Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
El mensaje de Koushiro llegó de inmediato a los demás niños elegidos. Sin importarles que eran altas horas de la noche, acudieron al lugar de los hechos y se reunieron en la entrada de la escuela. El primero en llegar fue el compañero de Tentomon, seguido de cerca por Taichi y Yamato, luego llegaron las chicas, Takeru, acompañado de Catherine, y finalmente Joe. Poco después, aparecieron Wallace y Michael.
La tensión se podía sentir en el aire.
Hikari y Takeru no se habían dirigido la palabra y estaban a cierta distancia con sus respectivas (recién llegadas) parejas. Joe se había acercado a Sora y para su sorpresa, le obsequió un pequeño beso en los labios como saludo, ante la furiosa mirada de Taichi. Mimi se acercó a Yamato y Michael pareció no feliz con ese hecho. Y Koushiro observaba la situación, incrédulo. No sabía qué demonios estaba pasando entre sus amigos, pero decidió ignorarlo y más al notar la ausencia de ciertos miembros del grupo.
─ ¿Dónde están Daisuke y los demás?
─Los chicos no respondían, así que, Miyako fue personalmente por ellos. ─respondió Mimi.
─ ¿Deberíamos esperarlo? ─preguntó Catherine. Los chicos se miraron entre sí.
De repente, una especie de rayo iluminó el cielo.
─No hay tiempo. ─dijo Taichi, saliendo disparado hacia el patio de la escuela, el lugar donde se originó el destello, seguido de inmediato por los demás. Al llegar, quedaron sorprendidos al ver unos dibujos resplandecientes en el suelo: sus emblemas.
─ Pero, ¿qué…? ─ susurró Yamato
─Bienvenidos, niños elegidos. ─escucharon como saludaba una voz desde las alturas. Los chicos miraron hacia el cielo y encontraron una figura flotando sobre ellos. ─ Es bueno, por fin, conocerlos.
─Koushiro, ¿quién es ese? ─ preguntó Sora.
─En eso estoy. ─respondió mientras tecleaba rápidamente en su laptop. ─ ¡Aquí está! Se trata de Baalmon es un digimon tipo demonio humanoide.
─ ¿Qué nivel? ─preguntó Taichi.
─No lo dice.
─ ¿Por qué tratan de buscar mi información? Es mejor que nos conozcamos en persona. ─dijo, para luego lanzar un ataque hacia ellos que, aunque no los impactó directamente, la onda expansiva los lanzó varios metros. ─ Tal vez deba ser más informativo hacia ustedes. ─ la serenidad con la que aquel digimon los trataba, solo los hacía inquietarse más. Si estaba tan tranquilo es porque se sentía superior de alguna forma.
─ ¡Koushiro, date prisa! ─ordenó Taichi, poniéndose de pie. El pelirrojo se reincorporó como pudo, para no dañar su preciado ordenador. Cuando la onda expansiva del ataque lo envió por los aires, lo único que pasó por su mente era mantener la integridad de su preciado aparato; era de vital importancia.
─ ¿Estas bien, Sora? ─ preguntó Joe. ─La pelirroja asintió. Joe observó a su alrededor para cerciorarse que nadie estuviese herido de gravedad. Vio a los más jóvenes ya de pie, al igual que Taichi. Yamato ayudaba a Mimi a ponerse de pie.
─No te pasó nada, ¿verdad? ─preguntó Yamato mientras la ayudaba. Él había amortiguado la mayor parte de su caída, pero, aun así, veía un par de rasguños.
─Estoy bien; no te preocupes. ─ y aunque le dijo aquello, Yamato no la apartó de su lado.
─ ¿Ya están listos para escucharme? ─ preguntó de manera monótona.
─ ¡¿Qué es lo que quieres?! ─ preguntó Sora. Lo que más necesitaban en los momentos era tiempo para que Koushiro lograra traer a sus compañeros; realmente debieron convocarlos antes de llegar al lugar.
─Es sencillo; ustedes me estorban y necesito que desaparezcan. ─respondió. ─Quiero convertirme en el digimon más poderoso de todos y unir los dos mundos de manera definitiva ─el tono monótono de ese digimon los estaba exasperando.
─Pues… ¿qué crees? No te lo permitiremos. ─rebatió Taichi. El digimon lo observó con su natural indiferencia.
─ ¿Falta mucho? ─preguntó esta vez Hikari, con impaciencia.
─Ya casi…─ con un movimiento de manos, Baalmon elevó las figuras de los emblemas e hizo que giraran a su alrededor. Los chicos no podían creer lo que veían. Ese digimon era tipo demonio, ¿cómo era posible que pudiese controlarlos a su antojo?
─ ¡Listo! ─exclamó el pelirrojo. Presionó el botón de "enter", dejó su computadora en el suelo y se alejó algunos pasos. Una luz los cegó y cuando pudieron ver de nueva cuenta, sus compañeros digimon estaban frente a ellos y supieron de inmediato, que no había tiempo de saludos.
─Oh…finalmente han llegado.
─ ¿Qué hace Baalmon aquí? Catherine? ─preguntó Floramon.
─ ¿Él es nuestro enemigo? ─preguntó esta vez Betamon
─Soy enemigo de los humanos, pero sí deciden apoyarlos, obviamente ustedes también lo serán.
─ ¡No permitiremos que lastimes a los humanos! ─exclamó Agumon, siendo secundado inmediatamente por los demás.
─Tengan cuidado con él; hay muy poca información y al parecer no tiene un nivel que identificar. ─sugirió Koushiro
─ ¡Listo, Agumon! ─el pequeño dinosaurio asintió.
Él y todos los digimons presentes realizaron sus respectivas digievoluciones. Ante Baalmon, aparecieron las figuras de nivel Perfecto de los digimons de los ocho niños elegidos originales y las figuras de Gargomon, Kiwimon y Seadramon, listos ante cualquier movimiento del enemigo.
─ ¿No les parece una pelea injusta? ─preguntó Baalmon. Ya ni siquiera podían identificar si lo decía realmente o solo se burlaba de ellos. El hecho de que aquel digimon hablara de manera tan calmada y que su rostro estuviese prácticamente cubierto, no les facilitaba la tarea. Los digimon de los niños elegidos se lanzaron al combate y convocaron sus característicos ataques, crenado un inmenso destello al impactar con el enemigo.
─ ¿Los conseguimos? ─preguntó Mimi.
─No. ─ escucharon a aquella voz decir. Cuando la humareda dejada por los ataques desapareció, Baalmon reapareció ante los chicos. Los presentes quedaron boquiabiertos. El digimon parecía no haberse inmutado ante sus ataques. ─ Ahora es mi turno. ─ extendió sus brazos para desplegar su majestuoso manto y mostrar todos sus amuletos. ─*Guiltish ─ Los amuletos se transformaron en diferentes armas que se abalanzaron sobre los digimons de los digielegidos, retornándolos a su estado normal. Los chicos corrieron al lado de su respectivo compañero digimon herido. ─Eso no fue divertido…─expresó.
─Esto no tiene sentido; él no debería dominar a nuestros digimons con tanta facilidad. ─dijo Koushiro. El digimon era fuerte, pero sus compañeros no le hicieron ni un rasguño, a pesar de que lo sobrepasaban en número.
─Ahora, es su turno. ─ los emblemas que giraban a su alrededor, comenzaron a oscurecerse hasta adquirir una tonalidad negra. Estos dejaron de girar y se colocaron de manera horizontal frente al enemigo y, con un movimiento de manos, estos salieron disparados hacia sus respectivos dueños, impactándolos en el pecho.
De inmediato, brillaron en su pecho.
─ ¡Cuidado! ─escuchó como le gritaron, pero él simplemente no podía moverse. ¿Desde cuándo él se paralizaba en una situación así?¡ Él era el portador del emblema del valor!
Alguien lo empujó fuera del camino.
─ ¡Sora! ─ escuchó como sus amigos gritaban a coro.
Taichi miró con horror como su ex – mejor amiga, estaba tirada frente a él, en el suelo con una herida en el pecho y un hilillo de sangre brotando de su boca frente a él.
Taichi pestañeó incrédulo, ante lo que acababa de visualizar.
El emblema de la amistad brilló.
Lo aparataron de su lado de manera brusca, a pesar de sus incesantes reclamos.
─Joven, debe dejarnos atenderla. ─respondió una de las enfermeras. El rubio miraba con impotencia como el personal médico trataba desesperadamente de mantenerla estable.
─ ¡Pero no puedo! ¡¿No ve cómo está?! ─respondió forcejeando lo más que pudo contra la enfermera, hasta que escuchó un pitido proveniente de una de las máquinas.
─Mimi…─susurró aterrado─ ¡Mimi! ─No, eso no podía estar pasando…no concebía un mundo donde el noble corazón de su castaña dejara de latir.
─Traigan el desfibrilador, ahora. ─comandó el medico presente. A Yamato lo sacaron de la habitación justamente cuando llegaron con el aparato en cuestión. No tuvo más opción que observar todo desde la ventana que daba al interior de aquella área de emergencia. ─ ¡Despejen! ─ el mayor de los Ishida observó como el cuerpo de la chica se convulsionó ante la descarga, pero el monitor seguía mostrando una línea recta.
Lo último que vio fue como el personal médico, se preparaba para administrarle una nueva descarga antes de que una de las enfermeras cerrase la cortina de aquella habitación frente a sus narices.
Biyomon miraba con preocupación a su compañera. El emblema del amor brillaba en su pecho y ella parecía en una especie de trance.
─Sora, ¿me escuchas? ─ la voz de Taichi sonaba lejana para ella. Finalmente, sus oraciones habían sido escuchadas; la habían encontrado…Sabía que Taichi no creería en su muerte─ Ya vine por ti; resiste.
─ ¡Sora, Sora! ─escuchó a Biyomon llamarla, pero no podía responderles. Le dolía la cabeza, las fuerzas ya habían abandonado su cuerpo, las ataduras que antes habían atrapado sus muñecas le dolían y sentía que en cualquier momento perdería el conocimiento.
─Vamos, Sora; quédate consciente, por favor…
─Tai, ahí vienen; ¡debemos irnos pronto! ─ y esas palabras provenientes de Agumon, fue lo último que escuchó.
El emblema del conocimiento se hizo presente en Koushiro.
No podía ser posible que esto estuviese pasando.
─Me temo que Daisuke, Miyako, Cody y Ken no podrán ayudarlos.
─ Pero, ¿qué dice, señor Gennai? Ellos también son niños elegidos.
─Lo sé y pueden ayudar a controlar digimons salvajes que puedan aparecer, pero ellos deben regresarles a ustedes el poder de los emblemas.
─ O sea, usted quiere…
─Que ellos les entregue los digieggs.
Michael observaba a cierta distancia como el emblema de Mimi brillaba en su pecho y notó como varios de sus compañeros se encontraban en el mismo estado que la chica.
─ ¿Mimi? ─llamó, pero no obtuvo respuesta.
Dejó salir un quejido de dolor cuando cayó fuertemente al suelo. Aturdida, buscó a su compañera digimon que hace tan solo minutos estaba defendiéndola.
─ ¡Palmon! ─ llamó al verla inconsciente en el suelo, se acercó a ella y la abrazó protectoramente.
─Lo siento, Mimi… no pude detenerlo. ─expresó con pesar. La castaña abrazó protectoramente a su compañera al ver como la figura maligna se postraba frente a ella. No había escapatoria; ya no tenía a donde ir. El digimon apuntó hacia la castaña mientras ella cerraba los ojos en espera de un impacto que nunca llegó.
Lo que, si llegó, fue un grito. Una voz que ella conocía muy bien y que le heló la sangre al escucharla. El rubio cayó desplomado frente a ella.
─ ¡Yamato!
¿Qué se supone que estaba pasando? Gomamon no sabía qué hacer para volver a Joe a la realidad.
─ ¡Es tu maldita culpa, Taichi! ─vociferó hacia el castaño. ─Por tu culpa, está muerta.
─ ¡No está muerta! ─le volvió a reclamar. ─Lo siento en mi corazón; ella está en algún lugar y la voy a encontrar. Ella es muy importante para mi
─ ¿En serio, Tai? Después de todo lo que le has hecho, ¿te atreves a decir eso? Eres un cínico.
Y a pesar de que sabía que no debía atacarlo de esa forma, no podía evitarlo, porque a su parecer, Taichi fue el causante de la muerte de la pelirroja.
─Hikari, ¿estás bien? ─preguntó Wallace preocupado. La castaña no salía de su trance.
─ ¡Siempre estás de su lado, Hikari! Nunca me apoyas; todo es Wallace para ti. ─ el rubio escalaba la pared con furia. Ya no soportaba la situación con Hikari. ¿Cómo podía ser que, por una pelea tan insignificante entre ellos, él terminara escalando una de las paredes de la cancha porque a Hikari, en un arrebato de furia, lanzó uno de sus preciados gorros al tablero de baloncesto?
─Tu eres el inmaduro; Wallace no te ha hecho nada.
─Claro que sí. ─respondió, jalando con furia el gorro que seguía atascado.
─No, no lo ha hecho.
─ ¡¿Por qué lo defiendes tanto?! ─respondió. Estaba perdiendo el agarre.
─Takeru, bájate de ahí, por favor…─ya no le importaba defender su punto. Ella veía que el agarre del rubio, temblaba y temía que se cayera; estaba a una altura considerable.
─ ¿Por qué? ¿Ya no sabes cómo responderme? ─ su paciencia se agotaba. El gorro no quería zafarse y Hikari no quería retractarse.
─Tk, por favor…─imploró. Tenía un muy mal presentimiento.
─Tú…─dijo dando otro jalón al gorro. ─ ¡no me entiendes! ─ese fue el tirón decisivo. El gorro fue libre, pero por el impulso, no pudo mantener el balance. Hikari observó como el rubio caía al suelo, golpeándose la cabeza fuertemente en el acto.
Tk no se movía.
─ ¡Takeru!
─Me estas asustando; reacciona, por favor. ─ dijo Catherine. El hermano menor de Yamato, al igual que sus compañeros, seguía en el extraño trance creado por Baalmon.
─ ¡Hikari! ─llamó desesperado. La castaña no parecía escucharle. Se adentraba cada vez más en aquel mar que tanto malos ratos le había causado. ─ ¡Hikari! ─volvió a gritar. Entró en pánico al ver que el nivel del agua, ya le llegaba al pecho.
Corrió.
Corrió como nunca antes, en especial cuando se percató de que Hikari se sumergió por completo. ─ ¡No!
Los niños elegidos originales tomaron al unísono una gran bocanada de aire, como si hubiesen estando conteniendo el aliento durante todo ese tiempo. Se miraron entre sí; pánico plagando sus expresiones.
Baalmon sonrió.
Podía sentir el miedo de esos chicos correr por su cuerpo, incrementando sus fuerzas. A ese paso, pronto lograría su tan ansiada digievolución. Observó con satisfacción su obra; por los momentos, era suficiente de su parte.
─ ¡Oye!¡¿Y tú quién eres?! ─gritó Daisuke llegando al lugar, junto a Iori, Miyako y Ken. ─el digimon no le respondió; hizo un movimiento con su brazo y abrió una especie de portal, por el cual desapareció segundos después. El moreno se preparó de inmediato para lanzar todo tipo de impropios hacia el maleducado digimon que le había dejado la palabra en la boca, pero se contuvo, no porque ya se había ido (a él no le importaba insultar al aire con la esperanza de que algún insulto le llegara a aquel) sino porque cayó en cuenta de la escena en la que estaban. Los chicos de la primera generación, parecían haber visto un fantasma. ─ ¿Pero qué pasó aquí?
─Eso que vieron, no eran sus emblemas; era una ilusión que él les mostró. ─explicó Gennai.
Después del enfrentamiento con Baalmon, los chicos se reunieron en la casa de la pelirroja para tratar de comprender lo que acababa de pasar. Los portadores de los emblemas aun no entendían del todo lo que habían…experimentado. Por precaución, Koushiro había enviado a sus compañeros digimons a investigar si, después de la aparición de Baalmon en el mundo real, habría ocurrido alguna anormalidad en el digimundo.
─ ¿Ilusiones?
─Sí; él ha estado utilizando poderes que no tenía con anterioridad. ─explicó. ─Con regularidad, no presenta un nivel tan alto como el que presentó ante ustedes, pero contrajo un virus que le permite alimentarse del miedo y la inseguridad de sus oponentes y magnificar el poder de sus ataques.
─Aun no entiendo porque esas ilusiones tenían la forma de los emblemas. ─intervino Joe.
─Porque es algo a lo que están familiarizados y él jugó con sus mentes haciéndole pensar que podía controlarlos.
─ ¿Y lo que vimos? ¿Era una ilusión también? ─preguntó Yamato aparentando seriedad cuando por dentro rogaba porque fuera así. No quería que lo que había visto fuese realidad.
─Lamentablemente, no. ─ dijo Gennai. ─Puede haber sido una táctica para alimentarse del sentimiento que esas imágenes les provocó, pero son verdaderas; lo que vieron, fueron escenas del futuro.
─ ¡¿Qué?!
─ ¿Cómo hizo eso? ─preguntó Koushiro.
─Ha estado jugando con las leyes del tiempo a su favor y eligió situaciones importantes para cada uno de ustedes. ─ más de uno palideció ante la afirmación. ─Y es de suma importancia, que no se lo digan a nadie.
─Pero…─comenzó a decir Taichi. ¿Cómo no le diría a Sora que su vida peligraba?
─El hecho de que Baalmon se los haya revelado, ya es malo; no pueden seguir divulgándolo.
─ ¿Ni siquiera si involucra a otra persona?
─Ni siquiera así. ─explicó. ─Es necesario que todo siga su curso natural porque si intervienen, las cosas podrían ponerse peor.
Todos se miraron entre sí, con notoria preocupación. ¿Cómo se supone que debían guardarse lo que habían visto? Koushiro sabía que pronto tendría que arrebatarles los digieegs a sus amigos. Joe sabía que de alguna forma Sora moriría. Sora sabía que Taichi, Agumon y Biyomon estarían en peligro por su culpa. Yamato sabía que, en algún punto, y por una razón que desconocía, el corazón de Mimi dejaría de latir. Mimi sabía que Yamato se interpondría entre un ataque y ella. Hikari sabía que Takeru se haría daño. Takeru sabía que el mar oscuro se tragaría a Hikari de nueva cuenta.
Y ninguno de ellos, podía advertirle a alguien lo que ocurriría.
─ ¿Y qué hacemos entonces? ─preguntó Takeru impaciente.
─Seguir con sus vidas.
Con algo de complicidad por parte de la dueña de la casa, Yamato y Mimi lograron juntarse en una de las habitaciones.
─ ¿Estas bien? ─preguntó Mimi, al verlo tan ausente.
─No, pero no hay nada que pueda hacer al respecto. ─ Gennai les había dicho que lo que ellos visualizaron, ocurriría en un futuro no tan lejano y eso lo tenía aterrado y más al tener a Mimi frente a él y no poder advertirla.
Sin saber qué hacer o decir, Mimi simplemente lo abrazó, más por miedo que por otra cosa. Estaba aterrada con la idea de que lo que vio, ocurriría pronto. Se abrazaron como si temiesen perderse en algún momento, aunque ninguno de los dos sospechara lo que el otro sabía.
Mientras lo acompañaba a la puerta, Joe observaba a la pelirroja como si tratase de descifrar el más importante de los misterios.
─ ¿Qué? ¿Tengo algo en el rostro? ─preguntó. Él negó.
─No pasa nada, es solo que… ¿Te has sentido mal o algo por el estilo? ─preguntó. Fue ella la que negó esta vez. ─ ¿Segura?
─Por supuesto. ─respondió. ─ ¿Por qué lo preguntas?
─Solo para asegurarme de que estas bien. ─Sora sonrió. Realmente, Joe intentaba ser atento con ella.
─Estoy bien; en serio. ─el joven le sonrió, ocultando la preocupación que le embargaba por lo que visualizó. Se acercó a ella y la besó.
Aun se emocionaba cuando ella le correspondía los besos.
─Mañana paso por ti a las 7pm, ¿bien? ─ella asintió. ─Buenas noches. ─se despidió él. Sora lo observó desaparecer por los pasillos; sumidas en sus pensamientos. Lo que había vivido en aquella premonición confundió sus sentimientos de nueva cuenta. ¿Por qué era Taichi el que aparecía salvándole de lo que fuese en lo que estaba metida? Se supone que él la odiaba.
─ ¿No piensas entrar? ─preguntó una voz a sus espaldas.
─A eso iba, Taichi. ─respondió en el mismo tono serio que él había empleado con ella.
Taichi le sostuvo la mirada por unos segundos. Después de lo que descubrió por culpa de Baalmon, no sabía cómo actuar. Si él la había sacado de su vida, ¿por qué tenía el deseo tan grande de evitar que lo que visualizó pasase? Tal vez eran los rastros de su antigua amistad que seguían latentes y eso le obligaba a hacer algo.
─Cuídate, Sora, por favor…─ la pelirroja frunció el ceño. Estaba a punto de responderle cuando los demás chicos, que faltaban por abandonar la residencia, aparecieron allí. Se despidieron de ella y junto al castaño, emprendieron camino hacia sus respectivos hogares.
La pelirroja no entendía al castaño. ¿Primero la ignoraba, la trataba más que mal y ahora le decía que se cuidara?
Suspiró.
Después de todo lo que había acontecido, lo último que necesitaba era otra cosa en qué pensar.
Entró a su hogar, donde las chicas la esperaban.
Escuchó como alguien tocaba la puerta. El rubio Ishida se removió en la cama desorientado. Entre el fiasco de Baalmon y su preocupación por la premonición que tuvo de Mimi, no había dormido bien y no podía concebir que, cuando por fin logró dormir algo, alguien estuviese tocando a su puerta. De mala gana, se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta.
─ ¿Mamá? ─preguntó confundido.
─Hola, hijo, ¿te he despertado? ─él asintió. ─Si quieres, vuelvo después…
─ ¿Pero qué cosas dices? Pasa; estaré listo en un minuto y te cocinaré algo rico. ─Natsuko asintió sonriente. Yamato no podía creer que era mediodía y que él se había olvidado por completo de la reunión con su madre. El rubio hizo un recorrido desde el baño hasta su habitación, de donde salió ya listo para sus actividades y se dirigió directo a la cocina.
─Creo que lo terminaremos más rápido si lo hacemos los dos. ─argumentó la mujer. Yamato le dedicó una pequeña sonrisa. ─ ¿Qué vamos a preparar?
─Pasta; sé que te encanta. ─respondió.
Natsuko asintió. El hecho de que Yamato se acordase de pequeños detalles como ese, la hacía inmensamente feliz. Madre e hijo se dividieron las diferentes actividades para la preparación del platillo y en menos de lo que esperaban, estaban sentados en la mesa degustando de su creación.
─ ¿Y qué hay de tu vida, Yamato? ¿Algo que contar?
─En la escuela me va bien, sabes que estoy en una banda; por cierto, tenemos un concierto esta noche.
─ ¿Estas nervioso?
─Un poco; a pesar de que hemos tenido muchas presentaciones, siempre hay nervios.
─Entiendo. ─respondió. ─ ¿Algo más? ─preguntó. Su instinto de madre le decía que faltaba algo muy importante. Yamato se sonrojó. No sabía si era buena idea contarle sobre Mimi porque todavía no eran oficiales, pero el punto de ese pequeño almuerzo era compartir con su madre; no debería ocultarle algo tan importante.
─Bueno…hay una chica.
─ ¿Ah sí? ─ él asintió. ─ ¿Es tu novia?
─No…aún.
─ ¿La conozco?
─Me reservo esa información.
─ ¿Por qué?
─Porque eres periodista e investigarás fácilmente quien es. ─ella sonrió.
─Está bien; te concedo esa, pero cuando tengan una relación seria, quiero conocerla. ─Yamato asintió.
Pensó que aquella pequeña reunión sería incómoda para ambos, pero se equivocó. Estaba tan ameno hablando con su madre que, por un segundo, se olvidó de todo el fiasco de Baalmon y la premonición. Las suposiciones lo mantuvieron alejado de su madre por mucho tiempo y tuvo que aparecer una impredecible joven castaña para que él se animara a acercarse a su madre. Y se lo agradecería por siempre.
Baalmon sonreía dentro de su templo. Estaba a un paso de su tan ansiada digievolución y cuando la consiguiese, nadie podría detenerlo, ni siquiera aquellos que se hacían llamar niños elegidos. Confiaba que con los "pequeños avances" que les había proporcionado, ellos estarían paranoicos.
Eso le convenía sobremanera.
Esos chicos no sabían lo que se les avecinaba…
Hola a todos; aquí con una nueva actualización. Gracias a todos por sus reviews, por los favs y follows; el apoyo hacia la historia es una gran motivación. Si se preguntan porque elegí a Baalmon como el villano es por la sencilla razón de que, según lo que he investigado, digievoluciona a uno de mis villanos-aliados favoritos de la franquicia de digimon completa. Ya pronto sabrán de quien se trata. A partir de ahora, la historia se pondrá más intensa…
Como siempre, siéntanse libres de comentar.
En otras noticias, como conmemoración al 1ro de agosto, (que ya sé que pasó, pero se me hizo imposible actualizar en ese día como quería), he actualizado todas las historias de Digimon y publicado dos nuevas. Estas historias son:
Pequeño Angel (Taiora. Rated T)
No importa qué (Taiora, Rated T)
Broken (Taiora. Rated M (por temática fuerte))
Indeleble (Mimato. Rated T, próximamente M)
¡Como odio el amor! (Rated T. Taiora, Mimato, Takari, Kenyako)
Historias en el tiempo (rated M, pero con historias de diferentes ratings Fic (casi todos sin relación entre ellos) de parejas de Digimon 01 y 02.).
Sin más nada que decir, y recordando al heroico Wizardmon, me despido por ahora.
Cuídense,
Bye!
