Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Hola! Como dije en el anterior, este capítulo se solapa en tiempo y acción con el del ShinKami. Es el primero de una serie de tres. Antes se titulaba de otra manera, pero si os digo como, os hago spoiler del siguiente :P. De hecho, como ocurría con los tres primeros capítulos extra, en realidad esto debería ser un oneshot muy largo, de unas 25k palabras. ¡Muchas gracias por leer y comentar!
Trigger warning: Sexo explícito. Masturbación, sexo oral, sexo anal, sexo semipúblico. Swallowing. Azotes. Cierto ¿fetiche? por guantes de cuero. Referencias a sudor y creampie. Y, aunque no es sexual, puede ser un poco exasperante cómo Katsuki maneja la situación que vertebra este capítulo y parte del siguiente xD.
CAPÍTULO EXTRA. RYŪJIN STUDIO (PARTE UNO)
Katsuki no ha quitado ojo a Izuku en toda la noche. Observarlo bailar torpemente, con movimientos desmadejados y arrítmicos, divirtiéndose y charlando con sus amigos, hace que una sensación cálida y excitante le embargue el vientre, extendiéndose por el pubis. Izuku está especialmente guapo. No por la ropa que lleva, compuesta por una de sus habituales camisetas y unos pantalones sencillos; lo que lo hace resplandecer esta noche es el aura de entusiasmo y alegría que le rodea. Al final, él ha tenido razón e Izuku no ha necesitado todos los entrenamientos que Katsuki borró hace varias semanas de su organizador para aprobar el examen de la licencia definitiva.
Ahora, por fin, su novio tiene un papel que acredita algo que el propio Izuku sabe desde hace años y el mundo desde hace meses: que es un héroe. El más brillante que Katsuki ha conocido. Hay cosas que nunca cambian, dado que siguen viviendo en el sistema, por muy revolucionario que esté siendo el esfuerzo de Izuku, y obtener esa licencia es uno de esos pequeños cambios que se enmarcan en el sistema invariable, pero no por ello está menos orgulloso. Izuku está tan radiante que sus dientes blancos fulguran con la luz negra de la discoteca y deslumbra a Katsuki cada vez que mira en su dirección y amplía la sonrisa en exclusiva para él.
Apoyado sobre el reposabrazos de uno de los sofás, Katsuki apura su bebida con calma, burlándose mentalmente del contraste entre los pasos de baile torpes y desmañados de Izuku, que intenta seguir el ritmo que tratan de enseñarle Kaminari y Uraraka, y la habilidad que este posee para las artes marciales o la agilidad con la que es capaz de moverse mientras entrenan. Se pregunta, en un pensamiento burlón, dónde se esconde la coordinación de Izuku, que se esfuerza, sonrojado y ligeramente sudoroso, cuando suena música. A diferencia de él, Sero y Hatsume se mueven con mucho más garbo y estilo, pero los cinco ríen a carcajadas cada vez que Izuku, que se distrae mirando a Katsuki, se hace un lío con los pasos de baile y pierde a los demás.
Al acabar la canción, Izuku se acerca a una de las mesas, rellena su vaso con el contenido de una de las botellas de alcohol que hay desperdigadas, cuyo contenido se ha reducido a la mitad en lo que llevan de noche, y elige un refresco para rebajarlo. Katsuki lo observa con intensidad, tratando de conectar una mirada con él. No tiene que esperar mucho, porque Izuku debe de percibirlo y lo mira de reojo, sonriéndole. Katsuki le hace una seña para que se acerque.
—¿Qué bebes, Deku? —Desde que Izuku ha salido del examen, ya con el certificado que lo habilita como héroe profesional en la mano, Katsuki ha estado llamándolo Deku, el nombre con el que este se ha registrado y que figura oficialmente en la licencia. E Izuku ha hinchado el pecho todas y cada una de las veces, algo que secretamente divierte mucho a Katsuki.
—¿Sinceramente? No tengo ni idea —dice Izuku, a voces para hacerse oír, tendiéndole el vaso. Katsuki lo olisquea con curiosidad, pero no es capaz de determinar qué tipo de alcohol es, más allá de la alta graduación que contiene y le quema las fosas nasales, cubriendo casi por completo el aroma a cítrico burbujeante del refresco con el que lo ha rebajado.
—Toma —dice Katsuki, quedándose la bebida de Izuku y entregándole su propio vaso, un inocuo zumo de piña natural que le ha costado encontrar entre las múltiples botellas del alcohol que los camareros de la barra libre han dejado a su disposición en el reservado. Izuku lo olisquea y lo mira, extrañado de no encontrar alcohol en él—. Si sigues bebiendo, te emborracharás. Y no quiero que estés borracho esta noche. Y tú tampoco quieres emborracharte.
—¿Por eso tú tampoco estás bebiendo? —pregunta Izuku, divertido, probando el zumo de piña tentativamente, lamiéndose los labios con gula al terminar para capturar una solitaria gota, casi invisible, que había quedado en ellos.
—No quiero beber alcohol precisamente hoy.
—¿Por qué? —insiste Izuku, sin rendirse.
—No quiero decírtelo aún.
—Estás muy caprichoso esta noche. —Katsuki se encoge de hombros, entornando los ojos. Quiere que Izuku confíe en él, que se deje llevar. Este lo observa intensamente al mismo tiempo que bebe otro sorbo del zumo. Esta vez, es intencionado: finge paladear el líquido, abriendo y cerrando los labios, lamiéndoselos y atreviéndose incluso a mordérselos levemente. Katsuki entrecierra los ojos, fulminándolo con la mirada, pero Izuku sólo ladea la cabeza, burlón—. ¿No me lo vas a contar?
—Todavía no —dice, casi gruñe, Katsuki, con voz ronca.
—Baila conmigo, entonces —contraataca Izuku, y su sonrisa burlona se ensancha.
—Yo no bailo —masculla Katsuki. No cree que Izuku haya oído sus últimas frases, porque la música vibra a su alrededor, haciendo que los que sí están bailando salten, emocionados, para seguir el ritmo, pero parece que ha entendido el contenido de estas, porque le ofrece el vaso con el zumo de vuelta, aprovechando la cercanía para gritarle cerca del oído.
—Y yo no bebo zumo de piña.
—No estaba negociando contigo, nerd —dice Katsuki, un poco fastidiado. No está dispuesto a desvelarlo todavía. No quiere que Izuku se estrese, preocupe o le dé vueltas en su acelerado cerebro, como sabe que haría si se lo dijese, hasta que llegue el momento.
—Entonces, me parece que iré a la mesa de bebidas, buscaré otra botella y enriqueceré el zumo de piña —dice Izuku con una carcajada provocativa. Espera un segundo y, como Katsuki no contesta, se da media vuelta para volver a la zona donde están las bebidas.
—¡Espera! —Katsuki lo coge del brazo para detenerlo. Izuku se gira con una sonrisa triunfal en la cara. Katsuki está a punto de gritarle que no se jacte, que todavía no ha vencido, pero no es cierto.
—¿Vas a bailar? —le pregunta, petulante. Sus mejillas están ruborizadas y sus pecas resaltan, sus labios brillan en la oscuridad, húmedos y rojos y sus ojos verdes chispean con aire travieso.
—¡A mí no me das órdenes, Deku! —grita Katsuki para imponerse a la estruendosa música, haciendo que Izuku se ría de nuevo y sus dientes blancos destellen en la oscuridad del reservado.
Izuku se acerca más a Katsuki, rodeándole el cuello con los brazos y poniéndose de puntillas hasta que la punta de su nariz casi se roza con la de él. A pesar del volumen de la música, Katsuki es capaz de oír sus palabras.
—No estás en condiciones de negociar. Pero tampoco era una orden.
—Sin movernos de aquí —advierte Katsuki, rindiéndose. Izuku asiente y, sin apartarse, todavía en puntas y rodeando el cuello de Katsuki, que percibe el vaso frío y húmedo del zumo de piña en la nuca, comienza a moverse lentamente.
Katsuki reacciona abrazándolo también, tratando de corregir el movimiento arrítmico de Izuku, pero este no se deja guiar. Ignorando el ritmo frenético de la música electrónica que suena, bailan como si fuese una canción lenta de una película juvenil de Hollywood. El rostro de Izuku está tan cerca del de él, que para Katsuki deja de existir cualquier cosa que no sean los ojos de Izuku clavados en los suyos mientras se mueven en pasos cortos, girando sobre sí mismos, en un baile tan torpe y desmadejado como han sido los del propio Izuku. cuerpo caliente de Izuku, que contrasta en temperatura con el frescor tibio del brazo artificial alrededor de su cuello y el frío vaso de zumo en su nuca, humedeciéndole el cabello, su aliento en el rostro y las largas pestañas oscuras que rodean los ojos verdes con los que le mira, es todo lo que existe para Katsuki, que ni siquiera escucha la música que, se supone, están bailando.
—Dentro de una hora nos vamos. Tengo que enseñarte una cosa —dice Katsuki inclinándose hacia su oído para que este pueda escucharle y estrechándole más íntimamente. Izuku asiente y Katsuki, incapaz de resistirse, le muerde la mejilla, atrapando algunas de sus pecas entre los dientes. Izuku protesta, pero también gira la cabeza, ofreciéndose descaradamente, así que Katsuki vuelve a morder, riendo entre dientes, una vez más. Y otra, en el cuello esta vez.
—¿Es una orden? —pregunta Izuku, coqueteando con descaro.
—Claro que no, idiota. Nunca es una orden.
—¿Y dónde vamos a ir? —insiste Izuku, todavía flirteando, pero Katsuki niega con la cabeza. Por un lado, ha cumplido su parte del trato y están bailando, por el otro, es importante para él y sabe que Izuku sabría interpretarlo así, y no quiere que esté nervioso por agradar.
—Me voy a guardar el secreto un rato más. Pero si cuando lleguemos no quieres estar allí, no tienes por qué hacerlo, nerd. Puedes decir que no y nos largaremos a otro sitio. —Izuku ladea la cabeza, curioso, mordiéndose el labio. Katsuki no puede contenerse y se lanza hacia adelante una vez más, sólo que, en lugar de la mejilla, esta vez sujeta el labio inferior de Izuku entre los dientes, tirando de él hacia atrás, con suavidad, a la vez que lo acaricia con la punta de la lengua.
—De acuerdo —dice Izuku, riéndose, cuando Katsuki lo suelta—. No beber alcohol, dentro de un rato nos vamos y no preguntar hasta que quieras contármelo.
—Correcto, nerd —asiente Katsuki, aliviado porque Izuku acepte jugar con él—. Aprovecha y baila un rato más, anda, que lo estabas pasando bien.
—Pero es que también lo paso genial bailando con Kacchan —protesta Izuku en el oído de Katsuki, con un mohín seductor.
—No seas idiota. Conmigo vas a estar el resto de la noche, aprovecha ahora a celebrar tu licencia con tus amigos —insiste Katsuki una vez más.
—¿Mis amigos? —pregunta Izuku, con una sonrisa divertida, enfatizando la primera palabra. Katsuki pone los ojos en blanco, pero no responde.
Dándole un último beso en los labios, Izuku se aparta de él y brinda con el vaso de zumo de piña, haciéndolo chocar con el vaso que Katsuki le ha quitado, antes de apurarlo con un largo trago y devolvérselo, ya vacío. Luego se da media vuelta, lanzándole una última mirada por encima de los hombros, para volver con Kaminari, Hatsume y Uraraka a la zona despejada donde bailan ignorando a todo lo demás. Sin moverse del sitio, Katsuki se ríe entre dientes, un tanto cachondo por el descaro de Izuku.
Al final, Izuku no calcula el tiempo y han pasado más de dos horas cuando regresa a su lado y le susurra al oído que está listo para marcharse, pero a Katsuki no le importa, porque Izuku lo estaba pasando en grande y, además, tienen tiempo de sobra. Toda la noche, para ser exactos, porque Izuku había contado con pasar el resto de la velada en el apartamento de Katsuki, follando y durmiendo la resaca.
Al verlo caminar hacia él, enrojecido por el esfuerzo de bailar y con una sonrisa enorme entre los labios, Katsuki está a punto de abandonar su plan y sugerirle que continúe bailando y divirtiéndose, dispuesto a dar las explicaciones necesarias sobre su ausencia. Al fin y al cabo, nadie va a enfadarse con él si se quedan en la discoteca. Pero Izuku, que sonríe con entusiasmo, no parece lamentar marcharse, a pesar de que lo está sacando de la celebración s.
—Recuerda que puedes decir que no en cualquier momento y nos iremos a casa de inmediato, nerd —repite mientras Izuku busca su abrigo entre el montón donde están las de todos, entremezcladas. Katsuki, que ha llevado la vieja cazadora de Best Jeanist, incluso aunque el clima es frío para ella, ha preferido dejarla aparte para evitar extraviarla por error—. Que sea una sorpresa no quiere decir que tengas que quedarte si no quieres.
—Es importante para ti, ¿verdad? —pregunta Izuku, mirándolo con perspicacia. Los ojos le brillan en la oscuridad de la discoteca, tanto como los dientes, deslumbrantes en la sonrisa. Las pecas, en cambio, permanecen invisibles bajo el sonrojo acalorado de su rostro. A pesar de que tiene las pupilas dilatadas, la carcajada a punto en los labios y no deja de sonreír como un idiota, Katsuki intuye que su desinhibición tiene más que ver con la excitación de haber conseguido la licencia y la impaciencia por saber dónde va a llevarlo que al alcohol.
—Lo es —dice Katsuki, observando su reacción. Izuku sonríe más aún, se pone de puntillas y deposita un beso en sus labios.
—Entonces, será mejor que nos vayamos ya —dice, poniéndose su abrigo.
Todavía tardan media hora más en abandonar el local, porque Izuku quiere despedirse de Hatsume y Uraraka y después el camino hasta la puerta está atestado de personas bailando en diferentes estados de embriaguez. Cuando por fin consiguen salir a la calle, dejando al resto todavía celebrando dentro del reservado, Izuku se frota las manos para combatir la mordida del frío. Sigue sonrojado por el calor del interior de la discoteca y oscila su peso de un pie a otro, nervioso y emocionado, y mira a Katsuki expectante al mismo tiempo que intenta calentarse la mano derecha exhalando su aliento en ella. Katsuki se lo impide, entrelazando los dedos con los de él, y guarda ambas manos en su bolsillo para poder caminar tomados de la mano sin pasar frío. Nota que las mejillas le arden y, para evitar que Izuku se dé cuenta, echa a andar, tirando de Izuku gracias a la mano que tiene dentro de su bolsillo.
—¡Eh, esa es mi mano! —exclama Izuku, entre carcajadas, casi corriendo para mantener el paso de las largas zancadas de Katsuki—. No me despedí de Togata y Amajiki. Y tampoco de Kaminari y Shinsou… —lamenta.
—Estaban ocupados, mejor no molestarlos. —Izuku se ríe todavía más fuerte ante el eufemismo de Katsuki. Está contento y nervioso, casi hiperactivo y camina a saltitos a su lado, incluso cuando Katsuki reduce el ritmo—. Si alguno se hubiera metido entre nosotros para despedirse mientras nos besamos, le hubiera soltado una explosión en la cara.
Aunque podrían subirse a un autobús nocturno, Katsuki elige ir caminando. El frío nocturno le está sentando bien y es agradable caminar al lado de Izuku, todavía con su mano dentro del bolsillo de la cazadora. Este reconoce la dirección que ha tomado, hacia el apartamento de Katsuki, y parte de su nerviosismo desaparece y a este le sustituye una emociona verborrea. Katsuki escucha atentamente mientras Izuku habla, entusiasmado, saltando de tema en tema sin parar y uniendo las palabras en una retahíla infinita durante los casi treinta minutos de caminata que separan la discoteca de la calle donde Katsuki vive.
—¿No íbamos…? —Izuku frunce el ceño cuando Katsuki, al llegar a la esquina de la calle donde está su apartamento gira en dirección contraria, alejándose de él.
—No. Pero no está lejos —responde Katsuki, esbozando una sonrisa de medio lado y observando con curiosidad la reacción de Izuku, que está genuinamente desconcertado. Probablemente, al concluir que se dirigían a la casa de Katsuki, había llegado a la conclusión de que la sorpresa tenía que ver con sexo o algún tipo de felicitación por conseguir la licencia, pero ahora se muerde el labio con una mezcla de confusión y curiosidad.
—Pero yo creía…
—Más tarde.
—Ya es tarde —argumenta Izuku con cierto descaro, recuperando parte del aplomo mostrado en la discoteca para impregnar sus palabras de coquetería. Esa mezcla de determinación e insinuación que hace que los pantalones de Katsuki le aprieten en la entrepierna, poniéndolo más cachondo.
«Definitivamente», piensa Katsuki, que ya había contado con ello, «vas a tener sexo de celebración, nerd». Mira el reloj. Todavía no son las tres de la mañana, así que tienen tiempo aún. Se detiene en seco y se planta frente a Izuku.
—¿Quieres irte a casa ya? —le pregunta, entrecerrando los ojos, casi deseando que su novio asienta y así poder tumbarlo encima de su futón y follárselo hasta que ambos caigan exhaustos. Puede ver la chispa de impaciencia y deseo en Izuku, un reflejo del suyo propio, que al estar cerca del apartamento ya había comenzado a anticipar la última parte de la noche de fiesta.
—¡Oh! —exclama Izuku, comprendiendo que lo que Katsuki quería mostrarle no está en su apartamento. Katsuki, divertido por su expresión desconcertada, resopla con burla. Izuku se muerde el labio inferior y Katsuki se inclina para mordisqueárselo y besarlo. El sonrojo de Izuku cuando se separa de él, atrapando la punta de su nariz entre los dientes durante un segundo, no tiene que ver ni con el calor de la discoteca ni con el frío de la calle.
—Venga, vamos —dice Katsuki, poniéndose de nuevo en marcha. Le aprieta el pantalón por la incipiente erección que trata de escapar de la prisión de los calzoncillos, pero no ha necesitado que Izuku responda para saber que su curiosidad es superior al deseo de follar. Y, al fin y al cabo, ambas cosas van a ser satisfechas en breves.
Izuku se deja arrastrar alegremente hasta llegar a un garaje comunitario. A Katsuki le ha costado encontrar una plaza donde guardarla que esté a medio camino de su apartamento y la agencia, pero lo consiguió y ahora está aparcada en uno de los huecos para coches, demasiado grande para el tamaño del vehículo que lo ocupa.
—¿Tienes una moto? —pregunta Izuku, asombrado, cuando Katsuki suelta por fin su mano y se acerca a ella—. Espera, ¿tienes ese pedazo de moto?
—Es mi niña pequeña —responde Katsuki, orgulloso. Es consciente que parte de la curiosidad de Izuku viene de su interés por la mecánica, parte de su trabajo como inventor, pero también intuye que otra parte emana de su gusto por la velocidad y la sensación de desplazarse rápidamente con la menos estructura posible encerrándolo. Aun así, no esperaba un recibimiento tan entusiasta a la moto más allá de la sorpresa por saber de su existencia—. La compré hace un par de años, estuve ahorrando años para conseguirla.
—¿Y no me lo habías contado?
—Bueno, hasta ahora no había necesitado llevarte a ningún sitio —dice Katsuki, que no tiene muchas oportunidades de conducir la moto en la ciudad, salvo noches como esta, encogiéndose de hombros.
—Guau… —Izuku se acerca y la examina detenidamente, extasiado. Sus ojos brillan y se muerde el labio inconscientemente.
—No sabía que te gustaban tanto las motos —dice Katsuki, que ha abierto el baúl para sacar dos cascos. Tiende uno, de color verde oscuro y sin estrenar, a Izuku. Lo ha comprado unos días antes, planeando la celebración del que daba por seguro aprobado examen de licencia.
—Me hubiera gustado tener una para ir y venir de la U.A. o de la universidad, pero nunca conseguí ahorrar lo suficiente y no quise agobiar a mamá con más gastos. Probablemente, tampoco la habría utilizado tanto, la facultad me queda cerca y la U.A. está bien conectada con transporte público. —Izuku parlotea sin cesar, pero no ha empezado a murmurar para sí mismo. Todavía—. Sí tengo el permiso para conducir una, me lo saqué en cuanto cumplí la edad. Claro que yo no me habría comprado una como esta, como mucho me habría podido permitir una motocicleta pequeña. ¿De cuánto es?
—500 centímetros cúbicos de cilindrada —responde Katsuki, acariciando orgulloso la carrocería.
—Guau… —repite Izuku—. Pude conducir una Honda de 350 cuando saqué el permiso. Iba como la seda, pero al lado de esta debe ser como un juguete.
—No es muy diferente, en verdad. Ten, ponte el casco. Nos vamos de paseo. —Emocionado, Izuku acepta el casco verde, admirando todavía la moto. Katsuki se pone su propio casco, anaranjado y negro. En su momento, llevar los colores de su uniforme de héroe y marca profesional le había parecido lo más—. Te habría comprado uno de Dynamight, pero a mi agencia no se le ha ocurrido sacar mercancía en este campo nunca. Y como el mío lleva los colores de mi traje, pensé que te gustaría que el tuyo…
—¿Cómo lo has sabido? —Ha sido un problema, porque Katsuki ha intentado sonsacarle varias veces, pero Izuku no quería hacerse ilusiones con el aprobado del examen, así que ha postergado el diseño de su traje de héroe durante semanas.
Le había ofrecido la colaboración del departamento de publicidad y mercancía de Dynamight, cuyos trabajadores habían estado encantados de trabajar en su traje, porque el chico les cae condenadamente bien a todos en la agencia. Izuku la había rechazado, diciendo que ya tenía una idea en la mente desde los lejanos tiempos en los que ser un héroe era más un deseo que una posibilidad. Sólo un golpe de suerte le ha permitido a Katsuki ver, accidentalmente, los bocetos que Izuku tenía entre otros proyectos que le ha enseñado. Suficiente para, al menos, averiguar en qué colores y formas básicas estaba pensando.
—Lo vi. Cuando me enseñaste lo que habías avanzado en las zapatillas y los cambios que había hecho. Pude incluso hacerle una foto al diseño con el móvil sin que te enterases. —Hace una pausa tentativa, no muy seguro de que Izuku se lo esté tomando bien—. ¿Te molesta? Puedes llevar el mío, si lo prefieres.
—¿Qué? ¡No! ¡Está genial! —asegura Izuku, poniéndose su propio casco y asegurándolo—. Es sólo que a veces… A veces… —Katsuki sonríe, conteniendo una carcajada. Comprende a Izuku perfectamente. Él también se siente abrumado algunas veces, cuando nota la intensidad de los sentimientos de Izuku hacia él.
—Venga, sube —dice, sin dejar de sonreír, poniéndose el casco y unos guantes de cuero e inclinando la moto hacia Izuku para permitir que este se monte detrás de él.
—Claro, por eso no has bebido. —La voz de Izuku llega ahogada a través del casco. Katsuki no puede retener la carcajada. Izuku ya se ha repuesto de la sorpresa de ver la moto, de su propio entusiasmo y de la emoción y ahora está intentando deducir a dónde se dirigen.
—Donde vamos no podemos llegar caminando. Y paso de ir en el bus nocturno.
Antes de arrancar la moto, Katsuki se cerciora de que tenga los pies colocados adecuadamente en el soporte para ello. Izuku se sujeta con fuerza en los asideros de la parte delantera, rodeando con los brazos a Katsuki, que suelta el manillar para obligarlo a que lo abrace por la cintura, exhalando un gruñido de satisfacción cuando Izuku lo comprende inmediatamente y se aprieta más contra su cuerpo. Con un rugido, la moto se pone en marcha y Katsuki la guía lentamente hasta la salida del garaje, acelerando en cuanto salen a la carretera. Tras él, Izuku se tensa un segundo, pero acto seguido se relaja, disfrutando de la velocidad, superior a la permitida en la ciudad.
Atraviesan toda la ciudad de Musutafu hasta llegar a las afueras, un trayecto que apenas los lleva quince minutos gracias al nulo tráfico y la velocidad de la moto, que Katsuki conduce con seguridad, sin reducirla hasta llegara a un callejón donde la detiene y se quita el casco.
—Hemos llegado. —Izuku se quita el casco también. Su cabello rizado y largo se alborota en todas las direcciones, despeinado.
—He visto sitios más románticos —bromea Izuku, que le está devolviendo el casco para que pueda guardarlo, examinando con curiosidad el callejón en el que están. De apenas un par de metros de ancho, insuficiente para permitir el paso de un coche, está flanqueado por dos paredes de edificios sin ventanas y sin salida por el otro lado. Además, queda lo suficientemente oculto de la gente que pueda pasear por la calle gracias a la oscuridad, que sólo se ve difuminada por los faros de algún vehículo ocasional que atraviesa la calle, circulando deprisa por el escaso tráfico nocturno.
—¡Cállate, Deku! —dice Katsuki, exasperado e impaciente tras el coqueteo descarado y, a ratos, ingenuo de Izuku.
Bruscamente, lo sujeta del codo y tira de él para atraerlo más cerca de su cuerpo. En un movimiento reflejo, Izuku echa la cabeza hacia atrás para poder mirarlo. Katsuki pone sus dedos índice y corazón, enguantados para protegerse del relente mientras conducía la moto, pero la delicadeza del gesto se diluye cuando inclina el rostro, buscando los labios de Izuku en un beso impetuoso y agresivo, reflejo de la impaciencia que siente. Izuku le corresponde inmediatamente, poniéndose de puntillas para salir a su encuentro y, abrazándolo, mete las manos por debajo de la cazadora de Katsuki, buscando el contacto directo con su piel, que se estremece por las manos heladas de Izuku. Lo ha abrazado todo el camino, pero no ha sido suficiente para mantener la temperatura de sus manos sin ayuda de unos guantes, sobre todo la biónica.
—Joder, nerd…
—Lo siento —murmura Izuku, pero Katsuki no le permite sacar las manos del interior de su camiseta, sintiendo las yemas frías de sus dedos acariciarle la parte baja de la espalda, que nota arder al contacto.
—Lo que quiero decir es que tendrías que haberlas metido antes, durante el trayecto, para mantenerlas calientes, idiota —aclara Katsuki. Izuku se sonroja, pero entorna los ojos con picardía.
—Entonces quizá habría desconcentrado a Kacchan. No podía arriesgarme. —Un gruñido gutural e involuntario abandona la garganta de Katsuki al escuchar su apodo y el tono de voz que Izuku ha empleado.
—¿Sabes qué voy a hacer ahora, Deku? —Katsuki ha pasado de besarle los labios a mordisquearle posesivamente la mandíbula y luego el cuello, lamiendo la piel de Izuku hasta llegar a su oreja mientras Izuku tartamudeaba sus disculpas. Pegando los labios al oído de Izuku, susurra muy bajo—. Voy a follarte aquí mismo para celebrar que por fin eres un héroe profesional. ¿Qué te parece?
—¿Cómo quieres que me ponga? —responde Izuku al momento, ansioso, enredando uno de sus pies en la pantorrilla de Katsuki, que se ríe con una carcajada al escucharlo.
—Joder, por cosas como estas me gustas tanto, nerd. Me pones cachondísimo. ¿Es que no hay nada que te dé miedo, o qué?
—No lo sé —admite Izuku, riendo avergonzado tras el entusiasta arranque anterior. La polla de Katsuki palpita dentro de sus pantalones, a punto de explotar. No sabe qué le pone más, si verlo dispuesto a follar en un callejón oscuro sólo porque se lo ha pedido o la timidez que lo invade justo tras aceptar, dándole un aire dulcemente inocente—. Es decir, sí, claro que hay cosas que…
—Pues vamos a tener que averiguarlo —lo interrumpe Katsuki, empujando a Izuku contra la moto, que se tambalea cuando este choca contra ella.
Izuku se apoya en el borde del asiento, no mucho, apenas las manos y el culo, para no desequilibrarse hacia atrás. Arrodillándose, Katsuki le desabrocha los pantalones y tira de ellos y de los calzoncillos para bajárselos hasta la mitad del muslo, atrapándolo con ellos. Incapaz de moverse, Izuku se lleva la mano derecha a los labios, mordiéndose los nudillos, y entierra la izquierda, todavía congelada por la temperatura exterior, en los cabellos de Katsuki, que clava una rodilla en el suelo delante de él y lame con lentitud su polla, durísima ya, desde la base hasta la punta.
—Kacchan… —susurra Izuku, con la voz ahogada por su mano. Un coche pasa, durante un instante, por la carretera por la que ellos han venido, iluminando brevemente el callejón—. Nos van a ver…
—Cállate —ordena Katsuki, masturbándole lentamente—. Pasan demasiado rápido como para fijarse en que estamos aquí. Si alguien mira, apenas le va a dar tiempo a ver nada.
—Pero…
—¿Quieres que pare? —Mira hacia arriba. Izuku le está devolviendo la mirada. Despeinado, con los ojos muy abiertos y las mejillas sonrosadas por la vergüenza y el frío, los dientes blancos apretándose alrededor del nudillo del dedo corazón con fuerza. Niega con la cabeza, con cierto aspecto asustado ante la perspectiva de que realmente se detenga, y Katsuki sonríe ferozmente en respuesta—. Entonces, cállate de una vez y disfruta.
Katsuki no le da tiempo a contestar de nuevo. Da otra lamida a la polla de Izuku antes de metérsela en la boca, relajando la mandíbula para llegar lo más profundamente posible. Es perfectamente consciente del contraste que debe suponer para Izuku el aire frío, casi cortante, que enfría su piel al descubierto, con la calidez húmeda y agradable del interior de su boca. Los dedos de Izuku se cierran en un puño, tirando del cabello de Katsuki, pero sin marcar el ritmo. Katsuki cierra los ojos, disfrutando del dulce movimiento de las piernas de Izuku temblando de frío, pero sobre todo de placer. De sus dedos, aferrándose con fuerza al cabello rubio y áspero de Katsuki. De su polla tensándose, pulsando. Endureciéndose más, si cabe, dentro de su boca. De su respiración agitada.
Dos coches más pasan mientras se la chupa, moviendo la lengua alrededor del tronco de la polla de Izuku y del glande, moviendo la cabeza para simular que le está follando con la boca, pero este no se entera de ello, completamente abstraído por el placer que le recorre el cuerpo y está a punto de hacerle perder el control. Aun así, está lo suficientemente lúcido como para tratar de avisarlo.
—Kacchan… —Katsuki succiona con más fuerza, acelerando el ritmo e intensidad con la que se la está chupando y tratando de lamer y tragarse la polla de Izuku lo más posible cuando los dedos de este tiran de su pelo con más fuerza.
Con un jadeo ahogado por la mordaza de sus dedos, Izuku se corre. Katsuki traga sin pensar, varias veces, ya acostumbrado al sabor de Izuku. Sigue chupando durante unos segundos más, lo que provoca un gemido largo de hipersensibilizado placer en Izuku, que ha aflojado levemente el agarre de su pelo. Sacándose su polla de la boca, Katsuki da un par de lametones más, aprovechando que todavía tiene la polla dura, antes de mirar hacia arriba. Izuku tiene los ojos desenfocados y vidriosos de placer y todavía respira agitadamente.
—¿Bien? —pregunta Katsuki, limpiándose la comisura del labio con el dorso de la mano, sonriendo de lado. Izuku asiente con la cabeza, todavía incapaz de encontrar su voz—. Cojonudo.
Sin moverse de donde está, arrodillado en el suelo, sujeta las caderas de Izuku con las manos para guiarlo y obligarlo a darse media vuelta. Este, que no se esperaba el súbito movimiento, tropieza con sus propios pantalones, que tiene enredados a la mitad de los muslos y se derrumba, salvado de toparse contra el suelo gracias a que cae de bruces sobre la moto, que aguanta su peso sin caerse.
—Así estás perfecto —murmura Katsuki, lamiéndose los dientes con satisfacción al ver a Izuku doblado sobre el asiento de la moto y aferrándose a esta con las manos, incapaz de mantener el equilibrio con las piernas atrapadas en sus propios pantalones, en una postura que lo obliga a levantar ligeramente el culo hacia Katsuki.
No puede ver el rostro de Izuku para saber cómo ha reaccionado a sus palabras, pero al oír su voz este deja de intentar levantarse, ofreciéndose, de nuevo, incondicionalmente a él. Con las manos todavía enguantadas, sujeta las nalgas de Izuku para separarlas. El contraste, a la débil luz del callejón, se intensifica durante un instante cuando un coche más pasa, con el motor rugiendo, por la calle adyacente. El oscuro de los guantes de cuero sobre la piel pálida y plagada de nebulosas de pecas de Izuku es una estampa tan caliente que se queda grabada a fuego en la mente de Katsuki a pesar de lo fugaz de la visión.
—Pero Kacchan, yo… —Izuku no es capaz de ocultar el matiz de súplica de su voz, a pesar de que Katsuki entiende cuál es su preocupación: haber estado bailando durante horas con sus amigues, en una sala caldeada de la discoteca.
«Como si nos importase a estas alturas un poco de sudor, nerd», piensa para sí mismo Katsuki, que es incapaz de contenerse más. Hunde el rostro entre los glúteos de Izuku para lamer golosamente el pequeño agujero rosado que se contrae rítmicamente cada vez que la lengua de Katsuki lo punza para abrirse paso. Como ha supuesto, puede percibir el sabor salado del sudor, de Izuku, que se combina con el olor natural de su piel. Lejos de desagradarle, le parece delicioso y comprende qué es lo que encuentra tan atractivo Izuku en su sudor.
El sabor y el olor de su novio lo excitan todavía más, haciéndole perder cualquier tipo de reparo o control que pudiera conservar todavía. Desde la primera vez que follaron, adora comerse el culo de Izuku y lo hace cada vez que tiene oportunidad, pero esta vez lo está disfrutando incluso más que en esa ocasión, sintiéndolo familiar y novedoso al mismo tiempo. Cae en la cuenta de que tiene los ojos cerrados sólo porque un fogonazo de luz ilumina sus párpados cuando otro coche pasa cerca de ellos.
Katsuki lame, besa, chupa y succiona con fruición, devorando cada centímetro de la piel rugosa y alternando con mordiscos en las nalgas, cerca de sus dedos enguantados, que se hunden en el músculo de Izuku haciendo palidecer su piel. Besa las pecas que se arremolinan en el punto más redondeado de sus nalgas, notando la piel de Izuku fría al contacto con lo ardiente de sus labios. Otro coche más ilumina el callejón durante un segundo y le regala a Katsuki una efímera visión del esfínter de Izuku brillante por su saliva, ligeramente distendido por el trabajo de su lengua. Lo roza con el dedo pulgar, cubierto por el guante de motorista, tirando del glúteo derecho para abrirlo un poco más y obligarlo a estirarse. Deposita un beso leve sobre él, sorprendido por lo rápido que se ha enfriado su saliva y el ano de Izuku al contacto con el aire, calentándoselo de nuevo con gusto a base de lametones y besos.
Dado que está sujetándose a la moto sólo con los antebrazos, Izuku no puede taparse la boca igual que antes, así que el callejón se llena de ecos de gemidos ahogados, lloriqueos de placer y sollozos que este es incapaz de acallar, siquiera por temor a ser escuchado.
Aún más caliente al oírlo jadear y suplicar sin palabras por más, Katsuki tiene que contener el impulso de frotarse su propia erección por encima del pantalón para masturbarse, porque no cree que pudiera controlar su orgasmo si lo hiciese. Se centra en seguir comiéndose el culo de Izuku durante todo el tiempo necesario hasta que su lengua entra y sale sin apenas oposición del músculo, sin parar para de chupar y lamer, aunque sienta la lengua cansada y ligeramente adormecida.
Con un último beso, justo en el centro del ahora dilatado ano de Izuku, se levanta y da una sonora palmada, que el guante de su mano no amortigua, en la nalga izquierda de Izuku. Este se estremece sobre la moto y gime pidiendo más. Riendo entre dientes, Katsuki lo complace, dejando caer otro azote, más sonoro que fuerte, sobre su nalga derecha, que provoca que el cuerpo de Izuku vibre de placer.
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Izuku todavía está envuelto en una espiral creciente de placer que le nubla los pensamientos cuando Katsuki lo azota por tercera. El guante de motorista de su mano está frío en contraste con el ardor de la piel del culo de Izuku, fruto de la primera palmada que Katsuki le ha dado. Se estremece y alza el culo un poco más, esperando un cuarto azote al suponer que Katsuki desea seguir haciéndolo, pero este, tira de su cazadora hacia atrás este para ayudarlo a ponerse de pie y darse media vuelta y lo besa con brusquedad. Un beso agresivo en el que Izuku puede leer lo satisfecho que está Katsuki por lo que están haciendo.
Izuku le devuelve el beso ansiosamente, suspirando y gimiendo dentro de la boca de Katsuki, desesperado y ansioso de más. A pesar de que ya se ha corrido una vez, hace apenas unos minutos, quizá segundos o a lo mejor una hora, está cachondo y su polla vuelve a estar dura. Tiene el culo congelado, excepto los lugares donde Katsuki acaba de azotarle. Las manos de este, todavía cubiertas por los guantes de cuero, que en su piel fría se sienten tibios y en el lugar donde todavía pican los azotes los nota helados, bajan hasta sus nalgas, apretando las caderas de Izuku contra él y masajeándolas con los dedos. El movimiento hace que su polla se frote contra el pantalón de Katsuki, áspero y rugoso. La fricción le resulta dolorosamente placentera, levemente salvaje, quizá por la desventaja de estar parcialmente desnudo mientras que Katsuki conserva hasta los guantes, por lo que mueve las caderas para aumentar el contacto.
Otra fuerte palmada de Katsuki hace que la piel de sus nalgas vibre y escueza al contacto con el frío.
—Joder, nerd —dice Katsuki, con los ojos rojos brillando como brasas en la oscuridad del callejón.
—Ten… Date prisa —susurra Izuku, que está rebuscando en los bolsillos de su cazadora hasta encontrar un pequeño bote de lubricante que, en un momento de brillantez, ha metido antes de salir de su casa.
—Que no me des órdenes —masculla Katsuki, con los ojos brillándole de aprobación. Izuku está a punto de decirle que no es porque tema que les atrapen. Sabe que han pasado varios coches y Katsuki tenía razón, circulan demasiado deprisa. Y, si alguien ha pasado caminando y los ha visto, ambos estaban lo suficientemente ocupados como para no importarles.
Sin embargo, no le da tiempo a buscar las palabras para explicar lo mucho que ansía que Katsuki se lo folle, porque este le ha puesto la mano derecha, cubierta por el guante, enfrente del rostro, difuminada en la oscuridad por lo negro del cuero del que está hecho. Izuku tarda unos segundos en comprender qué es lo que quiere.
Muerde la punta de los dedos y tira del guante hacia atrás, con toques cortos, sacándolo poco a poco de la mano de Katsuki hasta que se desliza con facilidad fuera de ella y queda colgando de los dientes de Izuku. Katsuki toma el botecito de lubricante de la mano de Izuku y se agacha de nuevo, sin darle la oportunidad de poner el guante a un lado, de guardarlo en el baúl de la moto, junto a los cascos o en el bolsillo de su cazadora. Y, como Katsuki tira de su bota izquierda y lo desequilibra, tiene que apoyar ambas manos en la moto para no caerse, impidiéndole usarlas para no seguir mordiendo el guante y estropearlo con los dientes o la saliva.
Katsuki lo hace apoyar el muslo en su hombro para no pisar el suelo descalzo, y le termina de sacar el pantalón y el calzoncillo de esa pierna, liberándole del encarcelamiento que han supuesto. Ambas prendas de ropa caen al suelo, enroscándose alrededor del tobillo derecho de Izuku. Katsuki le muerde la piel de la cara interna del muslo, sensible, e Izuku da un pequeño gritito excitado que queda ahogado por el guante que sostiene con los dientes y le impide gritar. Inspira profundamente, pillado por sorpresa, cuando dos dedos de Katsuki, calientes gracias al guante que le acaba de quitar, entran bruscamente en su culo, sin previo aviso.
El guante de Katsuki huele a él y el aroma inunda las fosas nasales de Izuku. Su sabor a cuero cuando lo muerde con fuerza y entra en contacto con su lengua se combina con el olor al sudor de Katsuki, el que se concentra en sus manos para poder utilizar su Don. El mismo olor que invade sus sentidos cuando lame las gotas de sudor que resbalan por el cuello de Katsuki mientras este lo folla, cuando hunde la lengua en sus axilas antes de chupársela o cuando se acurruca bajo su brazo tras el sexo.
El aroma que más lo excita y provoca que quiera follar todo el tiempo con Katsuki.
Exclama un sonido inarticulado, extasiado. Inspira profundamente una vez más, tratando de captar los matices del olor del guante de cuero, lo lame sin pudor ahora, al mismo tiempo que cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás. Katsuki lo folla con los dedos bruscamente, con la misma urgencia con la que Izuku desea que lo haga con su polla. Su culo, al fin y al cabo, ya está distendido previamente gracias a su lengua y no le importa que no esté completamente adaptado a los dedos de Katsuki, pero no puede decírselo porque si habla el guante caerá de entre sus dientes y no quiere perderlo.
No obstante, Katsuki parece entenderlo. O simplemente está tan impaciente como él y no puede aguantar más. Sujetando la pierna izquierda de Izuku en el hueco del codo para que no apoye el pie en el suelo, Katsuki se incorpora y desabrocha sus propios pantalones. A Izuku le da igual el leve latigazo de dolor de su muslo, obligado a estirarse súbitamente, porque Katsuki está empujando su polla en su culo, introduciéndola apenas unos centímetros.
Mordiendo el guante con más fuerza, Izuku rodea el cuello de Katsuki con los brazos y esconde la cara en el hueco de su hombro, apretando la frente contra su clavícula y ahogando otro gemido de placer gracias al guante que tiene en la boca.
Katsuki se retuerce para pasar la mano que tiene libre, ahora que ya no necesita guiar su polla, por detrás de la otra rodilla de Izuku. Este tiene que aferrarse con más fuerza al cuello de Katsuki cuando este lo levanta en vilo y siente su polla invadirle con brusquedad cuando la gravedad obliga a sus caderas a caer hacia abajo.
Gracias a la fuerza de sus brazos, fruto del férreo entrenamiento al que Katsuki se somete para estar en plena forma en su trabajo como héroe, consigue alzar a Izuku en el aire con cierta facilidad y cargar completamente con su peso. Coloca las manos, una enguantada y fría y la otra húmeda por el lubricante y caliente tras haber estado en el interior del culo de Izuku, en sus nalgas, para evitar que se resbale hacia abajo. Izuku queda doblado sobre sí mismo, con las piernas prácticamente en los hombros de Katsuki y sin posibilidad de soltarse de su cuello.
Ni tampoco de controlar la profundidad a la que el grueso pene de Katsuki se clava cuando este lo deja caer varios centímetros más, llenándolo.
Cuando follan, por norma general, Izuku puede moverse también, acompasándose a los movimientos de Katsuki. El futón, si están tumbados en él, también se hunde con sus movimientos. No siempre nota la polla de Katsuki con la misma intensidad. Si lo hacen en la ducha, por ejemplo, es más fuerte la sensación de presión por estar de pie que la profundidad. Si lo cabalga, puede elegir hasta qué punto sentarse sobre él, sabiendo que la parte más sensible de Katsuki es, precisamente, la punta de su polla.
Esta vez, en cambio, no tiene elección y sus caderas resbalan hasta que la polla de Katsuki no puede entrar más, haciéndolo sentir más lleno de lo que se ha sentido nunca. Ha sido brusco, justo como le gusta, profundo y, sobre todo, no tiene ninguna opción de moverse, depende completamente de que Katsuki lo haga por él, que no puede hacer más que sujetarse con fuerza, pues ni siquiera puede rodearle la cintura con las piernas.
—¡Ah! —Izuku jadea, incapaz de coger aire, sobrepasado por las sensaciones. Katsuki se detiene, sosteniendo el peso de Izuku a pulso—. ¡No! ¡No pares ahora!
En realidad, el sonido que sale de sus labios en ininteligible, porque todavía muerde el guante, que actúa como una eficaz mordaza contra sus gemidos y súplicas. Aunque Katsuki parece entender el sentido general de la frase, no contesta. No sabe si porque no tiene fuerzas para hacerlo, concentrado en sostenerlo en el aire a pulso o si es que está tan sobrepasado de placer como él.
Exhala un gruñido junto a su oreja, uno de esfuerzo, y levanta a Izuku un poco antes de dejarlo caer de nuevo haciendo que toda su polla entre otra vez dentro del culo de Izuku. Este lloriquea con un gemido largo, babeando el guante de cuero al clavar los dientes en él con más fuerza y balbuceando más palabras que no puede vocalizar.
Katsuki adopta un ritmo cadencioso, levantando y bajando a Izuku con los brazos mientras permanece de pie, con las piernas abiertas y asentadas en el suelo para no perder el equilibrio y el torso echado hacia atrás para compensar el peso de Izuku.
Al contrario que en otras ocasiones, que Izuku siente el pene de Katsuki abandonarlo durante un instante y luego llenarlo otra vez con el ritmo del vaivén adoptado por este, en esta ocasión no hay ese intervalo. Pasa de estar lleno a tener la polla de Katsuki profundamente enterrada en su interior.
Cuando follan, Izuku adora los momentos en los que la polla de Katsuki está dentro de él. Se siente caliente y dura. Si las primeras veces fue frustrante no ser capaz de distender lo suficiente el culo como para acogerla, ahora es todo lo contrario: Izuku considera que merecieron la pena todos los esfuerzos para conseguirlo y acostumbrarse a ello. No es sólo el placer generado por la penetración, también lo íntimo y cercano que siente a Katsuki cada vez que follan, que se entrega a él y este se abre paso con una tierna brusquedad que no es capaz de disimular el cuidado y empeño que pone en ello.
Esta vez es incluso mejor. La falta de control sobre la velocidad o la profundidad, el aroma del guante de Katsuki y su sabor, los jadeos de este junto a su oreja, ansioso por alcanzar su propio orgasmo, hacen que Izuku prácticamente pierda la noción de lo que les rodea, concentrado únicamente en las sensaciones que le despierta el pene de Katsuki en su interior.
Este cada vez lo sube y baja más rápido. Las sensaciones de placer se multiplican. Nota la urgencia, la necesidad, de correrse. Quiere soltarse del cuello de Katsuki y masturbarse para hacer que su cuerpo explote de placer una vez más, pero es imposible. Está atrapado entre la sujeción a la que no puede renunciar sin caerse y la polla que lo folla sin parar, así que se limita a seguir mordiendo el guante y que varias lágrimas de placer frustrado se derramen por su mejilla, gimiendo con sonidos articulados por la continua inminencia de un orgasmo que no acaba de desatarse y aliviarlo.
Bruscamente, Katsuki deja de subirlo y bajarlo sobre su polla y sortea la moto hasta estamparlo contra la pared que está detrás de ella. La rugosidad irregular del material que la recubre se clava dolorosamente en la espalda de Izuku cuando Katsuki lo presiona con fuerza. Gracias al apoyo extra, las piernas abiertas de par en par de Izuku y la postura que lo deja expuesto sin límite, la polla de Katsuki entra hasta el fondo a un ritmo frenético, que nada tiene que ver con la cadencia con el vaivén de unos segundos antes.
Izuku cierra los ojos con fuerza y muerde el guante. Gime sin parar a tomar aire, sobrepasado por el placer y cree percibir cada punto de contacto con Katsuki y cada soplo de aire sobre la piel, acercándose a una suerte de paroxismo que no termina de culminar.
—Kacchan… Kacchan… Kacchan… —gime, sin vocalizar por culpa del guante. Tras los párpados cerrados, su visión se llena de chispas de colores, incapaz de sentir nada más que el pene de Katsuki entrando y saliendo de él a toda velocidad, balbuceando sin saber qué dice exactamente.
—Voy a correrme, Deku —dice Katsuki con un jadeo y la voz ronca, sin dejar de follarlo.
Como toda respuesta, Izuku aprieta más los brazos alrededor de su cuello y muerde con más fuerza el guante.
Es imposible, lo sabe, pero jura que nota el semen caliente, más incluso que la polla de Katsuki, derramarse en su interior cuando este se corre. Es una sensación que no ha experimentado nunca. Sí puede percibir, y de hecho está acostumbrado a ella, la sensación del semen de Katsuki resbalando fuera de su interior y deslizándose por la piel de su perineo o de sus nalgas cuando han terminado de follar, pero nunca algo así. Nunca su excitación, su urgencia por el orgasmo no alcanzado, ha espoleado hasta tal punto su imaginación… o aumentado tanto su sensibilidad.
Cuando se corre, el movimiento de Katsuki se vuelve irregular, estremeciéndose cada vez que entra dentro de él, saliendo un poco y volviendo a clavarse con fuerza, como si intentase llegar lo más hondo posible. La tercera vez que lo hace, todavía corriéndose, con la vívida sensación de que puede notar el orgasmo de su novio en su interior, el orgasmo de Izuku se materializa por fin, por segunda vez en esa noche, sin siquiera tocarse a sí mismo.
De haber podido, habría gritado. Lo que hace es apretar el culo alrededor de la polla de Katsuki, esconder el rostro en su clavícula, apretar tanto el abrazo en su cuello que a este le falta el resuello, aunque quizá eso sea fruto de su orgasmo, y morder el guante tan fuerte que está seguro de haberlo estropeado.
—Joder… —murmura Katsuki, unos segundos después, cuando a Izuku se le está comenzando a aclarar la vista.
—Sí… —suspira Izuku, totalmente de acuerdo, apoyando la cabeza contra la pared. El guante cae entre ambos, sobre el regazo de Izuku, que mira a Katsuki e intenta enfocar los rasgos de su cara—. Debo de estar pesándote un montón.
—No —dice Katsuki, sin soltarlo, apoyando la frente en la suya. Todavía no ha salido de dentro de Izuku, que aprieta el culo intencionadamente para notarlo mejor.
Se quedan así varios segundos, quietos y en silencio, con el sudor secándose sobre su piel, inmunes al frío, y sus respiraciones mezclándose a la vez que se ralentizan según se relajan.
Izuku observa a Katsuki, tan cerca que apenas puede ver sus ojos cerrados, con una sensación de infinito cariño en el pecho que lo hace respirar más profundamente y suspirar. Katsuki parece oírlo, porque abre los ojos y sonríe de lado, con malicia, pero no dice nada, sólo salva la distancia que separa sus labios y lo besa despacio, sin la necesidad demandante de un rato atrás. Izuku disfruta del beso, aterciopelado en los labios y metálico a causa de la bola que lleva en medio de la lengua, de la noche enfriándolos la piel y del intenso calor del cuerpo de Katsuki, que lo protege de quedarse helado, deseando que el momento se eternice.
—Ha sido bueno, ¿eh? —dice Katsuki al cabo de un rato.
—Ha sido mejor que bueno —confiesa Izuku, sonrojándose.
La polla de Katsuki, que ha perdido ya su firmeza, sale de su interior cuando este lo deposita en el suelo, asegurándose de que las piernas de Izuku, temblorosas y un poco dormidas, lo sostienen sin dejarlo caer. Percibe, ahora sí está seguro, parte del semen de Katsuki resbalar fuera de su interior, muslo abajo. Trata de apretar el culo, pero está tan distendido que no tiene suficiente fuerza como para impedirlo. Por su parte, Katsuki está más preocupado por ayudarlo a calzarse, que no tenga que pisar el suelo con el pie descalzo, pero cuando Izuku toma el control de sus pantalones, subiéndoselos, asiente y se aparta un paso para arreglar su propia ropa. Después, flexiona los brazos un par de veces, masajeándose los bíceps cansados por el esfuerzo.
—Eres muy fuerte —dice Izuku. Pretende sonar burlón, pero en realidad sus palabras salen impregnadas de admiración y la sonrisa de Katsuki, ladeada y presumida, demuestra que este se ha dado cuenta.
—Tú eres muy ligero. Ni siquiera ha sido un reto para mí.
—Kacchan es genial. Y me alegro, si eso significa que esto va a repetirse más a menudo —dice Izuku, y en esta ocasión sí consigue imprimir su voz de sensualidad. Y el brillo de los ojos de Katsuki, deslumbrados un momento por otro coche que pasa por la calle de al lado es una prueba de que así va a ser.
—Joder, Deku. Va a ser cierto que no te asusta nada. —Izuku está a punto de responder que sí le asusta, que le da miedo cruzar cualquier puente tendido sobre un abismo, pero no es necesario. Sabe perfectamente que Katsuki lo comprende y que esa es su forma de expresar su propia admiración.
