Naruto y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


Summary: Temari de misión + Shikadai enfermo = Shikamaru en pánico


El estridente grito de su pequeño hijo de un año lo despertó de su ensoñación con tal nivel de sobresalto que saltó literalmente de la cama con kunai en mano y corrió hacia la habitación del niño. Al cerciorarse de que no había amenaza a la vista, Shikamaru soltó el arma y se acercó hacia el infante que lloraba a todo pulmón, de pie en la cuna.

–Dai, ¿qué pasa? – preguntó tomando al niño en brazos, notando algo alarmante de manera instantánea. – Estás ardiendo… – Estaba en pánico, en verdadero y genuino estado de pánico. Cuando lo llevó a dormir, no mostró ningún tipo de molestia, se durmió como todos los días, nada raro que recalcar. No podía creer que justo cuanto Temari no estaba, el niño se enfermase. La señora Nara había salido unas semanas atrás de misión, la primera en años y el niño obviamente notó su ausencia, estando más irritable que de costumbre y preguntando por ella constantemente, pero nada que indicara un quebranto de salud.

El padre, tratando de mantener la calma, se dirigió al baño con el bebé en brazo y tomó un termómetro del botiquín de primeros auxilios. Shikadai siendo hijo de Temari, no quería cooperar con él, por lo que tuvo que batallar para poder tomarle la temperatura. Cuando la medición terminó, el joven padre volvió a su estado de pánico inicial. Llevó al malhumorado bebé con él hasta la sala de estar y sin importarle la hora que era, llamó a la primera persona que se le ocurrió.

–Sakura, es Shikamaru; perdón por la hora, pero tengo una emergencia.

–¿Qué pasa?

–Shikadai está ardiendo en fiebre y no deja de llorar. No sé que hacer…

–Ok, cálmate: – fue lo primero que le recomendó, cosa que Shikamaru encontraba difícil teniendo a su hijo en brazos con clara intención de dejarlo sordo. – ¿ha tenido otro síntoma? –Ante la pregunta, el joven notó un pequeño detalle: el llanto había cesado. Sin saber cómo sentirse al respecto, Shikamaru observó a su hijo y mientras lo hacía, vio como sus cachetes parecían inflarse.

–Oh no…– de inmediato, el Nara sintió algo cálido humedecerle el pijama seguido del estridente llanto nuevamente.

–¿Shikamaru?

–Acaba de vomitar…–respondió. Sakura, al no tenerlo presente para poder diagnosticarlo del todo, comenzó a darles instrucciones de cómo manejar los síntomas, especialmente, la fiebre, con la esperanza de que pudiese manejarlos hasta que el sol saliese y llevarlo a consulta con normalidad, pero si los síntomas no mejoraban, le ordenó que lo llevase a emergencias.

Luego de terminada la llamada, Shikamaru siguió todas las instrucciones al pie de la letra, batallando con el temperamento Sabaku No de su hijo, pero luego de dos horas, sin ningún cambio, la siguiente opción era clara. Vistió al pequeño problemático en un atuendo por demás abrigado, escribió una nota por si Temari llegaba antes de tiempo y se cambió como pudo su sucio pijama, para luego salir por las calles de Konoha rumbo al hospital.

–Papá…– mencionó el pequeño entre lágrimas. El corazón pareció estrujarse ante la visión de su pequeño en problemas. Era obvio que no se sentía bien y que buscaba que él, como su padre y una de las personas que siempre estaba alli para él, lo hiciese sentir mejor, pero no podía y se sentía impotente de no poder hacerlo. Se sentía el peor padre de la historia.

–Está bien, Dai; papá está contigo. – respondió mientras abrazaba al pequeño más a su pecho. Estaba preocupado, muy preocupado. Fue el camino más largo de su vida.

–¿En qué puedo ayudarles? – ante la pregunta que el Nara consideró estúpida ante la fiera que sostenía en brazos, el padre comenzó a relatarle los síntomas, la rutina del bebé y todo lo que le solicitaban del pequeño. Luego de que terminó su relato, el doctor de guardia los dirigió a una pequeña sala donde revisó al pequeño que había disminuido el llanto, pero seguía notablemente incómodo. – Parece ser un virus de temporada; por precaución, lo dejaremos ingresado. Presenta inicios de deshidratación y lo mejor es que le ayudemos a recuperarse en lo que supera el virus. – Eso no era lo que esperaba escuchar, pero confiaría en el médico, al fin y al cabo, su objetivo era que su pequeño mejorara.

Sin más remedio, siguió a la enfermera entre los pasillos hasta una habitación de la división infantil del hospital. La habitación era blanca, como cualquier otra, solo que tenía patrones de juguetes y cosas infantiles en las paredes. En el centro de la habitación, había una cuna con un sofá cama a su lado. Tomó al pequeño y se sentó con él en su regazo mientras veía a la profesional acercarse con todo lo necesario para colocarle la intravenosa.

–Bien, pequeño; vamos a hacerte sentir mejor…

Shikadai era un niño muy perceptivo para su edad y al parecer, había reconocido el lugar donde meses atrás vivió una experiencia no muy agradable; no sabía lo que era una vacuna, pero sabía que alli le habían hecho algo que dolía y no quería estar en ese lugar; el temperamento de Temari saliendo a flote para demostrar su punto. Inquieto y, profesando unos sonidos de molestia que rompía el corazón de su padre, se aferró aún más a él; aquellos ojitos verdes mirándolo con suplica como diciéndole que lo sacara de alli.

–Tranquilo, Dai; papá no dejará que nada malo te pase. – respondió, pero el bebé no se tranquilizó, pues en el momento que vio a la enfermera acercarse con la intravenosa hacia él, pareció entrar en pánico. Shikadai trató de escalar lo más posible tal cual una pequeña araña por el pecho de su padre.

–¡Papá! ¡Papá!

–Dai, tranquilo, todo va a estar bien…– rodeó al niño entre sus brazos para mantenerlo lo suficientemente quieto como para que pudiese proceder. El bebé levantó su vista plagada de miedo y Shikamaru pudo ver el momento exacto de dolor cuando la aguja penetró su piel. El llanto amenazaba con volver y Shikamaru no podía evitar sentirse como el peor padre de la historia. Aunque sonase estúpido, sabía que Shikadai pensaba aquello. Estaba a segundos de llorar con él. – Te sentirás mejor, lo prometo. Lo acomodó de tal manera que el pequeño pudiese esconder su rostro en su cuello mientras él lo reconfortaba con pequeñas caricias en su espalda; cada cierto tiempo le dejaba un tierno beso sobre su pelo.

–Listo. – anunció el profesional. – Le he suministrrado una dosis de un medicamento para la fiebre, por lo que, es posible que se duerma pronto. En unas horas, veremos cómo sigue; cualquier cosa, presione el botón rojo al lado de la cama y vendremos de inmediato.

–Muchas gracias; – y sin más, padre e hijo se quedaron solos en aquella habitación. Shikamaru seguía repitiendo sus atenciones una y otra vez, logrando que el pequeño Dai, por primera vez en horas, estuviese tranquilo. – Papá te ama mucho, Dai; siempre recuérdalo. – dijo de la nada, en un intento de infundirle que lo anterior tampoco fue divertido para él. El padre observó el reloj en la pared; pronto saldría el sol, Temari llegaría pronto y posiblemente, le mataría por todo lo acontecido, pero esa no era una preocupación por los momentos. Bajó la vista, encontrando al pequeño con sus ojitos cerrados. Con cuidado, arrastrando el soporte que sostenía la intravenosa, la colocó a un lado de la cuna y tomó al pequeño para colocarlo alli y que pudiera descansar a gusto. Shikadai no estuvo de acuerdo. Sorprendiendo a su padre, el niño totalmente despierto, se aferró con ambos manos a su ropa y utilizó sus pequeñas piernas para tratar de impulsarse hacia él nuevamente. Y qué decir de las protestas verbales.

–¡No! ¡No! – Shikamaru lo tomó nuevamente en brazos, temiendo que fuese a arrancarse la intravenosa del brazo. Suspiró derrotado.

–Sí que eres hijo de Temari…


Entre la preocupación, el miedo y la furia, Temari Nara corría entre las calles de Konoha con dirección al hospital. Cansada por su primera misión en dos años, la antigua Sabaku No ansiaba llegar a su hogar y ver a sus dos chicos favoritos, especialmente, a su pequeño Dai, pues era la primera vez que se separaba de él durante tanto tiempo y estaba realmente ansiosa. Además, tenía un extraño sentimiento de ansiedad que no le dejaba en paz como si algo andase mal y no entendiese qué; sentimiento que se intensificó en el momento que llegó a su hogar. Era una verdadera zona de desastre y para colmo, no encontraba a sus hombres. En pánico, registró la casa de arriba abajo hasta encontrar una nota que rezaba la frase "Fuimos al hospital" con la letra de Shikamaru. Poca información, un sinfín de escenarios en su mente.

–¡Sakura! – llamó al visualizarla en el pasillo del hospital.

–Temari, ya has vuelto.

–Encontré esto en casa; ¿qué pasó?

–Shikamaru me llamó a medianoche, diciéndome que Shikadai tenía fiebre, vómitos y llanto incesante. Le di algunas recomendaciones, pero como los síntomas no cedían, lo trajo al hospital.

–Y… ¿dónde están? ¿cómo sigue?

–Ya está mejor; al parecer agarró uno de esos virus de temporada. Lo tenemos bajo observación por tratarse de un bebé, pero mañana podrá irse, si sigue mejorando como hasta ahora. – El alivio que recorrió a la rubia fue instantánea. Solo de pensar que su pequeño estuvo enfermo y ella no estuvo alli, le hacía sentí culpable a mas no poder. Desde que se había convertido en madre, el entrenamiento psicológico había quedado atrás; sus emociones le traicionaban cuando se trataba de Shikadai. Le agradeció a Sakura por la información y se dirigió a la habitación que le indicó la pelirrosa.

Enojada con lo poco comunicativo que fue su esposo en esa nota, la joven rubia estaba preparada para cantarles algunas verdades, pero cuando abrió la puerta y vio sus chicos dormidos, no pudo mantener la faceta. Allí, estaba su esposo dormido sobre el sofá, con Shikadai en brazos, envuelto en una manta de tal manera que no interfiriera con la intravenosa que tenía en su brazo. Tratando de no sobresaltarlos, se acercó a ellos y acarició la mejilla de su bebé. Grande fue su sorpresa cuando este abrió los ojos. Aquella sonrisita adornada de unos pocos dientes llenó su corazón de júbilo.

–¡Mamá! – ante la voz infantil y el movimiento del pequeño entre sus brazos, Shikamaru abrió los ojos.

–¿Temari? – ante el llamado, observó la figura de su esposo. Se notaba que no había sido una buena noche para él. El pequeño Dai trataba por todos los medios atraer su atención, extendiendo sus pequeños brazos hacia la persona que había extrañado más que nada. Temari no lo dudó por un segundo.

–Cielos, Shika, te ves horrible. – dijo, tomando a Shikadai entre sus brazos.

–Me siento igual– respondió sinceramente.

–Tremendo susto me pegué cuando llegué a una casa patas arriba, desordenada, con pisadas por todos lados y vómito seco en el corredor.

–Al menos viste el resultado; no viviste el proceso que conllevó aquello…– suspiró. –Ese niño es definitivamente tu hijo; no se deja ayudar… – Temari sonrió con algo de pena. Conociendo a su esposo como lo hacía, no tenía dudas de que había sufrido un ataque de pánico en esa situación. – Traté de darle un baño para bajarle la fiebre y pataleó con todas sus fuerzas haciendo un desastre. Lloró y lloró como si quisiese hacerme sentir culpable por no poder ayudarle y francamente lo logró. Al final, cuando dejaba de hacerlo, era para vomitar. – relató el suceso como su hubiese sido una de las misiones más traumantes de su vida. – No soy capaz de cuidar a nuestro hijo, si tú no estás…que pedazo de padre resulté ser.

–Shikamaru, no seas estúpido; hiciste todo lo que estaba a tu alcance y cuando sentiste que no podías hacer más, buscaste ayuda. – respondió. – Y por lo que puedo ver, no has dormido nada; eso es increíble.

–Temía que la fiebre volviera…Además, estaba muy asustado por las agujas y todo lo que estaba pasando a su alrededor que no quería separarse de mí, así que, me volví su cama para que sintiera que no estaba solo; seguro se sentía bastante mal. – Momentos como aquel validaban la excelente elección de compañero de vida que hizo. Shikamaru era la definición perfecta de aquello. Temari levantó el bracito libre de Dai y lo movió como si saludara al Nara.

–Y estoy muy agradecido por eso, papá. – dijo en una voz infantil, haciendo que el niño riera con ganas. Shikamaru se inclinó y besó la frente de su hijo. Él haría lo que fuese por las dos personitas que estaban alli con él, aunque eso significase destrozar sus nervios en el proceso. – No importa que seas un bebé llorón como yo. Mamá hubiese pagado por ver tu expresión.

Por supuesto que buscaría la forma de arruinar el momento.

–Mendokusai…– dijo con una sonrisa en el rostro. El pequeño parecía estar mejor y, sobre todo, feliz de que ambos estuvieron con él, disfrutando de aquel abrazo de oso que le regalaba su madre, sin contar la lluvia de besos que trataban de compensar las semanas de separación.

No era la mejor manera de iniciar un día, pero mientras esos dos estuvieran saludables, a salvo y feliz, todo en su mundo estaba en orden.


Hope you like it! Espero que pronto haya actualización de las demás historias 'Shikatema'. ¡Un abrazo! Muchas gracias a AzusaCT y Sweetcandy66; me encanta leer su parecer al respecto.

Un abrazo!