Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.


Ya eran altas horas de la noche y aun no había señales de la joven pelirroja. Toshiko estaba al borde de un colapso nervioso. ¿Quién no lo estaría? Su única hija estaba desaparecida, ya era de noche y no podía ni siquiera pensar en el peligro que podría estar pasando a esas horas, sola en la calle…

─No se preocupe, señora Takenouchi, Sora aparecerá. ─trató de consolar la menor de los Yagami, a pesar de que ella igual de angustiada. La madre de Sora no dijo nada; estaba en alguna especie de trance.

─¡¿Qué esperamos?! ¡Debemos salir a buscarla! ─exclamó Mimi totalmente histérica. No entendía que estaban esperando para actuar. La policía no los ayudaría al menos que pasaran las 48 horas reglamentarias.

─Ella tiene razón. ─dijo Joe, sorprendiendo a todos. ─¡No podemos quedarnos aquí de brazos cruzados!

─Lo sabemos, Joe, pero no tenemos idea de sonde comenzar a buscar.

─En los lugares que siempre frecuenta o no sé, ¡pero hay que empezar por algún lado!

─¡Yo apoyo a Joe! ─exclamó Joe.

─¡Es cierto, vámonos! ─exclamó Mimi mientras caminaba hacia la puerta, pero fue interceptada por cierto rubio.

─Corrección: nosotros iremos a buscar mientras las chicas se quedan aquí para avisarnos si ocurre algo.

─¡Eso no es justo! ─exclamaron Yolei y Mimi a coro.

─Chicas, ya es bastante tarde para que anden en la calle solas. ─ explicó Tk apoyando la moción de Yamato.

─Yamato, por favor, Sora es mi mejor amiga y quiero ayudar. ─suplicó la castaña. Se sentía terriblemente culpable; ella fue la última en verla, debería tener mucha más información para ayudar a encontrarla. ─Por favor…─el rubio no tuvo más opción.

─Solo si me prometes que no te vas a alejar de mi lado. ─ella asintió. ─Está bien…─la castaña sonrió complacida, para luego girar hacia Yolei.

─Yolei, necesito que sigas llamando a todos los que conocemos y preguntes si saben algo. ─ella asintió. ─Kari y Catherine, por favor, cuiden de la madre de Sora, ayúdenla en todo lo que puedan, ¿entendido? ─las chicas asintieron.

─Y nosotros nos dividiremos en parejas: Mimi y yo, Izzy y Takeru, Davis y Ken y Joe y…¿Dónde demonios está Tai?

─Lo he llamado mil de veces y no me atiende. ─respondió Hikari.

─No se preocupen, yo iré solo; no es ningún problema.

─Pues está decidido; ¡vámonos!

Y así, los digielegidos abandonaron la residencia Takenouchi, en busca de su perdida amiga.


El joven castaño miraba el partido en la Tv de manera distraído. Después de su encuentro con su ex – mejor amiga, vagó un par de horas sin rumbo aparente hasta que decidió entrar a una cafetería y pasar el tiempo, apagando su celular en el proceso. Ya era tarde y aun así, no se sentía con ánimos de irse. Se sentía horrible por lo que había pasado, pero…se sentía traicionado.

Sora…de todas las personas, ¡ella venia a traicionarlo!

No sabía qué hacer a partir de ese momento. Compartían amigos, vivían a poca distancia del otro, estaban en el mismo salón…la vería a diario y eso sería por demás incomodo, sin mencionar perturbador. Miroo su reloj nuevamente; eran casi las 11 de la noche; ya debía regresar a casa. Tomó su billetera y pagó el total de lo que había consumido. Tomó su celular, lo encendió y se sorprendió un poco cuando aparecieron varias notificaciones en la pantalla: 20 llamadas perdidas de Hikari, 9 de Yamato y 15 de Mimi. El castaño fruncioo el ceño. ¿Qué se supone que era tan importante para que lo llamaran tanto? Sabía que su madre le daría un buen regaño por llegar tan tarde y sin avisar, pero aun así, no se justificaba tanta insistencia.

Decidió no darle mucha mente al asunto. Guardó su teléfono y salió del establecimiento. Tenía cosas mucho mas importantes en la que pensar: ¿Cómo sacar a Sora de su vida?


El silencio era incomodo. Después de lo que había pasado, bueno, lo que casi pasa entre ellos dos, no encontraban un tema de conversación.

─¿Notaste…algo extraño en Sora cuando te visitó esta tarde? ─preguntó él tratando de romper el silencio.

─No…se veía de lo más normal y eso es lo que me aterra. ─respondió. ¿Y si le pasó algo o alguien la secuestró?

─No pensemos en eso; encontraremos a Sora sana y salva. ─ella asintió.

Otro incomodo silencio se creó entre los dos…

─Mimi, yo quiero disculparme…─dijo deteniendo su andar, siendo imitado por la castaña quien lo miroo expectante. ─por haber sido impulsivo contigo. Te respeto mucho y no debí ponerte en esa situación.

─Bueno…no fue totalmente tu culpa; yo no me negué a nada, así que, no necesitas pedirme disculpas. ─admitió, Esa era el momento. El momento de preguntarle qué rayos eran ellos dos. Mimi abrió la boca para hablar, pero fue interrumpida por una voz a sus espaldas.

─Hola, preciosura. ─dijo un joven de unos 20 años de edad mientras se acercaba a ellos. ─¿Quieres ir a divertirte un rato conmigo? ─la perversión se podía sentir en sus palabras; la castaña se sintió profundamente asqueada y más aun, detectando el fuerte aroma a alcohol que se desprendía de él.

─No, no quiere. ─respondió Yamato de manera firme y fría, mientras se posicionaba frente a ella de manera protectora. Su expresión era aterradora como si quisiera matar al sujeto solamente por haber fijado su vista en la castaña. Juraba por lo más sagrado que si se acercaba un poco más a la castaña, lo mataría.

─¿Y por qué respondes tu? ¿Acaso es tu novia?

─Si, lo es y te advierto que si te acercas mas a ella, te rompo la cara. ─Mimi estaba sorprendida. Había sospechado que Yamato era celoso, pero jamás lo había visto en vivo y en directo. Se veía imponente, serio y, honestamente, daba miedo.

─Está bien, está bien, no hay necesidad de enojarse…─respondió el chico claramente intimidado. Observó a la pareja por unos segundos, para luego, alejarse por el mismo camino por donde había llegado.

Cuando Yamato vio al chico desaparecer en la lejanía, suavizó la mirada y se dirigió a la castaña.

─¿Te encuentras bien? ─Mimi lo miroo extrañada. El chico ni siquiera se le acercó.

─Supongo…─él sonrió.

Otro silencio incomodo se formó entre ellos. Las palabras estaban ahí, pero ninguno de los dos querían ser el primero en pronunciarlas. Ellos sabia n que tarde o temprano tendrían que hablar al respecto.

─¿Qué te parece si buscamos en las canchas de tenis? ─ Primero, le pide disculpas, luego afirma ser su novio y de repente, ¿volvía con el tema de la búsqueda? Sabía que no enfrentaría el problema directamente, pero no esperaba el cambio de tema tan brusco.

─Claro. ─dijo sin más opción. Aunque quisiera aclarar su status en esta…extraña relación, sabía que no era el momento. Por los momentos, lo importante era encontrar a Sora, así que, sus preguntas podrían esperar…Ella debería estar buscándola, como sus amigos lo estaban haciendo, pero teniendo en cuenta que estaba al borde de un ataque de pánico, no sería de mucha ayuda.


Toshiko Takenouchi miroo la hora con ansiedad. Ya era medianoche y aun no había noticias de su única hija. Miraba como Yolei, sin perder tiempo, llamaba por teléfono a todos los conocidos y con su laptop, tecleaba algo, todo de manera simultánea. Con cada minuto que pasaba, sentía que su autocontrol se perdía. Si algo le llegara pasar a su hija, dudaba que pudiera superarlo…

─Aquí está el té, señora Toshiko. ─dijo Hikari amablemente llegando con una bandeja con una taza en ella. La mujer la miroo por unos breves instantes y forzó una amable sonrisa.

─Gracias, querida. ─respondió tomando la taza. La castaña le sonrió. La madre de Sora no dijo nada más. Tomaba su té mientras miraba un punto fijo en la pared; ella era Toshiko Takenouchi, tenía que mantenerse lo más digna posible.

Mientras la castaña trataba de consolar a la madre de su casi hermana, cierta rubia miraba la escena de manera pensativa.

Hikari era un amor…cosa que la molestaba. Se sentía culpable de tener esos sentimientos ante la castaña, pero es que…por más que trataba de buscar algún defecto que controlara sus celos, no lograba encontrarla. Era tan dulce que era imposible ponerse a la defensiva con ella o tenerle rencor; era como querer enojarse con un lindo cachorrito.

─¿Estas bien? ─ la francesa dio un pequeño respingo al escuchar esa voz tan cerca de ella. ¿Cuándo se había acercado?

─Claro es solo que…estoy preocupada, como ustedes. ─ella sonrió tristemente.

─Te entiendo. Sé que no conoces a Sora del todo, pero es una chica muy responsable y por eso estamos tan preocupados.

─Se nota que la quieres mucho… ─Hikari sonrió.

─Es como mi hermana mayor… y agradezco que de alguna forma, la vida la haya puesto en mi camino.

¡Demonios! ─pensó la rubia. No había forma de odiarla…era una guerra perdida. ─De seguro aparecerá pronto, ya verás. ─dijo de manera amable.

La castaña le sonrió.

─Y…¿Cómo van las cosas con Takeru? ─preguntó Hikari. Catherine sonrió internamente.

─De maravillas; es el mejor novio de todos. ─esa afirmación fue una estocada directa al corazón de la joven Yagami.

─No lo dudo; me alegro mucho por ustedes; hacen una linda pareja. ─ y ahí estaba la hipocresía nuevamente. ¡¿Por qué seguía haciendo eso?! ─¿Me disculpas un momento? Debo llamar a mi hermano. ─ dijo entre mentira y verdad. Quería una excusa para dejar aquella conversación que había iniciado, pero también necesitaba llamar a Tai. No entendía por qué no tomaba el teléfono. ¿Acaso estaba con Sora? Marcó el numero de su hermano y esperó en línea. Suspiró desganada al escuchar el buzón de voz. ¿Dónde se había metido?


El castaño tenía sus audífonos puesto, escuchando la música a todo volumen. Sus padres estaban en casa de su abuela, Hikari de seguro estaba en casa de Yolei, por lo que, él podía hacer lo que le viniera en gana. Agradecía a Dios que su madre no estuviera en casa, de lo contrario, habría recibido una muy buena reprimenda por llegar a las 11 de la noche. Cenó, se duchó y se tiró a la cama como todo un buen perezoso, importándole absolutamente nada.


─¡Sora! ─gritó Joe mientras buscaba en la cancha de tenis donde ella practicaba. ─¡Sora! ─estaba comenzando a desesperarse. Buscó en todos los lugares que ella solía frecuentar y nada. Algo debía estar pasando por alto…¡y por fin recordó! ─¡Eso es! ─no era un chico muy atlético, pero cuando le llegó aquel lugar que la pelirroja le encontraba frecuentar cuando tenía un problema, uno tan privado que solo se enteró de él porque la encontró casualmente aquella vez que tenía un problema familiar. Debía estar ahí…

Totalmente sin aliento, por su falta de condición física, llegó a un pequeño lago. Se adentró un poco en el pequeño bosque a su lado y caminó por un par de segundos hasta toparse con un desnivel; bajo cuidadosamente y… la encontró. El desnivel creaba una especie de cueva donde la pelirroja estaba sentada mirando a la nada. Sus ropas estaban mojadas, al igual que su cabello. Su expresión era neutral, pero aun así, podía notar unas rebeldes lagrimas descender por su rostro y parecía no inmutarse ante su presencia. Jamás la había visto tan abatida. Sin decir nada, se sentó cuidadosamente a su lado, dándole tiempo para organizar sus ideas. Al menos sabía que estaba bien…

─¿Qué haces aquí? ─preguntó de manera monótona, sorprendiendo al joven universitario.

─Son casi las 1 de la madrugada y no aparecías; estábamos preocupados. ─ella no respondió. ─¿Qué te pasó? ─preguntó.

─Caí al lago sin querer y me doblé el tobillo; a penas, pude llegar aquí.

─Sabes que no me refería a eso… ─respondió alejando un mechón de cabello que ocultaba su mirada.

Escuchó como tomó una gran bocanada de aire. A pesar de la oscuridad de la noche, algunos rayos lunares alumbraban el rostro de su amiga; no podía entender que le había pasado para destrozarla de esa forma.

─Es que yo…─dijo tratando de que la voz no se le quebrara. ─ he tratado de ser buena, de ser la mejor amiga, hija…y simplemente siento que, sin importar qué…siempre termino fallando.

─Sora…

─¿Qué hago? Dime…no sé que hacer, yo…no soy lo suficientemente buena…─dijo sin poder contener el llanto por más tiempo. Se sentía tan mal, no podía evitarlo…

─Oye…¿de dónde sacaste eso? ─ la atrajo hacia él y la abrazó protectoramente. ─Eres más que buena, Sora…nunca lo olvides. ─trató de consolarla. ¿Qué ser despreciable se atrevía a meterle semejante cosas en la cabeza? ─¿Por qué piensas eso?

─Tai me odia. ─Joe fruncioo el ceño. ─No sabes todas las atrocidades que me dijo y ni siquiera sé que hice mal…

Furia recorrió todo el cuerpo del mayor de los digielegidos. Todo esto era culpa de Tai.

─Vamos, Sora; no llores, no sé que haya dicho Tai, pero es mentira. No conozco a nadie más perfecta que tú, en todos los sentidos.

─La perfección no existe…

─Pues tu estas cerca de lograrla…

Sora escondió su rostro en el pecho de su amigo, empezando a llorar nuevamente. Quería creer en las palabras de Joe, pero era tan difícil teniendo las de Taichi repitiéndose constantemente en su cabeza. Tai era su mejor amigo desde siempre y escucharlo decir todas aquellas atrocidades sobre ella, la habían destruido con una fuerza descomunal.

El joven medico guardó silencio, dejando que se desahogara. ¿Qué clase de amigo era Taichi? Ese no era el Tai que luchó con él innumerables veces. No solo había causado este quebranto en Sora, también se había hecho el indiferente y no había ayudado a buscar. Simplemente…increíble.

Pasaron unos 20 minutos hasta que por fin, sintió como la pelirroja se relajaba en sus brazos y ahí supo que se había quedado dormida. La observó por unos instantes. ¿Cómo alguien como ella podría tener esas dudas? Sora era una chica fantástica y jamás decepcionaba a nadie. Era una pena que Tai pensara lo contrario…

Tomó su celular y envió un mensaje a todos sus amigos, informándoles que había encontrado a la pelirroja. Ya era extremadamente tarde y no era bueno que siguieran a la intemperie. Sora estaba empapada de pies a cabeza y no era bueno que tomara esa fría corriente de aire. Siendo lo más sutil que pudo, tomó el bolso de la pelirroja y luego, la cargó a ella; no tenía idea de cómo escalaria el pequeño desnivel con la pelirroja en brazos, pero valía el intento. Solo esperaba no dejarla caer.


─¡¿Ya llegaron?! ─preguntó la castaña entrando a la residencia, seguida de Yamato;

─Vienen en camino…─respondió Hikari.

En el preciso momento en que el superior había mandado el mensaje, todos los digi-elegidos habían vuelto a la residencia Takenouchi para saber del estado de su amiga. Aun no comprendían que pasaba con su amiga.

─¿Y no se ha contactado nuevamente? ─preguntó Yamato. La castaña negó.

Pasaron unos 15 minutos hasta que por fin, escucharon como alguien tocaba la puerta. Rápidamente, Toshiko corrió hacia la puerta y la abrió estrepitosamente.

─¡Sora! ─exclamó al ver a su hija siendo cargada por su amigo. ¡¿Qué le pasó?!¡¿Está bien?! ─preguntó al ver el estado de su primogénita.

─Está bien; me dijo que se había caído sin querer al lago y se había lastimado el tobillo. ─contestó él observando a la chica plácidamente dormida en sus brazos.

─¿Por qué ella…?

─Está triste, devastada…al parecer pasó algo y quiso alejarse de todo por un momento; por favor, no la regañe. ─dijo con verdadera preocupación en la voz. Toshiko asintió.

─Lo tendré en cuenta; por ahora, lo importante es que esta bien. ─dijo la mujer mientras acariciaba tiernamente el rostro de su única hija. ─Ven, recostémosla en su cama. ─dijo mientras guiaba al chico hacia la habitación de la pelirroja. Luego de unos momentos, Joe reapareció en la sala de estar donde sus amigos los esperaban ansiosos.

─¿Dónde la encontraste? ─preguntó Mimi.

─Cerca del lago.

─¿Y te dijo por qué desapareció así? ─la mirada del joven médico se volvió seria.

─Por Tai…

─¿Por mi hermano? ¿Qué se supone que hizo? ─ preguntó Hikari.

─Al parecer, él y Sora tuvieron una pelea y tu hermano le dijo unas atrocidades que le provocaron un quebranto nervioso; debió haberla tratado muy mal. ─dijo sin ocultar el enojo en su voz.

─No creo que haya sido a propósito.

─O tal vez sí. ─respondió Mimi sorprendiendo a todos. ─Sora me dijo que él había estado tratándola de manera indiferente y hasta la evitaba y ella no entendía por qué.

─Esto no tiene sentido; esos dos son como hermanos. ─ dijo Yolei. Ciertamente, no tenía sentido.

─Bueno, aunque todos queremos saber que pasó entre ellos, ya deberíamos irnos; es bastante tarde.

─Davis tiene razón. ─apoyó Ken.

─¿Pero y Sora? ─preguntó Mimi.

─Está profundamente dormida; será mejor que la visitemos en otra ocasión.

A regañadientes, Mimi aceptó. Luego de algunos minutos, la madre de Sora salió a despedirlos y a agradecerle su amabilidad en aquella angustiante situación. Estaban aliviados de que la pelirroja estuviera bien, pero no podían dejar de pensar en lo que había pasado. ¿Tai era capaz de quebrantar el espíritu de su mejor amiga? Era difícil de creer.


Taichi se había quedado dormido con la música a todo volumen y los audífonos puestos. Se veía tan tranquilo, pacifico…hasta que algo estrellándose contra su cara.

─¡Oye! ─exclamó sentándose en la cama, encontrándose con una no muy feliz Hikari. ─¿Por qué me diste un almohadazo y por qué llegas a estas horas?

─Porque a diferencia de ti, yo estaba resolviendo un problema, ¡no causándolo!

─¿De qué hablas, Hikari?

─De Sora hablo. Teníamos una emergencia y tú no te dignabas a contestar nuestras llamadas.

─¿Qué pasa con esa indeseable? ¿Fue y me acusó contigo? ─Hikari abrió los ojos sorprendida.

─¿Indeseable? ─repitió aun no creyendo lo que escuchaba. ─¿Qué te pasa? ¿Por qué hablas así de ella?

─Solo digo la verdad. Me tomó tiempo, pero ya descubrí la clase de persona que es…

─¿Cariñosa, responsable y honesta?

─Manipuladora, hipócrita y falsa.

─¡Ella no es así! ─defendió la castaña. ─ La pobre estuvo desaparecida por varias horas, totalmente destrozada por algo que le hiciste; estaba destrozada, Tai; ¡hace tan solo algunos minutos la encontramos y a ti parece no importarte!

─¿Sabes qué Hikari? Di lo que quieras; ya veo que se hizo la víctima en todo esto. ─dijo girando en la cama y cubriéndose con las cobijas. La chica lo miroo indignada. Sin pronunciar palabra alguna, salió de la habitación, dando un fuerte portazo.

El castaño suspiró. Ahora Hikari estaba enojada con él y, probablemente, todos sus amigos también. ¿Qué le habría pasado a Sora? ¿Acaso había sido muy duro? Sacudió su cabeza. No. Él no había sido muy duro. Tenía que alejarla de él y sacarla de su vida de manera permanente y al parecer, lo estaba logrando.


Eran las 5:59 a.m. y Jun Motomiya se encontraba de primera en la fila para comprar los boletos del próximo evento de su adorado ídolo. Solo un minuto la deparaba de su tan ansiado boleto hacia Yamato. El reloj marcó las 6 en punto y la ventana frente a ella se abrió; había llegado el momento.

─Muy buenos días, jóvenes.

─Buen día, quisiera una entrada para el concierto de los Teenage Wolves.

─¿Me permite su identificación? ─ la chica se extrañó un poco. Había comprado entrada miles de veces y jamás le habían pedido identificación.

─Muy bien…─dijo entregándole su credencial. La mujer revisó sus datos y hojeó algunos papeles, para luego, mirarla apenada.

─Lo lamento mucho, señorita, pero no estoy autorizada a venderle los boletos.

─¡¿Por qué?!

─Tu nombre y foto aparecen en esta lista. ─explicó simplemente. Jun observó con indignación la lista que sostenía en sus manos.

─Debe haber una clase de error.

─Tú eres la primera en la lista. ─respondió, entregándole la hoja y, efectivamente, su nombre estaba ahí, junto a los de su amigas del club de fans.

─¡Y se puede saber quien preparó esta lista?!

─El líder de la banda. ─Jun abrió los ojos en sorpresa. Su Yamato no podía hacerle eso…─Ahora, por favor, sal de la fila para que los demás puedan comprar. ─pero la hermana de Davis no entendía razones.

─¡No! ¡De aquí no me muevo hasta que me den mi entrada! ─la vendedora giró los ojos fastidiada; sabia que se pondría feo. Tomó el teléfono.

─Seguridad, hay una revoltosa en la fila.

En cuestión de segundos, dos imponentes hombres hicieron aparición, llevándose a una muy alterada chica, ante la atenta mirada de los presentes.

─¡Suéltenme, par de brutos! ─exclamó mientras era arrastrada fuera de la fila.


Le dolía todo el cuerpo, específicamente, la cabeza y el tobillo. Abrió los ojos con pesadez tratando de descifrar donde estaba y que había pasado. De repente, los recuerdos volvieron: ella visitando a Mimi, su encuentro con Tai, el lago, Joe…Se sentó en la cama, aun aturdida. El día anterior había sido devastador para sus nervios y, al parecer, aun no se había recuperado. Las palabras de Tai no dejaban de resonar en su cabeza y hacían que nuevas lagrimas brotaran de sus ya cansados ojos. ¿Qué fue lo que hizo? Necesitaba saber para remediarlo. Cubrió su rostro con sus manos, sintiéndose más que frustrada.

─¿Sora? ─escuchó como la llamaban. Su madre estaba de pie al lado de la puerta. Preocupación plagaba su mirada.

─Mamá…yo lamento lo de…

─Eso no importa ahora. ─respondió rápidamente. Se acercó y se sentó en la cama. ─¿Estas bien? ─su hija forzó una sonrisa.

─Si, de maravilla. ─respondió. ─Mira la hora, llegaré tarde a la escuela, mejor…

─No. ─respondió firmemente, tomando del brazo de su hija. ─No iras a la escuela hoy.

─Pero…

─Y yo no iré a trabajar. ─ la pelirroja la miroo extrañada. ─Hija, cuando te vi llegar en ese estado anoche, me tomó totalmente desprevenida. ─comenzó a explicar. ─Tal vez no he estado lo suficiente pendiente a ti y necesito saber qué es lo que pasa en tu vida, así que…ninguna de las dos saldrá de esta casa hasta que todo se aclare, empezando por aquel suceso que te causó ese pequeño colapso. ─la pelirroja no sabía que decir. ¿Cuánto había esperado para escuchar esas palabras? Pero no sabía si habían llegado en el momento correcto, de verdad no quería contarle sus embrollos amorosos. ─Ahora vuelvo, te traeré el desayuno. ─ella asintió.

Eso se pondría bastante incomodo.


Caminaba apresuradamente a la secundaria. No, no estaba tarde, él ni siquiera asistía ya a la secundaria, pero tenía par de cosas que decirle a cierto castaño, a quien divisó sin problemas entre la multitud. No muy lejos de él estaban sus demás amigos, pero no los saludó, por los momentos ellos no eran su objetivo.

─¡Tai! ─ el castaño giró de mala gana.

─¿Qué quieres, Joe?

─¿No crees que fuiste un patán con Sora ayer?

─¿Tu también vienes con la misma cantaleta? ¡Por Dios, ya déjenme en paz! ─exclamó llamando la atención de los demás estudiantes incluyendo la de los digielegidos. ─Solo le dije la verdad, si ella se lo tomó a mal es su problema, no el mío; que se haga la victima si quiere. ─la consciencia de Joe se apagó. Un impulso sobrehumano tomó posesión de su cuerpo y ante la atenta mirada de los presentes, le propinó un puñetazo al castaño que lo tiró al suelo.

Todos quedaron sorprendidos por la acción del joven médico. Él estaba en contra de la violencia, y jamás la había ejercido hasta ahora.

Taichi se tocó el labio inferior, encontrándose un hilillo de sangre. Eso no se quedaría así. Se levantó rápidamente del suelo y se abalanzó sobre el joven médico como una verdadera bestia.

─¡Oh por Dios! ¡¿Esperan una invitación?! ¡Hagan algo! ─exclamo Mimi, haciendo reaccionar a los muchachos quienes aun ni podían creer que fuera Joe el que lanzara el primer golpe. Yamato, Takeru, Ken y Davis salieron disparados hacia sus dos amigos para tratar de separarlos, mientras las chicas miraban la escena incrédulas. Veían como los chicos trataban de acabar la pelea, pero era en vano; ambos querían molerse a golpes.

Lo que no sabían, era que una figura siniestra disfrutaba de aquel espectáculo.

─Me lo hacen tan sencillo…─dijo para sí mismo.

No sabían que un problema mucho mayor se acercaba…


¡Tiempo sin pasarme por aquí! Hola, chicos, ¿Cómo están? Espero que bien; aquí con un nuevo capítulo. Lamento tanto la demora, en serio, pero espero que el capitulo lo compensara. Gracias a todos los que han dejado sus favs y follows y por lor reviews; el apoyo hace maravillas con mi imaginación.

Dato curioso, la historia cumplió un año, por lo que creo que este capítulo es como un pequeño regalo por el aniversario.

Como siempre, gracias por leer y ya saben, siéntanse libres de comentar ;)

Cuídense,

Bye!