No es lo mismo
Llegar a Hogwarts era todo un desafío para algunos chicos y chicas de último año, algunos se enfrentaban a perdidas, otros a estigmatizaciones por parte del resto de la comunidad mágica y otros pocos temores que no se atrevían a decir en voz alta, sin duda alguna, cada persona llevaba en su interior una guerra o una perdida que le estaba carcomiendo el alma.
Mientras llegaba a la plataforma 9¾, Hermione entendía que debía abrirse a personas con las que tal vez solo intercambió un saludo en el pasado, debía hacerse un camino social sin sus dos mejores amigos y eso la asustaba demasiado, pero no más que no pasar sus EXTASIS, eso sí la aterraba ferozmente.
Mientras se iba moviendo entre los compartimientos se encontró con uno vacío y se sentó, agradecía la soledad y el silencio del espacio, abrió un libro de runas antiguas pues quería estar preparada para runas avanzadas y se quedó concentrada mientras el tren avanzaba. Poco después de una hora observó en silencio cómo se abría la puerta y entraba una chica, al parecer de Slytherin, con la cabeza hacía abajo y se escondió bajo una gran capa de color negro, parecía que no quería ser reconocida así que Hermione hizo caso omiso de su presencia y continuó con su lectura.
Tiempo después de haber estar tomando notas se fijó de nuevo en la chica que tenía al frente, se había quedado profundamente dormida y estaba ocupando todo el asiento en una posición no muy cómoda. Ahora podía observarla con más detalle y no quedaban dudas de que era de Slytherin, pues reconocía en ese rostro gatuno las facciones de Pansy Parkinson, una de las chicas que había hecho de su tiempo en Hogwarts un infierno por ser hija de muggles.
Pansy se notaba cansada, tenía grandes ojeras y tenía cierto aire de fragilidad. No quería quedarse mirando mucho tiempo, pues no sabía qué estaba haciendo en ese compartimiento con ella, pero nunca había tenido este tipo de espacio con la Slytherin. Estaba siguiendo ese hilo de pensamientos cuando se encontró de frente con dos ojos verdes como esmeralda que la atraparon en dicho escrutinio. Hermione no dio su brazo a torcer y sostuvo su mirada y sin pensarlo arqueó una ceja. Este último gesto generó una respuesta inmediata en Parkinson, se levantó de exabrupto, y le cuestionó:
-¿Nunca habías visto a una Slytherin? ¿somos acaso una población extraña para ustedes los Gryffindor?- pausó un minuto y luego soltó con un poco de odio- Granger- Hermione espabiló y no alcanzó a responder algo cuando Pansy ya estaba arremetiendo de nuevo
- Los compartidores no tienen tu nombre, por lo tanto, tengo tanto derecho de estar en este espacio como tú. No pienso irme.
Hermione fue más rápida esta vez y le dijo -A mí no me importa lo que tanto te está molestando a ti, yo estoy leyendo en silencio y es lo único que voy a seguir haciendo así que si me disculpas- abrió su libro y volvió su mirada a la lectura.
Pansy que se encontraba en shock decidió guardar silencio y observó que, en efecto, Hermione Granger era la única persona que no la había echado del compartimiento en el expreso a Hogwarts. Era odioso pensar que la heroína de guerra no podía ser más niña buena de lo que ya era. Pansy por primera vez en muchos años se sentía muy sola, ninguno de sus amigos había regresado y eso la volvía más vulnerable a maldiciones y miradas de odio de lo normal. Sin embargo, ella sabía que era una serpiente audaz y nadie la iba a pisotear.
Pansy había estado en los últimos meses con la familia de Draco, quien era su mejor amigo y casi su hermano pues le había ayudado demasiado desde que sus padres murieron en la batalla final. Esto la obligaba a regresar a Hogwarts, no podía soportar quedarse en esa mansión rota por largo tiempo y este último año le ayudaría con eso que la tenía tan preocupada, su futuro. Ya no era una niña, nada de lo que le habían enseñado le ayudaría en un mundo donde los muggles y magos mestizos vivían en paz.
Hermione intrigada por esa Slytherin que quiso entregar a Harry en la batalla final, la reparó sin vergüenza y se fijó en varias cosas que no había notado antes, aun cuando compartieron tantos espacios e insultos en el pasado. Tenía una nariz muy bonita, ojos simétricos y grandes, era fácil caer en su profundidad, así callada tenía un aire muy tranquilo y femenino, no parecía venenosa como lo hacía cuando la miraba con odio tan solo por ser hija de muggles. Era realmente atractiva, sin embargo, ahora solo tenía una mirada de cansancio que demostraba que ninguna persona había salido bien de la guerra, ni perdedores, ni ganadores.
-¿Ya terminaste?- preguntó la ojiverde- tu mirada me está empezando a molestar.
Hermione saltó ante la pregunta y aprovechó el momento para tratar de tener por primera vez una conversación tranquila con la Slytherin.
-Lo siento, solo me parece extraño que no estés con tus amigos o que no reciba de tu parte una amenaza.
-No me tientes- suspiró- no quiero problemas Granger, solo quiero pasar un año tranquila, así que ahórrate la molestia, no vamos a ser amigas y menos vamos a tener conversaciones profundas en este tren camino a Hogwarts.
La leona entendía ese sentimiento, últimamente se sentía bastante sola y a pesar de ello, no quería cambiarlo, solo quería la absoluta tranquilidad, la simple y sencilla vida de estudiante. De pronto se desconectó del lugar en el que estaban y se fue al bosque, al silencio, la incertidumbre, el desespero y el miedo. Recogió sus piernas y las abrazó, volvió su mirada a la Slytherin y con un leve asentimiento terminó la no conversación que tuvieron.
Al cabo de unas horas se alzó el majestuoso castillo, a Granger le tocó el corazón un sentimiento de calidez, aún sabiendo lo que vivió por última vez allí, este lugar tenía demasiados recuerdos hermosos que atesoraba en su corazón.
Si el resto del mundo entendiera lo que la magia significaba para ella y lo sagrada que era, no habría tantas personas con ese deseo de poder y control. Ojalá la gente volviera a sus inicios y no tuviera miedo de ver lo bonito de esa mirada de asombro y absoluta inocencia que todos tenemos al descubrir algo nuevo.
El castillo había visto mejores épocas, faltaban algunos arreglos en el ala norte, evidentemente era difícil reponerse a la destrucción que vivió este lugar, sin embargo, la alegría de volver a ver viejos amigos permitió que el ambiente estuviera cargado de entusiasmo.
Mcgonagall dio un lindo discurso de bienvenida en el comedor e invitó a la unión, a la unión sin miedo y a desdibujar esas competencias banales que habían existido desde antes en el colegio, aquellas que habían dañado tanto a la sociedad mágica. Además, explicó que el respeto por el otro era respetarnos a nosotros mismos y a nuestra propia historia y con eso, advirtió que no toleraría ningún tipo de comportamiento que generara odio dentro del grupo de estudiantes, que deseaba que volvieran las bromas con moderación y el deseo de aprender esas cosas que pudieron haberse perdido en el camino.
Ese discurso realmente hizo algo en los chicos pues la castaña pudo ver algunas miradas de aceptación y otras de alivio, estas por el lado de algunos Slytherin, incluyendo a Parkinson quien de nuevo estaba sola al otro lado del comedor.
- ¡Qué comida tan deliciosa sirvieron hoy! ¡Los elfos domésticos se lucieron como nunca! - dijo Ginny a su lado. Hermione la miró muy seria y antes de poder hacer un comentario Ginny agregó- No digas nada Herms, sé que deben estar libres, pero ahora se sienten muy felices de volver a tener estudiantes desde la batalla, además, creo que podríamos hacerlos sentir respetados comiendo todo lo que nos hicieron con tanto amor- la miró con ojos de mimos y Hermione la dejó ser.
- ¿Cómo te fue con tus compañeros prefectos? ¿Te sentiste cómoda con todas las obligaciones que hay al ser prefecta? Espero que puedas ser muy feliz mientras lo seas, sé que serás la mejor de todas.
- Gracias, Herms. Realmente fue bastante información, lo que más me alegra es estar despierta hasta un poco más tarde haciendo rondas, Hogwarts debe ser divertido de noche.
- Sinceramente, Ginny hace un tiempo habría querido estar en esa posición, dar todo de mi hasta el último año y ser parte de algo como esto. Pero en estos momentos lo que más feliz me hace son las clases de aritmancia y runas antiguas. Quiero aprender tanto como pueda y simplemente terminar mis estudios, quiero llegar al ministerio en algún punto y esto me ayudará.
- Lo sé, Herms. Sabes que aquí estaré para apoyarte, dejemos que las cosas pasen tranquilamente durante este año y aprovecha que eres mayor de edad en este espacio y haz cosas que en otra ocasión no harías. Hazlo por ti.
Después de haberse llenado hasta el tope en ese festín, se fueron para los dormitorios. Como había tan pocas personas de regreso tenía una habitación para ella sola a diferencia de las que estaba acostumbrada compartir. No le molestaba en lo absoluto, podría acostumbrarse a ese espacio sin dudarlo, además, Ginny estaba en la habitación de al lado con otras personas de su mismo año y aunque en teoría cursarían el mismo año, esa separación le pareció un gesto bonito para no olvidar a esas personas que no volvieron o no podían estar allí.
Se recostó y cerró los ojos por un momento, quería descansar por solo cinco minutos, al otro día iniciaría sus últimas clases en el castillo y eso la ponía bastante nostálgica. Y ese fue su último pensamiento antes de caer profundamente dormida, sin saber que en una habitación verde y negro, no muy lejos de allí se encontraba una Pansy Parkinson sin poder descansar y con miedo de lo que pasaría al día siguiente.
