Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.

Trigger warning: En su momento, dije que en todos los capítulos extra habría sexo. Me temo que mentí. En estos tres capítulos que componen esta parte hay dos escenas de sexo, la que ya leísteis la semana pasada y otra la semana que viene. Eso quiere decir que hoy hay contenido explícito, pero no necesariamente erótico. Menciones a: tatuajes y piercings, agujas, descripción explícita de una perforación, mención explícita de genitales.

Glosario:

Genkan: Área tradicional japonesa de entrada a una casa. Es un lugar donde descalzarse antes de entrar. Aparecerá en todos los capítulos a partir de aquí, creo.

Tebori: Técnica tradicional de tatuaje japonés. Significa tatuado a mano.

Irezumi: Tatuaje tradicional japonés.


CAPÍTULO EXTRA. RYŪJIN STUDIO (PARTE DOS)

Izuku termina de abrocharse los pantalones y colocarse la ropa. Su abrigo, afortunadamente, está limpio: mientras follaban, debido a la fricción contra la pared, se ha abierto y recogido hacia su pecho, dejando al descubierto la camiseta que lleva debajo y que es la que se ha llevado la peor parte. La mancha de humedad de su propio semen, circular y delatora, no tiene solución, aunque tuviese un pañuelo de papel a mano para intentar secarla. Ya es prácticamente primavera, pero las noches siguen siendo frías y casi invernales, sobre todo a estas horas de la madrugada. Sin embargo, Izuku ha optado por no llevar nada más que la camiseta bajo el abrigo, confiando en que este sería lo suficientemente abrigado como para protegerle del frío exterior y que el ambiente caldeado de la discoteca, como así ha sido, sería suficiente para mantenerlo caliente.

Ahora, donde sea que vayan, si no están en la calle no podrá quitarse el abrigo ni disimular la mancha de ninguna manera. Sin dejar de mirar el desastre húmedo que es su camiseta, se muerde el labio inferior y frunce el ceño, frustrado y maravillado a partes iguales de haber perdido tanto el control.

—Espera un momento —dice Katsuki, que ya ha terminado de vestirse y se ha dado cuenta del problema, adelantándose a cualquier posible solución que pueda pensar Izuku. Saca una camiseta pulcramente doblada del baúl de la moto y se la tiende—. Siempre llevo una de repuesto en la moto por si hace demasiado calor y sudo. Te quedará grande, pero puedes usarla.

—Gracias. Lo siento, no se me ocurrió pensar…

—No se suponía que tuvieses que pensar —lo interrumpe Katsuki, burlón. Izuku parpadea, desconcertado, y después asiente, riéndose entre dientes y notando las mejillas arderle por el sonrojo.

—Por supuesto.

Todavía riéndose, Izuku se quita el abrigo y, dejándolo sobre el asiento de la moto, se quita la camiseta. Lo hace rápidamente, cubriéndose con la camiseta que le ha prestado Katsuki, pero le da tiempo a sentir en su piel el mordisco del frío, el mismo que todavía nota en las piernas y el culo, aunque ya se haya vestido. Sin embargo, no se pone el abrigo de inmediato, admirando durante unos instantes la camiseta de Katsuki. Le queda enorme, más de dos tallas por encima de la suya y le cae hasta la mitad del muslo. Casi podría utilizarla como camisón, pero no le importa, porque es de Katsuki. Sujeta la pechera y se la lleva a la nariz, inspirando profundamente y descubriendo el característico aroma de Katsuki, el que es suyo propio y no pertenece a su detergente ni a su gel corporal.

—¿Qué haces, nerd idiota? —pregunta Katsuki, exasperado—. Vas a enfriarte.

—Es que huele a Kacchan —explica Izuku, alegre, inspirando de nuevo. La expresión de Katsuki se suaviza y casi llega a sonreír, pero a Izuku no le importa. Si quiere reírse de él, que lo haga. Con un poco de suerte, no tendrá que devolverle la camiseta y podrá quedársela para ponérsela en casa cuando lo eche de menos. «Aunque para eso necesitaría no lavarla», piensa, distraído, mordiéndose el labio.

—Ponte el abrigo, Deku idiota, te vas a quedar helado —dice Katsuki, guardando la camiseta sucia de Izuku en el baúl de la moto, estrujada en una bola descuidada.

Otro coche más pasa, deslumbrándolos, e Izuku, que todavía estaba distraído pensando en cuánto del olor se quitaría si lava la camiseta a mano en lugar de en la lavadora, se pregunta cuántos vehículos habrán pasado en el rato que han estado follando y ni se ha enterado. Katsuki ha puesto los ojos en blanco al ver que vuelve a llevarse el cuello de la camiseta a la nariz- Riéndose por el gesto burlonamente satisfecho de su novio, Izuku se pone el abrigo, percatándose de que todavía tiene el guante de cuero, que ha guardado en uno de sus bolsillos mientras se vestía.

—Lo siento, creo que te lo he estropeado —dice Izuku, abochornado, al devolvérselo. La luz del callejón es insuficiente para valorar propiamente los daños, pero la tela del guante está marcada con los dientes de Izuku, que nota el relieve que ha provocado al tacto.

—¿Estropeado, nerd? —Katsuki se ríe entre dientes y sus ojos destellan, satisfechos—. Más bien me parece que tendré que comprar otros para la moto y así poder utilizar estos cuando te quedes a dormir en casa. —Las mejillas de Izuku arden con más intensidad, porque una imagen de él mismo, desnudo, tumbado bocabajo sobre las rodillas de Katsuki mientras este deja caer su mano enguantada sobre sus nalgas se mezcla con otra del propio Katsuki follándolo con fuerza a la vez que le mete en la boca los dedos de los guantes más afectados por sus mordiscos para que pueda chuparlos a placer, provoca que, a pesar de los dos orgasmos, una oleada de excitación le caliente el vientre—. Y compraré otro par más de tu talla para que tú también puedas utilizarlos cuando vayamos en moto.

—¿Me vas a decir ya dónde vamos? —pregunta Izuku, curioso, cuando Katsuki termina de asegurar la moto, cierra el baúl con los cascos, su camiseta sucia y los guantes dentro y se guarda la llave en el bolsillo—. Porque ya imagino que no me has traído hasta aquí solo para follar en un callejón sórdido.

—Si quieres repetirlo otro día, basta con que lo digas, nerd. —Izuku está a punto de protestar, argumentando sobre la comodidad de follar en su casa, pero la mirada satisfecha de Katsuki, su propia excitación y el recuerdo de la potencia del segundo orgasmo le hacen cambiar de idea. Sí quiere repetir. Y, a juzgar por la sonrisa burlona de Katsuki, este sabe perfectamente lo que está pensando—. Cerca de aquí. Quiero mostrarte un local. Un sitio. Más bien, quiero presentarte a un par de personas —añade a trompicones. Katsuki lo mira con expresión interrogante, así que Izuku asiente, dispuesto a confiar y dejar que este le conduzca allá donde quiera.

—De acuerdo —dice Izuku. Se muerde el labio, recordando que Katsuki ha confesado antes que es algo importante para él. Y debe serlo, desde luego, a juzgar por lo críptico que se muestra, síntoma de su nerviosismo.

Katsuki le tiende la mano. Izuku se apresura a aceptarla. Abandonan el callejón. Katsuki camina mucho más lento que cuando han salido de la discoteca, lo cual le da tiempo a examinar el entorno. Están en lo que Izuku cree que son las afueras de Musutafu, parte de uno de los polígonos industriales de la ciudad, quizá el más antiguo y más céntrico, pues hay algunas casas y un par de edificios de apartamentos entre los negocios. Le resulta vagamente familiar, pero no recuerda que haya ido nunca allí. Se pregunta si es que ese local al que le lleva, que supone será una discoteca o algún lugar de ocio nocturno, por las horas, está cerca, pues no parece que haya ningún sitio con esas características a la vista.

—No habías estado nunca en esta parte de la ciudad, ¿verdad? —pregunta Katsuki, guiándolo con la decisión de quien sabe a dónde va.

—Creo que no —responde Izuku, mirando todavía a su alrededor con curiosidad mientras caminan.

—Antiguamente era un pueblo fuera de Musutafu. Si seguimos caminando recto durante un par de centenares de metros, llegaríamos a lo que era el antiguo centro —explica Katsuki, señalando delante de ellos—. Esta era la carretera que unía el pueblo con el polígono industrial este de Musutafu y la propia ciudad. El pueblo empezó a expandirse gracias a que era más barato vivir allí que en Musutafu y estaba a menos de cinco minutos si trabajabas aquí. Se expandió sobre todo por el otro lado, donde había más sitio, pero al final acabó uniéndose a la ciudad. La frontera estaba más o menos donde hemos dejado la moto.

—¿Y ahora sigue siendo un pueblo separado?

—Durante un tiempo lo fue. Yo era un crío cuando se votó su anexión, tú serías sólo un bebé. Ahora es un barrio más de Musutafu, uno muy grande, eso sí. —Los ojos de Katsuki brillan cuando señala una hilera de casas que se distinguen varias calles más allá, similares entre sí—. Yo crecí ahí, en una de esas casas. Mis padres siguen viviendo allí, de hecho.

Recordando que Katsuki quiere presentarle a un par de personas, Izuku está a punto de preguntarle si acaso le lleva allí, súbitamente angustiado por la idea de invadir la casa de sus padres a estas horas de la madrugada y despertarlos para presentarse y conocerlos, pero Katsuki se detiene frente a una casa de dos pisos, sin jardín delantero, cuya puerta de chapa metálica está ligeramente oxidada y la pintura que recubre las paredes tiene varios desconchones. Sólo una parte de esta parece más cuidada, entre dos ventanas, donde hay dibujadas un par de palabras con trazos estilizados: Ryūjin Studio.

Sin vacilar, Katsuki pulsa el timbre durante varios segundos, que restalla, estruendoso, en la silenciosa noche.

—¡Kacchan! ¡Son casi las cuatro de la mañana! —exclama Izuku, escandalizado. Decididamente, la casa no tiene aspecto de ser un local de ocio nocturno. Parece una casa normal, un tanto aislada de las otras que salpican la calle porque está rodeada de varios negocios, ahora cerrados, un sitio donde, por la hora que es, deberían estar durmiendo.

—No importa, ellos nunca se acuestan antes de las seis. Son… de hábitos nocturnos. Además, saben que venimos porque les quedé en que lo haríamos. Aunque llegamos tarde, nos están esperando. —Katsuki se vuelve hacia él y sonríe—. Te van a caer bien, ya verás.

—Pero… ¿quién…? —A Izuku no le da tiempo a terminar la pregunta. Una chica de cabello y piel de color rosa intenso, con cuernos en la cabeza y grandes ojos oscuros, ha abierto la puerta y da un gritito de alegría, tirando del brazo de Katsuki hacia el interior. Izuku, cuya mano Katsuki no ha soltado, los sigue un tanto desconcertado por la situación. La chica cierra la puerta tras ella e Izuku ve que Katsuki se está descalzando en el genkan, así que lo imita, un poco nervioso.

—¡Ei, por fin ha llegado Katsu! —anuncia la chica, dirigiéndose hacia el interior de la casa, donde destaca el umbral iluminado de una habitación. Después, examina con descaro a Izuku de arriba abajo, con tanta intensidad que este se siente objeto de un examen que no está seguro de ser capaz de aprobar, pero la chica sonríe con alegría—. ¡Y no te vas a creer lo monísimo que es su novio!

—¡Te tengo dicho que no me llames Katsu! ¡Y deja en paz al nerd! —Izuku parpadea, sorprendido. Katsuki tiene un carácter explosivo, pero se ha acostumbrado a que no se muestra tan agresivo con él como con el resto. La chica, no obstante, sonríe sin dar muestras de acobardarse por las invectivas de Katsuki—. ¿Me has oído, mapache?

—Sí, sí, ya te vimos, Katsuki —dice la chica, sin reprimir una carcajada que hace que Katsuki gruña y entorne los ojos, cabreado.

Aturdido, Izuku mira a su alrededor. Están en un pasillo en penumbra con varias puertas. Sólo una de ellas está abierta y con la luz encendida. Junto a la puerta de la habitación iluminada se recorta la figura de un chico alto y corpulento, de la edad de Katsuki, aproximadamente. Tirando de él, Katsuki llega hasta el umbral de la puerta donde, sin soltar a Izuku, inicia un ritual de choque de puños y palmadas en la espalda con el otro chico, que parece alegrarse sinceramente de verle.

—¿Y este es? —pregunta amablemente, tras terminar el saludo, dirigiéndose a Izuku con una mirada de ojos rojos menos belicosa que la de Katsuki.

—Midoriya —se presenta Izuku, tartamudeando—. Izuku Midoriya.

—¡Oh! ¡Por fin lo has traído, Katsu!

—¡Que no me llames Katsu, pelopincho!

—Querría decir que Katsu nos ha hablado mucho de ti, pero lo cierto es que te esconde con mucho celo.

—¡Eso no es cierto! ¡No lo escondo! ¡Y deja de agobiarle! —Katsuki va soltando las frases como si fuesen ladridos, empujando a Izuku dentro de la habitación iluminada. El chico hace un gesto cortés para invitarlos a pasar, apartándose del umbral.

—Katsu, si no se le llega a escapar a Shouto, no nos habríamos enterado de que estabas saliendo con alguien.

—Aunque he de decir que yo ya sospechaba algo —presume la chica.

—Eso es cierto —la apoya el chico, apoyando una mano grande en su hombro y estrechándola contra su cuerpo—. Mina siempre ha sido la más avispada del grupo para verlo.

—¡No os importaba! —Izuku los mira a la vez que hablan, moviendo la cabeza de uno a otro, igual que en un partido de tenis, un poco desconcertado por la sincera alegría, entusiasmo y cortesía de los dos desconocidos, a pesar del aparente malhumor de Katsuki—. Sabía que os ibais a poner así, en plan mamá gallina. El medio hielo es mejor para eso. A veces tiene ideas idiotas por culpa de las películas románticas, pero no mete las narices donde no le llaman.

—Oh, no te preocupes, cariño —dice la chica, dirigiéndose a Izuku, al adivinar por su rostro asustado que no está muy seguro de lo que está ocurriendo—. Katsu tiene un carácter irascible, pero este es su comportamiento más habitual cuando está nervioso y ansioso. Supongo que, en realidad, le hace mucha ilusión que te conociésemos y le angustia la posibilidad de que no nos caigas bien.

—Hablas demasiado, mapache —gruñe Katsuki, interrumpiéndola con una mueca feroz que muestra todos sus dientes—. Estoy completamente sudado, hacía demasiado calor en esa maldita discoteca. Voy a asearme. Tú no me lo agobies a preguntas —masculla en dirección a la chica, antes de desaparecer por la puerta del pasillo con la familiaridad de quien conoce perfectamente el sitio donde está.

—Pero… —Izuku, viéndose repentinamente a solas con ambos desconocidos, se encoge sobre sí mismo y sonríe tentativamente. Bajo la brillante luz de la habitación, puede verlos mejor.

El chico, más alto que Izuku y tan ancho de hombros como Katsuki, sonríe con una hilera de dientes puntiagudos. Sus ojos rojos hacen juego con el color de su cabello, largo y recogido en una cola de caballo por detrás de la nuca. No lleva camiseta y va descalzo, con sólo unos pantalones cortos de deporte. Tiene los pectorales y los brazos completamente cubiertos de tatuajes, que suben hasta el cuello y se pierden en la cintura del pantalón hasta reaparecer por el muslo derecho hasta el tobillo. Sus manos son grandes y toscas y lleva piercings en multitud de lugares. Antes de apartar la vista de él para mirar a la chica, Izuku llega a contar al menos quince: siete en las orejas, dos en las cejas, uno los labios y otro en la barbilla, aros en ambos pezones y bajo la nariz y uno más en el ombligo, además de una dilatación no muy grande en el lóbulo de la oreja derecha.

—Mina Ashido —se presenta la chica, alegre, con voz cantarina—. Ya que Katsu es un maleducado incapaz de hacer las presentaciones, será mejor que las hagamos por nuestra cuenta.

Ella es más baja, tanto como Izuku. A la luz se intensifica el color rosa oscuro de su pelo, una cresta alborotada y alta con los laterales rapados, y el rosa pálido de la piel. Sus ojos son negros y hacen destacar los irises rosas, que brillan dándole cierto aire travieso. Dan la impresión de reflejar una gran profundidad y son diferentes de cualquier otro tipo de ojos que Izuku haya visto hasta ahora, que desea poder apuntar la particularidad de ese Don físico en una de sus libretas de análisis. También va escasamente vestida, sólo lleva un sujetador y un pantalón deportivos que dejan su abdomen y las piernas al aire.

—Yo soy Izuku Midoriya. Encantado —repite Izuku con una reverencia cortés, intentando fijar la vista en el rostro de la chica cuando vuelve a incorporarse, avergonzado por estar ahí, de pie con naturalidad, junto a una chica en ropa que podría considerarse interior, pero es incapaz de apartar la mirada de los tatuajes que también la cubren a ella en hombros, abdomen y muslos. Lleva las orejas perforadas, con multitud de anillos y un piercing en la aleta de la nariz, otro en la comisura del labio y uno más en el ombligo.

—¿Te gusta? —Izuku alza la mirada, sonrojado. No se ha dado cuenta de que había apartado los ojos de su rostro. Turbado porque Ashido se haya percatado de su detenido examen, asiente con torpeza y aparta la vista, clavándola en el perchero donde Katsuki ha colgado su sempiterna chaqueta antes de abandonar la habitación.

—Yo soy Eijiro Kirishima, pero puedes llamarme Ei —dice el chico alto, sonriendo con franqueza, salvándole del embarazoso momento.

No sabe si por el azoramiento o porque la habitación está muy caldeada en contraste con el frío exterior, Izuku, que todavía lleva puesto el abrigo, está empezando a sudar. No comprende por qué hace tanto calor, aunque eso justificaría por qué Kirishima y Ashido llevan tan poca ropa. Izuku intenta no mirar obsesivamente, a pesar de que siente mucha curiosidad por saber si el tatuaje que cubre prácticamente la mitad del cuerpo de Kirishima es todo un gran dibujo unificado, pero no quiere parecer alguna clase de pervertido, teniendo en cuenta lo importante que ha resultado ser para Katsuki traerle a que le conozcan. Además, la desnudez de ambos le avergüenza y ya no sabe dónde posar la mirada sin parecer descortés.

—Puedes mirar sin problema —dice Kirishima afablemente, adivinando el dilema de Izuku. Ashido, al ver lo abiertos que Izuku tiene los ojos por la sorpresa y la curiosidad, suelta una carcajada.

—Yo… ¡Lo siento! —se disculpa Izuku, azorado al verse descubierto.

—No importa, estoy acostumbrado —se ríe Kirishima, mostrando de nuevo toda la hilera de dientes puntiagudos.

La curiosidad acaba venciendo a la timidez inicial de Izuku y, cuando regresa del cuarto de baño unos minutos después, con la camiseta en una mano y secándose con una toalla que lleva en la otra, Katsuki encuentra a Izuku examinando de cerca los tatuajes de Kirishima, que se extienden también por gran parte de su espalda y hombros. Lleva el pecho al descubierto, los pantalones desabrochados, sin calcetines, y la humedad de su piel y pelo revela que se ha duchado.

—¡Tú! ¡Pelopincho! ¡Deja de aprovechar que no estoy para intentar impresionarlo! —dice, empujando a un lado a Kirishima y situándose junto a Izuku, que estaba rozando con las yemas de los dedos las líneas de uno de los tatuajes del pecho de Kirishima, un enorme pez koi, mucho más detallado y esmerado que el estilizado tatuaje que lleva Katsuki, de estilo japones sobre un colorido fondo de peonías que conecta directamente con el dragón dorado de estilo oriental que se extiende por el brazo derecho hasta los nudillos de la mano. Tiene otro dragón, uno de agua, en una de las clavículas, que simula enroscarse alrededor de esta con un efecto visual en tres dimensiones gracias a los espacios en blanco de las partes que deberían estar ocultas por el hueso. Al verlo, Izuku comprende las palabras que había pintadas en la entrada, a modo de letrero.

—Está bien, está bien… —dice Kirishima, conciliador, levantando ambas manos.

—¡Katsuki! —protesta Izuku, con una carcajada al ver que el aparente malhumor de Katsuki se despeja en la sonrisa de medio lado que lo caracteriza, comprendiendo que se ha relajado y que la broma debe formar parte de la dinámica habitual entre ellos.

—Es un presumido, eso es lo que es. Hace eso con todo el mundo, no vayas a creerte lo contrario. Es un exhibicionista —masculla Katsuki, tirando su camiseta en un rincón y pasándose la toalla por el cuello desnudo y sujetándola con ambas manos, con aire retador.

—El tatuaje es una pasada. —Izuku repasa por última vez los detalles de la cola del dragón en el hombro de Kirishima antes de mirar a Katsuki, que lo observa con una sonrisa maliciosa y los ojos entrecerrados—. Lo siento, me he tomado demasiadas confianzas.

—No digas tonterías, Midoriya. Voy a preparar el material, ¿vale, Katsu? Échame una mano, Mina, por favor. —A Katsuki no le da tiempo a protestar, porque Kirishima y Ashido ya están dirigiéndose a un lateral de la sala, dándoles cuidadosamente la espalda para proporcionarles un poco de intimidad.

Relajándose un poco por primera vez, Izuku por fin mira a su alrededor para algo más que desviar la vista, fijándose en los detalles. Es una habitación grande y diáfana, con numerosos fluorescentes y lámparas que proporcionan una intensa luz artificial. Hay ventanas, pero tienen espesos cortinajes que ahora están cerrados, impidiendo que se vea el interior desde fuera. Hay sillones, cómodos para tumbarse y sentarse y regulables en altura, así como taburetes de trabajo, material punzante pulcramente ordenado en estantes y mesas y múltiples dibujos de diseños de tatuajes por todas partes.

—¿Es un estudio de tatuajes? —pregunta Izuku, mirando a Katsuki, que sujeta ambos extremos de la toalla con las manos.

—El Ryūjin Studio. Creo que la idea nació la noche en que me gradué en la U.A. y conseguí mi licencia de héroe. Lo primero que hice fue buscar un lugar donde hacerme un tatuaje para celebrarlo —dice Katsuki, mirando a su alrededor y sonriendo con nostalgia—. Llevaba tiempo queriendo hacerlo y me pareció… no sé, una idea jodidamente genial. Que era el momento y el motivo adecuados. Shouto, Mina y Ei vinieron conmigo, por supuesto. Ellos se graduaron al mismo tiempo que yo y nos hicimos muy amigos durante el tiempo que estuvimos en la U.A.

—¿Son… héroes profesionales? —Katsuki asiente, con una sonrisa.

—No puedo creer que recuerdes nítidamente mi enfrentamiento con Shouto en el festival deportivo y no a ellos dos, que iban en mi equipo y también clasificaron para los duelos —se burla Katsuki, pero Izuku ya ha conseguido hacer memoria. Ha visto aquella edición del festival decenas de veces, pero los tatuajes, piercings, los peinados y la diferencia de edad lo han despistado.

—Él era el que se endurecía. Red Riot. Y ella… secretaba ácido, eso es. ¿Pinky?

—Correcto. En realidad, Midnight le hizo cambiarlo cuando lo eligió. Ella quería ser Ridley, the Alien Queen.

—¿En serio? Eso explica por qué os lleváis tan bien —se burla Izuku, que no conocía ese dato y ahora está deseando apuntarlo—. ¡Tengo notas sobre ellos en una de mis libretas! Iban… Parecen muy diferentes…

—Han pasado diez años. Y el pelopincho ahora se ha dejado melena y se peina en coleta, aunque siga tiñéndose de rojo, y ella se ha cambiado el look totalmente, por reconocible que sea su aspecto. Los dos se dedicaron un tiempo a ejercer —añade en voz baja Katsuki. Izuku tiene ahora la impresión de que Kirishima ha notado que Katsuki quiere hablar con él a solas y por eso se han apartado, dejándoles un poco de intimidad—, pero después la regularización de los héroes por parte de la Comisión tras el retiro de All Might, las agencias para las que trabajaban acabaron cerrando al cabo de un par de años y decidieron reinventarse. Ellos eran de Chiba, pero prefirieron quedarse aquí y acabaron comprando esta casa y remodelaron la parte inferior para instalar su negocio.

—¿Tus tatuajes te los han hecho ellos? —pregunta Izuku.

—Mina —dice Katsuki, señalándola discretamente—. Ella es la que hace los tatuajes. Ei también sabe tatuar, claro, pero lo hace con tatuadora eléctrica. Es Mina quien está especializada en el irezumi con técnica tebori, la que se curra los diseños y la que tiene talento creativo es ella. Ya te dije que había sido ella quien había elegido los que llevo yo. Aunque yo llevo de los dos, claro. Me utilizaron de conejillo de indias.

—¿Cuáles son de cada uno? —pregunta Izuku, incapaz de contener la curiosidad.

—El black out y los tribales son de Eijiro, aunque uno de ellos lo diseñó Mina. Los irezumi son de ella, hechos con la técnica tebori. Es una verdadera artista. Por eso no decido lo que quiero tatuarme, dejo que sea ella la que elija cuando me apetece hacerme uno. Las carpas koi, por ejemplo, son de una etapa obsesiva que tuvo hace unos años, todo el que entraba aquí se llevaba una tatuada. Son todas diferentes, ninguno tenemos una igual a las del resto.

—¿Cómo llegaron…? —Katsuki se encoge de hombros, adivinando el resto de la pregunta.

—Les gustó tanto la primera experiencia aquella noche tras graduarnos, que acabaron metidos en este mundo y se profesionalizaron al retirarse como héroes. Los cuatro tenemos el mismo. Es de mala calidad, porque fuimos a un antro barato, pero nunca lo hemos retocado. —Katsuki le muestra la cara interior de la muñeca, el tatuaje que Izuku ya ha visto tantas veces que le resulta familiar. Izuku posa las yemas de sus dedos sobre él. El primero, el único que no le han hecho sus amigos. Está desvaído, a pesar de que sólo tiene líneas negras. Katsuki va enumerando los elementos—. Una de mis granadas, el engranaje era por las hombreras del traje de Ei, la explosión de líquido simboliza el ácido de Mina y la llama helada es Shouto, por supuesto.

—Claro, una llama helada, tendría que haberlo imaginado —murmura Izuku para sí mismo, que no lo había comprendido la primera vez que lo vio, cuando Katsuki le había confesado que era el único que tenía algún significado simbólico, comprendiendo que ese es el primer tatuaje que se hicieron los cuatro.

—A veces vengo a tatuarme o ponerme algún piercing. —Izuku se muerde el labio, conteniendo la pregunta, pero Katsuki se ríe—. El piercing de la lengua, justo cuando terminó la mierda de la Liga de Villanos. A modo de catarsis. La mayoría de las veces sale sin planificarlo, si estoy por aquí de visita o quieren probar un diseño, una tinta o un nuevo modelo de pendiente. Shouto también lleva algunas cosas de ellos.

—¿Entonces no sólo tatúan? —Katsuki niega con la cabeza.

—Algunos de los piercings que me han hecho no los conservo por quitármelos y cerrarse el agujero, como el que tenía en la nariz o el de la barbilla. Los tatuajes me los repasa Mina cada vez que lo considera necesario, sobre todo los de Ei, que pierden color más a menudo. Creo que mi sudor tiene que ver con ello. Ven, te enseñaré la planta baja. —Katsuki lo toma de la mano y lo guía a través del pasillo. Las puertas cerradas dan a un amplio cuarto de baño con ducha, lleno del vaho por el agua caliente que debe haber utilizado Katsuki unos minutos antes, un pequeño estudio de fotografía que Ashido utiliza para desarrollar la afición que tiene por ese arte, una diminuta cocina y unas escaleras que conducen a la planta superior, donde Katsuki le indica que están las habitaciones donde Kirishima y Ashido viven. Mientras, sigue hablando, más locuaz de lo que ha estado en toda la noche—. Tatuarme o perforarme cada vez que quiero celebrar algo es ya una costumbre. La mayor parte de las veces da igual el qué, aunque no tenga relación. Simplemente hay cosas que me gusta poder recordar cuando me miro al espejo.

Al volver a la sala que utilizan como estudio principal para tatuar y perforar, Kirishima y Ashido los observan de reojo con una sonrisa, sin atisbo de disimulo. Katsuki los ignora, mostrándole el espacio donde Ashido tatúa y le permite hojear los portafolios con los diseños que esta ha realizado y que están a disposición de los clientes que quieran elegirlos.

—No hace el mismo diseño a dos personas. La mayoría prefieren que sea ella la que elige. Otras, seleccionan uno de catálogo disponible. Algunas quieren cosas concretas y se las encargan, por supuesto o prefieren pagar por sus diseños a otres artistas, pero esos son los menos. Cada estudio se especializa en algo diferente y acudes a uno u a otro según lo que busques —le explica Katsuki, implicado en su papel de cicerone.

—Molan un montón —dice Izuku, mordiéndose el labio, impresionado. Está tan distraído mirando los diseños de Ashido, que casi no se da cuenta de que Katsuki está tirando de su abrigo para quitárselo.

—Debes estar asándote, Deku idiota. —Sonrojado, Izuku asiente. Es cierto que tenía mucho calor, sólo que no se ha atrevido a quitárselo antes, porque el tamaño de la camiseta delata de quién es—. Siempre necesitan una buena temperatura aquí, es habitual que la gente vaya con poca ropa si se va a tatuar toda la espalda, por ejemplo.

—Pero hoy no hay gente —dice Izuku.

—No la hay ahora, porque sabían que llegaríamos en algún momento, pero seguro que han atendido a algún cliente a primera hora.

—¿Primera hora? —pregunta, cayendo en la cuenta de que, como ha dejado caer Katsuki antes, el estudio debe funcionar por las noches.

—Tienen más clientela los días como hoy, pero les avisé de que veníamos y supongo que por eso no han agendado a nadie. Suelen hacerlo si saben que vengo a pasar la noche con ellos. —Kirishima y Ashido, los miran ahora con mucho más interés. Por su lenguaje corporal, Izuku intuye que están impacientes y quieren unirse a ellos de nuevo. Que, probablemente, es él el que despierta su curiosidad—. No los hagas caso, sabía que iban a ponerse un poco tontos cuando te conociesen, pero son buena gente.

—Les has hablado de mí. —No es una pregunta. Izuku se siente absurdamente feliz porque Katsuki les haya hablado a sus amigos de él, aunque le extraña no haber oído hablar de ellos antes.

—Poco. Y sólo porque Shouto es un bocazas. Dice que se le escapó, pero yo estoy convencido de que quería que se lo contase.

—¿Por qué no querías? —dice Izuku, preguntándose si hay alguna razón para ello. A él, Ashido y Kirishima le han parecido muy simpáticos.

—Sí quería —responde Katsuki, frunciendo el ceño—. Sabía que iban a comportarse como idiotas, eso sí. Va… en su carácter. Además, nos vemos poco, en realidad. Nuestros horarios son… poco compatibles. Ya ves que son búhos. Pero les hablé de ti hace semanas. Cuando… después de que te desmayases en el entrenamiento, en realidad. Shouto me cubrió en una patrulla, le expliqué por qué, y una noche que estábamos aquí, me preguntó delante de ellos qué tal estabas. Y no han dejado de asediarme a preguntas desde entonces, intentando averiguar quién eres y cómo nos conocimos.

—Y planeaste venir hoy.

—En cuanto supe la fecha exacta de tu examen, les dije que vendríamos esta noche.

—A celebrar. —Katsuki asiente, esbozando una de sus sonrisas ladeadas, presumidas—. ¿Tanta confianza tenías en que fuese a aprobar?

—Estaba seguro —afirma Katsuki, orgulloso—. Y me apetecía celebrarlo también aquí, además de con tus amigos. Y… bueno, presentarte a los míos. A Shouto ya lo conoces, pero ellos…

—Gracias por traerme, Kacchan —susurra Izuku, muy contento, comprendiendo cuál es el significado real de que Katsuki lo haya llevado hasta allí y por qué ha insistido tanto.

—No seas cursi —gruñe Katsuki.

—¡Ah! ¡Por eso no querías que bebiera! —exclama, cayendo en la cuenta. Katsuki resopla y pone los ojos en blanco—. Creí que era por… ya sabes, lo otro que hemos hecho antes de venir aquí.

—También —dice Katsuki, con los ojos brillando por la excitación al recordarlo—. Pero no quería que salieses de aquí con un tatuaje o un piercing sólo porque a tu borrachera le pareciese buena idea o que te sintieras presionado. No te he traído para que te hagas un piercing o un tatuaje, y Mina puede llegar a ser muy persuasiva, necesitabas estar en pleno dominio de tus capacidades. —Se ríe entre dientes. Izuku sonríe también, escuchando en sus palabras el cariño que le tiene a sus amigues—. Tampoco quiero decir que no puedas hacértelo. Si quieres, adelante, pero no es necesario que creas que debes porque yo sí me lo haga. Sólo…

—Querías compartir esto conmigo, algo que te gusta. Y presentarme a tus amigos —completa Izuku, comprendiendo.

—Y celebrar tu licencia.

—¿Eso quiere decir que te vas a hacer algo esta noche? — Katsuki asiente, y su sonrisa ladeada pasa de presumida a satisfecha consigo mismo—. ¿El qué?

—Volvamos con ellos y lo verás —dice Katsuki ferozmente, enseñando los dientes en una mueca que hace que Izuku se excite y, al mismo tiempo, especule qué va a tatuarse y dónde.

Regresan junto a la pareja, que no han dejado de observarlos con curiosidad todo el tiempo y los reciben con una sonrisa. Katsuki y Kirishima se embarcan en una conversación sobre cosas cotidianas y anodinas, poniéndose al día. Su forma de interactuar hace patente lo antigua y fuerte que es la amistad que los une. Izuku les presta atención al principio, más cómodo que antes, pero Ashido lo monopoliza al cabo de unos minutos al mostrarle algunas de sus creaciones artísticas. Acaba sentado en uno de los taburetes que utilizan para tatuar a los clientes, con un álbum de diseños y otro de fotografías entre las manos. Es algo que le interesa más de lo que esperaba. Su trabajo desarrollando nuevos objetos de soporte tiene parte de sensibilidad artística, de que la herramienta, además de útil sea estética y la fase de dibujo del diseño es importante. Y ahora Izuku puede reconocer a alguien que tiene verdadero talento para ello.

—Ay, eres monísimo —dice Ashido, al cabo de un rato. Está sentada frente a él, apoyando las manos en la barbilla y contemplándolo.

—Eh… ¿Gracias? —Izuku se sonroja y no sabe qué contestar. Nunca se ha tenido por un chico guapo, ni mucho menos. Tampoco feo. Sólo… normal. Del montón.

—¡Y llevas su camiseta! Te queda enorme, pero te hace parecer todavía más mono —insiste Ashido, entusiasmada. Ha abierto un bloc de dibujo y tiene un trocito de carboncillo en la mano que mueve con rapidez sobre el papel, alternando la mirada entre este e Izuku.

—La mía se ha… —Izuku se detiene a tiempo, ruborizándose. No termina la frase, pero a Ashido no parece importarle.

—No habría imaginado que Katsu tenía un gusto tan exquisito.

—¿Eh? —Ashido no ha dejado de dibujar en su bloc. Izuku se debate entre concentrarse en la conversación y bajar la mirada hacia el boceto que la chica está haciendo de él en apenas unos trazos, firmes y seguros.

—Al fijarse en ti como pareja, quiero decir.

—¿El resto que ha traído aquí no eran como yo? —pregunta Izuku, distraído por cómo se mueve el lápiz de carboncillo de Ashido y lo certero que es el retrato. De hecho, al verlo, incluso al revés, puede notar que le ha crecido más el cabello de lo que creía. A pesar del estilo realista, pude reconocer su estilo mientras aboceta, similar al que ve en los diseños del portafolio que tiene abierto en las rodillas. Y en varios de los tatuajes de Katsuki. Está a punto de reconocer en voz alta lo buena que le parece como artista cuando la risita de Ashido le devuelve a la realidad y a la pregunta que ha hecho—. Lo siento, en realidad no… No he debido preguntar eso. No es que me importe, claro que Katsuki habrá tenido sus novios o novias, en realidad no es algo relevante, ni me supone ningún problema, es…

—Izuku, cariño… —lo interrumpe Ashido con una enorme sonrisa en la cara, riéndose todavía. Lo que Izuku no sabe es si se ríe de él o de lo que ha dicho. La sensación de vértigo e incomodidad le muerde el estómago; no sabe si la ha fastidiado con los amigos de Katsuki quedando como un psicópata celoso, cuando en realidad sólo ha sido curiosidad desconcertada suscitada a raíz del comentario de Ashido sobre lo «mono» que es—. Eres el primero que nos presenta.

—No quería decir eso, estaba pensando en… En realidad, Katsuki sí me ha contado… No me importa, en cualquier caso —tartamudea Izuku, tratando de arreglarlo, pero Ashido sigue hablando sin perder la sonrisa.

—A Katsu no le han faltado pretendientes nunca, a pesar del carácter de mierda que tiene. Y estoy segura de que se ha besado con gente y ha tenido sus cosas, una es un poco bruja y sabe de esas cosas —dice Ashido bajando la voz, en tono conspirativo—. Pero eres el primero del que nos ha hablado y al que nos ha presentado. Le importabas lo suficiente como para ponerse nervioso por traerte aquí. Esconderte sí casa más con su carácter, la verdad, hay que perdonárselo.

»Debes ser muy especial para él. El otro día llamó a Ei y nos puso a ambos en videollamada de grupo para avisarnos que hoy a lo mejor venías con él y amenazarnos con que no se nos ocurriese asaltarte con una aguja. Lleva desde entonces inaguantable, el pobre, supongo que le daba miedo que no aprobásemos su elección —añade, sonriendo con simpatía. Incómodo por estar hablando de él, Izuku mira de reojo a Katsuki, que parece discutir de algo con Kirishima, a juzgar por cómo frunce el ceño, aunque el otro chico contesta con serenidad y una sonrisa.

—Porque le gusta celebrar las cosas aquí. —Ashido asiente, confirmando las palabras de Katsuki. Izuku no sabe por qué está contándoselo. No duda de Katsuki, ni tampoco le importa si ha tenido parejas antes. Es sólo que de repente tiene una ventana al Katsuki amigo, al que ve cuando interactúa con Shouto, no el héroe Dynamight ni su novio Kacchan. El Katsuki que existía antes de que él entrara en su vida y eso despierta su curiosidad insaciable.

—Sí, pero no nos ha dicho qué celebra hoy. Aunque supongo que tiene que ver que por fin se haya atrevido a traerte aquí —dice Ashido, bromeando en tono insinuante.

—Mi licencia. Como héroe profesional —admite Izuku, sonrojándose.

—¡Enhorabuena! —Ashido aplaude celebrando—. Katsu, ¿cómo no nos habías dicho que estaba a punto de profesionalizarse como héroe?

—Pero si te mandé los bocetos —responde Katsuki, interrumpiendo su conversación con Kirishima, que está sacando de un cajón varias cajas que contienen material punzante esterilizado.

—¿Eran suyos? ¡No me dijiste que eran de tu novio! ¡Ni siquiera habría sabido que tenías novio si no hubiese sido porque se le escapó a Shouto! —Izuku está a punto de preguntar a qué bocetos se refieren, pero Katsuki se adelanta.

—¡Claro que no dije nada! ¡Si te lo hubiera dicho me habrías interrogado! —responde Katsuki, frunciendo el ceño. Ashido, en cambio, no pierde la sonrisa, incluso aunque su tono ha sido de reproche, como si estuviese discutiendo con un niño pequeño enrabietado.

—No te preocupes, ellos siempre hablan así, pero ninguno está enfadado —dice Kirishima, sonriendo con sus dientes puntiagudos. Una sonrisa que debería ser atemorizante y, sin embargo, transmite calma. Katsuki está vociferando algo sobre que Ashido debería haber intuido de quién estaba hablando, pero Izuku no se entera bien—. Enhorabuena por la licencia. Debo confesar que me habías parecido más mayor.

—Tengo veintidós años —confiesa Izuku, azorado, al darse cuenta de que Kirishima está pensando que acaba de cumplir los dieciocho, la edad más habitual para examinarse de quienes estudian en las academias como la U.A o Shiketsu.

—¡Es genial que hayáis venido a celebrarlo! —Ashido vuelve a enfocarse en Izuku—. Ei y yo obtuvimos la licencia al mismo tiempo que Katsu y Shouto y también nos hicimos nuestro primer tatuaje para celebrarlo —dice, mostrándole uno idéntico al de Katsuki en su tobillo.

—Dijimos que nada de asaltarlo con agujas, mapache —masculla Katsuki, entornando los ojos, pero la chica le ignora, haciendo un gesto con la mano para descartar su comentario.

—Entonces, ¿ese brazo es tu Don? —pregunta Ashido, curiosa. El rostro de Katsuki se endurece, quedando inexpresivo. Izuku comprende que la chica no ha querido preguntarle antes para no ser indiscreta, pero que se moría de curiosidad y no ha preguntado con mala intención, pero es la primera vez desde que acabó la guerra contra la Liga de Villanos que tiene que explicar su falta de Don. En los últimos meses, se ha movido en círculos donde todo el mundo lo sabe y, si cabe, le admiran por su determinación.

—Yo… En realidad… No tengo Don —tartamudea, un poco agobiado. Antaño, declararlo públicamente era salir de un armario donde se asfixiaba, pero cuya seguridad no quería abandonar. Tenía que hacerlo constantemente, en diferentes ámbitos de la vida, y cada una de esas veces era un golpe a su autoestima, un recordatorio de que algo no estaba bien en él. Ahora, en cambio, se siente diferente. Sigue siendo extraño y un poco incómodo y habría preferido que Katsuki no lo hubiese ocultado, pero se siente más como un trámite. Y supone que, gracias a los programas de antidiscriminación y los cambios que se están produciendo a nivel social, cada vez será más fácil, natural y menos agridulce.

—Oh, Katsu… —La voz de Ashido suena compasiva. Katsuki ha agachado la cabeza, ruborizado, y frunce el ceño—. ¿Por eso no nos lo habías dicho y evitabas hablarnos de él? Eres un idiota, pero no íbamos a burlarnos de ti por eso.

—No era por mí —gruñe Katsuki. Izuku lo comprende entonces. Las conversaciones en las que le ha confesado no haberse portado bien con otras personas sin Don vuelven a su mente. «Katsuki temía que se lo recordasen y que, sin darse cuenta, me hiciesen daño a mí al convertirme involuntariamente en objeto de burla», concluye, mordiéndose el labio. Kirishima, que no ha intervenido hasta ahora, está escrutándolo con la mirada, como si pudiera ver a través de él, hasta que asiente para sí mismo.

—Eres el chico de la televisión. Uno de los que iba con Katsu cuando peleabais contra la Liga de Villanos. No te había reconocido porque antes llevabas el pelo muy corto, casi rapado y no tenías brazo. —Kirishima hace una pausa casi imperceptible, como si temiese estar siendo ofensivo—. Os vimos por la televisión. Si no fuimos a ayudaros en Tokyo, fue porque creíamos que ya estaba todo solucionado tras vencer a la Liga de Villanos, no podíamos creérnoslo cuando os vimos destapar aquel pifostio.

—Claro, tendríamos que haber nos dado cuenta, Ei —dice Ashido—. Es el único momento en el que Katsu ha podido conocer a alguien en los últimos meses sin que nos enterásemos.

—Eso es lo que te estaba diciendo antes —masculla Katsuki, en un tono más suave que el que ha utilizado el resto de la noche, como si ahora que están las cartas visibles en la mesa se hubiese relajado.

—Podrías habernos dicho igualmente que era él, me habría hecho mucha ilusión saberlo —contrataca Ashido, sin rendirse.

—También hemos oído hablar de los cambios que se han impulsado gracias a ti y tus compañeres y estamos siguiendo con interés los pasos que está dando el gobierno en esa dirección —dice Kirishima, mirando a Izuku con admiración, que aprieta los labios, incómodo por tanta atención y los elogios a algo que él hizo sólo porque creía que era lo correcto.

—¿El brazo sustituye tu Don, entonces? —pregunta Ashido, todavía curiosa. Izuku se encoge de hombros, pero Katsuki niega.

—El brazo sustituye su brazo —dice Katsuki, seco y conciso—. Lo perdió peleando contra Spinner, protegiendo a un niño pequeño, cuando peleamos defendiendo Musutafu.

—¡Oh! Y entonces…

—¡Te dije que no lo agobiases a preguntas, joder! —exclama Katsuki, exasperado.

—¡No lo he agobiado a preguntas! ¡Sólo estamos hablando! —se defiende Ashido, frunciendo el ceño.

—¡Yo no lo veo hablar, precisamente! —Izuku, que ha estado callado, porque no está seguro de cómo intervenir en la conversación. Ya entiende a qué se refiere Kirishima con que Katsuki y Ashido tienen una dinámica propia al interactuar, pero a pesar de lo que ha dicho hace un momento, sí le parece que estén discutiendo, pues Ashido ha perdido la sonrisa serena y Katsuki tiene un rictus hosco en el rostro.

—Katsu, ¿empezamos? Ya tengo el material preparado —dice Kirishima, interrumpiéndolos.

—Sí —asiente este, acomodándose en el butacón, similar al de una consulta de dentista. Kirishima se desinfecta las manos antes de ponerse unos guantes de látex con la pericia de quien lo hace a menudo y empieza a sacar el material que ha preparado de sus envoltorios estériles.

—Izuku… yo no pretendía… Sólo quería saber, me pareció una pregunta normal —dice Ashido, que parece un tanto avergonzada, todavía dando vueltas en su cabeza a la situación.

—Mina… —advierten Kirishima y Katsuki al unísono, pero la chica niega con la cabeza.

—No, Mina no. ¿Por qué no nos lo contaste, Katsu? —El tono no es acusador ni agresivo. La chica parece un poco dolida.

—No es relevante. Ha conseguido su licencia de héroe, quería celebrarlo con él y con vosotros como siempre he celebrado las cosas y, además, presentároslo y que os conocieseis. —Katsuki dice esto mirando a Izuku a los ojos, pero este agacha la cabeza, apartando la mirada. No pretendía provocar una discusión entre Katsuki y sus amigos.

—No, no lo es. Tienes razón —dice Ashido, poniéndose en pie y elevando la barbilla en un gesto orgulloso—. Es un chico precioso y simpático. Y a juzgar por lo que dices, valiente y determinado. Por eso me habría enfadado mucho que te avergonzases de él.

—¡Si me avergonzase de él no lo habría traído aquí, ostias! —exclama Katsuki, elevando el tono de voz.

—¡Eh, tengamos la fiesta en paz! No pasa nada. —Kirishima intercede entre los dos y luego se fija en Izuku, que mira alternativamente a Ashido y Katsuki, asustado—. Eh, chico. Izuku. No pasa nada. En serio, estos dos siempre están a la gresca entre sí, ya los irás conociendo. Tienen formas diferentes de ver el mundo, nada más.

—Lo siento mucho si te he dado la impresión equivocada —dice Ashido, dirigiéndose a Izuku—. Ei y Katsu tienen razón. No era relevante. Supongo que, poco a poco, nos iremos acostumbrando a que las viejas preguntas ya no tienen cabida y que pueden herir a otras personas. —Mira a Katsuki, que ha suavizado la expresión—. No te enfades, Katsu, es… Curiosidad. Me hace mucha ilusión conocer a tu novio, porque si es especial para ti, lo es para mí.

—Es cosa de él y de nadie más —gruñe Katsuki, aunque parece aplacado por las disculpas de Ashido—. Y ya lo sé, mapache. Debí haberos contado antes. Shouto tenía razón. Como siempre.

—Por supuesto —dice la chica, todavía orgullosa. Kirishima, percatándose de que tanto Izuku como Katsuki y Ashido tienen los sentimientos a flor de piel, se gira, dándoles levemente la espalda, con la excusa de revisar algo del instrumental. Ashido sujeta la mano de Katsuki, dándole un apretón cariñoso, y luego recoge los blocs y portafolios para regresarlos a la otra zona la dominada por álbumes e ilustraciones de tatuajes.

—No quiero causar problemas —murmura Izuku con tristeza. Le apena que su mera presencia haya provocado un problema entre Katsuki y sus amigos.

—Esto no es problema tuyo, nerd, deja de sentirte culpable. —Katsuki se relaja visiblemente, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá—. En todo caso, yo debería haberles hablado de ti antes, en lugar de ser un idiota que no sabe manejar sus sentimientos. A lo mejor así no habría estado a la defensiva cuando Mina se ha comportado como lo haría cualquier persona.

—Eso sí que habría sido una novedad —bromea Kirishima, casi para sí mismo. Katsuki se ríe entre dientes.

—Supongo que tendré que enfrentarme a estas situaciones a menudo —asiente Izuku, encogiéndose de hombros—. En realidad, llevo haciéndolo toda la vida. Cada vez habrá menos gente que se sorprenda. Menos reacciones negativas que temer. Ya ocurre, creo, es sólo que últimamente no… no he tenido que decírselo a nadie, por eso me ha pillado por sorpresa. No tendría que haberme agobiado tanto. Lo siento.

—Eso también ha sido culpa mía. Debería haber dejado que tú lo gestionases a tu manera, pero…

—Son tus amigos. Y te preocupaba que no me tratasen bien, que no me sintiese cómodo. —Katsuki aprieta los labios. Kirishima pone los ojos en blanco, niega con la cabeza y suspira.

—Y al final el que ha conseguido que te sientas incómodo he sido yo.

—La vida es dura —dice Kirishima.

—Calla, pelopincho —dice Katsuki, sin mucha fuerza. Izuku se queda ensimismado, porque tampoco está seguro de querer ir esgrimiendo su pelea contra Spinner y sacar a relucir a Katsuma cada vez que alguien le pregunte por su brazo ausente—. —Eh… nerd…

Izuku levanta la mirada hacia él. Katsuki está sonriendo amablemente. No su típica sonrisa de medio lado, ni tampoco la jactanciosa cuando se ha salido con la suya. Es una sonrisa real, de las que Izuku apenas ve demasiadas y que duda que, aparte de sus mejores amigos y sus padres, el resto de personas haya visto nunca.

—Ahora eres Deku y puedes rebozarles por la cara a todo el mundo que lo eres. Sin miedo al éxito. Y a quien le moleste que no tengas Don, que se joda. —Echa una mirada de reojo a Kirishima y otra, más larga, arrepentida, a Ashido—. Es una chica genial. Un poco metomentodo, le gusta saber cosas y se ha entusiasmado porque te he traído aquí. Porque se alegra por mí.

—Coincido. —Kirishima pone una de sus manos grandes y toscas, en el hombro de Katsuki, encima de uno de sus carpas koi—. Pero no está de más que se lo digas a ella.

—Es la mejor persona del mundo. Y le has gustado mucho.

—Ya imagino —dice Izuku, con los ojos empañados en lágrimas.

—¿Entonces por qué estás llorando ahora? —pregunta Katsuki, desesperado.

—Porque es muy bonito lo que has dicho —explica Izuku, emocionado—. Los quieres mucho, ¿verdad?

—Nos adora —dice Kirishima, con una carcajada—. Pero si lo dices en voz alta, reacciona como un crío maleducado.

—Cállate, pelopincho.

—Hace años que no llevo el pelo así peinado, Katsu —contesta Kirishima, siguiendo la broma en un juego obvio que ambos repiten a menudo.

—¡Que no me llames Katsu! —Kirishima se ríe, relajando el ambiente. Ashido también regresa, con otro bloc de dibujo y varios lápices de colores en la mano, y se sienta de nuevo junto a Izuku.

—Bueno, ¿va a empezar el espectáculo, o no? —pregunta, con una sonrisa maliciosa.

—Eres una voyeurista pervertida, no hay duda —dice Katsuki, pero Ashido se ríe también.

—No pensarás que me voy a perder echar un vistazo a eso, ¿no? Hasta Ei ha mencionado alguna vez cosas acerca de su tamaño —se burla Ashido, vacilando a Katsuki, que le responde con un bufido.

—Haz lo que quieras, pero si luego el de Ei no es suficiente para ti, no admito reclamaciones —responde Katsuki rápidamente, levantando las manos.

—¡Eh, que yo también tengo un tamaño respetable! Además, ni que la medida importase, ¿verdad, Izuku? —dice, dirigiéndose a Izuku para incluirlo en la conversación en una invitación clara a que se una al juego de bromas.

—¿Eh? ¿Qué? —Izuku ha seguido el intercambio con atónito interés, preguntándose si está interpretando bien el doble sentido con el que hablan o es alguna broma interna. Los tres se ríen con una carcajada que no tiene nada de burla.

—No le he contado qué es lo que me voy a hacer —aclara Katsuki, mirando a Izuku con una sonrisa maliciosa. Lentamente, se desabrocha los pantalones y se los baja, junto con los calzoncillos, hasta la mitad del muslo, dejando ver su polla reposando sobre los huevos. Izuku se ve en la contradicción de salivar inmediatamente y, al mismo tiempo, notar la garganta seca. Ashido se inclina hacia adelante, fingiendo examinar con interés clínico el pene de Katsuki.

—Bah, así no se puede determinar nada, lo que importa es cuando están a pleno rendimiento. —Kirishima se ríe entre dientes, sacando una aguja estéril de su envoltorio y encajándola en su cánula. No es hasta ahora que Izuku, abriendo los ojos de par en par, comprende qué va a hacer Katsuki y por qué nada más llegar se ha ido al cuarto de baño y se ha aseado. No ha sido una compulsión, sino higienizar la zona tras haber follado—. Pero eso habría que preguntárselo a Izuku, claro.

—Oye, sigue siendo grande incluso aunque no esté dura. Que yo sí se la he visto a tu marido —dice Katsuki, siguiéndole el juego y fingiendo estar a la defensiva.

—Puedo asegurar que es más que satisfactoria, cumple con todos los estándares requeridos —dice Izuku, uniéndose al intercambio de pullas. Ashido lo celebra con una sonora carcajada y un palmoteo, e incluso Katsuki sonríe de lado, satisfecho con su dictamen.

Kirishima comienza a trabajar. Con delicadeza, manipula el pene de Katsuki para desinfectar adecuadamente la zona, la aguja perforadora y la joya que va a utilizar después. Izuku se queda ensimismado, distraído por la forma en la que la polla de su novio crece de forma casi imperceptible por el manoseo.

—¿Te gusta la idea, nerd? —pregunta Katsuki con chulería. Izuku quiere contestar que sí, que la idea le encanta, pero es incapaz de encontrar su voz. Kirishima le muestra el piercing que va a colocar, enorme a los ojos de Izuku. Ashido estalla en otra carcajada al ver sus ojos abiertos de par en par y la sonrisa de Katsuki se ensancha.

—Recuerda que nada de sexo durante unas semanas —explica Kirishima, también con una sonrisa en la cara, mientras marca algunos puntos con tinta púrpura en el pene de Katsuki—. Ni siquiera pajas hasta que lo veas un poco curado, Katsu.

—¿Unas semanas? ¿Cuántas? —pregunta Izuku con la voz débil, sin conseguir contenerse. Ashido estalla en otra risotada.

—¡Este es mi chico!

—Al menos dos —dice Kirishima ensimismado en lo que está haciendo, sacando la lengua entre los dientes puntiagudos. La risa revolotea en sus labios también, pero está concentrado y, con pulso firme, presiona el glande de Katsuki para abrir la uretra e introducir una cánula delgada con una aguja que usa para perforar al lado del frenillo. Katsuki apenas da un ligero respingo y sólo un resoplido cabreado delata su dolor—. Mejor tres. Y luego, hasta que cure del todo, siempre con condón, para que no se infecte. Entre cuatro y ocho semanas —añade, adelantándose a la pregunta de Izuku.

—Tranquilo, nerd, todavía puedo chupártela, aunque no te la meta —se burla Katsuki al ver la cara de Izuku. Este, parpadeando, se da cuenta de lo gracioso de la situación y también se echa a reír, comprendiendo que Katsuki ha sabido en todo momento lo que iba a hacer y de ahí sus ansias por follar antes de llegar al Ryūjin Studio.

—El sexo oral cuenta como sexo —dice Kirishima, serio, mirando de reojo a Katsuki con un gesto de advertencia para que lo tome en serio.

—¿Acabas ya o qué, pelopincho? A ver si Mina va a ponerse celosa de que me toquetees tanto —responde Katsuki en respuesta. Izuku también se ríe, más cómodo con el intercambio de invectivas que se lanzan unos a otros.

—Idiota —dice Mina, aceptando la pulla. Al contrario que al principio, hace rato que no presta atención a lo que está sucediendo, garabateando en el bloc mientras lanza vistazos a su teléfono móvil de reojo.

—Sólo queda poner la joya. No te la quites hasta que no haya cicatrizado, ¿de acuerdo? Luego ya puedes venir y miramos uno que te guste más si este te resulta muy sencillo. —Kirishima mueve los dedos con pericia mientras coloca la joya.

—Eso ya lo sé, pelopincho. Es igual con todos, siempre me das la brasa —masculla Katsuki, pero Kirishima sigue, impertérrito. Izuku se inclina hacia adelante, curioso, para verlo más de cerca, dándole vueltas a cómo se sentirá follar a partir de ahora para ambos.

En total, apenas ha tardado unos minutos en hacerlo. El resultado es, como ha dicho Kirishima, sencillo. Una pequeña bola de titanio asoma por el frenillo de Katsuki, conectando por el interior del pene hasta el pequeño orificio de la punta del glande, donde otra bola lo cierra. Izuku tiene la imperiosa necesidad de tocar, de saber cómo se siente, qué ha cambiado, pero se contiene y se limita a observar cómo Katsuki admira su nuevo piercing y comprueba que su prepucio sube y baja correctamente, satisfecho.

—Va a sangrar los primeros días, sobre todo hoy. No te sorprendas si al llegar a casa hay mucha sangre, pero tampoco te preocupes. Para curarlo, sólo lávalo en la ducha y orina para que no se infecte. —repite Kirishima una vez más. Antes de que Katsuki se suba los pantalones, acomodándoselos con una sonrisa petulante en el rostro, le coloca varias gasas, envolviéndole la polla y recordándole de nuevo que va a sangrar en las próximas horas y que no debe asustarse si están empapadas cuando llegue a casa.


Notas:

- Ryūjin, "Dios Dragon", era el gobernante de mares y océanos y se lo describe como un dragón capaz de cambiar a forma humana. Vivía en el submarino Ryūgū-jō 龍宮 城 "castillo del palacio del dragón", donde guardaba las joyas de la marea mágica. (Fuente: la Wikipedia). No es sólo una referencia a Kiri dragón, sino también a la estética de Mina. Eligieron el nombre juntos.

- No tengo ni idea de si en Japón las ciudades crecieron tal y como he descrito Musutafu, la verdad. Me he basado en el entorno que conozco.

- Como imaginaréis, en este AU, el papel de Sero/Denki como parte del "bakusquad" ha sido tomado por Shouto. Algo lógico, por otra parte (TodocofBakucof xD). Sin embargo, ahora que Katsuki ha puesto sus "dos mundos" en contacto, estoy seguro de que ambos se integrarán con facilidad.

- Por supuesto, los cuatro tienen el mismo tatuaje. Katsuki, este sí lo sabemos, lo lleva en la cara interior de la muñeca. Mina en el tobillo, Shouto en el omóplato y Eijiro en el brazo, pero Izuku no lo ha visto porque la única ocasión en que lo ha visto sin ropa ha sido tras su estancia en el calabozo y, además, está completamente rodeado de otros tatuajes de estilo japones hechos por Mina y pasa desapercibido. La cosa es que esto iba a estar dentro de la narración, pero luego jamás encontré el momento de contarlo. Otra cosa que no cabía en la historia, por cierto, y que me quedé con ganas de contar es que Mina y Eijiro no se incorporaron al reclutamiento inicial, como otros héroes retirados, porque creyeron que entorpecerían más que ayudarían, no por desinterés ni falta de valentía. Creían, como Katsuki, que debían encargarse los héroes profesionales sin interferencias. Sin embargo, sí ayudaron en la recuperación tras el ataque a Musutafu, aunque Katsuki no se enterase en su momento, tanto a limpiar la ciudad como con las personas afectadas.

- Ahora sí, ya está toda la clase 1A (excepto Mineta, que no saldrá). Originalmente, Mina hacía su aparición allá por el capítulo 8, entre los integrantes del escuadrón de Katsuki. Estaba planeado que fuese parte del grupo (había tres chicos: Sero, Kaminari e Izuku, y tres chicas: Ochaco, Mei y Mina), pero se cayó por una pura cuestión de diálogos/acción, quedando sólo una mención de pasada (similar a la de Jiro, Aoyama, etc). En ese momeento, además, Sero era Kirishima en la narración. Fue cuando empecé a escribir este capítulo (antes de acabar el fic, de hecho) con Sero como protagonista cuando decidí que no, que sería Kirishima con Mina. Y en la corrección tuvieron que desaparecer del fic para quedarse aquí, 'al final de todas las cosas'.

- ¡Hoy hago tres años en FanFiction! Un día tal como hoy me registré en la web y un 17 de junio publiqué el primer capítulo (hoy desaparecido, porque lo borré y el segundo pasó a ser el primero xD) de Sanando el corazón.