Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.


Cualquiera que la viese, pensaría que había corrido un maratón. Su hijo menor le había enviado el mensaje más aterrador de su vida:

"Yamato se nos fue por un momento. Está internado en el hospital Central"

Estaba a punto de dormir cuando llegó el preocupante mensaje, por lo que, como pudo, tomó todo y salió de la habitación del hotel donde se hospedaba. Era probable que hubiese pagado de más, ya que, la recepcionista hablaba y ella solo asentía para terminar la conversación. No tenía tiempo que perder y quería irse de inmediato.

No sabía cuántas leyes de tránsito rompió en su viaje de normalmente dos horas para que se convirtiera en un trayecto de una hora, pero es que el ingrato de su hijo menor no tomaba la llamada ni leía los mensajes y la incertidumbre de esta falta de información la estaba matando. Algo grave le había pasado a Yamato (según lo que interpretó por el mensaje) y ella como madre, no podía pensar en otra cosa que no fuese que su hijo estaba en el hospital.

¿Que pudo haber pasado? Yamato era un chico realmente fuerte y saludable, por lo que, el término "se nos fue" escrito por su hijo menor, la aterró de una manera indescriptible, haciendo que el trayecto hasta el recinto hospitalario, pareciera una eternidad. Cuando vio el hospital a la lejanía, sintió cierto alivio. Se estacionó como pudo y salió del auto, dirigiéndose a la entrada de emergencia, la única abierta a ese horario.

¿En qué puedo ayudarle?

─Me han informado que mi hijo está recluido aquí.

─ ¿Su nombre?

─Natsuko Takaishi.

─ El de su hijo…

─ Ah, perdón, Yamato Ishida. ─ la enfermera revisó su listado.

─Sí, aquí está ─ respondió ─ Está en la unidad de cuidados intensivos. ─ su corazón dio un vuelco.

─ ¿Que le ha pasado?

─Según el registro, tuvo un paro cardiorrespiratorio previo a su llegada; llegó consciente al establecimiento.

─ ¿Dónde está?

─Habitación 302.

Ni bien lo dijo, Natsuko salió hacia el lugar especificado. De cierta manera, lo dicho por la enfermera la tranquilizó un poco, pero el término "paro cardiorrespiratorio" no aliviaba su preocupación. Cuando vio el número de la habitación, ni siquiera tocó, simplemente abrió la puerta, encontrándose a su hijo plácidamente dormido con una joven castaña a su lado.

─ ¿Yamato?

─ Solo está dormido; los medicamentos son algo fuerte.

─Mimi, ¿verdad? ─ ella asintió, ubicándola rápidamente como una de las amigas de sus hijos.

─Que bueno volver a verla, señora Takaishi.

─Me gustaría que fuese en otras circunstancias ─ por más que le dijesen que estaba bien, todas esas máquinas y aparatos conectados a él, no le daban buena espina. Se acercó a los jóvenes y acarició el rostro de su hijo. ─ ¿Qué pasó? ─ Mimi suspiró.

─Unos digimons aparecieron en la ciudad. Fuimos a ayudar y en una de esas, él me protegió con su cuerpo de un ataque ─ era increíble que le costara tanto el solo hecho de explicar la historia. Natsuko observó cómo el semblante de la chica denotaba el dolor y la tristeza de recordar aquello. ─ Nuestro amigo, Joe, le dio los primeros auxilios. ─ La mujer volvió su vista hacia el rubio

─Gracias al cielo…─ susurró ─ Takeru, para variar, escribió en clave y me hizo pensar lo peor ─ comentó frunciendo el ceño ─ Cuando lo vea, se va a enterar…─ Mimi rio por lo bajo ─ Por cierto, ¿dónde está?

─Me llamó hace rato y me dijo que venía de camino con el señor Ishida. ─ ella asintió.

─Gracias por quedarte con él ─ dijo, esta vez, mirándola con una sonrisa que la castaña correspondió.

─No ha sido nada; no podía irme y dejarlo aquí ─ la madre comenzó a atar cabos, mirando los pequeños detalles en el lenguaje corporal de la chica.

¿Acaso ella era la chica de la que su hijo le había comentado?

─ Ustedes son muy buenos amigos.

─Bueno, en realidad…─ La joven se encontraba en una encrucijada por dos razones: la primera era que no llevaban ni tres horas saliendo (de manera oficial) y poco después de la oficialización, Yamato volvió a dormir, sin darle directrices sobre cómo presentarse o actuar frente a su familia. Segundo: ella sabía lo...complicada que era la relación entre madre e hijo y no sabía hasta qué punto, Yamato se sentiría cómodo presentándola tan pronto. ─ Yo…

─Es mi novia. ─ ambas mujeres centraron su atención en el chico, quien las miraba con su expresión característica. Natsuko sonrió.

─Así que era ella…─ dijo sonriéndole. Todos los colores se manifestaron en el rostro de Yamato en el momento que Mimi le observó intrigada ─ Pero, en fin, ─ dijo para aliviar la tensión de su primogénito ─ ¿Cómo te sientes?

─Bien. ─respondió simplemente. Teniendo en cuenta que su personalidad y la de su hijo eran similares, ella sabía que no obtendría una respuesta mejor que esa. ─ ¿Cómo estuvo tu trayecto de regreso?

─Si te soy sincera, no estoy segura; posiblemente haya pagado de más, roto leyes de transito...Tu hermano realmente me asustó con su mensaje y solo pensaba en llegar y ver qué ocurría contigo.

Ella no lo sabía y Yamato no lo demostraba, pero escucharla decir eso, era reconfortante para el joven cantante.

─Takeru y sus ocurrencias ─ comentó Mimi. Observó su teléfono y suspiró. ─ Debo irme, Yama; no quiero, pero debo ─ tal vez, si llegaba antes de que saliera el sol, su condena fuera menos severa.

─No te vas a ir sola de este hospital ─ decretó el rubio.

─Él tiene razón; yo te llevo ─ Yamato observó a su madre. ─ Takeru me acaba de escribir y dice que junto a Hiroaki, acaban de llegar al hospital; la llevo y regreso enseguida.

─No se preocupe; no quiero ser una molestia. ─ respondió la castaña ─ Puedo pedir un taxi.

─La única forma de que esté tranquilo, es si mi madre te acompaña.

Natsuko sonrió. Esta era su oportunidad de interrogar a su posible nuera.


Joe sabía que algo había pasado. La mirada apagada de Sora, no podía ser un buen presagio. Su mayor temor en el momento es que, se hubiese encontrado con alguien en el concierto que pudo haberla lastimado de alguna forma. No había que pensar mucho para relacionar concierto con personas fuera de control.

─ ¿Pasó algo esta noche? ¿Te lastimaron? ─ la joven sólo le observó con culpa, plasmada en sus ojos. Ella realmente no merecía tener ni siquiera la atención de ese chico. Él era la definición de un pretendiente perfecto y, aun así, lo traicionó...por literalmente nada.

─Lo siento…─ susurró.

─ ¿Por lo del concierto? No te preocupes, al final…

─Por todo…

─ ¿De qué hablas?

─Te fui infiel esta noche…─ fueron balas que pasaron a través de su corazón. ─ Lo siento tanto…─ repitió, bajando la mirada. Estaba herido, no lo podía negar, pero lo que abundaba en él, era confusión. ¿Por qué y con quien ella…?

─Taichi…─ susurró con cierta pinta de rencor en su tono. Claro que tenía que ser el castaño y el muy cínico se lo había negado. ─ Entonces… ¿están juntos?

─No. ─ respondió ella rápidamente ─ No quiero tener nada que ver con él.

Si antes estaba confundido…

─Pero...ustedes… ¿qué rayos está pasando? ─ preguntó con su ceño totalmente fruncido.

─Solo te diré que...ya no puedo seguir tratando con él; me hace daño y necesito dejar de caer en sus redes ─ respondió. Joe sabía que, aunque la pelirroja tratase de sonar lo más neutral posible, el dolor sobresalía en su mirada. No sabía qué en concreto le había hecho o dicho Taichi, pero debió ser algo fuerte o hasta traumático para ella. ─ No te dije la verdad para que me tengas lástima o como un tipo de excusa para mis acciones; ─ dijo mirándolo directamente a los ojos ─ lo hago porque eres un gran chico y no mereces esto. ─ respondió ─ Entenderé si me odias y no quieres tener ningún tipo de contacto conmigo; lo merezco y lo aceptaré. ─ A cada palabra que decía, el superior sentía como su enojo disminuía. La mayoría optaba por ocultarlo y seguir adelante, pero no. Ella, a la primera oportunidad que consiguió, se lo confesó y no puso ningún tipo de excusa para justificarse. ─ Lamento todo lo que te he ocasionado. ─ se levantó del asiento y hace el ademán de irse.

─Espera…─él no quería darse por vencido aun ─ No me importa lo que haya pasado esta noche; ─ se levantó del asiento y se acercó a la pelirroja, tomando su rostro entre sus manos ─ Es solo un bache; podemos con eso ─ Sora no daba crédito a lo que escuchaba.

─No, no podemos ─ respondió ella rápidamente ─ Traicioné tu confianza y eso es imperdonable. ¿Acaso no lo entiendes?

─Lo entiendo perfectamente, pero que me lo admitieras y no justificaras tu accionar, me hace ver que no es algo de lo que estás orgullosa ─ respondió─ Es cierto, duele, pero nuestra relación tiene muy poco tiempo como para concluir.

─Joe, de verdad, no creo que sea buena idea…─ Sin dejarla terminar, el portador del emblema de la sinceridad, la atrajo hacia él y la besó. Ella estaba tan ansiosa por recibir algún tipo de confort después de lo ocurrido con Taichi, que no lo pudo evitar y permitió que le besara. Quería sentir que alguien realmente podía sentir amor y respeto por ella.

─Me dijiste que me darías una oportunidad de entrar en tu corazón; sé que puedo sacar a Taichi de allí, solo...sigamos intentándolo…

Ella sabía que no debería. Acababa de estar con Taichi en un acto que para ella debió ser el mejor de su existencia y simplemente, no veía correcto seguir esta relación. Alimentar las esperanzas de que podría entrar en su corazón de manera definitiva, era cruel pues, aunque no quería saber de Taichi ni en pintura, no estaba segura de que eso le ayudara a flecharse definitivamente del joven Kido.

─Joe...es una mala idea…

─Cosas increíbles han surgido de malas ideas; vamos, Sora, intentémoslo de nuevo.

Por más contradictorio que sonase, su corazón decía que no y su consciencia que sí. Su corazón, no se sentía capaz de aguantar otro tipo de decepción como la que había tenido con Taichi y, mucho menos, podía darse el lujo, de que, a la larga, esta relación con Joe fuese un total fiasco y la amistad de ambos se fuera por la borda. Mientras tanto, su conciencia entendía los riesgos de toda la situación, pero sabía que Joe valía oro, en todo el sentido de la palabra. Por Dios, el chico sabía que le fue infiel y estaba dispuesto a dejar todo en el pasado porque quería estar con ella; era perfecto para ella y quería que funcionara. Quería devolverle todo el amor que él le había otorgado desde el día uno.

Al final, fue su consciencia la que ganó el duelo.


Estaba nerviosa. Solo llevaba unas cuantas horas como la novia oficial de Yamato y ya se encontraba a solas con la madre de este. Ok, Natsuko no era aterradora ni nada parecido, pero sentía cierta vergüenza del tema de conversación que pudiese surgir.

─ No muerdo. ─ dijo la mujer de repente, sacando a la castaña de sus pensamientos.

─Lo sé; solo no quería importunar ─ ella sonrió

─No te preocupes ─ respondió. ─ Algo de platica le caería genial al viaje; cuéntame de ti. ─ Tenía una vaga idea de cómo era la chica, por las innumerables anécdotas de su hijo menor, pero ella se había convertido en la novia oficial de Yamato y debía conocerla mejor.

─Realmente, soy una estudiante promedio que le gusta la cocina y cantar de vez en cuando.

─Esas dos cosas no están muy relacionadas.

─Lo sé; eso sale de probar cosas nuevas.

─Entiendo…─ respondió ─ ¿Sabes algo? Cuando Yamato me comentó sobre ti, me sorprendió bastante.

─ ¿Él le comentó sobre mí?

─No directamente, pero mencionó que había una chica que realmente le gustaba y esperaba que todo evolucionara para mejor. ─ Bien...ella había agregado algunas palabras, pero eso interpreto ella en su momento ─ El hecho de que me lo contara, me hizo pensar que esa chica era capaz de hacer milagros. Especialmente, porque intuí que ella, que ahora sé que eras tú, tenía algo que ver en su nuevo interés en avivar nuestra relación.

─A decir verdad, él ya quería hacerlo; solo le faltaba un pequeño empujón ─ respondió la castaña con una sonrisa. La madre de Yamato y Takeru le devolvió la sonrisa. El chico era tan serio que tener a esa chica alegre y entusiasta le haría mucho bien.

─Me alegro de escuchar eso─ respondió─ Yamato es un gran chico.

─Sí; solo hay que tenerle paciencia

Ambas rieron ante el comentario. Natsuko estaba más que complacida con la joven castaña; definitivamente, tenía su aprobación.


El castaño observó su reloj en la pared. Eran las 4:56 am y él sabía que no conciliaría el sueño nuevamente. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo cerrar los ojos si lo único que veía era a Sora? Ese encuentro con ella, había descolocado todo su mundo. Había sido la mejor experiencia de su vida y eso, que había tenido varias experiencias anteriores. Bufó frustrado. Fue un idiota al pensar que podía superar a Sora. Solo pensaba en mandar todo al demonio e ir por ella, decirle cuanto la amaba y que quería repetir los besos, las caricias y todo lo que había pasado esa noche, pero no podía...su orgullo y la misma Sora, no se lo permitirían.

Ella lo odiaba; se la había dicho. Sonaba infantil, pero se sentía ofendido porque ella se sentía ofendida. Él simplemente estaba haciendo justicia porque ella nunca lo valoró...o al menos eso quería creer.

La triste realidad, era que, estaba dudando de las palabras de Akino, por lo que, el sentimiento de ser un idiota estaba latente en él. Cabía la inmensa probabilidad de que hubiese jodido todo porque, aunque fuese un exabrupto, Sora se le declaró. Bufó contra la almohada. Necesitaba, aunque fuese verla y tratar de hablar con ella sin la interferencia de Joe. Tenía que verla sí o sí.


Al abrir la puerta de su hogar, supo de inmediato que, posiblemente, no volvería a salir en un buen rato. Sus padres, la esperaban, despiertos y notablemente furiosos.

─ ¡Lo siento tanto! ─ comenzó a rogar de inmediato.

─ ¡Ningún "lo siento", jovencita! ─ dijo su padre. ─Nos tenías con el grito al cielo; ¿crees que son horas para estar en las calles?

─No estaba en la calle; estaba en el hospital porque ocurrió una emergencia.

─Yo te veo bien…Si no te incumbía, debiste venir

─Sí, me incumbe; mi novio fue el que tuvo el accidente.

El matrimonio Tachikawa se observó entre sí.

─ El tal Yamato, ¿verdad? ─ su madre negó con su cabeza, con clara decepción ante lo escuchado ─ Michael nos advirtió sobre él.

─Así es; nunca habías hecho algo similar y ahora, pasas la noche fuera.

─Sacar esa conclusión basándose en una sola ocasión, no me parece justo; se trató de una emergencia. Me disculpo por no haber avisado; fue mi error y Yamato no tiene nada que ver

El cariño que le tenían a Michael lograba nublar el buen juicio de sus padres. Le molestaba bastante que, incluso sin la relación, Michael tuviese tanto poder en su vida.

─Me alegro que lo admitas; aun así, estas castigada

─Pero…

─Y no queremos que veas a Yamato…

La gota que rebasó el vaso.

─No voy a dejar de ver a Yamato porque ustedes no puedan superar a Michael ─ sus padres la observaron notablemente sorprendidos. Aprovechando el momento, la chica se escabulló a su habitación, ignorando las exclamaciones de indignación proveniente de sus padres.

Tal vez, solo tal vez, se le había ido un poquito la mano…


El joven Kido se estiró perezosamente en el sofá. Luego de que Sora aceptara seguir con la relación, él avisó en su hogar sobre una emergencia médica y que no llegaría a casa. La verdad era que llevaría a Sora a su casa y se quedaría con ella hasta que amaneciese; en el estado que se encontraba la pelirroja, no creía prudente dejarla sola. Se sentó un poco desorientado; solo tenía unas cuantas horas de sueño, según estimaba, guiado por los rayos del sol. Era un verdadero desastre: su ropa arrugada y desordenada y su cabello revuelto, no le daban el mejor aspecto, pero lo ignoró; tenía que ir a revisar a Sora y ver cómo había amanecido. Se dirigió a la habitación de la pelirroja y se encontró de frente con ella al abrir la puerta.

─ Buen día. ─ saludaron al unísono.

─ ¿Tienes hambre, Joe? ¿Qué quieres de desayunar? ─ preguntó amablemente y con una sonrisa en su rostro que no engañó al joven médico

─ ¿Todo bien? ─ ella asintió.

─Perfectamente ─ respondió ─ Ahora, ¿qué quieres de desayuno? ─ Él seguía sin creerle, pero decidió dejarlo por los momentos. Sora era del tipo de persona que mostraba una sonrisa a pesar de que estuviesen lastimándola en gran manera y sabía que este era el caso. Observó a la pelirroja tomar los utensilios sobre la mesa ─Gracias por quedarte; me sentía algo...sola anoche.

─No hay problema, yo...─ pero fue interrumpido por un golpe en la puerta ─ ¿Esperas a alguien? ─ ella negó.

─ Mi madre tiene llave… ─ con esa afirmación. El joven se dirigió a la puerta y con algo de cautela. Su actitud cambió cuando reconoció a la persona.

─ ¿Sabes la hora que es? ─ preguntó seriamente.

─ ¿Y tú sabes en donde estás? Que yo sepa, tú no vives aquí.

─ Es mi novio y puede quedarse cuando quiera…─ respondió la pelirroja llegando a la puerta ─ Joe, ¿puedes ir encendiendo todo? Enseguida voy y te ayudo ─ giró hacia Taichi ─ Esto no tomará mucho tiempo. ─ El tono que empleó la pelirroja dejaba muy claro que hablaba en serio, así que, el joven Kido obedeció.

─ ¿Que está haciendo aquí?

─Eso no es algo de tu incumbencia, Nuestra intimidad como pareja no te concierne en lo absoluto ─ respondió simplemente. Taichi sintió sus palabras como cuchillas ─ ¿Que necesitas?

─Te dije que necesitaba hablar contigo.

─Y yo creo haberte dicho que ya no había nada que discutir.

─Anoche, tu y yo…─ la pelirroja cerró la puerta del departamento tras de sí.

─Escucha; tú mismo me pediste que me alejara de tu vida, que dejase de entrometerme y eso haré. Si lo que pasó anoche fue para probar un punto, te felicito, lo lograste ─ el castaño se había quedado en blanco; no sabía qué decir o qué hacer ante lo que le decía. ─ Obviamente, tendremos que ser cordiales; compartimos los mismos lugares y grupo de amigos, así que, tendremos que seguir viéndonos e interactuando, pero hasta ahí. ─ ella le dedicó una pequeña sonrisa de resignación ─ Somos extraños ahora, ¿entendido?

─Espera, necesito preguntarte algo ─ ella suspiró.

─ ¿Que?

─ ¿Alguna vez...honestamente, fui importante para ti? ─ la ironía de la pregunta la hizo reír.

─Siempre; desde pequeños, incluso...más que como un amigo…pensé que podríamos llegar a ser algo más, pero...─ el castaño sintió algo oprimirse en su pecho.

─Sora…

─Estoy harta de tener que estar adivinando tus pensamientos, de tener que saber por qué te enojaste conmigo; no puedo seguir con esto, no puedes seguir tratándome como se te antoja, así que, este es el fin ─ respondió ─ Has cambiado y yo también. ─ El castaño quedó de piedra ─ Que tengas buen resto del día. ─ respondió, girando para entrar a su hogar.

─ ¿Lo de anoche no significó nada para ti? ─ ella se detuvo en seco. Su mano a punto de girar la perilla.

─Pensé que sí, ─ respondió honestamente─ pero tú te encargaste de demostrarme lo contrario.


Ella sabía que estaría castigada de por vida, pero lamentablemente, ella era la siguiente en turno para cuidar de Yamato. Era lunes y acababan de darle el alta al rubio; Natsuko debía realizar unos trámites, Hiroaki estaba trabajando y Takeru debía ir a la escuela. Se supone que ella también, pero decidió quedarse con el rubio. No podría concentrarse pensando que estaría solo en su hogar. Así que, salió más temprano de lo normal (durmiendo una o dos horas como máximo), llevó su uniforme para aparentar que partió a la escuela y se dirigió al hospital. Cuando el rubio fue libre, tomaron un taxi hacia la residencia Ishida, donde Mimi se encargó de alimentarlo y de paso, organizar un poco el lugar, ya que, el joven Ishida quiso instalarse en la sala de estar, en vez de en su habitación.

─No es necesario que hagas esto…─ comentó el rubio. No era responsabilidad de su novia limpiar el desorden de él y su padre.

─No es molestia. ─ respondió. ─ Ya he terminado. ─ dijo, sentándose a su lado. ─ ¿Cómo te sientes? ─ el joven la atrajo por la cintura hacia él

─Perfectamente; no sé por qué me ordenaron un día de reposo.

─ Solo por precaución, Yama ─ respondió ella, depositando un suave beso en su mejilla. ─Mañana ya podrás volver a la rutina. ─ él la observó con una leve sonrisa. Aun le costaba creer que, por fin, podía darse el lujo de llamarla novia; la espera había valido totalmente la pena. Se acercó a ella y le besó. Era adicto a esos labios y aprovechaba cualquier oportunidad para poseerlos. Para su desgracia, ese no duraría mucho, pues alguien tocaba la puerta ─ ¿Esperas a alguien?

─Se supone que no debería haber nadie en casa

Mimi se levantó y se dirigió a la puerta. Quien fuese que estuviera allí, era bastante insistente…

─Pero, ¿que…? ─ dijo abriendo la puerta ─ ¿Taichi?

─ ¿Nadie durmió en su casa anoche? ─ preguntó notablemente enojado ─ ¿Qué haces aquí? ¿No se supone que deberías estar en la escuela?

─Lo mismo digo ─ rebatió la castaña, con cara de pocos amigos ─ O por lo menos, deberías estar por ahí, menospreciando y rompiendo el corazón de alguien; te has vuelto realmente bueno en eso…─ el castaño ignoró a la castaña y entró a la residencia.

─Necesito tu ayuda, Yamato.

─No me digas…─respondió el rubio girando los ojos ─ Si te soy sincero, no quiero ayudarte; lo que le hiciste a Sora fue horrible…

El castaño le observó con sorpresa.

─ ¡¿Cómo lo sabes?!

─Yo mismo lo escuché cuando ella se lo contó a Mimi. ─ el castaño observó a la Tachikawa; si las miradas mataran, él estaría de camino al cementerio.

─Eres de lo peor, Taichi…─ el chico rió de manera irónica.

─Oh, claro; todo el mundo se pone de su lado; espero que cuando les haga lo que, a mí, no sea tan traumático…

─Como te encanta decir estupideces…─comentó Yamato ─Tienes que parar…

─Wow, gracias por apoyarme, mejor amigo…

─No puede apoyarte cuando estás totalmente loco…

─No te metas en esto, Mimi…

─Cuidado de cómo le hablas a mi novia.

─Pero es que ella…─ el castaño lo observó con el ceño fruncido ─ ¡¿novia?!

─Ese no es el tema aquí ─ dijo Yamato ─El tema aquí eres tú, siendo un patán…

─No, el tema aquí es que la única persona que me apoya es Akino…

─Dios mío…─ dijo Mimi. Tomó revistas, llaves, objetos de plástico e hierro...todo lo que tenía al alcance se lo lanzó al castaño quien los esquivaba como podía. Luego recogería el desorden. Yamato se vio obligada a intervenir, levantándose y sosteniendo a la castaña.

─Ok, ya; destruir mi casa no hará que este idiota entienda. ─ la castaña se cruzó de brazos, notablemente, enojada

─Me frustras, Taichi ─ soltó ─ Sora siempre te ha puesto primero, velaba por tu bien y que tú…─ la castaña solo suspiró, incapaz de terminar la oración ─ Ella realmente te amaba; y tú...solo la utilizaste para una aventura de una noche. ¿Sabes lo...indigna que se sintió?

─Tan indigna que me encontré a Joe en su departamento esta mañana.

─Porque él, como todo un caballero, no quiso que pasara la noche sola después de encontrarla tan destruida.

─Es que ella...nunca…─ Taichi bufó y se dejó caer en el sofá cubriéndose el rostro con las manos, soltando un fuerte grito entre ellas. ─ ¡Es demasiado! ─ exclamó. Mimi siendo Mimi, no podía ver a una persona sufriendo y quedarse de brazos cruzados, así que, se acercó con cautela al castaño

─Solo...explícanos; tal vez, podamos ayudar…─ el joven Yagami observó a sus amigos. No creía que pudieran hacer algo, pero necesitaba desahogarse.

─Amé...cada segundo de lo que pasó anoche...es solo que...estaba confundido.

─ ¿Respecto a qué? ─ intervino Yamato.

─A su actitud, a su relación con Joe, a lo que me dijo Akino…

─Tai, ¿en serio piensas que Akino, una persona que te ha alejado de tus amigos, es de confiar?

─Las cosas que me dijo tienen sentido

─Comprobémoslo; yo puedo confirmarte lo que sea. ─ respondió Mimi ─ Joe se le había declarado hace tiempo, pero ella lo rechazó porque quería estar contigo; supongo que cuando los viste juntos, era en los intentos de Joe por conquistarla.

─Pero...ahora son pareja…─ se defendió

─ Porque decidió darle una oportunidad. Después de todo, el chico de sus sueños la repudiaba como si fuese la peor escoria del mundo.

─ ¿Por qué nunca me dijo que me amaba?

─ Por la misma razón que tú no lo hiciste: miedo. ─ dijo la castaña como si fuese lo más obvio del mundo ─ Tenía miedo de que tú solo la vieras como una amiga y dañar su amistad, pero al final, logré convencerla de que te lo dijera…

─ Nunca lo hizo.

─ ¿Cómo lo iba a hacer si cuando lo intentó, la heriste como nunca antes?

─ Espera...ella… ¿se me iba a declarar? ─ Mimi asintió. ─ Eso no puede ser posible...

─ Pues lo es; yo misma le di el último empujón.

Taichi le observó, aún con incredulidad plasmada en su rostro.

─ Pero...Akino…

─Taichi, no uses a esa mujer como fuente fiable; no puedes confiar en ella. ─ respondió el rubio, rodando los ojos.

─ ¿Sabes qué? Hay que desenmascararla; no nos creerás hasta que lo confirmes ─ bufó la castaña.

─ ¿Cuál es tu plan?

A pesar de que a la recién formada pareja les sorprendió que el castaño no pusiera resistencia ante la idea, sentían que estaban un poco más cerca de hacerlo reaccionar. Sabían que Taichi comenzaba a entender muchas cosas que por lo estúpido que se volvía cuando se enojan, dejó pasar. De algo estaban seguros, cuando el castaño abriera los ojos, sería muy tarde.


Mientras se acercaba al gimnasio de mala gana, debió prepararse mentalmente. Uno de los compañeros de Takeru la había buscado para decirle que el rubio estaba de los mil demonios y le pidió de favor que tratara de tranquilizarlo. Hikari maldecía mil veces su infinita buena voluntad; la relación entre ella y el rubio no era la mejor, pero como siempre, con el fin de ayudar a los demás, fue directo a la boca del lobo. Y como esperó, no tardó mucho en generarse un conflicto por la inmadurez del rubio y sus celos enfermizos. No sabía exactamente como o cuándo lo hizo, solo supo que el Takaishi la hizo enojar a tal grado que, cegada por el enfado, le quitó el gorro de turno y lo lanzó, quedando enganchado a cierta altura.

─ Y el bipolar soy yo… ─respondió con enfado el rubio.

─ ¡¿Qué vas a hacer?!

─ ¿No es obvio? Voy a buscar el gorro que acabas de arrojar. ─ dijo ─ ¿A eso viniste, Yagami? ¿A montar un berrinche?

─ Vine a ver cómo estabas; me dijeron que estabas algo…contrariado…

─ ¿Qué? ¿Wallace te dio permiso de venir? ─ la castaña frunció el ceño.

─ El no exige ningún tipo de control sobre mí. ─ respondió ─ Además, él no tiene nada que ver en esto; vine porque quiero ver cómo estas…

─ Muy lindo de tu parte…

─ ¡Pero que maduro, Takaishi!

─ ¿Viniste a discutir?

¿Acaso bromeaba?

─ Vine con toda la buena intención del mundo y tu comenzaste a decir incoherencias ─ respondió ─ No entiendo cuál es tu problema con Wallace; no te ha hecho nada…

─ ¡Siempre estás de su lado, Hikari! Nunca me apoyas; todo es Wallace para ti. ─ el rubio escalaba la pared con furia. Ya no soportaba la situación con Hikari. ¿Cómo podía ser que, por una pelea tan insignificante entre ellos, él terminara escalando una de las paredes de la cancha porque, en un arrebato de furia de Hikari, lanzó uno de sus preciados gorros al tablero de baloncesto?

─Tu eres el inmaduro; Wallace no te ha hecho nada.

─Claro que sí. ─respondió, jalando con furia el gorro que seguía atascado.

─No, no lo ha hecho.

─ ¡¿Por qué lo defiendes tanto?! ─respondió.

Estaba perdiendo el agarre.

─Takeru, bájate de ahí, por favor…─ya no le importaba defender su punto. Ella veía que el agarre del rubio, temblaba y temía que se cayera; estaba a una altura considerable.

─ ¿Por qué? ¿Ya no sabes cómo responderme? ─ su paciencia se agotaba. El gorro no quería zafarse y Hikari no quería retractarse.

─Takeru, por favor…─imploró. Tenía un muy mal presentimiento.

─Tú…─dijo dando otro jalón al gorro. ─ ¡no me entiendes! ─ese fue el tirón decisivo. El gorro fue libre, pero por el impulso, no pudo mantener el balance. Hikari observó como el rubio caía al suelo, golpeándose la cabeza fuertemente en el acto.

El rubio no se movía.

─ ¡Takeru!


¡Hola! Bastante tiempo sin venir por aquí. Si el trabajo me lo permite, trataré de ser más constante en la actualización de las historias. Gracias a: mimato bombon kou y Marco Michael Gonzales Plata por los reviews en el capítulo anterior y también a todos ustedes que han dado favs y follows.

Trataré de que los siguientes capítulos sean más largos para ir abarcando más en cada capítulo.

Espero que les haya gustado y, como siempre, siéntanse libres de comentar.

Cuídense,

Bye!