Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.
Verla llorar de esa forma, lo destruía de a poco. No entendía por qué, pero lo hacía; la conoció hace poco y ya sentía que era alguien muy especial para él. Tal vez era el hecho de que se veía a sí mismo en ella. La soledad, la desesperanza y hasta el miedo que la chica profesaba, se le hacían extremadamente familiar.
—Oculta, no sientas…Oculta no sientas… —repetía la chica en voz baja mientras caminaba de un lado a otro. Sus manos, unidas fuertemente, como si rezara para que todo se acabase.
—Elsa…
—Oculta, no sientas… ¡Oculta, no sientas! — todo a su alrededor comenzó a congelarse rápidamente, ante la atenta mirada de Jack.
—Tranquilízate…
—¡No! —Gritó con todas sus fuerzas, asustando a Jack en el proceso — ¡La volví a lastimar, Jack! ¡Soy un monstruo!
—¡No lo eres! — Ahora fue el turno de Elsa en asustarse — ¿Es que no lo entiendes? No eres un monstruo. Desde el primer momento en que te vi, pude notar la gran bondad que habita en tu alma y una persona así de buena, nunca, óyeme bien, jamás…seria un monstruo.
—Es que…es muy difícil creer en mí cuando nadie más lo hace… —esas palabras calaron en lo más profundo de su ser. La entendía, claro que la entendía, esa había sido su historia desde su resurrección como espíritu, se había sentido solo. Nadie podía verlo, ni creían en él, lo que lo hizo preguntarse el por qué el Hombre de la Luna lo había escogido, pero luego, apareció Jamie y le enseñó que solo bastaba que una persona creyera para hacer magia.
—Yo creo en ti…—Elsa miró al chico sorprendida— Sé que no eres un monstruo y sé que, tarde o temprano, lograrás dominar tus poderes por completo — Nunca en sus 19 años de vida, había sentido la confianza de alguien de manera tan incondicional como la de él. Ni siquiera con sus padres había sentido esa confianza porque sabía que ellos nunca confiaron totalmente en que llegaría a controlar su don.
—¿De verdad crees en mi?
—Sí —respondió sonriente, contagiándole la sonrisa. De inmediato, todo volvió a la normalidad y el lugar dejó de sobre-congelarse.
—Gracias, Jack…— Jack se sintió orgulloso de sí mismo al ser capaz de detener esa batalla interior en la chica. Miró hacia el congelado horizonte y sus ojos se abrieron como platos.
—¡Rayos! — exclamó.
—¿Qué pasa?
—¡Debía estar en el Polo Norte hace un buen rato!
—¿Te vas? —preguntó con decepción la joven Reina. Jack no quería irse y dejarla sola, pero tenía cosas que hacer.
—Lamentablemente, sí, pero te prometo que volveré lo más pronto posible, ¿bien? —ella asintió. Tomó su bastón y se dirigió hacia el balcón —Nos vemos pronto, Elsa, cuídate — y sin más, voló hasta que se perdió en el horizonte.
—Igual tú…
El trayecto al Polo Norte se le hizo eterno. ¡Por más que volaba y volaba no creía estar más cerca de llegar! Sonrió feliz cuando vio ese pequeño humo característico del taller de North, aceleró a fondo, como le gustaba decir a él y aterrizó en uno de los balcones.
—¡North!
—¡Oh, Jack, has regresado! ¿Ha tenido éxito en tu misión? —preguntó el hombre de larga barba mientras caminaba hacia él.
—De eso precisamente quería hablarte. Encontré el origen del invierno.
—¿Ah sí? ¿Que lo ocasiona?
—Una chica — el hombre enarcó una ceja, incrédulo.
—¿Una chica?
—Una chica —volvió a repetir.
—Pero… ¿cómo es eso posible? ¿Acaso es malvada? —Jack sonrió.
—Todo lo contrario…es muy dulce…
—Discúlpame, pero no comprendo— Jack comenzó a relatarle todo lo que Elsa le había contado sobre sus poderes, dejando fuera aquellas partes que eran muy personales para la joven rubia. — Creo que la recuerdo…
—¿La conoces? —preguntó extrañado.
—Claro que la conozco, cuando era niña, yo le llevaba sus juguetes en navidad. Siempre me pregunté por qué siempre estaba aislada de las personas, incluyendo de su propia familia— explicó algo triste por lo que recordó — Ella siempre fue una niña muy buena; siempre sentí pena por su situación… ¡pero no tenía idea de que fuera por algo así! — Exclamó— ¿De verdad tiene los mismos poderes que tú?
—Sí, pero no sabe controlarlos. Esa es la causa del invierno eterno en Arendelle —North quedó pensativo por unos minutos — ¿Qué haremos, North?
—Preguntémosle al Hombre de la Luna…—ambos Guardianes se dirigieron al cuarto cede de los Guardianes para hablar con su Superior — ¡Hombre de la Luna, ya has escuchado todo! —comenzó a decir el Guardián de la Navidad —¿Qué debemos hacer? —La luna iluminó un punto de la habitación y en él, aparecieron unas pequeñas siluetas que al parecer representaban algo. North estaba muy concentrado ante la representación mientras Jack…no entendía nada.
—¿Qué es lo que dice? —North miró al chico
—Primero, dice que ella es la que debe encontrar como derretir su Reino y segundo, que necesita que vuelvas a Arendelle con ella para que la ayudes en eso
—¿Solamente eso? — habían demasiadas representaciones como para que solo fueran esas simples palabras; algo le ocultaba.
—Eso es lo único que necesitas saber por ahora…ahora, ve a ayudarla—Jack no protestó. Salió rápidamente del taller y emprendió vuelo hacia Arendelle. North quedó pensativo; según el hombre de la Luna, esa chica llamaría la atención de alguien indeseado y a juzgar por el hincapié que hizo en esa parte, no podía ser nada bueno — Debo avisarle a los demás Guardianes…
Elsa miraba al cielo con mirada perdida. Hace un par de horas que Jack se había marchado y, para su sorpresa, lo extrañaba. Para ella, era extraña su actitud. No confiaba fácilmente en las personas, pero con él…todo era diferente.
—¡Cuidado! — la Reina escuchó como alguien gritaba a las afueras de su Castillo, seguido de los rugidos de Malvavisco, su descomunal muñeco de nieve protector. Bajó las escaleras rápidamente y abrió un poco la puerta. Allí estaban, luchando contra Malvavisco para tener acceso al Castillo…para llegar a ella. Cerró la puerta y camino tranquilamente para volver a su habitación, después de todo su protector se encargaría de ellos…como se equivocó.
—¡Es la Reina! — Elsa giró de inmediato asustada al escuchar las voces detrás de ella. Sin pensarlo dos veces, comenzó a correr por las escaleras — ¡Allí esta! ¡Rápido! — La joven rubia corría desesperada; estaba aterrada. Traían armas y demás cosas y todo era para lastimarla. Corrió y corrió hasta que se encontró acorralada. ¡¿Y ahora que se supone que hiciera?! — ¡La tenemos!
—No…aléjense, por favor — pero ellos no la escucharon. Cargaron su arma y dispararon directamente hacia ella. En un acto reflejo, trató de utilizar sus poderes para defenderse, pero pensó que había sido demasiado tarde, así que cerró sus ojos esperando un impacto…que nunca llegó. Cuando abrió los ojos, vio la flecha incrustada en un bloque de hielo, muy cerca de su rostro. Eso había estado muy cerca…
— ¡Rodéala! — Eso era todo; ya estaba enojada. Elsa comenzó a lanzar rayos de hielo hacia los dos intrusos que trataban de lastimarla. Aprisionó a uno de ellos, formando una especie de estalagmitas que no dejaban que hiciera ningún movimiento. Luego, creó un bloque de hielo en movimiento que crecía a medida que se acercaba al segundo intruso. El gran bloque de hielo empujaba al hombre, destruyendo todo a su paso. Elsa estaba cegada por el enojo; no veía que una de las estalagmitas se acercaba peligrosamente al rostro de uno de los intrusos o que el otro estaba a segundos de caer por un precipicio…simplemente estaba fuera de sí…
—¡Reina Elsa!¡No sea el monstruo que todos piensan que es! —la joven rubia abrió los ojos sorprendida y de inmediato dejó de utilizar sus poderes. Pánico recorría sus facciones al darse cuenta que si no la hubieran detenido…hubiera hecho lo impensable.
Aprovechando la distracción, uno de los hombres apuntó con su arma a la desprevenida Reina. Hans corrió justo a tiempo para desviar el disparo, el cual, para mala suerte, impactó el candelabro suspendido sobre la Reina. Elsa miró asustada al escuchar un fuerte ruido sobre ella. Con horror, vio como el candelabro caía a gran velocidad. Corrió lo más rápido que pudo, pero el impacto del adorno contra el suelo fue suficiente para lanzarla contra la pared. Golpeándose duramente la cabeza. Todo se le hizo borroso; escuchaba unas voces a lo lejos, siluetas que se acercaban a ella y luego…su mundo se tornó negro.
—¡Elsa, volví! — gritó Jack, entrando por una de las habitaciones del Castillo —¿Elsa? —Jack camino hasta la salida de la habitación, pensando que seguramente no lo escuchó, pero cuando llegó al despacho principal, de donde había partido, el miedo se apoderó de él — ¡¿Elsa?! — la habitación estaba destruida, signos claros de que hubo una confrontación. Corrió hacia la puerta principal — ¡Elsa! — abrió las grandes puertas y miró las destrozadas escaleras de entrada —Oh no…— suspiro. Miedo recorrió todo su cuerpo. Algo le había pasado a Elsa…algo malo. Jack salió disparado hacia Arendelle, sabiendo que quien sea que tuviera algún problema con la reinita debía ser de allá. Nunca en su larga existencia había emprendido vuelo con tal desespero, pero en verdad necesitaba saber que pasó —Por favor, Hombre de la Luna…protégela...
¡Hola, chicos! No puedo creer que tenga tanto follows y favs, de verdad, ¡muchas gracias! Bueno, estoy actualizando la historia porque hoy, 7 de julio, ¡Es mi cumpleaños! Y ACTUALIZARÉ TODAS MIS HISTORIAS, como un regalo tanto para mí como para ustedes. Espero que les haya gustado el capitulo, y ya saben, por favor, dejen reviews ;) son una tremenda inspiración y hacen la historia posible.
Gracias MyobiXHitachiin por tu review en el capitulo pasado; me alegro el día en verdad =)
Hasta la próxima,
Bye!
