Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
No podía comenzar a describir el nivel de terror que sentía en esos momentos. Su visión se había cumplido y Takeru se encontraba herido. ¿Ella? Se sentía culpable por su participación en el accidente. Dios, la relación entre ambos no podía estar peor, por lo que, la idea de que podría perderlo, estando en tan malos términos, le aterraba.
─ ¿Yagami? ─ llamó la enfermera. La castaña se acercó de inmediato ─ Tiene una pequeña contusión, pero estará bien
─ Gracias al cielo…
─ Me contacté con su madre; vendrá pronto ─ explicó ─ ¿Quieres entrar y hacerle compañía? Está despierto ─ Hikari lo pensó por unos instantes, analizando si realmente esa sería una buena idea dada las circunstancias.
─ Sí ─ respondió finalmente, aceptando que solo estaría tranquila si veía al rubio sano y salvo en persona. Ante la ansiedad que sentía, Hikari solo pudo lamentarse mentalmente por la situación con él… Se supone que eran amigos, que existía confianza, que se podían decir lo que fuese.
Aquello era simplemente inconcebible.
Entró a la enfermería como si hubiesen minas por todos lados, sin saber qué reacción esperar por parte del rubio.
─ Pensé que te habías ido…─ el tono frío que empleó el rubio, logro desubicarla.
─ Quería cerciorarme de que estabas bien….
─ ¿Realmente te importa?
─ Claro que sí…─ respondió, llegando a su lado ─ Me asusté cuando te vi caer; realmente pensé que te habías lastimado de gravedad ─ La culpabilidad en los ojos de la castaña hizo que el joven rubio suavizara la mirada. ─ ¿Realmente te encuentras bien? ─ hizo el ademán de acariciar su pelo, pero él la detuvo. El corazón de Hikari se estrujó como si de papel se tratase. ¿Acaso el daño era irreparable? Con la poca dignidad que le quedaba en el cuerpo, trató de apartar la mano, pero él se lo impidió, atrayéndola de tal manera que la joven Yagami quedó prácticamente sobre el chico, con sus rostros peligrosamente cerca. ─ ¿Ta-Takeru? ─ tartamudeó, totalmente sonrojada.
─ Si me hubiese pasado algo, ¿qué habrías hecho?
─ Yo…
─ ¿Podrías vivir si yo...hubiese muerto? ─ la pregunta la tomó por sorpresa. ─ ¿Qué hubiese pasado si yo hubiese dejado este mundo en tan malos términos contigo?
─ ¿Por qué me preguntas eso?
─ Fue lo primero que pensé al despertar…─ Las alarmas se dispararon en la cabeza de Hikari. Tenía que alejarse de él, un sentimiento extraño se esparcía como pólvora por todo su cuerpo y sabía que, si no se alejaba de él, luego se arrepentiría del resultado.
─ Takeru, suéltame…
─ No quiero… ─ Hikari quería pensar que los medicamentos eran los que guiaban el accionar del chico.
─ Suéltame…─ fue más una súplica que una orden. Hace rato que se había perdido en la mirada de su mejor amigo. Trataba de recordar que tenía novio, que él tenía novia y qué se supone que eran como hermanos, pero fue tarde… En el momento que Takeru colocó sus labios sobre los de ellas, el mundo pareció desaparecer.
Cuando salió de la biblioteca, Sora tenía un solo pensamiento en mente: llegar a casa. Estaba extremadamente cansada, tanto física como emocionalmente. El día había sido pesado, aburrido y bastante eterno. Mimi y Yamato habían faltado por obvias razones, y gracias al cielo, Taichi había decidido hacerlo también, ahorrándole un gran estrés a la pelirroja. Mentiría si dijese que no le importaba verlo; el chico parecía no querer abandonar sus pensamientos. Había sido su primero y por más que intentase borrarlo de su memoria, él seguiría grabado en su cuerpo hasta el final de sus días. Y odiaba saber que no podría deshacerse de él, que incluso en un futuro, lo recordaría como el primero y como el que la hirió de tal forma que no sabía ni siquiera cómo comenzar a interpretar lo que sentía. Sus sentimientos estaban por todas partes: tristeza, desesperación, rabia, dolor, miedo...odio. ¿Lo curioso? Es que el odio no iba dirigido a él, sino a ella misma, por ser tan ingenua y permitir que le hiciera tanto daño.
─ ¡Sora! ─ dirigió su vista hacia la entrada y vio una figura familiar acercarse.
─ ¿Joe? ¿Qué haces aquí?
─ Iba camino a casa y recordé que me dijiste que saldrías tarde, así que, te traje un batido. ─no pudo evitar sonreír.
─ Gracias ─ sus planes ya no sonaban tan atrayentes ─ ¿Quieres ir a comer algo al centro comercial? Tengo hambre ─ admitió. Joe asintió, sonriéndole. Por primera vez, antes la deslumbrante sonrisa que le dedicó el muchacho, Sora sintió la urgencia genuina de besarlo y así lo hizo. Temía que fuese producto del conflicto de emociones que tenía, pero decidió no pensarlo demasiado. ¿Acaso no había dicho que lo intentaría?
─ Vaya…
─ ¿No te gustó?
─ ¡No, no es eso! Es que...me sorprendí, pero sí me gustó. ─ respondió. Entrelazó su mano con la de ella, quien pudo sentir como temblaba, notablemente nervioso ─ ¿Nos vamos? ─ ella asintió, dedicándole una media sonrisa
─ Claro ─ Joe tomó el bulto de la pelirroja con su brazo libre y emprendió camino con ella firmemente aferrada a él.
En el momento en que entró a su hogar, supo que estaba en problemas. Sus padres no se veían muy felices…
─ ¡Hola, mamá, papá!
─ ¿Cómo estuvo la escuela? ─ intervino su padre tajantemente.
─ Normal; como todos los días…─ mintió
─ ¿Cómo lo sabes si no asististe hoy? ─ Mimi se congeló de inmediato. Su madre arrojó una carpeta sobre la mesa ─Michael te trajo las asignaciones del día.
Todo cobró sentido.
─ No tienes idea lo que te espera, jovencita
─ Lo siento, ¿bien?
─ ¿Y crees que con eso se resuelve todo? Faltaste a la escuela para irte quién sabe a dónde
─ No fue así
─ ¿Ah no?
─ No; estaba cuidando de Yamato…
La castaña juró ver como una vena palpitante aparecía en la frente de su padre.
─ Cada vez que te metes en problemas, el nombre de ese muchacho sale a colación
─ Él no me obliga a hacer estas cosas; yo lo hago por voluntad propia…
─ Es una mala influencia ─ respondió su madre
─ ¡Claro que no! Yamato estaba enfermo y no había nadie disponible para cuidarlo.
─ Tú tampoco estabas disponible ─ respondió su padre ─ No puedes hacer lo que se te pegue en gana; no mientras estes bajo mi techo ─ Mimi se mantuvo en silencio; obviamente había actuado mal, lo aceptaba, pero le irritaba que cada evento negativo en su vida, era asociado al rubio, según ellos, todo era culpa de Yamato ─ Estás castigada, y te prohíbo que te juntes con el irresponsable de tu "novio" ─ dijo haciendo las comillas. A pesar de que estaba furiosa, Mimi prefirió no decir nada, sabiendo que no ayudaría a su caso. En completo silencio, pero con una expresión que denotaba claramente su descontento, se dirigió a su habitación.
Le convenía estar tranquila, por lo menos por los momentos.
El universo parecía ponerse en su contra. Por fin, había tenido la oportunidad de tener cierto tiempo a solas con Ken y medio digimundo se le ocurría aparecerse en Odaiba…
Suspiró desganada.
Se debatía entre escribirle o dejar que las cosas fluyeran, pero demonios, se trataba de Ken; tomar la iniciativa no era lo suyo...
Decidió dar el primer paso.
Miyako Inoue
Hey, ¡me debes media cena!
Pasaron unos minutos hasta que vio el escribiendo en pantalla.
Ken Ichijouji
Eso es cierto. ¿Cuándo podría ser?
Eso fue muy fácil.
Miyako Inoue
No sé, pero que sea pronto.
Ken Ichijouji
¿Estás hambrienta?
Miyako Inoue
Siempre tengo hambre
La chica sonrió. Le gustaba como la conversación fluía por sí sola.
─ ¡Ustedes dos acabarán con mis nervios! ─ dijo su madre, saliendo de su habitación.
Como si el planeara ese tipo de cosas adrede…
El rubio se acostó en la cama, observando el techo. Seguía sin creer lo sucedido, le costaba asimilar que había besado a su mejor amiga, pero, sobre todo, que le había gustado y mucho.
Eso lo aterraba.
Ambos tenían parejas y por lo menos en su caso, había identificado una diferencia abismal entre lo que sentía al besar a Catherine y lo que sintió al besar a Hikari: el beso con la castaña fue infinitamente superior a cualquiera que haya compartido con su novia.
─ Demonios…─ estaba sumergido en un verdadero torbellino de emociones, sin ninguna ruta de escape a la vista. Estaba seguro de que Hikari le evitaría el tema a toda costa.
Sonrió irónicamente.
Cuando pensaba que las cosas no podrían complicarse más aún…
Ya le había escrito a su, por los momentos, novia para encontrarse con ella a primera hora en la mañana. Si Yamato y Mimi llegasen a tener razón, honestamente, no sabía que haría. Le aterraba haberse equivocado de una manera tan monumental que no existiera forma humana de tan siquiera mantener una relación de conocidos. Sora parecía muy seria en su decisión de sacarlo de su vida y sabía que, cuando la pelirroja se proponía algo, lo hacía sin titubear y sin mirar atrás: era bastante terca.
Una gota cayó sobre su nariz.
El castaño levantó la vista hacia el cielo, donde las nubes negras se hacían presente en el que pronto sería un cielo nocturno. Las personas corrían a su alrededor, tratando de ocultarse del batallón de gotas que caían incesantes desde las alturas, pero él, no tenía ánimos como para intentar buscar refugio. De cierta manera, la lluvia lo reconfortaba: parecía un reflejo de su estado
Las palabras de Yamato y Mimi no le daban tregua. ¿Y si realmente Akino le hubiese mentido? ¿De verdad había perdido a la chica que amaba para siempre? Si antes estaba confundido, en esos momentos, ni siquiera sabía cómo organizar un pensamiento de manera lógica; las imágenes de la noche que había compartido con ella, lo atormentaba.
Dirigió su vista al frente y como si la hubiese llamado con el pensamiento, allí estaba ella, dentro de una cafetería, mirando distraídamente la lluvia caer a través del enorme ventanal del local. De manera inconsciente, comenzó a dar pasos hacia el lugar, pero se detuvo al notar que no estaba sola. Su corazón se encogió al reconocer la figura del superior frente a ella.
No podía creer lo detestable que le parecía aquel chico que alguna vez él nombraba como uno de sus mejores amigos…
Decidió alejarse; sabía que era lo mejor
─Tu desayuno está servido, Mimi ─ escuchó a su madre decir, pero la castaña no respondió. Tomó su mochila y se dirigió hacia la salida. Sabía que sus padres pensarían que estaba actuando de manera inmadura, pero la realidad era otra muy distinta: sabía que, si entablaba algún tipo de conversación con ellos, existía una gran posibilidad de que dijera algo de lo que se podría arrepentir. El coraje que tenía con sus padres (y con Michael) no le permitió reunirse con Morfeo durante toda la noche, por lo que, el día se le haría extremadamente largo. Salió de su hogar, apoyándose en la puerta, dejando salir un gruñido
─No te esperaba tan pronto. ─Mimi dio un respingo. A unos pasos de ella, se encontraba su adorado rubio, apoyado de la pared.
─Yama, ¿qué haces aquí?
─Vine por ti para ir a la escuela
─ ¿Por qué no tocaste?
─Asumí que, después de lo que me escribiste anoche, no soy de las personas favoritas de tus padres ─sin pedir permiso, tomó el bolso de la castaña ─ ¿Desayunaste? ─ ella negó ─ Somos dos─ comenzó a buscar algo en su bolso ─ Toma ─ dijo, extendiéndole lo que ella luego identificó como un sándwich.
─No
─ ¿Por qué no?
─Porque intuyo que ese es tu desayuno
─ Era. ─ corrigió ─ Ahora es tuyo…
─Yamato…─ pronunció en modo de advertencia
─ Escucha: si no te lo comes, yo tampoco lo haré, y se desperdiciará. ¿De verdad quieres desperdiciar un perfecto sándwich sabiendo que existen tantas personas en el mundo sin tener la dicha de disfrutar algo similar? ¿Eso quieres? ─ Yamato sonrió al ver como la castaña inflaba los cachetes y le arrebataba el sándwich de la mano. ─ Así me gusta; ahora vamos; Akino debe de estar en el punto de reunión... ─ la tomó de la mano y comenzó a caminar hacia su destino.
La chica se estaba desesperando. Taichi dijo que quería verla en el campo de entrenamiento, antes del inicio de las clases, para conversar de algo sumamente importante. No estaba nerviosa, pues tenía al castaño justo donde lo quería; fuera lo que fuese, debían ser buenas noticias.
─Así que viniste…─ la joven giró hacia la fuente de la voz.
─ ¿Tachikawa? ¿Qué haces aquí? Estoy esperando a…
─Taichi; ya lo sé ─ la chica se mostró notablemente confundida ─Yo fui la que te envió el mensaje cuando estaba distraído
─ ¿Y se puede saber por qué? ─preguntó notablemente enojada
─ Para hablar, obviamente ─ respondió─ Estoy harta de que mantengas a Taichi entre tus redes; no voy a dejar que lo sigas separando de nuestro grupo. ─ Akino sonrió cínicamente.
─Por Dios…
─Hablo en serio ─ dijo Mimi.
─ ¿Y qué? Si logré deshacerme de Takenouchi, ustedes serán pan comido.
─ ¿Deshacerte de Sora? Son mejores amigos; no hay manera de que...
─Escucha─ comenzó a decir, acercándose a la castaña─ Me encargaré de que Takenouchi siga fuera del panorama y si tengo que sacarlos a todos del medio, lo haré
─ Se lo diré a Taichi…─ la joven se encogió de hombros, en claro gesto de superioridad.
─ No creerá nada de lo que digas…
─ Es cierto; creeré en tu palabra, si es el caso ─ La porrista se congeló en su sitio. Giró sobre sus talones y se encontró de frente con Taichi, notablemente furioso.
─Taichi, amor, no es lo que…
─Me mentiste todo este tiempo, con el solo propósito de alejarme de mis amigos...es exactamente lo que parece…
─Amor, yo…
─ ¡No me llames así! ─ tanto la chica como Mimi se asustaron por el exabrupto─ ¡Tú y yo no somos nada! ¡No te quiero cerca!
─Pero yo…─ la mirada que le dedicó el castaño fue suficiente para que no continuara. Furiosa y humillada, se alejó de allí, lanzando todo tipo de improperios.
Yamato salió de su escondite; el rubio había grabado todo el espectáculo.
─ ¿Estás bien? ─ preguntó el rubio. El castaño no respondió. Simplemente, se sentó en el suelo, pasándose frenéticamente las manos por la rebelde cabellera. El peso del mundo había caído sobre sus hombros y no se sentía capaz de soportarlo.
Faltando exactamente un minuto para iniciar las clases, Sora vio como Mimi y Yamato entraban al lugar tomados de la mano. Sonrió levemente al saber que, por fin, esos dos habían aceptado la realidad. Su expresión cambió al ver al castaño entrar junto a ellos. El Yagami, de inmediato fijó su vista en ella. No la observaba con odio o rencor, se veía más bien… ¿arrepentido?
Por fin, la campana sonó.
─Muy bien, clase, vamos a empezar ─ El castaño se vio obligado a dirigirse a su asiento.
No habían pasado ni cinco minutos cuando un pedazo de papel aterrizó en el pupitre de la pelirroja. Respiró hondo y, por simple cortesía, tomó el papel entre sus manos:
"¿Podemos hablar?"
No había que ser adivino para saber quién era el emisario de la nota. Podía sentir su mirada sobre ella. Tomó el papel, lo arrugó lo más que pudo y lo arrojó al cesto de basura durante un descuido del profesor.
Asumía que esa sería suficiente respuesta para él.
El sentimiento de culpa no dejaba vivir a la pequeña Yagami. Ella, que tanto proclamaba la moralidad en una pareja, le fue infiel a Wallace y no sabía qué hacer al respecto…irónico.
─ ¡Hikari! ─ la castaña tragó en seco
─ Hola, Wallace ─ el chico llegó hasta ella y le entregó un casto beso. La castaña no podía sentirse peor…─ ¿Pasa algo? ─ella negó rápidamente ─ ¿Segura?
─Sí...solo he estado pensando en todo lo ocurrido con los digimons; me preocupa como todo podría evolucionar para peor─ técnicamente, no estaba mintiendo.
─Por los momentos, no vale la pena pensar en eso ─ respondió ─ No te he visto en todo el día
─Porque te he estado evitando ─ pensó la castaña.
─ ¿Qué tal si vamos por un helado?
─Perdón, pero no puedo; quedé de encontrarme con Sora ─ mintió. ─ ¿Qué te parece si lo dejamos para otro día? ─ él asintió algo desilusionado.
Hikari no pudo sentirse peor persona
─ ¡Por fin te encuentro! ─Mimi ignoró al rubio que se acercaba a toda velocidad ─ ¿Por qué no asististe ayer?
─Eso no es algo de tu incumbencia…─ respondió, continuando la labor de organizar su casillero. La respuesta descolocó al joven Michael.
─Soy tu amigo, claro que me incumbe…─ Mimi cerró el casillero de golpe
─Un amigo no trata de poner a mis padres en contra de mi relación.
─No sé de qué hablas…
─Claro que lo sabes… ¿crees que voy a creerme el numerito de amigo preocupado? Fuiste con toda la intención del mundo a desprestigiar la imagen de Yamato y de paso, a meterme en problemas
─ Ya te he dicho que, en mi opinión, él no te conviene
─ ¿Acaso he pedido tu opinión? ─ él se mantuvo en silencio ─ Si no tienes la capacidad de entender que entre nosotros no existirá una relación más allá de la amistad, entonces no podemos seguir tratándonos…
─Pero…
─ ¿Pasa algo? ─ respondió una tercera voz. Michael frunció el ceño al ver la figura de Yamato detrás de Mimi.
─No, para nada ─ respondió la castaña ─ ¿Nos vamos? ─ el asintió. La tomó de la mano y comenzó a caminar junto a ella en dirección contraria al joven Williams.
Debió suponer que Taichi no entendería la indirecta.
─ ¿Qué quieres? ─ preguntó no muy amablemente la pelirroja. El castaño la había interceptado en las afueras de la cancha de tenis
─ Hablar contigo
─ No tengo tiempo para…
─ ¡Lo siento! ─ la pelirroja se turbó de inmediato. ─ Soy un idiota; le creí a quien no debía y terminé lastimándote. Yo...te amo y lo que pasó en el concierto ha sido la mejor experiencia de mi vida. ─ confesó con el corazón en la mano; ella se mantuvo en silencio ─ Sé que he sido el peor contigo; no sabía cómo manejar mis sentimientos cuando veía a alguien acercarse a ti. Traté de convencerme de dejarte ir, ser feliz cuando tú lo eras, pero cuando terminaste con Yamato, pensé...que podría tener una oportunidad, por eso...exploté y me dejé guiar de las malas lenguas y.…te lastimé...pero ya…─ la pelirroja no había notado que el joven se había acercado. Solo fue consciente de aquello en el momento en que las manos de él tomaron su rostro. ─ Te amo...perdóname…─ sus labios estaban a centímetros de los suyo y por un breve momento, pensó en dejarse llevar…
Pero no…
─Aléjate…
─Sora…
─No puedo con esto…
─Yo…
─Te temo y no quiero que me sigas haciendo daño…
─Yo no…─ dijo intentando acercarse a ella nuevamente
─ ¡Dije que te alejes! ─ exclamó, rodeándole y alejándose de él a paso rápido. Taichi reaccionó rápidamente, alcanzándola y tomándola del brazo.
─Sora… ─ella se zafó de su agarre bruscamente.
─No.…me toques ─ nunca había visto aquella expresión de ira y odio en el rostro de la pelirroja ─ ¿Crees que es tan sencillo como venir a pedir perdón? ¿Crees que esto es un cuento de hadas donde un beso lo resolverá todo?
─Yo solo…
─ ¡Cállate! ─ exclamó furiosa ─ No tienes ni la menor idea de lo profundo que ha sido el daño de tus acciones. No voy a dejar que me sigas lastimando cuando te venga en gana
─Eso ya no va a pasar─ ella rio con clara burla en su voz
─ ¿Qué se supone que cambió? ¿Qué pasó tan transcendental que te obligó a cambiar de perspectiva? ─ no sabía qué decir. Se sentía francamente intimidado por la pelirroja. Lo único que tenía claro era que no quería perderla.
─Lo que pasó entre nosotros en el concierto. ─ dijo sin rodeos. ─ Fue lo mejor que me ha pasado en la vida...Te amo…─ confesó nuevamente. Sora le observó por unos instantes, los cuales parecieron una eternidad para el castaño. Estaba siendo lo más sincero que podía, lo que su corazón hace tiempo tenía guardado. Sabía que había sido un patán, que dijo cosas que nunca pensó decirle a Sora, pero estaba arrepentido y quería hacer algo al respecto.
Al final, la pelirroja dio media vuelta y comenzó a alejarse de él. Taichi hizo el ademán de seguirla.
─ No me sigas…─ ordenó, sin detener su paso. El tono frío con la que exigió aquello, lo paralizó en su sitio.
Se moría por seguirla, pero sabía que no era una buena idea. Cuando perdió a la pelirroja de vista, el castaño revolvió su cabello con frustración. No podía ser tan tarde; se negaba a pensar que ese era el final.
¡Hola! Finalmente, un nuevo capítulo. Disculpen la demora; estoy trabajando para ser más consistente con las actualizaciones. ¿Y bien? ¿Qué les ha parecido? Saben que me encanta saber su pensar al respecto. Gracias a: lucianaagg, Adrit126, mimato bombon kou y Marily123 por los reviews en el capítulo anterior y a todos los nuevos favs y follows.
Cualquier cosa, ya saben las vías donde pueden contactarme; les responderé lo más pronto posible.
Como siempre, siéntanse libres de comentar,
Cuídense un montón,
Bye!
