Capítulo X: El Baile de Graduación


I know there's nothing I can do to change it

But is there something that can be negotiated?

My heart's already breaking, baby, go on, twist the knife


Gilbert fue a la sala de los abrigos, o en realidad, la biblioteca pequeña que hacía las veces de armario de chicos cuando había fiestas. Estaba separada del armario de las chicas (El aula de música) por los baños, por lo que se encontraban el los extremos opuestos del mismo pasillo y prácticamente escondidos de la fiesta.

Pero nunca encontró su abrigo.

Anne estaba saliendo del baño de damas cuando Gil dobló la esquina.

—Umm… Hola.

—Hola Gilbert.

Y se disponían a seguir sus caminos cuando sonó su canción.

De repente no había dos chicos en el pasillo, sólo dos estatuas qué miraban las manos de la otra. Por un momento Gilbert se olvidó de todo. Solo estaba enfadado. Porque había querido besarla muchas veces y nunca lo hizo; porque siempre quiso permanecer despierto toda la noche, acariciando las ondas rojizas, pero eso nunca iba a suceder. Y sobre todo, porque quería bailar con la chica y no podía.

Esperen un momento…¿No podía?

Anne se encontró con que las manos del muchacho se posaron en sus caderas y descubrió que nunca las había sentido tan firmes y cálidas.

Entonces se dejó llevar. Ahora estaban los dos bailando en la mitad del pasillo, y había una fiesta en la habitación contigua, pero no les importaba perdérsela.

—¿Por qué dejaste todo esto Anne?— le susurro Gilbert al oído.

— ¿A qué te refieres?

— Los últimos dos años te he visto bailar, pasear y charlar con Roy, pero nunca he visto que tu piel se erice como cuando haces lo mismo conmigo. Puede sonar caprichoso y egoísta, pero tienes que admitirlo.

Y Anne empezó a llorar.

—Cuando me preguntaste si te podía dar esperanzas Gilbert, te juro que lo pensé, me gustaba la idea de construir mis castillos en el aire contigo. Pero algo me detenía y ahora me doy cuenta de que me equi…

—Shh, tu sabes que siempre te voy a querer Anne, pero no digas que te equivocaste|1|. No lo digas porque estás comprometida con Roy y voy a tener que soportar qué me digas que, al final de todo, si me quieres y te voy a tener que dejar. No te quiero decir adiós cuando te ves así, como una dríade.

Seguían bailando y a cada paso se juntaban más, incluso en las vueltas, era como si no quisieran que la canción acabara nunca, como si quisieran retener ese momento en el que sus cuerpos se pertenecían.

—Gilbert, siempre es lo mismo contigo. Dices que me quieres y que yo soy la mala porque te rechacé, pero ¿cuando vas a admitir que nunca aceptaste que mis sentimientos y los tuyos no afloraron al mismo tiempo?

—Lo sé y he intentado no reprocharte nada ¿Cómo lo hago si ni siquiera me hablas?

— Desgarraste mi corazón porque lo obligaste a admitir algo que apenas procesaba.

—Anne dices que desgarré tu corazón ¿pero te has puesto a pensar que al hacerlo rompí el mío?— Dijo Gilbert acercándose a su oído.

Anne no contestó. Sólo apoyó su cara en el hombro de Gilbert y continuó meciéndose. Ambos estaban llorando un poco y siguieron así hasta que su canción terminó. Entonces Anne alzó la cabeza y se encontró con unos ojos del color de la miel que la miraban como si fuera la cosa más bella del mundo. Una mezcla de ternura y admiración, de deseo y anhelo que le drenaba la sangre y la dejaba sin fuerzas.

—Eres hermosa, Driade—dijo Gilbert acercándose a sus labios lentamente, con miedo—¿Por qué te pusiste ese vestido para salir de mí vida?.

—Gilbert, es demasiado.

—Vamos Anne, haz el último corte. Clava la daga bien adentro, al fin y al cabo, mi corazón ya está roto—dijo soplándole el aliento en la boca.

Y Anne se disponía a hacerlo.


Y


I swear that it was somethin'

'Cause I don't remember who I was

Before you painted all my nights

A color I've searched for since


—Anne—Christine estaba ahí, un poco más agitada de lo normal—Roy está como loco buscándote. Te acompañaré a la recepción y le diremos que tuviste un problema con tu vestido y te ayudé ¿Esta bien?

Anne asintió.

—Gilbert, lo mejor será que esperes aquí unos minutos, si Roy te ve salir con nosotras provocarán un altercado y probablemente a ti no te importe, pero a Anne sí—Esa chica no le había dirigido más de veinte palabras a Anne, pere parecía que no le importaba haberla visto a punto de besar a su casi prometido—Vamos.

Christine tenía razón. Roy estaba furioso. Por lo general, era un chico tranquilo, pero los últimos días estaba un poco presionado. Todos esperaban que Anne y él anunciaran su compromiso cualquier día, pero Roy tenía malas experiencias y su seguridad había menguado ese mismo día cuando vio primero las flores, como las de Avonlea, que sólo una persona hubiera podido mandarle a Anne, y después, el collar de corazón. Anne no le dijo que Gilbert se lo había dado, pero de alguna manera él lo sabía.

—¿Nos vamos a casa Anne?— Le preguntó con brusquedad cuando la vio.

—Si vamos. Perdón por la tardanza pero tuve un problema con mi vestido.

—Claro, supuse que no era nada importante.

Anne se aclaró la garganta. Sentía que cualquier cosa que le pasara nunca iba a ser importante para Roy. Pará él, nunca necesitaba nada.

Cuando Anne llegó a Patty 's Place y se unió a las chicas para relatar el baile a la tía Jamesina, notó que su sonrisa era cada vez más fingida. Cada risa la dejaba agotada. Y a media frase sentía el aliento de Gilbert en su cara. No sabía que le pasaba.

Subió a su habitación en la madrugada, agotada. Sacó unas notas viejas que había debajo de su cama. Nadie sabía de esos manuscritos: La mayoría de sus escritos estaban en su baúl, pero esas eran notas privadas que no pensaba publicar nunca. No pensaba que alguien se interesara de verdad en los sentimientos de una muchacha universitaria. Pero la colección de poemas, canciones y relatos que había debajo del colchón eran su tesoro más preciado.

Anne se disponía a leerlas cuando escuchó un repiqueteo en la ventana. ¿Qué podía ser eso? ¿Ladrones? ¿Rusty? Si no hubieran sido las 2 de la mañana habría reflexionado que Rusty estaba en su cama, jugando con una bola de estambre y que no era probable que unos ladrones se anunciaran tan abiertamente.

Un segundo repiqueteo. Ahora se daba cuenta. Era una piedra.

Cuando se asomó a la ventana lo encontró. A Gilbert. Estaba despeinado y había perdido la casaca. Anne se preguntó si en realidad era él, porque se lo había imaginado tantas veces en la madrugada, cuando sentía las noches demasiado oscuras.

Gilbert se puso un dedo en los labios, indicando que no hiciera ruido.

—¿Estará borracho o completamente loco?— Se preguntó Anne—De cualquier forma, si me pide que baje lo haré.

Gilbert le enseñó un pequeño cuaderno, con un grabado en el forro, pero Anne no alcanzaba a distinguir lo que decía. Se dio cuenta, por los movimientos del muchacho, de que estaba completamente sobrio. Pero tenía el aspecto de alguien que había llorado toda la noche.

—¿Qué estás haciendo, Gilbert?—musitó Anne.

El chico fue hasta los arbustos que daban a la pequeña habitación azul y escondió el cuaderno.

—Lo siento Driade.

Anne bajó al patio, se podría decir que casi voló. Sus pies no tocaron el suelo. Y cuando llegó Gilbert estaba saliendo por la verja. Debía detenerlo. Y cambiar la cerradura, al parecer.

—Gilbert ¿Te vas? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué la noche se puso de cabeza?

—Anne, en serio, perdóname. He sido grosero contigo y he tenido mucho resentimiento, pero ahora me doy cuenta de que tengo que irme, debo dejarte vivir—dijo mientras se daba la vuelta.

—Gilbert, no te vayas—Anne alargó su mano hasta el brazo de Gilbert. El muchacho se dio la vuelta.

—¿Por qué dejas mi casa a mitad de la noche? ¿Por qué no luchas un poco más?

—Sabes qué es lo mejor. Ya nos lastimamos mucho en una noche. Y es que no se si en realidad me ames. No estoy seguro. Y está bien, lo comprendo, en serio Anne.

— Yo tampoco lo sé.

Gilbert tomó su mano lentamente, y se quedó viéndola durante unos segundos. Finalmente, le dio un apretón y un beso.

Cuando Gibert se fue, esta vez nadie lo detuvo.

Anne se fijó en los arbustos. El grabado era un "Blythe" escrito con una cursiva conectada. Se llevó la libreta a la habitación y cuando la abrió vio tres nombres. El de Gilbert tenía la tinta más brillante, pero el de Jonh Blythe tenía una letra más redondeada. Y con un color aún más suave, se encontraba el nombre del abuelo de Gilbert arriba de los otros dos. Ese cuaderno debía ser una reliquia familiar. Y ahora lo tenía Anne.

Solo había una decena de páginas usadas, con fechas muy lejanas; cuando Anne vio una especie de separación. Había un boceto de ella, a lápiz, demasiado hermoso para ignorarlo. Incluso las siete pequitas habían sido bellamente trazadas, el pelo rojo fue decorado con flores y sus ojos no parecían otra cosa más que ventanas. Anne volvió a sentir una sacudida extraña en su corazón, no creía que alguien la viera así en realidad.

Cuando pasó a la siguiente página, había una carta:

Querida Anne,

Me di cuenta fuera de tiempo. Es obvio que nuestros sentimientos no van caminando a la par…

Eran casi las 4 de la mañana cuando Anne llegó a la última página escrita en el cuaderno. En todas había dibujos de flores y le recordaban a los veranos que pasó en Avonlea con Gilbert, porque los dos iban unidos: Avonlea era su hogar, pero también Gilbert. El uno no existía sin el otro.

Y eso no podía pasar, porque estaba prácticamente comprometida con Roy. Tenía que acabar de alguna manera con lo que estaba sintiendo antes de que Roy hablara o rechazarlo y recuperar a Gilbert. Ya no podía romperle el corazón a otra persona.

Era lastimar a Roy y a Christine o a Gilbert. ¿Qué le pesaba más?

Pasó de página y escribió una carta.

Querido Gilbert:

Sigo sin saberlo… Si te amo o no. Pero aún así, yo quiero contar la historia.

...A color I've searched for since


La primer canción que usé en este capítulo es Love You Goodbye de One Direction, escrita por Julian Bunetta, Louis Tomlinson y Jacob Kasher.

Para la segunda parte, la parte de Anne, utilicé Question...? de Taylor Swift, escrita por ella y Jack Antonoff.

|1| Es parte de una canción de Morat, No hay más que hablar, compuesta por Juan Pablo Isaza Pineros, Susana Isaza Pineros, Nicolas Gonzalez Londono y Pablo Benito-revollo Bueno. En la original dice "Y aunque tú sabes que te quiero, no quiero que me digas que te equivocaste" y pensé usarlo para todo el capitulo, pero Love You Goodbye se sentía más Gilbert en alguna manera.

Este capitulo era el que más me emocionaba publicar. Le puse todo mi corazón al escribirlo y estoy muy feliz con el resultado. El balón lo vuelve a tener Anne y me encanta eso, pero esta sigue sin ser su historia totalmente; así que es algo divertido.

~Mund.