo dice sólo por la felicidad compartida de su licencia, tampoco sabe exactamente por qué más. Le da igual, porque la deliciosa presión que siente en el pecho, a punto de estallar en miles de fuegos artificiales, mariposas y cualquier otra cursilada que pueda ocurrírsele, es tan grande que se sorprende de poder contener tanto sentimiento en su interior.
—Te quiero un montón, -Toshi. —No dice su nombre completo, porque está murmurando, soñoliento. Abrazado a él, sin moverse de encima de su pecho, Denki se queda dormido.
Hitoshi los arropa a ambos, da un beso en la coronilla del pelo a Denki, intentando expresar en él todas las cosas que no sabe poner en palabras, aunque esté ya no esté consciente para percibirlo, y se deja llevar por el sueño también.
Nota final: ¿Recordáis, allá por los primeros capítulos, que dije que toda la clase 1-A, excepto Mineta, aparecía o era mencionado en algún momento? Faltaban dos. Con Sato apareciendo en este capítulo (aunque creo recordar vagamente que había hecho referencia veladamente a él en algún momento, pero ahora no sé si sobrevivió a la corrección) ya casi tenemos a todes: sólo falta un personaje de la clase por hacer su aparición.
PD. Se nota que me encanta la amistad de Izuku e Hitoshi, ¿verdad? xD
