Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.
Podía sentir como el hielo se formaba en sus palmas. Sus emociones la estaban traicionando y estaba muy consciente de ello, pero no podía evitarlo. Frente a ella, estaban aquellas dos personas que la trajeron al mundo, aquellos que la encerraron por 10 años largos por no saber cómo controlar sus poderes, aquellos que…se suponía estaban muertos.
—Elsa…—dijo Jack tomándola de la mano, sintiendo como sus poderes estaban surgiendo y necesitaba tranquilizarla. Ignorando, totalmente a los presentes, giró a Elsa, quien temblaba, hacia él y tomó su rostro tiernamente. —tranquilízate, todo está bien. —la joven rubia lo miroo directamente a los ojos; pánico plagando su interior y Jack no entendía por qué. Debería estar feliz: ¡sus padres estaban vivos! —Mi Reina…—comenzó a decir , pero fue interrumpido por una voz que exclamaba iracundo.
—¡¿Qué se supone que haces, irrespetuoso?! ¡Aléjate de mi hija! — gritó el Rey iracundo mientras se acercaba a la joven pareja. ¿Cómo se atrevía a tocarla de esa manera tan confianzuda? Estaba a punto de llegar a ellos cuando su hija menor se interpuso.
—¡No, espera! Solo empeoraras las cosas…—razonó Anna con él.
—Hazte a un lado Anna…—respondió con tono de advertencia.
—No. —desafió la pelirroja. —¿No ves que está alterada? Deja que la tranquilice…—pero el hombre no escuchó razones. Apartó a su hija del camino y se acercaba peligrosamente a Jack y a Elsa.
Jack lo observó enojado. ¿No veía que Elsa estaba sufriendo, literalmente, un quebranto nervioso? Ignorando el hecho de que era el padre de su novia, utilizó sus poderes para congelar sus pies al piso. Tanto el Rey como la Reina observaron petrificados la capa de hielo que cubría los pies del ex – mandatario. Él tenía los mismos poderes que Elsa; ahora tenía sentido eso de "Frost".
—No pienso hacerle daño. —respondió Jack abrazando a una muy asustada Reina entre sus brazos. —Elsa, por lo más sagrado, todo está bien…—pero la joven rubia no podía contenerse. Estaba teniendo un ataque de pánico y no podía controlarse. Estaba feliz de que sus primogénitos estuvieran vivos, de verdad, pero todos los recuerdos de su pasado volvieron a ella al mismo tiempo y la tenían abrumada: el rostro de horror que vio en ellos cuando sucedió el accidente, los años de encierro, su intento de suicidio, la conversación entre ellos que la llevó a atentar contra su vida…no podía más. Su respiración se hizo errática, su cuerpo no dejaba de temblar mientras algunas lagrimas descendían por su rostro, su corazón palpitaba frenético en su pecho y su visión se hacía borrosa…Su cuerpo no aguantó mas la intensidad de su ansiedad y se desplomó en los brazos de Jack. —¡Elsa! —exclamó mientras sostenía a Elsa entre sus brazos, acariciándole el rostro suavemente.
—¡Oh por Dios! —exclamó Anna corriendo a su lado. — ¡Mamá, busca ayuda! —los Reyes quedaron petrificados ante la escena; estaban teniendo un gran deja vu. —¡Rápido! —y solo oyendo esa orden, la Reina reaccionó y como había hecho años atrás, salió corriendo en busca del Medico Real. —Hay que subirla a la habitación. —Sin perder tiempo, Jack la tomó en brazos y subió a toda marcha las escaleras.
—¡Esperen! —gritó el Rey. Jack hizo un pequeño ademán con su mano, sin detener el paso, liberándolo. El hombre trató de correr tras ello, pero nuevamente, su hija menor se interpuso.
—No…—pidió en suplica. —Mira como se puso solo de verlos; es mejor que mantengan su distancia.
—Pero hija, tu hermana…
—Por favor…
El hombre no tuvo más opción. Aunque odiara admitirlo, Anna tenia razón. Lo último que quería era causarle algún daño a Elsa y al parecer, su mera presencia, era suficiente para hacerlo.
North se encontraba trabajando en su taller cuando sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Un terrible sentimiento se instauró en todo su ser. Algo estaba por ocurrir. Rápidamente, comenzó a revisar todo el taller en busca de alguna señal de que algo estaba fuera de lugar, pero no lo encontró. Un fuerte estallido se escuchó a las afueras del taller. Él, junto a los yetis y duendes, corrieron hacia el origen del fuerte sonido y al llegar, lo que vio lo dejó petrificado.
—¡Lancen la señal de emergencia; necesitamos a los demás Guardianes! —pero luego rectificó. —excepto a Jack. —Los ayudantes de Santa no perdieron tiempo y acataron la orden. North corrió al punto de Reunión y miroo a la Luna en busca de ayuda. —¿Qué hacemos ahora? Creo que ya es tiempo de que Jack se entere de la situación. —dijo recibiendo una negativa. —¿Por qué no? —el Hombre de la Luna volvió a responderle. —¿Cómo que no es el momento? ¡Acabamos de recibir una amenaza directa! ¡Debemos hacer algo para protegerla! —pero el Hombre de la Luna no estuvo de acuerdo. North suspiró. —Está bien; confío en que sepas lo que haces.
Se sentía angustiado. ¿Cómo se supone que estuviera tranquilo con lo que acababa de ver, o más bien, leer? Esto era algo grave y Jack debería estar al tanto de la situación, pero si el Hombre de la Luna decía que no era apropiado, entonces, no lo era.
—¡North! —escuchó como era llamado. —¿Cuál es la emergencia? —preguntó Tooth llegando junto a Sandman y Conejo.
—Miren por ustedes mismos. — dijo mientras los guiaba al lugar del suceso. Todos abrieron los ojos en sorpresa. En la blanca nieve, había una especie de arenas negras formando una serie de palabras:
Ganaron la batalla, no la guerra. Voy a tenerla de mi lado y si no, la muerte es la única opción. Ella no tendrá opción, así que, mejor no se entrometan…
—Debemos avisarle al mocoso —preguntó Conejo.
—No podemos. —respondió North. —El hombre de la Luna nos lo ha prohibido.
—¿Por qué? —preguntó Tooth.
—No lo sé, pero algo está claro: Pitch está de vuelta. —dijo. —Con un objetivo muy claro…—todos lo miraron preocupados— Elsa…
La joven Reina abrió los ojos confundida. Estaba en una especie de prado. El cielo estaba nublado y parecía que en cualquier momento llovería.
—¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? —se preguntó a sí misma, al ver que usaba el vestido del día de su coronación. Miroo hacia todos los lados y por fin, vislumbró a dos figuras vestidas de negro frente a una lapida. Un poco más confiada se acercó a ellos y se dio cuenta de que se trataba de sus padres.
—¿Papá?¿Mamá? —preguntó. De inmediato, los reyes se tensaron. —¿Qué ocurre? —Elsa dio un paso atrás al ver las miradas de odio que le profesaban sus progenitores.
—¿Cómo tienes el descaro de venir hasta acá? —le preguntó su madre con veneno en su voz.
—Yo no sé, yo…—pero no pudo terminar la oración; su madre la había abofeteado con tanta fuerza que la joven Reina terminó en el suelo. Totalmente sorprendida, Elsa colocó su mano en su adolorida mejilla y miró a sus padres en shock.
—¿Acaso no tienes vergüenza? Después de lo que hiciste, ¿te atreves a venir?
—Pero…¿qué fue lo que hice? —preguntó en un susurro. Su madre jamás la había golpeado antes.
—¡Ser un monstruo! —respondió su padre, mirándola con desprecio y sorprendiendo a la rubia.
—¿Qué…?
—Si hubiéramos sabido que tendríamos un monstruo como hija, no te hubiéramos tenido…— esas palabras fueron una verdadera puñalada en el corazón de la joven. No podía escuchar lo que escuchaba. Tratando de que no se notaran las lagrimas que descendían por su rostro, desvió la mirada hacia la lapida que sus padres contemplaban con anterioridad. Sus ojos se abrieron en horror al ver la inscripción en ella.
Princesa Anna de Arendelle
Adorada hija, hermana y extraordinario ser humano.
Que en Paz Descanse.
—No…Anna…
—¿Cómo te atreves a visitar a tu única hermana siendo tu el monstruo que la asesinó? —su corazón se detuvo por unos breves instantes; eso no podía ser cierto. El llanto que trataba de contener, salió sin más remedio.
—Eres un monstruo! — de repente, todo a su alrededor se volvió oscuridad. Escuchaba diferentes voces, unas agudas y otras graves que le gritaban "Monstruo". Estaba asustada; las voces no cesaban y cada vez eran más insistentes.
—Basta, por favor…ya basta…—decía mientras lloraba amargamente y llevaba sus manos a ambos lados de su cabeza. —¡Basta! —gritó con todas sus fuerzas. Después, todo fue silencio. Lentamente, alejó sus manos de su cabeza y miroo a su alrededor. No podía ver nada, la oscuridad era infinita.
—¿Cómo estas, Elsa? —preguntó una voz a sus espaldas.
—¿Quién eres? — preguntó al ver a un hombre alto, imponente y vestido totalmente de negro. Por alguna razón, un escalofrío recorrió todo su cuerpo ante la morbosa mirada que le estaba profesando. Era como si se la estuviera comiendo con la mirada. El hombre sombrío se acercó.
—Puedo sentir tu miedo, querida. No me temas. —Elsa dio algunos pasos atrás hasta que sintió su espalda chocar con algo. Suponía que era una pared, ya que, casi no podía ver nada. Aprovechando la oportunidad, la figura sombría la aprisionó entre el muro y él. —Soy Pitch Black, mucho gusto mi querida Elsa. —La chica abrió los ojos asustada. ¿Cómo sabia su nombre? No había espacio entre ella y ese tal Pitch; era como si quisiera fundirse con ella y al ser la persona tímida que era, la incomodaba.
—¿Qué quieres? — Pitch tomó su mentón y la obligó a verlo a los ojos. Sus dorados ojos mirándola tan atentamente que le causaban un muy mal presentimiento. Tenía miedo de lo que este hombre pudiese hacerle; no podía sentir su magia fluir por su cuerpo; estaba totalmente indefensa y presentía que las intenciones del hombre frente a ella no eran buenas.
Él sonrioo malévolamente al sentir el miedo que emanaba de ella.
—Solo una cosa…a ti…
Elsa se sentó bruscamente en la cama gritando a todo pulmón. Jack quien estaba sentado a un lado de la cama, se sobresaltó al escucharla gritar.
—Elsa, tranquila…—decía mientras se colocaba frente a ella, tratando de tranquilizarla. La joven Reina reaccionó ante la voz de su novio. —Todo está bien…—repetía él mientras la tomaba del rostro.
—¿Dónde estoy?
—En tu habitación; te desmayaste. —comenzó a decir. —El doctor dijo que sufriste un ataque de pánico. —el silencio se formó entre ellos. —Elsa…cuéntame que pasó…—La Reina miroo por unos segundos
—Es que…muchos recuerdos llegaron a mi mente…
—¿Recuerdos malos? —ella asintió. El joven guardián se sentó a su lado, apoyado del respaldo de la gran cama de su novia. —Sabes que puedes contarme lo que sea… —ella lo miroo por unos instantes. No sabía si sería buena idea contarle acerca de cosas tan sombrías de su pasado, —Por favor…—pero creía que si se desahogaba, se sentiría mejor.
—No te conté toda la historia de cuando…atenté contra mi vida…
—Y eso es todo por hoy, princesa Elsa; no olvide hacer su tarea. —dijo la tutora de la futura Reina mientras recogía sus cosas.
—No lo haré. —respondió amablemente. La maestra abandonó la recamara de la joven princesa, dejándola totalmente sola. No era fácil que la mayor de los Arendelle se emocionara por alguna fecha en especial, pero esta era la excepción: era el cumpleaños numero 15 de su hermana menor. Estaba tan emocionada por entregarle el regalo que ella personalmente había hecho para ella. Pasó toda la noche creando un fino collar con sus poderes: un lindo y delicado copo de nieve que llevaba una letra "A" en el centro. Sabía que tenía prohibido cualquier contacto con su hermana, pero guardaba la esperanza de que, como era una ocasión muy especial, la dejaran, por lo menos, pasar algo de tiempo con ella. Escuchó algunos toques en la puerta, por lo que, escondió su regalo.
—Adelante. —la puerta se abrió y dejó ver a su madre ingresando a la habitación. — Hola, madre.
—Hola, Elsa. ¿Qué haces?
—No mucho. ¿Qué se te ofrece?
—Vine a buscar unos libros prestados. —dijo mientras buscaba en el gran estante de libros que poseía su hija.
—Um…mamá. —la Reina giró hacia su hija.
—¿Si? — preguntó la Reina sin apartar la vista de los libros.
—Yo me preguntaba si…habría la posibilidad de que yo…pudiera asistir al cumpleaños de Anna…—dijo totalmente insegura. Su madre la miroo como si intentara cerciorarse de sus palabras. —Aunque sea…
—No.
—Pero mamá…
—¡No! —dijo esta vez mas firmemente, asustando a su hija. Al ver la expresión de miedo en su hija, la Reina se calmó. —No creo que sea buena idea.
—Mamá; yo sé que puedo controlarlo por algunos minutos, solo quisiera…
—Es un no, Elsa. —la joven asintió decepcionada. —Querida…—dijo mientras se acercaba a su lado. —creo que no sería apropiado. Ésta será una de las pocas ocasiones en que familiares muy lejano nos visitaran; no queremos que haya un accidente, ¿o sí? —ese comentario la hirió profundamente. Sin duda alguna, no confiaban en ella. La mandataria se sintió horrible al decirle eso. ¿Qué madre no querría tener a su hija en todas las reuniones familiares? Pero la razón era más fuerte y no podía permitir que Elsa expusiera sus poderes por accidente.
—De acuerdo…—la Reina sonrioo.
—Esa es mi chica. —dijo acariciando su pelo. Besó su frente de manera delicada y le sonrioo a su primogénita, quien forzó una sonrisa. — Debo irme; vendré luego. — Elsa vio a su madre abandonar la habitación. Se sentía horrible después de aquella negativa por parte de su madre; ella solo quería unirse a ese momento familiar. Escuchó como alguien tocaba la puerta nuevamente.
—¿Se te quedó algo, mamá? —dijo mientras se limpiaba unas rebeldes lagrimas que caían por su rostro.
—Soy yo, princesa.
—Oh, pasa Gerda. —la mujer abrió la puerta lentamente y se acercó preocupada a la futura heredera del trono, ignorando totalmente la fría temperatura en la habitación, producto de la conversación con la Reina.
—Escuché lo que la Reina le dijo. —dijo. —¿Estas bien, pequeña? —ella negó con la cabeza. La mujer se acercó a la joven Reina y la abrazó tiernamente. Para Elsa, Kai y Gerda era lo más cercano a apoyo que tenia. Era como si ellos fueran sus padres. A veces, le llevaban nuevos libros, le escabullían algún que otro postre y hasta pasaban algo de tiempo charlando con ella, simplemente para que ella olvidara sus problemas por un momento.
—Yo solo quiero estar con ellos… —dijo comenzando a llorar en los brazos de su segunda madre. —Quiero estar con Anna…
—Ay pequeña…—se lamentó mientras acariciaba tiernamente su cabello. No era justo lo que le pasaba a esta jovencita que consideraba prácticamente su hija. Sí, tenia poderes de hielo, pero tenía la certeza de que si sus padres dejaran de infundirle aquel temor, ella podría controlarlos sin mayor dificultad. Es por eso que trataba se mantenerla feliz y tranquila para que entendiera que no debía temerse, pero era verdaderamente difícil hacerlo si la situación siempre era la misma.— Aunque no estés allá, sé que tus intenciones si, ¿verdad? Seguramente quieres que Anna se divierta. —Elsa asintió. — Y verás que así será. —alejó un poco a la joven de ella y limpió las lagrimas de su rostro. —Ahora, no más caras tristes. Me aseguraré de traerte pastel, ¿bien? —ella asintió mas animada. —Muy bien, nos vemos dentro de un rato. —dijo, para luego abandonar la habitación.
Las horas pasaron. Elsa podía escuchar la fiesta que se llevaba a cabo en el salón principal. Hacia decidido que, aunque no pudiera asistir a la fiesta, si le obsequiaría a Anna el collar que había hecho con tanto amor. Salió de manera sigilosa de su habitación y se dirigió a la de su hermana, aquella que tiempo atrás fue suya también. Caminó hasta la mesita de noche al lado de su cama. Colocó una pequeña nota que le había escrito con anterioridad y sobre ella, puso una pequeña cajita que contenía la prenda.
—Espero que le guste…—dijo por lo bajo mientras salía de la habitación y retornaba a la suya con cuidado. Escuchó murmullos provenientes de la habitación de sus padres. ¿No se suponía que estaban en la fiesta? Con la curiosidad al tope, se acercó un poco a la puerta entreabierta, observando a su madre frente al espejo, arreglando su peinado mientras su padre la esperaba a pocos metros.
—¿Qué vamos a hacer? Están preguntando por Elsa…—dijo la Reina mirando a su marido a través del espejo.
—Podemos decir que está indispuesta o enferma, eso es lo de menos. —respondió. —Me preocupa más el que haremos con ella; os años pasan y sus poderes son cada vez más difíciles de controlar. —Elsa espiaba la escena.
—No sé, ¡no sé! —exclamó la Reina poniéndose de pie —¡Le temo a mi propia hija, eso no es natural! A veces pienso que todo seria más fácil si…—pero no fue capaz de terminar la oración. Le dolía como madre tener ese tipo de temores y pensamientos sobre su hija, pero ya no sabía qué hacer. El Rey se acercó a su esposa y la abrazó.
—Sé a lo que te refieres; cada día es más difícil no temerle a nuestra hija…
Elsa dio un par de pasos hacia atrás, aturdida por lo que había escuchado. Sus padres, las personas que se supone la amaban con todo su ser, le tenían miedo. Cubrió su boca con sus manos, tratando de suprimir los sollozos que se comenzaban a formar. ¿Cómo se supone que debía sentirse? Era un monstruo, sus padre, indirectamente, acababan de confirmárselo. No supo como llegó a su habitación ni cuantas horas habían pasado, solo sabía que el llanto no cesaba. Se sentía tan miserable, sola, culpable…Sentía que era una carga para sus padres, como un problema del que no podrían salir…
—¿Elsa? —escuchó como su hermana llamaba a través de la puerta. —Sé que estas ahí. —siguió la muchacha. —¿Por qué no fuiste a mi fiesta? —el silencio fue su respuesta. —¡Respóndeme!
—¡Déjame en paz, Anna! —respondió ella. No estaba en condiciones de hablar con ella y bajo ninguna circunstancia, podría abrirle la puerta.
—¡¿Sabes qué?! Pensé que al menos te dignarías a desearme un feliz cumpleaños, pero me equivoqué. —Elsa podía sentir el veneno en la voz de su hermana. —¡Te odio!¡Ojalá y no fueras mi hermana!
El corazón de la joven rubia terminó de romperse con esas últimas palabras. Se sentó de rodillas al suelo, totalmente abatida, abrazando sus rodillas contra su pecho mientras nuevas lagrimas caían por su rostro. La angustia que recorría su cuerpo era abrumadora. Se sentía derrotada, como si ya no sintiera… Levantó la mirada y miroo a un punto de la pared. Su mirada estaba vacía… Guiada por la depresión que sentía en esos momentos, Elsa salió de su habitación y se dirigió hacia el almacén que utilizaban los empleados del castillo. Tomó un frasco cualquiera sin prestar mucha atención de que se trataba; solo leyó los componentes y pudo comprobar que era lo que buscaba. Volvió a su habitación y cerró la puerta con llave.
—Espero que encuentres con quien construir un muñeco, Anna…—y justamente en ese momento, escuchó como alguien tocaba la puerta.
—Princesa, aquí le traigo su pastel…—escuchaba como Gerda llamaba a la puerta. —¿Princesa? —volvió a llamar, esta vez intentando girar la manija sin éxito. —¡Elsa —llamó esta vez mas alarmada. Tenía un muy mal presentimiento…sin perder el tiempo, salió a buscar ayuda.
Jack observó a la Reina anonadado por el relato.
—Si te soy sincera, no recuerdo mucho después de eso—admitió. — es como si hubiera actuado en modo automático. Yo…—comenzó a decir. —me arrepiento profundamente de haberlo hecho, esa nunca es la solución; fui cobarde.
—Lo importante es que admitiste tu error y que, gracias al Cielo pudieron salvarte. —dijo el Guardián, abrazándola mientras ella apoyaba su cabeza en su pecho. —Todo está bien ahora. —siguió diciendo mientras acariciaba su pelo.
—No me siento capaz de enfrentar a mis padres, por lo menos no por ahora…
—Entiendo…
No la presionaría; si no se sentía lista, simplemente había que esperar.
Lo que no sabían era que una tercera persona había escuchado toda la conversación. Anna llevó sus manos a su boca, totalmente anonadada por lo que acababa de escuchar. ¿Elsa habría atentado contra su vida y por su culpa? Así que eso era lo que había pasado aquella vez, con la que había soñado…era sobre eso y no podía sentirse más culpable por ser el detonante de aquel triste episodio. ¿Por qué no podía recordar sobre los poderes de Elsa antes de que la separaran? Su hermana le había dicho que, por culpa de un accidente que habían tenido mientras jugaban, las habían separado pero no sabía mas de ahí, no recordaba, aunque eso no evitaba que se sintiera culpable por el aislamiento de su hermana. Decidida como nunca antes, se alejó del lugar, se dirigió a la habitación de su novio y tocó insistentemente. Luego de algunos segundos, la puerta se abrió dejando ver a un rubio medio dormido.
—Anna, ¿qué…?
—Vístete; visitaremos a tu familia.
—Pensé que nunca volveríamos a tener estas comodidades. —comentó la Reina mientras se acurrucaba al lado de su marido.
—Lo sé. Hubo momentos en que pensé que nunca volveríamos…—apoyó el ex - mandatario de Arendelle. Habían pasado muchas noches protegiéndose del frio, batallando para encontrar agua fresca y comida, por lo que, aquella cálida cama y la cena que habían degustado con anterioridad, eran preciadas.
—No esperaba que todo estuviera tan…cambiado. —expresó. Ciertamente estaba sorprendida. Primero, la sorprendió que todo el pueblo supiera sobre los poderes de Elsa y que lo aceptarán tan fácilmente. En segundo lugar estaba el hecho de que sus dos hijas tuvieran novio y ninguno de ellos perteneciese a la Realeza, cosa que le preocupaba. Pero lo que más la impactó, fue el cambio que vio en su hija mayor.
—Ni que lo digas; no esperaba ver a nuestra hija con un look tan…poco discreto. —dijo el Rey. Cuando vio a su primogénita en ese vestido tan provocativo y con ese nuevo peinado, no la reconoció. No fue hasta que Anna la llamó que cayó en cuenta que era ella.
—Puede ser, pero…creo que ambas están más felices ahora. —recalcó la Reina. —Tal vez todo sea mejor así…—el hombre la miroo extrañada.
—¿Crees que es apto para una Reina andar en esas ropas?
—Es apto para una joven chica de 19 años. —se reincorporó un poco en la cama. —Debemos aceptarlo, cariño: Elsa ha crecido y es joven. Ese atuendo lo prueba y…el novio también. —El Rey fruncioo el ceño.
—Esos chicos no son para nuestras hijas, especialmente ese tal Frost; no confío en él.
—Ni siquiera has hablado con él de manera civilizada; dale una oportunidad.
—¡No! —exclamó por lo bajo. —No es adecuado para Elsa. —rebatió. —¿Por qué lo apoyas tanto? —preguntó.
—Porque por lo que he escuchado de Gerda y Kai, Elsa ha estado más feliz que nunca. —El Rey la observó por un momento; no podía creer que su esposa estuviese de acuerdo en que su hija, la Reina de Arendelle, andará con un chico que no le llegaba ni a los talones.
—Iré por algo de agua. —dijo el Rey incorporándose en la cama y colocándose sus pantuflas. La madre de Elsa y Anna suspiró. Si su esposo no cambiaba aquella actitud, se desataría un verdadero infierno entre él y sus hijas.
La joven princesa entró a su habitación desconsolada. ¿Cómo pudo olvidarse de su cumpleaños? Había creído que, como era uno de los cumpleaños más importantes para cualquier chica, Elsa asistiría a su fiesta, o por lo menos, le desearía un feliz cumpleaños, pero no; ni siquiera le abrió la puerta cuando fue a buscarla.
Anna se sentó en su cama mientras lloraba amargamente. ¿Qué le hizo a su hermana mayor para que no quisiera estar con ella? Haría lo que fuera por recuperar a su hermana.
Se limpió las lagrimas. No había caso en llorar; no remediaba nada. Comenzó a quitarse las diferentes joyerías que usaba para ponerlas en su mesita de noche cuando notó aquella cajita. Extrañada, la tomó y la abrió. Sus ojos se abrieron en sorpresa y admiración al ver un hermoso collar. Buscó alguna nota o dedicatoria y la encontró en su mesita de noche donde antes había estado la cajita.
Espero que te guste, Anna. Lo he hecho con mis propias manos con mucho amor.
Feliz cumpleaños numero 15, hermanita.
Elsa.
—No lo olvidó…—susurró totalmente emocionada. ¡Elsa se acordó de sus cumpleaños! Estaba alegre, se sentía esperanzada, se sentía…culpable. Le dijo cosas horribles cuando no se las merecía y ahora su consciencia la estaba matando. Quería disculparse y agradecerle por tomarse el tiempo de hacer algo tan hermoso para ella, pero ya era muy tarde y suponía que su hermana ya estaba durmiendo. —Primera cosa que hacer a primera hora: disculparme con Elsa y agradecerle el presente. —se dijo a sí misma como una nota mental. Se preparó para ir a la cama y quedó profundamente dormida…o por lo menos eso creía.
—¡Kai, Elsa necesita ayuda! —escuchó a su madre gritar mientras se escuchaban pasos apresurados por el pasillo. ¿Por qué Elsa necesitaría ayuda? Curiosa, Anna se escabullo de su habitación y se dirigió a la de su hermana. Como siempre, la puerta estaba cerrada, pero podía escuchar murmullos angustiosos del otro lado. Escuchó como alguien se acercaba, por lo que, rápidamente, se escondió en un armario cercano mientras observaba como su madre ingresaba a la habitación seguida del médico Real y un par de enfermeras…
—Ya llegamos. —Anna salió de sus recuerdos al escuchar la voz de su novio. Kristoff giró en el trineo y ayudó a su novia a bajar de él.
—¡Gran Pabbie! — llamó el rubio. De inmediato, una gran roca rodó frente a ellos, transformándose en la figura del sabio troll.
—Anna, Kristoff, ¿acaso ha pasado algo? —preguntó.
—A decir verdad, no sé que hago aquí. —respondió Kristoff rascándose la parte trasera de la cabeza.
—Grand Pabbie, sé que mis memorias han sido borradas y quiero que me la devuelvan. —el anciano troll la miroo sorprendida. El sabio ser iba a replicar, pero fue detenido por la pelirroja. —No trate de negarlo; la única forma de que mis padres pudieran borrar todas mis memorias es con su ayuda, así que, le suplico, las quiero de vuelta; necesito saber…—esa suplica iba mas allá de su moral, pero no podía evitar ayudarla. Pensó que quitándole sus memorias sería mejor, pero al parecer, no lo fue; solo empeoró todo el asunto. Era hora de que supiera la verdad.
—¿De verdad quieres recordar? —ella asintió decidida. —De acuerdo. — Anna se arrodilló frente a él y lo miroo atentamente. Grand Pabbie cerró los ojos por un momento, para luego abrirlos mientras una estela de color azul aparecía en su mano. Kristoff miraba atento la escena. No mentía cuando decía que no sabía a que habían ido. Cuando Anna le dijo que tenían que ir al Valle de los Trolls, pensó que deliraba, pero al ver la expresión de angustia en su rostro, decidió no preguntar. Debía decirlo, no fue fácil evadir la seguridad del Castillo, pero por Anna…él lograba lo imposible. —¿Estas lista? —Anna volvió a asentir mientras cerraba los ojos. —Grand Pabbie acercó la estela de luz hasta la cabeza de Anna y dejó que ésta la envolviera.
—Elsa, vamos a jugar...
—Vuelve a dormir, Anna.
—El cielo despertó y yo también, ahora debemos jugar.
—Pues vete a jugar tu sola.
La joven pelirroja comenzó a recordar.
—¿Y si hacemos un muñeco?
Los recuerdos estaban llegando de todas partes y al mismo tiempo y, aun así, los podía ver con claridad.
—Hola, soy Olaf y me gustan los abrazos.
—¡Te amo, Olaf!
Llevó sus manos hacia su cabeza, sintiéndose abrumada.
—¡Lista!
—¡Atrápame!
—¡Te tengo!
—¡Otra vez!
—¡Espera!
—¡Sí!
—¡Anna!
La pelirroja cayó sentada en el suelo aun sosteniendo su cabeza entre sus manos. Kristoff corrió a su lado y la sostuvo en sus brazos, ante la atenta mirada de Pabbie.
—¿Estas bien? —preguntó Kristoff, pero ella o le respondió. Lo recordaba todo…Aquellos recuerdos que fueron reemplazados, habían vuelto a la normalidad. Su mente reacomodaba esos recuerdos que se le fueron arrebatados, aun sin poder creerlo.
—Fue mi culpa…—susurró. —Ella estaba durmiendo, yo la desperté y la hice jugar conmigo…—se sentía tan culpable.
—¿De qué estás hablando?
—¡De Elsa! —exclamó ella. —¡Yo fui la causante de su encierro! ¡Oh por Dios! —dijo mientras comenzaba a llorar entre los brazos de su novio.
—Gran Pabbie, ¿qué…?
—Es mejor que regresen al Castillo. —Kristoff lo miroo aun mas confundido; no podía dejarlo con la incertidumbre. —Ella te lo contará; ahora necesita resolver unos asuntos pendientes…—el rubio no dijo nada. Sentía como su novia trataba de controlar los sollozos que salían de sus labios sin mucho éxito. Observó a Grand Pabbie una vez mas y suspiró derrotado. Odiaba no entender nada…
La Reina miraba la pintura distraída. Eran las 2 am y, teniendo en cuenta que había tenido un ataque de pánico recientemente, debería estar descansando, pero no podía. Todo este asunto de sus padres seguía plagando sus pensamientos. Se alegraba de que estuvieran vivos, pero los recuerdos del pasado no la dejaban acercarse a ellos; era como si se sintiera insegura a su alrededor.
Hace algunos minutos, le había pedido a Jack que fuera a buscarle algo de leche, para ayudarla a dormir y distrayéndolo para que ella pudiese escaparse de su habitación y deambular por el pasillo. De manera automática se dirigió a ese lugar. No sabía si era pos lo sensible que estaba o por qué era un lugar de muchos recuerdos; no lo sabía.
Sintió como sus poderes comenzaban a manifestarse de manera irregular. Sus manos comenzaban a formar pequeños copos de hielo y la temperatura comenzó a descender. Estaba perdiendo el control.
—Oye…tranquila…—dijo una voz a sus espaldas mientras tomaba sus manos con las suyas. Elsa respiró profundo y dejó caer su cabeza en el pecho del joven detrás suyo. Si se preguntaba como había logrado controlar sus poderes cuando tuvo aquel ataque de pánico, ya no las tenía: Jack. Solo él podía tranquilizarla tan bien. Sus manos dejaron de producir hielo y la temperatura de la habitación volvía a la normalidad. El efecto Jack…El joven guardián, abrazó a la Reina por detrás. —¿Sabes? No fue muy amable engañarme para escabullirte de tu habitación. —regañó levemente. Ella sonrioo.
—Gracias…
—¿Por regañarte? —ella giró en sus brazos y le sonrioo tiernamente.
—Por estar aquí…—él le sonrioo.
—Siempre. —tomó su mano y la llevó a sus labios donde la besó tal cual un príncipe saluda a una princesa. —Te quiero…—dijo para luego, besarla dulcemente, dándole a entender que sus palabras eran ciertas.
—Y yo a ti. —dijo cuando finalizó el beso.
—Ahora, señorita…—dijo aparentando seriedad. —es hora de dormir. —ella hizo un puchero.
—Pero si no tengo sueño...
—No me interesa; a dormir. —dijo guiándola hacia la puerta.
Ella no pudo evitar aquella sonrisa. Él era especial. Aun debatía si debía decirle o no sobre aquel hombre extraño con el que soñó. Verdaderamente, fue perturbador, pero pensaba que solo era un mal sueño, así que, se decidió por no contarle nada. Él tenía cosas más importantes que atender…
—Jack…estamos en dirección contraria. Mi habitación no es para allá.
—¿Quién te manda a vivir en un castillo ridículamente grande? —ella rió por lo bajo.
Ambos jóvenes se perdieron por los largos pasillos, sin saber que el patriarca de los Arendelle presenció toda la escena con inmenso desagrado. ¡¿Cómo se atrevía a besar a su niña?! No, eso no podía seguir así…él no era para ella y él, no podía permitir que su princesa saliera con ese…don nadie.
¡DIAS! Eso es lo que llevó hacer este capítulo. Siempre sentía que le faltaba algo, pero al final lo dejé así. Por cierto, el capitulo más largo hasta ahora. Las cosas se están complicando, especialmente con la llegada de los padres de las princesas y nuestro tan esperado Pitch: veremos cómo resulta esto.
Les agradezco a todos por sus favs y follows y tambien a todos ustedes que dejaron sus reviews. Significan un mundo :D
Bueno, en fin, aquí les dejo el capitulo; es tardísimo y honestamente no debería andar rodando por aquí, pero me propuse terminar el capitulo hoy y eso hice.
Como siempre, gracias por leer y ya saben, siéntanse libres de comentar ;)
Cuídense,
Bye!
