Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
¡Hola! Otra semana más. Último capítulo de este pequeño vistazo a Kirishima y Ashido, aunque ahora que están presentados podremos referenciarlos más veces en los capítulos que quedan, jajaja. La semana que viene *guiño guiño* es el cumpleaños de Denki y de Hitoshi. Con apenas unas horas de diferencia, sí. Habrá que celebrarlo, ¿no? ¡Muchas gracias por leer y comentar!
Trigger warning: Sexo explícito. Masturbación, sexo semipúblico. Swallowing/Cum eating. Continúa el fetiche con los guantes de cuero. No hay descripción explícita de piercings y tatuajes, pero sí se mencionan.
CAPÍTULO EXTRA. RYŪJIN STUDIO (PARTE TRES)
Aunque ya hace varios segundos que Katsuki se ha abrochado los pantalones, Izuku todavía tiene la mirada clavada en ellos, ensimismado. Se lame los labios, con la boca seca por una excitación que se instala también de forma difusa en su estómago. Sobresaltado por una carcajada ronca de Katsuki, casi inaudible, levanta la vista y conecta una mirada con él, que se acomoda con petulancia en la butaca donde Kirishima lo ha perforado, sin intención de moverse de ella.
—¿Te duele?
—Por supuesto que no, nerd. —Katsuki lo mira con curiosidad y descaro, adivinando sus pensamientos reales. Concretamente, aquellos que tienen que ver con el ansia y la impaciencia de calcular en qué momento de las próximas semanas podrá probar por sí mismo el nuevo piercing de Katsuki. Una idea que lo atrae poderosamente y provoca que tenga que cruzar las manos sobre el regazo para disimular la incipiente erección de su polla.
Es Ashido, que sigue sentada junto a él, concentrada en su bloc de notas mientras Kirishima recoge el material, lo desecha y limpia con ahínco, quien al llamar su atención lo salva de tener que recolocarse los pantalones para disimular.
—Toma, Izuku. Me gustaría que echases un vistazo a esto —dice, entregándole una hoja que arranca de su bloc.
—¿Qué es? —pregunta Izuku, todavía mirando a Katsuki unos instantes más antes de volverse hacia Ashido.
—Katsu me envió algunas fotos con lo que estás pensando para el diseño definitivo de tu traje. Para que le echase un vistazo. No sabía que eran para su novio, claro —explica Ashido, fulminando con la mirada a Katsuki, que esboza una sonrisa de medio lado que casi podría parecer de disculpa.
—Pensé que a lo mejor un par de ideas artísticas de alguien que se dedica a ello profesionalmente podrían venirte bien —dice Katsuki, mirando a Izuku con intensidad, expectante por su reacción.
—El logo actual y la paleta de colores corporativa de Dynamight las he diseñado yo —dice Ashido, que sonríe ilusionada.
—El diseño de la rosa de los vientos también es suyo —aporta Katsuki, refiriéndose al tatuaje que adorna su omóplato derecho, uno de los que más le gusta a Izuku, aunque no sea del estilo tradicional japonés que parece caracterizar a Ashido.
—Uno de sus mejores trabajos, tengo que admitirlo —dice Kirishima, interviniendo en la conversación.
—En cualquier caso, creo que tu idea original iba muy bien encaminada —añade Ashido, tan entusiasmada como el propio Izuku cuando está diseñando un nuevo prototipo—. Tienes un gran sentido estético y se nota que dominas el lenguaje audiovisual.
—Está acostumbrado a diseñar. Se dedica a crear objetos de soporte también. Y es un nerd de los héroes profesionales —dice Katsuki, un tanto burlón.
—¡Kac-tsuki! —protesta Izuku, ruborizándose por sus inmodestas palabras y corrigiéndose justo a tiempo.
—Se nota la experiencia, desde luego —dice Ashido, ofreciéndole el boceto una vez más. Izuku todavía duda, antes de aceptarlo tímidamente.
—Pero yo… ahora mismo no tengo el dinero necesario para pagar un diseño. Ni siquiera un boceto. Quizá más adelante… —lamenta, apesadumbrado.
—Eso no importa ahora, nerd —dice Katsuki, frunciendo el ceño—. Además, ya estás ganando tu propio dinero, dentro de poco podrás disponer de él para invertirlo en esto.
—Todavía hay muchas cosas que pagar antes —musita Izuku, pensando en el material que todavía necesita para su equipamiento profesional, incluso dando por hecho que se ahorra el coste del diseño gracias a su faceta de inventor.
También, cómo no, en los gastos del hogar de los que desearía hacerse cargo, aunque sea por agradecimiento al enorme esfuerzo que ha hecho su madre durante todos estos años. Hay varios electrodomésticos en casa cuya vida útil se acerca al final y le gustaría poder reemplazarlos por otros nuevos y más modernos. Gracias a su trabajo en la agencia de Katsuki y a las, aunque todavía exiguas, regalías por la licencia de los objetos que ya ha registrado en el Ministerio de Héroes, Dones y Soporte, va a poder acometer sus proyectos más pronto que tarde, sobre todo cuando recupere la colaboración con Ingenium aplazada por los exámenes finales y la licencia profesional.
Por ello, todos los bocetos que ha dibujado del diseño de su traje y logotipo, ha sido con vistas al futuro, más empapados de ilusión que de la necesidad de verlo materializado cuanto antes. Crear una marca propia, más allá del registro inicial en el ministerio, requiere inversión propia, por eso muchos héroes comienzan trabajando para otra agencia y adoptan su imagen hasta tener autonomía económica para poder fundar la suya o establecerse por su cuenta, y él está haciendo algo similar en Dynamight, aunque no se plantea abrir una agencia en el futuro.
—Ya hemos tenido esta conversación —dice Katsuki, fastidiado.
—Sí, ya la hemos tenido —asiente Izuku. No sólo con él, también con Mei. Y con Shinsou, desde el punto de vista contrario, paradójicamente. Sin embargo, no cree que vaya a sentirse cómodo nunca con el privilegio de estar rodeado de personas dispuestas a hacer sacrificios o favores de por él forma desinteresada—. Ya me pagas un sueldo en la agencia, Katsuki. Es suficiente, no necesitas costearme todos los gastos que conlleva ser un héroe hasta que empiece a trabajar a tiempo completo.
—Yo soy quien le ha mandado el boceto a Mina y le ha pedido que le echase un vistazo, así que, si hay algo que pagar, tendría que hacerlo yo, que soy quien lo ha encargado.
—Quiero aclarar que no pretendía cobrarte por el diseño —protesta Ashido. Al otro lado, Kirishima asiente con aprobación, mostrando su acuerdo con ella.
—No seas idiota, nerd —resopla Katsuki, frunciendo el ceño con impaciencia—. Sé que no estás acostumbrado a que la gente haga cosas por ti, porque te han… te hemos tratado de forma diferente, pero eso ha cambiado. Forma parte del cambio que tú mismo has impulsado, Deku. —La mención de su nombre de héroe sobresalta a Izuku, que se muerde el labio.
—Estoy de acuerdo con Katsu —dice Kirishima, sonriendo afablemente con sus dientes afilados—. Ahora ya sabemos qué errores hemos cometido con parte de la sociedad gracias a ti y al grupo que os opusisteis al sistema, pero tenéis que dejar que compartamos las cosas buenas con vosotros, aunque sea para disculparnos por no haberlo hecho antes.
—No pretendía insinuar que… —tartamudea Izuku, asustado por el cariz de la conversación.
—Sólo es un boceto —dice Ashido, encogiéndose de hombros, con una expresión levemente suplicante en el rostro—. Acéptalo como disculpa a mi impertinencia de antes.
—Eso no tiene importancia. Yo no… —protesta Izuku. Kirishima lo está mirando con interés y Ashido parece un poco ansiosa. Lo que le termina de decidir es la expresión de amor de Katsuki, que ha redondeado las formas afiladas de su rostro—. Está bien. Pero no es una disculpa de nadie. Eso no es necesario —advierte, al ver la expresión triunfal de los tres. «Con razón son tan amigos», piensa, divertido por la idea, y se pregunta si Shouto es igual cuando está con ellos.
El boceto es genial.
El elemento central es un rediseño de la capucha que Izuku creó inicialmente para su propio traje. Él se inspiró, a su vez, en los dibujos realizados durante su pubertad, en plena fiebre fanática de adoración ingenuamente infantil hacia All Might y Dynamight, cuando garabateaba cuadernos soñando con entrar en la U.A. Curiosamente, Ashido ha decidido conservar las dos largas puntas a imitación del flequillo de All Might, en lugar de suprimirlas por no tener una función concreta en el traje.
No ha escatimado en detalles, pese a ser un boceto. Lejos del retrato que ha esbozado un rato antes a carboncillo, que captaba la esencia de su imagen en apenas unos trazos poco limpios, se ha esmerado con el dibujo, aportando vistas laterales y coloreando los accesorios principales del traje. Es mucho más tétrico, menos naif que los bocetos que Katsuki ha podido enviarle, pero conservan la esencia de estos, tanto en el color verde, que tiene tonos mucho más oscuros y en la máscara oscura que cubre los ojos, a semejanza de la de Dynamight. Una de las dos puntas se ha doblado en el proceso, igual que la oreja de un conejo, y la mandíbula está protegida por algo que podría parecer el distorsionador de Shinsou en un tono metálico que no se le habría ocurrido utilizar a él, pero que protegería su rostro con eficacia en los combates cuerpo a cuerpo.
El resto del cuerpo apenas ha cambiado un ápice de su diseño. Ashido sólo ha equilibrado los colores para adaptarlos a los de las capuchas. Ha anotado algunos refuerzos en las articulaciones de las rodillas y los codos y las botas rojas que lo acompañan son más grandes y están reforzadas, pero es algo más artístico que técnico, ya que esas partes dependerán mucho más de los materiales que pueda adquirir y de las prestaciones que desee en cada uno de esos puntos.
A Izuku le agrada mucho el resultado y puede percibir su propia identidad en él, al mismo tiempo que le gusta ver representado, incluso aunque no sea intencional por parte de Ashido, su deseo de conseguir ser un héroe profesional en el traje.
—Te gusta. —No es una pregunta. Izuku le entrega la hoja a Katsuki, que está taladrándolo con la mirada, impaciente por verlo. Le echa un vistazo rápido, con un gesto de presumida satisfacción en el rostro, y se lo devuelve.
—Puedo pulirlo un poco si me dices qué cosas te gustan más y cuales menos. También puedo empezar a trabajar en un logotipo que te represente, una vez tienes claros los elementos básicos del traje que vas a utilizar o de cuál va a ser tu estilo como héroe —propone Ashido, entusiasmada. Izuku empieza a negar con la cabeza, porque le gusta mucho, pero Kirishima lo malinterpreta y se adelanta:
—Mina no va a cobrarte nada por ello. Sho y Katsu no pagan aquí y tú tampoco.
—Yo no discutiría con ellos —añade Katsuki, sonriendo con gesto de haberse salido con la suya—. Además, sólo son diseños artísticos, ya tendrás tiempo de pactar un porcentaje de los beneficios del merchandising con Mina si quieres realizar un branding completo de marca, pero queda mucho tiempo para eso, nerd.
—Así lo hacen Dynamight y Endeavour —dice Kirishima, chocando un puño contra la palma de la mano, de forma similar a un mazo que remata la sentencia. Izuku asiente, un poco distraído al recordar la transformación que afectó a todos los logotipos de Endeavour unos cuantos años atrás, comprendiendo que son obra de Ashido también. Se pregunta cuántos héroes más trabajan con ella, más allá del estudio de tatuajes y si puede descubrir su estilo en sus marcas profesionales.
—¿Para eso me has traído, Katsuki? ¿Es para poder pedirle un descuento en el próximo contrato? —bromea Izuku con un resoplido de risa, acariciando el diseño. La textura granulada de los lápices de Ashido es agradable y le confiere cierto volumen al dibujo.
—Claro que no, nerd idiota —gruñe Katsuki, aunque no parece molesto—. Ya te he dicho que te he traído para que conozcas a mis amigos, porque es importante para mí, joder. —Ignora el sonido adorable que hace Mina al oírlo—. Y ya que estamos aquí, si quieres hacer si quieres hacerte un tatuaje o un piercing, pues aprovecha. Es el local más reputado en Musutafu y la gente viene de fuera a aquí para hacerse un tatuaje de Mina.
—Oh, ¿entonces ya podemos asaltarlo con nuestras agujas? —pregunta Ashido, burlona, y Kirishima suelta una carcajada.
—Ni se te ocurra reírte de mí, mapache. —Ashido se ríe, pero Katsuki se acomoda mejor sobre la butaca, cruzando los tobillos en alto y la ignora—. Sólo si él quiere. Y, nerd… —Izuku levanta la mirada del diseño de nuevo. Katsuki sonríe de nuevo con esa expresión de cariño que le suaviza las formas del rostro—. Acepta su oferta. Es la mejor que vas a poder encontrar en el gremio, te lo aseguro. De hecho, la idea fue del medio hielo. Ahora que se ha retirado el viejo, quiere renovar un poco el branding de la marca para disociarlo de Endeavour y marcar el salto de etapa. Cuando me lo comentó, le envié los bocetos de tu traje a Mina para que trabajase en ello, aunque aún no la conocieses.
—Gracias —asiente Izuku, emocionado y sonriente, y lo repite una vez más, asintiendo en dirección a Ashido, que exclama entusiasmada y le quita el diseño de su traje de las manos, dejándolo en su bloc con cuidado de no doblarlo, y le pone en las manos uno de los catálogos con diseños de tatuajes que ha estado hojeando un rato antes.
—Y no quiero oír hablar de precios o dinero —añade Kirishima, con un gesto de advertencia que Izuku no se toma en serio porque la sonrisa sincera delata la falta de agresividad en sus palabras.
—Tú selecciona uno que te guste. O dime qué te apetecería y lo empezamos desde cero —dice Ashido, rebuscando más diseños. Katsuki y Kirishima lo miran con una sonrisa: retadora la de Katsuki y de ánimo la de Kirishima, que asiente para incitarlo a aceptar.
Mira alternativamente a Ashido y Kirishima, tratando de valorar si pedir un tatuaje o un piercing, aún un poco inseguro por si excede la generosidad de los amigos de Katsuki. No había pasado por su cabeza hacerse algo así, ni siquiera cuando Katsuki le ha explicado sobre el tatuaje que lo une a sus amigos o cuando se ha perforado la polla, absorto en la dinámica que manejan y en conocer a las personas que, es más que evidente, Katsuki quiere con locura. Se ha dejado traer hasta aquí por su novio, comprendiendo lo importante que era para él, incluso a pesar de lo poco comunicativo que se ha mostrado, pero, de pronto, tiene ganas de hacerlo.
De celebrar que por fin es un héroe. Que ha conseguido el sueño de su vida. De tener algo en su piel que se lo recuerde el resto de su vida. Porta en el brazo izquierdo el recuerdo del momento en el que estuvo dispuesto a sacrificar todo por ser un héroe para un niño pequeño y comprende que esta vez está en posición de decidir qué quiere como recordatorio de este día y la idea de poder conmemorar esta noche cada vez que se mire a un espejo o lo vea, de la vez que Katsuki le presentó al resto de sus amigos que no conocía, nervioso y emocionado por hacerlo, del primer tatuaje de su vida le atrae poderosamente. Y no el último, si a Katsuki no le molesta que traiga al resto de sus amigos aquí para convencerlos de hacerse algo que les recuerde lo que hicieron por Japón y la victoria que consiguieron. Le ilusiona compartir esta parte de los gustos de Katsuki, probar, experimentar con su cuerpo y piel.
—Deja de mascullar para ti mismo, nerd. Cualquiera de las dos cosas es buena idea siempre que te apetezca. Y claro que puedes traer a tus amigos —dice Katsuki. Izuku levanta la cabeza y se sonroja, dándose cuenta de que lleva varios segundos hablando para sí mismo y que Katsuki lleva sus audífonos puestos y que lo conoce lo suficientemente bien como para descifrar sus murmullos con precisión.
—Un piercing es más fácil de revertir que un tatuaje o una dilatación —aporta Kirishima, diligente.
—Si quieres un tatuaje, puedes empezar por algo pequeño y discreto, y así ves qué tal te sienta la experiencia —añade Ashido, tratando de colaborar.
—Cada uno vende lo suyo, como ves —dice Katsuki, poniendo los ojos en blanco y haciendo que todos se rían a carcajadas.
—¿Y uno de cada? —sugiere Kirishima, solícito.
—No quiero abusar de vuestra generosidad.
—No digas tonterías. —Ashido obliga a Izuku a ponerse en pie y, sin pedir permiso, empieza a sacarle la camiseta de Katsuki por la cabeza. Izuku se abraza a sí mismo, tímido al verse descubierto, pero Ashido le separa los brazos, indicándole que los deje caer paralelos a su torso y pasea paseando las yemas de los dedos por sus clavículas, deteniéndose en ellas—. Se puede hacer algo pequeño aquí, sólo lo verías cuando estés sin camiseta. Si prefieres algo más discreto que la mayor parte de la gente no pueda ver, está el muslo, que puedes cubrirlo incluso con el bañador. El omóplato o la cadera serían algo intermedio. —Desliza los dedos por las zonas que va enumerando y se detiene brevemente en aquellas que tienen pecas, ladeando la cabeza con curiosidad. De reojo, Izuku ve la mirada lasciva de Katsuki, con los ojos rojizos brillando a través de las pestañas de sus párpados entornados. Ashido recupera su atención, sobresaltándolo al pellizcar uno de sus pezones—. ¿Y un piercing aquí, Ei?
—Discreto y a la vez sexy —asiente el chico, invitador.
—Además, tiene los pezones sensibles. Enseguida se le rozan entrenando —lo delata Katsuki, sonriendo con satisfacción cuando Izuku lo reprende con la mirada, escandalizado.
—Una buena elección, pues —dicen Kirishima y Ashido a la vez.
La sonrisa de Katsuki se ensancha, con fiereza, e impacta directamente en la entrepierna de Izuku, cuya mente empieza a llenarse de imágenes de labios rojos y dientes blancos mordiendo y tirando de un pequeño aro similar al que lleva Kirishima en sus pezones. Un estremecimiento involuntario le recorre el cuerpo y ni siquiera puede culpar a la temperatura, agradable y cálida, de la habitación de ello. Izuku se muerde el labio, considerando la idea, y las pupilas de Katsuki se dilatan todavía más.
—¿Y bien? —pregunta Ashido, aunque en sus ojos negros puede ver que ella sabe tan bien como él qué decisión ha tomado.
—Quiero hacerlo. —La sonrisa triunfal de los otros tres hace que Izuku suelte una carcajada divertida al verlos tan coordinados.
—Adelante, pues —dice Kirishima, sacando un par de guantes desechables de una cajita y un nuevo kit para perforar—. Tú eliges el qué y dónde.
—¿En el labio inferior? —sugiere Izuku, mordiéndoselo de nuevo. Katsuki hace un sonido estrangulado, poco habitual en él, y Kirishima, que alterna la mirada entre ellos dos, parece comprender, porque asiente y sigue preparando el material—. Tatuaje… sinceramente no sabría qué diseño elegir. Son todos muy bonitos, pero hay tantos donde elegir, que…
—¿Me permites hacerlo a mí por ti? —pregunta Ashido, entusiasmada—. Te aseguro que no te arrepentirás, creo que sé lo que te vendría bien en este momento y no necesito preparar demasiado.
—Está acostumbrada a trabajar así —señala Kirishima. Katsuki asiente. Tiene las pupilas dilatadas y observa a Izuku con el gesto de un depredador a punto de saltar sobre su presa—. La gente viene y deja que Mina trabaje en sus cuerpos. Capta bastante bien la esencia de cada uno.
Izuku duda apenas un par de segundos antes de asentir con seguridad. Quizá sea porque ha visto cómo trabaja Kirishima o por lo mucho que le han gustado los diseños de Ashido. O a lo mejor la naturalidad con la que se han comportado, sin pretender agradarle intencionadamente, interactuando entre ellos con la dinámica que habitualmente comparten, sinceros y sin imposturas. Y, por supuesto, la confianza plena que tiene Katsuki en ellos dos; Izuku no le ha visto tan cómodo con nadie más que no sea él mismo o Shouto, y eso hace que, instintivamente, confíe en los amigos de Katsuki tanto como confía en el propio Katsuki o en Mei.
Katsuki se levanta del sillón donde Kirishima le ha puesto el piercing, y guía a Izuku hasta tumbarlo en él. No puede quedarse a su lado, igual que ha hecho Izuku mientras Kirishima lo perforaba, porque Ashido lo desplaza y ocupa el lado contrario a Kirishima, arrastrando un taburete regulable en altura y una mesita de servicio con ruedas con todo el material que necesita. «Van a trabajar a la vez», comprende Izuku que, aunque no se ha arrepentido de la decisión, está un poco nervioso por la perspectiva.
Las manos de Katsuki se posan sobre sus hombros, recorriendo las pecas de su cuello y mejillas con las yemas de los dedos antes de descansar a cada lado de su cabeza, peinándole los rizos, y le obliga a apoyar la nuca en el cabecero del sillón y mirar hacia arriba. Más relajado por su presencia, Izuku le devuelve la sonrisa, agradeciéndole el contacto y disfrutando secretamente de lo oscuros que se ven los ojos de su novio, excitado por la idea de ver el piercing del labio.
—Gracias por traerme aquí, Kacchan —dice en un hilo de voz, sin apartar los ojos de los iris rojos de Katsuki, que sonríe maliciosamente al oírlo.
—Cállate, nerd, y disfruta de la experiencia.
—Si te relajas, te aseguro que apenas notarás incomodidad —oye que dice Kirishima, en tono profesional, pero está tan concentrado en la mirada de Katsuki que no le presta atención.
No aparta los ojos de los de su novio y este se queda ahí, quieto como un guardián, todo el tiempo que dura el proceso, con sus manos acariciando el rostro y el cabello de Izuku. Mina bromea, burlándose de Katsuki y la faceta desconocida que muestra al tratar con Izuku, pero cuando Kirishima perfora su labio con una aguja gruesa, deja de escucharlos, embebido de la sonrisa orgullosa de Katsuki y del profundo sentimiento que ve en sus pupilas dilatadas. Apenas siente el dolor de los pinchazos, tan lejano como la conversación entre Kirishima y Ashido, que hablan entre ellos con risas, hasta que el chico le pregunta en voz alta si, además del pendiente del labio, se anima con el del pezón.
—Sí —contesta Izuku en un susurro, sin atisbo de duda ya, haciendo un esfuerzo consciente para no morderse el labio en el punto donde Kirishima acaba de perforar y colocar el pendiente, y Katsuki sonríe lobunamente, haciendo que Izuku intuya que este va a sufrir por la impaciencia de probar el piercing del pezón con sus labios tanto como Izuku el que Katsuki acaba de añadir a su colección.
Se estremece cuando Kirishima perfora el pezón y cierra los ojos para soportar mejor el dolor mientras este desliza el pendiente por el agujero y le indica con voz queda instrucciones similares a las que le ha dado a Katsuki al ponerle el suyo, insistiendo vehementemente, en dirección a Katsuki, que le dé al menos un par de semanas antes de lanzarse a morderlo. Izuku ni siquiera se sonroja al escucharlo. No demasiado, al menos. Al volver a abrir los párpados, Katsuki sonríe con orgullo, asiente y se inclina para besarlo en la frente a modo de consuelo e indicarle que todavía no se mueva, pues Ashido no ha terminado todavía. La chica tarda bastante más tiempo, pero Izuku no mira hacia abajo ni una sola vez ni pregunta cuánto le falta para terminar, relajado silenciosamente con Katsuki y disfrutando del momento.
Tal y como Katsuki ha supuesto, Ashido les confiesa mientras trabaja que han mantenido la agenda de esta noche despejada, entusiasmados por la noticia de que Katsuki traería su novio a conocerlos. También le explica a Izuku la técnica de tatuaje que utiliza, diferente a la máquina que emplea Kirishima. Se relaja tanto sobre la butaca, que casi olvida que hay una aguja pinchándole insistentemente y un paño que limpia la zona de las gotas de tinta perdidas.
Ashido está concluyendo el tatuaje, que ha llevado más tiempo del que Izuku había previsto al notar que la zona que preparaba era pequeña, cuando Kirishima que ha salido del estudio un rato antes, regresa con una bandeja repleta de platillos de comida para compartir. Izuku no se había percatado de lo hambriento que estaba hasta verlo entrar, agradeciendo profusamente la hospitalidad. Pasan el resto de la madrugada charlando animadamente y comiendo.
Como al final Ashido, al carecer de ninguna indicación de Izuku, ha elegido la clavícula para el tatuaje, este no ve el resultado final de su diseño hasta un rato después, cuando la chica lo arrastra frente a un espejo de cuerpo entero para que pueda contemplarse a sí mismo.
Y le gusta lo que ve.
No es la primera vez que se mira al espejo desde que perdió el brazo, por supuesto, pero sí la primera que todo su cuerpo reflejado en su totalidad. Mientras no tuvo brazo, evitó consciente e inconscientemente mirar el doloroso hueco psicológico que este había dejado, más allá del físico, como si no verlo o no hablar de ello pudiera mitigarlo. Después, aprendió a base de terapia que la aceptación va por el camino contrario y la prótesis y la facilidad con la que esta le ha devuelto a la habilidad previa a la pérdida han terminado por hacerle olvidar la mayor parte del tiempo que su brazo izquierdo no es el mismo que perdió, incluso cuando lo ve en un reflejo, uniéndose justo por encima del codo y con un color metálico desvaído. El brazo biónico no es sólo un sustituto del suyo. Ya es parte de él.
Ahora está de pie, con los pantalones descuidadamente caídos sobre la cadera, tanto que dejan ver la goma del calzoncillo y se arrugan alrededor de los calcetines de sus pies por la falta de la altura de sus sempiternas botas, sin camiseta, y le gusta la realidad que el espejo le devuelve.
El labio está un poco inflamado por la perforación, igual que el pezón derecho, pero ambos destellan por el titanio utilizado en las joyas que Kirishima ha colocado. El brazo tiene un color más mate, pero se ve agradable, sobre todo ahora que, en la clavícula, brilla con colores brillantes, también un poco inflamado, una explosión naranja de borde negro en cuyo interior destaca un logotipo improvisado que ha diseñado Ashido para él, una síntesis de su capucha. Bajo él, dentro de la explosión en finas y estilizadas líneas negras, los kanjis de Deku, su nombre de héroe y el de valentía y audacia, uno al lado del otro.
Comprende entonces por qué Ashido ha elegido ese lugar precisamente. Los bordes de la explosión están justo donde sus pecas del hombro, más abundantes, casi oscuras, y las del pecho, más claras y dispersas, empiezan a notarse más y el efecto es el de un degradado de motitas que se funden con el tatuaje, formando parte de la explosión. Izuku se las roza con los dedos, admirando el trabajo de Ashido sin llegar a tocar el tatuaje, que la chica ha cubierto con una pequeña película de plástico para evitar el roce. Desde luego, a él jamás se le hubiese ocurrido aprovechar el color de su piel para crear ese efecto que, intuye, cuando el tatuaje cure quedará todavía más integrado.
—Nosotros también nos tatuamos lo que creímos que era la parte más característica de nuestro traje o Don —susurra Ashido, a su lado, contemplando también el reflejo de Izuku en el espejo—. Y como se trataba de celebrar tu licencia y estás en pleno proceso de desarrollar tu imagen como héroe profesional, me pareció un recordatorio perfecto del momento que inicia hoy.
—Guau… —Izuku es incapaz de articular ninguna palabra, admirado porque Ashido haya sintetizado tan bien lo que él tenía en mente.
—Dudé sobre si incluir la explosión —murmura Ashido, rozando con las yemas de los dedos el brazo artificial de Izuku y observándolo con interés ahora que Izuku está ensimismado en el tatuaje de su reflejo—. No soy muy partidaria de hacer cosas que reflejen a la pareja, porque los novios van y vienen, pero me parecía que Dynamight había sido una parte importante de tu trayectoria como héroe. Y las pecas eran ideales para situarla, así que creí que tenía sentido incluso si Katsu se porta como un imbécil y tú decides mandarlo a la mierda.
—Está bien —dice Izuku, conteniendo una sonrisa por lo poco dispuesto que está a mandar a la mierda a Katsuki. Se lleva los dedos de la mano derecha al tatuaje, rozándolo por encima del plástico que lo recubre. Ashido ya le ha indicado cómo debe curarlo y Katsuki se ha jactado de que puede asesorarle todo lo que quiera y ayudarlo a hacerlo, ofreciéndole las cremas que guarda en casa de otras ocasiones—. Incluso si nuestra relación no funciona, Dynamight ha sido alguien muy importante en mi vida y me gustará verlo ahí, recordándome qué es ser un héroe.
—Va a funcionar, Izuku. —Ashido lo mira a través del espejo, con una sonrisa—. Sé que tiene un carácter difícil, quién no, pero está muy enamorado de ti. Entonces, ¿te gusta?
—Me encanta —dice Izuku con sinceridad. Sus dedos pasan de casi rozar el tatuaje antes de abrazarse el brazo artificial—. Creo que ahora entiendo por qué es adictivo agujerearse y tatuarse —añade con una carcajada, que Ashido secunda.
—Sí, sí lo es. —La chica lo mira con perspicacia y parece entender—. Si alguna vez quieres, podemos ver cómo decorar este brazo para hacerlo más tuyo. No puedo tatuarlo, pero estoy segura de que hay materiales duraderos con los que poder pintarlo. Me encanta experimentar nuevos retos.
—De acuerdo —asiente Izuku en un susurro, volviendo a mirarse en el espejo y sonriendo. El reflejo le devuelve la sonrisa e Izuku se alegra de haberse atrevido, porque es incapaz de apartar la vista del resultado.
—¡Deja de comerle la cabeza, Mina! —grita Katsuki desde el taburete donde está sentado, charlando con Kirishima—. Te dije que no lo agobiases. Ya se ha hecho un tatuaje, ahora déjale respirar o no querrá volver a venir y te quedarás sin un nuevo lienzo que decorar.
—No es así, me gusta mucho, yo volvería a… —se apresura a disculparse Izuku, azorado por la posibilidad de que Ashido crea que Katsuki está hablando en serio, pero la chica hace un gesto con la mano y camina hacia Katsuki.
—Qué poca fe tienes en tu novio, Kacchan —dice, enfatizando la última palabra. Izuku, que aún está mirándose en el espejo, se sonroja al escuchar el apodo que da a su novio y darse cuenta de que se le debe haber escapado en algún momento. No hay otra manera de que la chica pueda saberlo, porque pertenece al ámbito más íntimo de su relación con Katsuki y hasta ahora ha sido muy cuidadoso.
Sintiéndose culpable, se vuelve hacia él. Katsuki está rojo de cólera, ordenando a Ashido que se calle y no ose volver a llamarlo así, porque es algo que no le pertenece. Izuku se acerca a él para interponerse entre ambos, porque le parece injusto que Ashido cargue las culpas por su metedura de pata, pero cuando va a disculparse, Katsuki se limita a atraerle entre sus brazos y sentarle en su regazo.
—Olvida eso ahora, nerd —susurra en su oído, sin rastro de ira al dirigirse a él. Ashido tampoco parece angustiada por las invectivas de Katsuki, más bien los mira a ambos de reojo con una sonrisa pícara llena de cariñoso afecto hacia su amigo.
Katsuki apoya la cabeza en el hombro de Izuku, que nota su respiración cosquillearle en los rizos que le cubren las orejas. Entre risas y bocados de comida, los tres amigos narran anécdotas nostálgicas de su entrenamiento de héroes, sus respectivos exámenes e intercambian pullas variadas por los viejos tiempos que Izuku escucha tan encantado como ellos de tener público nuevo con quien compartirlas. Los dedos de Katsuki, que no ha dejado de abrazarlo ni le ha permitido levantarse de su regazo, pasean durante toda la velada por la piel del torso desnudo de Izuku en caricias que al principio este cree casuales hasta que distingue el patrón: Katsuki está rozando todas y cada una de las pecas que tiene entre el pecho y las caderas, pulsándolas como si fuesen teclas de piano que tocasen una música silenciosa que sólo él puede escuchar.
Ya ha amanecido cuando se despiden Kirishima y Ashido y salen del Ryūjin Studio. Las horas se han escurrido con rapidez, pero Izuku no está cansado ni se ha sentido soñoliento en ningún momento, recostado en el regazo de Katsuki, sorprendentemente cómodo a pesar de estar medio desnudo en un estudio iluminado artificialmente con personas que unas horas antes no conocía. Aunque se ha vuelto a vestir y lleva el abrigo encima de la camiseta que Katsuki le ha prestado, el amanecer es frío y tirita levemente mientras caminan, con los dedos entrelazados dentro de la cazadora de Katsuki, hasta donde han dejado la moto aparcada.
—¿Lo has pasado bien? —En el tono de voz de Katsuki, aparentemente indiferente, Izuku cree percibir algo de ansiedad que le hace recordar los nervios antes de llegar al estudio de tatuajes y lo misterioso que se ha mostrado durante la fiesta.
—Sí. Tus amigos son geniales —responde Izuku con alegría, pero la expresión de Katsuki se ensombrece ligeramente cuando frunce el ceño.
—¿Seguro que no hay problema porque te haya traído aquí en lugar de quedarnos con tus amigos?
—¿Es eso lo que te preocupa?
—En cierto modo, te he robado la noche —dice Katsuki. Izuku se acerca más a él y Katsuki, soltándole la mano, le abraza por los hombros, atrayéndolo hacia sí.
—Eso no es así. Estuvimos con nuestros amigos y celebramos juntos. Y luego contigo y tus amigos y hemos celebrado juntos. Además, ya estaban todos un poco a su bola cuando nos hemos marchado. Lo único que me extraña… —Katsuki lo mira, intrigado—. Habéis dicho que Shouto también es amigo vuestro.
—Los mejores amigos. —Katsuki sonríe con feroz orgullo—. Sí le avisé, pero creyó que era mejor dejarnos solos. Yo le dije que estarías más cómodo si había más gente conocida, pero él pensó que podrías agobiarte. Ya habrá más días para quedar todos juntos, si quieres —dice, encogiéndose de hombros, e Izuku intuye que quizá le gustaría poder mezclar del todo ambos grupos, no sólo Shouto.
—Claro que quiero. Y no iba a agobiarme por conocer a tus amigos —protesta Izuku, al ver la sonrisilla de suficiencia de Katsuki—. Bueno, quizá si me lo hubieses dicho antes, le habría dado vueltas en la cabeza. ¡Pero no mucho!
—Eres un nerd demasiado confiado —murmura Katsuki, burlón. Izuku va a protestar de nuevo, pero la queja muere en sus labios porque Katsuki ha apartado la mirada y comprende que es su forma de darle las gracias por haberle seguido sin más información.
—Lo he pasado genial, ha sido una velada perfecta —dice Izuku, pasando uno de sus brazos alrededor de la cintura de Katsuki y llevándose distraídamente la mano que tiene libre al pecho, a medio camino entre el pezón recién perforado y el tatuaje levemente inflamado—. Además, me llevo un buen recuerdo de ella.
—Sabía que le ibas a echar narices a eso —presume Katsuki con una sonrisa vanidosa.
—La verdad es que no me había planteado hacer algo así nunca, pero sí… Me gusta. Aunque ahora pica —dice Izuku, bromeando sólo a medias, refiriéndose al tatuaje. No quiere que Katsuki piense que se arrepiente, porque no es así, pero tampoco sabe si es normal las ganas que tiene de rascarse y prefiere quedarse tranquilo.
—Y más que va a picar cuando empiece a cicatrizar, nerd —se burla Katsuki, riéndose—. No te preocupes, las cremas ayudarán y en una semana se te habrá olvidado.
—¡Bien! —asiente Izuku con entusiasmo.
—Y… ¿estás muy cansado? —pregunta Katsuki, examinándolo con los ojos entrecerrados al tiempo que Izuku acepta el casco que le tiende su novio.
—¿Hay más? —Katsuki levanta la ceja, instándolo a contestar. Izuku se ríe entre dientes, porque el cielo está completamente claro en el horizonte y las farolas de la calle apagan justo en ese instante—. No, no mucho. Supongo que si me meto en la cama me quedaría dormido al momento, porque ha sido un día muy intenso, pero ahora mismo me siento lleno de energía para lo que tú quieras o…
—Para lo que yo quiera, ¿eh? ¿Sabes llegar a mi apartamento desde aquí? —lo interrumpe Katsuki bruscamente. Izuku frunce el entrecejo, sin saber por qué hace esa pregunta.
—Eh… sí, creo que sí —responde tras pensarlo unos segundos, cautelosamente. Katsuki le tira las llaves de la moto, que Izuku atrapa instintivamente en el aire, sorprendido. Luego saca los cascos de ambos del baúl de la moto y se pone el suyo, tendiéndole el otro.
—Dijiste que tenías permiso para conducir motos, ¿no? —Izuku asiente, tragando saliva, y mira la llave que tiene en la mano y luego a Katsuki de nuevo, que se encarama en la parte de atrás y sube los pies al apoyo, esperando que Izuku también se monte—. Pues tú la llevas a casa.
—¿Estás seguro de que…?
—¿Acaso alguna vez me has visto no estar seguro de algo? —Izuku está a punto de contestarle que sí, pero el orgullo fiero de los ojos de Katsuki se lo impide, así que se limita a subir a la moto, disfrutando del tacto del manillar de esta bajo los dedos de su mano derecha, fríos por la temperatura exterior—. No tengo guantes para ti, pero el trayecto es corto —añade Katsuki, metiendo sus manos, también desnudas, por debajo del abrigo y la camiseta de Izuku, rozándole la piel caliente del abdomen al abrazarlo.
Izuku tarda unos segundos más en arrancar, cerciorándose de regular los espejos y revisar todo concienzudamente, pero su mente rescata todos los recuerdos, interiorizados y automatizados, de sus prácticas para obtener el permiso para conducirlas. Mueve el acelerador y la moto ruge con potencia. Quita el freno y deja que la moto ruede fuera del callejón. El motor ronronea bajo sus piernas. El abrazo de Katsuki y el pecho de este tras su espalda le dan seguridad cuando acelera, dejando atrás el polígono industrial. Izuku conduce con cautela, en contraste con la precisión audaz con la que Katsuki, que conoce mucho mejor la moto que él, la ha manejado unas horas antes, pero también sin miedo, sintiéndose poderoso mientras contiene el enorme motor entre sus piernas.
La adrenalina de la carrera, con más tráfico que cuando han ido debido a que ya es de día, lo deja sin aliento, pero durante esos minutos para Izuku sólo existe la moto, la velocidad y agilidad con que esta responde a sus movimientos y el cuerpo de Katsuki calentando al suyo. En lugar de ir directo al apartamento, como recuerda el lugar donde está la plaza de aparcamiento, se desvía hacia allí. La puerta se abre automáticamente cuando Katsuki pulsa el mando a distancia, sin que tenga que detenerse a esperar. Lentamente, Izuku la conduce hasta su lugar y detiene el motor con un suspiro de satisfacción, asegurando la moto para que no se desequilibre.
—Guau… Ha sido genial —dice, quitándose el casco, cuando las manos de Katsuki abandonan su abdomen.
—Lo sé —dice Katsuki, petulante. No se ha movido para bajarse de la moto, así que Izuku tampoco lo hace, ni siquiera cuando le quita el casco de las manos, apartándolo a un lado.
Nota la barbilla de Katsuki apoyarse sobre su cabeza cuando sus dedos lo empujan gentilmente hacia atrás, invitándolo a apoyarse sobre su pecho. Katsuki también se ha quitado el casco y, su mano acaricia a Izuku más abajo, justo en el borde del abrigo, donde el pantalón se cierra. O cerraba, porque los dedos de Katsuki se mueven con pericia sobre los botones y en seguida exploran por debajo de la tela del calzoncillo.
Lleva puesto uno de los guantes de cuero, probablemente el mismo que Izuku ha mordido mientras follaban en el callejón. Está frío, porque acaba de ponérselo, pero no tanto como si acabase de sacarlo del baúl. «¡Se lo ha guardado en el bolsillo de la cazadora cuando ha sacado los cascos!», comprende Izuku, que se estremece por el contraste de temperatura entre el guante, frío y sus genitales, tan calientes que parecen arder.
—¿Qué ha…? ¡Kacchan! Puede vernos alguien —exclama Izuku, mirando a su alrededor con preocupación. Al contrario que el callejón cercano al Ryūjin Studio, el garaje está plenamente iluminado, no están escondidos del acceso principal y ya es una hora de la mañana lo suficientemente avanzada como para que las personas que trabajan en fin de semana o madrugan puedan entrar a por sus vehículos.
—Ah… ¿ya vuelvo a ser Kacchan en la intimidad? —pregunta Katsuki con voz grave y burlona.
—Lo… lo siento. —A pesar de su temor a que alguien aparezca por el garaje, lleno de vehículos de otras personas y de huecos que unas horas atrás estaban ocupados también, el pene de Izuku se endurece en respuesta a las caricias de Katsuki, que lo saca fuera del calzoncillo y lo masturba lentamente a la vez que reparte besos por su cuello—. Ni siquiera sé cuándo he…
—Yo sí. Te he escuchado claramente cuando me lo has llamado, porque no hay manera de que pueda oírte decirlo y no ponerme cachondo, incluso aunque me acaben de atravesar la polla con una aguja —murmura Katsuki directamente en su oído, y el pene de Izuku da un respingo dentro del puño de Katsuki, que aprieta un poco más y aumenta la velocidad a la que lo masturba.
—¡Oh! —Izuku se acuerda del momento exacto. Katsuki mirándolo mientras Kirishima y Ashido trabajaban en su cuerpo, uno perforándole el labio y la otra tatuándolo. La expresión que ha visto en sus ojos era tan intensa, que Izuku se había olvidado de todo y de todos.
—Justo en ese momento —se ríe Katsuki, todavía con los labios rozando la piel de su cuello—. Se van a burlar de mi por esto, ¿sabes? Mina va a llamarme Kacchan en cada ocasión en la que pueda hacerlo y yo no pueda protestar. Ei se lo guardará para cuando quiera ponerme nervioso. Hasta Shouto debe saberlo ya si le han avisado por el chat del grupo que tenemos juntos y lo dejará caer accidentalmente cuando quiera desviar mi atención a otra cosa —añade, todavía risueño, e Izuku no está muy seguro de si está quejándose o si realmente la situación le parece graciosa.
—Perdón —repite Izuku, que sabe que a Katsuki le gusta el apodo, pero sólo utilizado en la intimidad—. Intentaré que no vuelva a ocurrir.
—Bueno, ya estás pagando por ello.
—¿Qué?
—Este es tu castigo, nerd. Oírte decir mi nombre me ha puesto tan cachondo que te follaría si no me acabasen de agujerear la polla. Tú me delatas delante de mis amigos, y yo te hago una paja en un sitio donde alguien puede vernos —susurra Katsuki, con la voz impregnada de excitación—. De todos modos, ya sabes que no tienes por qué hacerlo si no quieres. Siempre puedes decir que no. Di que no y me detendré. Di que no y nos iremos a casa y, si quieres, termino lo que tengo entre manos allí, nerd. —Sus labios se quedan quietos junto a la piel del cuello de Izuku, que siente su respiración controlada, y sus dedos enguantados, que ya han empezado a adquirir la temperatura del pene de Izuku, se detienen durante unos segundos, dándole tiempo para responder. Izuku se estremece, pero recuesta la cabeza sobre el hombro de Katsuki para darle a entender que puede seguir, que no se va a negar. Este comprende, porque su mano se vuelve a mover, despacio, por el tronco de su pene, acariciándole el glande con las yemas de los dedos, ásperas por el guante—. Ahora dilo otra vez, para solo mí, mientras te corres en mi mano, Deku.
—Kacchan... —se apresura a complacerlo Izuku, tragando saliva con fuerza. Un chasquido fuerte y seco a lo lejos lo sobresalta. Puede ser la puerta de un coche cerrándose, la del garaje abriéndose o unos pasos apresurados. Con la mano de Katsuki acariciándole el pene con el guante, no es capaz de concentrarse lo suficiente para identificarlo—. Kacchan, creo que…
—Me encanta que me llames Kacchan. Me pone cachondo que me llames Kacchan. Pero no puedes llamarme Kacchan cuando no puedo follarte y pretender salir de rositas —murmura Katsuki, mordisqueándole el lóbulo de la oreja.
—Creo que viene alguien… —Izuku vuelve a intentar avisarlo.
—¿Paro? —Izuku no contesta, porque en realidad no quiere que Katsuki deje de masturbarlo. El tacto del guante, aunque seco y tosco, es excitante, y ni siquiera está seguro de que realmente alguien vaya a llegar de improviso—. Dilo y me detendré al instante.
—No me importa que nos vean —dice, finalmente, con un suspiro ansioso y necesitado—. Aunque tú… Tu moto… —«Aparcas aquí. Pueden saber quién eres», quiere decir, pero no le sale la voz.
—Entonces cállate y disfruta, Deku.
—De… de acuerdo… —jadea Izuku. La risa de los labios de Katsuki vibra en su cuello, que este mordisquea y lame con gula.
—Joder, nerd, cómo me pones. Estoy durísimo y no puedo pajearme, joder. Siempre creo que te voy a llevar a un límite en el que me mirarás aterrado y ordenarás que me vaya a tomar por saco y luego resulta que vas por delante de mí. Tan caliente, Izuku, y no puedo follarte —repite Katsuki con voz ronca y deposita un mordisco más fuerte en su cuello—. Pero no te preocupes, te dije que hasta que se cure te iba a hacer pajas y te la iba a chupar, ¿no?
—Kacchan… Voy a manchar la moto —intenta avisar Izuku, pero eso sólo hace que Katsuki acelere el ritmo de su mano.
—Sólo preocúpate de no moverte demasiado, o ambos nos caeremos al suelo —advierte Katsuki que, evidentemente, se lo está pasando en grande.
Izuku quiere contestar, pero la otra mano, la que hasta ahora le había estado abrazando por la cintura, sube hasta su barbilla. También está enguantada. Los dedos de Katsuki le acarician el labio superior, evitando el piercing que acaba de hacerse, aunque Izuku supone, espera y desea que esa gentileza dure pocos días. Saca la lengua, buscándolos, pero son los dedos enguantados los que salen a su encuentro, acariciándosela e introduciéndose dentro de su boca. Con los párpados fuertemente cerrados Izuku aprieta los labios alrededor de ellos, chupando, mordiéndolos levemente y gimiendo, excitado.
—Ahora, nerd. Dilo ahora —le ordena Katsuki cuando desliza los dedos fuera de su boca, posándolos, húmedos por su saliva en sus mejillas, que sujeta con el índice y el pulgar.
—¡Kacchan! —exclama Izuku, corriéndose sin control y, como había imaginado, salpicando la moto con los dos primeros chorros de semen. Los siguientes, en cambio, se deslizan por la polla de Izuku hasta derramarse sobre el cuero de los guantes—. Kacchan… —suspira Izuku, una vez más.
Unos dedos enguantados regresan a sus labios, pero no son los mismos que le sujetan la cara, sino los cálidos y húmedos que unos segundos antes estaban en su polla. Katsuki los detiene, en una caricia tentativa, e Izuku abre la boca, obediente y tan ansioso por complacerlo como excitado por el deseo y encantado de que Katsuki haya pensado en ello. El guante vuelve a entrar en su boca, esta vez empapado de su semen, no de su saliva, e Izuku los limpia con gusto, saboreando el gusto de su propia eyaculación en la lengua.
—Así me gusta —dice Katsuki con tono de aprobación. Satisfecho, le guarda la polla, le coloca los calzoncillos y abrocha los pantalones, lamiendo las zonas del cuello de Izuku que ha mordisqueado a modo de consuelo.
Izuku no es capaz de contestar, todavía respirando agitadamente por el orgasmo. Las manos de Katsuki vuelven a abrazarle por la cintura, esta vez sin guantes. Una de ellas sube hasta su pecho, evitando cuidadosamente las zonas sensibles por el tatuaje y la perforación, y lo sujeta con fuerza contra su pecho durante unos pocos minutos. Izuku se relaja, recostándose sobre él, suspirando de placer y sin prisa por moverse.
—Si el precio por llamarte Kacchan en público va a ser este, a lo mejor debería haberlo hecho antes —bromea Izuku en un murmullo, riendo excitado, más incluso al pensar en que alguien realmente podría haberlos pillado.
—Tendrás que llamarme Kacchan más a menudo —dice Katsuki y la forma en la que lo dice llama la atención de Izuku, que intenta voltearse para mirarlo a los ojos.
—¿Entonces va a convertirse en una costumbre? —pregunta Izuku, no muy seguro de que la idea le disguste.
—Eso ya lo veremos. Sabía que te gustaría, escondes dentro de ti un pequeño pervertido —responde Katsuki, dándole la mano para ayudarle a bajarse de la moto—. Únicamente tienes que recordar que no tienes por qué hacerlo sólo porque yo quiera.
—Pero sí quiero —dice Izuku, con determinación, y la sonrisa lobuna de Katsuki se ensancha más.
—Por supuesto que quieres, joder.
Mientras Katsuki guarda los cascos, Izuku aprovecha para recuperar su camiseta sucia del baúl y limpia con ella los pequeños regueros que ha salpicado en la moto con mimo hasta dejarla reluciente de nuevo. Cuando termina, Katsuki está de pie, esperándolo, jugando con el mando a distancia del garaje en la mano. Es entonces cuando Izuku recuerda devolverle la llave de la moto y se la tiende, pero Katsuki niega con la cabeza y le tiende el mando del garaje también
—Tengo otro juego en casa, quédate tú ese. Cuando vayamos a ver a Ei y Mina, a Shouto o a tus amigos, puedes llevarla tú. —El ruido de la puerta del garaje, esta vez inequívoco, sobresalta a Izuku, que mira a Katsuki, calculando la escasa diferencia de minutos que los ha separado de la presencia del hombre que pasa a varios metros de ellos, buscando su coche. Katsuki sonríe e Izuku nota cómo su estómago se retuerce de excitación—. Definitivamente, repetiremos —dice Katsuki cuando Izuku, agradecido, acepta también el mando a distancia. Después, le rodea los hombros con el brazo, guiándolo hacia la salida del garaje primero y hacia el apartamento después mientras susurra todas las cosas que pueden hacer en sitios donde ir con la moto ahora que ha descubierto cuánto le gusta.
—Solamente recuerda que no tienes por qué hacerlo sólo porque me guste a mí, nerd —le susurra una vez más cuando llegan, ya en pleno día y con la calle llena de gente que empieza su día, al apartamento de Katsuki.
—¿Y si sí quiero, Kacchan? —pregunta Izuku con picardía, a pesar de que ese punto ya había quedado claro, porque le encanta la forma en la que las pupilas de Katsuki se dilatan cada vez que lo escucha.
—Entonces, habrá que darlo todo, joder —se ríe Katsuki, empujando la puerta del portal para dejarlo pasar primero.
E Izuku, ligeramente mareado por la perspectiva, excitado por la noche, el olor de Katsuki y sus guantes, la adrenalina, la emoción y sus palabras obscenas, está dispuesto a seguir a Katsuki a cualquier aventura.
