Frozen es de Disney y Rise of The Guardians es de Dreamworks. Solo hago esto para su entretenimiento y para mi diversión.
Elsa se vio por enésima vez en el espejo. Si estaba en una nueva etapa de su vida, debía renovarse y el primer paso era en su vestuario. Los vestidos estaban bien para las ocasiones formales, pero para sus tareas de Reina en las que debía moverse alrededor y convivir con una gran cantidad de personas, debía acostumbrarse a los atuendos más casuales. Ese día, debía visitar el hospital de Arendelle para inspeccionar unas remodelaciones que se llevaban a cabo en dicho lugar, por lo que, optó por usar una blusa, de un azul pálido, de mangas largas con un pantalón negro de tela, acompañados con unos zapatos de tacón negros. Su trenza caía glamorosamente por su hombro, completando su look. Sonrió ante su reflejo ante el espejo. Aún no se acostumbraba a ese cambio, pero sabía que era necesario.
─Oh, pero que sensualmente seria te ves. ─ Elsa sonrió a través del espejo a cierto guardián que la observaba desde el balcón.
─ ¿Qué se supone qué haces espiándome?
─No te espío; solo vigilo lo que haces. ─se defendió. Después de la agitada noche que había tenido, no estaba muy de acuerdo en que Elsa saliera tan rápido a cumplir su labor. Debería estar descansando como el doctor le había dicho, pero no, la mujer era terca y no haría caso.
─Acosador.
─Sí, el más guapo de todos. ─dijo mientras haciendo una pequeña vuelta en el aire, caía perfectamente en el suelo. ─ ¿A dónde vas, mi Reina?
─Voy a hospital a inspeccionar una remodelación que se está llevando a cabo.
─ ¿No puedes ir otro día? ─Elsa suspiró. Sabía que estaba preocupado, pero ella tenía que atender sus obligaciones como Reina; no había tiempo de descansar.
─Ya me comprometí a hacerlo, Jack; debo asistir.
─Pues si ese es el caso, yo te vigilaré a distancia y cuando me cerciore de que todo está en orden, debo partir al Polo Norte.
─ ¿Pasó algo?
─No lo sé, pero North, al parecer, es importante.
─ Jack, si es algo importante, no es necesario…
─Sí lo es; quiero estar pendiente por si te vuelves a sentir débil. ─Elsa estaba lista para protestar, pero él la detuvo. ─No hay pero que valga…
─Está bien, pero a distancia, ¿entendido? ─él asintió. ─Muy bien, ya estoy lista y me tengo que ir. ─dijo dirigiéndose a la salida.
─ ¿No se te olvida algo? ─ ella frunció el ceño. ─ ¿Y mi beso?
─ ¿Es en serio? ─él pareció ofenderse.
─Está bien…como quiera no me apetecía… ─la joven no pudo evitar sonreír. Se acercó a él, tomó su rostro y le plantó un beso a su novio.
─ ¿Mejor?
─Puede ser…
─Muy bien, de verdad me tengo que ir, Jack.
─Bien, te esperaré en el hospital. ─dijo Jack dirigiéndose hacia la ventana.
─Espera, ¿al menos sabes dónde está el… hospital? ─pero la pregunta nunca llegó al Guardián; hace rato que se había ido.
La joven Reina salió de su habitación. Tenía un asunto muy importante que resolver, pero trataba de no abrumarse al respecto: sus padres. Sabía que tenían cosas que conversar, pero Elsa no estaba preparada para aquella inminente plática. Quería ser cobarde en esta ocasión. Bajó las escaleras y con el porte que la caracterizaba, se dirigió a la salida.
─Elsa. ─la joven rubia se detuvo en seco. No había necesidad de girar para ver quién la llamaba; conocía esa voz desde antes de llegar a este mundo. Giró lentamente sobre sus talones, encarando a su progenitora. Estaba casi como su memoria la recordaba antes del accidente, solo que esta vez se veían algunas arrugas en su rostro y varias canas en su castaño cabello, producto de la edad y, tal vez, de su tiempo en naufragio.
─Hola, madre. ¿Has dormido bien? ─se recriminó mentalmente. ¿Qué clase de pregunta era esa dadas las circunstancias?
─Muy bien; extrañaba dormir en una cómoda y cálida cama. ─respondió. Elsa simplemente asintió. La antigua Reina podía sentir la tensión en el aire. Se supone que eran madre e hija, no debería haber momentos incómodos como ese entre ellas, y menos, si se trataba de un reencuentro de esa naturaleza. ─ ¿Y…a dónde vas?
─Iré al hospital de Arendelle. Se están haciendo unas reparaciones que debo supervisar.
─ ¿Puedo… acompañarte? ─la pregunta tomó a Elsa por sorpresa.
─No sé si sea buena idea, deberías descansar y…
─Pero quiero acompañarte. ─No era una orden, era más una súplica de una madre desesperada por acercarse a su hija. ─Estoy bien y te prometo no intervenir. ─ Vio a su hija dudar por algunos segundos, hasta que por fin, asintió con la cabeza.
─Está bien. ─la Reina Idun sonrió mientras seguía a su hoja hacia la salida.
Kristoff miraba preocupado a la joven princesa balanceándose ausentemente sobre uno de los columpios del parque. Después de haber visitado a gran Pabbie, la joven princesa había llorado hasta dormirse, por lo que, optó por dejarla descansar.
No se apartó de ella en toda la noche.
Le angustiaba que pudiese despertarse sola y tuviera otro ataque de tristeza como el que él presenció. No entendía que fue aquello tan terrible que recordó en su sesión con el sabio troll, pero de algo estaba seguro: él debía permanecer a su lado. El joven rubio durmió en el duro suelo, lo cual le pasó factura en la mañana, pero eso era lo último en su cabeza; lo que realmente importaba era la pelirroja que se miraba ausente en esos momentos. Trató de hablar con ella, pero fue en vano…y así siguió durante toda la mañana. Pensó que dar un paseo por el parque la animaría, pero nuevamente, fue un intento sin éxito.
─Anna, por favor, dime cómo te puedo ayudar. ─la princesa lo miró por unos instantes. ─Confía en mí. ─ La menor de los Arendelle no podía negarse a eso. El chico había estado al pendiente de ella todo ese tiempo, cuidándola, mimándola…tratando de hacerla sentir mejor, a pesar de no recibir un resultado positivo de ella.
Anna respiró hondo, infundiéndose valor.
─ ¿Recuerdas que le dije a gran Pabbie que me devolviera mis memorias? ─él asintió. ─Bueno…cuando me las devolvió, pude recordar la razón por la que Elsa fue encerrada.
─ ¿Y esa es…?─ ella lo miró con ojos vidriosos.
─Fue mi culpa…por mi culpa Elsa fue infeliz.
─No es verdad, Anna; eso no puede ser cierto.
─Lo es. ─argumentó ella. ─Una noche, Elsa estaba dormida en su habitación y yo fui y la obligué a jugar conmigo. Todo iba bien hasta que me emocioné tanto que…─ la voz se le quebró. ─ dejé de escucharla. Ella trató de advertirme que tuviese cuidado, ya que, caería directamente al suelo y podría hacerme daño. Ella trató de atraparme, pero, no sé, creo que resbaló y me golpeó con sus poderes en la cabeza.
─Fue un accidente, Anna.
─Un accidente que yo causé.
─Anna…
─Si no la hubiese despertado…si yo no…la hubiese desobedecido…Elsa y yo no hubiésemos perdido todo ese tiempo…ella no habría permanecido años de encierro…ella… ─un nudo se le hizo en la garganta. ─no hubiese atentado contra su vida. ─el rubio abrió los ojos en total sorpresa.
─Princesa, yo…─no sabía que decir.
─Y lo peor es que…─dijo entre sollozos. ─ la traté tan mal porque me abandonó cuando en realidad…trataba de protegerme de algo que nunca existió, de algo que yo…causé. ─ no pudo controlarse más. Las lágrimas descendieron sin control por su rostro. La culpa la estaba consumiendo viva. No podía dejar de pensar en cómo hubiese sido todo si no intervenía esa noche y todo hubiese seguido su curso. ─Todo es mi culpa…
─Claro que no, no fue tu culpa…
─Pero yo…
─Eras una niña, Anna; solo querías jugar con tu hermana mayor. ─razonó él. ─No fue nada mal intencionado.
─Elsa no tenía que pasar por todo eso…
─Tienes razón, pero no fue tu culpa. Solo se manejó la situación de manera incorrecta. ─ella lo miró no muy convencida. ─No debes cargar con una culpa sin fundamento. ─tomó su rostro suavemente y le sonrió amablemente. ─ ¿Por qué no mejor concentrarse en recuperar ese tiempo perdido? Elsa y tú están más unidas que nunca y creo que deberías aprovechar. ─ella forzó una sonrisa.
─No te lo tomes a mal, pero…no me sentiré mejor hasta que hable con mi hermana al respecto. ─él asintió sonriente. No estaba enojado por esa respuesta, al contrario, estaba aliviado de por lo menos saber que aquejaba a su adorada princesita.
─Entiendo. ─dijo limpiando el rastro de lágrimas en sus mejillas.
Anna no pudo evitar sentirse especial. Tenía el mejor novio de todos. Se acercó un poco a él y lo besó tiernamente.
─Gracias, Kristoff.
─Cuando quieras, princesa.
El trayecto hacia el hospital había sido relativamente tranquilo. Madre e hija conversaron de cosas triviales como el Reino, modas, lugares y demás asuntos que no involucraran los temas que debían de discutir. En cuanto llegaron al lugar, las mujeres Arendelle comenzaron a inspeccionar el lugar.
Idun estaba gratamente sorprendida con lo bien que se manejaba su hija en ese cargo. Se veía imponente y autoritaria, pero al mismo tiempo, amable y comprensiva: toda una Reina.
─ ¿Qué es esta habitación? ─preguntó Elsa al escuchar una serie de sonidos infantiles detrás.
─Es el área de entretenimiento. ─explicó uno de los médicos. ─Aquí los niños que están muy enfermos o en etapa terminal, pasan un rato de relajación fuera de su habitación. Hay niños que prácticamente viven aquí, así que, tratamos de hacerlos sentir como en casa ─Elsa se conmovió profundamente. ─Hoy se están preparando para ver una película.
─ ¿Puedo entrar? ─preguntó la joven rubia.
─Por supuesto, majestad. ─Ante la atenta mirada de su madre y de los presentes, la joven Reina entró a la habitación. Varios pares de grandes e inocentes ojos se fijaron en ella al entrar a la habitación. ─ Hola, niños. Aquí les traigo una invitada. ─los niños sonrieron contentos. Podrían ser pequeños, pero sabían perfectamente quién era ella.
─ ¡Es la Reina! ─exclamó uno de los niños. De inmediato, corrieron hacia ella, curiosos de saber que hacía ella ahí.
─Hola, pequeños. ─ saludó sonriente. En la habitación había unos diez niños de no más de seis años. Se notaba que estaban enfermos, algunos se veían pálidos, otros usaban pañuelos para disimular su pérdida de cabello, otros llevaban intravenosas…y aun así, tenían una energía envidiable.
─ ¿Qué hace aquí, Reina? ─preguntó uno de los niños más pequeños del lugar, de no más de cuatro años.
─Vine a ver cómo estaban. ─respondió ella.
─ ¿Por qué? ¿Acaso sabes que pronto los angelitos vendrán por nosotros? ─ esto rompió los corazones de todos los presentes. Un niño tan pequeño hablando de su posible muerte era desgarrador.
─No, solo quise venir a divertirme un poco con ustedes. ─dijo. ─Entonces, ¿qué quieren hacer?
─ ¡Haz tu magia! ¡Haz tu magia! ─exclamaron a coro los pequeños.
─Bueno, no sé si…─comenzó a decir mirando al doctor por aprobación, quien asintió sonriente. ─Está bien. ─los niños aplaudieron emocionados.
Elsa comenzó a mover sus manos creando bellas figuras que hechizaron a los pequeños niños de inmediato. Risas inundaban el lugar, para la satisfacción de todos los presentes.
Idun no pudo evitar la sonrisa que se formó en su rostro mientras veía como su primogénita tomaba en brazos al pequeño niño de cuatro años que antes le había hablado, mostrándole unas lindas figuras en la palma de su mano mientras los demás seguían entretenidos en aquellas que había creado con anterioridad. Estaba orgullosa de ver esta nueva versión de su hija y, aunque no tenía mucho tiempo de haber regresado, sentía que las cosas estaban más que bien.
La Reina no era la única orgullosa en ese momento. Cierto guardián miraba la escena sonriente desde una de las ventanas. Su reinita cada día lo cautivaba más y más. Con ese último pensamiento, partió hacia el Polo Norte.
El Rey Asdgar revisaba las redes sociales tratando de actualizarse. Antes del naufragio, no entendía mucho al respecto de esas cosas y seguía sin hacerlo, pero sabía que era la forma más rápida de enterarse de todo lo acontecido en su ausencia.
Se sorprendió al encontrar artículos sobre la coronación de su hija, un tal "Invierno Eterno" y, lo más sorprendente, el encarcelamiento del príncipe menor de las Islas del Sur, por el intento de asesinato de sus hijas.
Esa información lo aterró.
Exactamente por eso no quería que sus hijas estuviesen con dos chicos que podrían lastimarlas. Si un príncipe, de buena familia y gran posición social, trató de asesinar a su primogénita y abandonó a su hija menor a su suerte mientras agonizaba, ¿por qué estos chicos no harían eso también?
Suficiente…Tendría una muy seria charla con sus hijas.
Actualizó la página y encontró una nueva publicación donde habían etiquetado a su primogénita. Eran varias fotos, donde estaba su hija sonriendo hacia la cámara mientras cargaba a un niño que no lograba reconocer mientras este le regalaba un afectuoso beso en la mejilla, otra donde estaba con un casco de esos que usan los ingenieros y, la ultima, la que más le llamó la atención, su hija entreteniendo a los niños, usando sus poderes. El hombre abrió los ojos en sorpresa. Eso era muy irresponsable de su parte., podía haber lastimado a alguien y de seguro esas personas le temían... Buscó el pie de página y vio que la publicación era de la página oficial del Hospital de Arendelle, seguido de unas palabras.
"Vino hasta acá a supervisar unos reparaciones y terminó pasando una bella tarde con nuestros niños. Esta es nuestra joven Reina, ciudadanos de Arendelle, una joven dulce, humilde, sencilla y responsable que nos ha demostrado su valor. Todos en el hospital somos su fan, ¿qué hay de ustedes?"
El Rey estaba sin palabras ante lo que leyó. Sabía que el pueblo estaba enterado de los poderes de Elsa, pero nunca pensó que la aceptarían de tal forma.
─Hola, querido. ─saludó Idun bastante sonriente.
─Hola. ─respondió él distraídamente mientras seguía inspeccionando las publicaciones donde su familia, específicamente Elsa, era mencionada.
─ ¿Qué estás haciendo, amor?
─Estoy poniéndome al día. ─ La antigua Reina se acercó a su marido y miró por sobre su hombro.
─ ¡Oh, el hospital ya difundió las fotos! ─exclamó emocionada. Él frunció el ceño.
─ ¿Apoyas estas payasadas? ─ahora fue el turno de ella de fruncir el ceño.
─ ¿Que tu hija sea ella misma es una payasada? ─rebatió ella. Él estaba listo para replicar, pero ella lo detuvo en seco. ─ ¿Sabes qué? No me respondas. Si hubieses estado ahí entenderías la felicidad que me embargó al ver a mi hija feliz y siendo ella misma. ─se alejó de él en dirección a la puerta. ─No sé cuál es tu problema, pero yo, trataré de seguir adelante y disfrutar de la felicidad de mis hijas.
El portazo que dio la Antigua Reina resonó en todo el Castillo. El Rey Asdgar suspiró. ¿Era tan difícil de entender su punto? Él solo quería proteger a sus hijas…
Estaba exhausta…Verdaderamente, esos niños eran incansables, pero había valido la pena. No podía explicar la dicha que sintió al poner un rostro sonriente en esos pequeños angelitos enfermos. Ella sabía lo que era sentirse derrotada por la situación, por lo que, le encantó poder ayudarlos. Entró a la oscuridad que era su habitación y se sobresaltó al ver a alguien sentado en la cama.
En un principio, sintió pánico recorrer su interior, pero al reconocer la silueta de su hermana logró tranquilizarse.
─Que susto me has dado, Anna. ─dijo aliviada mientras encendía la luz. ─Por un momento pensé que…─pero su sonrisa se esfumó al ver la expresión en el rostro de su hermana menor. Se acercó y se arrodilló frente a ella ─ ¿Qué pasa? ─ La menor de los Arendelle se mordió el labio inferior como un intento de suprimir sus sollozos. ─ Me estás asustando, ¿qué te pasa?
─Lo lamento tanto…todo fue mi culpa.
─ ¿De qué hablas? ─la pelirroja tomó una gran bocanada de aire antes de proseguir.
─De todo, por mi culpa nos separaron, Elsa…Si yo te hubiese dejado dormir, nosotras…
─Anna, fue un accidente.
─Un accidente que yo causé. Si no hubiese insistido, no nos habrían separado, yo no te habría hecho sentir tan culpable con mis palabras, no habrían borrado mis recuerdos de tus poderes y…─Anna miró directamente a los ojos preocupados de su hermana mayor ─ no te habrías hecho daño…─La sorpresa no tardó en plagar la expresión de la joven Reina.
─ ¿Cómo…?
─Te escuché hablando con Jack y, de inmediato, visité a Gran Pabbie exigiéndole que me devolviera mis memorias ─respondió. ─Recuerdo cuando pasó el incidente, pero realmente no sabía que ocurría. Papá y mamá me dijeron que estabas muy enferma, pero nunca me dejaron verte ni me explicaron que te había pasado…Yo…─bajó la mirada al suelo, buscando la suficiente compostura para continuar. ─no sé qué habría hecho si tú…
─Anna…─Elsa no pudo evitar abrazarla.
─Lo siento mucho…
─No hay nada que perdonar. No fue tu culpa, ni mía, ni de nadie más; ya entendí que ese incidente estaba destinado a suceder por alguna razón que tal vez no entiendas ahora, pero que con el tiempo, entenderás.
─ ¿Y cuál…es esa? ─ la joven Reina sonrió.
─Nos hizo más fuerte. ─Anna la miró expectante. ─ Somos quienes somos gracias a eso; era necesario.
─Pero te lastimé, Elsa.
─Y yo a ti, Anna, pero eso fue el pasado, concentrémonos en el ahora. ─la menor de los Arendelle forzó una pequeña sonrisa, para luego, abalanzarse sobre ella y abrazarla.
─Te quiero, Elsa.
─Y yo a ti, Anna.
En el preciso momento en que llegó al taller de North, supo que algo andaba mal. Su primera pista fue el hecho de que lo hayan llamado con tanta urgencia, su segunda pista fue el silencio sepulcral que envolvía el lugar y la tercera, la más reveladora de todas, todos los guardianes estaban ahí. Lo que fuese que estuviese pasando, era serio.
─Entonces… ¿qué pasa? ─preguntó al observar los semblantes serios de los demás guardianes. Jack era muy poco paciente, por lo que, el silencio que nadie terminaba de quebrantar, lo estaba volviendo loco. ─ ¿Podrían decir algo? ─Los guardianes se miraron entre sí.
─Jack, ignorando las órdenes del Hombre de la Luna, hemos decidido informarte la situación.
─ ¿Ignorando ordenes de nuestro superior? Ahora sí estoy preocupado. ─dijo tratando de bromear un poco, pero la seriedad no abandonaba el ambiente. ─ ¿Qué es lo que quieren decirme?
─Más bien, es algo que queremos mostrarte ─ dijo tomando una fotografía del escritorio. ─Debido a lo perturbadora que era la escena y que, en teoría, no deberías enterarte, nos deshicimos de ella, pero guardamos una fotografía para cuando fuera el momento indicado para decirte.
─ Íbamos a obedecer al Hombre de la Luna, pero viendo lo mucho que quieres a Elsa, decidimos que no podíamos ocultarte esta información. ─explicó Tooth.
─ ¿Qué tiene que ver Elsa en todo esto? ─preguntó realmente preocupado. North le entregó la fotografía.
Al principio, no entendía lo que quería decir la foto, pero al identificar aquel material que contrastaba a la blanca nieve, su ceño se frunció. No podía ser posible que estuviese de vuelta… ¿Por qué querían ocultarle esto? Ellos sabían que él era el indicado para enfrentar al señor de las Pesadillas; honestamente, no entendía…hasta que distinguió las letras que formaban un mensaje claro y conciso…
─ ¿Pero qué…?─el pánico se reflejaba en su expresión al conectar el mensaje con las palabras que Tooth había pronunciado con anterioridad. ─Pitch…
─Así es, Jack. ─confirmó North. ─ Ha vuelto y viene por Elsa…
Lamento tanto haber tardado tanto en actualizar; he estado tan corta de tiempo que no había podido escribir. Espero que el capítulo les haya gustado y como ven, Pitch está más cerca cada vez.
Les agradezco infinitamente por seguir la historia y dejar sus reviews, follows y favs.
Y ya saben, siéntanse libres de comentar,
¡Cuídense!
Bye!
