Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto para su entretenimiento y diversión.
Cerró la puerta de su habitación y de inmediato se dejó caer en la cama. No podía creer lo que acababa de pasar:
Besó al superior Joe.
Tanto que se auto convenció de que no podía involucrarse con él, que no debía darle esperanzas, que simplemente no era correcto… y aun así, lo hizo. Y es que cuando se enteró de lo que había hecho, al principio, la culpa la invadió; luego vino la furia al saber que la violencia la generó ella de manera indirecta, pero al confrontarlo, fue una experiencia extra corpórea, como si ella no lo estuviese viviendo, sino viéndola desde lejos, sin ningún tipo de control sobre su cuerpo; solo viendo como sucedía todo mientras ella admiraba pasivamente el espectáculo.
Le encantó el beso, no lo negaría.
Sintió algo en su interior que le rogó que hiciera aquello, que lo volviera a repetir y que le dijera lo que sentía. Y ella sentía que le estaba empezando a gustar. Tal vez estaba tan cegada por sus sentimientos hacia Tai que no divisó al extraordinario chico que tenía justo en frente.
─ Creo que me estás empezando a gustar… ̶ declaró la muchacha al finalizar el beso. Él sonrió.
─ No sé por qué lo dices como si fuese algo malo.
─ Lo es, Joe ─ comentó.─ No puedo hacerte esto; no sé si pueda llegar a enamorarme por completo de ti. Yo…
─ Entonces, intentémoslo.
─ Joe…
─ Hagamos la prueba; dame la oportunidad. ─ suplicó─ Antes no te la había pedido porque pensé que solo me veías como una amigo, pero ahora que sé que empiezas a sentir algo más por mí, quiero probar… si me lo permites ─ explicó. La pelirroja lo observó con algo de duda. Ella no quería lastimarlo, era uno de sus amigos más cercanos y tenía miedo de que esto solo complicara más la situación, pero al mismo tiempo, quería comprobar aquella sensación que estaba creciendo en su interior hacia él. ─ ¿Aceptas ser mi novia…de prueba?
Ignorando su consciencia y sentido común, respondió.
─ Sí.
No estaba arrepentida, pero estaba ansiosa. Pensar en que, tal vez, las cosas no funcionaran y terminaran arruinando la amistad que compartía con Joe, la aterraba, pero sabía que si hubiese dicho que no, todo hubiese sido peor para los dos; para él, hubiese sido otro rechazo, para ella, hubiese sido una duda existencial que no la dejaría tranquila.
Su primera cita sería en un par de días y ella no sabía que esperar de ese encuentro.
Al final, ya había dicho que sí y, por alguna razón, sacando todas sus inseguridades respecto al futuro de su amistad, le emocionaba, de alguna manera, ser la novia del superior.
─ ¡Mimi, te buscan!─ la castaña frunció el ceño. ¡¿Quién osaba a requerirla tan temprano en sábado?! Sin muchos ánimos de nada y sin pensar en el hecho de que la persona que la buscaba lo escucharía, respondió.
─ ¡Dile que morí!
─ ¡Mimi Tachikawa, ven en este instante o yo iré por ti! ─ ante la amenaza de Satoe, la castaña, de mala gana, se levantó de la cama y salió en busca de su visitante.
─ ¿Quién…? ─ dejó de hablar al ver a la figura en la puerta. Al ver que su hija reconoció al chico, Satoe decidió retirarse y darles algo de privacidad. ─ ¿Yamato?─ Él le regalo una sonrisa encantadora, de esas que la derretían en un segundo. ─ ¿Qué haces aquí?
─ Vine por ti.
─ ¿Para qué?
─ Es una sorpresa. ─ respondió. Mimi estaba lista para reclamar, pero Yamato la detuvo. ─ Te esperaré aquí. ─ Y ahí cayó en cuenta de que, estaba en pijamas, despeinada y totalmente impresentable ante el Ishida. Emitió un chillido de sorpresa y corrió inmediatamente hacia su habitación y se encerró ahí. El rubio no pudo evitar sonreír.
̶
─ Entonces… ¿con qué necesitas ayuda?
─ Bueno, ya he hecho el programa, pero por alguna razón, no corre; posiblemente tenga un error en alguna parte u olvidé algo en el código.
─ Déjame darle un vistazo. ─ respondió. Como Daisuke, prácticamente la había comprometido para ayudar a Megumi, no tuvo más opción que hacerlo, pero como tanto ella como la chica en cuestión no coincidían en horarios, tuvieron que emplear el sábado como último recurso y teniendo como punto de encuentro la casa de los Inoue. Estaban trabajando desde tempranas horas de la mañana y ya casi terminaban ─ Creo que el error está en el temporizador. ¿Me das permiso de probar algo?
─ Por supuesto. ─ la chica comenzó a teclear por algunos segundos. ─ Creo que esto resuelve el problema; inténtalo nuevamente. ─ Inoue se hizo a un lado para que la chica probara el programa.
─ Ya funciona. ─ declaró. ─ Muchísimas gracias, Miyako; has salvado mi vida.
─ No fue nada. ─ respondió mientras veía como su compañera recogía sus pertenencias.
Megumi era una chica muy dulce. No tenía ningún motivo para tenerle rencor; si Ken gustaba de ella, no había nada que hacer; era una gran chica y sabía que Ken estaría en buenas manos.
─ ¿Te puedo hacer una pregunta un tanto… personal? ─ Miyako se extrañó.
─ Supongo que si…
─ ¿A ti te gusta Ken? ─ se quedó estática.
─ ¿Por qué… la pregunta? ─ De todo lo que esperaba que pudiese preguntarle, jamás le pasó por la cabeza que sería justamente esa pregunta. ¿Por qué quería saber eso? ¿Para evaluar la competencia?
─ Sé que no es de mi incumbencia, pero no podía seguir con la duda, así que, sé honesta: ¿te gusta Ken? ─ Pensó en mentir, pero sabía que no había ningún tipo de ganancia en hacerlo.
─ Sí, me gusta.─ respondió sin titubeos. Megumi quedó en silencio por algunos momentos, para luego sonreír de manera amable, confundiendo a Inoue de inmediato. ─ ¿Por qué sonríes?
─ Porque lo sospechaba, pero no podía afirmarlo.
─ ¿Por qué lo preguntas? ¿Quieres conocer contra quien compites? ─ ella soltó una pequeña carcajada.
─ Me agrada Ken, pero como amigo; solo te preguntaba porque había notado que cada vez que estábamos juntos en tu presencia, te veías triste y eso llamó mi atención. ─ respondió ─ No trato de apartarlo de ti.
─ ¿No?
─ Claro que no. ─ afirmó.─ Y no te preocupes; no le diré nada. ─ tomó su bolso y caminó hacia la puerta.─ Espero que seamos bunas amigas y recuerda: te debo una, cualquier cosa que necesites, no dudes en contactarme.
Aún aturdida por el cambio en los sucesos, Miyako miró a la chica partir. No entendía como habían pasado de arreglar un programa a aclarar los términos en cuanto a Ken, pero estaba aliviada de saber que ella no aspiraba a conseguir el amor del chico. Pero seguía estando la interrogante de si el ex – emperador de los Digimons tenía algún tipo de sentimiento hacia Megumi, porque si ese era el caso, ella dejaría de intentarlo.
Frustrada, tomó su D-Terminal y escribió un mensaje hacia tres destinatarias específicas. Las necesitaba con urgencia.
̶
Cuando salió por fin de su habitación, esperaba ver a Yamato esperándola en la sala, pero no lo vio allí. Extrañada, salió al recibidor y ahí estaba el sentado en el piso, al lado de la puerta.
─ Sabes que podías esperar adentro, ¿verdad? ─ Yamato levantó la vista.
─ Lo sé; ─ respondió ─ quería tomar algo de aire fresco. ¿Ya estas lista?
─ ¿Qué crees? ─ preguntó. Yamato la examinó con una sonrisa: con su falda de bolados, su sencilla blusa de manga larga y su pelo suelto, la encontraba preciosa…como siempre; llegó a la conclusión de que a ella todo le quedaba bien ─ Estoy muy diferente de cómo me encontraste.
─ Tú te cambiaste porque quisiste; yo te vi bien.
─ ¿Estas bromeando? Parecía un espanto.
─ Para mí, siempre estas guapa.
Mimi sintió sus mejillas arder al instante y la sonrisa triunfante de cierto rubio fue prueba de que él lo notó. Era increíble el efecto que tenía el rubio sobre ella.
─ Deja de decir tonterías y mejor dime cuál es la sorpresa.
─ Si te lo digo… dejará de ser sorpresa. ─ ella infló los cachetes en señal de molestia. ─ ¿Sabes lo adorable que te ves en estos momentos? ─ dijo acercándose a ella, para robarle un fugaz beso en los labios.
─ ¡Yamato! ─ el chico sonrió.
─ Ya, en serio. Vamos; quiero aprovechar el tiempo. ─ dijo tomándola de la mano y guiándola hacia el elevador.
─ ¿A dónde vamos?
─ A nuestra segunda cita. ─ informó. ─ Me has repetido varias veces que no te queda claro que ha cambiado entre nosotros, así que, tal vez, si hablamos un poco y nos conocemos mejor, esa pregunta te quede contestada.─ Mimi no podía creer lo que escuchaba. El rubio se detuvo un momento y giró para encararla ─ Te dije que voy en serio contigo y quiero demostrártelo.
La castaña se conmovió profundamente. No podía explicar la sensación que invadió todo sus ser cuando él pronunció esas palabras. Eso era lo que ella venia buscando desde hace tiempo: un buen argumento para comprobar que para Yamato todo aquello no era un juego. Él era extremadamente reservado y que quisiera abrirse con ella para que lo conociera más allá de aquella faceta estándar que todos conocían, era invaluable para la castaña.
─ Y me alegra que quieras hacerlo. ─ respondió mientras le acariciaba el brazo cariñosamente.
El rubio le besó la frente tiernamente y tomó de su mano para guiarla hacia su destino.
̶
─ Aquí está tu helado, Hikari. ─ la castaña sonrió amablemente.
─ Gracias, Wallace ─ el chico sonrió.
─ Entonces, ¿te estas divirtiendo?
─ Mucho; es mejor que mi plan original. ─ admitió, sonriéndole. Estar acostada, sin nada que hacer más que deprimirse por su situación actual con cierto rubio, no le sonó tan atractivo cuando Wallace llegó con la invitación de ir por un helado. Eran como las diez de la mañana cuando el chico, llegó a visitarla y, posteriormente, la invitó a salir.
─ Eres incluso más bonita cuando sonríes. ─ expresó con una naturalidad que tomó fuera de base a la menor de las Yagami. Wallace rió con ganas. ─ No debes avergonzarte por algo que es totalmente verdad.
─ Eres todo un galán, ¿cierto?
─ Solo contigo. ─ respondió, para luego comenzar a degustar su helado.
Por un momento, Hikari se sintió culpable. Wallace era muy atento con ella y le demostraba cuanto le importaba la relación que mantenían y se sentía mal de no ser capaz de devolverle el afecto con la misma intensidad porque, a pesar de que el rubio le gustaba de verdad, sabía que el sentimiento no era tan poderosos como el que sentía por Takeru. Y se odiaba por eso, por no ser capaz de sacar al Takaishi de su cabeza de una buena vez, especialmente, después de lo que le había dicho. Con sus palabras, terminó de destruir cualquier tipo de esperanza que hubiese existido de que él tuviese algún sentimiento mayor que la amistad hacia ella. Él había herido su orgullo de mujer y eso le dolía bastante.
─ Wallace ─ el chico dejó su helado y le prestó atención. ─ ¿Qué es lo que sientes por mí? Y por favor, sé totalmente honesto. ─ él chico le sonrió.
─ Me gustas mucho, Hikari ─ comenzó ─ Eres tan dulce y alegre que es casi imposible no quererte; siempre preocupándote por los demás antes que en ti misma, dispuesta ayudar en todo momento, aplicada, responsable…si la perfección existiese, tu serías el vivo ejemplo… desde la primera vez que te vi en Estados Unidos, supe que eras especial. ─ estaba sin palabras, incapaz de responder ante semejante declaración. ─ Sé que te gusto, pero no estas convencida del todo de tus sentimientos hacia mí y es por eso que me alegro de que me hayas dado una oportunidad de convencerte; y bajo ninguna circunstancia, quiero que te sientas mal al respecto.
Las palabras de Wallace habían contrarrestado completamente las de Takeru, fabricando una sonrisa automática en el rostro de la castaña.
─ Creo que el dulce es otro en esta relación ─ respondió. Entrelazó sus dedos con los del chico y, para sorpresa de él, se acercó e inició un beso que ninguno de los dos esperaba que pasara.
̶
─ ¿Podemos ir por un helado? Hace mucho calor y, además, podríamos sentarnos al aire libre. ─ sugirió mirando el establecimiento a cierta distancia.
Como forma de disculpa por su comportamiento irracional, Takeru había propuesto un tranquilo paseo, tomados de la mano, solo disfrutando de las compañía del otro. El rubio estaba muy consciente de que su novia no olvidaría ese episodio tan fácilmente, pero tenía que entenderlo: Hikari era como su hermana y debía protegerla. La rabia que sentía al pensar que Wallace estaba con ella, era indescriptible. Y para colmo, sabía que había hecho enojar a la castaña. Admitía que fue un verdadero bruto cuando trató de explicarle su desconfianza ante su relación con el recién llegado, pero no debió tomarlo de esa manera.
─ Me parece bien.─ respondió. Sin soltarla en ningún momento, se acercaron al puesto y ordenaron los helados. Como su helado fue el primero en ser entregado, Takeru comenzó a buscar una mesa desocupada donde pudiesen sentarse tranquilamente a disfrutar de sus helados y fue ahí cuando los vio. Frunció el ceño automáticamente al ver a Hikari y Wallace riendo de algo que veían en el teléfono. Le molestaba ver lo cerca que se encontraban el uno del otro, especialmente, al notar que el brazo del chico se encontraba en la cintura de la chica. Pero lo que terminó por enfurecerlo fue la escena donde el muy…descarado, le susurraba algo al oído a la portadora del emblema de la luz, quien al dirigir su mirada hacia él, le plantó un beso que ella no dudó en responder.
─ ¿Encontraste un lugar?─ preguntó Catherine.
─ Así es. ─ afirmó notoriamente irritado y ella de inmediato lo notó. Takaishi comenzó a caminar, por lo que, no tuvo más remedio que seguirlo. Cuando estaba lo suficientemente cerca, vislumbró hacia donde, o mejor dicho, hacia quiénes se dirigía. ¿Acaso era una broma? ─ ¡Wallace, Kari, que sorpresa! ─ La pareja se separó de golpe ante el inesperado llamado.
─ ¡Takeru! ─exclamó totalmente sorprendida. ─ ¿Qué haces aquí? ─ El rubio frunció el ceño. ¿Por qué de repente le dice Takeru? ¿Desde cuándo era necesaria tanta formalidad?
─Vinimos por un helado. ─ Hikari reparó en la presencia de la rubia unos segundos después de esa declaración. Estaba muy ocupada tratando de entender por qué el destino se empeñaba en ponerlo a prueba. ¿Por qué Tk debía aparecer justamente en ese momento? ¿Justo cuando estaba pasando un buen momento en compañía de Wallace? ─ ¿Nos podemos sentar con ustedes?
─Claro. ─respondió Wallace sin titubeos. La pareja recién llegada tomó asiento. ─ ¿Están en una cita?
─Se podría decir que sí. ─respondió Catherine. ─No habíamos tenido tiempo con el Instituto y demás, así que, decidimos aprovechar el día.
─Suena bien. ─respondió Wallace.
─ ¿Y ustedes? ─preguntó Catherine mientras se aferraba al brazo de su novio. Takeru y Hikari no habían pronunciado palabra alguna desde que se habían sentado y peor aún, se sostenían la mirada y sus expresiones eran por demás serias.
─A decir verdad…─comenzó la castaña, saliendo de su pequeña batalla con el Takaishi y dirigiéndole una pequeña sonrisa a Wallace. ─Yo no tenía planes; Wallace se apareció en mi casa y me invitó a dar un paseo; la he pasado muy bien. ─el rubio, como respuesta, le plantó un tierno beso en la frente.
─Wow, Wallace; eres realmente intenso, ¿no crees?─ tanto Hikari como Catherine miraron al rubio con verdadera sorpresa.
No pudo evitarlo; le ardía la sangre gracias a la rabia que sentía. Lo enfermaba que Wallace estuviera tan cerca de la castaña; no le gustaba que la besara, que la abrazara, que entrelazara sus manos con la de ella… ¡No quería que se le acercara! Y eso lo estaba comenzando a asustar.
─Sé que así suena, pero es que Hikari merece toda la atención que se le pueda brindar. ─respondió el chico. Si había notado algún tipo de malicia en el tono de Takaishi, Wallace decidió ignorarlo, para alivio de Hikari, quien le sonrió ante la respuesta; el chico era tan dulce…
─ ¿Y no crees que eres algo empalagoso?
─Takeru…─advirtió Catherine a su lado.
─ ¿Que? Solo es curiosidad.
─Para nada; Hikari merece toda esa atención. ─respondió de nueva cuenta y sin ningún tipo de molestia en su voz.
Tk estaba comenzando a irritarse. El chico no parecía reaccionar ante sus alegatos y lo estaba haciendo quedar mal frente a Hikari.
─Takeru, ¿me puedes acompañar un momento a la barra? Mi helado necesita más chispas─ El rubio sabía que la amabilidad que profesó su mejor amiga en esa oración, era una fachada. Estaba enojada y eso…simplemente no era bueno.
La menor de los Yagami se levantó de su asiento y se dirigió hacia la barra, seguida de cerca por el rubio.
─No necesitas nada, ¿verdad?
─ ¿Tú qué crees? ─respondió girándose para quedar frente a él. ─ ¿Qué es lo que ocurre contigo?
─No sé de qué me hablas. ─ respondió haciéndose el desentendido, acción de la que pronto se arrepintió al ver la expresión de pocos amigos que la chica le profesaba.
─Eres imposible…─ murmuró la chica mientras tomaba el recipiente de chispas y las vertía sobre su helado a medio comer; no las necesitaba, pero prefería eso a estallar contra el rubio a su lado. Estaba siendo tan inmaduro e infantil que ya no lo reconocía; ese no era el Takeru de siempre.
─Solo trato de protegerte…
─ ¿Cómo? Porque no entiendo tu lógica. ─respondió mirándolo a los ojos. ─Conoces a Wallace, sabes que es un buen chico y que nunca lastimaría a alguien a propósito y, aun así, estas aquí, atacándolo y el chico es tan dulce que no siquiera se da cuenta de aquello.
─ Es que…─comenzó a decir, no muy convencido de cómo contratacar su argumento. Ella tenía razón y él lo sabía, pero algo dentro de él no lo dejaría admitirlo en voz alta. Wallace podría ser declarado el hombre perfecto y para él, seguiría siendo indigno de Hikari. ─No quiero que estés con él…
─O sea que quieres que termine con él…─respondió. El chico asintió. ─Pero que descaro el tuyo…
─Hikari…
─ ¿Sabes? Varios de los compañeros de mi hermano me han invitado a salir y tú mejor que nadie sabes que… ─comenzó a decir, señalándolo de manera acusadora─ los rechacé porque según tú, no me convenían y ¿sabes qué? ─ La determinación y el enojo que le profesaba la castaña lo estaba afectando. ─ Ya me cansé; no voy a dejar que te interpongas más en mi vida.
─Soy tu mejor amigo…
─Pues comienza a actuar como tal. ─respondió. ─ Y dada las circunstancias, si debo elegir entre tú y Wallace…lo elegiré a él; al parecer, él sí sabe lo que me conviene.
Takeru, ofendido y dolido como nunca antes, observó a la castaña alejarse hacia la mesa. Le sonrió a Catherine y a Wallace como si nada hubiese pasado, y luego de intercambiar un par de palabras con el extranjero, la pareja se marchó. En ningún momento Hikari le dedicó algún tipo de mirada. Era como si hubiese sentido un balde de agua fría caerle encima. Después de tantos años de amistad, ¿ella sería capaz de elegir a un recién llegado tan fácilmente? No podía creerlo… y más aún al ver que ella desaparecía por la calle, tomada de la mano de Wallace.
Mimi miraba fascinada como el lugar de su cita se desvelaba ante sus ojos: el muelle. Ese lugar, paradisiaco según ella, que frecuentaba cada vez que necesitaba pensar o tenía deseos de estar sola y desconectarse del mundo. Podía pasar horas de pie, observando las tranquilas aguas como si fuese lo más entretenido del mundo.
─ ¿Por qué me traes aquí? ─no se estaba quejando, solo quería confirmar si la elección del lugar había sido pura coincidencia.
─Es un lugar muy tranquilo y sospechaba que te gustaría.
─ ¿Por qué lo sospechabas?
─Te he visto varias veces por este lugar, así que lo supuse.
─ ¿Y por qué nunca te acercaste?
─En esos tiempos, no estábamos en los mejores términos. ─ Mimi asintió. Lo más seguro es que si lo hubiese hecho, ella pensaría que lo hacía por fastidiar y una pelea se hubiese creado de inmediato.
─Tiene sentido. ─respondió, apretando sutilmente su mano en forma de cariño.
Habían estado tomados de la mano desde que habían abandonado la residencia Tachikawa y en ningún momento, sintieron algún tipo de incomodidad, al contrario, se sentía bien, natural y reconfortante el andar así.
El lugar al que la guió, se encontraba adornado con una muy conveniente sombra que los cubría a ambos y donde podrían relajarse sin el calor abrumador que les generaba la luz solar.
─Dame un segundo. ─ Yamato se separó de ella y se dirigió detrás de una pila de maderas. Extrañada, lo siguió con la vista y lo vio reaparecer con una gran mochila en brazos. Volvió a su lado y sacó una enorme frazada que extendió en el suelo. ─ ¿Creíste que dejaría que mi princesa se sentara directamente en el sucio suelo? ─ La castaña se sonrojó violentamente. No supo si fue por la sonrisa jodidamente encantadora que le profesó el Ishida o por el impacto que tuvo aquel "mi princesa" en ella. Cualquiera que fuese la razón, Yamato era el causante y eso reivindicaba el hecho de que él tenía un gran efecto sobre ella.
─Cierra la boca, Ishida. ─ él sonrió mientras se sentaba sobre la frazada.
─Ya, anda; siéntate a mi lado. ─ Aun sonrojada, la castaña obedeció. Yamato tomó la gran mochila y sacó de él otro objeto.
─ ¿Un sombrero? ─preguntó la castaña.
─Para nosotros es un recipiente. ─abrió uno de los bolsillos y extrajo unos papeles previamente doblados y los vertió en el sombrero.
─ ¿Harás un truco de magia o algo así? ─ él negó con la cabeza.
─Los papelitos que acabo de introducir en el sombrero, contienen, digamos, unas categorías.
─¿Categorías de qué?
─De temas que nos interesaría saber del otro. Uno de nosotros saca un papelito y ese será el tema que comentaremos. ─explicó─ Te prometo que seré lo más sincero posible. ─la castaña sonrió. Honestamente, nunca imaginó que Yamato se tomara esas molestias para acercarse a ella, pero no se quejaba; simplemente se sentía afortunada de ver un lado más afectivo de Yamato. ─ Las damas primero. ─ declaró extendiéndole el sombrero. Mimi revolvió un poco los papeles, para luego sacar uno.
"Cosas que odias"
─Cosas que odias. ─ leyó en voz alta. ─A ver…que odio…─dijo pensativa. ─ Superficialmente, odio los bichos; les tengo pavor. ─el rubio sonrió. ─ ¡Oye, no es gracioso!
─No me lo parece, solo que eso ya lo intuía.
─De cualquier forma, también odio a las personas falsas.
─ ¿Ves? Algo en común tenemos. ─respondió él.
─ ¿Qué hay de ti?
─Pues, aunque no lo creas, odio la soledad. ─ eso la extrañó.
─No das esa impresión.
─Lo sé, pero con los años entendí que a veces recurrimos a cosas que no nos gustan para protegernos.
Mimi decidió no preguntar más. Tenía la sospecha que más adelante entendería el por qué de su actuar; no lo presionaría.
"Canción Favorita"
─Move My Jagger de Marron 5 ─respondió. ─ ¿Qué tal tú?
─ I Will Always Love You de Whitney Houston.
─Mimi, ¿es en serio? ─ preguntó el rubio con una sonrisa en el rostro.
─Sí, es en serio. ─se defendió. ─Es algo antigua, lo admito, pero es una obra de arte que trasciende la barrera del tiempo.
─Te pusiste filosófica.
─Calla, Yamato…
"Placer Culposo"
─Netflix y pizza todo el fin de semana. ─respondió el rubio.
─ ¿Lo dices en serio?
─Yo también soy perezoso de vez en cuando. ─respondió. ─Ahora dime el tuyo.
─Me atraen bastante los lobos solitarios con un toque de misterio, ya sabes, los chicos malos.
La sonrisa picarona que apareció en su rostro, logró sonrojar al implacable Yamato Ishida.
"Fechas importantes"
─ Todas las festividades, los cumpleaños de mis amigos, de mis padres…y el mío en algunas ocasiones. ─ respondió ella.
─ ¿Por qué en algunas ocasiones?
─No lo sé; me emociona más prepararles fiestas a los demás que pensar en el mío. ─explicó. ─Te sabes mi cumpleaños, ¿verdad? ─él asintió.
─23 de noviembre.
─El tuyo es 17 de febrero. ─ aclaró. ─ Pero nos desviamos un poco del tema; aun no me dices tus fechas importantes.
─No tenía una en específico hasta ahora. ─ respondió. ─Pero creo que el 23 de noviembre se convertirá en una fecha de suma importancia.
"Pasatiempo"
─Creo que el mío lo sabes de sobra. ─respondió Yamato.
─En mi caso, estoy en el club de drama y estoy pensando en audicionar para porrista. ─El rubio se mantuvo en silencio. ─ ¿Qué? ¿Crees que no pueda?
─Al contrario, creo que no hay nadie mejor que tú para brindarles ánimos a las personas; te sale natural.
"Relaciones anteriores"
Mimi observó al rubio enarcando una ceja.
─ ¿En serio, Yamato?
─Dijiste que necesitábamos conocernos mejor y esa es una parte muy importante. ─respondió. ─En mi caso, solo tuve una relación que se podría considerar seria y fue con Sora, luego de eso, solo he tenido…encuentros casuales.
─ ¿A qué llamas "encuentros casuales"? ─No quería admitirlo, pero estaba celosa y mucho, de solo pensar que él estuvo con muchas mujeres. ─ ¿Te acostabas con ellas?
─ No. ─respondió. ─ Que me lluevan las mujeres no quiere decir que aproveche todas las oportunidades. Sólo me acosté con una chica en mi vida y fue por mera curiosidad. ─respondió. ─ ¿Por qué tan agresiva? ¿Te pusiste celosa?
─Por supuesto que no. ─ se defendió. El Ishida no pudo evitar sonreír al notar como su expresión denotaba los celos que la invadían. No entendía como alguien se las podía arreglar para verse adorable y sexy a la vez.
─Bien…tu turno.
─ Mi única relación seria ha sido con Michael y terminamos porque yo debía retornar a Japón. ─sentenció. ─ Luego de ahí, varias citas, pero nada llegó a tomar importancia.
─ ¿Y aún sientes algo por él?
─No. ─ Yamato sintió una sensación de alivio inmediatamente, aunque no podía descuidarse. Él sabía que Michael seguía detrás de la castaña.
─Eso es bueno.
"Futuro"
─He estado pensando en estudiar gastronomía.
─ O sea, quieres ser chef. ─ella asintió. ─ Suena bien.
─Y en cuanto a lo personal, me gustaría casarme y ser madre, pero claro, antes me gustaría viajar y conocer nuevos lugares y personas. ─afirmó. ─ ¿Y tú qué dices?
─Al igual que a ti, me encantaría tener una familia, tal vez, una grande.
─ ¿En serio? ─él asintió.
─Sé que no doy esa impresión, pero realmente me gustaría ser padre algún día. ─ella sonrió tiernamente. Nunca le pasó por la mente que Yamato pensara en tener una familia; realmente lo había juzgado mal. ─En cuanto a lo profesional, estudiaré para ser astronauta. ─ella abrió los ojos como platos. ─Esa sí que no te la esperabas, ¿eh?
─ ¿Por qué quieres ser astronauta?
─Me interesa mucho el espacio y me gustaría ser capaz de desentrañar algunos de sus misterios y ayudar en todo lo que pueda para entenderlo mejor. Yo sé que algún día, viajaré al espacio exterior con Gabumon.
─ ¿Crees que dejen que Gabumon viaje?
─No lo sé, pero de seguro cierta castaña muy convincente puede darme una mano.
─Te lo advierto, cobro caro por mis servicios.
─Eres mala…
─Lo sé.
Él solo atinó a sonreír.
"Familia"
Mimi releyó mentalmente el papel. No sabía si era buena idea entrar en ese ámbito. No por ella, sino por él. La historia familiar de Yamato era turbia y no sabía si era buena idea navegar entre esas aguas.
─Yamato, no tienes que…
─Está bien; quiero que me entiendas y esto es parte fundamental de lo que soy. ─ respondió.
Ella sabía que trataba de hacerse el indiferente, pero en el tiempo que tenía tratando a Yamato, había aprendido a leer sus expresiones a través de aquellos imponentes ojos azules que eran capaz de quitarle el aliento, y en esos momentos, lucían apagados; de lejos podía notar que le incomodaba hablar del tema.
─De verdad, Yama, no es…
─Insisto. ─interrumpió. Mimi enfocó toda su atención en el rubio. Había tomado una pequeña roca del suelo y jugaba distraídamente con ella. La castaña no sabía si por ansiedad o por nerviosismo, pero Yamato parecía juguetear con el objeto de manera automática. ─Cuando tenía unos seis años y Takeru tres, las peleas empezaron entre mis padres. Ambos trabajaban, pero mi padre se excedía y eso era algo que estaba destruyendo a la familia. Llegaba de madrugada a la casa y, a pocos segundos de cerrarse la puerta, escuchabas como ambos se gritaban todo tipo de cosas, pesando que Tk y yo estábamos dormidos. Si te soy honesto, no tengo la cuenta de cuantas noches la pasé en vela esperando a que las discusiones cesaran.
Ella estaba ensimismada en el relato; no sabía cómo reaccionar ante esa nueva información.
─ ¿Y luego que pasó?
─Aproximadamente un año después, se divorciaron. ─respondió. ─Mamá se llevó a Takeru y yo me fui con papá.
Yamato no dejaba de jugar con la pequeña roca y Mimi sabía que era un intento de desviar sus pensamientos y no revivir aquellas escenas de su pasado. Sin ningún tipo de titubeo, posó su mano sobre las de él para que se detuviera. El rubio levantó la vista y la observó por unos momentos.
─ De verdad, Yama, no tienes que contármelo.
Y en ese momento, el rubio supo que ella era la indicada para conocer los demonios que aun plagaban su pasado. Cualquiera estuviese exigiéndole el final de esa historia, pero ella, a pesar de que él podía ver la curiosidad en su rostro, se negaba a dejarlo terminar porque sabía que el tema lo lastimaba.
Regalándole una pequeña sonrisa, entrelazó su mano con la de ella.
─Sé que no tengo, pero quiero que lo sepas. ─ respondió. ─ Después de eso, el contacto entre mi madre y yo fue casi nulo y creo que hasta cierto punto creí que ya no me quería. Con ese pensamiento, sumado al hecho de que papá casi nunca estaba en casa, comencé a cerrarme a las personas y me convertí en el Yamato de 11 años que conociste.
─Tuviste que madurar muy rápido, Yamato; eso no es justo.
─La vida no siempre lo es. ─el rubio se ensimismó por un momento en sus pensamientos mientras su mirada se perdía en las tenues aguas. ─ La realidad es que, la relación con mi madre aun no es muy buena que digamos.
─ ¿Por qué no?
─ Se podría decir que no hemos discutido el asunto como tal…
─ ¿Y qué esperas para hacerlo?
─No es tan sencillo…dar el primer paso es difícil…
─Pero no imposible. ─rebatió. ─No quiero opinar de más en el asunto porque francamente, no he experimentado algo semejante, pero estoy segura de que tu madre te ama y de que se siente culpable. De seguro no sabe cómo acercarse a ti. ─ Yamato pareció meditarlo.
─ ¿Tú crees?
─ Estoy segura. ─ ella le sonrió en manera de apoyo. ─ Da el primer paso y no te vas a arrepentir. ─ Él le devolvió la sonrisa.
─Tomaré tu consejo. ─respondió ─ ¿Qué hay de ti? ¿Algo familiar que remarcar?
─No mucho; ya sabes que mis padres son muy excéntricos y se quieren mucho, pero no somos esa familia perfecta que todos creen. ─declaró. ─ El trabajo de mi padre es un gran problema para todos; a veces se ausenta por meses y, en el peor de los casos, debemos mudarnos…no es nada fácil en realidad.
─No lo había visto de esa forma.
─Es que no me gusta mostrarme triste, pero dejar tu hogar, a tus amigos, conocidos…dejar tu vida para iniciar en otro lugar…es duro. Además, todos te juzgan; te llaman egoísta o ególatra solo porque defiendo mis ideas con ímpetu. Creo que es injusto…
Nunca había pensado en esa parte de la historia. Para él, Mimi era de las chicas que amaba viajar, de desprenderse de las cosas…la consideraba prácticamente una nómada que no se ataba a nada, pero se equivocó, al igual como lo hizo al pensar que no se dejaba afectar por los demás. No se debía juzgar un libro por su portada y la castaña era la prueba de aquello.
─Eres una chica fuerte, Tachikawa. ─respondió.
─Lo mismo digo de ti, Ishida.
"Razones por la que discutíamos"
─Muy buena pregunta. ─comentó Mimi. ─ No lo sé; creo que me exasperaba un poco tu indiferencia.
─ ¿Un poco? ─preguntó de manera burlona.
─ Está bien, me molestaba mucho. ─admitió. ─No me gusta que me ignoren. Además, muchas veces traté de llevarme bien contigo, pero por alguna razón, siempre terminábamos como perro y gato.
─Al principio, cuando éramos niños, me parecías muy caprichosa.
─Eso te lo concedo.
─Aun lo eres de vez en cuando, pero…
─Yamato…─pronunció en tono de advertencia.
─ ¿Qué? No he dicho que ahora me moleste; me parece adorable cuando inflas los cachetes ante algo que no te gusta.
Y no mentía. Era increíble como la perspectiva de una persona podía cambiar tan drásticamente, pero, como Yamato había comprobado, cuando Mimi aparecía en la ecuación, todo perdía sentido porque es que la castaña tenía la habilidad de cambiar la situación en un abrir y cerrar de ojos…siendo simplemente ella.
─Deja de estar de galán y termina de contar…─el rió.
─Está bien, está bien…Como te iba diciendo, a medida que iba pasando el tiempo, me molestaba tu…alegría.
─ ¿O sea que querías que estuviese…triste? ─preguntó confundida.
─No me refiero a eso; es solo que…creo que te tenía envidia.
─ ¡¿De mí?! ─ eso sí que no lo creía. ─ ¿Qué podrías envidiar de mí?
─La unidad familiar que tienes, lo fácil que es para ti expresar lo que sientes, tu capacidad de no desanimarte ante la situación…son cosas que, ahora, admiro de ti.
─ ¿En serio? ─él asintió.
Ella jamás podría ponerse en el lugar de Yamato. En el mundo creado por sus padres, en el que creció, los niños debían ser niños y nada más; no tenían más responsabilidad que jugar y ser felices.
Pero Yamato era la prueba de que eso no siempre se cumplía.
─Pero creo que aquella noche, mi perspectiva cambió drásticamente. ─ casi de manera automática, la castaña se acercó a él, para aferrarse de su brazo y descansar su cabeza suavemente sobre el hombro del rubio.
─La mía también…─Yamato sonrió tenuemente mientras posaba su mano en su cintura.
Ellos sabían que las palabras no servirían mucho por los momentos. La tranquilidad que los embargaba no merecía ser interrumpida con dialectos sin importancia.
Yamato sabía que quería ser exclusivo con ella; quería a Mimi y no veía la hora donde pudiese llamarla "novia", pero él sabía que no era una tarea fácil. La castaña no era de esas chicas que se le lanzaban hacia él indiscriminadamente; ella era diferente y debía tratarla como tal porque le gustaba aquella paz que ella le transmitía, le gustaba el calor que invadía sus mejillas cuando ella le dedicaba una sonrisa…Mimi era la única que podía sacar a aquel Yamato relajado que se olvidaba del mundo con solo tenerla a su lado.
Lo único que deseaba era ganarse completamente el corazón de la castaña.
─ ¿Tienes hambre? ─preguntó al ver la hora.
─Un poco…─respondió la castaña. Estaba hambrienta, pero como toda señorita, nunca lo admitiría.
─Traje algunas cosas; podemos continuar con el juego después de almorzar ─ tomó la mochila y sacó algunos emparedados y botanas.
─ ¿Esa mochila no tiene fondo?
─Solo es cuestión de organización. ─respondió. ─ Sé que no es un banquete, pero…
─Es perfecto.
Yamato le dedicó una pequeña sonrisa mientras le extendía varios emparedados para que la castaña eligiera.
─Un día de estos, te prepararé algo delicioso.
─Entonces yo te hornearé un rico pastel.
─ ¿Es una cita, Tachikawa?
Ella asintió.
─Puedes apostarlo, Ishida.
─ ¡Pero tengo hambre, Koushiro!
─No importa; casi me tengo que ir y tú tienes que terminar de repasar.
─ ¿No puedes venir mañana de nuevo?
─Te dije que estaré ocupado.
Taichi rodó los ojos. Sabía que borrar a cierta pelirroja de su vida no sería fácil, pero la dependencia que tenía anteriormente de ella era ridícula. Hasta para estudiar ella estaba presente. Como él no era el más estudioso de todos, siempre la pelirroja era la que lo ayudaba a apenas sobrevivir los exámenes. Y aunque se esforzase en negarlo una y otra vez…
La extrañaba.
Extrañaba enviarle mensajes sobre cualquier trivialidad o tontería, comentar los resultados de los partidos de futbol, jugar online contra ella, desahogarse sobre cómo estuvo su día…
Pero él estaba decidido a superarla y eso tenía que hacer.
─Pero Koushiro…
─ ¿Qué quiere decir "I am sick"? ─respondió de mala gana. Realmente estudiar con Koushiro no era para nada divertido. Por lo menos Sora lo hacía de manera más dinámica y…
Sacudió la cabeza violentamente. ¡Tenía que dejar de pensar en ella!
─Estoy enfermo. ─el pelirrojo asintió.
─Bien. "Have you been here?"
─ ¿Has estado aquí? ─el pelirrojo volvió a asentir. El pelirrojo hojeó el libro de texto en busca de su nueva pregunta. ─Koushiro, ¿escuchaste eso?
─ ¿Qué cosa?
─Creo que hay alguien en la puerta.
─Yo no escuché nada. ─respondió el elegido del conocimiento. ─ ¿No será que tratas de perder el tiempo?
─Te juro que escuché algo. ─ el castaño se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta.
─Como digas. ─respondió Izumi─ ¿Cómo se dice en ingles "Por supuesto que no"? ─ preguntó, alzando un poco la voz, al mismo tiempo en que Taichi abría la puerta y se encontraba a su hermanita, a su linda, tierna, pura y angelical Hikari…
Besando a un chico.
─Oh hell no! ─vociferó haciendo que la pareja se separara como si fuego surgiera entre ellos.
─Taichi, debes responder de manera formal. ─regañó el chico ajeno a todo el asunto.
─ ¡¿Qué creen que hacen?! ─ante esa exclamación, el compañero de Tentomon se dirigió rápidamente hacia la puerta.
─ ¡Deja de gritar! ─exclamó la castaña. ─Wallace, lo mejor será que te vayas.
─Pero…
─Hazle caso antes de que te muela a golpes en este instante.
─ ¡Taichi! ─ regañó. ─Te mensajeo luego, ¿sí? ─el chico asintió no muy convencido. Miró a los hermanos por última vez y se alejó de la residencia. Cuando lo perdió de vista a su novio, se giró furiosa hacia su hermano mayor. ─ ¡¿Se puede saber cuál es tu problema?!
─Yo mejor los dejo a solas. ─dijo el pelirrojo mientras se escabullía fuera del apartamento; más tarde regresaría por sus cosas.
─ ¡¿Cómo que qué me pasa?! ¡Abro la puerta y los veo a los dos pegados como si sus vidas dependieran de ello!
─ ¡Eres un exagerado! ─exclamó mientras entraba a la residencia.
─No, no lo soy. ─respondió un poco más calmado, cerrando la puerta tras de sí y siguiendo a su hermana. ─Pensé que salían de manera inocente; eso que vi era cualquier cosa menos que inocente.
─Hermano, fue solo un beso…
─No tienes edad para andar besando chicos; eres una niña.
─ ¡Por todos los Cielos! ─exclamó exasperada. ─Ya no soy una niña y puedo salir y besar a quien se me antoje. ─ no le gustaba contradecir a su hermano, sabiendo lo terco que era, pero todos tenían un límite y Taichi, últimamente, se había empeñado en llevarla al suyo.
─Yo no lo apruebo, así que, no puedes.
─Tú no tienes control sobre mi vida.
─ ¿Ah no? ─exclamó de manera amenazante.
─No. ─respondió. ─ Si quiero salir con él, besarlo, tener sexo…─Taichi se tapó las orejas con sus manos con verdadera expresión de pánico en el rostro.
─ ¡No oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado! ─La castaña se mordió el labio para evitar sonreír maliciosamente. Tal vez se había excedido un poco al mencionarle la palabra "sexo", pero entre lo que le hizo a Sora y lo que le estaba haciendo a ella, merecía algún tipo de escarmiento. ─Óyeme bien, Hikari Yagami, jamás de los jamases, te acostarás con un chico, ¿me entendiste? ─ ella iba a replicar. ─Si algún día quieres niños, adoptas o esperas un milagro.
─Eres un caso perdido…─respondió. ─ Ahora solo haz hecho que me enojes más contigo.
Se dirigió a su habitación y cerró la puerta con furia.
Taichi, furioso al igual que su hermana, miró la puerta con impotencia. Sospechaba que había metido la pata, pero no tenía las pruebas para afirmarlo. Amaba a su hermanita y lo único que quería era su bienestar, pero al parecer, ella no lo veía de esa forma. Necesitaba una segunda opinión para saber qué hacer, pero lamentablemente, la única persona que podría guiarlo en el asunto, era la misma que él trataba de expulsar de su vida.
Frustrado se dejó caer en el sillón y encendió la TV en busca de algo que distrajera su mente.
Luego de almorzar, Yamato y Mimi terminaron los papelitos que restaban en el sombrero que había sido testigos de sus confesiones. Para alivio de la castaña, las preguntas que quedaban no eran tan profundas como algunas de las anteriores porque, aunque quería conocer y entender a Yamato en su totalidad, sabía que el rubio ya había hecho un gran esfuerzo y no quería presionarlo más.
Con las manos entrelazadas y con Mimi apoyando su cabeza sobre el hombro del rubio, admiraron el paisaje frente a ellos.
Los silencios entre ellos se convertían en un placer culposo para ambos. Yamato adoraba sentir la calidez de su cuerpo contra el suyo, oler esa esencia inconfundible que ella desprendía, la paz que ella causaba en él…Él no se consideraba romántico hasta que la castaña apareció en su vida. Se sorprendió al encontrarse rompiéndose la cabeza pensando en cómo podría conquistarla porque, últimamente, no había otra cosa más importante que ver aquella traviesa sonrisa que la castaña siempre tenía en el rostro. Y no lo podía evitar…ya escuchaba las futuras burlas de Taichi ante su nueva actitud, pero en esos momentos, no le importaba; el Yagami era la última preocupación en su mente.
Al final, cerca de las 3 de la tarde, decidieron que era hora de irse. Los jóvenes recogieron todas las pertenencias y partieron hacia la residencia de la castaña, aun tomados de la mano.
─ Pero que calor hace…─se quejó la castaña. El rubio observó su alrededor y vio un puesto de helados.
─ ¿Quieres un helado? ─ella asintió.
─ Claro. ─respondió. Se soltó del agarre del rubio, con clara intención de buscar su monedero.
─ ¿Qué crees que haces?
─Busco el dinero para el helado.
─Al preguntarte si querías, creí que quedaba implícito que yo te lo brindaría.
─Eso sería un abuso de mi parte.
─No lo es si quiero hacerlo. ─respondió. La castaña frunció el ceño. Yamato era terco y era muy posible que no llegara a razonar con él.
─Está bien; pero con una condición.
─La que quieras…
─Que yo te compre el tuyo.
─Menos esa. ─Mimi sonrió.
─Me dijiste que aceptarías cualquier condición.
─Si hiciéramos eso, estaríamos en las mismas…
─Lo sé. ─respondió. Yamato suspiró.
─Está bien. ─aceptó de mala gana. ─Eres una pequeña tramposa.
─También lo sé.
Sin más remedio, con una pequeña sonrisa en el rostro mientras se recriminaba mentalmente por haber caído en su jueguito, Yamato siguió a la castaña.
─ ¿No quieres esperar un rato más? ─ preguntó Satoe mientras escoltaba a Michael a la puerta.
─Ya he abusado mucho de su hospitalidad; hablaré con Mimi más tarde.
─No eres molestia; cuídate. ─ él asintió en forma de despedida. En el momento en que la puerta se cerró, la expresión de Michael cambió drásticamente.
Estaba furioso.
Había esperado pacientemente por Mimi unas 2 horas y la chica no apareció y por la descripción que le dio Satoe del chico que había pasado por Mimi, supo que estaba con Yamato. Se sentía traicionado, dolido, pero sobre todo, decepcionado. Sabía que ya no eran novios, pero Mimi parecía haber olvidado toda la historia que existió entre ellos.
Él tenía que actuar rápido; Yamato le llevaba mucha ventaja.
─La pasé genial, Yamato.
─Esa era la idea. ─respondió el rubio. Estaban frente a la residencia Tachikawa y, honestamente, estaban decepcionados de que se acabase la cita.
─Y justo a tiempo para mi próxima cita…─Mimi sonrió ante la cara de espanto que el rubio le profesó. ─ con las chicas…
─Eres mala…─respondió, mientras soltaba un suspiro de alivio─ ¿Sabes algo, Mimi? Aún me queda un papelito más ─la chica lo miró con curiosidad. El chico metió su mano en su bolsillo y sacó el objeto en cuestión, entregándoselo a la castaña, quien lo desdobló.
"¿Por qué quiero estar contigo?"
La castaña lo observó anonadada. El rubio tomó sus manos e hizo que le prestara atención.
─Yo quiero estar contigo porque…eres tú. Esa pequeña princesa que con besarme aquella noche, rompió todos mis esquemas y que aún lo sigue haciendo con tan solo una sonrisa. ─soltó sus manos, para acariciar su rostro levemente. ─Sé que no soy perfecto y que no soy un príncipe azul, pero haré mi mejor esfuerzo para dar la talla.
Su cerebro se había apagado en el preciso momento en que cruzó miradas con él. Sentía sus mejillas arder y sabía que se notaba, pero no podía evitarlo. Lo que estaba viviendo en esos momentos era tan intenso…y más al saber que la distancia entre sus labios se acortaba. Cerró los ojos y sintió esa descarga eléctrica que tanto le encantaba y que se había vuelto adictiva para ella.
Besar a Yamato era glorioso.
Podían haber pasado años y ellos no lo hubiesen notado porque ese era el efecto que tenían esos momentos en los dos. Porque ella adoraba cuando él le mordía sutilmente el labio inferior para que entreabierta su boca y él amaba cuando ella le daba permiso y dejaba que el beso fuera más profundo.
No había forma posible de que alguno se cansara de probar los labios del otro.
El aire se hizo necesario y, poco a poco, se separaron. La castaña necesitaba decir algo; se sentía en la obligación de hacerlo ante todas las atenciones que él le había brindado.
─Yama…
─No tienes que responderme, ¿bien? Te dije que me esforzaré y cuando ya lo tengas todo claro, me das una respuesta.
Espera… ¿él le estaba dando libertad para pensar? Ningún chico en su sano juicio aceptaría algo como eso de manera tan tranquila. De verdad que Yamato era una especie rara de hombre…
─Gracias... ─se puso de puntillas y le plantó un fugaz beso en los labios. ─por todo.
─Cuando quieras, princesa.
Y ese "princesa" fue suficiente para que su corazón siguiera latiendo sin control. Muchos la habían llamado de ese modo, pero solo Yamato tenía el poder de darles un significado tan poderoso a ese apodo. El rubio se despidió de ella y se fue alejando. Solo cuando lo perdió de vista, se permitió ingresar a su residencia.
─ ¡Ya llegué!
─Michael estuvo por aquí. ─ su sonrisa se esfumó.
¿No podía preguntarle cómo le fue? ¿Por qué tardó tanto? ¿O simplemente saludarla? No; ella tenía que entrar de lleno a mencionar a Michael.
─ ¿Ah sí?
─Te esperó un buen rato; llámalo. ─ respondió su madre. Ese tono de voz con el que su madre le había respondido, era el mismo que utilizaba cuando estaba enojada y la enviaba a su habitación y, por alguna razón, eso la enojó. Se dirigió a su habitación en silencio y se encerró en ella.
Estaba harta de la presión que sus padres ejercían sobre ella. Ella ya no era aquella niña a la que premiaban por hacer todo lo que ellos consideraban correcto o que una niña buena debía de hacer.
Ella había crecido.
Ya no podían planear su vida como les viniera en gana y eso tenían que entenderlo. Se dejó caer en la cama con el celular en mano, revisando sus redes sociales como un intento de despejar su mente, cosa que no logró, al ver como una notificación aparecía en su pantalla que decía: "Nuevo Mensaje de Michael". Por algunos momentos, se debatió entre ignorarlo o responderle; al final optó por la segunda.
Mimi Tachikawa
Hey, Mike, ¿qué cuentas?
Tal vez hacerse la desentendida no era la mejor estrategia en esos momentos, pero valía el intento; no tenía ganas de discutir.
Michael Washington
¿Tu madre te dijo que estuve por allí?
Mimi Tchikawa
Sí; lamento haber demorado tanto.
Michael Washington
Me dijo que saliste con un chico y por la descripción que me dio, supongo que fue con Yamato.
Ella frunció el ceño; no le gustaba la actitud que le profesaba el rubio
Mimi Tachikawa
Pues no te equivocas.
Michael no escribió nada más por unos cinco minutos y Mimi sabía que eso no podía ser bueno.
Michael Washington
¿Por qué te empeñas en andar con él? ¿Acaso es algún tipo de capricho para llamar la atención?
La castaña abrió los ojos entre sorprendida e indignada.
Mimi Tachikawa.
Si eso es lo que piensas, entonces que termináramos fue una gran decisión; al parecer, no me conoces en nada.
Michael Washington
No digas eso. Solo quiero protegerte; él no te merece. ¿Tú con un rockero, malhumorado y sin futuro? Debes de pensar un poco, Mimi; él no es para ti.
Mimi Tachikawa.
Y supongo que tú sí. ¿Por qué tu rencor hacia Yamato? Antes de que vinieras, él no te caía mal.
Michael Washington
Pero eso fue antes de que vi sus intenciones hacia ti.
Mimi Tachikawa.
….
Michael Washington
Solo quiero protegerte…
Mimi Tachikawa
…
Michael Washington
Nosotros terminamos porque te ibas, no porque no nos queríamos. Mimi…deberíamos volver.
Mimi Tachikawa
Michael, eso no va a pasar.
Michael Washington
Es por Yamato, ¿verdad? ¿Acaso tienes sentimientos hacia él?
Mimi Tachikawa.
¿Por qué culpas a Yamato de todo lo que pasa entre nosotros? Es verdad que fuimos novios y que te quise mucho, pero el tiempo pasó y ya mis sentimientos hacia ti no son los mismos. Aun te quiero…, pero como amigo.
Listo. Se lo dijo. Michael estaba oficialmente "friendzonado" y de ahí en adelante, no había vuelta atrás.
Michael Washington
Aun no respondes mi pregunta. ¿Tienes sentimientos hacia Yamato?
Frunció el ceño. A parte de que ignoró totalmente su mensaje anterior, ¿también exigía información que no le incumbía? Bien…si eso era lo que quería…
Mimi Tachikawa.
Sí, tengo sentimientos hacia Yamato.
Dos minutos después de haber mandado el mensaje, Michael se desconectó. No sabía si sentirse aliviada o mortificada por aquello. Sabía muy bien que había recibido y leído el mensaje y a menos de que el W-Fi le haya fallado, él nunca se iba sin despedirse de ella, sin importar la situación. Ella lo conocía y sabía que esa última afirmación debió de haberlo enfurecido, pero tenía que ser directa y cortarle las alas antes de que volara más alto.
Porque le gustara o no a su exnovio, había un cierto rubio que entraba cada vez más en su corazón y no se trataba de él.
Entró al departamento y soltó la gran mochila en una silla cercana. Una pequeña sonrisa adornaba su rostro y él no hacía ningún intento de borrarla porque estaba feliz, realmente en paz con todo lo que había pasado.
Y la culpa era de Mimi.
Por ser tan…ella.
Ni siquiera sabía cómo describirla, pero si tenía claro lo fácil que ella se había colado en su vida porque, a pesar de que exteriormente no se notara un gran cambio en su expresión, la castaña había hecho una revolución importante en él. Pensaba en maneras de agradarle, de hacerla sentir cómoda…el antiguo Yamato jamás hubiese pensado en aquella cita que acababan de tener y es que Mimi lo inspiraba y eso le gustaba, tanto como besarla.
Esos besos…
Hasta el mero hecho de respirar le causaba molestia cuando le impedía seguir disfrutando de esos labios que lo traía en las nubes. Él no era muy abierto con las personas y el hecho de que pudiese contarle a Mimi todo con tanta facilidad, era una señal de que valía la pena luchar por ella.
Se dirigió a la cocina por algo de agua y recordó algo que la castaña le había sugerido. Sacó su celular, accedió a Whatsapp y buscó un contacto con el cual no intercambiaba más que felicitaciones de cumpleaños y festividades, lo cual era deprimente teniendo en cuenta el tipo de parentesco que tenían.
Siguiendo el consejo de Mimi, se decidió a escribirle.
Hola, ¿Cómo estás?
Tal vez no era la frase más elaborada del mundo, pero lo consideraba un logro, viniendo de él. No pasaron ni dos minutos cuando su teléfono le mostró la notificación de la respuesta.
"Muy bien, ¿y tú cómo estás? Necesitas algo"
Ese "necesitas algo" comprobaba lo lejanos que estaban. ¿Realmente solo la contactaba cuando necesitaba algo? Un sentimiento de culpa lo invadió de repente. Tenían un par de años viviendo en la misma ciudad, pero seguían teniendo una gran distancia entre ellos.
Muy bien y no necesito nada. Solo…me preguntaba si querías almorzar conmigo mañana; te cocinaré algo rico.
Podía imaginarse la incredulidad plantada en el rostro de la mujer. Al cabo de unos segundos, recibió la respuesta.
"¿Solo nosotros dos?"
Él le contestó.
Sí.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
"Muy bien, estaré a eso del mediodía allá"
Yamato dejó salir el aire que había estado conteniendo en sus pulmones.
Pues te veré mañana.
El rubio comenzó a evaluar opciones de platillos que podría cocinar. Cuando eligió el que consideraba perfecto, comenzó a hacer una lista de ingredientes; tendría que salir al mercado porque su cocina estaba absolutamente vacía. Al poco tiempo, escuchó su teléfono sonar: una nueva notificación.
"Te amo, Yamato"
Y a pesar de que se extrañó un poco por lo inesperado del comentario, no pudo evitar la tranquilidad que ese pequeño mensaje le transmitió.
Yo tambien te amo, mamá.
─Lamento la demora, Sora.
─No te preocupes, Hikari; llegas justo a tiempo. ─respondió la pelirroja, dejándola pasar a su hogar. ─ Las de demás están ordenando la pizza.
─ ¿Segura que no estoy tarde? Mimi y Miyako están aquí… ─Sora sonrió con ganas mientras golpeaba juguetonamente el hombro de la castaña que sonreía ante su propia ocurrencia.
─Eres terrible, Yagami. ─ Las chicas se dirigieron hacia la sala de estar.
─Nuestras pizzas llegaran en media hora. ─intervino Miyako.
─La película ya está lista. ─anunció Mimi.
Como lo había prometido la Inoue, convocó a una reunión de chicas urgente para desahogarse con su actual problema amoroso, sin sospechar que sus amigas estaban igual o peor que ella. Dos minutos después de haber enviado el la invitación, ya tenía todas las confirmaciones en su buzón.
La sala de estar de los Takenouchi estaba totalmente transformada para la ocasión. Los muebles apilados contra la pared, dejando un gran espacio libre frente a la TV. Colchas y demás esparcidos sobre el suelo y las chicas, exceptuando a la recién llegada quien se dirigió de inmediato al baño, ya utilizaban sus pijamas.
─ Es de comedia, supongo; no necesitamos más drama.
─Ni que lo digas…
─Sora, ¿y tu madre? ─preguntó Hikari saliendo del baño, ya vestida para la ocasión.
─ Fue a visitar a mi padre a Kyoto para resolver unos asuntos; la casa es nuestra por la noche. ─ Se acostaron sobre las colchas, ya esparcidas en el piso, creando una ronda. ─Entonces… ¿quién empieza? ─nadie se ofreció. ─Está bien, empezaré yo: Joe yo estamos de novio. ─ Las tres chicas se sorprendieron.
─ ¡¿Es en serio?!─ preguntó Mimi notablemente ofendida. ─ La última vez que hablamos de Joe fue el día de su pelea con Taichi y no me mencionaste nada.
─ ¿Por qué no había pasado nada? ─respondió. ─ Fue la misma noche del incidente; realmente no sé cómo sucedió: al momento estaba gritándole y reclamándole por lo que había pasado con Taichi, y al otro ya nos estábamos besando y antes de que me diera cuenta, le había dado una oportunidad.
─Pero Sora si hemos hablado después de eso y no dijiste nada.
─Porque…no sé…fue algo tan repentino que…
─ ¡Momento! ─se quejó Miyako. ─ No estoy entendiendo nada.
─Ni yo. ─apoyó Hikari.
─Para resumirlo: Joe gusta de Sora, en el campamento se besaron, se hizo a un lado porque pensó que no tenía oportunidad, pero al parecer, dado los recientes sucesos, algo cambió. ─aclaró Mimi.
─Me ha empezado a gustar y por eso decidí darle la oportunidad; mañana tenemos nuestra primera cita, o algo así.
─ ¿Y si no funciona? ─preguntó Miyako.
─Eso traté de decirle, pero, no sé, me terminó convenciendo. Él realmente ha estado intentándolo y creo que vale el intento.
─De algún modo… ¿esto tiene que ver con mi hermano? ─Sora quedó en silencio por unos momentos, totalmente seria ante la mención del mayor de los Yagami.
─Lo que pasó entre Taichi y yo es algo a parte.
─ ¿Y qué fue lo que pasó exactamente? ─preguntó la pelimorada de nueva cuenta. ─No supe que había problemas entre ustedes hasta aquella noche en que desapareciste.
─Nunca terminaré de disculparme con ustedes por haberlos preocupados así. ─admitió abochornada.
─Eso ya no es importante; mejor cuéntanos que pasó.
─Si supiera con exactitud con mucho gusto se los contaría, pero ni yo entiendo que pasó. ─comenzó a explicar. ─Después de que regresamos al campamento después del juego de las escondidas, me ignoraba y si me prestaba atención, me veía con odio. Lo enfrenté en la escuela y me dijo que no era nada, que tenía unos problemas personales y se había desquitado conmigo.
─ ¿Qué clase de problemas? ─preguntó Hikari.
─No quiso decirme. Días después, comenzó a ignorarme de nueva cuenta y cuando lo enfrenté a la salida de la casa de Mimi, él…─tomó una bocanada de aire para infundirse valor. No podía creer lo fácil que le afectaba el tema. ─ me dijo cosas horribles como que yo he estado utilizándolo, que soy lo peor que le ha pasado y que quería que saliera de su vida definitivamente. Hasta me dijo que me…odiaba. ─ y aunque no lloraba, sintió el nudo en la garganta al decir esa palabra.
─ ¿Mi hermano dijo eso? ─preguntó la castaña incrédulo. Taichi vivía por Sora y no entendía cómo pudo transmitirle semejante nivel de rencor.
─Sí; desde entonces, no hemos tenido contacto alguno. ─aclaró. ─ Pero, por favor, no se distancien de él; su problema es conmigo, ustedes no deben involucrarse, especialmente tú, Hikari; eres muy importante para él.
─ ¿Cómo vamos a actuar natural, como si nada hubiese pasado, sabiendo lo que te dijo? ─preguntó Mimi.
─Pues inténtelo, ¿bien? No quiero que el grupo se siga fragmentando a consecuencia de una pelea sin motivo aparente.
─Te he repetido hasta la saciedad que todo esto es culpa de Akino.
─Creo que tienes razón. ─apoyó a la menor de las Yagami. ─No me gusta juzgar a las personas, pero con ella he hecho una excepción. Akino es realmente superficial y sé de antemano que para lograr lo que quiere puede utilizar métodos…no muy limpios.
─Gracias, Hikari; alguien que entiende mi punto. ─expresó Mimi. ─Nadie me quita de la cabeza que ella estaba celosa de ti y armó algún retorcido plan para separarte de él.
─No hay prueba de ello, Mimi; no podemos acusarla. ─Tachikawa se cruzó de brazos. No había peor ciego que el que no quería ver…
─Solo queda a esperar como sigue esta saga entre tú y Taichi porque, honestamente, no sé qué decirte…─Yolei y Hikari asintieron ante la conclusión de la castaña.
─Si, eso lo sé. ─admitió. ─Bueno; ese es mi embrollo actual; ¿quién sigue?
─Yo. ─respondió Hikari. ─Estoy saliendo con…Wallace. ─las dos mayores se miraron entre sí.
─ ¡¿Y Takeru?! ─exclamaron al unísono.
─¿Acaso todos saben que siento algo por él?
─No todos; él no lo sabe. ─ intervino Yolei.
─Ok… no estoy entendiendo: ¿te gusta Tk, pero sales con Wallace? Eres del equipo Sora. ¡Choca cinco! ─
─ ¡Mimi! ─regañó la pelirroja. Todas rieron.
─Pero ya en serio. ─comenzó Mimi. ─ ¿No será que te sientes agradecida con él por haberte salvado aquella noche?
─Al principio pensé que sí, pero mientras pasaba más tiempo con él, me empezó a gustar y…decidí darle una oportunidad. ─admitió. ─ Él es tan dulce, chicas, que espero que en algún momento pueda llegar a amarlo.
─ ¿Y qué hay de Takeru? ─ preguntó la pelirroja.
─Exacto; eso es lo que hay que considerar. ─ intervino Mimi. ─Tus sentimientos por Tk parecen ser más profundos que los que tienes por Wallace y eso no se puede ignorar.
─Pero él tiene novia, chicas; yo nunca interferiría en un noviazgo. ─explicó. ─ Además, no es que estemos en los mejores términos.
─ ¿A qué te refieres? ─preguntó Yolei.
─Hace varios días que estamos peleados. Desde que Catherine llegó, no me presta atención, lo cual, yo entendí; es natural que pase más tiempo con su novia, pero un día de la nada me citó a la salida para decirme que yo no podía tener novio.
─Pero que sutil…─espetó la Inoue.
─Pero lo que terminó por enfurecerme, es que hoy, nos encontramos mientras estábamos con nuestras respectivas parejas, y comenzó a comportarse odioso, especialmente hacia Wallace. Inventé una excusa para poder charlar a solas con él y recriminarle su actitud, pero él no entendió razones, por lo que, le advertí algo.
─ ¿Qué le dijiste? ─preguntó Mimi.
─Que si tenía que elegir entre él y Wallace…elegiría a Wallace sin pensarlo dos veces.
─ ¿En serio le dijiste eso? ─ ella asintió. ─ Nunca pensé que serías capaz de decirle algo así a Takeru.
─Él se lo buscó.
─Por todo lo que cuentas, creo que está celoso. ─razonó la pelirroja. ─ Aunque no sé si son celos de amistad o amorosos.
─Sora, obviamente son de amor; estos dos se quieren desde hace tiempo solo que ninguno parecía sospecharlo. ─rebatió. ─ Estoy segura de que se dieron cuenta al ver al otro en una relación, ¿o me equivoco, Hikari? ─ la menor de los Yagami no respondió. ─Eso pensé.
─Hikari, trata de hablar con Takeru; no puede ser que pierdan su amistad por esto. ─ sintió como Mimi se preparaba para debatir lo que había dicho, por lo que, se le adelantó. ─No es lo mismo entre Taichi y yo; él me dejó muy en claro que no quiere nada conmigo.
─ ¿Creen que sea buena idea? ─ todas asintieron.
─No pierdes nada con intentarlo; después verás si realmente, tu relación con Wallace evolucionará o si tus sentimientos por Takeru se interpondrán. ─Hikari asintió.
─Gracias, chicas.
─ ¡Muy bien! ─exclamó Yolei. ─Es mi turno: ─tomó aire y prosiguió. ─Me gusta Ken y no tengo ni idea de cómo acercármele.
─En esta no sé cómo reaccionar. ─admitió Mimi. ─ ¿Cómo surgió esto? ¿Y por qué no nos habías contado?
─ Hace un tiempo que me sentía extraña con él, pero no sabía con seguridad que me pasaba; por eso no les dije nada. ─se excusó. ─Lo importante es que cuando vi a Hikari besarlo…
─ ¡¿Qué?! ─exclamaron las mayores.
─No se preocupen; ya lo aclaramos. Fue todo culpa de Daisuke. ─ dijo restándole importancia al asunto. ─ El punto es que me enojé tanto, que dejé de hablarle por un tiempo y, en ese periodo, alguien entró en escena.
─ ¿Quién? ─ preguntaron.
─Se llama Megumi y es una chica excelente. ─aclaró. ─ Estuve ayudándola esta mañana con un proyecto, de nuevo por culpa de Daisuke, y ella me preguntó directamente si sentía algo por Ken y yo se lo confirmé.
─ ¿Lo tomó mal?
─Al contrario, me aclaró que no pasaba nada entre ellos y me animó a que le confesará mis sentimientos; hasta me ofreció su ayuda.
─O eso dice; tal vez sí siente algo por Ken y solo trata de ganar tu confianza para apuñalarte por la espalda. ─ explicó Mimi. Sora le dio un pequeño cabezazo. ─¡Sora!
─Deja de ser tan negativa. ─ reprendió Sora. ─Si ese fuera el caso, ya habría hecho algún tipo de acercamiento con él, ¿o me equivoco? ─Mimi se mantuvo en silencio.
─Tiene sentido. ─apoyó Hikari.
─Pero… ¿Qué hago, entonces? No sé cómo acercarme a él; Ken es un total enigma para mí.
─ Ken es muy tímido, por lo que, tú tendrás que hacer el primer movimiento. ─ aconsejó la pelirroja.
─Gracias a Dios que eres extrovertida o estarías en el mismo predicamento que cierta personita aquí. ─expresó la castaña refiriéndose a la menor de los Yagami.
─Comenzaré a pensar en algo.
─ ¡Esa es la actitud! ─expresó Tachikawa. ─Ahora bien…para contarles mi dilema deben aceptar una condición: no pregunten de quien se trata; por ahora, será conocido como el "individuo" ─ante esa advertencia, las chicas, exceptuando a Sora, se sorprendieron.
─Esto amerita a que nos veamos de frente. ─dictó la pelirroja. Manteniendo la ronda, se incorporaron hasta quedar sentadas sobre las colchas. ─ Ya puedes proseguir.
─Alguien… me ha estado pretendiendo.
─ ¡¿Tienes novio?! ─exclamó Miyako sintiéndose ofendida de repente.
─No…o eso creo…
─ ¿Cómo que crees? ─preguntó Hikari. ─ ¿Qué tan lejos han llegado?
─Citas, besos, caricias…un poco más lejos de ahí…
─Así que son amigos con derechos. ─concluyó la pelirroja. Mimi la miró de soslayo.
─ ¡Claro que no!
─ ¿Y entonces que es? ─Mimi no supo que responder.
─ ¿Acaso tiene novia? ¿Por eso están en una relación…no formal? ─intervino Hikari de nueva cuenta.
─No, eso solo que…Ya-…el individuo y yo nos conocemos de hace años y nunca habíamos entablado una conversación de más de un minuto y, de un día a otro, se desató una pasión que ninguno de los dos esperábamos.
─ ¿Estas enamorada de él? ─preguntó Miyako.
Y esa era la pregunta clave.
─Sí, pero aún hay temas que debemos cerrar para poder estar juntos y él ha sido un amor en ese aspecto; no me ha presionado en nada.
─Supongo que uno de esos asuntos de llama Michael.
─Efectivamente. A pesar de que nuestra relación terminó, mi familia parece no entenderlo y la presión que recae sobre mí, es enorme.
─No les hagas caso; eres tú la que saldrás con él, no ellos.
─Lo sé, pero es difícil llevarles la contraria.
─ ¿Y qué piensas hacer?
─Debo dejar las cosas en claro con Michael y…seguir esforzándome en mi relación con el "individuo".
─Espero que pronto el "individuo" adquiera un nombre. ─ Mimi suspiró. No le gustaba ocultarles información a sus amigas, pero lo que ella y Yamato tenían aún estaba en proceso y no quería dar ilusiones o involucrar a más personas de las que debería.
─Deberíamos hacer esto más seguido; me siento más aliviada de haberme sincerado con ustedes. ─declaró Hikari.
─Lo mismo digo. ─ secundó Miyako.
─Creo que esto se volverá algo cotidiano.
El timbre de la residencia sonó.
─Deben ser las pizzas. ─la pelirroja se levantó de su asiento y fue a recibirlas mientras las demás terminaban los preparativos para continuar su noche de chicas.
Después de un día bastante agotador, Koushiro se dejó caer totalmente vencido en la cama. Entre sus deberes, las tareas de la casa, reparar uno de los aparatos de su madre que se había descompuesto y ayudar a su padre en la organización de unos polvorientos documentos, ya no daba para más. Sin molestarse en meterse bajo las cobijas, colocó su antebrazo sobre su rostro y comenzó a quedarse dormido.
O por lo menos lo intentó.
A los pocos minutos, la habitación completa se iluminó cuando su adorada laptop se encendió de repente. Dejando el cansancio de lado, se incorporó para ver qué pasaba.
─Es un mensaje de Gennai. ─ lo abrió y vio un mapa de Odaiba con un asterisco rojo cerca de la escuela y a su lado decía:
"Tienen que darse prisa".
A pesar de que no sabía qué o quién estaba llegando, lo único que tenía claro es que debía avisarle a los demás.
El cielo comenzó a distorsionarse sobre la escuela de Odaiba, hasta que una pequeña fisura, llena de pixeles, se hizo presente. De ella emergió una figura que parecía humana. Con vestimentas blancas y un pañuelo que cubría parte de su rostro. El manto sobre él, se encontraba cubierto de amuletos y ondeaba suavemente con la brisa nocturna. El digimon fijó sus rojos ojos en la ciudad y sonrió.
Por fin era tiempo de comenzar a divertirse.
Ni siquiera sé cómo disculparme por la tardanza. Lamento tanto haberlos hecho esperar tanto por un nuevo capítulo, las obligaciones y demás no me lo habían permitido, pero entre pequeños intervalos libres, por fin pude terminarlo. Quiero agradecerles inmensamente por el apoyo, sus reviews, favs y follows; ustedes hacen la historia posible, incluso con todo y tardanza.
Espero que les haya gustado y como siempre, siéntanse libres de comentar; los reviews ayudan un montón a la hora de escribir.
Cuídense,
Bye!
