Bleach y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.
Por muy cercano que me considere a Renji, no pensé ni por un momento en negarme a su ofrecimiento de lucha. Tarde o temprano pasaría y yo simplemente quiero dejar las cosas muy claras:
Amo a Rukia y no me importa a quien tenga que enfrentar para demostrarlo.
―Más te vale que te tomes esto en serio, Ichigo; no pienso contenerme
Analizo a Renji por unos instantes. Sé que está enojado y no puedo culparlo, pero si me preguntan sinceramente, pienso que es lo mejor. Ninguno de nosotros merece vivir en una mentira y aparentar que todo está bien cuando sabemos perfectamente que no es verdad.
―Créeme cuando te digo que esta batalla representa mi vida…― se ríe como si lo que acabara de decir fuese lo más cínico que había escuchado en su vida.
―No sé ni siquiera como responderte sin atacarte directamente ― me dice y sé que quien habla en estos momentos, es su orgullo herido ― La mujer a la que amo te prefiere a ti… ¿eso no te parece suficiente para no querer contenerme?
―Renji… ― llamó Rukia y, aunque no la estoy viendo directamente, puedo percibir la culpa en su voz. Pasaron diez años y aun así, la enana seguía siendo un libro abierto para mí. ―Sabes que no necesitas hacer esto…― sé que su intervención no ayudará en mucho. Renji la ama, de eso no tengo dudas y yo, en su lugar, haría exactamente lo mismo.
Renji no dice nada más
― ¡Ruje, Zabimaru! ―de inmediato, se pone en guardia; yo hago lo mismo con Zangetsu y antes de que pueda reaccionar, nuestras espadas se encuentran y el estallido de ese contacto es descomunal. Nuestros reiatsus están al máximo y sabemos que dejaremos todo en esta batalla.
Tal vez si hubiese sido más valiente años atrás, las cosas serían diferentes.
A pesar de que llevo un tiempo consciente, no me muevo porque quiero seguir disfrutando de la tenue caricia que me está propiciando Rukia. Ni siquiera tengo que mirarla para saber que es ella, su esencia, su tacto, hasta su respiración...la puedo reconocer a kilómetros sin temor a fallar...porque la amo y quiero que siempre esté a mi lado.
Al principio, no quería creer que realmente tenía sentimientos por ella más allá de la amistad y la camaradería, pero aquella vez, que la vi desaparecer ante mis ojos cuando perdí mis poderes, fue como si la lluvia volviese con más fuerza. Quería tomarla en mis brazos y decirle que no se fuera, que se quedara, pero mi orgullo y cobardía en conjunto, pudieron más que yo y terminé perdiendo a la única chica que lograba detener la constante lluvia de mi vida.
― ¿Qué? ¿Te gusta lo que ves? ― se sobresalta ante mi cuestionamiento
―Solo te quitaba algo del cabello; no te des tanta importancia…―Sonrío y le observo por unos segundos.
―Lo que te faltaba, enana…ahora resultas ser acosadora. ― se ríe de manera sarcástica, para luego golpearme en el brazo que aún no me curan. ― ¡Enana! ―me quejo. ―Eso dolió; aún no me curan el brazo…―Ríe malévolamente.
―Lo sé; por algo lo hice…―la observa con enojo por algunos segundos y luego suspiro resignado.
―Eres incorregible, Rukia…―sonríe satisfecha.
El ambiente se tornó sereno. Ella y yo nos entendemos a la perfección, sin tener que hablar mucho. Nos quedamos observando, tratando de adivinar que pasa por la mente del otro…
―Salimos vivos de ésta, Ichigo…―dice con nostalgia.
―Lo sé…―respondo ―No pensé que la chica loca que entró a mi habitación hablando sola me traería tantos dolores de cabeza…―respondo en broma, pero siento que ella no se lo tomó como tal
―Cierra la boca…―responde secamente, por lo que, trato de cambiar el tema.
― ¿Dónde están los demás?
―Algunos están descansando, otros están observando los daños... Reparar los daños estructurales nos tomará un tiempo. ―asiento.
―Por fin, tenemos la paz que tanto hemos buscado. ―expreso con una media sonrisa, con mi vista fija en el techo. Ya podría vivir sin temer que una entidad espiritual quiera matarme a mi o a mi familia ―Finalmente, tendremos esa normalidad que tanto queríamos…― veo que se tensa ― ¿Qué ocurre? ¿Quieres decirme algo?
―No creo que deba…
― ¿Es algo malo? ― pregunto, sentándome en la cama
―Depende de la perspectiva en que se le vea…
―Solo dime…no tenemos secretos entre nosotros, ¿o sí?
―Bueno, yo…
― ¿Ichigo? ― Ambos giramos hacia la persona que se había asomado por la puerta. ―Oh…disculpen, no sabía que…
―Está bien; no te preocupes, Orihime; yo ya me iba. ―dice Rukia.
―Rukia, ibas a decirme algo…―digo irritado.
―Puede esperar…―responde. No me convence su respuesta…― ¿Necesitabas algo? ―le pregunta a Orihime y ésta niega rápidamente con la cabeza.
―Venía a curarle el brazo; ya los demás están fuera de peligro y pensé en terminar aquí. ―responde.
― ¿Puede ser después? Quiero dormir un poco más; Rukia me despertó antes de tiempo…―me acuesto nuevamente en la cama, les doy la espalda y me cubro con las cobijas, tratando de que el mal humor de la reciente interrupción, no recaiga sobre Orihime
―Vámonos, Orihime; deja al bebé quejándose en soledad…―escucho como salen de la habitación y me quejo entre dientes de la enana del demonio que me trae de cabeza.
Mientras nuestras espadas chocan, no puedo evitar rememorar los duros y largos períodos sin Rukia, especialmente, esos eternos meses donde confirmé que sentía algo más allá que una amistad por ella.
Cuando la vi a metros de mí, con esa sonrisa orgullosa que sabía de antemano trataba de ocultar otra de alegría por el reencuentro, estuve a punto de lanzarme sobre ella y abrazarla por volver a mí, pero me contuve y me arrepentí por meses y luego por años cuando nos despedimos e hicimos nuestras vidas.
Por estar en mis pensamientos, Renji me hiere en el brazo derecho, esquivo su próximo ataque y le propinó una patada en el rostro que logra herirlo en la nariz. Tambaleantes, ambos tomamos distancia y nos observamos de manera desafiante; esto apenas está comenzando.
―Tómatelo en serio, idiota. ― me regaña mientras limpia la sangre de su nariz
― ¿Quién dijo que no lo hago? ― respondo ― Estoy defendiendo a alguien que quiero...no se te ocurra ponerlo en duda
―Estas peleando por mi esposa―escupe con rencor
―Tú y yo sabemos que ya no lo es…― tal vez no debí decir eso porque, de inmediato, se abalanza sobre mí y me ataca en todas las direcciones posibles; apenas puedo detener sus ataques.
― ¡Por tu culpa, maldito! Todo estaba bien hasta que volviste…
― ¡Eso no es cierto! ― paso a modo combate y le respondo cada ataque que él me lanza, hasta que al final, nuestras espadas se unen y forcejeamos mientras nos observamos - Entiéndelo, Renji; no queremos lastimar a nadie, pero ya no podíamos seguir viviendo de ese modo...no era justo para nadie.
Y al decir eso, llega a mi mente Orihime.
Cuando abrí la puerta, no esperaba encontrarme con Orihime del otro lado de ella.
― ¿Orihime? ¿Qué haces aquí? ―ella no me responde; se ve nerviosa- ¿Estás bien?
―Necesito... hablar contigo
― ¿Pasó algo malo? ― ella niega
― Solo necesito decirte algo
Por fortuna, estoy solo en casa, así que, si es algo comprometedor o referente a la Sociedad de Almas, no habrá interrupciones. La hago pasar y espero a que ella diga algo...La situación me parece irreal; Orihime es una persona muy extrovertida y que esté en silencio no solo es extraño, es preocupante.
― ¿Qué ocurre?
Ella me observa con notable ansiedad; respira hondo.
―Ichigo...yo te quiero…
―Yo también te quiero, Orihime, somos amigos, ¿no?
―No me refiero a ese tipo de cariño…
Tardé unos cuantos segundos en comprender la implicación de lo que me decía.
―Oh…―Fue lo único que atiné a decir. No esperaba una declaración de ese tipo.
― No tienes que decir nada...yo solo quería...que lo supieras ― siento la decepción en su voz y me siento un verdadero patán por no poder reaccionar como ella merece, pero es que es tan confuso. Orihime es una chica excepcional, bella, amable y con un espíritu que es capaz de sacarte de la miseria más oscura; es el sueño de cualquier hombre y aun así, no estoy seguro de mis sentimientos hacia ella. ― Solo te lo confesé porque Rukia me lo recomendó. Tenía razón, me siento más liberada ahora que lo sabes.
Rukia…
No puedo seguir pensando en ella. Tengo que seguir con mi vida y Orihime merece que yo corresponda su amor.
― ¿Por qué crees que no siento lo mismo?
La expresión de sorpresa en su rostro fue automática. Me acerco a ella y tomo su rostro suavemente entre mis manos. Sé que puedo enamorarme de ella fácilmente y lo compruebo cuando uno mis labios suavemente con los de ella; sentí una corriente eléctrica recorrerme por completo. Mi destino parece estar junto a Orihime
Después de pensarlo en perspectiva, es muy posible que haya sentido aquello por las mismas hormonas de la adolescencia, pero realmente, no era lo que pensaba que era y ahora me siento culpable porque ella no se lo merecía...Aun tengo clavada en mi mente el dolor en sus ojos cuando le informé que ya no podía continuar con nuestro matrimonio. Aunque debo de admitir que tuve una feliz relación con Orihime; ella es lo más cercano a la novia ideal y todos decían que era la ideal para aguantarme...bueno, casi todos.
Observó como Yuzu y mi padre interactúa felizmente con Orihime acerca de un programa de televisión que no me interesa entender. Es increíble como ella ha encajado a la perfección en mi vida diaria y es que, ya llevamos tres años de relación y no han existido mayores percances.
―Se llevan muy bien, ¿no?- giro mi vista hacia Karin
―Eso parece
Se mantiene un silencio durante unos instantes, los cuales aprovecho para inspeccionar a mi pequeña hermana, ya no tan pequeña. Ella siempre ha tenido el don de percibir las cosas sin necesidad de mucho análisis y ahora que es un poco mayor, ese don se ha perfeccionado.
―Ichigo... ¿de verdad la amas? ― me toma por sorpresa su pregunta
― ¿Por qué la pregunta?
― ¿Por qué me respondes con otra interrogante? ― me dice ― Solo confirmas lo que sé
― ¿Y se pueden saber qué sabes?
― Sé que no la amas
―No digas tonterías...Yo quiero a Orihime
―Pero no la amas…― trato de refutar pero ella me interrumpe. ― Sé que no has olvidado a Rukia…
―Ella no tiene que ver nada con esto…―ella rueda los ojos.
―Puedes seguir creyendo lo que te plazca, pero en el fondo, sabes que tengo razón y no creo que sea justo para ella esto que haces...ni para ti tampoco ― Esa conversación con Karin me descolocó totalmente. Terco como soy, no quise aceptar que tenía razón, pero con el tiempo, supe que era verdad.
Traté de convencerme de que amaba a Orihime y, esa misma noche, hicimos el amor, como un intento de convencerme de que no estaba jugando al gato y al ratón. Nosolo no sirvió para mi predicamento, agregó un elemento a la ecuación que ninguno de los dos esperabamos.
Había pasado un mes desde que tuve aquella extraña conversación con Karin. Ella no ha mencionado el tema nuevamente, pero sé que no lo ha olvidado y que está pendiente al desenvolvimiento de la situación. Mi hermana solo logró despertar dudas en mí; creía fervientemente que mis sentimientos estaban definidos a esta altura, pero cuando intimamos aquella noche, de manera física, todo estaba perfecto, pero cuando acabó sentí que había algo extraño, un sentimiento de incomodidad y desconocimiento que no me ha abandonado desde entonces.
Ella me ha citado en nuestra cafetería favorita para charlar y puede ser que sea porque ha percibido mi accionar y, de seguro, quiere una explicación. ¿Que se supone que le diga? ¿Que a veces estoy incomodo a su lado? No puedo ser tan cínico…
― ¿Ichigo? ― me exalto ante el llamado; ni siquiera noté cuando llegó a mi lado.
―Hola, Ori. ― respondo y me acerco a ella para darle un beso fugaz en los labios. ― ¿Todo bien? ― ella asiente con una sonrisa. Noto que está feliz, pero al mismo tiempo, la percibo nerviosa y no sé cómo interpretarlo.
―Sí, es solo que...tengo algo que contarte.
―Sabes que puedes contarme lo que sea― le respondo ― Tomamos asiento en una mesa disponible cercana y dedico mi atención por completo hacia ella, pues sé que es algo importante teniendo en cuenta que me cito para esto, en vez de enviarme un texto o decírmelo a través de llamada.
―Yo...no me he estado sintiendo muy bien últimamente…
― ¿Por qué me estoy enterando de esto ahora?
―Porque no quería preocuparte; no acudí a tu padre con temor a que te llegases a enterar…―responde, adelantándose a mi siguiente pregunta. ― El punto es que, acudí a otro hospital a hacerme las pruebas.
― ¿Encontraron algo mal?
―Eso depende de cómo lo veas; yo creo que es lo mejor que pudieron haber encontrado.
Estoy más que confundido.
―No estoy entendiendo, Orihime ― respondo incrédulo. Cuando vas a un hospital, es porque tu salud se ha quebrantado. ¿Qué se supone que se puede encontrar de provechoso en los hallazgos médicos? ― ¿Que encontraron? ― pregunto al fin. Ella me sonríe de manera nerviosa y me entrega un sobre.
Estoy cansado de las vueltas que se le está dando a la situación, por lo que, tomó el sobre y no pierdo tiempo. Veo el logo del hospital, su dirección, número de teléfono...todas las informaciones triviales que se ven en estos tipos de análisis. Me dirijo al apartado de resultados, buscando algún tipo de indicio de lo que Orihime quería decirme hasta que llego a una oración que me paraliza por completo.
― ¿Sorpresa? ― me dice mientras sigo en un perfecto estado de shock.
―Es decir que tu…
Nunca pensé que una simple oración podría transformar mi realidad con tan solo leerla
"Cuatro semanas de gestación"
― ¿Ichigo? ― siento el miedo en su voz y no es para menos; no logro articular palabra alguna y ella puede pensar que no me agradó la noticia. ― ¿Estas bien? ― Estoy más que bien: estoy cayendo en mi realidad, una muy grata por cierto...
¡Voy a ser papá!
― ¡Estoy más que bien, Orihime! ― respondo, sorprendiéndome de mi propia efusividad ― ¡Tendremos un bebe! ―No aguanto la emoción y me lanzo a abrazarla.
Esta era la confirmación de que mi destino estaba junto a Orihime...y mi bebé.
Pero el tiempo se encargó de eliminar esa convicción.
― ¡Concéntrate! ― me regaña Renji, propinándome una dolorosa estocada en el brazo. Grito de dolor.
― ¡Ichigo! ―escucho como Rukia me llamó alarmada. ― Les dije que no quiero que se lastimen de gravedad!
―Si estuviese prestando atención…
―Deja, Rukia ― le respondo ― Esta batalla acabará como tenga que acabar. ― Sin perder tiempo, lanzó dos ataques consecutivos como modo de distracción, para luego, atinarle uno directo en el costado.
Renji se tambalea unos pasos y ahoga un grito de dolor. Nunca me imaginé que estaría en batalla contra uno de mis mejores amigos, pero la vida da muchas vueltas y no debería de sorprenderme a estas aluras.
―No creas que te la dejare tan fácil…― me dice
―Ya lo se…
Imagino lo que tiene que estar pasando por su cabeza...Pensamientos muy parecido a los míos de seguro: pensando en Rukia, en lo que dirán los demás, en el futuro, pero sobre todo en nuestros hijos porque, por increíble que suene, Kazui fue quien me dio el valor para aceptar mis sentimientos.
Mi hijo, desde su nacimiento, me ha enseñado tantas cosas…
Mientras veo a Yuzu y papá entrar en el consultorio, mi corazón se acelera incontrolablemente. Estoy a minutos de conocer a mi hijo y aun no puedo creerlo. Quería ayudar en lo que fuese, pero el viejo loco me lo prohibió, alegando que sería un estorbo más que una ayuda.
Todo pasó tan rápido...Estábamos celebrando San Valentín atrasado por diferentes cuestiones, cuando de repente, Orihime comenzó a tener contracciones. Había escuchado que las primerizas tardaban más en dilatar y por ende, en dar a luz, pero cuando llegamos, ya el bebe estaba naciendo.
―Necesito entrar… ― me digo a mí mismo. No considero justo que Orihime esté sin mi en estos momentos. Es cierto que mucho no puedo hacer, pero al menos debería ser capaz de darle algún tipo de apoyo. Cada vez que la escucho gemir de dolor, siento la culpa manifestarse como una oleada de inquietud.
Cuando decido entrar a la habitación porque me di cuenta que me importa muy poco lo que mi padre me dice, escucho un llanto.
El primer llanto de mi hijo.
Me quedo estático al ver como mi padre sostiene un pequeño bulto en sus brazos y me sonríe con orgullo.
―Acércate, Ichigo; ven a conocer a tu hijo. - y en automático, me acerco a él y observo por primer vez a aquel ser que me llamará papá. Siento la mirada de todos sobre mí, pero les ignoro. Me acerco a Orihime y le regalo un beso, como agradecimiento por haber traído a mi hijo al mundo.
Lo único importante en este momento, es mi pequeño Kazui.
Desde ese día, maduré más de lo que esperaba: aprendí a ser más paciente, un poco menos impulsivo e incluso comencé a ser más afectivo con mis allegados y es que no se puede explicar la revolución que causa un hijo en sus padres. Mi relación con Orihime pareció fortalecerse, pero puede ser que se debiera a que estábamos más ensimismados en Kazui que en nuestra relación como tal.
Observó a Renji. Hasta cierto punto, está defendiendo a su más grandes tesoro: Ichika. Por lo que me conto Rukia, la pequeña Abarai, no tomó la noticia muy bien y, de cierta forma, Renji siente que tiene que descargar la frustración de no poder mantener unido a la familia que tanto añoró por años. Yo no siento la necesidad de pelear con él, pero sé que de cierta forma lo necesita; necesita desahogarse
― ¿Qué tanto me miras, Kurosaki?
―Solo espero a que digas que ya es suficiente ― se ríe como si lo que acabase que decir fuese lo más gracioso del mundo
― Esto recién comienza…¡Bankai! ¡Souou Zabimaru!
Mi visión se nubla por unos instantes y cuando vuelve a enfocarse, presencio el Bankai de mi amigo.
― ¡Renji! ¡¿Acaso estas demente?! ― exclama Rukia, pero Renji ni se inmuta ante su llamado. Me observa de manera inexpresiva y sé que solo espera a que yo imite sus pasos; Renji nunca ataca a nadie que no esté en igualdad de condiciones que él, así que, no tengo otra opción.
― ¡Bankai!
Por mucho que Rukia no esté de acuerdo, esto es una batalla y se vale todo, aunque si soy sincero, no quisiese que ella presenciara esto...Por más fuerte y tenaz que Rukia se muestre, sé que le afecta, especialmente, cuando la causante de la discordia es ella. La conozco como la palma de mi mano y sé que, aunque siento su mirada furiosa en mi nuca, sé que realmente está preocupada y no quiere que ninguno de los dos resultemos heridos de gravedad. Lamentablemente, ninguno está pensando en la gravedad de nuestras heridas o como, posiblemente, destruyamos el lugar en donde estamos; solo hacemos lo que creemos correcto.
Cuando Orihime envió la invitación de reencuentro, me sentí extraño. Habían pasado diez años desde la última vez que vi a Rukia y a Renji y cuando supe que venían en compañía de su hija, sentí una sensación incómoda. No me malinterpreten, no tengo nada en contra de la pequeña, es solo que la idea de Rukia siendo la esposa de Renji y la madre de su hija, es una sensación realmente… extraña.
― ¿Ya estás listo, papaa? ― observo a mi hijo, quien no esconde su entusiasmo. Cuando supo de la visita, no pudo contener su alegría al saber que conocería a los protagonistas de todas las historias que Orihime y yo le contamos noche tras noche.
―Si. ― le respondo ― Ya no deben de tardar.
―Bueno, estaré jugando cerca; me avisas cuando lleguen. ― me responde, sin esperar contestación de mi parte.
No sé qué me está pasando, pero estoy inquieto ante la llegada de mis amigos. Siento que algo puede cambiar después de esta reunión y me asusta pensar en aquello. Han pasado diez años, ya no soy un adolescente: soy esposo y padre y no debería sentir este tipo de ansiedad por un simple reencuentro.
Y en cuestión de minutos, siento unas presiones espirituales familiares aparecer frente a la puerta. Expectante, me acerco a la entrada y corro la puerta para encontrarme frente a frente a un par de caras conocidas.
―Hola, Ichigo…― me saluda y ahí, me doy cuenta que estoy perdido.
No esperaba ver ese cambio en Rukia; por más que me saludase como siempre, la vi tan diferente… Su larga cabellera, sus ojos que no se si fueron ideas mías, denotaban una madurez que juro no había antes; su cuerpo que, a pesar de seguir tan esbelto como siempre, había adquirido curvas ligeramente más pronunciadas que asumo fueron productos de su maternidad...Todo en ella había cambiado, y por increíble que pareciese, yo anhelaba ser parte de ese cambio. Porque hace diez años cuando me despedí de ella, la lluvia volvió como si se tratase de una música de fondo constante en mi vida hasta la llegada de Kazui; con él, logré dejarla renegada a un segundo plano, pero seguía allí y tomó más fuerza cuando la volví a ver y caí en cuenta de que ella, volvería a irse.
―Diez años ya…― Suelto las palabras al viento con algo de rencor.
―Increíble que hayan pasado tan rápido…
―Sí. ―respondo. ―Diez años sin ninguna visita.― Siento una sensación de abandono que, hasta que no la vi de nuevo, no había experimentado.
―Tu podrías haber visitado también…
―Touché.
El silencio reinó por un momento. Estábamos ensimismados observando a nuestros hijos jugar; los demás estaban a metros de nosotros, disfrutando de una amena charla. Cuando Orihime envió la invitación a la reunión, no lo creí muy conveniente. Años atrás, las cosas no quedaron claras en mi mente y temí que verla, cambiará algo en nosotros…
Y no me equivoqué…Desde que la vi, mi mundo tomó otro significado y me sentí como el Ichigo de hace diez años que quería confesarle sus sentimientos a la enana que consideraba del demonio.
― ¿Te puedo hacer una pregunta seria, Ichigo? ― me dice y yo le observo esperando su cuestionamiento. ― ¿Qué le pasó a tu cabello? ―casi caigo de espaldas.
― ¡Enana del demonio!¡Pensé que preguntarías algo serio!
―Esto es serio; ¿Qué rayos te pasó? ― no sé qué trata de lograr con este tema.
―Me veo mejor ahora; más maduro.
― ¿Quién te dijo esa mentira? ― La observo con enojo, aunque realmente es una excusa para observarla sin vergüenza; esta bellísima.
Sacudo la cabeza violentamente ante ese pensamiento.
― ¿Estás bien? ―le pregunto al ver que sacude la cabeza violentamente.
―Por supuesto. ― me responde ―Siguiendo con el tema: no es que te quede mal, es solo…diferente.
―Sí…eso pasa con el pasar de los años; muchas cosas cambian…otras no ―respondo con cierta nostalgia en mis palabras. ―Por cierto, a mí sí me gusta tu nuevo look; te sienta bien el pelo largo.
― ¿O sea que el de antes no me quedaba bien?
―Eres un caso serio, Rukia…
Antes de que pueda reaccionar, estoy intercambiando ataques con Renji, a pesar de que mi mente está en otro lugar. Que bueno que Rukia me ha estado re-entrenando…
―Llegas tarde. ― me regaña con el ceño fruncido.
―Lo siento; sabes que trabajo. ―respondo secamente.
―Es sábado…
―Soy un chico responsable. ―ella rueda los ojos.
―Como sea; ¿estás listo? ― Me pregunta, para dar paso a nuestro entrenamiento.
Ya llevamos un mes en esta especie de dinámica, la cual yo sugerí con el fin de pasar tiempo con ella, pero Rukia me aleja y trata de que nuestros encuentros sean estrictamente profesionales. Obviamente, no espero nada romántico, pero por todos los cielos, a veces ni amigos parecemos... Cada vez que llegamos a tener una conversación, se asegura de que Renji aparezca en sus palabras...y yo honestamente estoy harto.
Me trata como si no me conociese, como si fuera un perfecto extraño y no puedo contener mi frustración ni un minuto más.
―Ok… ¡estoy harto! ― exclamo deteniéndome en seco en medio de combate. Estoy furioso. ― ¿A qué estás jugando, Rukia?
―No sé de qué hablas…
― ¡Claro que sabes! ¡¿Por qué me tratas como un perfecto extraño?! ―me abalanzo sobre ella y me esquiva; sé que siente mi ira al contacto de nuestras espadas.
―Eso no es cierto. ―me miente mientras devuelve mi ataque.
― ¿Ah no? Trato de hablar contigo y lo único que oigo es "Renji" y así no se puede. Esto es entre tú y yo. ―esquiva nuevamente mi ataque. No entiendo como nuestro pequeño combate se combinó con una charla; cada palabra es reafirmada con el chocar de nuestras zanpakuto y sé que siente mis emociones a través de mis acciones.
―Ichigo…
― ¿Acaso no lo entiendes? ―le digo ― ¡Fueron diez malditos años, Rukia! No puedo creer que después de todo lo que hemos pasado, te desaparezcas por diez años; ¿eso fue lo que signifiqué para ti? ¿Una aventurita insignificante? No puedo creerlo…― me quedo estático a unos pasos de ella y le observo con dolor.
¿Por qué actúa así? ¿De verdad no signifique nada para ella?
―Me alegro de que me conozcas tan bien…
―No trates de voltearme el asunto, Rukia…
―No trato de hacerlo. ―responde; está enojada―Es sólo que estás siendo injusto…
―Lo dice aquella que no duda en abandonarme cuando se presenta la oportunidad…―sus ojos se abren en pura sorpresa.
― ¿Estás hablando en serio?
― Cómo si te importase…―escupo con rencor, se acerca a mi, notablemente molesta.
―Pruébame…―exige ― Quiero ver qué se supone que no me importa; siempre te he tenido presente.
―Sí, se nota tanto, Rukia. ―respondo. ―Por eso vienes y vas de mi vida como si yo fuese una obra de caridad. Dices que te importa, pero tus acciones cuentan una historia totalmente diferente y ahora que trato de acercarme, eres más fría que tu bankai. ¡¿Cómo se supone que piense que te importo cuando eres tan…tú?!
― ¿Qué se supone que significa eso?
―Tu deberías saberlo…Reina de Hielo…― La expresión que aparece en su rostro, hace que me sienta que tal vez se me paso un poco la mano, pero que no me responda, hace que mi enojo continúe―¿No vas a decirme nada? ― Simplemente, da media vuelta y comienza a alejarse de mi. ― ¡¿Lo ves?!¡Siempre haces lo mismo! ¡Te vas, sin mirar atrás! ¡Y dejas la lluvia en tu lugar! ¡Eres una maldita egoísta!
― ¡¿Por qué?! ¡¿Porque quiero que seas un hombre normal?!¡¿Por qué traté de enmendar el daño que te hice al aparecerme en tu vida?! ¡Tú nunca debiste involucrarte y yo te arrastré a esto!
― ¡¿De qué hablas?!
― ¡De todo, Ichigo! ―me grita. Está furiosa, puedo notarla. ―Siempre me dijiste que querías una vida normal, tranquila; sin tener que pelear por tu vida y eso fue exactamente lo que te di: te entregué aquella normalidad que tanto deseabas…― me sorprendo ante su respuesta ―Por eso le animé a Orihime para que se te declarara…
― ¿Qué hiciste qué? ― mi ceño se arruga de inmediato ―¿Por qué?
―Porque ella siempre te había querido y pensé que sería lo mejor…
― ¿Y no te pasó por la cabeza que eso debía decidirlo yo?
―Como si en ese entonces no estuvieses enamorado de ella.
―Estaba enamorado, pero no de ella.
― ¿Qué cosas dices? Cuando tratabas con ella, eras muy educado, correcto y siempre le hablabas con mucho cuidado. Incluso los gestos con ella eran delicados. ―me argumenta. ―Eso es lo que hacen los humanos cuando están frente a la chica que les gusta.
No puedo creer lo que estoy escuchando...
―Rukia, no todos somos iguales; algunos chicos son rudos, chistosos o simplemente estúpidos frente a la chica que le gustan. ― explico ―Trataba a Orihime como ella me trataba a mí; ella no es ruda como tú y debo de ser más delicada con ella…Así que, "señorita experta", eso no viene al caso.
―Como digas, Ichigo; el punto es que nada de lo que pudiese haber dicho aquel día, cambiaría esto.
Un momento…
― ¿A qué te refieres con "lo que pudiese haber dicho"?
―Olvídalo…―me dice en un intento en vano, pero sabe que no lo haré.
―No, no, no. ― me acerco dando grandes pasos hacia ella ―Esto de trata de aquello que querías decirme cuando Orihime llegó aquella vez, ¿no es así? ―no me responde ―Rukia, por favor, no quiero más evasivas; dime que me ibas a decir ese día.
―No es importante.
―Dímelo ―respondo tajantemente.
― ¿Para qué te lo voy a decir si ya no hace diferencia?
―Pero por como lo dices, en aquel entonces sí pudo hacer una diferencia. ―le digo ―Por favor… ¿Qué era eso que querías decirme diez años atrás?
Ella y yo sabemos que no se irá de aquí hasta que me lo cuente
―No quiero hacerlo…―dice y vuelve a darme la espalda mientras se aleja de mi. Sinceramente, es suficiente...
― ¡Maldita sea, Rukia! ―bramo furioso. ―¡Solo dilo! ¡Siempre me recriminabas por ser cobarde ante las circunstancias y ahora tu eres la que se acobarda! ―No tengo filtro en estos momentos―¡No te importó aquellos 17 meses! ¡No te importó diez años atrás!...¡Y no te importa ahora!
― ¡Maldita sea, Ichigo! ―grita, girando bruscamente sobre sus talones. ― ¡Siempre sacas las conclusiones sin comprender lo que pasa! ― se acerca a mi totalmente furiosa y me toma del cuello. ― ¡Fuiste tú el que quería ser normal, el que quería vivir todas las experiencias y eso fue lo que te di! ¡Por eso te di tu espacio, por eso no te estorbé…por eso no te lo dije!
― ¡¿Decirme que?!
― ¡Que te amo! ― dejo salir un chillido de sorpresa mientras lleva su mano rápidamente hacia su boca. No puede ser…
― ¿Qué? ―Mi semblante cambia radicalmente. Estoy sorprendido. ―Tú…dijiste "amo"… ―digo ― ¿Aún… lo sientes? ― Me observa atónita ante mi conclusión. ¿Por qué no lo dijo antes? ―Sé cuándo mientes; ni siquiera intentes hacerlo…― Mantiene su mirada en el suelo, incapaz de mirarme a los ojos; ― Necesito saber si tu sientes…― hago una pausa y le tomo del mentón para obligarle a verme a los ojos. ―lo mismo que estoy sintiendo yo…
Se queda de piedra. Le dedico una mirada llena de esperanza y anhelo. Las consecuencias de lo que podría desencadenarse a raíz de esto, son muy peligrosas. Sin saberlo, mi rostro se está acercando peligrosamente al de ella y no tengo intenciones de detenerme. Mi cerebro es consciente de que el contacto podría arruinar todo lo que hemos construido, pero al mismo tiempo…mi corazón me dice lo contrario.
Quiero ser egoísta... pero al parecer, ella no.
―No, no, no; detente. ―me dice mientras da un par de pasos atrás.
―Rukia…―intento acercarme, provocando que yo de otro paso atrás. ―Solo quiero…
― ¡No! ― exclama. ―No te acerques más; casi cometemos una locura y esto debe de parar.
―No quiero parar…
―Ichigo, casi nos besamos; ¡eso es infidelidad! Tú tienes una esposa e hijo, ¿acaso no lo recuerdas? ― me mantengo en silencio y le observo por unos momentos con el semblante serio.
―Lo sé; por eso lo hago…
―Eso no tiene ningún tipo de sentido…
― ¿Acaso algo entre nosotros lo tiene? No, Rukia; y es por eso que funcionamos tan bien juntos. Yo…no tengo intención de herir a Orihime o Kazui, pero… ¿Y tú? ¿Cuándo pensarás en ti? ¿O en mí? ¿Qué se supone que haga? ¿Vivir con esto que siento? ¿Debo callarme para que todos sean felices? Estoy cansado de sentirme así; quiero ser egoísta por una vez…
―Solo estas confundido…
― ¡No! ―respondo― ¡Tienes que dejar de asumir las cosas!
― ¡Debo hacerlo si te niegas a enfrentar la realidad! ― me dice. ― No importa qué podamos estar sintiendo, esto no debe ocurrir; no puedo hacerle esto a los niños ni a Renji ni a Orihime; entiende que esto está mal…―le sonrío con ironía. Menuda declaración.
― ¿Crees que no lo sé? ― respondo ―Desde que nos reencontramos, no hay una noche donde la culpa no me deje dormir. Orihime es una excepcional mujer y una madre abnegada y la quiero, pero no con la intensidad que debería. Me culpo todos los días por no haber sido capaz de superarte porque ahora, lo único que quiero es… estar contigo. ―se queda muda ― ¿Piensas que todo lo que hecho es porque te lo debo? No. Significas demasiado para mí y a veces parece que no lo entiendes; estos últimos diez años son la prueba. ― ¿Acaso no entiende como me lastima su indiferencia? ―Enfrenté a una sociedad completa, casi sin entrenamiento por ti, enfrenté innumerables enemigos, arriesgué mi vida… ¿y aún piensas que lo que hago es solo porque te lo debo?
―Tú mismo me lo dijiste…
―Porque en ese entonces no estaba claro de lo que sentía…―respondo ―Eres la única que detiene la lluvia; La única que le da paso al arcoíris. Rukia…
―Ichigo, no, por favor…
―Te amo…
No puedo explicar la desesperación que sentí cuando la vi partir...Después de diez años, parecía que realmente la había alejado de mí para siempre. Pero tenía que hacer algo...En ningún momento ella negó sus sentimientos; solo hablo de nuestros hijos y parejas que, aunque eran razones de gran peso, no empañaban el hecho de que ella no era ajena a mis sentimientos, así que, pensé en una idea de cómo acercarme a ella. Sabía que huiría de mi si me le acercaba directamente a ella, por lo que pensé en una carta; no sabía que esperar después de que la leyera, pero lo único que me quedaba, era la fe.
Era casi la hora acordada de encuentro y no había señales de Rukia. Mis pensamientos vagan en la posibilidad de que no venga y cuestiono como será todo si ella decide alejarse.
― ¿Crees que venga, mamá? ― pregunto al aire y observo la tumba de mi madre. Rukia me conoce más que cualquiera y sabe dónde encontrarme, a pesar del temporal que de repente se desató. No tengo paraguas ni nada que me proteja de la incesante tormenta que cubrió Karakura.
Es curioso como la lluvia parece acompañarme a donde vaya.
Aún recuerdo cuando batallé con el Grand Fisher… Llovía y Rukia estuvo a mi lado para apaciguar las voces de culpa en mi cabeza. Me cuidó, me sanó, me sostuvo de tal manera que la lluvia desapareció y solo podría registrar el frágil, pero fuerte cuerpo de la mujer que hoy, me quita el sueño…
Pero lamentablemente, creo que no vendrá...
―Idiota…―doy un pequeño respingo al escuchar la voz. Giro hacia mi derecha y la veo. No puedo creerlo... ―Solo a un idiota se le ocurriría venir sin un paraguas habiendo semejante tormenta.― me recrimina con una pequeña sonrisa en sus labios.
Sonrío de manera sincera y me acerco a ella, totalmente aliviado. No intercambiamos palabra… ¿Para qué? Ya todo está dicho y lo sabemos. La tomo de la barbilla y la beso como he querido hacerlo por años... Suelta el paraguas y se sumerge en la lluvia conmigo mientras nos besamos como si tratásemos de recuperar el tiempo perdido.
Y como siempre, cuando Rukia llega a mí, la lluvia desaparece.
La batalla ha llegado a un punto donde ninguno de los dos parece ser consciente de los movimientos del otro. Estamos heridos, cansados y notablemente abatidos, sin contar la destrucción que hemos generado, pero aún no es suficiente...Me doy cuenta cuando al mismo tiempo, soltamos nuestras espadas y nos lanzamos el uno contra el otro.
Rukia siempre lo ha dicho: Renji y yo somos unos salvajes cuando queremos.
Y es que nuestras espadas no tienen nada que ver en esto...Puñetazos, patadas...de todo porque debemos descargarnos.
En este caso, la descarga es física, pero cuando Rukia apareció aquella noche, fue una descarga totalmente emocional.
De un temporal incesable, la lluvia había pasado a ser una simple llovizna de la que Rukia y yo disfrutábamos calmadamente. Aun no puedo creer que esté aquí conmigo… la rodeo con mis brazos mientras apoya su barbilla en mi hombro, sentada sobre mi pierna mientras ambos observamos la tumba de mamá.
― ¿En qué piensas? ― me encojo de hombros
― En el antes y después que marcaste en mi vida.
― ¿En lo aburrida que era tu vida antes de conocerme? Causo ese tipo de efectos en las personas
―En parte…―respondo con diversión; realmente no había cambiado nada ― Pienso también que, aunque es imposible, siento que mamá te envió…―ella se mantiene en silencio ― Desde su muerte hasta que llegaste, mi vida era…vacía…― acaricia mi corta cabellera.
―Sí…tampoco me iba muy bien en ese entonces…―responde ― aunque no se compara a aquella vez cuando me di cuenta que ya no podías verme…―cuando desapareció por completo frente a mis ojos, fue una sensación por demás horrible.
―Ese día, recordé lo que me habías dicho cuando enfrentamos al "Big Fish"― ella asiente ― Me dijiste que cuando estuviese listo, siempre estarías ahí para escucharme…― le digo ― Cuando te fuiste, sentí que había perdido la habilidad de comunicarme con los demás…―y eso me recuerda algo que nunca me animé a preguntarle. ―Rukia…― ella me observa ― En esos meses, ¿alguna vez me visitaste?
―Sí…―admite sin mucho problema ― Quería ver como estabas…―Lo sabía…―Es increíble que lo supieras; se supone que no tenías poderes…
― Aun así, de vez en cuando sentía una sensación de paz…
Y es que Rukia siempre había tenido ese efecto en mí y de alguna forma, sabía que en esas ocasiones, de alguna u otra forma, ella estaba allí. Solo atino a besar su sien; sigo sin creer todo esto.
― ¡Te lo voy a preguntar una sola vez y me vas a responder con la verdad! ― me grita a centímetros del rostro. Con el forcejeo, él había quedado encima y me tenía agarrado del cuello violentamente ― ¡¿Realmente crees que esto vale la pena?! ¡¿De verdad piensas que separar dos familias es la decisión correcta?!
Si supiera cuantas veces me he hecho la misma pregunta.
― Al fin llegaste.
― Perdón; fue un día bastante ocupado en el escuadrón. ― responde mientras se sienta a mi lado. Desde que comenzamos a salir, tratamos de que los lugares que frecuentamos sean lugares tranquilos donde podamos charlar y compartir nuestro día a día, pero hoy era diferente y es que el lugar que he elegido, está un poco concurrido, por lo que, nos encontramos sobre la rama de uno de los arboles cercanos.
― ¿Recuerdas cuando te traje la primera vez?
―Sí; fue poco antes de que tus poderes desaparecieran ― estamos en el pequeño festival donde nos despedimos aquella vez.
― Si… ¿te digo algo curioso? ―ella asintió ― Aquella noche, cuando estabas ensimismada en los fuegos artificiales, fue la primera vez que pensé en que me gustaría besarte.
― ¡Oh, pero que cosas tan atrevidas, Ichigo! ― dijo con aquella vocecita que tanto me irritó en mis años de adolescencia y se ríe ante mi clara expresión de enojo ― ¡Pero que sensible! ― exclama, para luego apoyar su cabeza en mi hombro. No decimos nada por un largo tiempo, disfrutando de la compañía del otro y es que es tan fácil entendernos sin la necesidad de intercambiar palabra alguna...―Esa noche...yo también quise besarte, ¿sabes? ― confiesa― No sé si era la desesperación del momento, pero...sentí deseos de hacerlo.
― ¿Por qué no lo hiciste?
― Por la misma razón que tu...― me dice y yo no tengo como argumentar esa lógica. De repente, el cielo se iluminó, dando a paso a las brillantes luces de los fuegos artificiales que tantas memorias traían consigo. Fijo mi vista en Rukia; era como si estuviese viviendo un deja-vu de aquel día y, por unos instantes, veo a la Rukia de aquel entonces y no puedo evitar compararla con la actual. Si antes pensaba que era linda, ahora es simplemente preciosa.― Gracias por traerme, Ichigo…
―De nada ―me observa con una sonrisa y yo le devuelvo el gesto con un beso
Y es que desde el momento en que ella volvió a mi vida, entendí que ella era la correcta y que no podía obligarme a vivir una mentira que al final me haría infeliz a mí y a mis allegados. Así que, con los fuegos artificiales de fondo, le beso reafirmando el hecho de que esto es lo que debe ser...
― ¡Lo vale! ¡Y lo valdrá siempre! No podemos seguir en esta mentira, Renji y lo sabes. Lamento que hayan tenido que pasar diez años para que esto pasara, pero es necesario. Nuestra intención no es herirlos, pero...no pudimos evitarlo― el me observa por unos instantes― Sé que en el fondo, entiendes a qué me refiero y...me disculpo por todo lo que está pasando, pero que te quede claro: no me arrepiento de nada…
Y como si la vida jugara conmigo, comenzó a llover…Ni siquiera había notado cuando el sol desapareció.
Mi compañero de batallas se queda en silencio, para luego soltar el agarre. Se incorpora, tambaleante por sus heridas. Podía ver el dolor en su mirada a través de las gotas de agua, aunque sé que comprende la situación.
― Si, entiendo…, pero eso no lo hace menos doloroso. ― responde ― Necesitaba desahogar toda esta frustración...― y lo entiendo. No es fácil aceptar lo que esta pasando― Solo te digo una cosa: más te vale que la cuides...pase lo que pase, ella es mi familia, la madre de mi hija y te exijo...que la cuides...―esto último lo dice observando a Rukia con tristeza. Yo asiento…al quedar satisfecho con mi contestación, da media vuelta y comienza a caminar en dirección contraria a nosotros.
― Espera...déjame curarte un poco, Renji...―él se detiene en seco y sin girar, le responde.
― No creo que puedas curar lo que tengo con tus poderes...― Sé que no es su intención, pero sus palabras llegan con fuerza hasta Rukia. Sin decir nada más, sigue su camino.
Cuando lo veo desaparecer en el horizonte, me dejo caer desplomado en el húmedo suelo. Las gotas caen directamente sobre mi rostro y solo pienso en la locura de batalla que acabo de tener…
― ¿Tu tampoco quieres ser curado?― y solo allí, abro los ojos para ser recibido por otros de un azul profundo. Con delicadeza, coloca mi cabeza sobre sus piernas y me observa, esperando mi respuesta. No puedo explicar la paz que me embriaga
― Si quiero...pero no ahora, solo...quedémonos así un momento, por favor...―Estoy exhausto y necesito un momento para respirar. Ella no dice nada más y se dedica a acariciar lentamente mi corta cabellera. Fue una larga y estresante batalla y lo único que necesito ahora, es su presencia y es que aunque está lloviendo a cántaros, no logro sentirla
Porque Rukia está conmigo y ella…siempre logra detenerla.
Tardé más de lo que esperaba en escribir este capítulo, pero entre la universidad, el trabajo y lo poco que me convencía lo que estaba escribiendo, fue una tarea casi imposible; al final, terminé escribiéndolo desde cero. Perdonen la tardanza y espero que el capítulo les haya agradado.
Gracias por sus reviews, favs y follows; significan un mundo.
Cuídense,
Bye!
Próxima Perspectiva: Ulquiorra Cifer
