¿Cuánto tiempo tardaría en pasar la atracción?
Se preguntó mientras lavaba los platos sucios. Él había llegado como la lluvia en otoño, inesperada, con tanta pasividad que pausabas tu vida para contemplarla, tan fresca para beberla, tan obstinada…intentaba rechazar aquellas ideas que le decían que debía tener la cabeza fría, no ceder ante la atracción sexual, porque, maldita sea, le atraía demasiado, cada vez que pensaba en él se ruborizaba y sonreía.
Pero ¿Desde cuándo no dejaba entrar a alguien a su vida?
Recordó los reclamos de relaciones pasadas, es muy cierto que ella no podía desviarse de sus objetivos por ceder ante esta nueva persona, solo por la atracción, por la química que había entre ellos, por la delicadeza de él, no podía ceder ante la mirada que le daba y la sonrisa que venía después, ni siquiera porque realmente le gustó el sexo con él.
Y es que realmente no podía flaquear, recordó el pago que hubo de por medio y maldijo, quiso renunciar de inmediato, ignorar las demandas de su cuerpo, pero ¿Acaso no se merecía sentir por primera vez estas sensaciones? La sudoración en las manos, los pensamientos llenos de orgullo sobre lo que había pasado la noche previa, el nerviosismo de saber quién mandaría el primer mensaje, no dudaba que alguno de los dos tendría la iniciativa, estaba tan cansada de no permitirse no tener esos objetivos fijos, de olvidarse de las cosas que le gustaban por cumplir sus metas, ¿Dónde había quedado ella? Tal vez su madre tenía razón, ¿A dónde la llevará esta obsesión de la universidad?
—No Sarada, es como los demás, no tiene nada de especial—Se repitió en voz alta, intentando despejar aquellas dudas
¿Él que tenía de distinto de los otros? ¡Era lo mismo! Fingían atracción, a veces cogían y los dejaba, ¿Por qué con él sí y con los otros no? ¿Por qué se sentía real tener gustos similares? Porque ya había pasado por la misma experiencia, uno de los chicos anteriores tenía los mismos gustos, ¿Por qué con él no y este sí?
—No te hagas ilusiones—Dijo entre dientes—Tengo planes, no puedo dejar mis planes por un hombre—Mencionó con despreció
Pero nuevamente venía la duda, ¿Realmente tienes que hacer tanto trabajo para obtener un lugar en la UCK? ¿No le abrirás las puertas al amor?
—Mamá sal de mi cabeza—Dijo en reproche—¿Por qué tengo que estar dudando de todos mis planes por una noche?
Pero los pensamientos seguían cayendo como lluvia, recordaba su sonrisa, recordaba como esa complicidad entre ellos se hizo presente al hablar con señas, la inclusión en conversaciones con amigos cercanos, la disposición de él para hacer el ridículo
—¿Quién mierda hace eso?—Mencionó recordando y sonriendo—No, no es distinto a los demás, había alcohol de por medio, y no me ha mandado mensaje—Habló con ella misma, cerró los ojos, imaginándose huir con él y nuevamente venía ese rostro pesaroso —No, no me mando mensaje, además tengo que tomarme esta porquería…y aún así, no me escribe para saber si lo hice—Nuevamente negó, tomándose la píldora de emergencia—Lo que tengo que hacer por un hombre que ni siquiera recuerda lo que sucedió anoche—Suspiro, escondiéndose entre sus brazos, recargándose en el fregadero
Había sido solo una noche, ¿Qué tenía de especial? ¿Por qué no dejaba de pensar en él? ¿Acaso sería la excepción? Nuevamente se reprimió a si misma, intentando dejar de pensar en ese chico
Continúo con su tarea de lavar los platos sucios, pero cuando le tocó sacar la basura, nuevamente vino esa terrible sensación de mirar al teléfono. ¿Por qué tenía que estar al pendiente?
Era solo un chico más, él no podía tener nada de especial, él no podía ser distinto a los otros, no porque sonriera cada vez que la mirara, no porque su masculinidad no se viera tan frágil como la de otros, no porque tuviera noción de acontecimientos sociales y luchas colectivas, ni porque hablara más erudito y con confianza, tampoco porque su voz pareciese como la del mismísimo Tom Hiddleston, o las comillas en sus mejillas se formaran como un signo de interrogación que la invitaba a cuestionarla, porque su cabello se despeinaba y a él no parecía importarle, tampoco porque le sostenía la mirada y sonreía cada vez que ella corregía entre dientes, no, no solo por eso tenía que estar esperando ese mensaje ilusionada ante lo que podría suceder.
Tenía que hacer algo al respecto para demostrarse que al final solo sería otra propuesta más, que la magia que sentía al momento de estar con él era una efímera espuma marina y una idealización del romanticismo que últimamente le han metido a la cabeza, porque ¿Qué tan real puede ser algo que fue parte de una propuesta?
Pero nuevamente intentaba justificar la ausencia de mensajes pensando en que las fiestas navideñas estaban a la vuelta de la esquina, probablemente por eso no le mandaría mensaje.
—No Sarada, no lo justifiques
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El pensar en Sarada había sacudido su mundo, caminar por las calles donde habitaba ella fue un golpe duro de realidad, le recordó lo que había sido, aquello que había negado durante bastante tiempo, aquello con lo que trataba de reconciliarse. Maldijo trayendo el pasado a flote, recordando como había sido, lo que había dado, y nuevamente el dilema, ¿Él podrá ofrecer más allá de migajas como lo hizo alguna vez? ¿Podrá volver a confiar?
Se había visto demasiado cansado para nuevamente entrar en conflictos pasionales y románticos, no quería revivir toda esta transición del enamoramiento, no necesitaba una pareja ya se había convencido de eso. La relación anterior lo había dejado agotado, dudaba de que aún existiera algo en él para ofrecer, dudaba que nuevamente pudiera sentir algún vínculo especial con alguien, lo había intentado, y los resultados no habían sido los esperados, pero estaba conforme, con las personas anteriores se hacían olvidar lo pasado como si no hubiese sido significativo en sus vidas, de alguna manera eso le ayudó a salir adelante.
Pero esta chica fue algo que le cayó de sorpresa, no se esperaba las sensaciones erráticas de un nuevo enamoramiento, negar la atracción era fatal en él, porque existió, y se permitió sentirlo. Sumire no estuvo en sus pensamientos, ella no había hecho acto de presencia, lo que era buena señal, hasta que le permitió entrar, y se encontraba dubitativo ante estas señales indecisas, ¿Era buen momento para dejar entrar en él estas sensaciones? ¿Estaba en el momento ideal de seguir adelante?
Sabía que no era una decisión fácil, abrirse a una nueva persona significaba dejar atrás el pasado, pero él ¿Estaba listo para soltarlo?, porque creyó hacerlo y encontrarse con este dilema nuevamente lo devolvía a ese punto de inicio donde no lo soltó del todo, durante un tiempo odiaba la sensación de pensar en ella con alguien más, porque sabía que inevitablemente no podían esconderse durante mucho tiempo, y en algún punto de sus encuentros el enfrentamiento no sería fácil, pero detestó la persona en la que se había convertido, ahora, nuevamente estaba la pregunta ¿Está listo para una relación? ¿Está listo a abrirse a la confianza de alguien nuevo? ¿Había sanado lo suficiente para abrir aquella vieja herida?
Observó a Sumire a lo lejos, concentrada en lo que hacía, sonriéndole amablemente a la gente y pidiéndole que por favor tuvieran paciencia, esa amabilidad en ella había hecho que se interesara más, el altruismo, la generosidad, Sumire no dudaba en ayudar a las personas, no dudaba en estar para él sin importar que, o como, en algún punto supo que había renunciado a todo ello, como si no fuese merecedor de sus atenciones, pero en algún cruce de aquellas líneas separadas esperaba coincidir, que todo aquel resentimiento hacia esa relación evolucionara, que la desesperación ante el abandono de ella pudiese florecer y ofrecerles el consuelo de tenerse.
Ada observaba los gestos de Kawaki en silenció, mientras trataba de hacer el dibujo en sus uñas, siguió su mirada desinteresada hasta Sumire y cuando regresó su mirada a él, ahí estaba, atrapado.
—¿Aún?—Dijo en forma de burla
—No es lo que piensas—Mencionó, con una mano en forma de puño sosteniendo su mejilla, viendo los diseños de Ada en sus manos—Me tratas con la puta delicadeza del mundo, más que aquellos jodidos gestos que demuestra—señalo a Sumire con la mirada
—Eres el número uno—Mencionó alagándolo como mejor cliente
—¿De nuevo azul?—Le cuestionó Chigo
—No es azul—Mencionaron ambos, molestos
—Es un jodido gris con verde—Se defendió Kawaki
—Que osado de tu parte portar colores aqua, no se vaya a romper tu masculinidad—Mencionó Chigo, entornando los ojos
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Lo observó y esta vez no pudo evitar el poner una sonrisa, mientras eran empujados por los movimientos de la gente que caminaba alrededor con prisa, se sostuvo firme del tubo tratando de evitar caerse. Lentamente los habían ido empujando para que estuvieran más cerca o es lo que ellos fingieron conocer, utilizando eso como pretexto para estar a centímetros, oliéndose, disfrutando el roce de sus cuerpos, ese cosquilleó electrizante lo sintieron cuando sin querer sus manos se rozaron, él no dudo en aprovechar el momento para envolver la mano de ella con la suya, enlazando sus dedos lentamente, como si se tratase de un proceso delicado. Por un momento Sarada quiso quitarla, pero esta vez cedió, volteándolo a ver, dedicándole una sonrisa. No omitían el hecho de que habían sido uno mismo, entregándose aquella noche, pero les gustaba pensar en la simpleza de los inicios, aquella sudoración, los rubores, el nerviosismo de no tener noción previa de lo que les esperaba.
Habían estado callados desde que se subieron, parecía que el subterráneo era una especie de portal filoso que cortaba las conversaciones más divertidas, pero el momento se volvió intimo cuando rodearon sus manos, recordándose que estaban existiendo y sobreviviendo entre la multitud.
—No tenías por qué hacer esto—Decidió romper el silencio
—¿Mandarte el mensaje e invitarte a salir?—Arqueó una ceja, los reclamos salían de su boca—¿No podía tener la iniciativa?—omitió el detalle de la píldora, no quería parecer demasiado agresiva, y omitió el hecho de su motivación, se convenció a si misma de que lo correcto era continuar su trabajo, le habían pagado para hacerlo, y no iba a esperar a que él tuviera la iniciativa, porque si ella demostraba el interés significaba que tenía el control, pero no entendía porque tenía que convencerse constantemente sobre ello
—Me refiero a que podía pagar un medio de transporte menos público
—Mm era eso—Mencionó, había pensado que lo había incomodado la iniciativa que ella mostraba, como con los chicos con los que solía tener alguna relación, pero resaltó lo que lo hacía distinto de las otras propuestas—¿Te incomoda tomar una opción mundana de transporte como primera cita?—Se atrevió a usar las palabras "primera cita", quería orillarlo a lugares incomodos
—Me incomoda no poder escucharte
La sonrisa cínica de Sarada fue sometida por el rubor creciente en sus mejillas. Tal vez estaba un poco indignada ante la poca iniciativa que presento él orillándola a justificarse con la propuesta para presentar su iniciativa, odiaba tener que descubrir la realidad de una manera que podría dejarla expuesta y lastimarla. No solía pensar demasiado en la apariencia de las cosas, o en su percepción, temía equivocarse, y pensó que había fallado su punto de vista donde él demostraba tener la seguridad de invitarla a salir, porque fue él quien pidió el intercambio de números telefónicos, ¿Acaso él lo había hecho por una formalidad? ¿Para parecer un caballero?, pero, por el contrario, él le daba un golpe de realidad cuando mostraba ese interés en ella.
—¿Crees que tengo algo interesante que decir?—Quería descubrir la verdad, ¿Existe un interés de por medio?
—¿Quién jodidos te ha dicho lo contrario?—Maldijo en su mente, frunció los labios evitando poner una sonrisa, él la agarraba con la guardia baja
Kawaki se acercó más a ella, agachándose a la altura de su oído, intentando susurrarle como si se tratase de un secreto—Debiste ahorrarte las jodidas indirectas y decirme que querías estar más cerca de mí, es un fastidio acercarnos por medio de los empujones y fingir por ello
—Pensé que mi plan no sería tan obvio ante tus ojos, la próxima vez seré más creativa
—Bueno, podemos hacer el maldito intento
La tomó de la mano, yendo hacía la parte trasera del vagón, Sarada sonreía ¿Qué tenía en mente?
—Esperemos a que se desocupen algunos lugares de mierda—Mencionó, sabiendo que no faltaba mucho para la siguiente parada
—¿Cómo por?
—Tal vez podemos fingir que casualmente nos topamos y me podrías hacer una invitación más directa
—Bien—Dijo tratando de no sonreír ampliamente, tenía la guardia baja, no debería ser así—No te garantizo nada, tal vez te vea y finja que no estás ahí, o tal vez este esperando a que tú me invites, quien sabe, todo puede suceder—Estaba divertida ante el juego que le había propuesto
—Bien—Sacó un libro de bolsillo, fingiendo leer causando la risa de Sarada
—Es demasiado cliché para ser cierto
—¿Un pendejo leyendo en el subterráneo? ¡No, como crees!
—Sí, un tipo con tatuajes y uñas color verde-grisáceo, solo te faltan las gafas, la camisa de cuadros
—No olvides el cabello bicolor, mis botas y el maldito cigarrillo en la boca—Dijo, colocándolo
—Demasiada contaminación ambiental—Mencionó Sarada, quitándoselo de los labios y poniéndoselo encima de su oreja
Ahí estaba su señal, el subterráneo había llegado a la parada y la gente comenzó a bajar, ambos tomaron los lugares vacíos quedando frente a frente, haciendo contacto visual y perdiéndolo en cuanto el sub empezó su marcha.
Ella miro su atuendo, llevaba los tenis sucios, el vestido de tirantes y encima un suéter ancho algunos vellos que se habían escapado de aquella depilación rápida, en cambio él llevaba un pantalón de pana color negro, una playera verde y una chaqueta por encima… se preguntó si ese sería el atuendo ideal para una cita porque parecía muy casual…dándose cuenta de que había formalizado el acto nombrándolo como cita, ahí fue cuando levanto la vista y lo miro, fingiendo leer, este levanto la mirada chocando con la de ella, ambos soltaron una sonrisa.
"Se supone que no debes reírte, no nos conocemos" Le dijo Sarada en señas
"¿Quieres que nos conozcamos?" Pregunto Kawaki de igual modo "Te estoy invitando a salir"
"No, no cuenta, de nuevo voy a fingir que no te conozco" Giro la cabeza en modo de indignación, este volvió a su lectura fingida
Sarada empezó a mover los pies, observando a la gente, tratando de encontrar inspiración para proponerle estar más cerca de él, pero no había una pareja a la cual observar, todos parecían estar ajenos a la magia que sucedía entre ellos y eso la hizo sentir segura para continuar con el juego, quería lucirse, que él no se decepcionara, pero no sabía qué hacer.
Ella lo recorrió con la mirada y él lo sintió, decidiendo mirarla, haciendo que ella girara su cabeza desviando el contacto visual, fingía estar nerviosa, moviendo las manos y los pies, y nuevamente lo observó, esta vez ambos sostuvieron la mirada, ella fingió ser tímida y volteó a otro lado, Kawaki sonreía ante los intentos de Sarada por parecer alguien tímida, reconocía que el papel en el que entró ella parecía tan convincente, pero definitivamente Sarada era todo lo contrario a una persona tímida.
Pensó en que si esa sería su actuación lo ideal sería seguirle el juego, si ella estaba fingiendo ser alguien tímida, a él le correspondía hacer la propuesta, Sarada leyó sus intenciones y se animó a saludarlo, un gesto leve, que no pasó desapercibido para él, el sub se detuvo, habían llegado a la parada donde tenían que bajarse, ambos decidieron ignorarlo para continuar con el juego.
Él le respondió con un gesto de cabeza, levantándola en forma de saludo, volviendo a su lectura, no se la haría fácil, quería descubrir su siguiente movimiento, levanto la mirada de forma breve y nuevamente la desvió a su lectura.
Nuevamente trató de meterse en el papel, si ella fuese una chica tímida que acaba de ver a alguien realmente atractivo saludarle, ¿Cuál sería el siguiente movimiento?
No me importa pasar algo de tiempo aquí contigo, porque no encuentro muchos tipos, que me traten como tú- Esos otros tipos quieren llevarme a dar un paseo, pero cuando camino, hablan de suicidio…
Se concentró en la canción, tratando de encontrar el movimiento ideal. Pero nuevamente coincidieron con las miradas, esta vez ella se agacho haciéndolo notorio, coloreando sus mejillas, nuevamente se animó a observar, deleitándose con la dulce sonrisa que ponía Kawaki, agachando la mirada de nuevo, maldiciendo por lo bajo, estirando su vestido tratando de cubrir un poco más sus piernas, fingiendo nerviosismo.
Podría ser tu confidente, solo una de tus novias, pero sé que eso no es lo que quieres, si mañana se acaba el mundo ¿Por qué no podemos estar con quien realmente amamos?
Quitó el mechón de su rostro y acomodo sus lentes, fingió tararear la canción, haciendo movimientos discretos de un lado a otro. Habían llegado a la siguiente estación, y no había hecho otra cosa más que sonrojarse, tragó hondo, tenía que hacer un movimiento antes de seguir avanzando, tenía que ser algo creativo. Tomó la oportunidad cuando alguien se movió del lugar al lado de Kawaki, respiro profundo, e intentó no ponerse colorada. Volteaba a todos lados, menos hacia él, quien la miraba con determinación.
Se relajó recargando su espalda en el asiento y se animó a cruzar miradas, no pudo emitir esa sonrisa y Kawaki solo obtuvo el gesto de evitación de Sarada, volvió a su lectura, él se preguntaba si ella sería capaz de preguntar por su nombre metida en ese papel de chica tímida.
Ella le tocó el hombro con timidez, presentándose en lengua de señas.
—Lo siento, no te entiendo—Dijo Kawaki fingiendo estar apenado, haciéndole el juego más difícil
Sarada miro al suelo decepcionada, iba a mirarlo y poner una sonrisa cínica, pero decidió seguir en su papel, asintiendo y levantándose, aún con la mirada gacha, como si estuviese avergonzada, yendo al lugar del principio, Kawaki la siguió con la mirada esperando su siguiente movimiento, fingiendo estar confundido
—Disculpen, yo puedo traducir si quieren—Mencionó una chica, tocándoles los hombros a ambos, llamando su atención, Sarada y Kawaki se miraron, evitando poner una sonrisa—Es que…los he observado, no me gustaría que el lenguaje fuese un impedimento tan banal para evitar un posible encuentro romántico—Las mejillas de ella se pusieron rojas, Kawaki le asintió, invitándola a sentarse al lado de ella, la chica le explicó a Sarada en señas que ella podría traducirle a Kawaki, esta veía como Kawaki sonreía ampliamente, divertido ante el giro inesperado
"Muchas gracias" Mencionó Sarada "No estoy segura de que podamos funcionar"
Kawaki levantó una ceja sabiendo aquello que decía Sarada.
"La comunicación no tiene por qué ser un impedimento, pueden comunicarse por medio de mensajes" Le respondió la chica
—Dice que no cree que puedan congeniar, pero le he dicho que puede suceder la magia por medio de los mensajes
—Dile que estaría agradecido si me pasa su número
La chica tradujo para Sarada, notaba los gestos de cinismo en Kawaki, estaba divertido con la situación, Sarada en cualquier momento cedería y le explicaría a la chica que podía hablar, Kawaki estaba seguro de eso.
"No necesitamos un número para establecer una conexión, voy a ser clara con lo que quiero"
—Dice que ella será clara con lo que desea
Sarada hizo la seña de tener sexo con él, poniendo a la chica incomoda, haciendo que esta se pusiera roja.
—Ella…ella dice que…
—No necesitas explicarme eso—Mencionó Kawaki divertido
Sarada se levantó yendo hacia la puerta del sub, haciéndole un gesto a Kawaki de que la siguiera, la chica no los miro a los ojos estaba apenada por lo que acababa de suceder.
—Mierda, relájate—Le dijo antes de levantarse—ya la conocía—Le guiñó el ojo siguiendo a Sarada
Salieron soltando la carcajada—Te tomó dos malditas estaciones pedírmelo—Mencionó Kawaki sorprendido—creí que te tomaría otras jodidas dos ir al punto
—Sí bueno, mi timidez se trata con paciencia, que bueno que demostraste tenerla
—¿Me estabas probando? —Arqueó la ceja
—Claro que no—Le dijo, tomándole la mejilla—Me llama la atención algunas señas que haces
—Sí, no aprendí el lenguaje de este lado del país, todavía me cuesta adaptarme a los pende/jos regionalismos y a las señas que utilizan, aunque acá mi practica se truncó, me separé hace tiempo de la persona que utilizaba este lenguaje
—¿Entonces aprendiste por esta persona?
—Sí, podría decirlo así ¿y tú?
—Aprendí para mí por una infección transitoria que me sacó un buen susto, al chile
—Chupas—Dijo Kawaki entre dientes
Este sonrió por las expresiones de ella, subieron las escaleras en busca de la salida.
—Mira—Dijo corriendo, a ver el espectáculo de títeres ambulante, era una especie de quimera gato-conejo-zorro bailando y fingiendo tocar la guitarra, Sarada le dio una moneda y esta se quitó el sombrero con cola de dinosaurio agradeciendo—Soy su fan—Le mencionó, no era la primera vez que la veía, pero hace tiempo no la recordaba—Mi mamá me traía de pequeña a esta plaza, veíamos el show de títeres, en esos tiempos había más, pero esta fue la que sobrevivió ante las tantas crisis
—¿Crisis?
—Fue el fin de la existencia de sus mundos, guerras civiles, destrucción del patrimonio ambiental, tuvieron que escapar, pero lastimosamente cayó en una zona poco amable, era un equipo de nueve seres, los cuales lentamente transitaron por caminos distintos, y esta de aquí sobrevive
Sarada lo miro sonriendo, Kawaki observaba la marioneta con nostalgia, recordando su pasado, la historia le sonaba tan familiar. Arrojó una moneda también y la quimera le agradeció, terminaron de ver su interpretación de "Hasta la raíz" y se marcharon de ahí.
—¿No habías escuchado sobre esa historia?—El negó—¿Tu familia no venía de paseo a la zona fina de la ciudad?—Mencionó burlona—La mayoría de los niños de mi cuadra se sorprendían de la historia, era un excelente recordatorio sobre las problemáticas ambientales y destructivas de la gente al poder
—No tenía el conocimiento sobre la trágica historia, las había visto en diversos puntos de la ciudad, pero no les preste la atención necesaria
—Sí, olvidé que no creciste aquí, o bueno eso fue lo que entendí—Kawaki asintió—pero al menos todos y todas las niñas de la periferia conocemos esta historia, fue un proyecto grande y diverso que realmente le aplaudo porque sigue aquí, van a las colonias y te explican muchas temáticas interesantes que tienen que ver con las luchas de hoy en día
—¿las luchas sociales?—Sarada asintió—Supongo que es una sensibilización justa para la población a la que va encaminada, que son las infancias
Caminaron a la parada del autobús—¿No tienes credencial para el descuento?
—No la uso—Mencionó apenado
—Es un robo pagar esa cantidad para ir cinco cuadras más—Le dijo Sarada con indignación
Ella daba por hecho que Kawaki venía de un nivel socioeconómico como el de ella, pensaba que trabajaba en un bar y no que él era el dueño, no lo veía como una persona privilegiada, y Kawaki trataba de ocultarlo. Con las otras chicas no solía hacerlo, pero esta chica le mostraba los lugares más inhóspitos de la ciudad y veía magia en ellos, los rincones que él había evitado por años emergían del suelo, coloreándose cada vez que Sarada lo guiaba por las calles, iluminándose cuando ella los revivía al mencionarlos, despertándose de aquel profundo sueño donde los tenía él.
Se subieron al transporte y Sarada le hablaba sobre las calles y los eventos a los que solía acudir, era como si hubiese vida, si la calle despertara y saliera de ese abismo obscuro donde Kawaki la había enterrado. Odiaba las zonas céntricas porque se veían igual en todas las ciudades, odiaba las periferias, porque encontrabas la misma situación de violencia, abandono, drogas, recordándole que él venía de ahí, que por más que intentara huir de esa realidad, algo lo haría regresar y ahí estaría la cruel realidad abrazándolo.
Durante sus años de adaptación con su familia, esta le hizo creer que el mundo del que provenía era malvado, era un mar que trataba de ahogarlo y su familia fue el velero que lo hizo llegar a tierra firme, conocer un mundo en el que no existía ese mar inestable que lo tomaría y lo ahogaría, privándolo de su existencia.
—Guardas los jodidos papeles del autobús como un maravilloso recuerdo de nuestra primera cita—Le mencionó Kawaki de forma sarcástica
—No, los guardó para hacerme un porro—Le respondió con una ceja levantada
Se bajaron en donde debieron hacerlo hace unos minutos, caminando hacia el cine.
—¿A dónde vas?—Le preguntó Kawaki
—A comprar los boletos
Este le mostró el teléfono y Sarada arqueó la ceja viendo que era la zona VIP
—Bueno al menos déjame pagar las
—Di por hecho que pediríamos el combo pareja, hay que ir a la sala, estamos retrasados—Mencionó tomándole la mano, entrelazando los dedos con los de ella
—Entonces solo no tomaste mi opinión, qué tal si soy alérgica a las palomitas
—Sé que hacer en caso de, solo, no puedes decir gracias por ahorrarme la jodida fila
Entraron a la sala—No es cierto—Dijo Sarada con burla—Brillan en la obscuridad—Dijo, levantando la mano entrelazada, observando las uñas de Kawaki—Bueno volviendo al tema, qué tal si yo quería—Este le dio el teléfono
—¿Te sentirás mejor si te digo que tenía una cuponera y puedes pedir lo que quieras?
—Definitivamente sí—Mencionó, observando las opciones
Pensaba que esto era demasiado, en su idea de cita imaginaba ir a una sala común y corriente, ver la película en los asientos que rechinaban al moverse, estar codo a codo con personas que posiblemente hablaran la mayor parte de la película, pero ahora no sabía cómo sentirse, estar en una sala así, con los combos a su servicio era una semana de salario.
Decidió no pedir nada, y disfrutar con lo que tenían, realmente el malestar estaba, pero tener una oportunidad de comodidad no se sentía tan mal; Agradeció que Kawaki hiciera comentarios de manera sarcástica en las partes que gritaban que lo hiciera, que no soltara su mano ni cuando se emocionaba y se levantaba hacia enfrente sorprendido de los actos de la protagonista.
Pero nuevamente venía la crisis, ¿Por qué le interesaba lo que el gastara? Con los otros chicos no era así, creía firmemente en la deuda histórica de los hombres con las mujeres, y dejaba que ellos pagaran sin importar el costo, ¿Por qué le interesaba la economía de él? ¿Por qué se preocupaba? ¿Por qué quería ser mitad y mitad? En el fondo estaba agradecida por los detalles que Kawaki tenía con ella, el que se arriesgara a querer perder su salario en cosas llenas de comodidad para una primera cita, pero Sarada hubiese estado feliz si hubiesen ido a la sala cualquiera, ir al cine ya era un privilegio.
—¿No te está gustando una mierda verdad?—Le preguntó él, viendo el ceño fruncido en su rostro, sacando a Sarada de sus pensamientos
—Sí, la disfruto mucho—Le comentó
Ahí estaba el momento tenso para ambos, mirándose fijamente a los ojos, no sabiendo como actuar, todo el escenario gritaba beso, ¡Beso! ¡Beso!
Pero no hubo más que unas sonrisas cómplices retomando la película, el único contacto que habían tenido después del sexo era la cercanía, entrelazar sus manos, rozar partes de su cuerpo, sonreírse a si mismos y juntar las cabezas.
Para Sarada esta salida se había complejizado más, era para convencerse que sus sentimientos eran una idealización del hombre y a su carencia afectiva en los últimos meses, además de que solo tendría que verlo como una propuesta, pero no era así, sus sentimientos y atracción era real, iba más allá del pago, de aquella propuesta. Lo que iba a ser una "trampa", porque así se dijo a si misma, era realmente porque quería tener una cita con él, quería que él la llamara, quería que la invitara a salir, que le confesara que le parecía atractiva y por esos motivos necesitaba conocerla, ella hubiese deseado admitir eso desde el principio y no tener que mentirse por una necesidad de temor al rechazo y salvaguardarse del peligro y dolor.
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—Definitivamente fue cine—Mencionó, tomándole la mano y saliendo entre toda la gente
—Agregaré ese baile a mi playlist de ahuevo tienes que hacerlo—Mencionó Sarada con confianza, divertida ante la película, quería adoptar una nueva personalidad donde todo era color de rosa, y los problemas se resolvían con canciones
—¿Qué otros tienes?
—Oye, oye, no quieras ir demasiado rápido, es la primera salida, ¿Cómo se te ocurre preguntar eso? No es demasiado cliché de tu parte—Mencionó con burla arrancando un pedazo de algodón de azúcar
—Ojalá no sea la última—Se detuvo jalando a Sarada hacia él, abrazándola por la cintura, levantando su barbilla, agachándose y besándola en medio de la multitud—Espero que no sea tan cliché de mi parte—Finalizó el beso con eso, Sarada nuevamente lo atrajo hacia ella
Escucharon a los niños pasar al lado de ellos rechazando sus muestras de afecto, mencionando comentarios despectivos, al igual que los padres diciendo que era una función infantil, soltaron la risa burlona y empezaron a andar nuevamente.
—Definitivamente fue cine—Mencionó Sarada, poniéndose el cigarrillo de Kawaki en los labios
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—¿Qué harás en las fiestas navideñas? ¿Lo celebras?—Le preguntó Kawaki
—No estarás pensando presentarme a tu familia—Mencionó con burla— Trabajaré igual que mi madre, supongo que después de eso nos iremos con la abuela a su rancho a pasarla un rato ¿y tú?
—También, son molestas fiestas familiares jodidamente imposibles de evitar, sé que son fechas donde estaremos realmente ocupados, lo digo también por el trabajo, pero, me gustaría estar contigo, ya sabes, salir nuevamente si estas de acuerdo con eso
Era difícil persuadir a su sonrisa de no salir a flote, Sarada asintió, esperando esa fecha con ansias.
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Iniciaron el año juntos y después de la tercera salida las dudas la seguían atormentando, todo en su organismo le decía que estaba cediendo ante aquella flor a punto de abrirse llamada enamoramiento, descubrió que tenían más cosas en común, salían a patinar durante las mañanas retándose mutuamente, jugaban videojuegos durante las noches, hacían videollamadas en los tiempos libres, compartían los audífonos en el transporte público, habían hecho playlist mezclando los gustos musicales, sin dejar el hecho de que trataban de coincidir al menos tres veces a la semana. Todo aquello señalaba una formalidad sin necesidad de una etiqueta, pero ambos seguían rechazando la idea de que las salidas podían transformarse en una "relación", aparentemente no tocaban el tema de las relaciones, ni el que somos, les "gustaba" fluir, ver a donde los guiaba aquello, sabían que tenían que hacer acuerdos, preguntarse en algún momento el ¿Qué somos? Pero tenían tanto miedo de hacerlo.
—Mueve el espejo más arriba—Le movió suavemente la mano, tratando de delinearse entre los baches y saltos que daba el camión
—No entiendo cómo puedes tener buen pulso para eso y no para evitar que me dieran por el culo anoche
—Te dije que el pulgar se me había dormido, no tenía buena puntería
—Sí, lo sé, no es que quiera echártelo en cara
—Terminé—Mencionó Sarada, mirándolo, Kawaki quito los excedentes—Tú tienes tus uñas, yo tengo los ojos, así sabrán que somos del mismo equipo
—¿Ahora somos de esas ridículas parejas pendejas que se ponen todo igual?—Mencionó aburrido, tomando el delineador de Sarada
—No seas ridículo, si fuésemos de esas, tendrías unos bellos ojos como los míos
—Bueno—Abrió el delineador e intento hacerlo, Sarada se lo quitó y empezó a ponerle las mismas líneas en el parpado—¿Ya somos pendejos ridículos?—Sarada asintió, lanzándole besos a su buen pulso, alabándose por lo mismo—Olvide decirte, es con lentes de realidad virtual
Intento disimular la sensación de electricidad que había recorrido su cuerpo cuando Kawaki mencionó que eran pareja, olvidando el discurso que vino después, ¿pareja? Eran pareja, porque ya sabía que eran algún tipo de pareja, de esas que se dan las manos, que se besan, que tienen sexo, pero ¿Por qué la sacudía de esta manera? ¿Eran pareja oficial? ¿Pareja formal? ¿monógama? Nuevamente venían esas sacudidas de incertidumbre, ¿Por qué sintió el cosquilleo? No le estaba declarando su amor, solo le estaba diciendo lo que parecían, pero ¿Por qué había esa ilusión? ¿Por qué esas chispas flotaban en el aire?
Entraron a la partida de disparos láser, distrayéndola, pero no lo suficiente para despejar su mente, la ansiedad estaba entrando en ella, susurrándole que saliera huyendo antes de que fuera demasiado tarde porque uno de los dos terminaría cruelmente lastimado, la sola idea de separarse de él le quitaba la respiración, después de tantas decepciones y de todo lo que pasó para llegar hasta ahí no lo veía justo.
Cada semana Sumire seguía depositando dinero a su cuenta, dinero que no había tocado, dinero que no le gustaba tener ahí como un recordatorio.
Para él posiblemente lo que acontecía entre ambos era real, algo tangible, y eso a Sarada la mataba de culpa por la mentira en la que habitaba.
Estaba en el laberinto, demasiado conflictuada para avanzar hacia algún lado, estando a la vista del enemigo. Kawaki observó la desorientación de ella, y estaban siendo localizados por el equipo contrario, corrió hasta donde estaba ella, tirándola y luego dándole la mano para que continuaran.
El plan era estar separados para que la búsqueda fuese más difícil. Intentaron perderse entre las pacas de heno, llegando a una granja para refugiarse, una de las reglas era no quitarse el equipo, pero las rompieron quitándose los lentes de realidad virtual.
—¿Te sientes bien?
—Por un momento sentí ahogarme—Le dijo tratando de respirar
—¿El aire acondicionado te hace daño?—Él estaba preocupado por ella, Sarada negó—¿Te marean los lentes?
—Ya sé porque es—Fingió que una de las molestias que le impedía respirar bien era el sostén, y no la ansiedad que estaba creciendo lentamente
El equipo contrario los encontró, disparándoles, Kawaki en un último intento por rescatar a Sarada la cubrió con su cuerpo, mientras Sarada intentaba dispararles, pero al final ambos resultaron fuera. Se levantaron de ahí y salieron lentamente.
—Debí saber que este no sería un buen día para traer sostén—Mencionó tratando de decirlo divertida, pero sus intentos fallaban, había seriedad esa frase
—¿De verdad estas bien?
Sarada pensaba en aquellas situaciones donde había sentido una sensación similar, recordando las fiestas en las que Chöchö solía abandonarla por irse con alguien más
—Sé que me hará sentir mejor
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—Lo había probado una vez en un viaje escolar y lo mandé a chingar su madre—Mencionó—Pero esto jodidamente es delicioso
—El pulque de las bestias con cola nunca decepciona—Dio un trago profundo, intentando hacer que la ansiedad desapareciera
Les habían llevado mezcal y sotol, razón por la que Sarada se había puesto más parlanchina, el alcohol ya estaba en su sistema, escuchaba como Kawaki compartía la historia sobre el sotol con el dueño del lugar y de cómo solían usarlo en ceremonias con veneno de víbora y otras hierbas desérticas.
Sarada se recargó en el hombro de Kawaki, inundando sus fosas nasales con el embriagador aroma del perfume de él, poniendo una tierna sonrisa, cediendo a sus impulsos, disfrutando del abrazo en el que la sostenía.
Kawaki negó las invitaciones de otras bebidas, observó las mejillas rosadas de Sarada, indicando que era suficiente. Disfrutaba escuchar su canto, parecía un susurro íntimo
—¿Por qué te detuviste?—Preguntó, al no escuchar más aquellos susurros
—Quiero congelar este momento, no te muevas—Se recargó en la mesa, ocultando su rostro entre sus brazos, dándole una mirada tierna a Kawaki—Es que toda esta diversión es genuina, no tengo que fingir reírme o simulando estar disfrutando de la conversación contigo, hace tanto que no me pasaba
—No…No dirás que soy el primer we-y
Sarada soltó una risa contagiosa—La primera persona con quien sientó una conexión especial, no, como crees; Pero si la primera persona con la que me relaciono sexo-afectivamente—Admitió entre dientes
—¿Perdón? ¿Qué? Dices que si soy el primero
—Shhhhh—Le puso un dedo en sus labios—No me saques de mis fantasías donde no te lo dije tan directo
—Vamos, sigue cantando
—Cuando menos, unos minutos serenos, merecemos, en un rincón con mi espejo, para vernos y finalmente nos demos en la soledad todo lo que nos debemos, ¡Reconocernos! Y por último, por piedad nos perdonemos—Dijo con una sonrisa y mejillas rosadas, ocultando su rostro en el hombro de él, ocultando aquella sonrisa
—Ey compare' ¿Podrías repetir la canción?—Mencionó Kawaki con seguridad mientras aquella persona atendía—¿Qué?—Le dijo con una sonrisa—Quiero escucharla toda, espera—Dijo, sacando su teléfono y encendiendo la cámara
—No hagas eso—Mencionó—Estoy un poco ebria, me da pena
—¿Y no te da pena tener el vídeo de nosotros cogi…—Le tapó la boca —Ya va a empezar—Mencionó con el teléfono grabando—Llevo las de perder hoy contigo, y cuanto mas me lo digo, más te quiero acompañar,
—Soy víctima del domicilio, ese que ya es nuestro exilio donde algún día me van a encontrar, ya que vida, yo sé que no eres mía…Esto es algo irreparable, contigo estoy inestable, más te quiero acompañar, vida dejaré que te escapes y si lo haces me mates donde algún día me van a encontrar
—Ya que vida, yo sé que no eres mía—Se sonreían, cantando, lentamente pegaban sus labios y se susurraban la canción, tratando de no ceder en el beso.
Él había cedido, no soportó más la distancia haciendo que el beso se interrumpiera por tiernas y cálidas sonrisas haciendo el momento único, cada vez el panorama para Kawaki estaba más claro, podía ver un inicio asombroso, se daba cuenta que aún existía algo por ofrecer, estaba permitiéndose sentir, abrirse camino a una nueva aventura amorosa con una compañera que aceptaba esa vinculación, alguien divertida, cariñosa, inteligente, honesta, si tenía que describir a Sarada no acabaría llenándola de cualidades, necesitaba conocer sus defectos, necesitaba conocer más de ella, y sonreía en modo victorioso, porque había avanzado en ese camino de descubrir que podía querer todavía.
